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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

[Mini-Bio o Auto-semblanza]

Selección natural cover artMúsculo! debutan a principios de 2012, En febrero de ese mismo año presentan una maqueta con sus 3 primeros temas al concurso Proyecto Demo quedando semifinalistas. Desde entonces han estado presentando su directo en diversos escenarios, fueron el grupo invitado en la gira gallega de Schwarz en 2013.
Ahora publican su primer trabajo, Selección Natural, cuatro temas cargados de fuerza y rabia que no dejan indiferente allá por donde pasan.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empiecen a componer?
Ninguna en especial. A partir de una idea, que puede ser de tan sólo un par de segundos, cada uno suelta su creatividad.

2. ¿Cuál es su héroe o antihéroe de ficción favorito?
Walter White, héroe y antihéroe en la misma serie

3. ¿Qué talento desearían tener?
La puntualidad no estaría mal.

4. ¿Cuál es su posesión más atesorada?
Todo nuestro equipo (instrumentos y aparatos) con el que hacemos y deshacemos nuestras canciones.

5. ¿Cuál es para ustedes la manifestación más clara de la miseria?
Sin  lugar a dudas, la política actual

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecian más en los seres humanos?
Amistad, lealtad, sinceridad.

7. ¿Cuál es habitualmente su estado mental?
Una lucha constante entre la realidad y la huida a otro mundos
  
8. ¿Cuál es su idea de felicidad?
Poder vivir de la música de una manera digna y honesta

9. ¿Cuál es su mayor miedo?
El final, la caída

10. ¿Cuándo y dónde fueron más feliz?
En cualquier concierto en el que el público esté disfrutando. Realmente son momentos muy felices.

11. ¿Qué canción que hayan escuchado últimamente te hubiera gustado componerla ustedes?
Cualquiera de Tame Impala

12. ¿Qué canción que hayan incluido en un disco o interpretado en vivo no volverían a tocar? ¿Por qué?
Una canción llamada “autoestima”.  Fue una de las primeras canciones que compusimos. Lo hicimos a prisa para poder tocarla en nuestro primer concierto. No quedamos muy satisfechos con el resultado.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Quizás no sea el peor pero todos estamos de acuerdo en que no nos gusta el  “Merriweather Post Pavilion “ de Animal Collective

14. ¿Qué libro los hace sonreír?
Neuromancer de William Gibson

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tienen la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarían?
A  John Williams

16. Si después de muertos vuelven convertidos en zombies ¿a quién morderían primero?
Iríamos a la Moncloa (sede de la presidencia del gobierno de España) y morderíamos a todos. No cambiaría su forma de actuar antes o después de la mordida.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
No, es imposible plasmar exactamente lo que sientes, pero cada vez nos vamos acercando más.

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Mi Amigo Invencible atenta contra la solemnidad del mal etiquedado “indie”. La Nostalgia Soundsystem, álbum conceptual que retrata una catarsis melancólica y su reparación en un nuevo equilibrio espiritual.

Por Joel Vargas

La Nostalgia Soundsystem (2013) cover art


I

La Nostalgia Soundsystem es el oxigeno que pedían nuestros pulmones, la leña para prender nuestras fogatas, el agua para saciar nuestra sed, el disco que necesitábamos. Una ópera rock. Comprendemos su desarrollo, su coherencia, las interrelaciones que hay entre las canciones cuando la pensamos como un todo. La obra crece cada vez más, y la extendemos con mayor amplitud y claridad, hasta casi completarla en la mente. Una obra, un disco, un concepto: la nostalgia.

II

El arte de tapa, ilustrada por Federico Calandria, remite a un mundo dominado por los animales, el que soñó el ejército de los 12 monos. Madre natura: ama y señora.  Los recuerdos del buen salvaje, del hombre, están en los restos de los edificios, autos y calles. Ecos de una civilización perdida.

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[Sobre el autor]

Lino Divas (1981) vive y trabaja en Buenos Aires. Exhibe sus trabajos tanto individual como colectivamente en museos; galerías de arte contemporáneo,  espacios independientes de Argentina, Chile, México, España y EEUU y en numerosos medios virtuales.  Convencido de  las potencialidades del trabajo colaborativo en red, participa e interactúa con numerosos proyectos autónomos de artes visuales.

Desde el 2005 forma parte de la prestigiosa F.D.A.C.M.A. (Fundación para la difusión del Arte Contemporáneo en el Mercosur y Alrededores), la cual desarrolla numerosos proyectos en pos de la circulación, visibilización y legitimación de bienes simbólicos en el cono sur.

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por Cristian Franco

Hay libros que en ciertos momentos me generan una mezcla de asombro y vértigo y angustia y miedo. Es una sensación que punza apenas un segundo, pero deja residuos porfiados. Algo parecido a lo que sentiríamos si de repente despertáramos y estuviéramos, sin tener la más mínima idea de cómo llegamos hasta ahí, justo en el punto más alto de una montaña rusa. Algo así, pero muy microscópico. A veces no me deja seguir leyendo: tengo que abandonar la página, mirar un rato por la ventanilla del colectivo, pensar en cualquier cosa hasta animarme al próximo párrafo. No tengo una explicación. Simplemente sucede. A eso le dicen “experiencia intransferible”.

En apenas 103 páginas, Big Bang, de Enrique Decarli, me suministró varias dosis de esos momentos. Sus cuentos son pequeños y precisos: minúsculas bombas quirúrgicas. Pasar de un cuento a otro es como transcurrir entre dimensiones paralelas, regidas cada una por sus propias leyes pero todas firmemente ligadas por el hilo inquietante de la ficción. Hay blasfemias socarronas (“Aranjuez”), hay parábolas kafkianas (“A través de un vidrio esfumado”, “Apuntes sobre el Mercado”), hay confesiones agrias y escépticas (“Dana”).

Después de leer Big Bang, sería muy fácil encasillar, etiquetar, sentenciar a Decarli: cultiva el género “cuento fantástico”. Aunque no creo que a él le moleste demasiado ese reduccionismo arbitrario (que lo integren a uno al clan de Borges y Cortázar no puede ser un deshonor para nadie), cuentos como “Descarrilar” (mínima, cruel, exacta historia de amor y desilusión), o “Dana”, son claros ejemplos de que su oficio no es meramente medrar en un género, sino construir narraciones donde la incertidumbre es ama y señora.

Si en aquel frecuentado apólogo o alegoría o chiste de Chuang Tzu y la mariposa el problema era quién es el soñador y quién el soñado, en los tres cuentos centrales de Big Bang (“FundaciónArte”, “Fiebre” y “Big Bang”) el problema es hasta dónde llega el sueño, cuáles son los límites de ese territorio impreciso. Porque Decarli tiene una extraña y envidiable habilidad: sabe escribir sueños; es decir, sabe crear ficciones que tienen la misma estructura caprichosa, fascinante y despiadada de los sueños (más todavía: es delicioso cómo en “Fiebre” engarza con maestría un sueño dentro de otro sueño). Ojo, no es que se afane en la ínfima tarea de “contarnos un sueño” (o peor —dios nos libre— “sus sueños”), sino que utiliza la forma perturbadora de los sueños para que sus cuentos sean más eficaces y más terribles y más reales.

Casi todos narrados en primera persona, hay también en todos un trasfondo que huele a estupor, a desilusión, a ironía y extrañeza frente a eso que llamamos realidad. Sin embargo, cada historia es única y está contada con una voz que es diferente cada vez (una voz que narra es ante todo una forma particular del miedo, del deseo, de la perplejidad). Por eso, porque son tan reales, tan convincentes esas voces que cuentan, es que el punto final de cada una de sus historias (ese insignificante signito tipográfico) es más bien el borde de un precipicio irresistible. Ignoramos qué hay en el fondo —ignoramos si hay un fondo— pero intuimos que ese punto final es una invitación al salto.


Cuenta la leyenda que antes de que ese implacable fuego hecho de neoliberalismo, posmodernidad y redes sociales prácticamente los extinguiera de la faz de la literatura, existía un extraño animal llamado “escritor”. Big Bang es la evidencia (como una huella pérdida en un bosque incendiado) de que todavía hay algunos ejemplares de ese animal mitológico dando vueltas por ahí. Es estos tiempos en que prolifera un vanguardismo apresurado, enclenque y pueril, da placer encontrarse con libros que vuelven a demostrar que hay una hermosa tradición que resiste: el cuento bien escrito.
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Faceless | number 02 Art Print
by FAMOUS WHEN DEAD

“Nuestro padre ha muerto “.
La voz sombría que incrusta
el dolor y lo hace cierto
resuena en mi memoria.  Y, justa,

la mañana se hace noche
para siempre.  Mi infancia será lejos,
mis horas pasarán en un derroche
de deseo de vino y de consejo.

Esta sentencia del destino
estará sumergida en tus amadas
páginas de la historia.  La abreviada
noche atestigua tu partida.
Las calles del Dock, la sudestada,
tu anarquía infantil, tu despedida.


[Sobre el autor]

Nací en Mar del Plata, en 1963.  La administración me permitió comer y la literatura me permitió vivir. Desde siempre he escrito, fundamentalmente cuentos y poesía.   Creo que antes de finalizar el año tendré terminada mi primera novela.   También tengo algunas canciones ya que ejecuto piano y guitarra. Luego de vivir algún tiempo en Madrid, regresé con la intención de, por fin, poder publicar.

[Contacto]
Mail: raulralonso@gmail.com
Twitter: @raulralonso
Facebook: www.facebook.com/raul.r.alonso

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Warnes, una obra del colectivo teatral El Arenal, conmueve mostrándonos con inteligencia, humor y desenfado los secretos turbios que se esconden detrás de la amistad de tres mecánicos de barrio. 

Por Cristian Franco


Biela carter pistón cigüeñal carburador: palabras que para la mayoría de los simples mortales son lejanos y brumosos jeroglíficos de un culto secreto. Los pequeños templos donde ese vocabulario cobra sentido están ahí, en cualquier barrio, cerquita, herméticos. Ignoramos sus dioses y sus mandamientos, desconocemos la cadencia de sus plegarias, las minucias de su liturgia grasienta. El taller mecánico es quizás uno de los pocos lugares que van quedando donde los profanos tendríamos que tener el cuidado de persignarnos antes de entrar. Y de rodillas.

Para asistir a Warnes hay que atravesar primero esa tierra sagrada; pisamos el templo, nos cruzamos con los oficiantes concentrados en su trabajo. El taller —herramientas, grasa, estanterías, repuestos, mate, mugre— es la escena mínima donde todo va a ocurrir. Para el Vasco, el Loro y el Bocha el taller es su único refugio. Afuera están las frustraciones, las pequeñas mentiras, los enemigos íntimos. Adentro son ellos los que mandan. Adentro está la amistad macha y juguetona, el disfrute radiante del trabajo en común, la tibia seguridad del nido donde todo está bajo su control. 

Al principio nos quieren hacer creer que nos vamos a encontrar con una acción meramente realista o costumbrista. Por suerte hay pequeñas fisuras que van a hacer que la escena mute y estalle en espejismos, delirios, simulacros. En Warnes (en la vida) nada es lo que parece. De a poco nos vamos a ir dando cuenta de que no hay palabra inocente, no hay gesto que no tenga su reverso pegajoso y tóxico. En el interior de ese reducto —típico ecosistema de una especie en irreversible extinción: el "macho argentino"— duermen secretos donde se entreveran con turbiedad la carne y el metal, el deseo y la máquina. Si de algo se trata Warnes es de cómo esa áspera simbiosis puede empezar a hervir hasta que los secretos despiertan y muestran sus dientes.

Escribió Sartre: El hombre es eso que hace con lo que hicieron de él. ¿Y cuando lo que nos hicieron vuelve y se hace presente, se hace llaga de nuevo? Capaz que no podemos sostener eso que pudimos hacer con lo que hicieron de nosotros. Capaz que descubrimos que solo somos eso que nos hicieron y no lo que torpemente pudimos hacer. Entonces algo se quiebra, algo se desarma. En esa hermandad carnal de los tres mecánicos, eso que los une también los envenena.

Sabemos que cuando el pasado se hace presente siempre tiene algo de repugnante. En Warnes el pasado que vuelve tiene nombre: Clausen. Cuando él llegue va a empezar la fiesta. Van a aparecer las máscaras (enmascararse es la única manera de purificarse y mostrar un rostro verdadero). Clausen, que es el pasado y es la muerte y es lo inmundo y la nostalgia y la adolescencia y el amor, llega para despedirse. El Bocha, el Vasco y el Loro tienen preparada para él —su profe, su compinche, su guía y mentor— la máquina que lo va a ayudar a cumplir un último deseo. Con cariño, pieza por pieza, la armaron para entregarla como una tierna y recia ofrenda ritual. Pero cuando la fiesta llegue a su clímax y las máscaras y el alcohol hayan hecho su trabajo, todas las caretas van a caer y lo tierno y lo aborrecible van a ser una y la misma cosa.

Hay mucho más para decir de una obra que hace uso de recursos múltiples —los elementos del taller se transforman para acoplarse a la acción dramática, la música aparece cortando y reemplazando el fluir de la trama— para arrastrarnos a un carnaval donde el humor y el drama unidos con pericia nos tejen nudos en la garganta. Por momentos realista y contenida, por momentos, onírica y desaforada, Warnes corre el riesgo de poner en escena un tema difícil y tabú de una manera que busca salirse de los códigos tradicionales para así perturbar mejor nuestras conciencias.

En definitiva, si la historia del Bocha, el Loro y el Vasco nos interpela y nos conmueve, es porque todos no deseamos en realidad más que una sola cosa, sencilla y ardua: que nos traten suavemente…

[Funciones]

Martes y Jueves 20:30 hs.
Club Cultural Matienzo - Pringles 1249, CABA.
Entradas: general $50 / estudiantes y jubilados $35
Reservas: teatro@ccmatienzo.com.ar 
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[Sobre la revista]

El Globo fue el teatro de Shakespeare, y también un vehículo de espionaje durante la Guerra del Paraguay. El Globo es ese receptáculo colorido, elástico, volátil, susceptible de pincharse, escaparse o tomar forma de flor. Esta revista no se trata de nada de eso. 

El Globo es la revista de la literatura invisible. Literatura que existe en los lugares más cotidianos, en cuadernos, márgenes, servilletas, pero que raramente ve la luz. El Globo se propone atraparla en todas sus formas, géneros y orígenes, y visibilizar, entre tapa y contratapa, algo invaluable que permanecía oculto: literatura que pincha y que corta. 

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Luego de un prometedor EP y varias presentaciones en vivo, por fin llega Antes del desmayo, el disco debut de Barco, producido por Javier Szyfer, integrante de Ministerio de Energía, banda con la que comparten más de una hermandad sonora. 

Por Nahuel Ugazio

ANTES DEL DESMAYO cover artDesde el primer segundo de escucha, la intención musical queda bien en claro: los siete temas que componen Antes del desmayo navegan por los mares de un pop maduro, con toques funk, baterías electrónicas y un colchón sonoro digno de los 80s. No sería raro que nos recuerde al primer Soda, tanto como al Virus de Superficies de placer (1987), o al Charly de Clics Modernos (1983).

A pesar de que los sintetizadores son la premisa del sonido, Barco no le resta importancia a la guitarra, siempre presente para marcar el ritmo y darle el toque funk, y por momentos, aportar un grado de oscuridad.

La voz de Alejandro Álvarez es un intrumento más que con una tonalidad suave, casi susurrante encaja perfectamente en ese rompecabezas sonoro. Canciones con el tempo justo y moderado, sin sobreproducción ni adulaciones.

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Moviéndose en dos paradigmas bien distintos como lo pueden ser el hostigamiento a una mucama y el asesinato a Mariano Ferreyra, Parpadeá, si me escuchás denuncia las irregularidades del mundo laboral y remarca la importancia de la organización entre los trabajadores.

Por Nicolás Gallardo

Esperando a que el reloj marcara las 17 hs. el domingo en el teatro Paraje Artesón, el análisis del público que estaba por ver la nueva obra del grupo Morena Cantero Jrs. resultaba ineludible: remeras anunciando que el militante asesinado del Partido Obrero (PO), Mariano Ferreyra, sigue presente o prendedores con su ya inconfundible grafitti eran parte del atuendo de más de la mitad de las personas que esperábamos para ver Parpadeá, si me escuchás. Todos los allí presentes sabíamos que estábamos a punto de rememorar gran parte de los sucesos ocurridos aquel 20 de octubre en la estación Avellaneda del Ferrocarril ex línea Roca, pero lo que más intrigaba era saber cómo iban a terminar siendo abordados.

Una vez en la sala nos encontramos con una escenografía inesperada. Resulta complicado dilucidar si estamos en el lugar correcto al ver una bola de cristal que arroja haces de luz de diferentes colores, por ejemplo; o cuando la primera actriz aparece en escena vestida como pitonisa, más dispuesta quizás a tirarnos las cartas que a contarnos lo que vinimos a presenciar. De todas maneras, al oír el tema principal de la película El Padrino, nos damos cuenta de que no nos equivocamos de teatro y escucharemos la historia de una mafia. La temática ferroviaria comenzará a emerger cuando distintos espíritus hablen a través de Aschira, la mencionada mujer, y quienes tienen contacto con ella. 

El elenco se luce con su polivalencia actoral, dado que no siempre serán poseídos por las mismas fuerzas. La mucama de Aschira, María Luisa, será simultáneamente tanto la madre de Mariano como también una compañera del PO; lo que ya se suma a su papel de ama de llaves. Gracias a estas intervenciones escucharemos testimonios que ayudan a conocer la persona que fue Mariano en su infancia y adolescencia. Un joven afiliado a la temprana edad de los 13 años que, aunque tuvo novias y amigos que no apoyaban su militancia porque “no parecía aportar ningún beneficio aparente”, siempre sostuvo hasta el último aliento la cosmovisión del mundo que adquirió por pertenecer a un partido laborista y la necesidad de sobrevivir para seguir luchando que inculcaba a sus compañeros.

Si bien en una primera instancia el panorama puede llevarnos a pensar que los dueños de esta casa no son los destinatarios originales del mensaje, nos percatamos de lo oportuno que resulta cuando conocemos a Atilio (esposo de Aschira), quien tiene contratadas tanto a la mucama como a una cadeta, y las trata con autoritarismo y desprecio. Desde ese momento no resultará complicado para el espectador descifrar quién de ellos representará, en la próxima transmigración de almas, al grupo de militantes/tercerizados y  quién a los dirigentes de la Unión Ferroviaria.

Sin embargo los espíritus interpretados por Ariel Aguirre y Pablo Blanco –entre otros- harán hasta lo imposible para que los residentes del hogar no puedan hacer oídos sordos. Disfrazados de personajes épicos como Teseo o el Minotauro, pareciera que la metáfora consiste en desplazar el hilo guía de Ariadna por ese intrincado laberinto que puede llegar a ser la precarización laboral.

La obra dirigida por Luciana Morcillo e Iván Moschner busca, tomando la figura paradigmática de Mariano Ferreyra, echar luz sobre las injusticias que sufren cotidianamente todo tipo de trabajadores y moviliza a agruparse para luchar contra ellas. Con actuaciones y registros sonoros que recrean el asesinato en forma conmovedora, Parpadeá, si me escuchás da cuenta de que crímenes como éste no deben quedar impunes y que sólo será posible conseguir justicia si tenemos los ojos bien abiertos.

[Funciones]
Parpadeá, si me escuchás se presenta los domingos a las 17 hs. en el teatro Paraje Artesón (Palestina 919) con entradas generales a $50.

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por María Florencia Giménez

PLAY! Art Print
by Silvia Bolognesi
Me acuerdo de algunos viernes, en verano, cuando la tierra estaba húmeda. Subía a la máquina, en la parte de atrás. Papá la ponía en marcha y los pajaritos se empezaban a amontonar tras su paso, tratando de agarrar todas las lombrices que la rastra iba removiendo. Creo que desde ese lugar preferencial aprendí que hay pájaros de todos los colores: azules, verdes, marrones, negros, rojizos. 
A veces me distraía un poco, y la abuela decía que eso era peligroso. Ella me pedía que me agarrara fuerte. Yo lo hacía cada vez que me acordaba. Otras veces, me dedicaba a contar cuántas lombrices pegaban saltos y eran cazadas. Pero me terminaba encorvando algo más de lo que debía. Menos mal que desde ahí se veía la casa. La abuela me miraba, abriendo la boca muy grande, para silabear a-ga-rra-te mientras amontonaba parte de la cortina con el puño de la mano. Papá no se daba cuenta de lo que pasaba, él iba adelante, yendo y viniendo en zig zag, mirando los cerros. Siempre nos movíamos más lento cuando estábamos de frente al Aconquija. En cambio, cuando teníamos que girar hacia la ruta, ahí lo hacíamos rápido. Entonces tenía que sujetarme bien fuerte, se me acalambraban un poco las palmas de las manos y algún que otro mosquito tenía la suerte de picarme e irse volando despacito. 
Las últimas veces ya había aprendido a ponerme algo de tierra seca en los brazos, porque a los mosquitos no les gustaba posarse sobre mi piel cuando estaba con polvillo. Zequi fue el que me enseñó esa trampa, porque cuando él se cansaba de ladrarles se iba a rechinar al charco de barro. Volvía después muy contento, corriendo y ya no lo molestaban más. Se ponía también a cazar las lombrices, yo lo dejaba un ratito, después ¡Shú shú, juera! Porque me espantaba los pájaros y así no tenía gracia. 
Me quedaba ahí toda la mañana. Hasta que la abuela salía a la puerta con la cuchara de madera y la hacía sonar contra la regadera. Ése era el llamado a almorzar. Zequi siempre estaba sentado de antemano al lado de ella, esperando que hiciera el ruido, para también acompañarlo con ladridos. A mí me gustaba, una vez que la veía de espaldas, saltar desde la chapa y hundir los pies en la tierra. Después corría rápido porque papá me retaba y no quería que me gritara muy de cerca. 
Mamá llegaba cuando ya todos estábamos sentados a la mesa. Estiraba el delantal de maestra y lo dejaba colgando en la ventana de la habitación. Me encantaba cuando la abuela hacía humita, yo le pedía que le pusiera un poquito de azúcar a la mía. 
Después de comer todos se iban a dormir a la siesta, Zequi también. Yo me quedaba despierta y aprovechaba para irme en bici campo adentro. Allí me disponía a bailar. O al menos intentar bailar zambas como hacía mamá. No me animaba a robarle el pañuelo y usaba en su lugar una hoja ancha de ficus. Me reía sola porque no me salían bien los movimientos, todavía los sentía extraños a mi cuerpo. De a poco iba dejando que la brisa me hiciera dar vueltas hasta caer en el pasto. Hasta un ratito antes de que se hicieran las tres. Entonces ya tenía que volver rápido para acostarme. Así, en casa todos pensarían que yo también había dormido la siesta. 
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[Sobre la revista]

Revista Kundra – literatura aleatoria, es una revista literaria de publicación digital mensual. Se trata de un proyecto que nació con la iniciativa de armar un lugar nuevo donde autores y lectores puedan converger. Nos especializamos en entrevistas, ensayos, dossiers, crónicas y reseñas. Nuestro motor principal es que Kundra funciona como un lugar donde autores y editores pueden tener un espacio vital para dar a conocer lo que hacen. Por esto es que no sólo difundimos autores de “renombre” o “consagrados”, sino que nuestra apuesta se dirige principalmente a autores emergentes, que aún no publicaron o tienen pocos libros en circulación. La revista está compuesta por un staff fijo de colaboradores y número a número nos acompaña un ilustrador distinto. La dirección periodística está a cargo de Angie Pagnotta y entre los colaboradores está Juan Manuel Candal, Victoria Mora, Sebastián Grimberg, Gustavo Grazioli, Valentina Vidal y Aixa Rava. 

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by Three Of The Possessed


Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande

la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar. 

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Por Florencia Defelippe

            Los cuentos de Brevario de furias desconciertan. Dentro de una atmósfera sobrecargada de lugares comunes, diálogos triviales y personajes excesivamente reales, existen  pequeños desvíos, toques apenas perceptibles que, lentamente, van cobrando peso y terminan por “destapar”, al igual que Pandora y su caja de sorpresas, lo que verdaderamente esconden estas 'criaturas furiosas'. Brevario...logra perturbar al lector desde el inicio, y es esto lo que genera una tensión permanente a medida que avanza cada una de las historias del libro.

            Lo 'esperable', el lugar cómodo, no existe. En este sentido, Diez es un escritor prolijo; sutilmente, guía la lectura avisándonos -con giros repentinos, descripciones oscuras y demás elementos que alejan rápidamente la esperanza de hallar situaciones tranquilas- que sus tramas no cuentan finales felices porque tampoco lo son desde un principio.

            Como afirma Pablo de Santis en “Bestiario”, el prólogo que encabeza a Brevario de furias (Santiago Arcos, 2011): “nada tan afín a la literatura argentina como el género fantástico”. Los relatos de Diez hacen honor a este género, que supo coronarse como emblema de la narrativa argentina con Borges, Bioy Casares y Ocampo. En estos relatos, lo cotidiano incorpora lo extraordinario de una manera tan evidente que inquieta.

            Los hombres conviven con seres cuya existencia es imposible pero que, al figurar de un modo tan natural, parecen verdaderas. La naturaleza acecha de manera permanente, tanto por la aparición de monstruos  como gábulas, ibinas y faisanes plateados, como por la inútil espera de fenómenos que no llegarán jamás: “Odio a todos y a cada uno de los habitantes de este lugar y por sobre todo a esta ciudad. A esta ciudad de mierda en donde ni siquiera es posible ver un poco de nieve”, escribe uno de los personajes de “Nieve en Buenos Aires” en su diario secreto, presa de la más rotunda decepción.

            La furia no se presenta sólo en las criaturas imaginarias; los seres humanos son víctimas, también, de su propia violencia. Cuentos como “Mi familia” y “Parque Chas” llevan a estos vínculos enfermizos hasta las últimas consecuencias. Y los personajes caen al vacío infinitamente, sin poder si quiera atinar a modificar su situación.

            Si bien por momentos los textos se muestran algo repetitivos, y en muchos casos, el desarrollo de las narraciones se presenta sin la profundidad necesaria como para producir el efecto deseado, Brevario de furias construye ficciones que atrapan y exasperan, superan los límites entre lo verdadero y lo imaginario y alcanzan, de esta forma, a la creación de un mundo en el que la convivencia entre lo real y lo fantástico es absolutamente probable, auténtica y admisible.

[Más sobre el autor]
Daniel Diez (blog)
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por Nicolás Lazo Jerez 

NO CABE DUDA: es ella. Camina como si jamás dejara de pensar en otra cosa o, más bien, como si una nube se hubiera interpuesto para siempre entre su mirada y el mundo. Naturalmente, el último tiempo se lo han hecho ver una y otra vez, sobre todo durante los días previos a su encierro veraniego. Pero nada: parece imposible interrumpir aquel aire distraído. Con su acostumbrado paso lento, terminó de bajar la escalera y, mientras reprimía un bostezo, caminó hasta la línea amarilla que demarca el borde del andén.

            Transcurridos algunos minutos, miró hacia el túnel y advirtió que, por fin, la luz del primer vagón se acercaba poco a poco al punto donde lo estaba esperando. La imagen le recordó un sueño recurrente en que ella, rodeada de una oscuridad penetrante, estira el brazo hacia un leve resplandor que, sin embargo, nunca puede siquiera rozar. El metro se detuvo y abrió sus puertas. Plaza Maipú era una estación terminal, de manera que el tren quedó vacío y ella pudo elegir un asiento desde el cual se veían las vías.

            De súbito, sintió el vértigo de la huida. Delante, todo se le presentaba bajo la forma de un horizonte impreciso, el espacio en blanco donde tendría lugar una nueva e insospechada vida. El túnel del metro constituía el punto de fuga hacia donde se proyectaba el milagro de su propio extravío, como un agujero negro cuyo umbral de entrada fuera el anuncio de una abducción triunfante, una renuncia feliz. Cerró los ojos. Con la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana, imaginó que viajaba a bordo de un tren bala japonés en dirección a las montañas más altas del planeta.

            Por el momento, no lamentaba en lo absoluto dejar de ver a los demás. De hecho, la necesidad de un aislamiento total era lo que más la motivaba. Si en su casa todo el mundo daba muestras de una insensibilidad y estupidez extremas, ¿por qué habría de quererlos? Por un instante, vio a su mamá llorando junto a su padrastro y sus dos medios hermanos. Experimentó un extraño placer. Segundos más tarde, no pudo evitar sonreír cuando la escena dio paso a otra todavía mejor: Cáceres, el más imbécil del curso, recibía la noticia de su desaparición con una mezcla de perplejidad y arrepentimiento y se culpaba a sí mismo de la tragedia ocurrida a la que durante meses llamó “Sailor Moon después de la bomba atómica”.
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Con las actuaciones impecables y perturbadoras de Eliana Wasserman y Sofía Guggiari, bajo la dirección de Juan Washington Felice Astorga, la última obra de Norman Briski nos sumerge en la existencia absurda de dos seres míticos exiliados en una terraza cualquiera de Buenos Aires.

por Cristian Franco


Hubo un filósofo que una vez dictaminó algo que parece una pavada, pero que pensado con cierto detenimiento da un poquito de vértigo: Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida. Extraña inversión (primero el lenguaje, luego la vida) que es una marca de nacimiento de nuestra cultura: en el principio fue el verbo. No hay más que cambiar en esa furtiva intuición de Wittgenstein “imaginar” por “crear”, para llegar a lo que nos interesa: el dramaturgo se hace demiurgo, su palabra da-a-luz.
50 nereidas es un intento de hacer palpitar como un cristal intocable esa exigencia que está en el núcleo de todo arte auténtico: construir un lenguaje para dar vida. Más aún: las dos protagonistas fueron creadas por ese lenguaje primitivo y voraz, y las palabras que pronuncian (que son las nuestras, pero que en sus labios se vuelven irreconocibles, rotas, perturbadoramente extranjeras) son lo único que las hace existir. Esas dos nereidas exiliadas que se secan fuera del mar están hechas de un barro verbal delirante y exquisito. En ese techo de algún edificio de Buenos Aires, que es su prisión y su jardín, no hacen otra cosa que hablar para no extinguirse. Para adaptarse a su nuevo hábitat la única esperanza es anular el silencio áspero de la ciudad con ese diálogo insomne que oscila entre la ternura y la desesperación. Y en el centro —luminosa, insoportable— una claraboya que es una pecera y es un nido y un mundo y una tumba.
El desafío para el espectador es el mismo que propone todo (buen) poema: asistir al desborde de un idioma que es familiar y desconocido al mismo tiempo. Lo que sabemos (lo que idiotamente creemos saber) no nos sirve para atrapar el sentido de las palabras, hay que humillarse y desaprender; atender no al significado sino a las modulaciones, la respiración, los tonos, el ritmo. Dejarse deslumbrar por las palabras como si fueran insectos inexplicables. Entonces precaución: con 50 nereidas “entender” no es la cuestión. Claro que “entender”, cuando de arte se trata, es una palabra un tanto insuficiente. La verdadera obra de arte está siempre un poco más allá de eso que podemos captar con el entendimiento, o por lo menos con esa forma de entendimiento que aplicamos para aprender la regla de tres simple o la diferencia entre sujeto y predicado. No se trata, pues, de “entender” sino de “experimentar”. No interpretar, no decodificar, algo más sencillo: abrirse a la incertidumbre y al extrañamiento, dejarse poseer por ese lenguaje desbocado, resplandeciente, impenetrable. 
Esos cuerpos torpes e incompletos que se mueven en escena —sus vestiduras están hechas de jirones mustios, de retazos incoherentes— no guardan ya nada de su antiguo esplendor. El exilio quiebra. El exilio pudre. El exilio borra. Inmortales todavía, lejos de su mar no son otra cosa que voces que se retuercen mordisqueadas por recuerdos inútiles. Ellas esperan, pero saben que el futuro está hecho con las ruinas de la memoria. Desde su pequeño lugar las nereidas intuyen la presencia opaca de otros seres, distintos pero también atrapados, también secándose: la pecera es reversible, no hay lado de afuera. Nos asfixia el mismo aire, la misma soledad… En la ciudad nada hay para ellas (nada hay para nadie). A lo lejos, una cúpula extraña se pierde entre los edificios: les llegará desde ahí la única voz humana, plena de podredumbre y superchería. Contraste central en la obra: la lengua sucia de los seres humanos —lengua cubierta de nieblas y venenos— se opone a la pureza hermética de la voz de las nereidas.
Vuelvo a Wittgenstein para que me ayude a cerrar: De lo que no se puede hablar, mejor es callar, dijo. Tendríamos, tal vez, que haber empezado por ahí. En realidad cualquier cosa que se diga sobre 50 nereidas no llega siquiera a rozar su verdadera substancia. Para saber de qué se trata hay que experimentarla y purificarse: cuando termina tal vez un pequeñísimo silencio interior te acompañe por ese pasillo que te devuelve a la calle y el ruido y la irrealidad.
Si lo sentís, quiere decir que entendiste.

[Funciones]
Viernes - 21:30 hs  (hasta el 29/11/2013)
Teatro Calibán - México 1428 PB 5
Reservas: 4381-0521 | 4384-8163
Web: http://www.teatrocaliban.blogspot.com
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por Gustavo Grazioli

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by Feline Zegers

Ante cada golpe el sudor recorría su frente; los brazos mostraban gran destreza muscular y sus pechos se movían parejos. Firmes. La gente que presenciaba el espectáculo gritaba sorprendida: "oooohhhhhh". No podían creer lo que estaban viendo; uno que estaba más al fondo charlaba con su amigo y asombrado por la destreza técnica, también no perdía el tiempo en destacar el voluptuoso cuerpo de esta mujer "y encima roquera", le dejaba en claro, con ojos saltones, a su amigo que lo miraba de forma complaciente.
En el medio del show que estaba brindando la banda, uno de los aficionados logró burlar la seguridad y subiéndose al escenario quiso encajarle un beso a la baterista. Cuando la seguridad reaccionó, la mujer los detuvo diciendo que la dejaran a ella. Fue así, entonces, que le pidió al joven que intentó besarla que se acercase. Lentamente y con la cabeza mirando el piso, empezó a caminar hacia la batería. Cuando ya estaba cerca la mujer se levantó del asiento giratorio y con la mano derecha golpeó su cabeza con uno de los palillos, además como si fuera poco para hacerlo pasar más vergüenza, le pidió al publico que lo saquen del lugar o sino el recital se suspendía. Ya se imaginaran ustedes, no...
Con este joven fuera del lugar, la baterista en forma de agradecimiento se quito una de las prendas que llevaba y provocó la algarabía desorbitada del público, que de la avalancha, ante tamaña muestra de afecto, rompió las vallas de contención. Con este clima, la adrenalina de la banda se motivó y los temas restantes aumentaron su fuerza. Al finalizar el show su público habitué se quedó a esperarlos a que salieran para poder saludarlos y ejercer el ritual de todos los shows: fumarse un porro con la mujer de la batería. Esta vez los que se quedaron eran más de lo habitual, entonces comenzaron los murmullos y las preguntas sobre quienes eran estas caras nuevas que se estaban acercando. Los consideraban unos intrusos a su comunidad. Cuando salió la banda, la atención quedó depositada solo en eso. Nuevos y antiguos terminaron abrazados, a los gritos y coreando el nombre sin parar. Por supuesto la parcialidad masculina en su mayoría, intentó saludar a la baterista y vislumbrados por lo traspirada que tenía la remera, pidieron que se la quitase en honor al rock. La mujer un poco aturdida se enojó bastante con esta petición y empezó a escupirlos, pero no hubo caso, fue peor: "¡sos el amor de todo punk. Quiero casarme ya!", le gritó desaforadamente uno de los que formaba parte del grupo que la rodeaba. Mientras los otros integrantes se iban dispersando o se encontraban con sus parejas, la mujer de los palillos tenía que lidiar con estos muchachos que estaban excedidos de drogas, alcohol y demás. Intentó hacerlos a un lado mientras caminaba hasta su auto y un joven que estaba apoyado en la pared de la esquina, cercano a donde esta tenía estacionado el auto, piropeo su actuación con el instrumento. En una muestra de agradecimiento asintió con la cabeza y de forma poco cortés dijo un "gracias". Este joven, mientras ella abría la puerta de su auto, se acercó y muy tímidamente le dijo ser periodista de una revista de rock llamada  "no queda otra". Insistió con algunas palabras más, hasta que se decidió a preguntarle si no le concedía una entrevista para su revista. La mujer ya arriba del auto, habiendo iniciado una marcha lenta, bajo la ventanilla y le tiro una tarjeta. Este muchacho cuando la levantó vio que tenía los datos personales de ella y quedó parado en la esquina viendo como el auto se alejaba pero con una sonrisa y apretando el puño donde estaba la tarjeta.
A la otra semana después de terminar el ensayo con la banda, la  mujer ve en su celular una llamada perdida. Imagino que sería de este joven y decidió devolvérsela.
- Hola ¿quién habla? - preguntó la voz sorprendida del joven.
- Soy la baterista de Turquía, no te acordás que hablaste conmigo - contestó con voz suave.
- Claro, ahora sí. Que placer este llamado. Perdón por mi desatención - dijo algo sonrojado.
- ¿Y entonces vamos a hacer la entrevista?
- Por supuesto ¿Cuando podes?
- Vení mañana a las 11 de la mañana a nuestra sala de ensayo ¿te parece?
- Si claro, mañana estoy ahí.
- ¿Va a ser muy larga la entrevista? porque tengo que hacer algunas cosas del colegio con mis hijos.
- No no, serán diez preguntas nada más.
- Bueno. Hasta mañana.
- Hasta mañana y gracias por la amabili...

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by Alvaro Tapia Hidalgo


[Estación

las paredes de un castillo caen junto con los lemas escritos en cada pared

"fotocopias de dios"

la mano blanda de tu alma despierta

el alma cuando se hace fosforescente

cuando se sueña el alma parece fosforecente

el alma de tu hija brillando perpleja

el alma de tu hija mientras sueña 

los sueños de la inocencia son oscuros como la ignorancia

en el cielo sólo hay preguntas

lo que es material pero sólo da color no es cierto

ayer entraste a la casa de un muerto

crónica de la visita a un castillo en ruinas

al castillo donde destruyó su vida un padre

al castillo denso que encierra la memoria de su vida

una casa que encontró para abandonar la memoria 

deshollinar la garganta de lo que intentaba olvidar

vigilar es abrir el ojo que arde en el pecho de las dudas

para trabajar en el campo un padre vende una de sus hijas

envenenando la historia de cada esfuerzo en el cuerpo de una madre

la culpa siempre es negra y dura como el carbón

la ignorancia es el carbón quemado que vuelto blanco es pura costra de ceniza 

la vigilancia descoce el sombrero de paja que da sombra

quema la espalda del hombre que trabaja en el campo

la culpa que le seca la garganta distorsiona su visión:

el calor y la ignorancia ven el verde fluorescente de las hojas y se saturan

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

[Mini-Bio o Auto-semblanza]
Soy poeta y cantor, nacido Juan José Cabrera Paz  en González Catán un 20 de octubre del año 1975, en el conurbano bonaerense. Mi primera canción la compuse a los 6 años.  Adopté el seudónimo “Juanjo Harervack” a los 16 años cuando  ingresé al ejército por problemas de conducta, adicciones y un hogar muy difícil , allì estuve 21 años, aunque paralelamente , aún estando allí encerrado,  siempre hice música y escribí poesía .  Escribí 3 libritos de poemas que repartía en los recitales de la riki: “Los ojos de un perro” 2006, “Tum-Tum” 2007, y “54 mil muertos en un choque automovilístico” 2009. En 2007 grabé junto a Zelmar Garìn “Palabras con texturas” disco en el que recito poesía ambientada por el loco Zelmar.  Junto a Walter Slongho  también por 2007, grabé un disco de canciones jazzeras (jazz barrial) , el proyecto se llamó “Zentius” volvimos a reunirnos en 2012 y grabamos otro disco más, aunque todavía no sé si algún día se van a editar.  En 2008, juanto A Diego Arbit y Zelmar Garìn editamos un disco de una presentación en vivo, llamado “En vivo en el Mojòn”. Actualmente, hace 2 hermosos años que ya no estoy en el ejército, feliz de ser la voz de Riki Riki Tave y La banda misteriosa  desde hace 9 años, con ellos grabamos 4 discos (Tuky Sessions- 2006; 95 Problemas- 2009; Llorando en Corea- 2010 y Dormido Cayendo- 2013). Este año también escribí y canté para el Vol. 5 de Ácido Canario intitulado “El impostor” y también  en el disco de Gualicho Turbio que pronto verá la luz. Soy el papá de Julieta, Vera, Ian Luca y Almendra. También hincha fanático de Noseso Records.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Cuando escribo canciones, generalmente las escribo mientras los muchachos tocan, soy como una antena. Si escribo en casa, tengo que tener una lapicera negra, la mesa limpia, suelo poner canciones hermosas como “El muelle” de Miguel Abuelo  (ejemplo), eso me conecta. Puede estar lloviendo, puede ser de noche o muy temprano… Suelo estar  enojado con mi mundo cuando escribo e intento cambiarlo con poesías y canciones.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Erdosain , pero también Gustavo Roderer  (personaje de la novela de Guillermo Martinez “Acerca de Roderer”)

3. ¿Qué talento desearías tener?
El talento de Miles Davis de caminar el escenario y sonar sin tocar su instrumento, magia.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
La amistad de mis hijos.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
Las guerras anti guerras  y la estupidez religiosa.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
La amistad, el amor, la bondad y  la creatividad.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
A mil por segundo reinventándome.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Una casa con 10 pinos.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Que esto se termine.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
El 12 de septiembre de 2011, en el colectivo volviendo del cuartel, fue la última vez que me vestí de verde oliva. La libertad es hermosa.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
“Esperando por tocar” del Compañero Asma, “Nos vemos volando” de Shaman Herrera , “ Cabeza” de Santi Moraes Trinidad y “baby Blue” de Gorriones flotantes.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Ninguna, amo todo lo que hice… forman parte de mi construcción, de todo lo que soy actualmente.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Ni idea, escucho discos que me gustan y de músicos que admiro, de mis amigos  y mis amigos son todos buenos.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Cualquier libro con métodos para encontrar la felicidad.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Si Godzilla viniera a Isidro Casanova, correrìa por ruta 3… Si el ataque es en capital, nos reuniríamos en Zas y aguantaríamos los trapos.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?
A mi amigo Fidel, es fanático de esas películas, creo que le encantaría salir a beber unas cervezas convertido en zombie conmigo.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Creo que encontré una forma. Espero encontrar otra en el próximo. Y abrazo grande para todos.

[Contacto]
rikirikitave.bandcamp.com
Acidocanario.bandcamp.com
Juanjo Harervack (facebook)
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[Sobre el autor]

Gabi Rubí es un dibujante, mago, poeta, tarologo, encontrador. Hace postales mágicas y tiene editadas varias pequeñas publicaciones de dibujitos y poesías. Da talleres de dibujo y creación mágica. En su obra aparecen las estrellas, las lluvias, los bicho bolita, las montañas, los helados, los incendios, los árboles, el amor y los silencios, etc. Todos ellos vistos desde la óptica de las ciencias, artes, sentimientos y conocimientos mágicos (biología, química, metafísica, magia, antropología, matemática, astronomía, i-ching, psicoanálisis, amor, literatura, tarot, etc) como fragmentos que se unen para formar un mismo diamante.


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