Cuatro poemas de Cuchillos de hojalata, el más reciente libro de la poeta Sol Zurita, editado por editorial Lluvia dorada (2026), con palabras preliminares de Nora Fiñuken y Melina Alexia Varnavoglou, leídas durante la presentación del libro.
Selección de poemas por Nadia Sol Caramella
“Voy a dialogar con los versos de Cuchillos de hojalata, como si me fuera de viaje con ellos, como si estuviéramos esperando un colectivo sentados en el cordón o como si nos despidiéramos cara a cara con dirección a diferentes orillas.
Yo pregunto al texto, al cuerpo del texto, al cuerpo marcado, ¿sos esto? y el poema responde: El corazón que me dieron/ no es el que yo invento. Y el poema responde: siempre que haya un camino trazado/ habrá un desvío posible.
Entonces yo le pregunto al texto si tuvimos que rompernos, romper, desmarcar, si dejar de lado adentro y afuera y el poema responde: alguien vio la puerta para salirse del mundo? Y el poema responde: dejenme participar en ningún nosotros. Y no me deja afuera, me deja claro un lugar en donde la ruptura no puede ser sistematizada y comercializada como el “nuevo under de moda”.
Quiero preguntarle al texto algo más. ¿Hay una esperanza posible? y el poema responde: un mapa hecho del corazón de las luciérnagas/ titila en la oscuridad sin romperla y el poema responde: la reverberación de tu vestido de agua/ reflejará el último fuego de la noche/ en el oro horizontal/ alimentando los picos de esas prostitutas aladas.
Y aún después, quiero preguntarle al texto, ¿cómo haremos para encontrarnos? y el poema me responde: detrás de toda alfombra/ hay un estanque noctámbulo/ que se despierta/ cuando su enamorada/ lo toca/ con su sol hecho de ranas. Podría seguir con este juego por siempre, pero ahora les toca a ustedes.”
Nora Fiñuken
“Los poetas que no tienen un universo rara vez duran. No un mito, ni un personaje. Un universo, eso ocurre más allá de como lea o se vista, quienes lo lean, es decir quién sea. Eso es lo que permite llegar a personas diferentes a uno. Leyendo festejo: ¡por fin un libro queer que no es identitaro! ¡por fin poemas cortos sin punch lines de mierda! Déjenme participar en ningún nosotros, afirma directamente.
Sol no ahuyenta a los fantasmas, los entretiene, se los coge. Es a fin y al cabo, un juego con el filo, que todo poeta sabe que algún día tendrá que enfrentar. Pasar de los poemas autolesion al poema suicida, escribir el poema y saltar. Cuchillos de Hojalata, esas botellitas increíbles de Marosa di Giorgio, o como diría Juana Bignozzi, cucharas que vacían mi corazón.
Pero Sol dió con una clave quizás, en este poema: tengo una enfermedad imaginaria: ahora que me están queriendo matar/no me quiero morir. La poesía es esa enfermedad imaginaria que nos protege de la letalidad real de este mundo, este mundo basura dice Sol, contra la que hay que ejercer una paranoia bien administrada.
A veces uno quiere hacer trampa, hacer entrismo con su poesía en el mundo de otros: la política, el ensayo, la narrativa, cualquier otro mundo grande donde seamos mas reconocidos que acá. En fin adaptarnos. Pero eso es una trampa para el poeta: eso es un chantaje con nuestra propia escritura, una derrota. Es cuando el poeta se vuelve discursivo, no un perro a la intemperie. Sol no transa. En todo caso intercambia con el afuera. Y en eso hay pérdidas y ganancias. Todo tiene un precio; La bolsa tributaria del amor.
Pero, ojo, el amor es el territorio, donde Sol no especula ni un poco y por fin vemos la operación a corazón abierto del libro, una autopsia thriller que no podes parar de leer. “Tu corazón es una diadema de hielo (...) y yo me enamoré de vos”. Ahí está el objetivo del cuchillo, del poema, o más bien el momento donde podría asesinar y decide detenerse. Sol se detiene. Pero quizás la bala haya quedado en alguno de nosotros.”
Melina Alexia Varnavoglou
*Ambos fragmentos pertenecen a los textos
leídos por las autoras durante la presentación del libro.
...
un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto
sobre todo después de haberte tocado
el rebote de su luz
...
no es más libre quien descuida a un cuerpo
por eso, mi amor
insisto
vos traé la lavandina
yo me visto de mucama fiel
voy a meterme a los rincones
donde vos no llegás
detrás de toda alfombra
hay un estanque noctámbulo
que se despierta cuando su enamorada
lo toca
con su sol hecho de ranas
...
noche mala
¿adónde vuela
el ave mentira?
¿por qué deja sola
a nuestra madre?
y a nosotras así
con un centímetro de plástico en la mano
para medir nuestras lágrimas
si el pozo que se cava es muy chico
incluso el llanto más pesado y caudaloso
se vuelca
...
todavía tengo la remera puesta
quién iba a decir que de ahí iban a caerse
patos dj con anteojos rosados,
trombones,
un crayón violeta
no sé qué pasó con mis piernas
también se ven cocodrilos que caen,
gatos
una tortuga de cuatrocientos años
y mis zapatos viejos!
chau, queridos
ya no podré usarlos
pero cómo brillan
son pájaros que nadie había visto nunca

