Hoy compartimos cuatro poemas de Marcus Wicker, poeta y profesor norteamericano, autor de Maybe the Saddest Thing (2012) y Silencer (2017).
Traducciones por Federico Tinelli
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| collage por Nadia Sol |
¿Cómo aprendiste a hablar inglés?
El príncipe del Rap / Freddie Gibbs / pelis de John Singleton /
Rakim / OutKast / “talking heads” y las Big Tech / B.I.G y
Big Daddy Kane / traté de exorcizar el dolor negro con tragi-
cómica ironía / y algunas noches / vinieron a buscarme los fantasmas /
envolvieron mi almohada de sombritas negras / la saliva /
era crucial / tenía un extraño sentido del tiempo /
quería limar y desbordar / erosionar delirios a la
noche / severo / grandilocuente / la marca
roja del acero del lenguaje / yo quería lavármela
en un río de arpegios / mi dicción afectada
por la conciencia del escrutinio humano / que / recor-
dando / provocó una o dos malas / notas / necesitaba
frenar un poco y dejé bolsas de aire por todos lados
para improvisar y entender hasta que aprendí a cantar dentro de ellas.
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How did you learn to speak English?
Fresh Prince / Freddie Gibbs / John Singleton flicks /
Rakim / OutKast / “talking heads” & Big Tech / B.I.G. &
Big Daddy Kane / i tried to exorcise Black pain w/ tragi-
comic irony / & some nights / the poltergeists came for me /
shrouded my pillow in picaninny shadows / spit /
was wild critical / i had an odd-metered sense of timing /
i wanted to file off & cascade / erode after-hour thought-
barbs / punitive / grandiloquent / the glow-
red steel brand of language / i wanted to wash over it
in a stream of arpeggios / my diction was afflicted
by an awareness of human scrutiny / which / looking
back / produced one or two wrong / notes / i needed to
slow down & i did leave pockets of air here & there
for ad lib & care until i learned to sing inside them
...
Oda a Navegar en Internet
Dos gatos rusos, despeinados, hacen kick flips
en una rampa. La cámara panea hacia otra
parte del cuarto donde seis pibes llevan remeras
agujereadas y pintan con aerosol, en las paredes
de un depósito,
palabras que no puedo comprender. Todo esto
pasa en un lapso de tiempo más corto que tu
último
latido. Me han dicho que internet es
un lugar profano — un intangible e interminable
terreno tembloroso de falsos dioses,
doctrina y soledad, triste como una montaña de
mierda
en un planeta sin moscas. Mi soledad existe
en cada idea de último momento. Ayer, pude ver
como
una vecina peinaba enrevesadas trenzas
en la cabecita de su hijo y yo podría haber vivido
para siempre en su entrecejo. Hoy
creo que practico la religión de pestañear en exceso.
Hoy no me sé el nombre de ninguna vecina y nunca
voy a saber si eso me gusta. Oh, streaming sagrado
de punks contracultura, quedate en las pistas de
aterrizaje
de mi mente encendida — entre granizo, niebla y
lluvia —
sin que te importe el tiempo ni la humedad. Oh, Red
Mundial de Información, oh video viral, oh Dios del
pensamiento
basura. Sé mi amigo. Sé infeccioso como la mierda.
Moveme los ojos de una imagen a la siguiente.
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Ode to Browsing the Web
Two spiky-haired Russian cats hit kick flips
on a vert ramp. The camera pans to another
pocket of the room where six kids rocking holey
T-shirts etch aerosol lines on warehouse walls
in words I cannot comprehend. All of this
happening in a time no older than your last
heartbeat. I’ve been told the internet is
an unholy place — an endless intangible
stumbling ground of false deities
dogma and loneliness, sad as a pile of shit
in a world without flies. My loneliness exists
in every afterthought. Yesterday, I watched
a neighbor braid intricate waves of cornrows
into her son’s tiny head and could have lived
in her focus-wrinkled brow for a living. Today
I think I practice the religion of blinking too much.
Today, I know no neighbor’s name and won’t
know if I like it or not. O holy streaming screen
of counterculture punks, linger my lit mind
on landing strips — through fog, rain, hail —
without care for time or density. O world
wide web, o viral video, o god of excrement
thought. Befriend me. Be fucking infectious.
Move my eyes from one sight to the next.
La forma en la que nos hicieron
Pero hiciste cada
muñeca delicada, elegante
y reluciente cada tobillo.
Pero los hiciste
hermosos
en cuerda trenzada
y oro falso de bazar.
Pero hiciste
el cierre de cada collar.
Pero los hiciste
acariciar la nuca
como un viento perdido
después de una ducha.
Pero hiciste cada
pestaña erótica. Cada
una de las hebras del pelo
suave.
Pero las hiciste
desde el hueso y el polvo.
Hiciste cada glorioso
muslo cantante. Cada
naricita respingada.
Pero las hiciste
con agujeros—
abiertos
a las más ínfimas pizcas
de sal
de una brisa marina, sal
en la boca transpirada
de un ombligo, sal
en la sangre, dulce
y mal en todos los sentidos.
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The Way We Were Made
But you made every
delicate, elegant wrist
& glistening ankle.
But you made them
beautiful
in braided rope
& dime store gold.
But you made every
necklace clasp.
But you made them
caress the nape
like an errant wind
after a shower.
But you made every
eyelash erotic. Every
single strand of hair
soft.
But you made them
from dust & bone.
Made every glorious
singing thigh. Every
button nose.
But you made them
with holes—
wide open
to the faintest hints
of salt
in a sea breeze, salt
in the sweaty mouth
of a navel, salt
in the blood, sweet
in every wrong way.
Granja de animales
Tomemos el dorado y divertido pecho del tucán.
Su colorido pico, extrañamente cursi
y, tal vez, un dibujo animado inocente
para esos gymbros occidentales
recostados en una playa de Costa Rica.
Siempre es la misma historia: la sonrisa
bonachona, el trabajo duro, una actitud
bien complaciente y antes de que puedas decir
posracial, sos un Tucán de Resort.
Los beneficios son alojamiento y comida
pero el costo es la sangre. La mayoría de las veces
son los más cercanos—pájaros
de la misma jungla, misma
región, mismo árbol—que le entregan
tu ubicación al yaguareté.
Apenas conseguís la changa, el jefe
te mete una patada en el culo,
todo por unas sombrillas dadas vuelta
y el dedito zampado de un turista. Entonces ahora
te quedaste sin techo, solo, indefenso
y la bestia está chupando las costillitas
en tus aviadores espejados. También
es asfixiante la subdivisión del Medio Oeste
en su tratamiento de la ardilla negra.
La ciencia dice que las ardillas negras
han expulsado a las nativas ardillas grises
de numerosos territorios, pero durante mi progreso
ninguna boludez, las ardillas negras
son marginadas a terrenos
que dan a la autopista. Por las mañanas
trabajan a la sombra por bellotas
entre casitas angostas como troncos de juguete.
La historia nos recuerda que a las ardillas negras
no les alcanza para un paisajismo firme
pero van a pagar sus hipotecas—
si querés, hasta te dirigen la patrulla
vecinal. Afinándose, su noche
hecha de pelo. Son la presa del sol.
Evitan exponerse, hacen del bronceado
una moda. Las ardillas negras
encajan, se llevan bien. No conocen a nadie.
Ven a otras ardillas negras y salen corriendo.
Animal Farm
Consider the toucan’s festive gold breast.
Its multicolored pecker, oddly cutesy
& perhaps, a cartoon-comfort
to the gym-roped Westerners
reclining on a beach in Costa Rica.
It’s the same old song: good-natured
smile, hard work, a hat’s off kind
of attitude & before you can say
post-racial, you’re a Resort Toucan.
The benefits are room & board
but the cost is blood. Most times
it’s the closest ones—birds
of the same rainforest, same
quadrant, same tree—who give up
your whereabouts to the jaguar.
Quick as you got the gig, the boss
is tossing you out on your ass
all over some flipped umbrellas
& a tourist’s scarfed thumb. So now
you’re roofless, alone, vulnerable
& the beast is licking his chops
in your mirrored aviators. Stifling
too is the Midwestern Subdivision
in its treatment of the black squirrel.
Science tells us black squirrels
have driven out native grey squirrels
in numerous areas, but no bullshit
in my development, black squirrels
are relegated to lots with a view
of the highway. Mornings
they work shade for acorns
between homes narrow as Lincoln Logs.
History tells us black squirrels
can’t afford robust landscaping
but will pay their mortgage—
chair the neighborhood watch
if you like. Slenderizing, their night
of hair. They’re sun’s prey.
They avoid overexposure, make tanning
trend. Black squirrels
they fit in, get along. Know no one.
They see other black squirrels & run.
Marcus Wicker nació en Ann Arbor, Michigan en 1984. Escribió dos libros de poesía: Maybe the Saddest Thing (2012) y Silencer (2017), ganador del premio de la Sociedad de Autores de Midland. En septiembre publicará su primera novela, DEAR MOTHERSHIP (2026), por la editorial Ecco. Es profesor asociado en la Universidad de Memphis, dónde da clases en el programa de Máster de Bellas Artes.
| Sobre el traductor |
Federico Tinelli (Buenos Aires, 1997) es poeta y traductor. Publicó En el Vacío Azul (2021) por la editorial Tren Instantáneo. Traduce y colabora para Escrituras Indie desde el 2021.
