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| Sobre El cuerpo es Devil |

"Irónico y esencialmente musical, El cuerpo es Devil atraviesa varios niveles de sentido. Parece un cuento pero es también un ensayo (y en teoría es un libro de poemas). Las múltiples referencias y datos históricos hacen de él un documento de archivo pop con un ágil sentido poético. La memoria del reggaetón no podía dejar de ser un remix." (Lisa Carrasco, Sub25)

"El cuerpo es devil nos ofrece el contorno de la experiencia. Una experiencia, digamos, afterpop. Más allá de lo apropiacionista que nos pueda parecer, en una frontera del reggaetón y su pensamiento, malabarea con palabras que remezclan los ritmos, poniendo a orbitar logos y mythos en la voz de un poeta que desaparece y aparece, entre una página y otra, como collagista, montajista, como un autor de dudosa procedencia. Con lo último quiero decir, rearmar un baile, una lista de reproducción, con el reverso de un lenguaje que no reescribe, sino que implota en su reverso deductivo generando —con celeridad— una descarga eléctrica adicional en el cerebro." (Nicolás López-Pérez, Cine y Literatura) 

"Mientras la antipoesía se preocupa por el decir popular y los gestos verbales, Cayo se ocupa del movimiento, es decir, el perreo sudoroso que cae entre las palabras: aquello que se logra con las notas de una melodía. Ese sonido caribeño a veces se empalma con el ritmo del poema, pero nunca se olvida de la cadencia." (Manuel de J. Jiménez, Revista Cinosargo)


| Sobre el autor

Cayo Cactus es abogado y escritor. Su obra se relaciona con el pastiche, la obra colaborativa, la infracción de norma y los derechos de autor. Se ha desempeñado como especialista en Propiedad Intelectual y de forma paralela ha desarrollado un proyecto editorial (Calaquita) y autoral en narrativa gráfica, traducción, poesía, dentro de la cual destaco una línea de estudios de arte y derecho denominada Iuspoética. Sus últimas dos obras son El Cuerpo es Devil (poesía – oct. 2019) y ASCOS (libro objeto – dic. 2019). Para leer más del autor acá.

| Contacto |


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Poema con naranjas


Escalábamos

como inquietos animalitos

las ramas del árbol


elegíamos

siempre a la distancia

el fruto dulce

para acercarnos

y comprobar

la eficacia del ojo

en una ansiada mordida

que como un beso

también nos llenaba de gozo


era el juego secreto

en el patio de la infancia


y aunque a veces los frutos

eran ácidos 

ese pequeño ritual

de verano

nos entrenó con alegría

para lo que llegaría

más tarde


comprobar la intuición

de la mirada

elegir el fruto más dulce

besarlo

con premura


sentir el sabor

calmando la sed

conocer también qué pasa

con los cuerpos que se buscan

arrancados

como jugosas naranjas

del árbol.


...


Cuando fui árbol marchito

No me asusté del invierno

pasé las horas

en el páramo de luz 

que me daba 

el balconcito


dejé que el sol 

esa ave inquieta 

se posara

sobre mí


ese pájaro

había volado mucho 

había atravesado 

distancias 

bocas oscuras

como fauces

depredadoras


y ahora 

había llegado hasta mí

eligiendo el pecho

en esta época de luz frágil

para juntar ramitas

y anidar


no le importó que fuera árbol 

de pie y sobreviviendo 

perdiendo hojitas

en la casa que dejaste vacía

no le importó


por eso dulce ave 

gracias por el nido

para atravesar el frío

y su puñal


gracias

por la compañía

cálida como un recuerdo

lo sostengo en alto

como un fruto dulce

que sobrevivió a la helada 

y aunque ya 

no soy árbol

florezco.



| Sobre el autor |


Pablo Carrazana (1992). Soy docente de lengua y literatura en escuelas de nivel medio de CABA y el Conurbano. Melómano empedernido, asiduo lector y ocasional escritor. Asisto a talleres literarios con Isabel Vasallo y Osvaldo Bossi. Actualmente me encuentro preparando mi primer librito.

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| Sobre el autor |

"Estudiando ingeniería en 2012, llegué a la fotografía como un turista. Me anoté a un curso de fotografía con una cámara nueva, sin saber que era un curso de fotografía analógica.  

Recuperé una cámara vieja de mis padres, saqué un primer rollo y nunca más toqué aquella cámara nueva. La vendí a los pocos meses. 

Mi vínculo con la imagen es emocional y fetichista. Saco pocas fotos, me gusta la imagen, pero sólo me interesa el negativo, me gusta sostenerlo con las yemas de los dedos, y mirarlo a través de la luz, después guardarlo cuidadosamente. Saco mucho en formato medio por el detalle del negativo. 

Fotografío para registrar que en algún momento existimos bajo aquella luz 

la evidencia está en esa porción de vinilo ámbar negro" (Sebastián Torres)


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Lo frágil primero es escarcha


corre el mes de julio

y yo que no sé distinguir

entre unos rayos de sol

y una incipiente primavera

fui dejando crecer la esperanza

como un yuyito que arranca

tímido entre las baldosas

y termina

carcomiéndolo todo

levantando el piso

desde las raíces

ocupando el jardín entero


hasta que la helada

lo quema como a todo

lo frágil

primero es escarcha

- cristales brillantes -

luego solo queda


lo amargo

lo seco

lo que se vuelve polvo.

...

 que no iba a escribir

sobre el limón

porque no puedo traducir el aroma

de la tarde junto al gingko


que no iba a escribir

sobre el cielo

porque no puedo evocar los pájaros

surcando el cableado de luz


que no iba a escribir

sobre el mate

porque no puedo representar el sabor

a manzanilla en nuestras bocas


que no iba a escribir

sobre vos, dije


que esto no iba a ser un poema.



| Sobre la autora |



Mi nombre es Flora Aylén, tengo 26 años y soy del sur del conurbano bonaerense. Activista transfeminista, escritora y lesbiana.

Creo en el deseo como fuerza transformadora, y busco a través de las palabras la imaginación de nuevos mundos posibles. Desde ahí habito la escritura, como pulsión vital y arma de lucha.

Actualmente trabajo en la edición y publicación de mi primer poemario, Antídoto o plegariA, en el marco del taller “Del dicho al hecho” con la coordinación de la editorial independiente El Rucu Editor.

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Han arrasado con todo.

Aún nos queda café

en un frasco cerrado.

Nos sirve para pasar

junio y julio.

Después veremos.

Las puertas están clausuradas,

pretendemos que nos olviden,

que no nos tengan en cuenta.

El carrete gira,

la lámpara viva

nos cuenta historias

sobre un paño blanco.

No hay fórmulas

para sobrevivir

ahora

que han arrasado con todo.


...



He aprendido

a ensillar caballos,

reconozco un apero,

una cincha,

las crines,

como montar,

como alimentarlos,

los he visto morir aún latiendo.

Esa lección

que terminé aprendiendo solo

es lo único

que me ha dejado mi padre.





| Sobre el autor |


Daniel Ocaranza (San Miguel de Tucumán - Tucumán). Fotógrafo, escritor, editor y gestor cultural. Cursó la Licenciatura en Letras y la Tecnicatura Universitaria en Fotografía, ambas en la Universidad Nacional de Tucumán. Dirigió la revista mural Escapulario y los cafés literarios de la Facultad de Filosofía y Letras. Publicó el libro de cuentos Comer en Familia (2018) cuyo cuento homónimo ganó el primer premio en el Concurso de Cuento y Poesía Mario Trejo (2012). Otros textos de su autoría se encuentran en diversas antologías como Lugar del Escritor (2009), Memoria 2009 (2010), Memoria (2012), Trailer esCuchara (2017) y Arte Abasto Tucumán: Espectros (2018).Como editor se desempeña desde el año 2018 en Falta Envido Ediciones .Dirige junto a Zaida Kassab la revista cultural digital El Ganso Negro. Co-fundó el Colectivo Cultural esCuchara (2016) desde donde ha producido junto a otres compañeres diversos eventos multidisciplinarios en torno a las artes. Entre ellos el FIDEO (Festival Intergaláctico de Escritores –Oficial–) iniciado en el 2017 con periodicidad anual y vigente hasta la fecha, el ciclo Música y Letra (2016 al 2018), el café literario Letras al Fondo (2016 al 2019), entre otras cosas. Como fotógrafo participó de las muestras: Luminiscencias (2018), Inefable (2018) y Fragmentados (2019).

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Elegimos nuestros 14 libros favoritos publicados por editoriales independientes en el 2020, desde Escrituras Indie pensamos que hacer un recorte de los que consideramos los favoritos del año pasado no era algo que se podía hacer desde una sola perspectiva, así que como siempre apelamos a lo colectivo e  invitamos a Brenda Algozino de Dime que lees, Milagros Pérez Morales de No tan Puán, Agustina De Diego de Agus recomienda, Elizabeth Maia Graviotto de La ladrona de libros,  Nahuel Lardies de Hablar de poesía, y a Stefania Agoglia y Victoria Claramunt de Somos historias para que nos compartan sus favoritos del 2020. 

Escrituras Indie





Realidades, de Susy Shock (Muchas Nueces)


Este año salió una gema editorial que reúne la poesía de nuestra queridísima Susy Shock. Una edición cuidada, con un arte de tapa original y como si fuera poco, dibujos del inigualable maestro León Ferrari, uno de mis artistas preferidos. Leí el libro ni bien salió, me quedé un ejemplar y desde entonces me acompaña si estoy caída o simplemente sin ninguna clase de fé. 



Elizabeth Maia Graviotto, de La ladrona de libros






Vidrio, de  Gabriela Borrelli  (ClubHem)


Hacia atrás, la nebulosa que forman los recuerdos fragmentados en la memoria. Hacia adelante, la incertidumbre de no saber qué pasará acompañada de la certeza de tener que volver a habitar un lugar en el que ya estuvo: el pabellón de la cárcel de mujeres. Un crimen, drogas, violencia, silencio, amor, obsesión y la literatura como vía de escape. Con todos estos elementos Gabriela Borrelli Azara construye un combo explosivo con una protagonista cuya voz retumba en un cuarto donde resuenan los ecos de una historia que se lee en carne viva.



Brenda Algozino, de Dime que lees







Larga distancia, de Tali Goldman (Concreto)


Cuentos que exploran la soledad que se puede tener aún estando rodeados de gente. En estos relatos los personajes parecen experimentar una larga distancia contaste.



Agustina De Diego, de Agus recomienda






La forma del río, de Violeta Sticotti (Trench editora)


Un tipo especial de misterio. Así se anuncia en su primera oración este libro pequeño y potente, en viaje. En movimiento entre un diario íntimo, un poema largo, una confesión de amor a todo, una invasión de animalitos que va tomando la ciudad, Viole construye un primer libro que es alegre, afilado y cambiante, que crea una conversación entre formas que permite que las cosas brillen a través de su prosa pícara y de sus preguntas hermosas que llevan.



Milagros Pérez Morales, de No tan Puán





Siberia, de Daniela Alcívar Bellolio (Editorial Beatriz Viterbo) 


Siberia es una novela testimonial que ahonda en el duelo, escarba en la herida abierta, habla sobre la pérdida de un hijo. La novela en un principio es un fluir de ideas, un conjunto de textos que rememoran aquellos lugares de la infancia marcados a fuego, algunos de esos amores que se han querido hasta morir un poco en el intento, un muestrario del dolor en sus diferentes formas. Sin embargo hay un quiebre que se da en la historia y que existió mientras se escribía el libro. “Llevo en el vientre un hueco infinito de dolor. Un vacío literal de vida, ahí donde mi hijo hasta hace una semana nadaba olvidado de todo, tibio y lleno de futuro. Ahí: un hueco interminable de desesperanza." Cada palabra de este libro tiene una belleza indescriptible y a su vez contiene tanta violencia que nos convierte en observadores fascinados ante el equilibrio de su autora frente al abismo.



Stefania Agoglia, de Somos Historias








Especie Salvaje, de Denis Fernández, (Notanpúan)


Este libro de Denis toca un problema fundamental, me parece, de la escritura contemporánea: la función simbólica del lenguaje (directamente vinculada a los espacios rituales y por ende a las entidades que adoramos y que nos exigen reverencia) y el vínculo con nuestro cuerpo como el organismo que procesa, produce y padece las palabras que engendra, como los gusanos en un compost. “Queda un contenedor vacío: el lenguaje perdido en los basurales de la red biológica, una red formada por elementos dispersos que necesitan volver a juntarse (...) Como mi organismo, que necesita un nuevo sistema de símbolos”. Especie Salvaje es una alegoría psicosomática que nos señala que quien imagina, quien habla, es portador de la desgracia de tener un cuerpo que no solo tiende a la disolución, sino que es portador y transmisor de un virus, enfermedad o trastorno. Los lectores serán ese niño de 9 años con pata de cabra que busca en la sanación arcaica su recuperación y toma a los muertos como guías: “De pronto, mis antepasados se presentan ante mí como intermediarios entre a permanencia inmaterial y la muerte presencial del cuerpo (…) Los muertos ya no caminan solos: yo los acompaño hasta su lecho”.



Nahuel Lardies, de Hablar de poesía








Por el barrio/En la placita, de Ioshua e Inés Púrpura (Mutanta Editorial)


Allá por el 2013, Ioshua e Inés Púrpura sacaron un split de poemas con su editorial Foucault is dead, un tesoro de la literatura independiente de la década del 2010. Las poéticas de estxs autorxs dialogan desde una belleza tan simple y profunda que sensibiliza, pero también golpea en medio de la cara, porque esa poesía tiene la brutalidad de la vida cotidiana en los barrios más pobres del oeste, la realidad de lxs pibxs, sus amores, ideas y reflexiones. Una poética tan cruda, bella y profunda que debía ser rescatada y puesta en circulación nuevamente, Mutanta editorial lo hizo. Desde los últimos meses del 2020 podemos disfrutar de esta reedición magnifica con dibujos de Ioshua y un super diseño a cargo de la editora y poeta Natalia Iñiguez. Un libro de culto para el futuro. 



Nadia Sol Caramella, de Escrituras Indie







La violencia, de una estatua de Flavia Calise (Hexágono editoras)


Hexágono es una editorial preciosa y con ediciones muy dedicadas. En este libro Flavia escribe poemas que despliegan su mirada sobre el amor y el abandono como otras formas de maltrato. Suave o áspera, sin ninguna pose y siempre tan auténtica. “Después de recibir violencia, la sensibilidad parece un secreto”. Un libro con flamencos, alfombras rosadas y cuchillos. Hermoso.



Elizabeth Maia Graviotto, de La ladrona de libros








Persecución, de Joyce Carol Oates (Fiordo)


Thriller psicológico que arranca con la incertidumbre de un accidente del que poco se sabe. El pasado, a pesar de querer ocultarlo, empieza a emerger a la superficie destrozando todo a su paso.



Agustina De Diego, de Agus recomienda







Las fotos, de Inés Ulanovsky (Paisanita editora)


Las fotos es un libro mágico, logra eso que sólo los buenos libros logran: transportarte en el tiempo, transportarte a las historias detrás de las imágenes. Con una exquisita construcción por parte de la autora el lector es testigo irrevocable paso del tiempo.



Victoria Claramunt, de Somos historias






Mis animales y los que no son míos, de Denise Fernández (Mágicas Naranjas)


Denise habla con animales que son muchas cosas a la vez: palabras, preguntas, acertijos. Con ironía afectiva, sus imágenes refractan: la poeta busca respuestas en criaturas que solo contestan lo difícil, encuentra el brillo que le devuelven sus propios anhelos, sus lenguajes lejanos, sus imposibles. “No tan seguido la gente se desvía de su propio cuerpo”, le dice a su vaca. Pero así, esta poeta tiene un cuerpo que es todo. Animal, poema, belleza alegre y sorprendente.



Milagros Pérez Morales, de No tan Puán







¡Hasta pronto, querida!, de Valeria Mussio (Peces de ciudad ediciones) 


Un poemario de palabras con sabor a final y evocaciones tiernas de la amistad. El segundo libro de Valeria Mussio tiene un tono confesional, de poemas narrativos, que una gran potencia logran resignificar las rupturas amistosas y amorosas, que en verdad son lo mismo. Estos poemas también nos cuentan pequeñas historias de viaje, escenas que quedan grabadas en la mente del lector/a: una cerveza con amigos en Perú, un auto por las rutas de Texas,  una foto del mar y el imaginario ruso sobrevolando algunos personajes de los poemas. ¡Hasta pronto, querida! transita las despedidas como una celebración de la amistad y la ternura. 



Nadia Sol Caramella, de Escrituras Indie







Me acuerdo, de Martín Kohan (Ediciones Godot)


Durante noventa y nueve páginas asistimos a una enumeración de recuerdos, uno detrás de otro, evocados por un yo que los describe de forma concisa y con aparente objetividad. Probablemente uno de los libros más personales de Martín Kohan que, al mismo tiempo, desdibuja su figura de autor. La literatura lleva consigo ese tipo de paradojas. La memoria misma se construye a la par de lo que se olvida, pues es lo que permite justamente la existencia de los recuerdos, incluso de los libros que leemos.



Brenda Algozino, de Dime que lees







El vaquero sin agua en la cantimplora, de Rafael Espinosa (Caleta Olivia 2018, reimpresión 2020)


El peruano Rafael Espinosa me parece un poeta contemporáneo insoslayable. Desde que empecé a leerlo encontré en él nuevas maneras de hacer poesía, sin que se pierda esa conexión con la tradición de la lírica: una mente elegíaca, que utiliza el espacio del poema para merodear alrededor de sus obsesiones, irse por la tangente, sorprendernos con sus hallazgos fortuitos y dejar caer visiones de una calma que no es sino ese vértigo anterior al colapso. Así y todo, Espinosa es un poeta reparador, un inventario de estilos, un maestro de sabiduría inestable: “(…) el fuego, por contraste, relata / la oscuridad de un alma. Y así / sucesivamente revisar las unidades de medida / para que la vida tenga factibilidad, / la imaginación obre, las olas insistan”.



 Nahuel Lardies, de Hablar de poesía










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