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¿Cómo se relacionan la poesía, la música electrónica experimental y la performance? No existe una respuesta unívoca pero una buena aproximación es la idea de que surge una nueva práctica que es todas y ninguna a la vez. No como acumulación sino como fusión y desdiferenciación de las diferentes disciplinas.  Guiados por este interrogante tuvimos el agrado de charlar con la artista multidisciplinaria Perla Zúñiga.                                                                                                                         


 por Tobías Leiro



Cleveland. El hechizo del viejecito en Habitación 34. Cortesía de la artista.





La obra de la artista madrileña Perla Zúñiga fluctúa por diversas áreas. Podría decirse que se desplaza entre  poesía, el djing y la performance pero, creemos, se estaría ignorando un punto importante de su hacer artístico: no se trata de tres prácticas separadas sino que se trata de una que toma diversas formas sin dejar de constituir una única práctica artística y vital.

 

A través de la puesta en juego del cuerpo en cada uno de sus haceres Perla visibiliza una práctica/cuerpo «otro». Uno que ella constituye en cada verso, movimiento y track utilizado.  Su(s) práctica(s) la relaciona(n) con el mundo y a la vez construyen uno nuevo cruzando la cinta de “precaución” que separa las disciplinas y los cuerpos.



¿Desde qué momento comenzaste a incursionar en las distintas prácticas que hoy en día realizás?

Es muy difícil hablar de un momento dado, podría responderte con lo típico de que toda la vida he sido una persona muy creativa, pero realmente siento que fue a raíz de mi contacto con la enfermedad, con el cáncer, cuando empecé a desarrollar y tomarme en serio mi práctica y, por lo tanto, mi vida.

El cáncer no solo se encargó de ir conquistando cada centímetro de mi cuerpo, hasta mi frenada muerte, sino que, junto al tratamiento, modificó todos los aspectos de mi vida o por lo menos la visión que tenía de ellos.

Durante esa etapa, la escritura pasó a convertirse en mi práctica principal y, con esta, la lectura. Necesitaba entender los cambios, miedos y deseos que (se) estaba(n) produciendo, enunciados en lenguajes desconocidos, para mí, hasta ese momento.

Pre-cáncer no estaba trabajando con ninguna disciplina en concreto, fue durante la enfermedad cuando trabajé con el video, la fotografía y el sonido. Mi máxima preocupación y actividad era ser visible, hacer visibles muchas de las lógicas dominantes que operan en nuestros cuerpos, también en los cuerpos enfermos y materializar el diálogo que estaba teniendo con el rechazo y con la lacra que me había acompañado toda la vida la opacidad, la obligación a ocultarme.

Desde ese momento y progresivamente, he ido añadiendo ciertos elementos como el texto y la voz a mis proyectos, al igual que he ido investigando y probando otros formatos como el djset y la performance.
 

¿Cómo te definirías si es que tuvieses hacerlo?


Definirme es algo que siempre me ha costado y que suelo evitar, al igual que me es difícil no hacerlo, dado al cambio de paradigma que estamos viviendo y la importancia que tiene mostrarse sin miedo.

Me es más sencillo decirte que soy fruto de un tumor, como de Paul Preciado, como de las muchas cirugías y tratamientos que han permitido que siga con vida, a nombrarte una etiqueta.

Yo existo gracias a los avances de la ciencia y de la tecnología. Es gracias a una costilla de titanio diseñada por una impresora 3d que yo siga con vida, al igual que es gracias al trabajo de ciertas teóricas y artistas que trabajan con las políticas identitarias, las teorías post-humanas y la ficción que yo acepte e investigue (con) mi nuevo cuerpo. 


¿Qué te motiva a experimentar artísticamente? ¿Cuáles son los ejes que crees que atraviesan todo tu hacer creativo, de manera consciente o inconsciente?


Lo que me motiva es la experimentación en sí, verme en lugares o situaciones que no entiendo, pero las cuales, me van a ayudar a crear y configurarme. Al fin y al cabo, cada vez que comienzo un trabajo, este empieza en un lugar de vulnerabilidad.  La mayoría de las veces no conozco casi los softwares o disciplinas con las que voy a trabajar y en esos procesos de acercamiento surgen fallos que acaban re-dirigiendo y construyendo el proyecto.

Otra de las motivaciones es encontrar el lenguaje acorde al proyecto. Tengo especialmente interés en cómo le llega la información al público, que es lo que va a entender de lo que le estoy contando, si voy a querer que esa información sea transparente y acorde a ciertas lógicas o prefiero todo lo contrario, que sea enrevesada y repetitiva. 

Modificar estructuras y formatos, como por ejemplo lo que entendemos por recital, lectura, escritura, poema y exposición, es una de mis grandes motivaciones a la hora de crear, para una vez alterados dichos formatos introducir mi universo, mi ficción, que el público se vea obligado a escuchar lo que les quiero contar.

De manera consciente o inconsciente, mi trabajo está atravesado por la necesidad de ser escuchada, de hacer visibles los mecanismos que rigen nuestra sociedad y explorar e investigar los lenguajes y lógicas generados en lugares menos (re)conocidos como los que tienen lugar en la noche, en los momentos de alteración producidos por la enfermedad, las drogas y la fantasía.

Concibo mis proyectos como lugares de ensoñación, como una correspondencia constante, como un váter de residuos en el que refugiarme una y otra vez.


 ¿Cómo se relacionan tus diversas prácticas entre ellas y con tu propia praxis vital?  


Cada una de mis prácticas depende de la otra. Si escribo un poema va a depender de con qué formato quiero que se materialice, de cómo este va a modificar el original y finalmente cómo va a ser difundido. Y pasa igual con mi vida, entiendo lo que me sucede, mis deseos, mis miedos, mis maneras de relacionarme con el mundo, gracias a mis proyectos.

Me encanta esa urgencia de hacer para entender, la motivación de trasladar ciertos pensamientos, preocupaciones o rabias a otras disciplinas y desmenuzarlos, deslocalizarlas.

Este flujo e intercambio de prácticas y formatos me permite jugar, explorar tanto la idea de poesía como otros aspectos de mi vida. Un buen ejemplo para entender cómo se relacionan mis prácticas con mi praxis vital es el show El hechizo del viejecito que tengo con la productora musical, amiga y compañera del colectivo Culpa Vera Amores.

El hechizo del viejecito es un recital de poesía, un lugar de unión que opera como refugio y hogar para ambas. En él, investigamos la unión de poesía y sonido. Mi voz distorsionada se mezcla con los sonidos y las texturas de la propia tecnología y juntas creamos realidades paralelas que habitan y encarnan en poemas sonoros y cuadros rítmicos. 


Cabello/Carceller: Lo que puede un cuerpo (Perla), 2020. Cortesía de la artista





| Un poema de Perla Zúñiga |




Qué pasaba esos días en que yo no estaba. 



en el dedo índice

un pinchazo rápido 

en la mano derecha

un resultado 

APTO

para revisión

 

comienza

otra cuenta

atrás

sin final 

 

ahora

la vía la clavan en la mano 

y no

en el brazo

ese es

ese es

el único cambio 

notable desde 2016

 

Hago el esfuerzo por acordarme de mi primer PET

o mi primer TAC

antes de escribirte

pero me es imposible

porque yo no estaba

al igual que  

me es imposible 

saber diferenciar

un PET 

de

un TAC 

 

Mi madre nunca me ha contado que pasaba en esos días

en los que yo no estaba 

pero si mi peso 

y sus sesos

o

mis ojos 

cerrados

o

abiertos 

no sé

ni sé si lo voy a querer saber

pero 

no dudo

que ella estaba 

ahí

de pie

junto a la cama

mientras 

la luz blanca

del hospital 

dejaba poco

a imaginar 


yo "dormía"

o eso creía

y ella 

mientras

me leía 

el último libro de

Merleau-Ponty

 

por qué

porque era el libro que estaba en mi mesilla 

antes de ingresar

y creía que si lo leía en voz alta 

nos iba a acercar 

 

ese fue el último libro del autor

antes de llegar a la oscuridad

libro que nunca me llegué a leer 

y solo compré porque

mi profesora de teorías de Arte. 

 

Querida Aurora:

todavía no me he leído el libro

pero quién te iba

nos iba a decir 

que Merleau-Ponty iba a ser la unión

entre una madre

y su hija

en coma.

 

El título del libro es: El ojo y el espíritu

por si lo quieres leer.




| Sobre la artista |



Perla Zúñiga (Madrid, 1996) es una artista multidisciplinaria que se desenvuelve en actividades como la poesía y djiing. Co-dirige el ciclo música electrónica experimental madrileño Culpa y forma parte del ciclo de lecturas performativas PoemRoom. En su obra explora el lenguaje a través de diferentes medios como la música, la performance y el vídeo.

Su trabajo ha podido verse en pen pressure; a show of poetry fantasy and faith comisariado por Yaby en Haus Wien (Viena, 2020), el festival Gelatina de La Casa Encendida (Madrid, 2020) o en el festival de arte y pensamiento FAP-TEK (Uruguay 2021). Desde hace un año está trabajando junto a la productora musical Vera Amores en su nuevo recital-concierto El hechizo del viejecito.




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Pequeño diccionario sefaradí nos trae de vuelta a la cultura ladina y el folclore de una lengua olvidada; un diccionario de sentidos perdidos que inventa sus propias reglas.

Por Malena Rodríguez



Pequeño diccionario sefardí de Andrés Piña nos invita a adentrarnos en el ladino, idioma hablado por los descendientes de judíos expulsados de España en 1492 que amalgama el castellano antiguo con vocablos del hebreo, el francés y el turco. El libro está compuesto por dos partes. En la primera, nos encontramos con términos en ladino y sus definiciones. Cada definición está desplazada del preconcepto que tenemos al leer un diccionario: este no es un diccionario cualquiera, es un diccionario poético y, como tal, inventa sus propias reglas. Las palabras están en desorden. Cada significado instala una imagen, regala al lector una mirada del mundo, un pedacito de historia, un secreto contado a la hora de la siesta bajo la sombra de un árbol en verano. En palabras de Maricela Guerrero: “Pequeño diccionario sefardí es un enraizarse en las profundidades de la lengua que habitamos, donde resuenan historias y traslados; me da la sensación de que mientras más profundamente se recuperan estos vocablos, mayor cercanía con el mundo vegetal y mineral nos brota”


     Andrés nos acerca, entonces, no solo a una lengua, sino también a una cultura y la forma de vincularse con la naturaleza que tiene, a su vez, la cultura. La segunda parte del libro es bilingüe; una mitad está escrita en ladino y la otra en castellano. Nos trae canciones; comidas típicas hechas poema; reflexiona sobre el exilio y la identidad, sobre la memoria. Al leerlo, hay una suerte de eje que recorre el poemario y su decir: el de la sinestesia. La música tiene colores, los recuerdos son perfumes. Maricela está en lo cierto cuando escribe “nos brota” para referirse a la poesía de Andrés, porque no hay dudas de que algo se instala en el lector y crece. Una pregunta, un interés, un deseo. 


    Editado por Agua Viva, Pequeño diccionario sefardí nos sumerge en una poesía que atraviesa y arrasa al lector apelando a su sensibilidad, esperando quizá incitar nuevas formas de percibir, de tocar, de oler. Nos aproxima a los modos de ver y de decir que tiene esta otra lengua, esta otra cultura, aquella que resiste al tiempo.


...



| Selección de poemas |



Lingua


Cáscara de plátano
fermentada en la memoria,
luz que nos configura.



Yerushalayim


Perfume de agua florida.



Güerta


árbol en medio del mar.



Pájaros


Sombras
que
sopla
mi
tierra.

Hojas del Este.





| Sobre el autor |

Andrés Piña (Ciudad de México, 1989) ha trabajado como periodista y traductor, estudió Filosofía Social en la Universidad La Salle y actualmente está abocado al ámbito académico. Publicó los libros Ella pensaba en mí (Salta la palabra, 2014), Impresión (Salta la palabra, 2014), La revolución es una muchacha en bicicleta (Caravan, 2017) y Pequeño diccionario sefardí (Agua Viva, 2021). El estudio y la escritura en judeoespañol surgieron a partir de experiencias familiares y por el acercamiento a escritores fundamentales para esta lengua.

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La escritora y cineasta Milagros Amondaray nos cuenta sobre el proceso de filmación de su última película No estás solo en esto y el libro Que la corriente me arrastre: cine queer para descubrir (2020). En ellos, se dibuja una historia personal que empezó por un blog y terminó generando lazos comunitarios inquebrantables.


Por Rosario Iniesta




¿En qué momento supiste que querías dedicarte a la crítica de cine, viniendo de una formación académica como docente de Letras? ¿El cine siempre formó parte importante de tu vida?


Lo supe desde siempre. Desde la secundaria, mi papá me hacía ver muchísimas películas, era muy cinéfilo. Yo sentía un gran amor por Scorsese y el cine de Hollywood de los setenta. Pero sobre todo me gustaba mucho escribir poesía. Cuando era adolescente participaba en todos los concursos que había en  San Antonio de Areco, que es mi ciudad natal y donde vivo ahora. Sabía que quería combinar la escritura con el cine, entonces era crítica de cine sí o sí. 

El cine siempre formó parte de mi vida. “El mago de Oz” fue una película que me marcó un montón porque me acuerdo que mi mamá me la alquilaba todo el tiempo. Yo era la típica persona que frecuentaba mucho el videoclub porque estaba en la esquina de mi casa en esa época. Cuando les dije a mis viejos me re apoyaron por suerte porque realmente era una chance en un millón. Empecé a estudiar cine en algo que sería como una especie de CBC de la FUC (Universidad del Cine) porque había obtenido una beca ahí. Justo ese año abrió la Escuela de El amante y me anoté, estudié la carrera empezando desde lo micro, y después quise reforzar mi formación con el profesorado de Literatura, así que se terminaron complementando ambas cosas. 


Ves mucho cine, conectas con muchos personajes, pero ¿cuál fue el primero de todos, aquel que sentís que te cambió por completo?


Respecto a los personajes, pienso que fue Dorothy, de “El mago de Oz”, pero por una cuestión de que lo relaciono mucho con mi infancia y preadolescencia. Si tengo que elaborar una respuesta más madura, me parece que hablaría de un personaje como Céline (Julie Delpy) en Antes del amanecer, que la vi en el cable en la casa de mis viejos durante mi adolescencia. Recuerdo identificarme mucho con ella y, después, hubo dos personajes en simultáneo que me marcaron: Enid (Thora Birch), de “Ghost World” y “Juno” (Elliot Page), que supongo que tienen muchas cosas en común: son bastante nihilistas, desencantadas con el mundo, un poco ermitañas, muy en su propio universo.

Había algo de su amor por el arte, sobre todo en Enid porque su personaje pintaba pero tampoco se encontraba ahí, estaba el hecho de intentar descubrirse a uno mismo, pero creo que más que nada era como la fidelidad que tenían ellas para consigo mismas, su frontalidad y lo que querían para sí mismas, yo conectaba con eso. Se podría llegar a decir que había algo de misantropía ahí, pero a su vez decían “voy para adelante con lo que me pasa”, sin pelos en la lengua, bastante honestas, había una gran autenticidad en las caras de Enid. 


El fenómeno Cinescalas, el documental y el libro


Cinescalas fue un espacio en el que se hablaba de cine (actual y no tanto) y que supo convertirse en una auténtica comunidad de lectores y colaboradores que le dieron vida a esta plataforma que inició como un ejercicio terapéutico para Milagros tras un trastorno de ansiedad. El blog comenzó en 2010, cuando Milagros trabajaba en la sección de espectáculos del diario La Nación. Cinescalas arrancó con notas pequeñas para luego adquirir un estilo más desestructurado.

Démosle un buen final a esta historia. Del cine a la vida sin escalas, publicado por Dunken en 2013, compila veinticinco ensayos sobre películas relacionadas con temáticas de la vida cotidiana como la familia, las decisiones, el amor trunco, las promesas y la fe.


Tu primer libro habla del cine que te interpelaba en la época de Cinescalas, incluso el epílogo lo escribieron en conjunto con la comunidad del blog. Cuando pensas en aquellos días, ¿cuál es el recuerdo o sensación que más te viene a la cabeza?


Cuando pienso en la época del blog me da mucha nostalgia, me parece que es lo más lindo que construí a nivel profesional. Está por un lado lo que hago para el diario, que son cosas profesionales que me llenan de satisfacción porque uno quiere superarse en lo que hace, pero en Cinescalas siento que fue donde me formé como escritora y, aparte, conocí a mi esposa a través del blog. Sobre todo, rescato haber concebido algo que significó mucho para un montón de gente.


Es muy fuerte la sensación porque el blog surge en un momento en el que yo tenía un trastorno de ansiedad y mi psicóloga me dijo que hiciese algo que me hiciera bien. En ese momento, venía de Cinemanía y entraba al diario que era un mundo nuevo para mí, porque pasaba de trabajar en una revista en la que éramos cinco personas a trabajar en un diario con un montón de gente. Me vi teniendo que manejar el mundo digital cuando yo venía de papel, era otro mundo y el blog me conectó. No somos peores críticos por escribir de manera apasionada por algo, no nos hace menos objetivos. Me parece que serle fiel a eso da sus frutos porque se nota cuando uno escribe desde la pasión. A mí por lo menos como lectora de otras personas me gusta leer a gente que escribe con pasión. No digo que lo mío a todo mundo le pueda gustar o que esté bien o mal, sino que me parece que ese es el camino.


Pasaron los años y el papel de las redes en nuestras vidas se modificó radicalmente. ¿Creés que hoy si volviese Cinescalas en otro formato quizá podría originarse el mismo entusiasmo en otras generaciones? 


No lo sé, me parece que no, que fue lo que tenía que ser. Fue la explosión de los blogs, era muy particular también y por eso quizás el documental muestra que mucha gente se encontró en momentos difíciles que estaban pasando. No sé si se volvería a dar lo mismo, y  no lo intentaría repetir tampoco. Cinescalas me formó como escritora: la forma de ver el cine y la manera en la que los demás respondían me conectaba con un lugar como más primitivo de amor por las películas. Se creaba una charla entre amigos y después yo intentaba traducir esas reflexiones en un texto.

Me pasó ahora interactuar con las generaciones y no hay mucho análisis, como que te dicen, Qué tenés que ver. Y me acuerdo que en esa época lo que hacíamos era reivindicar muchísimas películas, algo que yo también traía de El amante. Hemos hecho un montón de posteos de películas hollywoodenses, que quizá para otras personas ahora no ameritarían  un debate, como Marley and me o The five year engagement. 


Siento que ahora hay una imposición de lo que podés ver y lo que no, como que se perdió la frescura. Para mí blog era eso también: frescura, libertad de pensamiento. Cabe aclarar que tampoco éramos adolescentes, sino que nos encontrábamos en otra etapa, más de los veintipico tirando ya casi a los treinta y estábamos a favor del desprejuicio de determinadas películas. 


No estás solo en esto


El documental es una demostración de la superación del ser en momentos difíciles de la vida y de cómo la crisis personal de quienes hoy lo conforman terminó siendo “el lugar donde se puede compartir aquello que no se habla con todo el mundo”. 

La película fue financiada íntegramente por los participantes del blog a través de la plataforma IdeaMe. El rodaje duró quince días, recorriendo el país en diferentes localidades como San Antonio de Areco (ciudad natal de la directora), Capital Federal, Santos Lugares, Rosario, Tafí Viejo y Córdoba. La película fue producida tanto por los colaboradores del blog como por Ypnos Films y Jones.tv. 

El documental fue estrenado en el Festival Internacional de Mar del Plata en 2014, luego pasó por el Cine El Cairo, de Rosario, por el Cine Caraffa, de Córdoba, por el Festival Mirada Oeste de Mendoza, por Uruguay en el Festival Cinefem. La proyección en Capital Federal tuvo lugar en la Universidad Nacional de las Artes, en su sede de Crítica de Artes. 

La película comienza con la mítica frase de Lester Bangs (Phillip Seymour Hoffman en Almost Famous, de Cameron Crowe): “The only true currency in this bankrupt world is what you share with someone else when you're uncool”, que sería algo así como: “El único intercambio verdadero en este mundo corrupto es lo que compartís con alguien cuando no sos canchero”.



No estás solo en esto es un homenaje a la comunidad de Cinescalas. ¿Qué recordás del rodaje y del recorrido de presentación del documental? 


El rodaje fue muy agotador porque fue muy poco tiempo. La verdad es que yo tenía mucho miedo y no sabía nada de técnica. O sea, si bien es un documental muy modesto, teníamos al director de fotografía y al asistente de cámara que como no eran parte no entendían lo que estaba pasando, digamos que no era un equipo cercano a la experiencia que teníamos, estaban muy alejados de la situación. Esos días los disfruté muchísimo porque fue cómo ir de un lugar al otro y emocionarme con quien menos esperabas emocionarte. Realmente era llorar en cada una de las entrevistas, había como nada emotividad muy a flor de piel. 


”Que la corriente me arrastre” es un libro de ensayos sobre películas queer que te marcaron de manera muy personal, ¿cómo llegaron a tu vida y qué representan para vos? 


Algunos de los ensayos son tomados del blog de Cinescalas y otros son nuevos. Los de Cinescalas están bastante alterados porque cuando uno crece va reescribiendo las cosas de otra manera. 

La idea era elegir diez películas queer totalmente diferentes entre sí, con diferentes directores, de distintas nacionalidades, relaciones. Tengo intención de sacar otro más adelante con otras películas.

Para mí estos ensayos representan la naturalidad con la que tenemos que experimentar ya ciertas cosas. Me pasa mucho que cuando digo que estoy casada con una mujer y me dicen “bien por vos”, como de “apruebo lo que estás haciendo”. Quizá eso pasa más en la ciudad en la que vivo,  pero es algo como que todavía pasa. Es muy importante poner en la tapa a dos chicos y que eso se naturalice. Es un libro sobre el amor y también del amor hacia uno mismo, ser fiel a uno mismo.


|Sobre Milagros Amondaray|


Milagros Amondaray es periodista de espectáculos, crítica de cine y TV del diario La Nación en su edición digital e impresa desde 2006. Ha trabajado en la redacción de la revista Cinemanía y fue colaboradora de Revista Brando y Rolling Stone. Ha sido jurado en festivales de cine. Estudió crítica de cine en la escuela de El Amante y el profesorado de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González.

El blog Cinescalas, del cual es autora y editora recibió el Premio Excelencia en Contenido Digital en la categoría Mejor Blog en 2011 y 2012, otorgado por el Diario El País. Milagros es autora del libro Démosle un buen final a esta historia (2013, Dunken), guionista y editora del documental “No estás solo en esto” (2014), que fue presentado en el Festival Internacional de Mar del Plata y en varios festivales nacionales e internacionales. Que la corriente me arrastre, cine queer para descubrir (Milena Caserola, 2020) es su segundo libro.

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El fanzine Mi vida de atleta, de Julieta Marra, fue editado de forma independiente en 2021, en plena pandemia. Sus tapas son grises y suaves. Tiene puntas redondeadas, y ¿cómo más expresar tanto amor desde lo material? Sus hojas tienen tamaños distintos, con fotos suspendidas en medio de la encuadernación, imágenes que operan obturando y dejando ver fracciones de texto, intercalando formas de hacer sentido.


 por Mora Vitali





Julieta trabaja la fotografía callejera haciendo lo opuesto a robar imágenes. Ella dialoga, pregunta, se acerca, observa, pide, lleva, trae, y termina por ofrendar parte de su mirada. Su proceso creativo es el de una persona que vive en el mundo como en una red, intercambiando en vez de extraer. De la misma manera aditiva, su trabajo superpone y entrevera las ramas del arte que viene desarrollando a nivel autogestivo, y que estudió en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). 




En el caso de este fanzine, la obra final combina transcripciones y relatos de sus diálogos con imágenes que se generan durante estos vínculos espontáneos tejidos en la calle. El celular como herramienta de lo inmediato, como forma de producir obra, es un elemento que invita al debate. ¿Se puede sacar fotos sin tener una cámara carísima? ¿Es posible crear arte con un objeto que ya está en casi todos los bolsillos? Mientras hacíamos lo posible por estar en casa, ella tejía con este medio de registro una obra relacional, trazada por las sendas de su insistencia poética, en la documentación y reflexión barriales. 




Julieta tiene tatuado en el brazo el dibujo que abre Mi vida de atleta. También ilustra la contratapa de la publicación, un cierre que no es un cierre, para una obra que nunca termina de hacerse. Es un balde de agua, con un ramo de flores frescas. Julieta dice: “El por qué yo perseveré en el estudio de esto que llamamos ‘arte’ tiene que ver con las relaciones. Lo que me afecta es la voluntad de compartir las cosas lindas, un deseo de que vieran lo que yo veo en la vida en general. Ese eje ordena mis proyectos: registrar situaciones, contagiar climas, y amalgamar la luz, el objeto, la forma de sacar la foto. Es el intercambio entre la cosa, la persona y yo que da algo nuevo. Todavía no entiendo cuál es el formato que más me gusta, ya abandoné la idea de un canal limpio de comunicación. La pretensión de objetividad. Me libera abandonarla”.




“María”. “William Henry”. Capítulos con nombres propios, personales y personalizados. Una extensión rizomática de la calle y sus habitantes. Julieta busca generar intimidad en el espacio público, una disrupción contradictoria que permite la sorpresa, y abre la posibilidad de escuchar un secreto en el medio de la calle. A veces es necesario decirle a alguien “hola, te puedo sacar una foto? me resultas una postal”.




Hablar de Mi vida de atleta implica también hablar de Ediciones Afines, el sello que Julieta lleva adelante con Melina Rimola, y define como un sueño editorial hecho realidad.  Julieta cuenta: “Es un proyecto maravilloso. Empezamos haciendo fanzines, convocando gente y compilando, y yendo a ferias. Cuando surgió la posibilidad de editar para otras personas descubrimos que amamos hacerlo. Entonces, abrimos una convocatoria de contenido, atendiendo a la necesidad particular de cada idea, dándole la entidad que cada contenido requiere, por fuera de lo estandarizado. Nuestras obras son objetos más que publicaciones o fanzines. Cada parte hace a la idea del material que tiene adentro. No somos solo editoras, somos personas que se dedican a la imagen”.






| Te invitamos a recorrer Mi vida de Atleta con nosotrxs |



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| Sobre el autor |

Eduardo CruzMéxico. Ilustrador independiente. Colabora con revistas, editoriales y festivales culturales y también hace carteles para películas y teatro. En 2021 ilustró el libro Una nube, dos gaviotas y un espejo de la tarde, de Salvador Gallardo Topete, editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes. En 2016 estudió en la Scuola Internazionale d’Illustrazione de Sarmede en Italia y en 2018 fue seleccionado en el 9o Catálogo Iberoamericano de Ilustración, editado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y Editorial SM. Actualmente es becario del programa «Jóvenes Creadores» del Fondo Nacional para Creadores de Arte (FONCA), en donde desarrolla una novela gráfica sobre la vida y obra del cineasta Robert Bresson.  


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