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| Sobre la autora |


"Me llamo Eva y firmo todo como evaporada. De día soy redactora y traductora; de noche escribo y tomo fotos. Me gusta fotografiar la voz de los objetos, las coincidencias estéticas afortunadas y los escenarios de la calle. Me encanta la fotografía analógica (no exclusivamente: mis fotos favoritas las tomé con el celu) y busco rollitos de cine o vencidos que me sorprenden más tarde con colores o errores impensables. Se siente como una colaboración artística con el azar." 


| Contacto |

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El puerto de Nuadibú

Desde la terraza se escuchan los primeros rezos del día 

un canto profundo que hace vibrar los estómagos vacíos 


El pescador viejo está sentado en el muelle

pasa horas bajo el sol, el mismo que late a pocos kilómetros en el desierto


Con la mano derecha sostiene al pez por la boca, con la izquierda 

raspa las escamas que vuelan por el aire hasta dejar al descubierto una piel rosada


corta la cabeza y la cola con un golpe seco 

y el pez pierde su animalidad: ahora es solo carne que se vende barata


Lo que no sirve se tira al mar y se hunde 

como quien vuelve al pasado a pedir perdón 


El pescador tiene en su mirada la fuerza bruta de la tolerancia  

dijo en otro idioma mirá: esta es la cabeza con sus ojos, la cola y las aletas, en el piso están las tripas


este es el mar con toda la vida y toda la muerte

y estos somos nosotros, con todos nuestros desechos a la vista 

  


... 



Nómade 


La muralla todavía se mantiene en pie

con sus diecinueve puertas custodiadas, adentro las calles 


diminutas se despliegan como un laberinto 

una amalgama de alfombras tejidas a mano, mezquitas, joyas y música 


los cuerpos que sostienen el mundo. Es fácil perderse,

ser extranjera, asombrarse con el brillo de las piedras expuestas 


en el mercado, mirar los ojos de quien las vende: 

un hombre saharaui que se dedica a cruzar el desierto


porque ese es su destino,

viajar entre dunas con camellos cargados y confiar en la posición de las estrellas.


Entre té de menta y humo de hachís

nuestras palabras empiezan a enhebrarse. Una, 


luego otra y así

como una madre que trenza el pelo de su hija


suave y casi por instinto hablamos del amor, del miedo  

de la soledad, de todas las formas que existen 


para decir lo mismo. El lenguaje se evapora, me olvido de mi nombre

y de todo demás.





| Sobre la autora |


Celina Skou Jamieson (Tres Arroyos, 1993). Soy Lic. en Psicología. Actualmente trabajo en un colegio secundario, hago psicoterapia individual y talleres de ESI. Vivo en Buenos Aires pero antes de la cuarentena viajé durante un año y medio por Europa y África. Este año empecé a participar en talleres de escritura

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Muerte a la musa


Quería ser el fantasma
entre los poetas llorones
quería mi nombre apareciendo
en las noches de embriaguez
y coleccionar cada poema
en mi guarida de lágrimas
pero las musas son tan solo instrumentos
me rehúso a ser la madre de los poetas
a acariciarles la vida cada vez que sufren
el amor es hermoso porque muere
y no hay que quedarse siempre
aunque haya sido promesa


Roxana Landivar



... 



al final contás todo
50 años después
confesas
el poema
que te traspasa


al final
no tenés mas remedio
porque la imagen
te persigue
te acorrala
y los hijos no entienden
por qué gritás
por qué sos tan perra
a veces


hay un entretiempo desde
la última vez
que te fajaron lindo
un millón de años
luz
que no transcurren
para vos
estás ahí asustada
hecha un ovillo de terror
adentro de tu cabeza


hasta que escribís
el poema


Gaby Mena





... 



Puerperio en Caseros


I

Están cambiando los colores de la noche,

el bebé duerme salteado.

Son las cinco de la madrugada

y en estos tiempos no me gusta el café,

el cielo cae definitivo.

Confundida en tormenta de arena

voy.

En realidad, me quedo hibernando.

Son las cinco y cuarenta de la madrugada

no sé nada sobre mí.

Es la hora en que secretamente

caminamos sin mapa.

Hay en el cielo colores nuevos.

No sé nada sobre mí.

II

Afuera llueve y sigo en el sillón

no sé qué hora es, ni qué día

hace una semana llueve

más de lo necesario.

No tengo chocolate, no sé

en qué mes estoy. Me aburro.

La perra se esconde bajo la escalera,

no sé nada sobre mí.

Afuera llueve y no tengo paraguas.

Debería hacer algo con la lluvia.

Ya no tengo

cómo frenarla.

III

Caer en un pozo

ser perseguida por la propia sombra

mirarse adentro pero temblando

son cosas que podrían suceder si

me entrego a la ola que llega

que veo venir, altísima

de esas opacas,

sin la magia de la espuma.


Melisa Papillo
... 


escribo a escondidas
leo con culpa
entre el ruido de la casa
la tos de mi hijo
y la lluvia
haciendo pedazos mi cuerpo
 
leo unos versos
y marco la hoja con un pañuelo
virus en los poemas
 
necesito escribir
mi hijo me llama
para que me olvide de mi oficio
urgente
me trae al cuidado
dejo las palabras un rato
 
la casa vieja
de fantasmas
llora
todas las casas viejas sufren
la humedad estructural
capilar
sus cabellos mojados
por la lluvia de décadas
 
todas las casas con fantasmas
lloran cerca de junio
 
todas las casas embrujadas
mantienen a sus espíritus
aunque nadie haya muerto en ellas
 
el lugar en donde escribo
conserva algo de mí
por la ventana llueve
el techo se cae
sobre la cabeza de la escritora
que fui
 
mi hijo me llama
me trae de nuevo
el termómetro hizo pip
los dos tenemos fiebre hoy

Natalia Iñiguez


... 


Las noches de Cabiria

(Basado en el film de Federico Fellini)



De noche salimos como lobas a comernos
las calles, pero somos más bien como un perfume, ese
que trae el viento norte en los primeros
días del verano: el que anuncia con su aliento
pesado y cálido todo lo que habíamos
olvidado en los meses de frío,
interminables. Que hay una gracia, que hay
una elegancia en esas fiestas del pueblo
que parecen ordinarias y paganas, que hay
que mirar más de cerca para verla. En la alegría
feroz, inmotivada de los que nacimos para ser
bestia de carga está esa gracia. Es fácil
despreciarla. Nace y crece igual que los incendios,
a partir de una chispa insignificante. No se necesita
gran cosa y ya está ahí, imponente, la fogata que somos
cuando nos desatamos las que hemos nacido
con las patas apretadas por la soga, listas
para convertirnos en la comida de los otros. Ya es un milagro
que andemos sueltas. Da espanto
a las buenas conciencias que no se pueda confiar
en que las gentes permanezcan en el lugar al que han sido
destinadas. A qué esa terquedad, esa vehemencia,
si es más fácil agachar la cabeza y hacer
lo que se espera de nosotras: esconderse, salir
cuando somos llamadas, desaparecer si ya
no resultamos necesarias. Y sin embargo,
qué hermoso es mostrarnos, las plumas
multicolores agitándose en el aire, el baile
que festeja todo lo que no debe
festejarse: el verdadero milagro,
que es tener un cuerpo capaz de sentir
lo mismo que el cuerpo de las santas, pero no
ante un dios o ante el regalo
del dolor sino ante el áspero
contacto de otras manos: el sexo
es más intenso y poderoso que una plegaria, no lo saben
los que creen que es un anzuelo a clavar en las agallas
del pez hasta extenuarlo, hasta sacarlo
del agua boqueando
desesperado, capaz de cualquier cosa
por oxígeno. Ah, la más
maravillosa música es la que nace
de la pobreza y la fealdad, no lo saben
los que nunca la han bailado: es como un halo
bajo el cual todo se convierte en su contrario, la muerte
misma retrocede y se le entrega, mansa. Cuidado
con los que no tenemos nada: cuando no queda
nada que perder se pierde el miedo y ay, yo te aseguro
que no quisieras encontrarte
con alguien que no teme, no quisieras
mirarlo a los ojos, sostenerle la mirada.


Claudia Masín


... 


Ojalá siempre seas mi amiga


El trabajo a veces nos quema la cabeza.
Así que llamé a Silvita
y le conté que me sentía mal.
Ella me consoló algo así como que
la culpa no sirve para nada.
Que las cosas tienen que
sumar o sumar.
Que el que mucho abarca poco aprieta.
Pero que hay dos momentos diferentes:
Momentos para abarcar.
Momentos para apretar.

Ahora destapé una y calenté las lentejas.
Y quiero decirle a mis alumnos que me perdonen
por las veces
que en vez de pedirles que me escuchen
les digo que se callen.
Por los porque sí, los porque no.
Mandonearlos. No conocerlos bien.
Tratarlos de usted. Señalarles la vergüenza.
Enojarme con el desgano.
Calentarme con el desamor que tienen por las cosas
que a mí se me viene a ocurrir
que están buenas.

Por ese afán absurdo,
al que obedezco por obrera,
de ordenar las filas –rotas–
parándolos encerrados en baldosas,
separados uno detrás del otro:
—¡La mirada al frente!
¡Está prohibido darse vuelta!
(Casi siempre me doblo y les sonrío bajito
o les acaricio el hombro
cuando le cantamos a la bandera).

No puedo adoptarlos
ni llevarlos a todos de la mano.
En este tiempo se supone que comprendí
que no voy a cambiar la escuela:
sólo soy una maestra.
Hacemos lo que podemos, la piloteamos.
Nunca les voy a regresar al Tata y a Mayra
su madre muerta.
Ni le sacaré las ojeras a Valentín.
Ni volveré a saber nada de Yésica.

Sentir que no se puede cambiar nada
es la que más raspa de las violencias.


No sé cómo explicar algunas cosas
para que se entiendan.
Por eso a veces reparto papel glasé de a montones,
fotocopias con sopas de letras
y lleno los pizarrones de dibujos.
¿Cómo amamantar la hambruna
de los cachorros de otras fieras?

Ojalá pudiera calentarles el agua.
Despiojarlos. Empacharlos.
Llenarles de crema la piel seca.
Invitarlos a pasear.
Tener un regalo para cada cumpleaños
y no esos tontos tirones de orejas.

Una vez hice algo por uno:
le mostré cómo atarse los cordones
con una imagen simple:
un cordón doblado es una orejita de conejo.
El otro cordón doblado,
es como una orejita también.
Después una acción un poco menos sencilla:
apoyás una orejita sobre la otra como una cruz.
Pasás la oreja de arriba por debajo de la otra
y tirás.
Así se fabrica un moño.

Espero que algún día, cuando necesite trabajo,
él pueda decir:
—Sé atarme los cordones.
Y su futuro patrón lo abrace con alegría.

Y que cuando los chicos del barrio le pasen la
bolsa él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y los chicos le respondan:
—Perdonanos, ni sabíamos.
Y que cuando su novia dé a luz él diga:
—Sé atarme los cordones.
Y todas sus cosas sean hechas nuevas para siempre.

También sería muy bueno
que cuando su hijo lo haga enojar
él, arrodillándose,
le agarre los cordones y le muestre:
—Primero una orejita de conejo, después la otra.
Las cruzás en cruz. Hacés la parte difícil que es
pasar una oreja por debajo de la otra y tirás.

Ahora nada sabemos,
ni tenemos maneras de saber.
Nadie sabe el poder de un nudo bien hecho
(un moño es un nudo, sólo que hecho con belleza).

Lo que ahora sé
es que con suerte pagaré las cuentas,
ahorraré un poco para el verano

y me tomaré esta cerveza
que, con un poco más de suerte,
me ayudará a dormir.


Marie Gouiric


... 


El colpaso ecológico ya llegó


Como hijos de la modernidad o como

colonizados por ella

como colonizados

hemos perdido

a la Pachamama

hemos sido

cortados

a machete, a balazos,

a horca, a látigo, a hambre,

a fustazo y a cepo

hemos sido

cortados

de la naturaleza

desvinculados

dicen los autores

dicen los filósofos

dicen, también, decimos

arrancados

pero cómo puede nuestra

carne,

esta que somos,

separarse del mundo

si la carne

es mundo.

La crisis climática

el veneno en el agua

el fuego en todas partes

la muerte que avanza

como una arrasadora

película gris que se come

todo

para hacerlo parte de sí

todo

cosa yerta

todo se come

menos los campos de soja

menos las megamineras

menos los agujeros del petróleo

menos las granjas industriales de animales

menos los edificios de lujo

que son su

bandera

su

corazón

su

razón de ser

su

máquina venenosa

de acumular capital.



Como hijos de la modernidad o como

colonizados por ella

como colonizados

sabemos que

la crisis climática

nos lleva a cuestionar

el paradigma cultural

de la Modernidad

basado en

una visión instrumental

de la naturaleza funcional

a la lógica de expansión del capital.



Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados

nos han hecho olvidar

que la humanidad

es el fondo universal

del cosmos.

Todo es humano.

No existe cosa tal

como una sola humanidad.

El yaguareté es humano.

El tapir. La vaca.

Y el monte todo.

Y la selva.

No existe cosa tal

como una sola humanidad.

Y no hay un mundo

y muchas miradas

hay muchos mundos

infinitos mundos

que la lógica de expansión del capital

reduce a muerte

con su indiferencia eufórica.



Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados

sabemos que

no existe cosa tal

como una sola humanidad:

hemos quedado afuera

siempre

tantas de nosotras

y de nosotros

tantos

que la muerte

de los cuerpos de los nuestros

enfrió al planeta entero

cien años después

de que llegara Colón

a extraer oro

y especias.

Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados

sabemos que no existe

una sola humanidad.

Hemos sido recurso

somos recurso

como la naturaleza es

una canasta de recursos

privatizados.

No se puede

privatizar la fotosíntesis

no se puede

privatizar la polinización

no se debe.

No podemos permitirlo.

No existe cosa tal

como una sola humanidad.

No existe cosa tal

como un solo mundo

Ni cosa tal como

un solo mundo

que viva si no viven

los demás.



Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados

como laboratorio

a cielo abierto

de extinción y sacrificio

como colonizados

hemos dado batalla

damos batalla

de Gualeguaychú

a las luchas contra el fracking

desde Esquel

a las luchas contra la megaminería

en el país entero

desde Entre Ríos

a las luchas contra el veneno

que fumiga a muchos

y se nos mete en la boca

a todos los demás.



Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados

sabemos que

el colapso ecológico

ya llegó.

Lo saben los cuises

los quebrachos

lo saben los chimangos

los espinillos

lo saben las montañas

los peces

y los pájaros

lo saben en el campo

y la ciudad

como colonizados

lo sabemos

como hijos de

la chingada.

Nosotras.

Nosotros,

todas las humanidades

de acá.

Peleamos.

Tenemos que pelear.

Vamos a pelear.

Como hijos de la Modernidad

o como colonizados por ella

como colonizados.

Peleamos.




Gabriela Cabezón Cámara




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| Sobre El cuerpo es Devil |

"Irónico y esencialmente musical, El cuerpo es Devil atraviesa varios niveles de sentido. Parece un cuento pero es también un ensayo (y en teoría es un libro de poemas). Las múltiples referencias y datos históricos hacen de él un documento de archivo pop con un ágil sentido poético. La memoria del reggaetón no podía dejar de ser un remix." (Lisa Carrasco, Sub25)

"El cuerpo es devil nos ofrece el contorno de la experiencia. Una experiencia, digamos, afterpop. Más allá de lo apropiacionista que nos pueda parecer, en una frontera del reggaetón y su pensamiento, malabarea con palabras que remezclan los ritmos, poniendo a orbitar logos y mythos en la voz de un poeta que desaparece y aparece, entre una página y otra, como collagista, montajista, como un autor de dudosa procedencia. Con lo último quiero decir, rearmar un baile, una lista de reproducción, con el reverso de un lenguaje que no reescribe, sino que implota en su reverso deductivo generando —con celeridad— una descarga eléctrica adicional en el cerebro." (Nicolás López-Pérez, Cine y Literatura) 

"Mientras la antipoesía se preocupa por el decir popular y los gestos verbales, Cayo se ocupa del movimiento, es decir, el perreo sudoroso que cae entre las palabras: aquello que se logra con las notas de una melodía. Ese sonido caribeño a veces se empalma con el ritmo del poema, pero nunca se olvida de la cadencia." (Manuel de J. Jiménez, Revista Cinosargo)


| Sobre el autor

Cayo Cactus es abogado y escritor. Su obra se relaciona con el pastiche, la obra colaborativa, la infracción de norma y los derechos de autor. Se ha desempeñado como especialista en Propiedad Intelectual y de forma paralela ha desarrollado un proyecto editorial (Calaquita) y autoral en narrativa gráfica, traducción, poesía, dentro de la cual destaco una línea de estudios de arte y derecho denominada Iuspoética. Sus últimas dos obras son El Cuerpo es Devil (poesía – oct. 2019) y ASCOS (libro objeto – dic. 2019). Para leer más del autor acá.

| Contacto |


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Poema con naranjas


Escalábamos

como inquietos animalitos

las ramas del árbol


elegíamos

siempre a la distancia

el fruto dulce

para acercarnos

y comprobar

la eficacia del ojo

en una ansiada mordida

que como un beso

también nos llenaba de gozo


era el juego secreto

en el patio de la infancia


y aunque a veces los frutos

eran ácidos 

ese pequeño ritual

de verano

nos entrenó con alegría

para lo que llegaría

más tarde


comprobar la intuición

de la mirada

elegir el fruto más dulce

besarlo

con premura


sentir el sabor

calmando la sed

conocer también qué pasa

con los cuerpos que se buscan

arrancados

como jugosas naranjas

del árbol.


...


Cuando fui árbol marchito

No me asusté del invierno

pasé las horas

en el páramo de luz 

que me daba 

el balconcito


dejé que el sol 

esa ave inquieta 

se posara

sobre mí


ese pájaro

había volado mucho 

había atravesado 

distancias 

bocas oscuras

como fauces

depredadoras


y ahora 

había llegado hasta mí

eligiendo el pecho

en esta época de luz frágil

para juntar ramitas

y anidar


no le importó que fuera árbol 

de pie y sobreviviendo 

perdiendo hojitas

en la casa que dejaste vacía

no le importó


por eso dulce ave 

gracias por el nido

para atravesar el frío

y su puñal


gracias

por la compañía

cálida como un recuerdo

lo sostengo en alto

como un fruto dulce

que sobrevivió a la helada 

y aunque ya 

no soy árbol

florezco.



| Sobre el autor |


Pablo Carrazana (1992). Soy docente de lengua y literatura en escuelas de nivel medio de CABA y el Conurbano. Melómano empedernido, asiduo lector y ocasional escritor. Asisto a talleres literarios con Isabel Vasallo y Osvaldo Bossi. Actualmente me encuentro preparando mi primer librito.

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| Sobre el autor |

"Estudiando ingeniería en 2012, llegué a la fotografía como un turista. Me anoté a un curso de fotografía con una cámara nueva, sin saber que era un curso de fotografía analógica.  

Recuperé una cámara vieja de mis padres, saqué un primer rollo y nunca más toqué aquella cámara nueva. La vendí a los pocos meses. 

Mi vínculo con la imagen es emocional y fetichista. Saco pocas fotos, me gusta la imagen, pero sólo me interesa el negativo, me gusta sostenerlo con las yemas de los dedos, y mirarlo a través de la luz, después guardarlo cuidadosamente. Saco mucho en formato medio por el detalle del negativo. 

Fotografío para registrar que en algún momento existimos bajo aquella luz 

la evidencia está en esa porción de vinilo ámbar negro" (Sebastián Torres)


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Lo frágil primero es escarcha


corre el mes de julio

y yo que no sé distinguir

entre unos rayos de sol

y una incipiente primavera

fui dejando crecer la esperanza

como un yuyito que arranca

tímido entre las baldosas

y termina

carcomiéndolo todo

levantando el piso

desde las raíces

ocupando el jardín entero


hasta que la helada

lo quema como a todo

lo frágil

primero es escarcha

- cristales brillantes -

luego solo queda


lo amargo

lo seco

lo que se vuelve polvo.

...

 que no iba a escribir

sobre el limón

porque no puedo traducir el aroma

de la tarde junto al gingko


que no iba a escribir

sobre el cielo

porque no puedo evocar los pájaros

surcando el cableado de luz


que no iba a escribir

sobre el mate

porque no puedo representar el sabor

a manzanilla en nuestras bocas


que no iba a escribir

sobre vos, dije


que esto no iba a ser un poema.



| Sobre la autora |



Mi nombre es Flora Aylén, tengo 26 años y soy del sur del conurbano bonaerense. Activista transfeminista, escritora y lesbiana.

Creo en el deseo como fuerza transformadora, y busco a través de las palabras la imaginación de nuevos mundos posibles. Desde ahí habito la escritura, como pulsión vital y arma de lucha.

Actualmente trabajo en la edición y publicación de mi primer poemario, Antídoto o plegariA, en el marco del taller “Del dicho al hecho” con la coordinación de la editorial independiente El Rucu Editor.