escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | un espacio pensado para que escritorxs y artistas compartan y difundan su trabajo | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios

 

collage: Sofia Helena Fontana @sofihfont




Traducciones de Federico Tinelli


Transpoética


Planto frutillas porque no sé 

qué más hay para hacer con mi cuerpo. Estoy 


cansadx de mi cuerpo pero me llama como el retirado

caballo de carreras que no conocés, es decir, mi cuerpo soñado


es Seabiscuit*, montañas azules, breakdancing,

un pequeño colmillo blanco. Solía soñar con un hombre


con manos gigantes y voz grave que

me llevara a la cama cuando yo no 


pudiera. Ahora es muy tarde para volver atrás.

Ella me susurra “novio” y 


mi corazón es una campana. Mi cuerpo soñado

es una lemniscata hecha de cintas, no muy diferente 


al milagro que es la testosterona, que puede

no funcionar para mí porque temo a la segunda pubertad,


que es decir temo no ser amadx

casi tanto como temo a las agujas diarias. 


Sin embargo, mi cuerpo soñado es un

solo dios sabe. Veo los antes


y después pasar, una orgullosa banda. 

Observo porque nunca aprendí como hacerlo. 


Observo desde mi cuerpo soñado: paisaje de amor

sin género, abundante, de ojos verdes, inminente. 




*Seabiscuit: caballo de carreras purasangre de Estados Unidos, campeón en múltiples ocasiones.



_________


Transpoetics

I plant strawberries because I do not know

what else there is to do with my body. I am


tired of my body but it beckons like the retired

racehorse you ignore, which is to say, my dream body


is Seabiscuit, blue mountains, breakdancing,

a little white fang. I used to dream of a man


with giant hands and deep voice who

would carry me to bed when I couldn’t


make it. It is too late to turn back now.

She whispers “boyfriend” to me and


my heart is a ringing bell. My dream body

is a lemniscate made of ribbons, not unlike


the miracle that is testosterone, which may

not work for me because I fear second puberty,


which is to say I fear being unlovable

almost as much as I fear daily needles.


Nonetheless, my dream body is a

god only knows. I watch the befores


and afters travel by, a prideful marching band.

I observe because I never learned how.


I observe from my dream body: ungendered

lovescape, plentiful, green-eyed, imminent.



...


Brotes


busco a dios pero el sol es un centavo. 

polillas forman aureolas debajo de los postes de luz.

las cortinas fantasmales del verano. chequeá el tiempo.

neblina. busco a dios pero la luna se fue. 

busco consuelo y vienen las anguilas. 

cruzan mi pradera en cada ocaso,

hasta siete pies de largo, atravesando

montañas con bocas abiertas y ansiosas. 

los fuegos las sacaron de los ríos,

ahora se curvan a lo largo

del precipicio de la vida, hacia océanos negros. 

ojos amarillos embrujados. las polillas

se convierten en suaves nubes. yo me convierto en una anguila,

luego lo repienso. toso. revelo una polilla mojada. 

algún pequeño corazón gris. todo está nebuloso ahora.

pálidx como madera decolorada, avanzo. 

en la oblicua luz de luna, busco consuelo. 

el cartel fluorescente de pollo frito 24 horas

brilla detrás de los pinos. 

me arrastro en el musgo. es fácil encontrar a dios.

ella es un cúmulo de anguilas debajo de mis palmas. 

le pregunto, ¿estoy haciendo algo bien en esta vida? 

y ella, con sus muchas bocas, 

no dice nada. 


_________


Outbreaks


i search for god but the sun is a penny.

looper moths form halos beneath the streetlamps.

summer’s ghostly curtains. check the weather.

haze. i search for god but the moon is gone.

i search for comfort, and the eels come.

they cross my meadow every twilight,

up to seven feet in length, traversing

mountain napes with open eager mouths.

the fires heaved them from the rivers,

now they curve themselves across

the precipice of life, toward black oceans.

haunted yellow eyes. looper moths

become a gentle cloud. i become an eel,

then rethink it. i cough. reveal a wet moth.

some gray little heart. it’s all hazy now.

pale as sunbleached wood, i go forth.

in a slant of moonlight, i search for comfort.

the neon 24-hour fried chicken sign

gleams behind the pines.

i crawl in the moss. it is easy to find god.

she is a cluster of eels beneath my palms.

i ask of her, am i doing any of this life right?

and she, with her many mouths,

says nothing.




| Sobre lx autorx |


Kitchen McKeown es unx escritorx y editorx trans no-binarie. Se graduó del programa de performance teatral en la Universidad de Concordia en 2017. En 2020 se graduó de la carrera de escritura creativa en la Universidad de British Columbia. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas, tales como Poetry Magazine, Room, Peach Magm entre otras. I need not to be good, su primer libro, fue publicado en enero de 2022. 



| Sobre el traductor |


Federico Tinelli nació en Buenos Aires en 1997. Es periodista y poeta. A principios de 2021 publicó su primer libro, En el Vacío Azul, por la editorial Tren Instantáneo.


0 comentarios

Sofía Vilá nos presenta Lo poco que me importa de Sofía López Fleming, publicado por Gerania Editora. Dos poemarios que funcionan como una bitácora sobre el retorno, cuando lo que llamamos casa es tan grande como el mundo. 

Por Sofía Vilá 


      


Para escribir esto, junto retazos. Sofía es una cazadora de momentos. Captura epidérmicamente y luego escribe. Después vengo yo, que voy levantando esas instantáneas. Algo de nunca acabar, menos mal. 

      Pero comencemos por el principio. A finales del 2020, Gerania Editora saca a la luz el libro de poemas Lo poco que me importa de Sofía López Fleming. Este libro reúne dos poemarios, de dos momentos distintos, que se retroalimentan. Con una escritura barroca, precisa y desprolija, Sofía López Fleming nos entrega este libro-mapa o libro-bitácora. Mapa porque, mientras lo leemos, vamos caminando por las cicatrices, manchas, arrugas de la autora. Bitácora, porque no deja de ser un diario de viaje, del viaje que es retornar, cuando la casa es tan grande como el mundo.  

       El primer poemario del libro se llama “Algo más tiene que haber” y son los poemas/sentidos de una mujer, millennial y neurótica, viajando sola por el mundo: “Súbito terror me advierte / no ser bienvenida en territorios de lo profundo / Dos brazadas para huir / Y las olas se encargan de devolverme / al borde al que pertenezco” (extracto del poema “Iurop”). Se trata del viaje exterior, de la aventura que nos ofrecen los lugares desconocidos. La desfachatez, los nervios, las drogas, el sexo “El efecto súper ocho en la ventanilla / El flúor del botón de la puerta / El cielo haciéndose mar / El rosa que se volvió violeta / La ansiedad que se evapora; / todos en mi pecho se acuestan” (extracto del poema “Lecce-Bari”). También es el exilio, la soledad y aquellos talismanes que nos recuerdan de dónde venimos, a pesar de que el futuro sea incierto: “Yo sonrío mientras busco mi lugar / y reconozco el gesto que me ha salvado de tantas como ésta / Una simpatía inexplicable para con mi propia torpeza / No podrán con esta alegría” (extracto del poema “Granada- Madrid”).

     El segundo poemario, que lleva el mismo nombre que el libro, es el viaje interior. Las instantáneas de este poemario surgen de la procesión por la intimidad de la poeta. Reflexiones, canciones para sí misma, recuerdos de su infancia en una ciudad conservadora y beata, de la cual ella nunca pudo escaparse. Como una Santa Teresita de Jesús, Sofía López Fleming nos muestra una religión epidérmica y no le escapa, como nuestrxs ancestrxs, a la eterna pregunta de “¿Dónde está Dios?”: “Quiero encontrar a Dios / Cogérmelo / Y escapar con sus trajes” (poema sin nombre). Su lenguaje es más solemne, como si se tratara de un rezo: “Nos preparamos espiritualmente para la gran batalla / Sabemos que juntas somos más fuertes / Cuando cruzamos la puerta quien cruza es: / El ejército soberbio del amor / Marchamos hacia el abismo / En cada uno de esos pasos se enciende y se quema / Un mundo posible” (extracto del poema Salir). Pero también está el descaro, la simplicidad de lo placentero, la angustia de lo cotidiano: “La vida no está tan mal / Habría que admitirlo / El sol se cuela suavecito entre los árboles y mis gafas de flor / No necesito pensar / Puedo estar bien así / Cantando la música de mi cabeza mientras camino / No voy a ningún lado / Gusto de mí otra vez / Algo me abraza con su mirada de pan / Respiro” (poema “Masomenosbien”). 

   En su desorden, Lo poco que me importa es una galería infinita de todas las sensaciones que atraviesan a esta poeta. Es una invitación también a que, mientras nos miremos al espejo, nos animemos a hacernos todas las preguntas que, sabemos, no tienen respuestas. Tal como en un bucle temporal, lo debe estar haciendo Sofía López Fleming y el reflejo siempre le devuelve una respuesta distinta.  


| Dos poemas


Va manejando

el sol asoma por atrás de su perfil y eso me hace muy feliz

pienso: la vida es esto

este camino de mi casa al colegio

con mi abuelo manejando y el sol naciendo de su perfil

debe ser esto porque de seguro no es llegar al colegio

no es formar fila. Ni nada de lo que le sigue

todo eso es más bien una tela entre la vida y yo

una tela que agujereamos a risas con mis compañeras

pero todavía estamos en el auto

y yo ya siento nostalgia de ese momento antes de que el momento acabe

antes de que entremos a la ciudad y el sol 

deje de nacerle del perfil

hoy no vamos al colegio. Lo acompaño al médico

saca brevemente los ojos de la ruta para mirarme 

me siento viejo dice

tengo miedo

dice el silencio que le sigue

es el mismo sol 15 años después 

brillando con la misma intensidad

pienso: la vida es esto 


...



Un balcón a la vida partida por el medio en toda su tibieza

abierta a la mirada geométrica que la aplana

bajo la tapa limpia lisísima de cielo

y se calla, la mirada,

en los movimientos brasileros de la ropa que cuelga minúscula

se calla en el girar tonto de esas cosas

que desconocen su nombre y su para qué

se calla en el girar tonto de esas cosas

que desconocen su nombre y su para qué

se calla en la ternura del aire a las hojas

una mujer corriente en complicidad con el cemento

todas respetan su lugar salvo el pájaro de líneas incapturables

que resbala una bailanta en la mesa

acá adentro

tan cerca

que da miedo se me venga encima 

todos respetan su lugar salvo el pájaro y lo invisible

ellos resisten ser meros testimonios 




| Sobre la autora |


Sofía López Fleming es psicóloga, autora y performer. Fue parte de Blick, compañía cordobesa de danza contemporánea. Dirigió y bailó en Habitar, junto a Leticia Martínez. Creó y perfomateó el collage escénico Si te viera tu padre. Fue publicada en la antología Narrativa salteña del Bicentenario (2014, Cámara de Diputados de Salta). Actualmente vive en Salta y es parte de escándalo, secuencia de acciones para no morir. 


| Más de la autora |

https://escandalo.guiso.com.ar/somosescandalo/


| Contacto de la editorial |

@geraniaeditora

0 comentarios

Mora Vitali traduce para Escrituras Indie un fragmento del libro The Parameters of our Cage, publicado a finales de ese año por Mack Books UK. ,  incluye una carta de cada artista.

 por Mora Vitali


Alec Soth es un fotógrafo estadounidense, con una amplia carrera dentro de las artes visuales. Sus fotolibros son muy reconocidos por sus premisas originales y su intensidad visual. Su obra se encuentra en colecciones y museos alrededor del planeta.

C. Fausto Cabrera es escritor y artista, y desarrolla sus proyectos desde el sistema carcelario estadounidense, donde reside desde 2003. Sus proyectos incluyen una fuerte arista activista, y se manifiestan a favor de la justicia restaurativa. 

En 2020, Cabrera le envía a Soth una carta, en la que le propone iniciar un diálogo profesional. A lo largo de ese año, los artistas intercambian un diálogo epistolar con historias, técnicas, ideas y proyectos que fluctúan entre lo personal y lo general, y que se contextualizan dentro de la pandemia y la inquietud política y social que los rodea en sus diferentes ámbitos. Los textos enviados, así como algunas imágenes, se recopilaron y se editaron en el libro The Parameters of our Cage, publicado a finales de ese año por Mack Books UK. 






*


25/04/2020

Querido Fausto:

Agradezco que me hayas contado la historia del Memory Lanes*. Quería saber al respecto, pero no quería que esa historia definiera la forma en que te veo. Hablando con mis estudiantes, muchas veces discutimos algo que llamo “la frase”**, el resumen que la gente usa para referirse a una persona. “Esa poeta judía que se suicidó” para Sylvia Plath, por ejemplo. Todxs hacemos esto, también por fuera de los circuitos culturales, obviamente. Trabajo con un hombre que mide dos metros, e invariablemente lo describimos como “el alto”. Debe ser molesto. Pero sería muchísimo peor que esa frase fuera definida por nuestros errores y desgracias. No tenemos control sobre nuestra frase, se forma a través de una multiplicidad de factores: etnia, clase, género, y una red infinita de naturaleza, crianza, y pura suerte. Yo creo que podemos influirla sutilmente, para nosotrxs mismxs y para lxs demás. Puede ser que tu frase incluya tu encarcelamiento, pero no creo que se defina por el evento que lo causó. La frase de Reginald Dwayne Betts es “el poeta ex-convicto”, no “el ladrón de autos que escribe poesía”. No quiere decir que no sea parte de su historia, que lo es, pero no hace falta que sea el título. Respeto mucho cómo te adueñás de tu narrativa. La historia del tiroteo es atractiva, por supuesto, pero estoy igual de interesado en la granja de tus tíxs, y en la destilería de bebidas escondida en las ventilaciones. Sos un narrador, para mí eso es más esencial para tu frase que el crimen que hayas cometido. 

Como te había comentado, estoy trabajando en un proyecto sobre fotografía. Además de sacar fotos a lo largo del país, vengo coleccionando fotos encontradas. También estoy escribiendo. Esta viene siendo una manera de procesar la forma en que las fotografías –las mías y las ajenas– operan en el mundo. Durante la pandemia no estuve trabajando en esto. Se suponía que iba a salir de viaje por la ruta, pero obviamente eso se canceló. Intenté hacer algunas cositas, pero no va para ningún lado. Hablar con vos me interesa mucho más. Me fascinó profundamente la forma en que describiste las ocho fotos que te llevarías a una isla desierta, el detalle y la cantidad de pensamiento que pusiste en esas elecciones. Amo la forma en que entretejés tu propia experiencia al hablar de arte. 

Tengo un ejercicio creativo para proponerte. Mi idea es enviarte algunas fotos que encontré. Me gustaría que elijas una o más, y que escribas sobre ellas individualmente. Pensá en la foto como un trampolín, usala para saltar a una pileta de ideas. 


Gracias, amigo.
Alec


*NdT: Refiere al motivo de su encarcelamiento. ** NdT: En el original “the sentence” remite a la frase, pero también a la sentencia.



*


06/05/2020

Querido Alec:

¡Feliz mayo, amigo! Espero que estés rodeado de amor y entusiasmo creativo. 

Retuvieron una de las fotos que enviaste por contener “señas de pandillas”. Apelé la decisión, pero desconfío de la supervisión. Ya han retenido fotos de bebés con las manos en ángulos raros por “señas de pandillas”. Incluso si fuera realmente una “seña de pandilla”, ¿a quién le importa?¿Cómo puede eso ser una amenaza a la seguridad?

Mi primera respuesta a estas fotos encontradas fue pasarlas rápido, desestimarlas, sentir que le pertenecen a otrxs. No fue un acto noble de respeto por su privacidad, sino una ausencia de deseo de ver a nadie fuera de mi propio círculo. Lo primero que pensé fue: ¿qué valor tienen las fotos personales si no conocés a la gente que muestran?

Justo mi tía Kathy me contó que estaba revisando su caja de cartón llena de fotos, y encontró algunas de mi infancia. Me despertó algunos recuerdos, pero sin ver las fotos especificas me sentí un tanto disociado de esta herencia, salida de una caja que todavía tengo que clasificar. Si fuese a agarrar un puñado de fotos de la caja de mi familia, cada una de ellas estaría electrificada por mi propio sesgo, saturada de emociones complicadas. Me hizo pensar en lo que decías sobre tu aversión a tomar fotos personales, sobre el valor de la distancia entre tus sujetos y vos.

Pensando en eso, volví a revisar las instantáneas que me mandaste, y me sentí atraído. Quizás la distancia relativa me permitió confrontar mi propia historia, un poco menos viciada. Es como cuando una pintura se excede en atención, o cuando la emoción de un ensayo está demasiado fresca. Nuestra relación con el pasado es demasiado personal, así que lo ponemos en una caja, y le pedimos al tiempo que intervenga. Es interesante entrar al pasado a través de la puerta trasera que son las fotos de otra gente. 




¿Hay un punto en el que se pierde para siempre la conexión emocional con la inocencia?¿Es eso lo que significa la nostalgia? Cuando miramos este tipo de fotos, ¿es posible habitar simultáneamente dos puntos diferentes de nuestra línea temporal, y reclamar nuestra inocencia? Puede que sea imposible rechazar el cinismo, pero, ¿podemos elegir bloquear algo de la amargura que petrifica nuestro espíritu, y recobrar algo de la despreocupación de la infancia? Veo en esta foto una suspensión del descreimiento, que convierte a nuestro enfoque sobre la vida en el mismo que tenemos al ver un truco de magia: tenés que abrazar la ilusión para dejarte absorber por la maravilla. Rodeada por su familia, con los ojos vendados, y jugando algún tipo de juego absurdo, ella está abrazando la diversión. Anónimamente y por fuera del cuadro quienes la rodean saltan a través de una gama de perspectivas que se ve en sus posturas: el niño de la esquina izquierda se apoya ansiosamente sobre sus codos, listo para hacer algo; la mujer mayor descalza y prendiendo un cigarrillo parece estar gestionando las dificultades de la joven, que parece exhausta de su propio drama, mientras la chica de rojo se sienta plena en su silla, su cuerpo haciendo contacto en cada punto, en el precipicio de la adultez, y la mujer en el sillón con las piernas cruzadas disfruta del espectáculo desde su propia madurez. 

¿Cuánto tiempo pasó desde la ultima vez que estuve dispuesto a hacerme el tonto y abandonar mi seriedad? ¿A dejar ir mis recelos mezquinos y ponerme la venda en los ojos, ponerme en cuatro patas, y dejar que gente que conozco de toda la vida se ría de mí? Va a llegar un momento en el que ella descubrirá cosas sobre su familia que nunca supo, y que van a cambiar la forma en que puede verlxs. Va a empezar a tomar sus propias decisiones adultas, sacrificando grados de inocencia, y las relaciones que se expanden a su alrededor van a complicarse.





¿Cuándo fue la última vez que abracé la magia de la vida? Sin buscar la letra chica, sin destacar las fallas y los errores, sin llenar el aire con mi cinismo. ¿Qué problema hay con vendarme los ojos y hacerme el tonto un rato? Tengo tanto miedo de que me tomen por tonto que me olvidé de lo bien que se siente dejarme ir. Pensé en unirme al ejército después de terminar la escuela. Recuerdo vívidamente estar sentado en mi camioneta mientras mi primo mayor me convencía de no hacerlo. "Te estarías vendiendo al gobierno", me dijo, "y a ellos les importamos una mierda". Si bien le estaba vendiendo crack en ese momento, sentí que él tenía razón. Como mis tíos eran trabajadores de la construcción no registrados, mis primos usaban y vendían drogas, y mi mamá fumaba porro y se juntaba con cubanos que encarnaban a Tony Montana de Scarface, nunca creí que al sistema le importara mucho lo que fuera mejor para nosotros. Hacerme policía o militar hubiese sido una desviación voluntaria, y se hubiera considerado una traición. Nos veíamos a nosotros mismos como soldados sin entrenamiento, peleando en las calles por nuestro sueño americano de dinero, poder, y respeto. 

Es todo parte de ese abrazar esa misma ilusión de un truco de magia infantil. Pese a los detalles como la lealtad, la cultura o el ambiente, el molde básico de una persona capaz de usar la violencia en contra de otra por cualquier razón es similar. Cada soldado tiene sus justificaciones. La policía se siente con derecho, porque su violencia es autorizada y operan con inmunidad, inclusive cuando matan personas desarmadas. Los militares van a  países extranjeros con licencia para matar, porque los políticos les dan permiso. Yo crecí creyendo que tenía derecho a defenderme, y no pedí permiso porque no era el único con un arma en la calle. 

La cuestión se convierte en cómo percibimos la rectitud del propósito. No trato de justificar la violencia, ni desprestigiar a la policía o a los militares, solo estoy buscando solidaridad para este soldado. 

Cuando era joven, la vida era un río que me arrastraba en un bote que no compré, junto a gente que no elegí, viendo orillas a las que no sentía tener acceso. Me pregunto sobre la gente que nace en familias de militares o de policías en todos los continentes, y sobre quienes nacen en zonas de guerra. ¿No operan desde ideologías semejantes?¿No es el espíritu de las cosas que hacemos más universal, y menos blanco y negro, correcto o incorrecto según el permiso dado por un gobierno?

Sé que ya tenemos unos cuantos hierros al fuego, pero quería preguntarte más sobre la experiencia reveladora que tuviste en la playa. Llevo toda mi vida peleando con la depresión, y últimamente me siento más en paz de lo que jamás haya estado. ¿Pensás que el arte, el propósito, y quizás el pulir un oficio pueden ayudar a rehacer el cableado de nuestro cerebro y a convertir estos elementos sombríos en funciones, en vez de verlos como enfermedades o trastornos? No puedo ni imaginarme quién sería sin la habilidad de ver en mi propia oscuridad –¡He descubierto tanta belleza!

Bueno, amigo, mantente envuelto en amor y bendiciones. Estoy muy agradecido por vos. 

Con amor,
Fausto

*


Junto con el libro The parameters of our Cage vienen dos postales realizadas por Soth en la casa de la tía de Cabrera, bajo instrucciones específicas enviadas por éste. Es el ejercicio final que nos muestran los autores, acerca de las posibilidades que ofrece el trabajo en equipo y la sensibilidad compartida a través del tiempo y del espacio. 








0 comentarios

collage: @nubelectrica


Selección e introducción por Julián Forneiro 


Raúl Castro Olivera. Nacido en Bahía Blanca en 1937. Su primer libro fue “Entelequias” (Aquiles, 1959). Sociólogo de profesión, conferencista. “La casa del olvido “fue publicado en mayo de 1976 y reúne, casi antológicamente, el testimonio poético de sus últimos días.  Meses después de la publicación del mismo, Castro Olivera brindó alojamiento al escritor Leopoldo “teuco” Castilla, quien había recibido amenazas de muerte. Castro Olivera fue abordado por un militar en su lugar de trabajo, quien le recomendó que desalojara a Leopoldo de su hogar en 24 horas, por lo que Castilla, tuvo que exiliarse rumbo a España el 22 de julio de 1976. Meses después Raúl Castro Olivera fue muerto víctima de un operativo de las fuerzas armadas. * 

A modo de prólogo, estas fueron las palabras de Castro Olivera que preceden a sus poemas en La casa del olvido:   


Este libro dado temerosamente.
No hay belleza sin dolor. Donde la belleza
se pretende sola, se agota, se esteriliza.
Emanamos palabras. Somos
testigos de un decir incierto.
Tal vez, entre la niebla del día que nos
tapa, digamos algo.
No es muy tarde. Creemos que no es muy tarde.
Mientras tanto nos queda la mano. Creer que tú existes. Los amigos.
Este libro dado con temor y como un algo de profunda alegría:
Es como creer que vivimos.
Como que, tal vez, verdaderamente se ama.

                                                                   


| selección de poemas |



Las flores del dia


Cómo invade de amor

tanto amor tuyo

al descarnado corazón de invierno

que se inunda de espera y de campanas

como un lento crepúsculo.


Yo no rasgué mi corazón,

se partió solo.


Habías llegado antes

que tu viento de vida

me llenara la boca de magnolias.


En una sola mano

había puesto mi corazón de invierno

para darle el calor del brazo firme,

la horizontal mirada del camino.


Pero no supo el corazón de modos,

ni de cauces a la fiebre de su canto,

ni de amparar el verde de sus ramas

en el jardín virtuoso.


Yo no rasgué mi corazón,

se partió solo.


Y no bastaron las manos del empeño

para reunir las flores de su día.


...


La línea de la vida


La línea que dibujan

estas manos cansadas

madre mía

no logra mantenerse en línea recta

y torna a ser constante despedida.

El pensamiento va, el canto viene

desde antigua nostalgia y pesadumbre.

¡Ay madre mía!

No hay nadie que derrumbe

los tapiales que encierran mi agonía.

Ni voy ni vengo.

Soy ala desprendida.

Sólo un adiós que nunca hubo partido.

Una callada sombra que se olvida.

...


Desvelo


Oigo
tras de los párpados de la noche vacía
respirar el silencio

¿Dónde mis ojos lejos,
desvelados de espera,
reflejan en las sombras
péndulos infinitos?

Es de barcos la noche. Es de bosques
y nubes. 

Entreabriendo neblinas del sueño fugitivo
hay un navío inmenso
que transporta recuerdos.

Por la larga memoria de los días
un niño que nos mira. 


...


Andenes


Soy ese que camina, sobre la madrugada
por los largos andenes.

Y tú,
estarás dormida en esta hora?
tal vez de pronto sea tu sobresalto
y sin querer me pienses.

Pero yo sigo siendo
un hombre que camina los andenes. 


...


La hora del tiempo


A Jacobo Regen


Ahora es
la hora del miedo.
Es decir,
no la hora como de fumar un cigarrillo
o cruzarse enfrente a conversar con los amigos
- los amigos de hablar –
Es decir,
hay amigos de hablar
y amigos de vivir.
Pero ahora es
la hora del miedo.
El miedo está. Lo puedes tocar, beber.
- Pero si no tienes miedo del miedo -
El miedo es un pájaro amplio
que habita por dentro de la piel.
Como el cuerpo blanco, desnudo,
punzante,
habita por dentro del vestido.
Para que el miedo no se mueva
y no nos raspe la piel y la garganta,
nos vestimos de colores, de géneros,
de buenos modales y buenos días,
de buenos seguros y reaseguros.
De buenos.
Nos vestimos de no noche,
de no vino,
de no posar la mano en la cara del otro.
Nos vestimos de no poema,
de no grito,
de no dolor desencajado.
De no.
Pero de pronto, cuando menos lo esperamos,
estamos en la plaza,
sentados en la silla de la oficina municipal
- esperando el número que nos apellida -.
En el aire,
en el avión,
con el salado respiro del mar
que nos hace un remolino en la bóveda del cráneo.
Allí estamos.
Entonces el miedo revienta la piel y la garganta
y el género vestido se nos cae,
y el género masculino femenino se nos cae,
y desnudos, sin la piel,
el miedo nos revuelta por el aire
En infinitos miles pedacitos de vida
y nada.

Ahora es
la hora del miedo.
Hay que cubrirse. 




* Información recuperada por el grupo Caballo Blanco (integrado por Boris Cerda Prémoli, Lucas Ariel Ferrero, Julián Berenguel, Julián Luna y Julián Forneiro)  en el marco del proyecto titulado “Nació en el barrio” que busca elaborar un archivo de artistas de Almirante Brown. El mismo fue financiado con una beca FNA en el año 2018.