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Me dijo que no lo hiciera
que tatuarse un tsunami 
no era buen augurio
pero no me importó
y elegí en qué lugar
llevaría La gran ola.
En el omóplato derecho
trepando hacia el cuello
para gritar mejor
cuando el agua llegue
casi hasta las narices
y no haya tierra
ínsula
ni timón
donde aferrarse.

IX.

No me gustaba coger con vos
no me gustaba
que no dijeras nada
que no emitieras
ni el más leve sonido
ni un suspiro
un estertor
un jadeo.
Tampoco me gustaba
que no me dejaras
decirte cosas
un susurro
un grito
alguna porquería.
Y mientras te daba besos
pensaba
que al sexo silencioso
le falta una parte
el oído es también un órgano sexual
te dije muchas veces
pero no hubo caso
nos quedamos sordas
mudas.


X.
No voy a ir a Lisboa con vos
ni a Praga
ni a París.
No voy a ir con vos
a Berlín ni a Venecia.
No vamos a hablar
en idiomas inventados
para pedir habitaciones en hoteles.
No vamos a visitar museos
iglesias palacios jardines.
No vamos 
a subirnos a un tranvía
a un caballo o a una góndola.
No vamos a comer
croissants
spaghetti 
chucrut
ni a emborracharnos
y después no saber
cómo volver a casa.
No vamos a ir al Pont Neuf
ni tampoco a tocar
los restos del Muro.
Ver más ruinas
para qué.
A Madrid tampoco vamos a ir
te negabas
a caminar por la Gran Vía
donde fui tan feliz con otra
con la que tampoco fui a Lisboa
ni a Praga
ni a Berlín
pero me hubiese encantado.


XI.

Te vas a quedar sola
con tus plantas
tus gatos 
y tus libros
me dijo
el último día que la vi
pero hace dos meses
acá
los días transcurren mansos
y un gato duerme al sol
mientras yo
con las manos en la tierra
pienso el poema
que voy a escribir
para contarle
que en esta casa
estamos muy bien
muy felices
los gatos
las plantas
los libros 
y yo.
Poemas pertenecientes al libro El amor y otras cosas espantosas 
(Córdoba, Alción editora, 2018).


(Poema inédito)


Cuando pelaste la cebolla
para la ensalada
supe
que darme un beso
no estaba en tus planes.
Dudé por un instante
porque cebolla más cebolla
se neutralizan
pero no
nunca miraste esta boca
que hace ya veinte años
solo sabe decirte cosas 
con paciencia y deseo.
Cuando agregaste comino
semillas de hinojo
y una pizca de curry
pensé
solo falta el ajo
para ahuyentarme
cual vampiro
lejos
bien lejos de tu boca.
Si pudiera
si fuese capaz
de preparar
una ensalada para vos
no pondría ajo
ni romero
ni comino
tampoco cebolla.
No tendría la acidez del limón
pero sí la sutileza del vinagre
y la untuosidad del aceite de coco.
Si pudiera 
no pensar más en tu boca
que no quiere
comerse la mía.
Pero no puedo
y mientras mastico la berenjena 
tengo una epifanía:
jamás vas a mirarme
como te miro a vos.
Con semejante revelación
trago la zanahoria
sin masticarla
quiero irme pronto
para llorar tranquila
dejar de mirarte
y pelar la cebolla
que voy a comer
sola
esta noche
lejos
muy lejos
del deseo.
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María Elena Walsh estrenó la literatura en muches niñes y jóvenes hoy ya adultes con textos como Dailan Kifki, entre otros. Su obra ha dejado un amor inmenso en sus lectorxs y un imaginario que fue compañía en los primeros años de la infancia, por esta razón recordamos su vida y obra en un recorrido por su fantástico universo de poesía, novelas y canciones folklóricas, para no olvidar esa mirada crítica hacia el mundo que tanto la caracterizaba y que todavía hoy tiene una vigencia imprescindible.


por Sofia Helena Fontana 


Era mágico y al mismo tiempo lindaba con la locura


María Elena comenzó a escribir poesía en la adolescencia. Jamás pudo domar a la musa de sus poemas, una sensación indeterminada le aparecía de manera abrupta, nos cuenta: "una vez empezado el poema, ensayaba infinitos borradores hasta que lograba darle alguna forma a ese material bruto que jamás estuvo determinado por la voluntad". Trabajaba incansablemente para que no se notara el ripio o la poesía forzada, "vivía obsesionada por la sencillez" y se sentía cómoda en determinadas estructuras de la versificación, las cuales moldeaban su estilo. Cree que esto tal vez haya sido por las lecturas clásicas que ella misma frecuentaba. También puede tener que ver la constante intención que había en su ámbito familiar y social de hablar bien, no refinado ni adornado sino simple y bien. 

Su casa de la infancia se ubicaba en Ramos Mejía, Gran Buenos Aires: un caserón con gatos, gallinas, limoneros, patos, y una higuera en el patio del fondo. Allí vivía con sus zadres, su hermana y sus medios hermanos. Su padre era un profesional de la pequeña burguesía. En aquella casa vivían y disfrutaban la cultura. María Elena creció cerca del piano de su padre y luego de su hermana mayor quien “llenó su vida de música”, disfrutando escucharla practicar “desde las escalas hasta Bach”4. En su adolescencia brotaron dos chispas que jamás se apagarían; el hábito de fumar tabaco y una gran devoción hacia los libros. 

En tiempos donde empezaba a expandirse la poesía con estructura libre, María Elena Walsh, a 17 años, se autogestionó con ahorros de publicaciones en diarios y revistas su primer libro de poemas: Otoño Imperdonable. Antología que, además de ganar el segundo premio Municipal de Poesía, recibió críticas unánimes de elogios de notables escritores del momento, entre elles Manucho Mujica Lainez, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez.  "Es cierto, Buenos Aires se volvió loca conmigo. (...) Es que mi poesía no era de ruptura, como la de los llamados intermedios, sino que se mantenía en ese tono elegíaco que era imperante entonces. A decir verdad, todos fueron muy generosos conmigo. Tal vez en exceso. No sé."

En esta primer antología no se percibe fusionado el contexto económico-social o la realidad inmediata, como sí sucede en sus posteriores libros. En ese entonces María Elena "creía en la poesía pura", una creencia que, también confiesa, la tenía estrangulada sin poder salir de un tono estrictamente lírico. Sin embargo, como dejando rodar por otro caudal, publicó con 16 años una "Oda del estudiante muerto" en el periódico socialista La Vanguardia, en protesta por la muerte de dos estudiantes en una huelga. Siendo esa publicación la primera de una larga lista de protestas públicas a lo largo de su vida. 

También soltaba las riendas de la pureza lírica recitando entre sus compañeres del secundario versos humorísticos donde les tomaba el pelo a sus profesores, se leían en cada fiesta del colegio causando risas y alboroto. 

Cuenta Walsh en Nací para ser breve -libro de Gabriela Massuh donde se encuentran entrevistas que ésta le realizó todos los días durante seis meses en 1991- que escribir poesía le resultaba muy doloroso ya que no podía manejar el proceso, sino que el proceso la manejaba a ella. "Tengo la sensación, la tenía entonces, de que la poesía va segregando su gestación más allá de la voluntad. Cómo decir... hay algo específicamente "mágico", con el perdón de la palabra. Hay algo que tiene una gigantesca fuerza inconsciente. Aquello que hoy se considera patrimonio del surrealismo, por ejemplo, trabajar sobre el material onírico, es parte de la poesía en general. Todo ese material forma parte de la intimidad y no se deja dominar, de la misma manera en que resulta muy difícil darle forma a los sueños, aunque la tengan. Yo no puedo decir "voy a soñar con tal cosa". Lo mismo pasa con la poesía: no puedo imponerme un tema determinado. Estuve muy dominada por esta sensación de la poesía desde muy chica. Por eso le terminé huyendo; se me escapaba de las manos porque era mágico y al mismo tiempo lindaba con la locura."

Se alejó entonces lentamente de la poesía, aunque entre todos los géneros que transitó su obra éste fue el que perduró toda su vida. Llevando con ella siempre un cuaderno y sin dejar de "garabatear frases colgadas". Libretas y libretas, nuevas y llenas de garabatos, poblaban su casa o las valijas; reuniendo eventualmente aquellas cuyas hojas permanecían en blanco -fruto de regalos y tentaciones en museos- cuando desbordaban los cajones, para regalarlas a amigues y transeúntes de la ciudad porteña.


Del papel a las tablas

De niña tuvo sus primeras experiencias como espectadora en los teatros de la capital y supo entonces que quería experimentar el escenario. Cada salida al teatro con sus zadres la deslumbraba: tuvo desde entonces siempre presente en la mirada y en el alma el music hall, escenarios pequeños con artistas llenando el ambiente de música y carisma. 

A los 21 años Maria Elena y Leda Valladares viajan a Europa, dándose el primer encuentro entre ellas al momento de subir al barco. “Disfrutar del viento en la proa fue una de las formas de descubrir un paraíso.” escribió María Elena en su último libro. Hasta tal momento mantuvieron una relación por carta hasta que a Leda le surgió dicho viaje, y por el mismo medio resolvieron embarcarse juntas en esa aventura. Leda, 12 años mayor que Maria Elena y experimentada folklorista tucumana, llevó sus instrumentos y en la noche, ya regida por los movimientos del mar, mutó aquello que había iniciado en el silencio de palabras en papel en años de folklore por el mundo.

El paso de los poemas al escenario fue dejar libre a esos "amores extraídos del almario". En aquel primer viaje a Europa dejó colgados en otros percheros las presiones sociales. Se abrazó entonces a la libertad y la bohemia parisina, “París era la libertad; la libertad con todo lo que esa palabra significa. (...) Algo en lo que hubo siempre una cuota no menor de indiferencia, porque si allí te dejan libre es porque no te ven ni les importás. Ese era un pequeño precio que había que pagar, y que a mí no me costó en lo más mínimo”11. Tuvieron mucho éxito en el music hall; encantaban a dos voces las noches parisinas en cafés y cavarets. En París y más tarde en Argentina publicaron varios álbumes de canciones folklóricas propias y otras recogidas, durante sus viajes por el Norte Argentino, de la tradición andina. 

Distinto al de los poemas era el proceso creativo de las canciones "porque allí el primer impulso era voluntario: yo me ponía a escribir sobre un tema determinado y no era el tema el que me asaltaba a mi."


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NO ES EL BESO
sino cómo se besan lo que envidio es
esa lengua guarra es 
salivar a la distancia lo que me ahoga
no es el beso sino 
el suspenso de sus labios entreabiertos, y entre ellos
la promesa de que el beso sea eterno es 
estar fuera lo que me mata no es 
verlas juntas sino cómo se miran como 
si no les alcanzara con dos ojos y tuvieran
que pedir también los míos de prestado 
para terminar de desnudarse mientras 
las desnuda mi mirada
no es el beso sino cómo se tocan
sobre las telas que ofician de frontera y las erecciones 
que hasta tan lejos no llegan, lo que me envenena
no es el suspiro condensado tan cerca de su oreja
ni los sonidos guturales que nacen de otras tierras, sino 
los secretos que ahí se dejan, lo que me inflama 
no es el sexo sino descubrir en sus gestos
la consumación más feliz del patriarcado
que tan bien les sale y desearla todavía lo que me sulfura
no es que se revuelquen, sino que lo hagan 
con dulzura es el abrazo que sutilmente 
se desliza por su cintura lo que me asfixia es 
que todavía no les moleste ese gesto de posesión mercantilista 
y que a mí tampoco.




UN DÍA NEVADO

Esta mañana, cuando desperté
estaba nevando,
era muy temprano en mi cabeza
para entender tan pronto, de golpe, 
que yo estoy en otro lado
que vos estás en otro lado 
y que por eso no nos encontramos.

Esta mañana, cuando desperté 
pensé que eso tenía remedio,
pero ahora que ha pasado todo un día
es de noche y ya no sé.

Esta mañana, cuando desperté
estaba nevando y extrañé
la Tabaqueria Inglesa
y todo lo que la rodea:
microcentro
el ruido
las flores
el verano
y el olor a Riachuelo 
que entra por tu ventana.




NADIE NUNCA NADA

A veces está bueno caminar hacia ningún lado
ir de la mano con nadie y que nadie te bese 
no encontrar otra mirada, no 
nada nunca nadie, siempre
vivir pensando en nada, olvidar 
todos los nombres, que no exista 
nunca nadie 
en ningún recuerdo

A veces está bueno no
nada más, nunca más y nadie más,
despedirse, chau, estar ausente
marcharse para siempre y no ser nada 
para nadie nunca
ser una bastarda invisible 
que nunca te observen
que nadie te llame 
que no exista otra palabra más exacta
para nombrarte que la que no

A veces está bueno no hablar, que el mundo vaya olvidando 
Las palabras que decías, los verbos
que te movían, las identidades 
los gestos 
que te definían.



* Selección de poemas del libro JUSTO ANTES DE OLVIDAR MI NOMBRE 
(Elemento Disruptivo, 2018).






| Sobre le autore


Alex nació en la madrugada de un 28 de febrero de 1992 año bisiesto en Santiago del Estero, y está segura de que en vez de llorar, transpiró. Inmediatamente después le cortaron el cordón umbilical y sintió, por primera vez, el desasosiego de la libertad. En su vida echó algunas raíces: allí donde pasó la mitad de los eneros de su vida escalando las montañas de El Rodeo, en Catamarca; allí donde vivió los atardeceres de su adolescencia mirando las olas en las playas de Mar del Plata; allí donde estudió y se licenció, en la Universidad de Buenos Aires, que cambió su vida; allí donde gracias a una primera beca descubrió que Historia del Arte no es lo suyo pero la paella valenciana sí; allí donde gracias a una segunda beca estudió un postgrado y trabajó en el periódico El Mundo, en Madrid. También hizo cosas que no disponen de fronteras: cofundó y dirigió la sección de Cultura en la revista La Primera Piedra, tuvo un dúo músico-poético que promete volver a escena, escribió El Camino de los Perdidos (Milena Caserola), su primera novela que también fue su tesina de grado, descreyó de todo lo que fuera binario, plantó un árbol que nunca vio crecer, y abrió y cerró más de tres blogs de poesías hasta publicar Justo antes de olvidar mi nombre (Elemento Disruptivo, 2018). 
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F*ck lit es un podcast de literatura y actualidad, escrito y producido por el escritor colombiano Didier Andrés Castro, una nueva sección que se suma a Escrituras Indie. En este episodio: un comentario acerca del premio Biblioteca Breve de Seix Barral 2019.






Elvira Sastre ha ganado el premio Biblioteca Breve Seix Barral este 2019. la discusión alrededor de esto puede resultar interesante. En 2016 el poeta español, Unai Velasco planteó la industria del libro como una burbuja que poco a poco se inflaba a golpe de follower. Lo que dejaba a los autores más del lado de los influencers que de los artistas. A esta tendencia se une, según algunos y después de Visor libros, Seix Barral. Sin embargo, las consideraciones alrededor de Elvira Sastre ganadora del premio Biblioteca Breve Seix Barral no dejan de ser mezquinas, ¿creemos que existe de verdad una pureza de la literatura a la cual debemos salvar?
El 5 de febrero El Español titulaba, “La aberración de Seix Barral: La editorial se rinde a la poeta de Instagram Elvira Sastre”. El artículo era un grito de indignación porque:
Su premio Biblioteca Breve ha aupado a autores tan magnos como Luis Goytisolo, Juan Marsé, Juan Benet, Rosa Regàs, Jorge Volpi o Luisa Castro (…), donde se ha reconocido a narradores poderosos como Ricardo Menéndez Salmón o Agustín Fernández Mallo. Sin embargo, la elección de 2019 ha resultado chocante dentro del sector literario porque rompe la tónica de la editorial -apostar por la calidad- para rendirse al rodillo económico y a las potenciales ventas, amén de a la captación de un público adolescente y mitómano (El Español, 2019).
El artículo de El Español mostraba cómo son las redes sociales las determinantes de esta literatura, llamando a Sastre como autora de la “literatura follow”.
Vale la pena mencionar que Agustín Fernandez Mallo aparece como jurado del premio.
Unai Velasco en 2016 presentaba así la tendencia editorial española en su texto, “50 kilos de adolescencia, 200 gramos de internet”:
Según el informe Comercio interior del libro en España 2015 que prepara la Federación de Gremios de Editores, el año 2015 se cerró con un aumento anual del 26,5% de la tirada en el apartado ‘Poesía y teatro’. Si nos quedamos aquí, es sólo un dato. Pero si tenemos en cuenta que ese mismo año la variación interanual de los libros de literatura fue del –4,2% (y del –0,6% en el libro en general), entonces los datos para la poesía y el teatro pasan a ser excepcionales y sorprendentes (Ctxt.es, 2016).
Unai Velasco se refiere a autores como: Irene X (Zaragoza, 1990), Elvira Sastre(Segovia, 1992), Marwan (Madrid, 1979), Luis Ramiro (Madrid, 1976), Loreto Sesma (Zaragoza, 1996), Sara Búho (Cádiz, 1991), Sergio Carrión (Valencia, 1993), Defreds (¿?), Diego Ojeda (Gran Canaria, 1985), Vanesa Martín (Málaga, 1985), Carlos Sadness (Barcelona, 1987), Escandar Algeet (Palencia, 1984) o, el mayor de todos, Carlos Salem (Buenos Aires, 1959). Que comenzaban a aparecer como los más vendidos en España.
Si hemos de aceptar que hay una burbuja en el mundo editorial, que ha visto crecer sus ventas a través de autores que cuentan con los seguidores suficientes para consumir un producto sin preguntar, entonces, ¿cuál es el papel del autor en todo esto?
Dicho sea de paso, ¿cuántos youtubers conocemos hoy que no tengan un libro y que además, este no sea superventas? En el año 2016 en Colombia, la Feria Internacional del libro literalmente colapsó con la presentación del libro de German Garmendia, la discusión entonces fue de igual intensidad, una literatura menor estaba ocupando el territorio de una literatura mayor. Pero ante esta proyección de ventas, ¿por qué iban a estar las empresas editoriales recelosas de adoptar algo que literalmente está aumentando sus ventas?
Ante el caso de Seix Barral, Visor libros o Espasa, que han seguido este modelo de publicación, también debemos preguntarnos, ¿creíamos de verdad que estas casas editoriales eran guardianas de una literatura -por decirlo- verdadera?
El mismo 5 de febrero Jorge Carrión publicaba, “Tácticas de supervivencia de la poesía”, donde se ponía al centro de la discusión diciendo que, “David Leo García (ganador de un premio televisivo) podría haber publicado su nuevo libro, Nueve meses sin lenguaje, en cualquier editorial, incluso en las que publican mensajes fotografiados por instagramers o letras de canciones pop como si se trataran de auténticos poemas. Ha escogido, en cambio, compartir con Efraín Huerta, Alberto Cardín, Jorgenrique Adoum o Chus Pato el catálogo de Ultramarinos, un humilde y exquisito sello de Barcelona” (NYT, 2019).
De esta forma delineaba dos bando. No hace la falta ya entrar en detalles. Acto seguido, Carrión presentaba lo que para él serían editoriales idóneas, donde se refugia la poesía:
Ese respeto por el arte poético y ese diálogo son afines al que encontramos en muchos otros poetas contemporáneos y en las pequeñas editoriales en que a menudo publican. También en Barcelona se encuentra Kriller71 y del mismo tamaño hay proyectos en Madrid como La Bella Varsovia o Los Libros de la Marisma.
En Buenos Aires una editorial afín podría ser Añosluz y desde allí el mapa editorial y poético de América Latina podría ir ascendiendo a través de Cuadro de Tiza de Santiago de Chile, Tragaluz de Medellín, Libros del fuego de Caracas o La Dïéresis en Ciudad de México.
Para poner una imagen de fondo, David contra Goliat.
Si bien las editoriales independientes son una fuerte maquinaría para presentar propuestas o autores nuevos, a decir verdad no cuentan con el alcance que debería. Recientemente, y por poner un ejemplo, en una entrevista a la escritora Luna Miguel hecha por Ernesto Castro, esta mencionaba cómo un libro que presentaba poetas jóvenes mexicanos, como los “Reyes Subterráneos” (La Bella Varsovia, 2015), apenas si había vendido.
Al otro lado tenemos la discusión sobre las redes sociales. Los críticos literarios aún no saben definir si son una herramienta fiable para alcanzar lectores y darse a conocer, o simplemente una manera para banalizar el arte mediante la exposición de literatura efectista en busca del like. En este sentido, Antonio J. Rodriguez publicaba para el diario El País un texto llamado: La literatura también se “uberiza”, a propósito del premio otorgado a Sastre y la importancia que tienen las redes en la concepción de alguien como autor. Luego de hacer un pequeño panorama, se pregunta Rodriguez reflexionando sobre la presencia de autores como Rupi Kaur, “Históricamente, la literatura ha venerado a las figuras secretas, anti-marcas como Salinger o Pynchon, al margen de la promoción y de los medios. Pero, ¿son viables personajes así fuera de la maquinaria de la industria editorial estadounidense?” (El País, 2019)
Hay algo, sin embargo, que parece unanime en esta discusión. Las editoriales aprovechan la proyección y alcance conseguido por un autor o persona, para crear alrededor de él un producto que les beneficie. En todos los casos, nadie ve que Sastre se beneficie más allá de portar un eslogan que diga, “ganadora del premio Biblioteca Breve Seix Barral”. En su lugar, se discute con mucha mayor fuerza el cómo -probablemente- la editorial usa a Sastre para llegar a un público jóven que aumente sus ventas. Y quiero dejarlo en este sentido, porque el mundo editorial se ha construido a base de contratos abusivos, en los que los autores no tienen real control de sus derechos, o de la publicación de sus libros, ni de un pago establecido, ni de prácticamente nada (esto en todos los niveles, recordar la problemática sobre los derechos de la obra de Bolaño que tenía Anagrama). La respuesta airada frente al premio de Sastre podría tratarse de no menos que de la respuesta ante la desigualdad en el mundo editorial, en el que unos pocos siguen siendo beneficiarios del trabajo de los autores.
Dice Carrión que:
Importa señalar que estamos acostumbrándonos a pensar la poesía en términos de grandes clásicos, de consagración, de reconocimiento tardío (…). Habría que invertir la pirámide mediática y recordar que en la base trabajadora y en las clases medias, intergeneracionales, existe un caldo de cultivo poderoso (…), configurado por miles de poetas y de editoriales que siguen creyendo en un arte que, aunque pierda peso en el mercado de la atención y en el ecosistema de las narrativas, sigue conectando con el núcleo duro de la comunicación, de la espiritualidad, del verbo recreativo y creador (NYT, 2019).
Al respecto, y más allá de la discusión sobre una literatura real o menor, los autores necesitan hoy más que nunca asociarse para tener claros panoramas y decisiones acerca de los modelos, medios y formas de publicación que los protejan. Inclusive Sastre los necesita. Unai Velasco deja entre ver que si bien estos autores se convertían en superventas, comenzaron con periodos de autopublicación, auto promoción y crecimiento en solitario. Luego aprovechado por las editoriales.
Ya que el trabajo del autor hoy, como se presenta en el artículo de Antonio J. Rodríguez (y como lo ha vivido cualquiera que escriba), va más allá de escribir, ya que este debe alcanzar a sus lectores, debe trabajar en crear canales de comunicación y distribución, y todo este trabajo la mayor parte del tiempo no representa ninguna remuneración. Deberíamos comenzar a ver que quizá el problema no es Sastre.
Si me lo pregunta, lo que le haría falta a esto es un sindicato de autores independientes. Lo que sería, a mi juicio, la discusión que deberíamos estar dando.