Preguntas ajenas

¿Cuándo dejaré de ser la estúpida al pendiente de un encuentro de recuerdos en los vagones de los trenes? La que aguarda por divisar algún fantasma en las paradas al costado de la ruta. La que los sospecha de reojo al subir a los colectivos.
Locura, el haberme topado con uno al fin y no sorprenderme. Locura, mi serenidad. Locura, la ausencia del peso del tiempo. Locura, sentir brotarme una mirada nueva, no planificada, como quien contempla el rostro de un insospechado hijo perdido. Locura, sus tímidos gestos de ternura, tardíos. Locura, lo tan conocido como el proceso de respiración. Locura, de unos minutos, de pequeñas sonrisas vírgenes evocadas por dos descarnados.
¿Cuándo dejaré de ser la insensata que, tras caer en las redes del azar, olvida la obsesiva espera por las proyecciones para ir a buscar el cuerpo? La que vaticina sus errores y no hace nada para prevenirnos. La que acepta su dejarse arrastrar, con desparpajo.
Qué hastío el de entregarme a preguntas ajenas, qué hastío la cordura, hastío de una obviedad que no comprende que los viejos caminos siempre se me cruzarán.

¡¡¡Gracias por el domingo hermoso que pasamos!!!

Estas son algunas fotos del domingo, pronto subiremos más. Los Indies queremos agradecerles a todos los que nos acompañaron, Galatea explotó de arte, Clowns, literatura, música y sobre todo de mucha alegria...gracias gracias gracias!

Gracias: Galatea Arte Bar, grupo clown: Los petecos, a nuestro músico amigo: Charly. Al Grupo Indie: Xoana Vélez, Cristian Franco, Leandro Rossi, Martín De Vita, Lautaro Menú, Carlos Bonadeo, Lucas García y Nadia Caramella. A los que leyeron, a los amigos, conocidos, desconocidos, artistas, colgados, a todos los seres H que estuvieron dispuestos a pasar un bello Domingo del Sombrero. Brindemos por muchos más....









Amelia

Cada vez que oigo la puerta de casa, la empiezo a odiar intuyendo su llegada. Con esa vieja odiosa el sexto sentido no me falla, la veo entrar y como si yo misma estuviera fuera de mi cuerpo, veo las contorsiones de mi cara intentando simular una mueca amistosa, imposible.
¿Pero que podía hacer? Es una mujer sola y anciana, sufre del corazón, no puedo ser tan inhumana, dejarla a la buena de dios sería algo terrible. Si fuera esa mujer con olor a colonias baratas de Avón mi mama, ¿acaso me gustaría la dejaran sola?
La vieja llegó eufórica, eran las 16.30 si mal no recuerdo, gritaba:
-¡Nena, nena! ¿Estás? ¡El 38, me lo perdí! ¿Nena?
-Si, Amelia. Acá estoy ¿Qué pasó?
Dos horas la escuché relatar un episodio de suerte y de números, que bien podrían concluir en una oración: ¡No- agarré- el- 38-, en- la- matutina- y- eso- que- pensé- en- jugarlo- un- rato- antes! Pero no, la vieja se obsesionaba en hacer un relato absurdo que yo debía escuchar ¡Por dios!
Me dijo:
- Prendé la tele, poné Crónica. Jugué un numerito a la tarde… a ver si sale.
Apenas puse el canal, ella tuvo ganas de ir al baño. Cuando volvió le dije que su número había salido a la cabeza de la nacional, pero que no estaba segura porque justo se había cortado el cable. Salió corriendo muy exaltada a cobrar su supuesto premio.
Pobre.
Se fue a tiempo para que pueda ver a Rial tranquila. Ese programa me devuelve de alguna manera a lo que siempre anhelé: que cada famosa me cuente sus historias, como si yo fuera parte del gran elenco del espectáculo.
Cuando termina, no queda nada para ver, salvo el noticiero o algún programucho. Aprieto el botón rojo del control remoto y ahí estoy yo de nuevo, reflejada en la pantalla negra, en una casa miserable, donde sin glamour recorro las baldosas negras y blancas, buscando unos verdes reconfortantes.

-¿Nena?
-Ya le abro Amelia.
Ahora toca la puerta antes de entrar, dice que tiene miedo de darme un susto y que no se perdonaría hacerme algún daño. Después del ataque al corazón que sufrió cuando fue a buscar aquel premio, está muy pendiente de las emociones fuertes. Quiere una vida sin sobresaltos para poder seguir viviendo.
Evita asustarme para no asustarse ella, esa es la verdad. La entiendo: esa siniestra forma de aferrarse a la vida, a mi vida, a las charlas sin sentidos y a los mates amargos. ¿La culpa me hizo entenderla? Que más da, pronto yo también voy a vivir de esas charlas, de esos mates, de alegrías ajenas, quizá de mis hijos o de un final feliz de alguna novela. Quién sabe, tal vez alguien encuentre debajo de esta ropa asquerosa a la mujer brillante que siempre fui.

Porque antes de tener a mis dos hijos, a los 16 años, pedía a los santos que nunca me convirtiera en mi mamá ni en las vecinas chusmas de sus amigas. Esas mujeres que tanta repulsión me generaban al saludarse deteniéndose una en la vereda de la otra, para intercambiar palabras vacías que a nadie podrían interesar; mi cuerpo se anclaba entre la escoba de mi mamá y la manguera de mi vecina. Era un cuerpo tieso, que por un supuesto respeto magnético, no podía retirarse.
Perdían horas hablando del tiempo, de la novela, del programa de Tinelli y bla. Mi adolescencia se acurrucaba en un rincón para imaginar entre rezos una vida exitosa.
¡Ojalá nunca fuera como ellas! Pero Amelia logra de a poco que yo ceda a la conversación. Logra casi por un juego de manipulación siniestro y de cansancio mental, introducirme en su mundo.
Mientras tanto sigo tocando mi cuerpo frente al televisor, deseando al galán de turno. Viendo como me besa apasionadamente por la espalda. Mi sexo de cara al piso, mis dedos cansados de autosatisfacerme; o apretar botones; o lavar la ropa.

Y luego, cuando ya sacié mi ser: nada…o tal vez alguien…

-¡¿Nena?! ¡abrime la puerta!
-Si, Amelia. Ya voy.
Y OTRO SUEÑO DIURNO

Un moreno con piel de chocolate se cae a un pozo color azul y negro. Termina de caer y se encuentra con San la Muerte. El moreno para la lengua por el filo de la guadaña, pero no se corta la lengua; entonces, sin éxito se despide comienza a marchar por un camino empedrado co adoquines de miel sólida.

Hacia el final del camino hay un paisaje sublime, pero el moreno no lo vislumbra porque sus ojos son tan blancos y, por eso, su ceguera es tan fuerte que se le imposibilita la mirada desde tan lejos.

Transitando va el moreno, cantarín, con una galera de etiqueta en la cabeza hasta que una pequeña oruga gorda con corbata de moño en el cuello se lo interpone en el camino.

- Bienvenido, mi negro-moreno.
- Muchas gracias.

Y cordialmente, el moreno baja su galera y sigue su camino.

Pero mas adelante, un conejo le interrumpe el transito pidiéndole referencia.

- Pero Sr. Conejo, yo estoy mas perdido que usted, intento llegar al final del camino.
- De veras que esta teniendo Ud. Un gran sueño. Nunca llegara al final del camino Sr. Moreno.


Horas más tarde; un moreno dominicano se despierta en una humilde pensión de algún sábado por la mañana; con todo el sol de febrero golpeándole el rostro. Él se levanta y abre un paraguas de terciopelo rojo con adornitos dorados y sale a la calle a protegerse de los rayos ulltravioletas que atraviesan la plaza de once.
O alguna otra.

A Mis Hermanos

Por aquello que fueron nuestras grandes victorias, hermano,
brindemos una vez más.
Hagamos fiestas por las viejas fiestas,
y volvamos a festejar
por aquellos instantes eternos, hermano…
Venga el tiempo a encontrarnos juntos en las calles,
siendo peligrosos para la gente otra vez.
Escondiéndonos de la policía.
¿Te acordás, hermano?
Y aquella era d(r)o(g)rada de los rocanroles:
todo antes de que la herida se nos abra;
todo antes de dejar ir a los pibes;
todo antes de terminar la secundaria.
Y no me vengas con que “demasiada nostalgia”.
¡Eran de oro esos momentos, hermano!
Y no se si nos mataron o los matamos
pero ahí siempre van a estar esperándonos que los queramos recordar.
Yo digo que volvamos un rato para allá, hermano,
que la vida nos tenga miedo de tanto vivir.
Brindemos una vez más.
Con las mismas copas, con los mismos vinos;
en las mismas noches hasta los mismos soles;
y el mismo dolor de ojos,
¡una vez más hermano!
¡una victoria más hermano!
¡Otro rocanrol!
Quiero morir festejando que mi vida fueron nuestras fiestas,
un instante más para la eternidad,
una noche de olvidos para recordar.
Y VICEVERSA.

Duermo afuera

Sé que si no escribo hoy voy a morir.
y que si me quisieras ya estaría muerta.
mañana consumida.
mañana descartada.
me niego.

Anoche comimos la última dulzura que nos quedaba,
después te burlaste de mi forma de hablar.

Me tomé el palo,
el tren a alguna parte,
con la boca sucia de amor
y la misma remera de ayer.
“La explicación del pecado de Adán, por ende, a la vez la explicación del
pecado original ; querer explicar aquél sin éste o
ése sin aquél carece de todo sentido y valor. La razón más profunda de
este fenómeno reside en la determinación esencial de la existencia
humana: ser el hombre un individuo y como tal, a la vez él mismo
y la especie entera de tal suerte que la especie entera
participa en el individuo y el individuo en la especie entera”.

SOREN KIERKEGAARD
FINAL DE PARTIDA: MUNDO INDEPENDIENTE Y ANGUSTIA.

Es un hecho esencial que en las obras de Samuel Beckett tienda a predominar un cierto paralelismo con la corriente del pensamiento existencialista. Su esencia más profunda es ¿Qué es el hombre? Y ¿ Cómo debe enfrentarse con la condición humana? Como un reconocimiento de que las raíces de nuestra existencia se encuentran en la nada, en el vacío. Esto se presenta como absurdo, una paradoja de la existencia humana. La corriente del absurdo surge de los más profundos estados de la mente explorando ese vacío, esa nada que genera la condición humana en una búsqueda de respuestas tan básicas: ¿Quién soy yo? ó ¿ Qué hago en el mundo? Son interrogantes válidos dentro del pensamiento existencialista del siglo XX, que viene acompañado de pensadores como SARTRE, SCHOPENHAUER, HEIDEGGER y KIERKEERGAR, aunque este último pueda pensarse como preexistencialista. Además, las incógnitas sobre la existencia humana y sobre la condición humana de la existencia se reflejan en la obra teatral de Beckett siguiendo la tradición del absurdo, queriendo mostrar la paradoja de la existencia. Pretende representar a un individuo hundido en ese vacío en esa nada que engendra la propia angustia como reflexión de la condición humana. Con esto llega al punto en el que se hace claramente visible la separación de la literatura realista de la literatura de vanguardia en las piezas de teatro de Beckett.
El individuo histórico-social con todas las categorías que implica, es separable de lo que Hegel llama “su realidad efectiva”, su modo ontológico esencial. La singularidad profundamente esencial del individuo esta inseparablemente unida a las circunstancias históricos-sociales de su propia existencia.
El teatro de Beckett adopta una visión completamente opuesta; muestra al hombre ontológicamente independiente de toda relación humana y de toda relación social que lo define como sujeto histórico.
Varias de aquellas características definen al teatro de Beckett, pero minuciosamente puede percibirse mejor en Final de partida, obra de un solo acto donde el mundo ha perdido su carácter de mundo y solo existe una realidad del sujeto como vehículo de una reacción de angustia, creando una nada trascendente y con un carácter algo fantasmagórico generado por los mismo personajes solitarios, enfermos o carenciados de alguna facultad físico y mental (como son las figuras de Nagg, Nell y Hamm) que les dificulta percibir la realidad del mundo. Los padres de Hamm encuentran como único punto sólido en que apoyarse ese vacío carente de sentido que los hace existir hundidos en lo más profundo y desechable de la condición humana. Lo mismo, para Hamm, postrado y ciego.

Si un individuo pudiera separarse de su especie, su separación significaría a la vez una modificación de la especie. Eso es la fuente de tensión dramática en Final de partida ¿ Tendrá Clov fuerza para dejar a Hamm ? Si Clov pudiera abandonarlo lo más probable es que los tres mueran (por Nagg, Nell y Hamm) porque es Clov el que proporciona los necesario para que los tres puedan seguir vivos, como es por ejemplo, los medicamentos de Hamm. Teniendo en cuenta que el individuo es él mismo y la especie, la elección de Clov implicaría un cambio en la especie que lo rodea; llevaría a Hamm y a sus padres al estadio de la muerte. Ninguno de los tres puede moverse, Hamm porque es inválido y está ciego, ni sus padres quiénes viven dentro de un tacho de basura con las extremidades mutiladas. Los tres actúan como las partes de un todo. Ellos independientemente de Clov actúan con un sistema de percepción frustrada, enfermiza, que no solo reorganiza el cuerpo sino también cambia la manera de percibir el mundo.
Dentro de aquella habitación hay reposo de los cuerpos. Pero al mismo tiempo al no haber agitación, es decir, al no haber interacción con la realidad social, que se encuentra fuera de la habitación no hay nada. Y la nada genera la angustia a la que Clov está sujeto. Como diría Kierkergaard, él es inocente por no dejar a su amo, pero esa inocencia lo enfrenta ante sí con la desesperación por no ser capaz de encontrarle un significado a su existencia encerrado en esa habitación. A la vez, la inocencia trae consigo la ignorancia por no conocer lo que hay del otro lado de ambas ventanas: el mundo exterior. En términos alegóricos en el caso de que Clov se fuera de aquella habitación y conociera la realidad histórico-social que se desarrolla en el mundo exterior, el personaje sería partícipe de un salto cualitativo que lo llevaría de lo particular a lo universal también podría pensarse al escenario de la obra como un espacio extremadamente privado del desarrollo, y al mundo exterior como el espacio público donde interacciona.
Aquel espacio es el que Hamm rechaza y cree acabado por una misteriosa catástrofe. Los conceptos de ignorancia e inocencia propios de Kierkergaard me parecieron la forma más inédita para entender el cruce y pasaje de la ignorancia al conocimiento del mundo exterior. De la realidad social que seguro se desarrolla fuera de esa habitación.
Si Clov hubiera tomado la decisión de abandonar a Hamm habría dado lugar a un salto cualitativo en términos de superioridad, porque seguramente el mundo exterior no esta tan muerto como aparece en la visión de Hamm. Clov es un personaje que se muestra en un plano de decisión por el adentro o el afuera. En palabras de Kierkergaard: por la inocencia que a la vez trae consigo a la ignorancia o por la culpa que a la vez trae consigo el conocimiento. Tengo que aclarar que la angustia existe en la inocencia, que enfrenta a la nada y en ese estadio no hay culpabilidad porque no hay conocimiento. Clov sería culpable si hubiera salido de la habitación para abandonar a Hamm y conocer lo que hay afuera. Ese extremo del plano de decisión podría dar cuenta del salto de un estadio en el que el personaje participaría como sujeto de la especie, que existe en el exterior de la habitación, y así poder consolidar su propia historia con la historia de su especie.

En un momento de la obra pareciera que finalmente Clov tiene un motivo importante para dejar a Hamm y es la presencia del muchacho que ve del otro lado de la ventana:
Clov (sigue mirando): ¡Tomate! ¡Ya te darán! ¡Alguien! ¡Se trata de alguien!
(…)
Hamm: ¿Sexo?
Clov: ¿Qué importa? (…) Parece un chico (2 pág. 78)

La presencia de otro sujeto de la misma especie es un símbolo de continuidad de la vida, da cuenta de que no todo estaba tan muerto como Hamm creía.
Continúa:
Hamm: No vale la pena.
(Clov se detiene)
Clov: ¿No vale la pena? ¿Un procreador en potencia? (3 pág.)
“Un procreador en potencia”, es lo que significa el muchacho. Una continuidad de la especie, una continuidad de la vida.
Ese era el momento de la decisión final. Hamm sabe que llegó el final. Llego el final de partida:
Hamm: Se acabó Clov, hemos terminado. Ya no te necesito.
Clov: ¡Qué bien ! (5)
Ha tenido lugar el reconocimiento y aceptación de una realidad superior y exterior que da cuenta de la continuidad de la especie. Pero Clov no se va, el telón baja y él se queda ahí. Prefiere quedarse en el vació de su propia angustia contemplando la nada de su propia existencia. El interés que presenta Clov por unos momentos en la obra puede entenderse solo como una intuición de su condición humana de existencia, que permitió la curiosidad de pensar en que es lo que había afuera. O hasta una razón para poder continuar con la vida, con la historia del individuo y de su especie. Finalmente no se retira; se queda hundido en su propio vacío que lo convierte en un sujeto: AISLADO Y AHISTORICO.