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Selección de poemas por Julián Forneiro


collage: nubelectrica




ANTROPOLOGÍA DEL BUDISMO ESPAÑOL


Has de parar en ese sitio a la altura de Malpica de Tajo y pedirte el menú del

día lleve lo que lleve, no por la comida, no por la camarera, no por todas esas

fotos en blanco y negro de tractores y gente muerta, sino por los cubiertos,

simplemente por esos cubiertos idénticos a los que una vez hubo en casa de

tus padres y en miles, centenares de miles de casas a lo largo y ancho del

mapa, sabes de cuáles hablo, claro que lo sabes, esa cuchara, ese tenedor y

ese cuchillo de los que te serviste durante años y años para alimentar a esa

cosa extraña que te rugía dentro y que resultó ser tú. Has de parar en ese sitio,

sopesar el metal en la mano, y dar gracias al cielo.


...



MIS ÚLTIMAS PALABRAS A LOS DE LA NASA ANTES DE ARDER EN EL

ESPACIO


El futuro es el peine de mi abuelo.

Un peine de carey mitad púas finas, mitad púas un poco menos finas.

Un peine con una inscripción plateada medio borrada:

Madrid 1944.

Un peine surgido del centro del país.

Un peine que peinó la cabeza joven de mi abuelo, esa cabeza en sepia de las

fotos.

Un peine que acarició lo imposible.

Un peine que viajó en el bolsillo de su chaqueta por España, junto al pañuelo.

Que hizo su trabajo frente a espejos de bares que ya no existen.

De pensiones que ya no existen.

De oficinas que ya no existen.

De un piso en la calle San Jacinto que ya tampoco existe.

Un peine que le puso guapo en las fiestas de Teruel, de Chelva, en las fallas.

En las plazas con orquesta.

Un peine que le adecentó en el entierro de un hijo.

Un peine que ahora duerme en la mesilla de noche de mi padre.

Un peine que mi padre toca con las puntas de los dedos, como si fuera fuego.

Un peine que el tiempo se tragará conmigo.

Un peine.


...


EL RESPLANDOR FUERA DEL RESPLANDOR


Justo aquí, en la playa de Pinedo, me encontré el siglo pasado, Dios santo, el milenio pasado con una excursión de tarados, chavales con la cabeza hecha papilla que bajaban del bus especial torpes y contentos y ruidosos con sus bañadores de colores y los bocadillos de plata fulgurantes en sus manos y levantaban la cara hacia el sol como si fuera la primera vez en su vida que lo veían. Entonces las matrículas aún significaban algo. Siempre que vengo pienso en aquellos chicos llegados de Cuenca para ver el mar y bañarse un rato y hacer las maravillas que hace la gente en verano. Pienso en sus risas de gaviota. Pienso en su saliva luminosa. Almíbar. Pienso en su alegría antigua y algo demente, primordial, bíblica. Y pienso en mí sentado en la arena, mirándolos todo fumado impregnado todavía de olor a discoteca, a ozono, a desesperación, buscando la belleza tras dos o tres días sin pegar ojo, que luego fueron dos tres meses, y luego dos o tres años, y luego dos o tres décadas. Soy un hombre afortunado.







| Sobre el autor | 


IVÁN ROJO (Valencia, España, 1976) es autor de los libros de relatos Pantano (Sven Jorgensen, 2014) y La vida salvaje (Rasmia, 2015), así como de la novela Ultraligero (Rasmia, 2016). En cuanto a la poesía, tiene los siguientes poemarios publicados: 10.000 caballos de guerra (Versátiles Editorial, 2016); Finlandia (Jámpster eBooks, 2017. Chile); Oclajoma, España (Ediciones Canalla, 2018); Teletransportación desde la morgue del condado (Electrodependiente, 2018, Chile) En busca de Jack White (La carretilla roja, 2019. Argentina) y El último buda atraviesa Fargo, en coautoría con Víctor Pérez (Rasmia, 2019). En 2015 residió en la fundación para escritores Villa Sarkia de Sÿsma, Finlandia, donde desarrolló el poemario León de Invierno. Asimismo ha participado en las siguientes antologías y recopilaciones: Música de ventanas rotas, homenaje a John Fante (Dalya, 2016); Fantiana, escritos sobre John Fante (El Doctor Sax Beat & Books, 2020); Historias del puto virus (Marli Brosgen, 2020). 


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Traducciones de Federico Tinelli


collage por @nubelectrica



Una vida


No sé cuándo dejé de creer en el cielo

o si creo. Tal vez dejé de recibir cielo. 


Salió el sol. Trepé entre las frágiles coronas

de los pinos. Se podría decir que estaba recuperando 

cielo.


Ni un lugar ni un momento, sino una ceguera total

salvo una luz, vibrante, placentera: cielo. 


Nos casamos en Septiembre. Todos aún

usaban sus camisas de verano, mangas de cielo. 


Era blanco, había una curva, y el auto

trompeó. Fue allí que recé, suplicándole al cielo.


Cuando se vuelva débil, acuéstalo en la camilla, 

mamá. Máscara de oxígeno, respirando cielo. 


El hospital brilla, nuestro hijo entra y sale. 

La nieve cae intensa, aliviando el cielo. 


Ama los colores de los planetas. Le enseño

esa falta de vida: hermoso, engañoso cielo. 


No sé quién está enterrado abajo mío

pero lo escucho romperse mientras me voy del cielo.


¿Cómo podés llorar por una vida arruinada, Maria, 

cuando podrías estar de luto por el cielo?


_________


One Life



I don’t know when I stopped believing in heaven,

or if I do. Maybe I just stopped receiving heaven.


The sun rose. I climbed into the pines’ brittle

crowns. You could say I was retrieving heaven.


Not a place or a time, but blindness to everything

but one light, pulsing, pleasing: heaven.


We married in September. Everyone was still

wearing their summer shirts, sleeves of heaven.


It was white, there was a bend, and the car

spun. It was then I prayed, pleading with heaven.


When he goes limp, lie him down on the gurney,

Mom. Oxygen mask, breathing heaven.


The hospital shines, our son flies in and out.

The snow falls hard, relieving heaven.


He loves the colors of planets. I teach him

their lifelessness: beautiful, deceiving heaven.


I don’t know who is buried beneath me

but I hear her break as I am leaving heaven.


How can you cry for one ruined life, Maria,

when you could be grieving for heaven?



...


Recreo



Este es el ruido del timbre. Suena, 

lleno de cobre y al final trae: 

una vez para los chicos, una vez para el chico

que se sienta solo. Sus ojos dañados y suaves,

espera, sosteniendo sus cosas. 


El tiempo aún no debería tener ningún sentido

para él. No aprendés

cómo jugar; te olvidás. Pero él sabe

bien, y anhela el clank de la campana. 


Un timbre es un cuarto vacío. 

No, es un domo con una hamaca escondida -- 

un deseo, un vaivén, un tono, un repique, 

el comienzo de una canción. La multitud

salvaje se acerca, pasa, riendo. 

Acá está el sonido del timbre. 


_________



Recess




This is the sound of the bell. It rings,

full of brass and the end it brings:

once for the children, once for the child

who sits alone. His eyes hurt and mild,

he waits, holding his things.


Time should hold no meaning

for him yet. You don’t learn

how to play; you forget. But he knows a while

well, and longs for the clang of the bell.


A bell is a room of nothing.

No, a dome with a hidden swing — 

a will, a sway, a tone, a peal,

the beginning of song. The wild

crowd nears, passes, laughing.

Here is the sound of the bell.


...


Estación



Los días que estás enfermo, nos vestimos despacio,

agarramos nuestras gorras y subimos al tren.

Pasamos un basural y la bahía,

después un túnel oscuro, después un túnel oscuro.


Perdés la gorra. La encuentro. El tren

susurra abriéndose en Burlingame,

quedan atrás oscuras toneladas de agua y basura.

Te llevo bajando por los escalones negros.


Burlingame es la medida de la alegría:

una carrera por las panaderías, anillos de oro

en negros estuches abiertos. No me importa

quien mira mi sonrisa torcida


o que es lo que la borra, pasada la panadería,

cuando te cansás. Volvemos a correr

al costado de la bahía torcida. Sonreís.

Te sostengo como un agujero sostiene la luz.


Usamos nuestras gorras y corremos.

No pueden arreglarte. Intentan e intentan.

¡Túnel! Nos metemos en la oscuridad.

Los días que estás enfermo, nos vestimos despacio.


_________



Station



Days you are sick, we get dressed slow,

find our hats, and ride the train.

We pass a junkyard and the bay,

then a dark tunnel, then a dark tunnel.


You lose your hat. I find it. The train

sighs open at Burlingame,

past dark tons of scrap and water.

I carry you down the black steps.


Burlingame is the size of joy:

a race past bakeries, gold rings

in open black cases. I don’t care

who sees my crooked smile


or what erases it, past the bakery,

when you tire. We ride the blades again

beside the crooked bay. You smile.

I hold you like a hole holds light.


We wear our hats and ride the knives.

They cannot fix you. They try and try.

Tunnel! Into the dark open we go.

Days you are sick, we get dressed slow.






Sobre la autora |


Maria Hummel es una escritora estadounidense. Su única colección de poemas, House and Fire, ganó el premio APR/Honickman First Book en 2013. Posteriormente publicó cuatro novelas, entre ellas Still Lives (2018) y Lesson in Red (2021).


| Sobre el traductor |


Federico Tinelli nació en Buenos Aires en 1997. Es periodista y poeta. A principios de 2021 publicó su primer libro, En el Vacío Azul, por la editorial Tren Instantáneo. 


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Selección de poemas por Sofía Vilá

collage por nubelectrica





Es tiempo de volver al jardín


abrirse 

a la promesa de lo seco

lo exuberante 

o lo muerto que no

sobrevivió a las heladas.

Ahí las verbenitas 

cuidan la flor subterránea

su pronta aparición.

Los jazmines

se huelen y les entra 

el deseo de abrirse. 

Es la vibración inequívoca

del jardín

el llamado a lo silvestre

lo amapóleo   empetalado.


Otro tiempo será el fruto

ahora es 

la vigilia de las flores.


(De Jardín. 100 poemas sobre flores, 100 poetas argentinos, Bicéfalo, 2021).


···

Pez


El pez en la mano

se desliza se escurre 

y deja 

la huella húmeda 

de un cuerpo frío.  


Mi padre era eso:

huida silencio de pez  

coletazo enfurecido en el deseo 

por migrar

de su nombre.


De cuál de tus escamas nací

padre

o fue de un anzuelo 

que me vine

amojarrada y en un tajo


en ese dolor 

quizás

me escupiste

¿fue mi nacimiento 

tu asfixia?

Nadie puede retener al pez

sin la herida que trae

su ahogo

y su muerte.


(De Las astillas del pejerrey, Borde Perdido Editora, 2022).


···

Garza


Fuimos con la familia hasta la laguna.

Era la hora en que el sol

estalla contra el agua

y se desintegra 

en miles de espejos.


Apenas podíamos 

abrir los ojos

sin que el brillo nos hiriera.


Vi a mi padre

en la boca de la laguna:

sus piernas sumergidas

sus brazos abiertos parecía 

una garza magnífica

y doliente.


Luego su cuerpo 

se entregó 

y flotó un largo rato

de espalda al cielo:

como el tronco de un sauce 

abandonado

de toda vida.


(De Las astillas del pejerrey, Borde Perdido Editora, 2022).




| Sobre la autora |

Melisa J. Gnesutta (Río Cuarto, 1984) es profesora y licenciada en Lengua y Literatura por la UNRC. Trabaja como docente en nivel medio y universitario, y en talleres de poesía (“El jardín y la sal” y “La Maleza”). Sus poemas fueron publicados en diferentes plaquetas de poesía y en antologías. Publicó los libros de poesía Patios de verano (Editorial Cartografías, 2020) y Las astillas del pejerrey (Borde Perdido, 2022). Fue seleccionada para participar de la antología Poetas argentinas. 1981-2000, de Ediciones del Dock.