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|Sobre la antología|

El ciberespacio muestra otras opciones de lectura, es la ventana de los noveles, es la oportunidad única de que la voz de los anónimos sea escuchada. Groenlandia y Cinosargo toman como referencia el poder de la red y la aplican a Un poema siempre será nada más que un poema (antología de jóvenes poetas chilenos), con la finalidad de seguir aportando a la difusión de nuevos autores, en el marco de una co-edición digital.

|Sobre Editorial Cinosargo|

Cinosargo es una editorial Chilena fundada en 2009. Ubicada en el norte fronterizo (Arica) publica libros en los géneros de poesía, ensayo, narrativa y cómic y es un proyecto multimedia a través de www.cinosargo.cl desde el 2003. Su gestión editorial ha sido comentada en diversos medios de prensa internacionales. Asi como también sus textos han sido tomados como base para tesis de grado, artículos en revistas de index científicos y ponencias en congresos. Pero su labor más relevante ha sido visibilizar la literatura del norte Chileno.

|Sobre Editorial Groenlandia|

Editorial Groenlandia es un proyecto editorial independiente y sin ánimo de lucro que nació en Córdoba (España), hace siete años, caracterizado por especializarse en publicaciones digitales. Groenlandia tiene como principal objetivo la difusión de autores noveles por la red, ofreciendo libros de alta calidad artística para lectura y descarga gratuita en diferentes plataformas virtuales, como redes sociales (Twitter, Facebook) y otras páginas. Edita revistas más suplementos literarios y libros, de narrativa y poesía. 

|Más sobre las editoriales|
www.cinosargo.com/
www.revistagroenlandia.com/
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En una delicada y cuidada edición de la editorial A pasitos del fin de este mundo para la colección No es una cuestión de forma, Luciano Alonso con su A través del bosque en llamas, comparte su mirada en poemas cargados de existencia, puntos y contrapartidas. Demasiada y hermosa vida misma en versos de un autor que, benditamente, expresa sus percepciones con una entrega contagiosa a pesar de los pesares y a sentir de los sentires.

Por Barb Pistoia

Tan contagiosa es la entrega que comanda Luciano Alonso en A través del bosque en llamas que nos ofrece una lectura palpitante, cardíaca al punto de poner a prueba la resistencia a nosotros mismos y a este mundo colmado de herramientas, posibilidades dispares, vanidades y caretas
.
 A su vez, como parte fundamental de toda su manifestación, en ningún momento se hace ajeno, hay ahí un uso de la primera persona latiendo que hace inesperado cada final. Por lo que en el instante que se nos empiezan a acelerar nuestras intensidades y penumbras, el autor saca el as bajo la manga de la ironía coqueta del romanticismo y desata los nudos permitiéndonos sonrientes dar vuelta la página.Tal vez allí es donde reside el máximo poder de los buenos libros: las ganas de seguir a la página siguiente.Todos queremos un final feliz, siempre, aunque ni siquiera lo creamos del todo.

Luciano Alonso es escritor, autor especializado, crítico de cine y librero de la vieja y sagrada escuela. Música, libros, películas, videos, relaciones cercanas y lejanas, comunicaciones carnales y virtuales, y todos los demás matices que nos presentan los días de cada una de nuestras vidas, hacen a su cotidianidad un mundo en donde su mirada recibe y da. En esta oportunidad  da en forma de libro de poemas, de los que vale tener en la biblioteca.

Lejos de presentarse como un observador, se regodea y pulveriza siendo parte como si fuera uno más en sus visiones. Pero no lo es porque es en definitiva el que escribe y el que llegando al final nos regala la sensación de conocerlo un poco más. En su lírica pulsa cómo cultiva y enriquece las circunstancias en las que es testigo y testimonio, aliado y provocador, responsable y prófugo.  

Elegancia, humor, profundidad y un timing que da calambre hacen a este libro, imaginando una lectura unificada de cada poema, una especie de Howl de nuestros tiempos. La gran diferencia, y con el plus de la pertenencia de época, es que estas poesías realmente nos conversan y a su vez encuentran el espacio para darnos el silencio que parece ser la gran búsqueda del tesoro de los tiempos modernos: silencios no para callar sino para que nos escuchemos, silencios que no se presentan fugitivos sino empáticos y anhelantes.

El libro finaliza con el detalle de las connotaciones que Luciano desplegó a lo largo de sus poesías. Entre guiños y bibliografía, física y online, cita a otros autores clásicos y generacionales, cita a músicos y a canciones. En nombre del respeto a la obra que lo inspiró y evitando los malos entendidos riéndose de ese asunto del plagio, ese final resulta ¿casualmente? como un tira pistas para que a medida que avanzamos en el bosque nadie nos engañe con atajos, sepamos de una forma o de otra donde hay buenas señales para llegar a la página siguiente...

  “(…) embriágate con nada.
Es necesario morirse de risa y estar más allá de todo.
El tiempo es una sucesión de episodios sin significado.
Los actos cotidianos resultan del orden de lo mágico.
(…) Es mejor ser un borracho perdido que un asesino tímido.
Destapemos juntos otra botella y brindemos sin alegría.
Las noches de fiesta acumulan tristeza en el corazón.”


Sí, demasiada y hermosa vida misma la tarea de dar vuelta la página y saltar a la siguiente aún viendo las llamas o, mejor dicho, porque es ahí que están las llamas.
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La fotos de Caterina Galanzino son la alquimia perfecta entre equilibro y expresividad. Abrimos una ventana a su obra y conocemos a la artista detrás del lente. 

Por Nadia Sol Caramella

Una foto de Cartier Bresson sobre una cama apenas desordenada. Ambos objetos podrían estar ubicados en cualquier plano incluso gravitar sobre una nebulosa. De un momento a otro las palabras se acomodan y van tomando sentido. Pregunto a Caterina por sus influencias, ella responde: “tengo mis etapas, pero arriba de mi cama tengo una foto de Cartier Bresson". 


Caterina Galanzino vive en Lanús y aunque no viviera más en el barrio igual sería Caterina, la fotógrafa de Lanús,  porque toda  su joven obra remite, de una u otra manera, a esa ciudad. El contexto determina a los artistas, los forma en la mirada: “hace poco me dijeron que puedo irme a la Polinesia a sacar fotos y que siga pareciendo Lanús”. Los espacios son los habitamos al darle entidad con la mirada. Y eso es algo que Caterina tiene muy arraigado en su forma de hacer fotografía, cuando sale a buscar imágenes con historias se dice para si un mantra: “benditos los ojos que ven algo por primera vez”. Alguien que agradece a sus ojos por la facultad que se le fue otorgada tiene por lo menos el don de saberse afortunada, pero ese no es el único don de Caterina.


Según ella no sabe entablar charlas con las personas pero le encanta escuchar lo que los demás tienen para contar, entonces la fotografía se vuelve un hermoso vínculo que le permite conocer a los que la rodean: “no se relacionarme con la gente, en realidad me gusta que me cuenten cosas, me interesan las historias de todos pero no sé cómo pedirlo”. La mayoría de sus fotos van de retratos a postales punks de los lugares que encuentra en su cotidianidad, esa facultad de sorprenderse como si todo los viera por primera vez la convierte en una exploradora, pero de las más responsables al mostrar sus tesoros. A nivel compositivo: cuidando siempre las formas y las simetrías, los temas van tejiendo un relato personal como en una suerte de biografía ficcionalizada y estetizada por la fotografía como registro y soporte de esa narración. Todo eso la lleva por caminos estéticos de un nivel prometedor.


¿Qué pensás sobre la belleza? Reflexiona unos segundos y dice con palabras altisonantes: “es algo supremo digamos como el amor o la libertad. Todo el mundo se cuestiona qué es, nadie sabe. Pero todos la quieren. Intentan hacerla algo matemático”. Y como si escribiéramos este párrafo juntas lo borra y aclara: “para mi todas esas cosas que te dije son palabras que nos tiraron como bombitas para ponernos en la búsqueda eterna de algo que no existe”.  Cómo se buscará entonces la belleza en la fotografía si es algo que no existe, Caterina tiene su propio método: “me gusta que algo comunique y que a la vez haya un juego en la composición,  que estética y comunicación vayan de la mano, es lo más cerca a "bello" a lo que puedo llegar”, eso es incluso hasta lo más sincero que se puede esperar del arte. El trabajo entre comunicar y componer, sin pretensiones más que la de hacer, que la belleza sea una práctica, la de educar la mirada en la captura del instante, ni antes ni después porque como dice Bresson  no hay ninguna cosa en el mundo que no tenga su momento decisivo.



Para captar un momento y tomar esa fracción de tiempo en una foto, hay que ser capaz de saber contar historias en un pequeño recorte, donde la composición, el tema, la luces, las sombras coincidan equilibradamente. Eso se ve reflejado en los retratos de Caterina. La fotografía es una forma de vida, no puede estar desligada de las prácticas cotidianas, del propio hábitat. La mezcla entre la técnica y emoción hace a la imagen. Esta fotógrafa está construyendo una serie, incluso sin querer, en la que muestra la familiaridad que se crea entre quien retrata y lo retratado. La cercanía y la mirada humanizada es el vínculo que determina el tema y también la narrativa de la mayoría de sus fotos. Las miradas y los gestos de las personas retratadas son fuertes, no hay pose -algo difícil de conseguir  en tiempos de selfies y redes sociales- porque hay confianza. Estos personajes se vuelven eternos y sinceros. La foto surge con un fluir natural, no se ven composiciones forzadas en su obra. Sí es posible apreciar el intento y el juego que la lleva a probar una y otra vez. Se nota la necesidad de ensayar mil veces el acto de fotografiar.


Cada foto es la promesa de una siguiente, Caterina Galanzino tiene una web donde sube sus trabajos, ella nos ofrece el mundo con el que convive día a día, cada una de sus imágenes nos invitan a otra, incluso a aquella que todavía no fue tomada.


| Mas sobre Caterina Galanzino |

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.


foto: Nat Motorizada


[Auto-semblanza] 

Nací en Neuquen capital pero iba a un colegio en Cipolletti, Rio Negro y en el 2006 me vine a vivir a
capital con sil, una de mis 3 hermanas. Iba a estudiar veterinaria pero al final termine en diseño grafico que ya estoy terminando asique  quien sabe, y desde el 2011 toco con luli, pabli, ninu y mica en Las Ligas Menores

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer? 
Me salen mas canciones cuando paso algo horrible sea un accidente, algo emocional, algo que vi en la calle, lo que sea. Creo que es lo positivo de la desgracia 

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?  
No tengo heroe, con lo cual no tengo antiheroe tampoco

3. ¿Qué talento desearías tener? 
Me gustaria tener una especie de control mental para relajarme mas seguido y no tomarme las cosas tan personales, y tocar el piano increiblemente bien 

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada? 
no se si posesion es la palabra, pero lo que mas quiero y tengo es a mi perro que vive conmigo, Toby, es inmortal. 

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria? 
“3 empanadas”,no tener gente que te quiera y se preocupe, no hay nada mas miserable que el que dice tener todo pero no tiene a nadie.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos? 
construir para destruir, no lo aprecio como algo que me parezca que este bien sino como algo que no puedo creer

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental? 
me gustaria tener un click para apagar el cerebro un rato muchas veces la verdad,  mas que nada a la hora de dormir

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad? 
Mi idea de felicidad es tocar con las ligas, compartir con ellos cosas nuevas que sé que van a venir, ver nacer a mati mi sobrino nuevo este verano fue increible, me gustaria ver más seguido a dos de mis hermanas que viven afuera, básicamente seria estar en familia o con amigos compartiendo el tiempo.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo? 
Vivo sola con lo cual a veces tengo miedos de más, como la típica, resbalar en la ducha caerte y dartela en la nuca y que nadie más que tu perro se entere” Pero me da más miedo que mi pesimismo crezca porque no se adonde me llevaría eso

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz? 
Es muy raro tener solo UN momento en toda la vida donde fuiste enteramente feliz, no creo tener solo uno, tengo varios, esporádicos pero varios, cuando nació mi sobrino ahora el 24 de enero, cuando fuimos a Perú con las ligas fueron días de extrema felicidad, después terminan pero así como terminan, vienen otros por suerte, que se yo capaz tomar algo cuando te estas muriendo de sed, depende que piense uno como felicidad.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
Siempre pensé que “El monstruo” de Prietto viaja al cosmos con mariano, es un tema increíble.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué? 
Al contrario, hay muchas que hicimos y volvería a hacer cien veces más, covers más que nada, siempre es divertido hacer uno, la primera vez que hicimos “strange” de galaxie 500 nos salió horrible, y uno diría “no lo toco más”, pero lo ensayamos y lo volvimos a hacer después.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década? 
Se me viene Agapornis a la cabeza, perdón pero no puedo con eso, o La oreja de Van Gogh
   
14. ¿Qué libro te hace sonreír? 
La conjura de los necios de Toole me hizo reir muchísimo

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías? que?
noo, cagaron todos, siempre quise ver a godzilla, no salvo a nadie me voy con el gigante y si me come bueno, al menos lo vi

16. Si después de muerto volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?  
a mi amigo Otto pero porque siempre flasheamos con ser zombies.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
La verdad es que si, y lo bueno es que encima fue grupal asi que imaginate, poder decir lo que queres, como queres y con quienes queres.

[Contacto]

http://lasligasmenores.bandcamp.com/ 
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Con Sexo, nazismo y astrología estamos frente a una obra caliente y experimental que toca todos nuestros límites emocionales, erógenos e intelectuales. Un libro de compilados que lleva a su lectura a ser un acto recreativo, provocado por el vertiginoso y seductor caos que Juan Terranova, su autor, nos deja ahí latiendo en nuestra cara.

Por Barb Pistoia

De los ensayos publicados en la Revista Paco por Juan Terranova, en la que además es uno de sus comandantes, fueron treinta y uno los seleccionados exquisitamente para que conformen Sexo, nazismo y astrología, su nuevo libro editado por Editorial Punto de Encuentro para la Colección Federal.

Se puede decir que los temas que tocan son los bastardeados u olvidados por la agenda que se va marcando, no espere nada extraordinario, son casi cotidianos y esenciales, tal vez por eso como un salvataje justiciero, los rescata y hace que se miren entre sí para comenzar a eternizarlos en sus escritos, enriqueciéndolos con hallazgos y cruces de información que nacen de la exploración online, desde la más cercana a la más inaudita.

Sexo, nazismo y astrología tiene un despliegue de referencias de todo tipo, con un desarrollo intenso e intensivo, un constante vuelco de interrogatorios y pensamientos en voz alta que escapan a la corrección política, lo que termina haciéndolo un largo instante encantador, con lo luminosa que se ve la oscuridad desde todo instante que es encantador.  

Estamos frente a un libro que se potencia si nos permitimos el encuentro íntimo con él para poder seguir el groove que el autor propone y que resulta asombroso: una obra, que nace de la costilla de internet, nos empuja a entregarnos a la pausa sin pasividad que abre paso a las voces interiores sin que eso nos aleje de la computadora. Entonces queda chico leerlo con un resaltador y tampoco alcanzan los márgenes tomados en su totalidad porque a uno también se le disparan expresiones, catarsis e imágenes para complementar lo abordado por Terranova. En una narrativa extremadamente visual, que te tira citas y describe generosamente links, una computadora cerca es clave porque por más que no se nos escatimen descripciones, si tenemos la  posibilidad ¿qué otra cosa se puede hacer salvo querer verlo todo?   

Por otro lado, a medida que pasen los años, este libro será material indispensable para entender los valores culturales que han caracterizado esta época respondiendo al traspaso de las anteriores, lo cual la valoración a este libro se vuelve mínima hoy imaginando la potencial utilidad que le espera en un futuro. Acá si gana valor el libro objeto, “los links pasan, lo que quedan son los libros”.

Sexo, nazismo y astrología reconfirma, si es que hiciera falta, el acierto de Juan Terranova de salirse de los contextos académicos solemnes, armando un puente entre épocas y valores en el que él  no se preocupa por lo que fue ni por lo que es, directamente se ocupa y ocupa él, con todo el volumen de su personalidad, los espacios que le interesan.

Es un libro político, sucio, provocador, angustiante, humorístico, desesperante, romántico, pesimista, iluso, transmutador e inteligente. Todo eso junto y al unísono, por eso quema. En definitiva es un libro de “hoy” y nada nos devuelve más al hoy que la urgencia de sentirnos desnudos frente a la mirada ajena, desnudos porque entre tanto cuestionamiento se nos van cayendo las capas, porque en ese perder capas vamos desaprendiendo y entonces nos cuesta más encontrarnos contextualizados, algo que a través de una pantalla resulta fácil o escurridizo.

Es un ejercicio bastante exigente y atractivo ver como todos los extremos conviven en los relatos seducidos y abandonados por los matices dulces y salados, extremos atormentados por la belleza de los matices que son, ni más ni menos, que el movimiento. Estos ensayos también perciben que a veces no hay mejor movimiento que quedarse quieto, observar, recordar, la nostalgia como movimiento o el recuerdo como tal.

Obviemos lo feo que son las comparaciones: en algún punto este libro es el Rey Jareth y nosotros, los lectores, Sarah. La relación del Rey Jareth con Sarah es de las más eróticas y morbosas, no hay moral entre ellos y sí una tensión abismal, sexualmente abismal, con el “¿por qué no?” latente, todo lo dual y oculto que pensemos está ahí, lo interesante y atractivo también, lo desconocido, e inevitablemente con todos estos condimentos hay una lucha de poder. La fantasía se disuelve cuando ella le dice a él "you have no power over me", se disuelve pero no termina ahí porque a ambos les cambia la mirada.

El Síndrome de Estocolmo en todo su esplendor y la ilusión del amor. Buscamos tanto la salida del laberinto como al amor, buscamos tanto que huimos de la salida y de encontrarlo. La sensación al ir terminando el libro era esa, entendiendo en algún punto que la relación Síndrome de Estocolmo por excelencia de estos tiempos es la que tenemos con la web, pero no por la web sino por y desde nosotros mismos, íntegramente nosotros mismos: somos ese laberinto y esa salida, somos el amor y ese amor que buscamos. Somos sexo, somos nazismo y somos astrología. Lo somos en la web, lo somos fuera de la web.    

“En nuestra modernidad siempre está ocurriendo un final (…) y mientras más se lo comenta menos acontece. (…)”.

Sexo, nazismo y astrología de Juan Terranova recién comprado nada tiene que ver con el libro finalizado, realmente es un libro que nos pasa por encima pero el lector también a él, y eso es mérito del autor que abre de punta a punta el juego para invitarnos a jugar.

Resignificarnos es la tarea.

“Lengua, golpe, respiración, vacíos, cuerpo. (…) 

El ritmo nos devuelve a una verdad básica. Está en el corazón que bombea la sangre a setenta latidos por minuto. Está en los pasos que damos cuando caminamos golpeando la tierra. Ahora mismo hay un ritmo…”

Sí, es un libro pasional. 

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| Sobre Javier Delestal |

Artista Plástico Argentino. Dibujante, pintor y muralista, con residencia en Buenos Aires. Su curiosidad empezó de chico copiando a sus dibujos preferidos, y creció en la secundaria cuando conoció el arte de Ciruelo Cabral, entre otros. Luego del secundario, dejó su arte dormido hasta el 2013, donde decidió dedicarse a la experimentación ilustrativa con todas sus variantes.
Ha ilustrado para editoriales, escritores, diarios y revistas (online e impresos), músicos, obras de teatro, y pintado murales por los barrios de Villa Crespo y Palermo.

| Contacto |

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En El recurso humano, Nikolás Mavrakis explora las posibilidades paranoicas de una actualidad donde el único lenguaje que construye realidad está hecho de spam y firewalls.




Si el ‘fervor previo’ es la condición de lectura de los clásicos, tal vez para leer a nuestro contemporáneos necesitemos su negativo ponzoñoso: la ‘mala leche previa’. Pero a diferencia del fervor (que se resiste a ser refutado, que es autosuficiente, maniqueo, que como mucho cristaliza en resignación), la mala leche puede ser desactivada o transmutada o por lo menos diluida. Cuando semejante cosa sucede, es una muy linda experiencia.
El recurso humano (Milena Caserola, 2014), es una buena novela para poner a prueba esa mala leche. Su posición[1], su forma, su tema, todo se confabula para instigar una lectura masticadora. Pero primero lo primero: ¿de qué va? Veamos: un programador experto en construir algoritmos para predecir patrones de consumo; una novia abogada con la que convive y no se lleva del todo bien; una chica que trabaja para poderosas empresas multinacionales y que para reclutarlo apela a una combinación de sexo anal y oscuras propuestas profesionales. Poco a poco, el programador se va a enmarañar en una red de infidelidad, intereses millonarios y programación freelance. Y como aderezo, una buena cantidad de cavilaciones sociológicas donde Nicolás Mavrakis hace hormiguear con destreza el léxico ad hoc que define el tono[2] de la novela: algoritmo, protocolo, sistema, spam, servidor, puerto, variable, código fuente, etc.
El riesgo de linealidad narrativa es superado con un ingenioso mecanismo, que se explica en la apertura: “Despedazar un diario. Reconstruirlo en orden inverso”. La novela es el diario íntimo del programador moviéndose sucesivamente en dos direcciones: la flecha del tiempo avanza por un lado y retrocede por el otro; derivar y orientarse sobre esas ondulaciones temporales hasta el punto en que las flechas colapsen es la principal aventura que nos ofrece la novela. El lector deberá estar atento al detalle, dejarse guiar por las migas esparcidas —con prolijidad, con sorna— en el bosque embrollado.
Pero vayamos más allá del argumento y la estructura.
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by Rachel Caldwell

Viajar en colectivo


i
 
ver el miedo en los ojos de los perros
ser uno con el fuego
incorporar de a pedazos
como porciones de angustia
retomar hábitos de soldado desertor
retomar hábitos de mujer agazapada
ser uno con el fuego
digerir cantos rodados
y músicas de balcón
ser uno con el fuego
soldado desertor
vestido de fiesta
copas rotas
retomar el cotillón
mujer agazapada
rompe platos
ser uno con el fuego
amor,
qué tan rota estoy ahora?


ii

pidió que le hable
con mi voz
y le hablé de la voz rota
y la difonía
le hablé del miedo al campo
y a los mensajeros
del pueblo


iii

de noche ya no temo
la gente corre
dentro de las plazas
debajo de las luces apagadas
encima del temor
los perros ladran
no se alejan del borde
le temen a la libertad


iv

en la costa baja del sur
respiro la voz que me habla
de la soledad
juntá todas las palabras
formá un bote
ahogame debajo de él


v

hay un carácter de lo morboso
en cada sentencia
de amor
hay una parsimonia
cuasi japonesa
suspirando
todos los pedidos
hay que caminar
bajo la estela
de un bandoneón
uno que salpique hombría
sobre tu pantalón

y tanta envidia
y tanto poder

hay que hablar del fuego y su estela

y quemar el bandoneón
y ser uno con el fuego
y luego quemarme
a mí 
 

..



Cuerpo III

quiero un cuerpo
pero no
simplemente
como un deseo
sexual

no

quiero un cuerpo para usar
para usarlo yo
para comenzar a caminar
para comenzar

quiero un cuerpo

o tal vez un manual

para el mío


nadie entiende
por qué dudo tanto
por qué dudo

camino por la calle
mientras veo
el reconocimiento macabro
y no entiendo
me dan ganas
de gritarles
gritarles mucho
que este cuerpo no es mío

que ya no
lo
vean
más

porque este cuerpo no es mío
y yo no soy yo


..



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En A cielo abierto lxs invitamos a descubrir el mundo de lxs artistas que usan las paredes de la calle como su espacio de expresión. En pequeñas entrevistas, lxs artistas urbanos nos cuentan cómo es la experiencia de hacer del cielo el único techo para que sus creaciones puedan vivir...
Hoy nos metemos en el mundo de Fio Silva


¿Cómo fue que empezaste a dibujar y pintar? ¿En qué momento saliste de la comodidad del trabajo en el taller para llegar al arte urbano?
Empecé a pintar hace tres años más o menos, a raíz de un momento muy triste en mi vida. No sabía qué hacer para sentirme bien, entonces empecé a dibujar y a pintar.
La verdad es que no hice ese pasaje entre el taller y la calle. No tuve un taller previamente a eso, salí directo a intervenir las paredes. Y ese es el lugar que más disfruto y que siempre preferí.

Podemos encontrar tus murales por Zona Oeste, ¿tiene algún sentido especial? ¿Cuál es tu relación con esa zona? ¿Buscás establecer una relación entre el mural que vas a pintar y el barrio en donde va a estar?
Yo soy de Villa Tesei, un barrio de la localidad de Hurlingham. Empecé a pintar ahí y logré generar una relación muy cercana con el lugar. Es mi lugar preferido para pintar, porque creo que es ahí donde tengo algo que gestar, algo que crear. Mis vecinos se ponen contentos cuando ven un nuevo mural en el barrio, y es un lugar que necesita eso: el color, situaciones que generen cosas, ideas, sensaciones.
Más allá de eso, disfruto del pintar en la calle en sí y creo que uno siempre genera una relación muy fuerte con cualquier lugar, porque uno modifica ese espacio y modifica a las personas que pasan y observan un mural, un graffiti, o cualquier intervención urbana.

La naturaleza, y la fauna en especial, tienen un peso grande en tu obra. En tus murales hay algo de surrealismo o expresionismo, animales que adquieren una forma abstracta, secreta, pero sin perder su realismo. ¿Qué lugar tiene el mundo animal en vos? ¿Hay alguna filosofía detrás que querés plasmar a través de tu trabajo?
Siempre que pinté y dibujé, previamente pensé por qué lo hacía, aunque la respuesta fuera corta y poco precisa. Siempre intento buscarle un sentido a lo que hago. Siempre me gustaron mucho las plantas, los árboles, la idea de sus formas, su fisionomía, su funcionamiento. Todo eso me transmitió siempre cosas muy lindas, comparables con el funcionamiento del ser humano y de las cosas en sí. A medida que fue pasando el tiempo necesité expresar otras ideas: movimiento, fuerza, fragmentación, etc. Y ahí aparecieron los animales, nuevos colores, etc. Y por algún motivo que no sé bien cuál es, los árboles y las plantas comenzaron a mezclarse con los animales, formando una sola cosa, complementándose entre ellos.
Y por otra razón que desconozco, cuando veo lo que esa fusión produce, para mí tiene mucho sentido.
El arte urbano es por naturaleza una obra de arte efímera. ¿Cómo manejás eso al momento de planificar y realizar tu trabajo?
Entiendo lo efímero del lugar que intervengo. Asimilo que lo pinto hoy y mañana puede dejar de existir. Sucede que el momento, el hecho en sí de hacerlo, ya tiene un sentido enorme y absoluto. Siempre uno espera que la obra perdure y se mantenga, por supuesto, pero bueno, son las condiciones del arte urbano: la calle es de todos, por eso creo que desde uno hay que gestar un respeto para que todo lo que se haga en la calle conviva.

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A pocos días del comienzo de las funciones de El viento en un violín en el Paseo la Plaza, nos metemos en el universo de ese animal de teatro llamado Claudio Tolcachir para conocer lo que que pasa por el cuerpo de uno de los directores y dramaturgos más importantes del teatro independiente argentino.





Casi nunca pasa nada y estamos acostumbrados a eso. La vida humana consiste en una serie de acontecimientos ínfimos, inocuos, repetitivos, intrascendentes. Pero a veces (muy pocas veces) se produce una pequeña alteración en la serie de lo banal. Un pequeñísimo desvío. La bifurcación imperceptible que abre otra dimensión en la realidad. El error en la Matrix. Lamentablemente, esos instantes solo podemos descubrirlos mucho después, en retrospectiva, con el diario del lunes en la mano. ¿Qué hubiéramos pensado en el 2001 de ese desquiciado que había abierto en su PH de Boedo un espacio teatral con un nombre estratégicamente pensado para que nadie le tocara el timbre al vecino? La necesidad artística y vital básica de un grupo de actores (tener un espacio para poder ensayar y mostrar lo que hacían) conduce a una decisión pequeña, inocente y hermosamente delirante: ¿cómo adivinar que ese gesto imperceptible era una alteración en la serie de lo banal? ¿Cómo darse cuenta de que ahí se estaba gestando una nueva dimensión para el teatro argentino?
Hoy, más de una década y media después de ese comienzo, Claudio Tolcachir y Timbre 4 son referentes imprescindibles a la hora de hablar del teatro independiente argentino. Uno podría preguntarse cómo se llega a eso. Y la respuesta es muy simple y consiste en reunir cuatro ingredientes fundamentales: compañerismo, pasión, trabajo, calidad. Sí, hoy tenemos el diario del lunes bajo el brazo y sabemos: el teatro argentino no sería lo mismo sin Claudio Tolcachir. Y también sabemos que 2014 fue su año: La omisión de la familia Coleman esa flor que germinó en una tierra abonada con esos cuatro componentes explosivos y perfumó teatros alrededor del mundocumplió diez años y se despidió aterrizando y conquistando a sala llena el circuito comercial de la calle Corrientes. También estrenó Emilia, una obra perturbadora, delicada, llena de silencios y venenos. Y también llegó con Tercer cuerpo al Magarita Xirgu... y también y también y también... ¿Cómo seguirle la huella a esa máquina teatral imparable?
Para poner un pie en el 2015 sin olvidarnos de lo que dejó el 2014 teatral, para enterarnos de lo que piensa y siente ese animal de teatro llamado Claudio Tolcachir, les (y nos) regalamos esta entrevista.

La omisión de la familia Coleman
Ningún referente se siente nunca referente… pero, mal que te pese, sos actualmente uno de los referentes más importantes de eso que se suele llamar escena teatral independiente. ¿Sos consciente de tu influencia en esa escena? ¿Cuál pensás que ha sido tu aporte más importante al teatro independiente?
La consciencia la recibo cuando el público, alumnos, compañeros me dan sus devoluciones de la forma más sincera posible. No sé qué lugar tengo o en qué lugar me ubican, solo sé que el teatro es mi pasión y que a través de él aprendí a disfrutar con mis amigos de este camino. Es realmente emocionante saber que algo que uno escribe pueda ser parte de tanta gente y que apoyen la obra, que esperen a los actores a la salida para felicitarlos y contarles sus historias a partir de un disparador que encontraron en la obra. No puedo decir cuál es mi aporte, solo decir que si hay alguien que se moviliza por un hecho artístico, ya es un gran logro.

El viento en un violín
En un hipotético árbol genealógico artístico, ¿cuáles serían tus raíces fundamentales? ¿De qué ramas te fuiste colgando para alcanzar tu lugar en el árbol? ¿Cuáles son las frutas que fueron naciendo en ese camino?
Mis raíces artísticas, mis amigos, mi familia. Con mis amigos comenzamos este camino, y no paramos. Mis ramas son ellos, somos nuestro sostén. La mejor fruta es el vínculo, la construcción que juntos fuimos armando. Más de diez años ininterrumpidos de trabajo y convivencia. Diez años de vivir en estado de agradecimiento y felicidad. Coleman es mucho más de lo hubiéramos podido imaginar en cuanto a resultados. Yo nunca quise tener un teatro. Ni una escuela. Ni nada en particular. Como la mayoría creo, yo siempre quise poder trabajar de mi vocación, sentir algún reconocimiento por mi trabajo y sobre todas las cosas pasarla bien. Lo mejor que me paso fue encontrarme con mi grupo. Ellos son todo para mí. Y todo lo que vino fue resultado de esa alquimia. Pero sin ellos nada de esto tendría sentido ni sobreviviría.

Tercer cuerpo
A partir de la experiencia de haber hecho crecer un espacio como Timbre 4 bien desde abajo, ¿cuál dirías que es el ingrediente fundamental para construir un espacio cultural independiente?
Jamás diría qué hay que hacer y qué no, pero siempre destacaría la pasión. Siempre hay que seguir trabajado arduamente para mantener viva la llama de la pasión por lo que uno elige hacer. Sea la disciplina o área que sea. Si es lo que uno siente, hay que luchar para hacerlo y conseguir desarrollarlo. Con obstáculos, como todo, pero siempre con pasión. Ese es el ingrediente que no puede faltar. El resto es condimento.

De todos los lugares inciertos e inestables en los que te movés (sos dramaturgo, director, actor, docente) ¿cuál sentís como más riesgoso y por qué?, ¿cuál te provoca con más intensidad ese miedo creativo que termina convirtiéndose en orgasmo artístico?
El que más amo, y el que más riesgo siento que tiene es el de la pedagogía. Los alumnos son los que te guían en la enseñanza no solo a nivel profesional, sino en la vida. Ellos son los maestros del maestro. Cuando veo a mis compañeros crecer y desarrollarse entiendo que tiene sentido.  Absolutamente tiene sentido hacer lo que hacemos y lo que hicimos. También reconozco que me encanta esta mescolanza de lugares (dirigir, actuar, escribir, dar clases). Si no me aburro.

Emilia
Aunque la etiqueta “Claudio Tolcachir” refiere a un individuo, podríamos decir que ese “nombre con renombre” es el producto de una larga construcción colectiva a la que siempre pusiste como condición fundamental para tu teatro: ¿cómo fue cambiando tu forma de laburo a través del tiempo para ir enfrentando siempre de manera colectiva los distintos desafíos, las distintas etapas?

Justamente para mí el tema está en no cambiar. La esencia de lo colectivo, del trabajo en cooperativa es lo que mantenemos como premisa en nuestras producciones. Este año dimos el salto al circuito comercial, pero con la misma lógica que nos acompaña hace 10 años. El trabajo en cooperativa, con producción independiente en circuito comercial y encima de autor argentino. La modalidad nunca cambió, y espero que nunca tenga que cambiar, porque es así como funcionamos y cómo queremos que esto siga adelante.

Mirando hacia atrás y haciendo un balance desde los inicios de Timbre 4 y “La omisión…” hasta llegar a la actualidad, ¿podés percibir que existe un núcleo en tu poética y en tu política, una esencia que permanece debajo de las mutaciones?
No hay chance de que no encare un nuevo desafío aterrado y con mucha ansiedad. La esencia para mí es estar acompañado de un grupo de trabajo humano, con sensibilidades, inquietudes, que entrega su pasión y se embarca de la misma manera que uno en un nuevo proyecto. Eso ya te brinda la seguridad para ir para adelante y salir a pelearla para que todo vaya de la mejor manera posible. Yo no podría hacer esto sin los compañeros que encontré en mi vida, ellos son mi sostén y nos enfrentamos juntos a cada nuevo desafío. El desafío se encara en grupo, solo no se puede hacer nada. Acá es donde me gusta llegar en cada nuevo proyecto, en mantener el grupo de trabajo de la forma más humana que exista, y eso se trabaja día a día. Lo que nunca termina es nuestro deseo de seguir juntos. Es nuestro mayor placer. Ojalá siga la pasión y el público siga acompañándonos de la manera en que lo hace. Es maravilloso y se agradece.

Última: ¿Qué es el teatro para vos?
Todo. Lo es todo, no me imagino una vida sin teatro. El teatro es lo más divertido de todas las cosas que he conocido. Apasionante, mágico, inabarcable. Y fue mi salvación para conectarme con el mundo. Por el momento no pienso cambiar de rumbo. El teatro atraviesa mi vida. Es una pasión y lucho por y con ella cada día de mi vida.