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Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.


Esta vez retratamos a Mala Ludwig, leyendo un poema-manifiesto en donde consigue concentrar, como si fuera un tratado microscópico, una estética de la sinceridad, la carne y la violencia. Contra una poesía pálida, contra las epifanías falsas, reclama la fogosidad de la artillería, la contundencia afilada del acero. Versos exactos que se suceden en nuestra retina como los movimientos de una pequeña, invencible guerrilla en la oscuridad sedienta de la selva.


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 En su primer libro, Mauricio Koch nos ofrece cuentos donde el humor, la desesperación, el absurdo y la ternura se entretejen en pequeñas ficciones que exploran todas las posibilidades de un género cada vez más vigente.

Por Cristian Franco



Escribir un cuento es, tal vez, uno de los peores masoquismos a los que un escritor puede someterse. ¿Razones? Varias: es un género con una tradición plagada de maestros y de obras que se acercan tenebrosamente a la perfección; es un género donde uno está obligado a agarrar al lector del cogote desde el mismísimo principio y arrastrarlo así hasta el final: una mínima distracción, un trastabillar que afloje la tensión y caput, fuiste; como todo género breve, en un cuento cada palabra que se usa adquiere un peso de entre diez y quince toneladas, además de erizarse como un cardo electrificado; y encima, es un género al que no hay justificación pseudoestética que lo salve: si no funciona, si cuando el lector llega al final no se desbarranca en una revelación que sea como un balazo en el medio del pecho, entonces no hay consideración sociológica, psicológica, filosófica o biográfica que valga: un mal cuento es, sencillamente, una repugnante pérdida de tiempo. Knock-out o nada… eso diría Cortázar, uno de nuestros maestros del género (mal que le pese a esa avispadísima intelligentzia posmoderna que zumba y pulula y se reproduce en las facultades de Letras).
Bueno, entonces a lo nuestro: El lugar de las despedidas, de Mauricio Koch (La Parte Maldita, 2014). 17 cuentos. No es un mal número para un primer libro. Sucumbe, eso sí, a una tentación venenosa:  juntar en su interior cuentos que coquetean (a veces exitosamente) con registros muy diferentes entre sí. ¿Un riesgo admitido y enfrentado? Tal vez. En todo caso, la decisión ofrece una ventaja nada desdeñable: el fulgor vacilante de los buenos cuentos (“Cenizas”, “El tío Difícil”, “Herna o el amor como urticaria”) resalta mucho más al contrastar con la correcta palidez del fondo.
El amor, la muerte, la infancia, la soledad, el fracaso, la decepción. Estos son los temas que sobrevuelan sobre los cuentos de Mauricio Koch. Y para tocarlos, para al menos rozarlos con las yemas, Koch elige casi siempre el humor. Otra decisión complicada: cuando el humor funciona, es un gran aliado del narrador; cuando no, la inocuidad y la inexistencia corroen cualquier buena intención… Y de buenas intenciones está empedrado, más que ningún otro, el camino al infierno de la literatura.
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

foto: Nat Motorizada


[Auto-semblanza]

Soy la Rusa Hija de Puta. Soy terca, cabrona, buena persona. Me gusta  tocar, coger, dormir, comer, andar en bici, fumar flores y emborracharme. No me gusta tener jefes, no me gusta ir a trabajar. Pienso que el mundo es un asco, está lleno de gente cobarde pero aprendi a rodearme cada vez de mejores personas y tener clemencia con aquellos que no se animan a vivir la vida de verdad. 

1.¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Guitarra o teclado en mano o andar en bici.

2.¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito? 
Larry David

3.¿Qué talento desearías tener?
Poder acordarme de nombres , ya sea de la gente o de películas y libros.  

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Trato de no aferrarme a las cosas, son cosas. Me gustaría de a poquito desprenderme de todo, asi puedo volar más alto.

5-¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
Intentar ocultarla.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
La valentía y la sinceridad

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Soy bastante tirada para abajo.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
No existe, es algo que nos inventaron para que compremos sillones, tengamos hijos y nos casemos. Es la falsa persecución de algo bueno en esta vida. Cuando la gente no sabe lo que quiere, piensa en la felicidad, y en base a eso, entrega su vida a cambio de dinero. Antes que felicidad prefiero decir fuerza y alegría.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Los fantasmas o espíritus.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Considerando la pregunta anterior sobre la felicidad, ahora estoy en un momento hermoso. Trabajando con amigos que adoro con el alma, haciendo lo que amo, viéndonos crecer.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
Alright de Supergrass o Clint Eastwood de Gorillaz.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Uy no se me ocurre. Muchas canciones tienen sus tiempos en que cansan de tocarlas tanto o estoy alejada del sentimiento que me hizo componer la letra o a veces como banda nos aburre tocar algún tema, lo retiramos de la lista por un tiempo y después lo metemos otra vez. Si no sale con amor sincero no lo hacemos. 

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Bueno, por suerte no me lo cruce todavía.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Dibujos animados de  Félix Romeo. También La Incógnita del Hombre, de Alexis Carrel, porque me recuerda a mi abuelo Martin. El mejor hombre que conocí en vida. 

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Los Rusos Hijos de Puta

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero? 
A Julian Desbats, asi se hace Zombie y nos podemos besar si problemas.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Claro que si, sale del alma y eso es tan puro que es justo. Lo más difícil es escucharse el alma. Una vez que eso se logra, se dice y punto.

[Contacto]
Losrusoshijosdeputa.bandcamp.com
https://www.facebook.com/losrusoshdp
Twitter: @Rusoshijosdeput
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En A cielo abierto los/as invitamos a descubrir el mundo de los/as artistas que usan las paredes de la calle como su espacio de expresión. En pequeñas entrevistas, los/as artistas urbanos nos cuentan cómo es la experiencia de hacer del cielo el único techo para que sus creaciones puedan vivir...
 
Hoy nos metemos en el mundo de Cuore (Carolina Favale)




¿Cómo empezaste a pintar en la calle? ¿Qué te motivo? ¿Por qué elegiste el muralismo como forma de expresión?
Empecé cuando todavía estaba estudiando artes visuales. En principio, tuvo que ver con una decisión ideológica y política. Con el hecho de llevar la práctica al espacio público y que la gente no tenga que acercarse a una galería. Después, con el paso del tiempo y adquiriendo cada vez más experiencias, fui entendiendo que es la práctica y el medio que más se acerca a mi realidad, porque considero que es el espacio más sincero donde puedo desarrollarlo. En la calle una persona deja de ser un sujeto individual y pasa a ser un sujeto colectivo.

¿En qué lugares comenzaste a pintar? ¿Hasta dónde te llevaron tus murales?
Empecé a pintar en mi barrio, Boulogne, que queda en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Es sorprendente, porque  gracias a este oficio tuve la posibilidad de viajar bastante y conocer varios lugares, sin la intención concreta de conocerlos. Surgen invitaciones, pero no son viajes que se planifican. Simplemente, sucede. Estuve en varios lugares de la provincia de Buenos Aires, en Salta al norte de Argentina, en Ecuador, Uruguay, Perú y recientemente en Estados Unidos.

¿Sentís que hay diferencia entre exponer una obra en un museo y exponerla en una pared?
Sí, hay muchísima diferencia. En la calle el intercambio con los/as espectadores es más espontáneo, sincero y fluido. En una galería la gente prácticamente no se acerca a intentar conversar o preguntarte sobre la obra. Considero que el espacio hace mucho a la dinámica. En una galería se invita a la gente a que venga a ver el trabajo y en la calle es lo opuesto: atraviesa la vida cotidiana de la gente. Yo creo que esto favorece a que los roles “artista”/”espectador” se diluyan un poco y que la barrera se rompa, facilitando el diálogo.
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por Ana Catania


Dicen que te casás. Con ella. Que lo harán en diciembre: una boda de verano, iglesia y salón. Y yo pensaba que eras la clase de hombre que rechaza las invitaciones de casamiento de sus amigos, que jamás bailaría un vals, intercambiaría anillos de compromiso, juraría amor eterno. Pero una vez más parece que me equivoqué. Con vos estuve equivocada de principio a fin. Desde siempre.

            La última vez que nos vimos cantabas en ese bar de calle Viamonte. Yo me senté, sola, a un costado de la barra. Ella tomaba fotos con su cámara profesional. Se la veía ágil, graciosa, así en cuclillas. Apuesto a que el vestido blanco le sentará perfecto. Ella es del tipo de mujer que nació para entrar en un traje de novia, y lucir como ninguna la coronita de flores naturales y el velo transparente. ¿Llevará un ramo de orquídeas o de crisantemos? Mi madre dice que las orquídeas amarillas son las mejores flores para una boda.

            Esa noche te vi besarla; tus manos bordearon su nuca. Fue como si me hubieran dado un sopapo en la cara. Me acurruqué dentro del abrigo y cuando fue oportuno arremetí hacia el baño. Con el saco puesto me bajé los pantalones, me incliné sobre el inodoro e hice pis. Traté de contener las lágrimas, algo que se hizo imposible al escuchar el agua que caía entre mis piernas. Luego esquivé el espejo y salí disparada de ahí. Caminé directo hacia la puerta, abriéndome paso entre la gente que saltaba con la banda principal, una de rock.

Afuera estabas vos, apoyado contra una de las columnas. Fumabas lento, trazando círculos blancos en el aire. Me pareció que tu cara se iluminó al verme. Y tus labios se estiraron a más no poder; cuánta provocación hubo en ese gesto. Me abrazaste y te abracé. No me acordaba de vos tan alto. Dijiste gracias por estar hoy. Lo hiciste con una voz demasiado solemne, artificial. Ese impostado gracias por venir que repetirás con los ciento y pico de invitados el día de tu boda. Me pareciste increíblemente lejano, como alguien que se encuentra al otro lado del río. Un punto pequeño, distante, pasajero. Te pregunté qué hacías fumando. ¿No era que lo habías dejado hacía siglos? Dijiste que era el cigarrillo del debut, que antes de salir te habían invitado con whisky, que es bueno para aclarar la garganta. Yo crucé las manos en el pecho sin cruzarlas.

Te pregunté por el cover. Que lo tenía de algún lado. Temptation, dijiste. New Order, claro. Y pensé cuán oportuno. Preguntaste cómo estaba yo, qué era de mi vida: esas formalidades terribles. Fui monosilábica. Repetía te quiero, pero no me animaba. Vos no hablaste de ella. Fuiste superficial, astuto. Perdón. Me esperan adentro. Y frenaste un taxi sin que yo te lo pidiera. Tenés un viaje largo hasta tu casa. Sí, igual voy para otro lado. Se me hace tarde, mentí. Debería haber bajado la ventanilla antes de que el auto se pusiera en marcha, y decirte algo; si tan sólo hubiera sabido que iba a ser la última vez que nos veríamos. ¿Pero decirte qué? Por el espejo retrovisor te vi machacar la colilla en la pared y abrir la puerta del bar.

            Y ahora te casás. Si me lo hubieran contado hace tres años me habría reído como loca. Hubiera sonado tan ridículo como hacer un viaje al Polo Norte. ¿No eras, acaso, el amante esquivo, encantador como una serpiente; el tipo imposible de aferrar; el espíritu libre, desapegado? En el fondo yo no era tan distinta a vos. Cuando nos conocimos te dije que lo nuestro iba a quedar en el orden de lo platónico. Vos sonreíste en silencio. Un silencio perfecto. Me tomaste del brazo y caminamos por Rodríguez Peña, empujados por una brisa de comienzos de otoño. Fue una noche hermosa. Cenamos a la luz de una vela, tomamos vino y compartimos el postre. Nos hicimos confesiones y nos regalamos cosas mutuamente. En ningún momento dijimos cuánto nos gustábamos.
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Puede ser una imagen de 1 persona y sonriendo


Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.

Esta vez retratamos a Mora Sánchez Viamonte leyendo “Los Cafres”, un poema inédito que logra loopear esos momentos en los que nos encontramos con el lugar propio y nuestro hábitat se confunde con otros espacios más ajenos y parecieran conjugar dos  tiempos: el pasado y el presente donde las líneas de los versos se hacen indistinguibles. Recordar es una manera de hacer presentes viejas sensaciones, las de los veranos noventosos, el mercado de la playa y un cartel de “prohibido entrar con el torso desnudo”, pronto el mercado del presente se desdibuja y en ese punto el poema es un cruce de coordenadas en las que alguien se encuentra para luego perderse entre las góndolas del pasado, que también son un poco los días por venir.   

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El universo de El Perrodiablo se amplia una vez más con la aparición de Cacería, su trabajo más reciente, editado por Oui Oui Records. 

Por Gabriel Feldman

Caceria cover artEl Perrodiablo siempre salió a defender su rancho. Su discografía puede leerse como una carta de amor a ese rock que ya no abunda (y a veces es tildado de demodé): “el ruido ancestral, el de los dientes crujir”, como lo define Ariel Minimal en “La madre de todas las artes”. El límite es Pomelo, los pomelos que pululan. 

En “El bardo”, tercer tema de La bomba sucia (2007), Doma cantaba: “No me digas como, ni dónde, por qué, ni cuándo, sé de qué se trata el bardo”. Años después, en la tan vitoreada “Fito Paez” (Orgía políticamente incorrecta, 2009), dejaba las cosas más claras aún: “No soy la banda de sonido para festejar a tus amigos. No distinguís la calma de la quietud,  no distinguís la latitud de la longitud, no distinguís la pose de la actitud, pues pose es actitud con las piernas rotas y el alma floja”.  Y en El espíritu (2012), seguían insistiendo (como no seguir insistiendo): “Ganas de cambiar algo, ganas de hacer mierda todo, sí tras capas y capas de maquillaje, esconden los caretas, disfraz y camuflaje” (“No califica”).

Cacería, editado también por Oui Oui Records, es un paso más en la batalla. Se fueron a los Estudios ION y con la producción de Gualberto De Orta (guitarrista de normA) que los conoce muy bien y los viene grabando hace tiempo en su estudio de Tolosa, conjugaron un sonido donde desfachatez no es desprolijidad. Guitarras nítidas y la voz bien al frente, estridencia y claridad. Cada instrumento en su lugar y una bomba molotov en el rincón. La percusión de Andrea Álvarez, invitada de lujo, hace estallar a “El cristo de los futbolistas” y a cualquier tipo de “Pacto de no agresión”. Una potencia tan cerca de los primeros discos de Iron Maiden junto a Paul Di Anno como de MC5. “Soy un tornado metido en un bolsillo”, repiten en “La guerra psicológica”, sintetizando “Kick out the Jams” y “Running Free” en una frase.  “Seguiré mi ley hasta donde el camino se desviste…”, cantan a coro después, en cuero, con la lanza, el bastón, la rodilla destruida, los pantalones bajos, y los dientes flojos, pero la frente alta para escupirte sus verdades (te guste o no). “El resto del viaje es turismo de voltaje”.

El Perrodiablo no es una banda nueva, ¿cuándo dejás de ser una banda nueva? ¿O eternamente banda nueva? ¿Importa? “No es mi negocio, no es mi trabajo. No estoy acá por un pedazo. No me arrastré por un contacto, para pertenecer a este teatro”, arranca Doma en “Medicina”, con su estilo bravucón. Cada una de estas nueve canciones es un dibujo más en las paredes de las cuevas, donde El Perro honra al sol (“Y si no está escrito, lo escribo yo”, “Chazarreta”). Así son las cosas para ellos, es blanco o negro, no hay tutía, y no es cuestión de formas, como escribió Vicente Luy: O vos me formás / o yo te formo.

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Hair Sequel III Art Print
by The White Deer


Últimos pensamientos de los novios 

Él le aprieta la mano
como si fuera
un revólver.

“¿Qué vamos a hacer -dice ella- cuando lleguen?”
Y mira la línea azul del mar que baja.

Él la aprieta nuevamente. La siente cargada.
No importa.
Piensa que al final la tierra se come a todo el mundo.

De la arena salen
volando las gaviotas
en pequeños estallidos de granitos.

Las olas suben y mueren para repetirse infinitamente. 
Como los hombres.

Siente el roce del pantalón. Levanta la cara.
En el horizonte se acuesta para soñar
la otra cara del Mundo.
Se preguntan al mismo tiempo
cuándo van a morir,
qué día a qué hora,
si en los brazos del otro,
o si los van a matar.
Se preguntan si los van a matar.

Mientras, el sol no derrite las nubes.
A lo lejos suena algo como una piedra que se cae.

Hace frío.
“¿Qué vamos a hacer
cuando lleguen?”

Como dos manchas de témpera, se mezclan abrazados.
En sus ojos pálidos
se ve el reflejo de la certeza,
la concesión de los muertos,
saber todo.

Ella se levanta
y camina hacia el mar.

(Las orlas del vestido dibujan curvas en el aire)

...

Quieto


Quieto.

Hay una chapa que desciende oblicuamente
y se clava en la tierra extendiendo
un cuerpo de óxido.

Quieto.

Hay un perro que no ladra,
y en mi mano
un fusil de retaguardia,
una ampolla del cielo,
un espejo ante la muerte.

Quieto.

Entro al bosque con mi espalda partida
sobre un destino que se traza en el aire.

Silencio.
Alguien pisa la hojarasca
y en su ruido trae al mundo
el horror que nos escapa.

Silencio.

Abro una puerta que chilla
y la luz perfora unos cuerpos en el suelo,
unos que repiten otros anteriores
pero a la inversa.

Silencio. Silencio.
Las manos cubren los ojos
para no temblar tanto,
y la tierra
en las manos
es un canto,
y hay un ruido
y un final.

...

Dejarse

Allá
entre el pasto y los árboles
me traicioné como querías
y después en la luz
me vendiste tu sangre.
No me mires,
ahora soy
un ciervo manchado.

...

Carta a la novia muerta

Hay una foto tuya subida a un estante.
Es la última que queda.
Está formada por pedazos de distintas fotos
que pegué entre sí
y que no forman una imagen, sino una idea
que me mira con ojos estáticos.

Los bordes blancos se superponen.


Ayer llovió en toda la ciudad.

La tierra debajo de la lluvia
es igual en un parque
y en tu tumba.
La tierra siempre prospera.

Ayer
estuve debajo de un techo que cuidó tu juventud
y entendí.
El recuerdo es una delicia
y es lo único que existe.

Algunas sábanas que quedaron manchadas con tu olor.
Algún vestido viejo. Cartas inválidas.

A mí me duelen
todos los cuerpos con los que te amé.

| Sobre el autor |

Valentino Cappelloni nació en Mar del Plata, en 1992. No le pasaron demasiadas cosas hasta que descubrió que quería estudiar cine, así que ahora vive en Buenos Aires absorbiendo película tras película. Como muchos otros, no puede dejar de escribir y tiene que convivir con eso. Hace poco empezó a trabajar y no sabe si estar contento o triste.
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 Osvaldo Baigorria escarba en los 80, una década ambivalente de amor new wave y sordidez post dictadura.  Esta compilación de artículos, publicados en las míticas revistas Cerdos y Peces y El porteño, editada por Blatt & Ríos es un bosquejo con mucho nervio outsider y la versión de los ochenta que más nos interesa: la contracultural.

por Alejo Vivacqua

cerdos y porteñosEn la introducción está casi todo lo que uno pueda decir sobre Cerdos & Porteños. En ella Baigorria explica que las notas que forman parte de este libro fueron escritas en el período que abarca de 1984 a 1987, en la Argentina de la pos dictadura y en los años en los que volvía al país luego de su exilio en una comunidad rural de Canadá. Cuenta que el escritor Néstor Perlongher, que estaba radicado en Brasil, fue quien primero le mencionó por carta el nombre del director de un suplemento que estaba dirigido “a los minoritarios (gays, feministas, presos, etc.)”, y quien, decía Perlongher, era un tipo muy interesante, un tipo bárbaro que resistía las denuncias de cierre contra su revista. Cerdos y Peces entraría en la vida de Baigorria en el mismo momento en que se acercaba a la redacción de la calle Cochabamba y preguntaba por Enrique Symns, el hombre en el que quedaría representada gran parte de la contracultura argentina de los últimos tiempos, el outsider sobre el que puede explicarse el contexto de un momento de nuestro país.

Las doce notas que conforman este libro sirven como espejo en el que mirarse como argentinos, un retrato de época segmentado en los temas que más parecían preocupar a mucha gente que estaba en movimiento y que no sólo tenía que ganarse la vida, porque como bien explica el autor en una de las anotaciones, “había también que ganar la calle, la cultura, la transición hacia una libertad que merecía que no se diera un sólo paso atrás”.

Desde un perfil de la movida pospunk o del verano del amor hippie en San Francisco, pasando por una crónica del carnaval de Río de Janeiro hasta un ensayo corto sobre el feminismo y la pornografía, Baigorria no deja asunto sin retratar, para confluir, y siempre con el fantasma del sida rondando, en una entrevista con su amigo Perlongher en la que ambos debaten sobre la homosexualidad, la militancia y la represión.

Decir que la Cerdos & Peces era contestaría sería una obviedad, pero decir que la mayoría de sus artículos e investigaciones provocarían hoy, treinta años después, el mismo escándalo en la opinión pública obliga a plantearse muchas cosas. El rol del periodismo es una constante preocupación en Baigorria, del que se ocupa en el prólogo y sirve a modo de reflexión final y tajante:  “Estas notas que me dieron alimento hace casi treinta años, escritas en una máquina Olivetti a las apuradas para llegar al cierre y pasar la factura antes de que la inflación me devorase el importe a cobrar, tienen todo el descuido de la actualidad, aunque no de cualquier actualidad, sino de una en la cual podía practicarse, dentro de un par de pequeñas pero influyentes publicaciones, un periodismo bastante independiente de los grandes medios y el Estado, y donde incluso un humilde colaborador free-lance podía escribir con alto grado de autonomía ante el patrón, director o editor en jefe”.
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Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.

Esta vez retratamos a Luciana Tagliapietra leyendo “Un pez”, poema inédito que puede leerse a través de un cristal partido o recitarse con las voces del mar, como un dictado que llega desde las profundidades a la orilla para tocarnos y herirnos de muerte. Hay un pez naranja brillando sobre el desierto de palabras angulosas que buscan la forma de desfondar la pequeña pecera donde el pez sin nombre flotaba inerte, algo subyace en la quietud de esa pequeña muerte que es una y todas las muertes: una clínica, enfermeras, dolor y cuerpo de mujer. Las cosas van tomando otro espesor, las aguas se enturbian, tejen encrucijadas de esas que solo pueden nacer los domingos, como la idea del suicidio o la ausencia. La palabra aborto es la respuesta a la pregunta que nadie hizo mientras el pez sin nombre volvía al mar.
     
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de los comiqueros e ilustradores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los comiqueros e ilustradores.

[Mini-Bio]


Tatee es Tatiana Torres Álvarez, nació en Colombia en diciembre del 1985.
Como disco viejo tiene dos lados: por uno es periodista y trabaja en difusión cultural, por el otro es ilustradora. Siempre dibujó, a falta de diarios lleno libretas con personas y recuerdos que no quiso olvidar. En 2007 abrió un blog: tateeanita.blogspot.com y ahora sus dibujos están online. 


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te pongas a dibujar?
No mucho, tal vez solo necesito tiempo.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Dean Moriarty.

3. ¿Qué talento o superpoder desearías tener?
Curar dolores y enfermedades.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Mi biblioteca. Son un montón de libros ilustrados, de arte y cómics que he ido reuniendo o que me han traído de muchas partes.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La soledad que trae el individualismo y la soberbia.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en la humanidad?
La empatía.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Mi trabajo es escribir, todo el día leo y escribo. De regreso a casa, en el bus, también voy leyendo algo por lo general... Entonces leer e irme por ahí entre texto, es lo habitual.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Esos momentos que uno pasa con su familia y sus amigos, que no tienen nada de particular pero que son lindos de verdad. También cuando uno ve, oye, saborea, lee o siente algo que te obliga a parar, a girar la cabeza, que es como un corrientazo que se va por todo el cuerpo.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Tener miedo todo el tiempo.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Ayer cuando leí un e-mail de mi amiga Luz Helena, el martes que fui al concierto de Jorge Drexler, hace una semana que visité la exposición del fotógrafo Emmet Gowin, hace un mes que conocí Berlín, el año pasado cuando me gustaba perdidamente alguien y yo le gustaba perdidamente a él.

11. ¿Qué libro gráfico, historieta o ilustración que hayas adquirido últimamente te hubiera gustado dibujar vos?
Un lugar equivocado de Brecht Evens (Sins Entido), Broderies de Marjene Satrapi (L’Association) y Para onde vamos quando desaparecemos? De Isabel Minhóns Martins y Madalena Matoso (Planeta Tangerina).

12. ¿Qué historieta, ilustración o caricatura no volverías a publicar? ¿Por qué?
Un par muy cursis, del cursi feo.

13. ¿Qué disco te hace sonreír?
Mala de Devendra Banhart,

14. ¿Qué otras ramas del arte estimulan tu trabajo?
¡Un montón! La fotografía, la historia, la literatura para niños, el arte en general -el contemporáneo sobretodo-.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
¿Uno solo? A Pedro Infante.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero? 
Jim Sturgess, sólo porque me dejarían morderlo.


17. En tu última obra ¿encontraste la imagen o la forma justa para expresar lo que querías?
Lo último que he hecho son dibujos “porque sí” en una agenda. No son parte de una historia o algo particular, cada uno es un momentico y ya está.

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Una pulsión que viene del centro del cuerpo y desata ilusiones obscuras que alimentan demonios. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el instinto? Las hambrientas, de Pablo Iglesias, es como un látigo que no sólo hace ruido sino que también  hiere y castiga.

por Jorge Carballo Madrigal 

En escena hay un gran pedazo de carne cruda.  De cordero, tal vez.  También hay huesos, tierra en el aire en forma de polvo muy fino, además de moscas y calor.  Seis pares de ojos reparten miradas desde el escenario.  Aquí, allá; entre ellos.  Sonrisa, entrecejo.  Un cuchillo; el dolor de una perra empaquetado en un aullido.  La obra hace nacer a un pueblito ficticio del interior argentino en el que todos se conocen las plantas de los pies, el color de los dientes y el olor de sus pesadillas.

En alguna parte de ese pueblo hay una casa vieja y cansada, y dentro de esa casa, una pareja de hermanos, y una prima tan flaca como una espiga que no deja de pedir comida, amor, y engaño.  El hermano, quien es primo, la consuela con su incestuoso y falso o alejado cariño que se alimenta de pastillitas de menta trituradas con la empuñadura del cuchillo con el que se corta la carne.

“Tenés que aguantar un poco más.  Necesito un cuerpo perfecto que me lleve a Buenos Aires y presentar mi obra en un gran teatro.  Aguantá un poco más.”  Y la matan de hambre.  Todos los días, un poco. Es un plan.  Después de la muerte de los padres es difícil arreglárselas.  Sobre todo con tanto calor, con tantas moscas, con tanto hambre, con  tanto amor, con tanta injusticia.  Aquí se representa a un campo argentino que se drena de idilio y se llena de grotesco: de llagas, de huesos sobresalidos, alcohol, gritos, carne vigilada por las moscas y secretos que todos conocen.  Ah, ¡y brujería! Maldiciones, muertes, enfermedades, dolor.  El campo es crudo como la carne. 

En medio de tanta sensación árida, una cena.  Un novio, y su padre: una esperanza que mueve al deseo.  La hermana quiere dejar de ser solterona, y bruja, como su madre.  Pero el destino es más grande y más mañoso.  Un cuchillo brilla en la escena y luego llora sangre.  Un cuerpo cae más por repugnancia e ira, que por la herida regalada.   El plan: dejar de ser bruja.  Todo se mezcla y aplasta al espectador como un gran pie en un segundo.

Surge la frase “¿Y ahora?” en la mente de los testigos del desenlace de aquella cena, de aquella confesión, de aquel giro.  Y gracias a la brujería de Pablo Iglesias, el dramaturgo y director de esta cocina de sensaciones, el plan continúa. Una penetrante actuación de Camila Palacios, Martín Rey y Valeria Actis, que bajo la dirección de Iglesias, grabará en sus cabezas una obra en que la palabra subsistir se tiñe ocre. 

|Funciones|

Sábados a las 20:30 hs.
Abasto Social Club (Yatay 666), Almagro.
Localidades: $100/ $80 est y jub.
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Cajas de cereales abiertas sin premio, nuevo EP y nuevas formas de escuchar a Antolín en tardes de primavera.

Por Nadia Sol Caramella

Posters de poetas cover artUna constelación de objetos. Un plan bien tramado y a largo plazo. Cada canción de Antolín crea formas sobre fondo blanco. Es imposible hablar sobre su música sin remitirse al universo que fue creando a lo largo de los años y los discos, basta con escuchar canciones al azar  de su Bandcamp y nos remitirán a un imaginario donde los tópicos se repiten y se enlazan de manera aleatoria. En el plano si se quiere más trascendental: lo referido al tiempo, a la falta, al recuerdo como una de las tantas formas del futuro, a la infancia que toma dimensiones extraordinarias cuando se trata de alguna anécdota o algo en lo que se perdió. Los personajes son de los más variados: osos, dinosaurios, pac-mans, nenes de primaria, chicos tristes, scouts, escritores y podríamos ampliar la lista. Estos personajes accionan en contextos mucho más simples pero complejos por su ubicación como en un collage, en parques, campamentos, casas en los árboles, calles, desiertos, campos de golf, jardines y clubes de pelea.  Un despliegue atípico en un mapa onírico, me pregunto cómo podríamos trazar las coordenadas del universo Antolin, dónde ubicaríamos cada cosa.

Un halo de novedad sobrevuela las composiciones, una tendencia hacia lo nuevo pero desde lo viejo. Como si se pudiera reversionar la cultura que nos dejó los noventa y revivirla una y otra vez en una suerte de trampolín que divide el tiempo y el espacio entre una década que nos dejó lo mejor, una infancia llena de iconos pop y música, y lo peor, los vestigios de una Argentina que se consumía en la parafernalia menemista. La sensibilidad de estas canciones se construye desde lo idílico, del paraíso perdido de la adolescencia, desde la mirada de los “Jóvenes y eternos”,  pero no se trata para nada de un gesto inocente. En todo caso hay una tristeza crítica, tamizada por el tono ameno de los recuerdos y la anécdota. En lo triste o en la mirada depresiva, en el buen sentido, supongo que puede haberlo, el dolor es una forma de conocer al mundo, y destruir sus esquemas más ordinarios, es decir, deconstruir la suposición de un mundo en el que todos consumimos algo para ser felices, pero en este caso se da de otra manera, en otra frecuencia. No es el consumo en sí de esos iconos lo que importa, sino el acto con reminiscencia. Esto no quiere decir que los discos de Antolín sean tristes o se queden anquilosados en un tiempo, todo lo contrario su atemporalidad, su ánimo ecléctico, sus juegos con lo pretérito y con lo que vendrá, son algunas de sus mejores ganancias. Se trata de una discografía de la sensibilidad de nuestra generación, un compilado de sentimientos, amores y frustraciones mudadas a canciones.

Para abordar Cajas de cereales abiertas sin premio habrá que remitirse al momento de la primera escucha. Al darle play, el eco de la voz va creando un contexto, que pronto quedará delimitado: una habitación blanca y vacía, que se llenará de objetos con el correr de las canciones. La primera de la lista es “Nostalgia del futuro”, un buen ejemplo de esos viajes en el tiempo, donde lo que da nostalgia, paradójicamente, es lo que todavía no se ha vivido. La que le sigue “Cajas de cereales abiertas sin premio” pareciera estar hermanada con la anterior porque abre y cierra el círculo de la imposibilidad. El ánimo del Ep va a dar un giro en “Platillos voladores en el bosque”, la más lincheana: avistamientos de ovnis, fenómenos paranormales y una premisa: somos “eternos estudiantes de intercambio” pasando por este mundo de estatuas olvidadas. Vuelve el clima tempestuoso con “Posters de poetas”, guitarras espaciales hacen el marco de una historia que es contada desde una habitación y en la que posters de escritores son testigos de alguien que intenta escaparse de su mente, abarrotada de ideas. La constante sonora de este disco son las guitarras casi tan omnipresentes como la voz, bases delineadas por destellos de teclados y un colchón de bajos tenues. Hay novedad estética a nivel sonido  pero que no desencaja con la gama de los trabajos anteriores.

Tomaría un sorbo de coca fría y volvería a imaginar esa habitación blanca y vacía donde no van a caber todas las cosas que cuenta Antolín, pero que por una extraña lógica del equilibrio se van a ir acomodando:  constelaciones de nubes, estrellas y objetos suspendidos sobre aire blanco, en el que también flotan cereales que como platillos voladores atraviesan de lado a lado el cielo que me invente para hablar de este disco. Me quedo con esa sensación, la de contemplar constelaciones en cuartos blancos después de dar el primer play.  
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Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.

Las palabras tienen su propio vértigo. "Titilan" de Juan Xiet, logra hacer de ese vértigo un entramado de urgencias que quedan en pausa como si se estuviera palpando un abismo que no llega. Una mujer bella y fuerte sabe pararse frente a caminos que se bifurcan y pensar un millón de años de respuestas y aun así no necesitarlas. Este poema idealiza a la vez que conquista el imaginario de esa mujer. Aparece una feminidad sin miedo, no lo tiene porque ella es la vida y la muerte. Su cuerpo es una máquina perfecta que logra elevarse y desanudar los enredos de los sueños, porque es acción y  no divaga en lo inconsciente, ni en lo inconsistente, de ahí que el poema tenga la candencia del movimiento porque es el resultado y la acción, la causa y el efecto. Xiet escribe: “me eleva una mujer oscura que salte muros (…)/ que observe a una cucaracha con la misma atención que al fin del mundo/ que sepa que millones de años son ahora mismo/ que crea en las nubes y en el veneno", estos versos son una lista de idearios que logran poblar el mapa de una mujer que pareciera no existir, pero ahí radica el vértigo, en su condición de posibilidad.