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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.

[Mini- bio] 

Pablo Ramos nació en 1966 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Ha publicado el libro de poemas Lo pasado pisado (1997) y las novelas El origen de la tristeza (Alfaguara, 2004), La ley de la ferocidad (Alfaguara, 2007, seleccionada como uno de los mejores libros extranjeros por la revista colombiana Arcadia) y En cinco minutos levántate María (Alfaguara, 2010). Su libro de relatos Cuando lo peor haya pasado (Alfaguara, 2005) obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes (2003) y el primer premio en el concurso Casa de las Américas de Cuba (2004). Ha publicado también la novela para jóvenes El sueño de los murciélagos (Alfaguara, 2009), que recibió el galardón The White Ravens al ser seleccionada por la Jugendbibliotek. Su obra ha sido traducida al francés, al portugués y al alemán. Residió un año en Berlín, en el marco del Programa de Artistas del DAAD.


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?
Hacerse de noche, tarde

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Cornelius Christian, el personaje de Cuento de Hadas en Nueva York, de j p Donleavy

3. ¿Qué talento desearías tener?
El de Chet Baker

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Una fender Telecaster roja del año 80

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La mentira de los intelectuales

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?
La inteligencia acompañada de la bondad

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Colgado 

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Que la felicidad no existe

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
La muerte

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
La felicidad no existe

11. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?
La naranja mecánica

12. ¿Cuál es el peor libro de la última década?
No lo sé

13. ¿Qué texto (cuento, poema o libro) no volverías a publicar? ¿Por qué?
Mi primer libro LO PASADO PISADO, porque es malísimo

14. ¿Qué disco te hace sonreír?
Sonreir, no sé, Los de Zappa? Erik Satie? ponele

15. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Creo que no haría falta salvarlos, deben tener un gusto tan podrido que Godzila los escupiría

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?
Eso no va a pasar

17. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?
No entiendo la pregunta

[Contacto] 
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La fiera, de Mariano Tenconi Blanco, abre la discusión sobre el teatro y su utilización como herramienta política y de denuncia, con una magnífica Iride Mockert encarnando a una mujer-tigre que encarna la sed de justicia de las mujeres víctimas de la violencia de género.

por Cristian Franco


La unánime mélange/ El texto de Mariano Tenconi Blanco tiene una gran potencia, oscilando sutilmente entre la crudeza de los hechos y el humor negro, el distanciamiento cínico de la narradora / Por eso esta obra es tan valiosa como creativa: trata sobre la realidad, hace aserciones sobre la violencia de género y entrega a su público una puerta abierta de par en par hacia la catarsis a la vez que llama la atención sobre lo que ocurre con nuestra sociedad / Desde el relato hasta la actuación están inyectados de sangre y de pasión, sacando a la luz una realidad a la que no podemos hacerle la vista gorda / Abordaron la trata de mujeres y la violencia de género desde un ángulo tan original como poco frecuentado […] al servicio de un teatro que se plantea como político, lejos de la denuncia y también del cinismo / La trata de personas se aborda desde un punto de vista original y nada solemne, con una estética de comic, y eso a esta altura se celebra y agradece / Conmueve hasta las lágrimas, hace reír y por sobre todo reflexionar acerca de temas sociales y políticos que tocan bien de cerca / La fiera es una obra conmovedora y política. Porque se permite jugar con temas de peso y lo hace de un modo arriesgado.
Listo. Creo que se entendió.

Un breve comentario sobre la  unánime mélange/ La unanimidad celebratoria puede ser muy dulce. Un aplauso sostenido que se vuelve melodía sedante, bálsamo, madriguera cálida y mullida. Una droga suculenta y en apariencia inofensiva. Por eso, mucho cuidado. Porque cuando todos coinciden, cuando todos asienten y festejan, el artista tiene que ponerse en guardia. Tal vez mirar hacia atrás. Tal vez olfatear con algo de aprensión. Preguntarse, tal vez, si no hay una falla, algo que no está funcionando del todo bien… Y si hablamos de un artista que hace arte político, peor. Muchísimo peor.

Los viejos amigos/ La fiera es una obra que incita a la reflexión y a la controversia. Para eso hay que correrse un poco del consenso crítico que viene cosechando y mirarla desde otro lado. Interrogarla. Pelearla. Cuestionar la forma en que reflota y actualiza algunos problemitas de convivencia que arrastran desde hace rato esos dos viejos amigos: el arte y la política. Porque hay en eso algo festejable: Mariano Tenconi Blanco no se suma al cinismo obligatorio o la liviandad irresponsable que parece ser el alimento predilecto del arte contemporáneo. Pero al presentarse como teatro político, La fiera se pone en un lugar problemático, espinoso. Aceptar que cumple con su cometido político al comprometerse y denunciar la violencia de género, la trata de personas, es simplificar demasiado las lecturas que una obra de teatro político exige.
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En A cielo abierto lxs invitamos a descubrir el mundo de lxs artistas que usan las paredes de la calle como su espacio de expresión. En pequeñas entrevistas, lxs artistas urbanos nos cuentan cómo es la experiencia de hacer del cielo el único techo para que sus creaciones puedan vivir.

Hoy nos metemos en el mundo de Malatesta...



¿Cómo fue tu recorrido para llegar al arte urbano y al stencil?
Siempre digo que mi primera actividad artística fue andar en skate, porque no es un deporte. En mi época no había pistas, así que se practicaba en las calles, adaptando la arquitectura urbana a nuestras necesidades. También saqué muchas fotos e hice muchos collages en cuadernos. Los aerosoles y el stencil siempre estuvieron ahí, pero un día se volvieron más importantes en mi vida

¿Qué efecto te gustaría que produjera tu obra en la gente? ¿Cómo recibe el público tu trabajo?
La verdad, no sé. No espero nada de la gente, pinto porque me gusta pintar y me hace bien. A veces recibo buenos comentarios y a veces no. Si algún vecino tira mala vibra, me voy. No puedo tener en cuenta a la gente, no sería honesto conmigo. Pero me encanta cuando se copan, tengo hermosos recuerdos de gente sensible a la que la cosas les llegan adentro. Y ahí disfrutamos todos.

¿Tenés temas o ideas que querés expresar o trabajás a partir de lo que te surge en el momento o el contexto?
Siempre la intención primaria es diferente, depende mucho de la situación, a mí lo que más me gusta es improvisar. Con lo que tenga y con las personas con las que esté… Y otras veces voy a hacer lo mío con todo planeado y listo.

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Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.

Esta vez retratamos a Boom Boom Kid leyendo un poema que se escribe como se hace una pregunta en la tierra de la incertidumbre, que es como plantar un árbol y que en ese instante el sol se apague. En la oscuridad se tejen las respuestas más tristes y en la misma oscuridad son reveladas. Este poema es la pregunta que le sigue a toda ausencia, a toda oscuridad y a la vez es el retrato de una escena individual que pronto se vuelve colectiva: la palabra desaparecidos queda rebotando en la atmósfera del poema, entonces la pregunta, es decir el poema, es una dolorosa certeza. 


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A diez años del primer disco de la banda que vino a salvar al rock de las garras de Godzilla y las multinacionales, homenajeamos su aparición como eslabón fundamental de la escena independiente actual.

Por Nadia Sol Caramella


El mató, año 2004




Él mató a un policía motorizado es la banda de mi generación. De los que atravesamos los noventa, el dosmil y la primera década post dosmil. De los que pasamos por el cassette, pero que también tuvimos algún vinilo; de los que vimos morir al cassette para ver nacer al cd, y todavía asistimos a su lento ocaso; de los que vivimos en la era de la música digital, internet y la descarga gratuita. Los viejos amigos de My Space que alguna vez le fuimos infieles con Bandcamp pero que todavía podemos convivir con el universo trackeado de Soundcloud. Fuimos los hijos de Cromañon, de la falopa de Duhalde, de los viajes intergalácticos del ex presidente Menem, vimos morir en nuestras narices a Kosteki y Santillan como vimos cerrarse las puertas de Cemento y descolgar el cuadro de Videla. Pero también somos la generación que vio cómo se colaba desde la periferia de La Plata la banda que vino a salvar al rock de las garras de  Godzilla, del sonido mainstream y los manejos de las multinacionales y sus subsidiarias. Los vimos crecer desde la  independencia más personal, auténtica y artesanal, hasta verlos viajar por Europa a festivales multitudinarios. Incluso compramos sus discos en versiones extranjeras de puro fans que somos, y seguimos yendo a sus recis a encontrarnos con un público cada vez más numeroso.

Ya se habló demasiado de que son un ejemplo de la autogestión y del amor a la libertad del arte. Pero quizá no se dijo cómo su presencia influenció en el desarrollo del arte independiente en todas sus formas. Si hay un circuito es gracias a la construcción colectiva y Él mató es uno de los pilares fundamentales de la escena. Cómo no habrían de ser la banda de mi generación. Si vinieron a decir lo que estábamos esperando y que nadie había dicho por no saber cómo. Ellos lo hicieron mediante una estética personal que nos remitía a una escena que estaba por fuera del rock nacional normalizador y masivo. “En ese momento sentíamos que era algo que faltaba, fue un poco lo que nos motivó a llevar a cabo la banda”, asegura Santi Motorizado. 

Tapa del compilado Hank: get dress for success
No se trataba de hablar solamente del fin del mundo sino de decirlo así como ellos lo dijeron, de esperar el Armagedón como a una fiesta de los muertos, del desapego. Fuimos una generación lista para disparar nuestros rifles. Y derribar a los zombies de una cultura que nos quedó vieja. Habíamos visto Zeitgest y el trueque, habíamos flashado con las predicciones maya en el 2012,  nos reímos y un poco creímos eso del cambio de década, allá cuando en el 99 se decía que algo iba a pasar por el cambio de dígitos al doble cero: la ruina de las maquinas, el fin de una civilización. Vimos pasar muchas modas, y no tuvimos el desastre prometido ni en el 2000, ni el 2010 y menos en 2012. Somos la generación de los apocalipsis frustrados. El coito interruptus de un mundo que tiene todas las de perder, sin embargo no pierde, porque la plaga de los humanos persiste y subsiste a pesar de la destrucción que genera con su mínimo paso por el planeta. El mató hizo de todo eso la trama y la banda de sonido de lo fuimos y de lo que queríamos ser. Y sino apelá a la memoria emotiva y recordá tu primera vez en uno de sus recis. El sonido sucio y envolvente, una atmosfera vibrante, la oscuridad típica de la escena del recital, un loco en bermudas cantando y balbuceando algo sobre navidades de reserva, canciones sobre sábados y desamor, y terroristas en la copa del mundo. Era una fiesta porque supimos reírnos de la muerte o tomarla con la distancia que requiere toda ironía.