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Presentamos a Eugenia Sasso, una música porteña que toma riesgos en el territorio de la canción. Voz migrante, camaleónica, abandona la pura autorreferencia y se anima a exhibir las tensiones entre hablar y ser habladxs.


Por Sofi Alvarez






Hay músicas que desde el comienzo parecen micro-declaraciones, manifiestos susurrados de una intimidad. La canción se lanza, en ocasiones, como una jabalina que va a clavarse certera, quién sabe en qué parte de otros cuerpos. Una voz, una guitarra y dos o tres minutos (el tiempo de la música no debería tener unidad de medida) suelen ser todo lo que hace falta. Y, también, el silencio posterior, ahí donde se respira profundo pero entrecortado, y sobrevienen las preguntas. Así se siente escuchar a Eugenia Sasso, compositora, cantante y guitarrista porteña, que ya cuenta con dos materiales discográficos en formato de guitarra y voz: Alma Sabe (2017) y Luz incierta de las horas anhelantes (2021). 

Pero decir “una voz” en este caso sería sin dudas impreciso y reduccionista: quizás ayude la palabra “personajes”, quizás sea aún mejor “congregación”, “asamblea permanente”. Al respecto, y en conversación con EI, Eugenia señala: “Me resulta muy inspirador el teatro. En el teatro las distintas partes del artificio (texto, actuación, iluminación, sonido, etc.) están muy relacionadas entre sí, se afectan mutuamente, nada es accesorio”. Sus composiciones no solo escapan de lo unívoco, también acentúan y alertan sobre las fisuras que se esconden detrás de todo discurso de autoridad. Como si la solidez de la figura de la cantora con su guitarra mostrara sus costuras, y se volviera a su vez una lengua bífida, ventrílocua. Como si esas voces que conviven (o discuten) fueran una especie de orquesta que anuncia, por efecto de contraste, el lado más duro de la soledad. 

        Hay destellos de un sentimiento punk en su toque de guitarra clásica, con disonancias que sugieren que algo siempre está roto, frente a la ingenuidad de un mundo que se presupone armónico. En “ilusión”, por ejemplo, “la ropa se achica / los libros no vuelven / las flores se secan / las sumas pueden dar error”. No es precisamente cómodo escuchar a Eugenia, porque en su música nunca está “todo bien”: la canción se despliega como una sonrisa que se deforma y se falsea a medida que intenta sostenerse, rígida, esperando una foto que no llega. 

      El lenguaje sonoro, en ese sentido, se anima a decir con tenacidad lo que las palabras no pueden. Melodías que son voces migrantes, infiltradas, que saben ironizar y hasta parasitar con astucia otros discursos de sujetos repudiables: “calladita”, por ejemplo, lleva al límite este movimiento, con una letra que deja la piel erizada: “calladita / bien quietita / no te alteres / no exageres / relajate, entregate”. Sasso sabe moverse en el vaivén peligroso entre hablar y ser habladxs, busca alternativas para tomar las riendas de la primera persona: “Me molesta qué tipo de discurso toma la autorreferencia: en mi caso, quisiera evitar reproducir esa bajada de línea tan actual de autosuperación y autoayuda, de bienestar individual a toda costa. No coincido para nada con esa forma de pensarnos, y siento que la primera persona en las canciones entra ahí muy fácil. Estén las letras en primera persona o no, entender que son ficciones me permite jugar mucho más”.



| Acerca de la artista |


Eugenia Sasso: compositora, guitarrista y cantante nacida en Buenos Aires. Publicó un primer álbum solista de canciones propias titulado Alma sabe (2017). En marzo presentó Luz incierta de las horas anhelantes (2021), su segundo disco solista de canciones propias, concebidas e interpretadas con guitarra y voz, realizado con el apoyo de la Beca Creación 2018 del Fondo Nacional de las Artes. Su propuesta parte de concebir la canción como una obra integral, en la cual la sonoridad de la guitarra criolla, la voz y la letra están puestas al servicio de una búsqueda poética personal.

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La Feria Migra y la Feria Paraguay presentan una superferia con propuestas gráficas, sellos editoriales, artistas y emprendedorxs. En esta nota, te contamos nuestras recomendaciones para la próxima edición del 3 al 5 de septiembre.


               por Tobías Leiro





Los días 3, 4 y 5 de septiembre, las ya conocidas Feria Migra y Feria Paraguay se unen para dar lugar a una superferia de arte impreso que llamaron Para Mí. Este evento busca poner en valor y dar lugar a editoriales, proyectos y artistas independientes. Contarán con más de 90 proyectos abocados al arte impreso (que estarán presentando sus producciones más recientes), talleres y muchxs artistas realizando lecturas/performance/música en vivo en el Parque la Estación.


Como la feria cumple con su prefijo de “Super”, todos los días habrá muchos stands y actividades increíbles pero, en caso de aquellxs que quieran hacer un recorrido más “programado”, les dejamos algunas de las propuestas que no se pueden perder. Esperamos verlos por el parque y  que se den cuenta de que no somos bots.





Revista Balam

Este nuevo número de la revista fotográfica Balam (¡que ahora está en preventa!)  lleva como título y premisa “Fantasía Latinoamericana”. Con este sintagma en la mente al recorrer la revista unx podrá encontrarse con historias “inexistentes” que se materializan a través de la fotografía. Un “no - lugar” que emerge en respuesta al discurso heteronormado y patriarcal. Esta nueva edición, la número 7, se hace cargo de la construcción de un archivo de deseos e imaginaciones, que es un deseo en sí mismo. Recomendamos no perderse esta revista que pregunta por el pasado, por el presente y, confiamos sea el caso, el futuro de la fotografía marginal latinoamericana. 




Caracol Ediciones

La pequeña editorial dirigida por Nicolás Cuello y Santiago Villanueva se dedica a la investigación y edición sobre teoría, crítica y arte argentino. La editorial tiene como slogan “Libros lentos sobre arte argentino” ,pero, lejos de tratarse de algo negativo, se trata de una de las grandes características de la editorial. La lentitud, en este caso al menos, implica la dedicación de ambxs editorxs a la hora de publicar un libro.





Eloísa Cartonera

Editorial dedicada principalmente a la publicación de escritoras y escritores latinoamericanxs. Como su nombre lo indica, a través del cartón emergen algunas de las encuadernaciones más reconocibles de toda la Superferia. La utilización de cartón como material fundamental nos remite directamente al trabajo que realizan miles de personas a lo largo de las ciudades desde la crisis del 2001. A través de un catálogo conformado tanto de autorxs nacionales reconocidxs como Cesar Aira o Fabián Casas así como figuras pertenecientes al resto de Latinoamerica como Julián Herbert (México) o Enrique Lihn (Chile) dan lugar a una recuperación urbana y literaria. Siempre apostado al trabajo independiente, cooperativo y en conjunto con otros proyectos que aman la literatura.





Belleza y Felicidad Fiorito

Desde el año 2003 la Escuelita y Galería de Arte Belleza y Felicidad se encuentra y realiza actividades en el barrio de Villa Fiorito, Partido de Lomas de Zamora. Siempre orientadas por una perspectiva transfeminista, la galería y la escuela giran en torno a tres ejes: educativo, expositivo y de producción de acciones artísticas.
Belleza y Felicidad ha tenido varias derivas a lo largo de los años, pero siempre se han preocupado por hacer del arte un acompañamiento y camino para lxs niñxs del barrio. La participación en las actividades es gratis y se les provee a lxs asistentes todos los materiales necesarios y, este año, las actividades también se pueden hacer en su nueva sede en Villa Jardín. 



Hiedrah

La fiesta, sello y colectivo disidente Hiedrah ya no es desconocida para nadie. Desde hace 8 años se encuentran convulsionando tanto Capital Federal como el conurbano bonaerense, con su sonoridad bicha que desafía las categorías que se les trataron de imponer. El año pasado lxs encontró, como a todxs, con una situación que prohibió la unión de los cuerpos mediante el baile y el sudor. Enojadxs pero no quietxs lxs Hiedrah nuevamente desafían los géneros y se presentan por primera vez en un formato impreso que promete atentar contra la desesperanza y la ansiedad, a la vez que proponer nuevos modos de encontrarse. Todo esto sin perder la mirada crítica, que así como su irreverencia, lxs caracteriza.


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A las 13:13 de un viernes, Guadalupe Arriegue recibe el mensaje para dar comienzo a esta entrevista. Responde un audio cantando, su letra improvisada dice que el horario la hace pensar en la transformación, el movimiento, y el cambio.


Por Mora Vitali





M.V. ¿Cómo encarás la producción de tus obras?


G.A.: El proceso creativo tiene que ver mucho con la carta de la muerte y la transformación, posterior a la transmutación. El arte, cambiar de vasijas, trasvasar como un fluído lo vibrante, lo creativo. Mi proceso es mucho con otres, compartir, dialogar. Escuchar nuevas formas de pensar y sentir, una forma nueva de existir. Estoy en un momento de mucho cambio. Hay cosas de mis fotos que empecé a cantar, algo de la materia, partícula elemental. 


M.V. Viajar liviana es un deseo muy importante, hay algo de lo leve en la poesía.



G.A.: Ir liviana y trashumante es casi una obligación que me impuso la vida, y estoy aprendiendo, me estoy transformando. Supongo que todes todo el tiempo, creo que se trata de eso todo: el arte, la vida. Estar atenta, escuchar, prestar atención, vivir aprendiendo y jugando en serio. 


M.V. Existen cambios sutiles, cosas que se asientan, de maneras casi imperceptibles, pero fundamentales.



G.A.: El proceso. La obra es lo que pasa entre la idea y la forma en que se publica, como la obra de una casa. Mi proyecto de vida es armar un observatorio, estoy en esa. Todavía no se donde tendrá otra forma, ahora está en Ballester en mi terraza. Me gustaría tener mejor cielo, pero mientras miro y aprendo el que tengo.





M.V. Contame por favor de los astros


G.A.: Es loco esto del cielo. El cénit y el horizonte los llevas con vos a donde vayas. Entré en astronomía en el 2016 con los talleres del planetario, eran un viaje, y yo venía trabajando con fotos microscópicas de cuerpos y cuando vi las astronómicas vi que era todo lo mismo y no paré nunca más. Creo que lo que más me interesa, en resumidas y amplias cuentas, es el movimiento o el ciclo de los cuerpos en el tiempo y el espacio, por eso la botánica, y la alquimia, y los movimientos astronómicos, mucha observación y aprendizaje de cosmovisiones de pueblos ancestrales. Eso sería lo que está en mi mesa de trabajo. 


M.V. ¿Cómo haces para sostener esta flexibilidad conceptual después de la vida académica? Hay mucho esfuerzo por separar las aguas, desde poesía-prosa, literatura-arte, arte-vida y esos esfuerzos taxonómicos estancan bastante.



G.A.: Desarmo mucho la escritura todo el tiempo. Tengo algunos textos escritos, manifiestos deformes que no tienen claro a dónde se dirigen, cuál es la intención que tienen, los junto y desparramo. Mientras hice vida académica hice un taller con Alejandro López, y sigo, desde 2006. Fue mi primer curador también, es un brujo. Me sigue enseñando tanto. Ahora en la escritura, estoy haciendo una novela hace unos años y para mi es un gran desafío, pues poeta. Ale presta mucha atención a la gimnasia, al entrenamiento, y las reglas de juego.

M.V. ¿Cómo es para vos la atención? El proceso de observar, de absorber. ¿Se aprende a prestar atención?


G.A.: Sí. Gimnasia y entrenamiento, como el kung fu. Todo se aprende. Yo soy una esponja también, tengo que esforzarme para que no se me peguen los acentos de las personas. Creo que es clave el placer, conectar desde el deseo. Es lo que más le agradezco al feminismo de todas las cosas que me dio, el placer de sentir el aire en la boca, cambiarlo de vibración. 

M.V. Hay algo del autorretrato que pasa por ahí, y de la performance.


G.A.: Siempre vi la performance como algo lejano y a descubrir, hasta que este año hice una  residencia con Paula Herrera Nobile, a quien admiro, y que trabaja con la palabra y lo escénico. Nunca había ido ni a una clase de actuación, e hicimos ejercicios de improvisación. Yo era más nerd detrás de cámara… Pero después en la carrera de Letras armábamos recitales de poesía, y leía en vivo haciendo performances. Yo leía los poemarios en recitales en el Bajo Flores, era un exorcismo de Puan para mí. La facultad me enseñó tanto. 

El error y mejor, la errancia, son parte de mi poética. Estoy haciendo hace años un conjunto de poesías visuales basadas en actos fallidos, y son hermosas. El manifiesto dice: dejame errar dice el actor adentro mío. Aprendí que el teatro es un ritual, y hay mucho de ritual en lo que hago.




M.V. ¿Sos de saber cuándo está terminado algo?  O podrías seguir trabajando para siempre sobre una misma pieza?


G.A.: Segunda opción. Como todo tiene la misma fuente, siempre es moldeable en un lenguaje nuevo, pero hay algunas cosas que ya dejé atrás. Mi primer poemario, Catequesis, fue solo eso. Un libro de artista con poemas y fotos, y no lo seguí, aunque tal vez esté siempre trabajando la misma materia con distintos nombres.

M.V. Contame de alguna obra que ames mucho


G.A.: El pan caliente son las Constelaciones Oscuras. No las fotografié bien montadas aun. Es un mural hecho de astrofotos de cielos latinoamericanos, que muestra constelaciones de pueblos originarios. Está todo en proceso de formación, vamos a ver cómo se porta. Sale a la cancha primero el cielo guaraní, y estoy escribiendo sobre eso. En la constelación andina se ve un animal de cuatro patas, corriendo en un bosque de chañar. Yo veo una yegua, obvio. 

Lo estoy pegando con mis calendarios lunares y algunas cosas que empecé a pintar. Me fui de nuevo al grabado. Salí de la foto digital en los cielos por recomendación de un imprentero sabio de NYC que me aconsejó. Ahora estoy jugando con el aerosol, y entré en una residencia de grabado por su culpa, vamos a ver qué sale. El material sensible del cielo estaba pidiendo otras técnicas de impresión de imagen. 

Mi baby que me acompaña y todavía no mostré siempre se está transformando. Lo empecé en 2013. Se llama Expiación y es un codex. Tiene foto digital, grabado, antotipia, manuscrito, ilustración, y otras yerbas. 





M.V. ¿Y de los trabajos que tenés en circulación?


En el orden de las piezas terminadas, está el fotopoemario Revuelta, y un díptico que funciona como su satélite o epílogo. Está impreso en risografía a dos tintas y cada una es una hoja A3, y tiene una foto y un poema: Los cantos de Omar. El laburo entero es de elaboración de 2008 a 2018, y esta obra la hice en colaboración con Maga Fumagalli. Hay una referencia a la poesía de vanguardia latinoamericana, y los caligramas de Apollinaire. Revuelta es un canto épico tipo Maldoror o Altazor de Huidobro, pero con dos pibas y hecho cumbia. Texto y fotos surgieron de la imposibilidad de recuperar las fotos de un verano mágico y místico de aprendizaje. Se borró la memoria con los rayos x, eran mis primeras fotos de cámara digital reflex, y decidí volver con la analógica y reinventarlas. 





M.V. Contame una clave de la vida.


G.A.: No hay una sola respuesta correcta. Tarde mucho para descubrir eso, tuve que leer un montón para darme cuenta que lo importante era poder elegir. Trabajo mucho esta idea en Multiverso, una obra que estoy por elaborar en formato libro. Por ahora es formato A4, dos cuadernillos que se juntan en el medio, como un mazo que se mezcla, porque yo buscaba algo más desplegable después de la residencia de performance, y pensando en el concepto de rizoma. 


Con el trabajo de los cielos trabajo mucho en el tiempo, mis titulares próximos son: 


El tiempo es nuestro.


El futuro es ancestral.


| Seleccion de obras de la serie Multiverso








| Acerca de la artista |

Guadalupe Arriegue nació en Buenos Aires, en 1986. Es licenciada en Letras, poeta, fotógrafa e investigadora. Realizó exposiciones individuales en Argentina y España. Participó en diversos festivales, congresos, seminarios y talleres internacionales. Realiza curadurías, publica ensayos en revistas de arte y asesora archivos patrimoniales y bibliotecas. En la actualidad trabaja en un proyecto de arte y astronomía con cielos y mitos latinoamericanos, visitas a observatorios y trabajo de campo en sitios arqueológicos.



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Micaela Kessler nos presenta la obra de Mariana Suozzo en un libro fundamental para entender nuestro contexto actual y poner en discusión qué lugar ocupa la ciencia ficción en un mundo pospandémico.


Por Micaela Kessler




SUOZZO, MARIANA - Mark en el espacio / Día tras díaEn el año 2020 tuvimos la suerte de contar con la publicación de dos libros de Mariana Suozzo, cuando la editorial litoraleña Neutrinos apostó por una edición doble de los libros Mark en el Espacio (publicado por primera vez en 2007 por la editorial Huesos de Jibia), y Día tras día (que tuvo su primera edición en 2009 por Colección Chapita, y una segunda edición aumentada en 2014 por Neutrinos).


La ciencia ficción en el siglo XXI pospandémico es parte de la experiencia diaria, parte de la experiencia surrealista de estar vivo. Ana Inés López escribe sobre Mark en el espacio que “[l]a poesía no nos tiene acostumbrados a la ciencia ficción”. Sin embargo, y con los grandes cambios que atravesamos estos últimos años a nivel mundial, ¿podemos seguir hablando de ciencia ficción? ¿Qué es lo que no parece ya una experiencia de otro mundo? Los poemas nos llegan desde la profundidad del espacio, desde lo que está tan lejos que solamente podemos llegar a ver en forma de cometa u objeto que desciende en llamas. Un pequeño momento de esplendor que captamos en medio del movimiento puede ser una certeza: “un pájaro en cualquier lugar es la misma cosa con plumas” (Poema IV de la serie Mark en el espacio).


Los poemas están atravesados por la corporalidad. La poesía aparece como un ejercicio de la presencia, nos invita a mirar alrededor: en un intento desesperado por relacionarnos con el mundo, encontramos seres ensayando formas a través del tiempo. Además, el ritmo poético acompaña las escenas, cristalizando la línea recta de una ruta de vida, anhelante de desvíos. ¿Qué pasa si hoy no llego a casa y qué, si no puedo hacer otra cosa más que buscar un hogar? La mirada de un astronauta que flota. “Flotás: sin nada arriba ni abajo, / es lo más parecido a permanecer en el agua / pero en el espacio no hay nada que empujar” (de “Poema VII”). Esta mirada coincide con la de los seres que habitan los poemas de Día tras día: “de un momento a otro no pertenecer a la ciudad / parece fácil, abandonar la arquitectura / estricta de la calle es una posibilidad” (de “El Recorrido”).


Mark en el espacio / Día tras día - Mariana SuozzoEntonces, la ciencia ficción de hoy puede encontrarse en abrazar la melancolía por las cosas que ya no pueden existir, en la angustia por no saber qué somos y en un porvenir cargado de verbos en futuro condicional. En el primer poema de la serie Día tras día, titulado “Roberto”, encontramos versos como “deberías comprender, estoy sufriendo”, “sería tan feliz si aparecieses por mi casa / casi como si no te esperase me darías una sorpresa”. Este tipo de verbos no solo expresan posibilidad, sino también esperanza. Un yo lírico pidiendo deseos a cada estrella fugaz que pasa. Si buscamos en Internet la primera definición que encontramos sobre el futuro condicional dice así: “El condicional es un tiempo imperfecto (...) se refiere a una acción que hipotéticamente se realizó en el futuro”. Mariana nos invita a preguntarnos: ¿qué nos queda del futuro sino lo hipotético?


Por eso la dialéctica adentro-afuera / yo-mundo que se juega en cada poema es brutal, de un existencialismo tan actual que rompe las barreras de lo fatalista para hablar de la vida, de la experiencia de vivir y habitar el propio cuerpo día tras día en relación con el mundo. La sensación de girar y volver a girar sobre el mismo eje, la sensación de habitar un sueño. Cuando nos preguntamos qué entendemos por espacio no podemos evitar preguntarnos también qué forma parte del adentro y como nos relacionamos con el afuera: “¿Cómo puede una hazaña romper/ un récord mundial y al mismo tiempo/ convertirse en un salto ordinario/ al interior de uno mismo?” (Poema El Salto, serie Día tras día). El cuerpo es la base de la existencia y Mariana supo ponerlo en crisis para hablarnos de nuestro tiempo.


Los poemas de este libro trascendieron el tiempo y el sentido, de una ciencia ficción tan actual y tan personal que rompe el marco del género para entregarnos una visión del mundo donde la simpleza de lo cotidiano nos llega como una visión desde el espacio exterior, une poeta flotando por el cosmos con los ojos fijos en el planeta Tierra.



...



De Mark en el espacio, serie homónima:


I


Si en medio de la noche se dispersa el humo

y en la cama hay bichos bolita

o en el sueño arañas, si encendés la luz

y todas las habitaciones de la nave permanecen oscuras

el incendio puede pasar desapercibido

en la luz de otros fuegos

porque en el sueño hubo bichos y en la cama arañas

y muchas veces encendiste la luz y todo permaneció oscuro

pero nunca algo en tu habitación ardió

entonces te desplomás como un fruto maduro sobre la cama

sumido en vaya a saber qué sueño sordo

y un poema increíble comienza a crecerte en el pelo

se enreda cubriéndote por completo el cuerpo

y de pronto se hace el día y otra vez la noche

y luego el día y la noche sucesivamente, sin pausas

te ves como un astronauta espiando por la escotilla

la mirada fija en nada ¿quién otro ibas a ser?

¿el hombre araña? ¿la chica de la boletería?

fruncís el ceño, torcés los ojos y te das cuenta:

la alegría es una cosa extraña

en tu paseo por el espacio le escribís a tu amante

que continuás sintiéndote terriblemente solo.



De Mark en el espacio, serie “Escritos por la anécdota”:



I

Es posible que esta noche tome vino

uno nunca sabe, puede venir una ola y taparnos a todos

aun estando lejos de la costa

el agua puede llevarnos junto a los demás sedimentos

y devolvernos a una playa (en la que nunca hemos tomado sol)

entonces deberemos aprender nuevamente

cómo lucir un cuerpo dorado

después de una tormenta las calles no pueden ser lo que eran

ni una forma en la arena consigue recuperar su diseño

cerca de la orilla, donde además de ser precisa el agua es inevitable.



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La poeta argentina Bárbara Alí ganó el XXXV Premio Unicaja de Poesía de España por su obra “Memoria fantasma”. En la presente nota nos comparte una selección de poemas inéditos, de próxima aparición en la editorial Pre-Textos. 


Por Rosario Iniesta






En su primer poemario, “La mancha de los días” (Qué diría Víctor Hugo?, 2016, reeditado por Kintsugi en 2020), la poeta nos invita a la atenta contemplación sin esperar respuestas. A partir del uso de la pregunta y de poemas que se van enlazando como eslabones de la misma cadena, la voz poética intenta re-velar un pasado que se encuentra tapado por los materiales del tiempo, deformado por un presente que avanza. La descripción de la mancha es la forma de dar testimonio y de crear, una búsqueda incesante por completar la imagen borrosa de una foto familiar fuera de foco y medio borrada por el tiempo.


En “Movimiento de ida” (deacá, 2020), el viaje interior deviene en cartas y recordatorios para clarificar el presente y barajar de nuevo. “Durante tanto tiempo/el silencio estuvo/en la mirada que dirigida al piso/huía del desastre/Queda/lo vuelto piedra/tan difícil/de ablandar”.


El viaje es entonces, desplazamiento por una geografía interna que busca cartografiar las afectaciones que produce cierto movimiento de alejamiento, de lugares y vínculos. Los recordatorios en el poemario actúan como pasaportes que sostienen una identidad cuando algo comienza a fugarse.


Finalmente, “Memoria fantasma” ( en proceso de publicación por Editorial Pre-Textos, 2021), se sumerge en la re-construcción de la memoria de su padre desaparecido. A partir de juegos vinculados a la invención, el diccionario, diálogo con otros personajes y narraciones de sueños, la poeta busca un relato que se abra paso frente al silencio de la Historia y arme un tejido que sea a su vez hogar y abrigo.




-¿Qué representa para vos la poesía y cuál crees que es el rumbo que está tomando actualmente en el panorama nacional?


Creo en la poesía como un modo de mirar el mundo, de acercarse a las cosas de una forma particular, con la percepción abierta y los sentidos en estado de recepción. Creo que la poesía se vincula mucho con la escucha, con una escucha refinada de lo que nos rodea y que de alguna forma implica (afortunadamente) que desautomaticemos por un rato nuestra forma de ser y estar en el mundo, por eso es un espacio de libertad.


En cuanto al rumbo que está tomando en el panorama nacional, no sabría decir exactamente cuál es, creo que los rumbos o movimientos se ven en un momento posterior, es una mirada en retrospectiva. Sí creo que el presente se caracteriza por una pluralidad y diversidad de voces enorme, que no hay algo así como un movimiento o grupo poético que sea la marca de una época y que esta heterogeneidad, sumada a la gran circulación de poesía por redes, que se viene dando hace tiempo, hacen que el panorama sea de una multiplicidad enorme.



-¿Qué significa haber obtenido este reconocimiento tan importante a nivel internacional?


Este reconocimiento me da una alegría enorme en un tiempo bastante complejo. Por otro lado, es un empujón o una inyección de adrenalina para seguir escribiendo, me vuelve a reconectar con mi deseo de escritura, que siempre estuvo ahí, nunca se fue, pero que se despierta con más vitalidad cuando sentimos que nos están escuchando. Creo profundamente que la poesía se origina de un momento de soledad pero también me parece necesario esa instancia de intercambio con otrxs que se da cuando el material empieza a circular.




| poemas de Bárbara Ali |



En esta historia

un mamut

o varios mamuts

y sus pisadas fuertes

levantaron un polvo

una nube gris

que ensució todos los nombres

y entonces cada cosa

se llamó de otra manera

a la puerta la llamaron pared

correr era peligroso

un abrazo se convirtió en una excepción

un árbol era algo que flotaba

padre, alguien desconocido.


...



Hoy le dije a mamá

quememos el diccionario

y me miró

con la compasión 

con que se mira a los locos.



...


Hoy quisiera tener

los saberes de las brujas

que tuercen el destino

vengándose del tiempo.



...




¿Qué es alguien desaparecido?

es una nube de humo

es un pozo donde alguien grita

que devuelve el eco

de su propia voz

es un lobo gris de pelo seco

es tener las manos abiertas

las manos blancas abiertas

muy blancas       tirantes                     abiertas.




...



Hoy pensé en Alicia

Alicia tras el espejo.

Quiero caer 

por un túnel del tiempo

y despertar con las manos llenas

de cosas del pasado.

Las cosas guardan una historia

adentro de su materia

de madera plástico o trapo.

Quiero encontrar esas cosas

tomarlas entre las manos

asirme a ellas

como a un amuleto

una pequeña verdad.

Quizás si inventara un cuento

de soldaditos vencidos derrotados

de conejos blancos como el de Alicia

corriendo en una pradera

una pradera de pasto violeta.

Hay que aprender 

a alterar el orden de los términos.

Lo real no alcanza.

Ahora pienso en unicornios

en nosotros

corriendo en la playa

en todos los soldaditos caídos

sobre el tablero

en Kafka interrogando

a los guardianes

en que detrás del espejo

detrás del espejo

hay más Alicias

que juegan

hay más conejos y un pasto violeta

hay luciérnagas

y no se esconden

de la noche.



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Reseñamos el nuevo libro de Julia Kornberg, editado por Club Hem para la colección “Sinfonía emergente”, que nos ofrece una perspectiva de la pérdida, el desamor y la incertidumbre con una prosa segura e ingeniosa.


Por Carla Chinski

 

 





Cómo escribir un libro sobre la permanencia de la muerte al mismo tiempo que el mundo se transforma y todo parece caerse a pedazos? En Atomizado Berlín de Julia Kornberg encontramos una respuesta a un desasosiego de la juventud que nada tiene que ver con la nostalgia y todo con el consumo cultural desenfrenado. Con una alternancia entre narradores y puntos de vista, dentro de un relato que se plantea como una distopía—quizás demasiado—cercana, acá nos deja la autora “los fantasmas de [una] generación”. Pero ¿quién escribe nuestras historias? Eso también parece preguntarse Atomizado. Como un (buen) resabio del posmodernismo literario que precisa un poco de un “realismo pop”, la historia que leemos, se nos informa, es parte de un manuscrito encontrado, como una especie de home video o diario arcaico sobre el futuro. 


Cada generación tiene su propia literatura, es sabido. Y cada generación hace lo que puede con ella, más que lo que quiere. La literatura de la nuestra (llamémosla como sea) tiene la forma de un desarraigo interminable: saltos en el tiempo, elipsis, información a medias, referencias culturales sueltas y, sobre todo, se lee como la traducción de una traducción que, a su vez, está traducida a una jerga spanglish que se toma demasiado en serio su propia frivolidad cómica. Ahí es donde Atomizado Berlín entra a la escena. Una primera novela que, lejos de conservar las marcas de un producto primerizo, forja una escritura que no deja de ironizar sin nostalgia, es decir, con una inteligencia envidiable. Todos estos recursos no son defectos en la construcción de la novela. Trabajan a favor de un argumento: la economía de guerra trabaja, a su vez, a favor del olvido. No tanto en contra de la memoria, sino de la escritura misma y sus posibilidades.


  Lo que está atomizado, dice Kornberg, es el concepto de “generación”: quienes nos precedieron (¿los padres? ¿Los ídolos?) perdieron toda la gracia, pero quienes están con nosotros, nuestros contemporáneos (y los que no lo son tanto), también. Todos se están yendo todo el tiempo, a cualquier parte y sin pensarlo demasiado. El duelo se transforma en un trámite, el circuito artístico no es más que un remedio cool con el mismo peso que las drogas de diseño. La destrucción no está afuera, en una ciudad que se derrumba, sino adentro.


  Y otra cosa: el mundo de riquezas es tan ubicuo que trasciende fronteras. Sea Berlín, París o Israel, la vida que nos cuentan de Nina Goldstein—una chica judía de Nordelta—tiene el gusto de un personaje de Cheever, salvando las distancias. Gente nouveau riche pasándola mal. Así, se esgrimen oposiciones que no lo son tanto: vida pública y privada; lucha hacker e intimidad de niña resguardada; el mundo de los afectos y la pérdida de la emoción. Es una novela, por eso, del acontecimiento, “Yo estaba ahí cuando París explotó”, dice Nina. Para Kornberg, parece ser que “acontecimiento” no significa lo que significa por el shock cultural y político que produce (como Cromañón). Es, más bien, un punto en el tiempo en el que la tragedia suspende la ubicuidad de lo frívolo. Es, al mismo tiempo, el valor de cambio de una generación que es incapaz de dar testimonio. Pero todo empieza por casa—relaciones destruidas, hermandades que se rompen, amistades superficiales. La economía de guerra traducida a la economía emocional.


  Yo estaba ahí, dicen todos los personajes, pero ¿dónde? No es una novela que necesariamente haga un llamado a la tan preciada empatía como moraleja, sino que más bien es un llamado para prestarle atención a la desafección, a la falta de sensibilidad que reina en sus escenarios: los boliches, los countries de Nordelta, las inauguraciones. Pero—y esto es lo interesante de Atomizado—la falta de sensibilidad no es mala; no necesita de juicios de valor, ni una cura, ni de un rescate de lo que se carcome el desgaste juvenil. La pregunta es si una novela como Atomizado Berlín va a resistir el paso del tiempo. Quizás sus referencias culturales queden obsoletas dentro de solo un par de años. Pero, precisamente, su resistencia es ésa: ser una novela de su tiempo. 



| Acerca de la autora |


Nació en Colegiales en 1996. Estudió Letras en la UBA y desde el 2017 reside en Nueva York a partir de la finalización de su carrera en la Universidad de Sarah Lawrence con orientación  en Literaturas Comparadas y realiza su doctorado en la Universidad de 

Princeton.