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Impreso  en algún lugar de  la costa del Océano pacífico Sur, “Coca, keta y marihuana” actualiza y redescubre el espacio de la marginalidad social y literaria.  

Por Leandro Rossi


“Queremos yerba”  es la frase que da inicio al relato. Los personajes de esta novela parecen ser adolecentes precoces que transitan la ilustre ciudad de Lima, atravesados por sus adicciones. No hay referencias de lugares tampoco unidades de tiempo, las acciones de los de estos jóvenes nos hacen pensar en un desfasaje constante entre tiempo y espacio.  La experimentación con coca, keta y marihuana, oscurece todo tipo de referencia. Las drogas forman parte de la estética narrativa, termina siendo una forma de contar. Las adicciones, en apariencia, son el motor que hacen funcionar al texto.

Drogadictos, homosexuales, incestuosos son algunos de los adjetivos que mejor describen a estos jóvenes.  Gabriel y Gustavo vagan por las calles limeñas fumando, inhalando dispuestos a despertar a mundo de percepciones que los alejen de su realidad cotidiana.  Ese punto, es el que sitúa a la novela en la marginalidad social; personajes que no encuentran inclusión y están desclasados, vagando, robando para conseguir más drogas. A la dupla de Gabriel y Gustavo se les suma Paty, y entre ellos se genera un vínculo amoroso, un nuevo conflicto: Paty y Gustavo son primos.

La novela engendra conceptos como: marginalidad literaria, marginalidad social, literatura marginal. La lectura de la novela nos atrae a esas definiciones con necesidad de debatirlas, encontrando en la actualidad todas esas aristas de una juventud decadente, gracias a un sistema que siempre los deja afuera. Ahí aparece la literatura para condensar esas experiencias y actualizarlas, para que no mueran en el más absoluto anonimato, ese que nace de la naturalización y normalización de las cosas. Es decir, cuando marginalidad se vuelve algo irreparable, definitivo y obvio.

Como un tejedor minucioso,  Guto Petrovich va cosiendo los retazos que mantienen la autonomía de cada apartado o cada capítulo.  Como si fueran mini-cuentos dentro de la novela, que conectan la experiencia de cada personaje al contexto que comparten. Así, cerrando con un final  que podría ser predecible pero fatalmente inevitable, el suicidio surge como el único destino y redención de los que el sistema va dejando afuera.  


[Más sobre el libro y la editorial]


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Deseo, la obra que articula las contradicciones entre lo natural y lo cultural, el placer y la ley, el impulso y sus restricciones. Las enamoradas, Helena y Casandra, transitarán juntas por los pasajes de una profunda tragedia, el lado oscuro del placer ante los ojos de la cultura.  

Por Leandro Rossi y Nadia Sol Caramella

Deseo “se dice del anhelo de saciar un gusto”, o más bien, una necesidad de poseer al otro, y al mismo tiempo, liberarlo en esa concreción, en esa intuición de la carne. Esta obra como pocas ha logrado volver a la escena clásica pero con un discurso moderno, que se instala a través de ciertas transgresiones de la historia y a través de artilugios teatrales: proyecciones que remplazan la escenografia, y en ese desplazamiento, la imagen cobra vida, se vuelve erótica y onírica. El maquillaje y el vestuario adquieren matices ochentosos, pero a la vez, visten telas blancas o negras de caídas naturales, que delinean cuanto hay de excéntrico y de interioridad en esos personajes. Momentos de danza y jadeos donde los cuerpos pisan fuerte el escenario, irguiéndose para marcarles las coordenadas al espectador. Habrá que ir tras esos gestos, tras ese rito erótico, tras esos movimientos, que parecen una coreografía voguing, aquella subcultura de los suburbios de Nueva York, nacida de las drag queens. A esta altura el espectador no es otra cosa que un voyeur respondiendo a estímulos.   

La recreación visual de la naturaleza, sus árboles, sus hojas verdes y la tierra nos trasportan a los tiempos de Casandra (Federico Castellón Arrieta) y Helena (Lisandro Outeda). Ambas desesperadas por consumar la pasión de sus cuerpos, luchan para defender ese impulso que les es natural. El freno a ese deseo será  Hécuba (Contanza Nacarado), quien lleva en su voz las marcas del discurso de la doxa. Y se ampara en dogmas divinos para impedir la consumación de la pasión entre ellas. La ley, como resguardo de la norma, sigue parámetros que son regularmente sociales y culturales. La ley es lo escrito, lo que debe ser cumplido y respetado; y es lo que Hécuba defiende hasta último momento. Mientras, Casandra y Helena luchan para defender su deseo, el furor de su pasión. Esas sensaciones que nacen de sus cuerpos sin ningún tipo de recato, son las que desbaratan lo establecido, incluso la tragedia misma. Si el espacio de la ley es lo cerrado: el hogar materno. La sexualidad encontrará asidero en el espacio abierto de la naturaleza, entre el verde de los árboles y el olor a tierra húmeda, ahí la diosa Afrodita entrará, amparada por las fisuras del placer, para bendecir los jugueteos femeninos.

El motivo de la tragedia griega está atravesado por lo mítico. Esta obra se desmitifica aunque siga conservando la caída de los personajes principales: Helena y Casandra correrán la misma suerte que Antígona. Igualmente la tragedia conserva su esencia primordial, que es la desesperación ante el destierro, la soledad y el encierro. Deseo, una tragedia griega se instaura como una historia sin tiempo ni espacio, pero es intensamente trágica por eso mismo, porque podría ubicarse en el presente.

Nada en la vida es gratis, ni siquiera desear a alguien. En uno de sus últimos parlamentos, Afrodita (Débora Nacarate) sentencia: “no hay deseo sin tragedia”. Es que no hay sexualidad posible sin ese dolorcito dulce, sin ese ardor que brota del roce de los cuerpos.     

[Ficha técnico-artística] 

Autoría: Lisandro Outeda
Actúan: Josefina Botto, Federico Castellón Arrieta, Jimena Coppolino, Débora Nacarate, Constanza Nacarato, Lisandro Outeda, Paola Traczuk
Actuación en video: Maruja Bustamante
Producción: Calabaza Productora, Luciana Azuaga, Melissa Falter
Dirección de arte: Federico Castellón Arrieta, Lisandro Outeda
Dirección: Federico Castellón Arrieta, Lisandro Outeda
Iluminación: Celeste Aued
Visuales en vivo: Esteban Barreiros
Audiovisuales: Ariel Cabrera
Música original: Nahuel Galassi
Prensa: OCTAVIA Gestión Cultural y Comunicación


[Funciones]
Domingos 5, 19, y 26 de Agosto, 20:30 hs.
Domingos 2, 9, 16 y 23 de Septiembre, 20.30 hs.
Lugar: Espacio Aguirre, Aguirre 1270, Villa Crespo.
Reservas: 4854 1905 – 4857 9669
Entrada general: $40-. 


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Por Leandro Rossi




Alguien me contó que esta novela está incluida entre las lecturas de un curso sobre literatura peronista. Si se encuadra dentro de una producción literaria sobre el peronismo o no, de eso no estoy seguro. Tal vez, pueda ser el resultado del gobierno de un líder carismático, o hasta la decadencia de una forma de gobierno. Pero, sin lugar a dudas, la novela es de una atracción intensa. Cleopatra, una travesti que puede comunicarse con la virgen, predica en El Poso; una villa asentada en Buenos Aires. Quity, periodista de una formación académica fuerte, demuestra sus conocimientos literarios en una experiencia atractiva dentro de la villa, involucrándose con la “hermana” Cleopatra, consigue la historia periodística del año.

El título pone en juego una serie de imágenes simbólicas: la virgen y los “cabezas”. La expresión cabecita negra comienza a usarse a partir del peronismo. Creo que la temática de esta novela gira entorno a la experiencia de vida en un lugar marginal, pero desde la literatura. La experiencia en la villa es el tema fundamental de la novela. Todo un mundo se desarrolla en ese topos que existe, pero que muchos ignoramos cómo funciona. La relación con la figura religiosa de la virgen pone en juego muchos conceptos que tienen que ver con un principio fundamental de la religión: hacer creer. El opio de los pueblos se usa como un conducto de integración en la villa, que debería promover el cambio. O si no es el cambio, una integración a ese modelo religioso comunitario. La propuesta no es hacer de la villa un alter de la sociedad, sino una parte más. La virgen también es cabeza, y tiene sus propios feligreses: Prostitutas, taxi boy, chongos, travestís. Ellos también creen y son parte de la estructura religiosa de una sociedad. Maria, el icono fundamental, tiene su propio formato cultural; está reificada a la manera de la villa; tiene un leguaje coloquial pero también la lírica sobreprotectora de cualquier imagen de la virgen María.  Las plegarias, el alcohol y el sexo, son las características fundantes de esa divinidad y de sus seguidores. La virgen y los villeros tienen mucho en común hasta la falta de voz. En una entrevista para Página 12 la autora afirma que “La Virgen es un personaje muy lateral en la historia evangélica y en la historia bíblica. La Iglesia le empezó a rendir culto oficialmente unos siglos después de constituirse como tal. No forma parte de la Santísima Trinidad, no es Dios, sino un objeto suyo: su incubadora. No tiene voz, no dice nada en todos los evangelios, excepto alguna huevada, como el momento en que le pide a Cristo que les dé bola a ella y a sus otros hijos y él le responde que todos son sus hermanos, y prácticamente la ignora. Es una mujer sin voz en la historia de los Evangelios, y me parece que una mujer sin voz es una oprimida, y sin duda tiene que estar del lado de los oprimidos.”

La virgen cabeza, es un relato en el que la marginalidad aparece en su máxima expresión. Es la puesta en abismo de una realidad ignorada. Pero también una esperanza donde lo diverso y la mezcla entre una alta y una baja sociedad, se sale de las sujeciones sociales. Gabriela Cabezón Cámara está destacando el posible poder de la religión, pero de una religión muy particular, para generar un cambio entre los sujetos sociales.  
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Ni una cita a ciegas, ni “teatro spa”, ni  simple espectáculo: una experiencia sensorial para el alma. En su novena temporada, la compañía teatral Avitantes presenta Ojos cerrados, un juego sensitivo fuera de lo común.

Por Leandro Rossi y Nadia Sol Caramella

“Deben confiar”, indica una voz antes de comenzar. Esa instrucción extraña genera desconfianza, incluso un dejo de temor. Nos vendan los ojos, nos dispersan dentro de la sala. Percibimos que no hay escenario. Perdemos la noción del espacio. El tiempo deja de existir. El despojo es total. Los primeros sonidos parecen una amenaza, pero más tarde asoma lento un aroma a flores y esencias que nos tranquiliza. Cuando las extremidades se aflojan, comenzamos a sentirlos: el grupo teatral invade el espacio emitiendo sonidos incomprensibles.
Ya sentados en lo que simula ser una butaca, nos inquietan ráfagas de viento que nos rozan la piel. Para generar confianza nos entregan un bombón de chocolate que termina por agradar a nuestro sentido del gusto. La obra ha comenzado. Un verdadero viaje para nuestra imaginación que nos invita a que veamos sin poder ver. Se trata de sentir al extremo el lugar al que nos transportan: un espacio selvático, una tempestad que nos arrastra a lo más inhóspito de nuestros sentidos, mientras la lluvia cae sobre nuestro cuerpo, ya sumamente sensible. Más tarde, asistimos a lo que parece una estampida o una guerra, y también a un agradable baile entre esos seres que no vemos pero sentimos cerca. Nos llevan lejos de los asientos para danzar tomados de sus manos. Pero entendemos que el final del juego se acerca.

Ojos cerrados es una verdadera experiencia de teatro sensorial: nos aleja de un rol pasivo para transformarnos en artífices de nuestro propio goce. Avitantes lleva nueve temporadas desafiando lo convencional, apelando a una obra llena de matices, texturas, aromas y sonidos new age que estimulan la percepción. Un juego sutil que pretende armonizar lo que está afuera con lo que vibra en nuestro interior. Sin escenario ni personajes, provocan la reflexión acerca de qué es el acto teatral: una experiencia sensorial, una relación de conexión con el espíritu, o bien, un simple acto que es digno de sentir como lo bello. Aquello que agrada al alma y encandila los sentidos.

[Funciones] 
Jjueves a las 21hs
Viernes y sábados a las 23hs
Entrada: $90
Teatro La Comedia: Rodríguez Peña 1062
Teléfono: 4815-5665
Plateanet: 5236-3000 www.plateanet.com.ar


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El género dramático comprende a todas aquellas obras que tienen por finalidad la representación de una determinada acción en el marco de un espacio físico que funcione como escenario. Sirve de expresión a una determinada visión de la realidad o de la fantasía, ya sea: tragedia, misterios o comedia.
William Shakespeare es como una amalgama de tendencias y corrientes hasta el momento de su aparición, mientras que el Renacimiento florecía en Europa y daba lugar al Siglo de Oro en España, Shakespeare lucha con un gran condicionante y una gran rebelión para montar sus obras, y hasta a si mismo con una gran presión generada por el periodo Isabelino en Inglaterra; bajo el reinado de Isabel había que mantener como máscara la religión católica-romana y por eso es muy probable que Shakespeare haya tenido una formación católica estridente, que luego ha ido fragmentando en sus obras con las influencias al mundo clásico y con los aires propios del Renacimiento italiano.
La cuestión de la autoria no esta desarrollada en esta época, lo cual, permite poner en duda que la producción de Shakespeare sea propia; es muy probable que se hayan colaborado varios sujetos a la formación de una obra. Eso, teniendo en cuenta la gran presión que ejercía tener que producir teatro para la nobleza y para la corona con una inmediatez, casi absoluta.
Sueño de una noche de verano, parece responder a los efectos del período; una mezcla de planos que, en escena, parecen estar bien definidos, pero en el momento de la representación se cruzan; algo que no se había practicado en el período medieval. El plano real es la representación de la celebración de las nupcias de Teseo e Hipólita; donde reside la idea de que en sus nupcias van a ver una representación coordinada por los mismos personajes que están en la escena de la obra. La realidad de este acto va fragmentadose en diversas capas reales que parecen disolverse a si mismas al finalizar cada acto; así comienza a asomarse el plano fantástico, que pertenece al mundo de las hadas y duendes. Este juego de espacios se da en el mismo escenario y en el mismo tiempo, la diferencia radica en que ninguna de esas capas de realidad y fantasía se perciben a si mismas.
Por la misma parte, tiene lugar el conflicto amoroso que se genera por la equivocación del duende Puck entre un amor sincero: Lisandro y Hermia. La suerte de amores no correspondidos es el tema crucial en la obra, que instaura la idea renacentista neoplatónica de un amor idílico mediatizado por las marcas de subjetividad. Una configuración discursiva del amor ya venia daba desde el período clásico; y ya había tenido lugar en Romeo y Julieta, la historia de dos enamorados que atraviesan una frontera de discordia familiar y social para unirse en totalidad. Un tema que ya estaba florecido en la Italia del Renacimiento.
Termina siendo artificioso en el modo de resolverse porque, si bien, Lisandro y Hermia vuelven a fundar su amor, hay una unión que queda forzada por la voluntad divina de Oberòn, rey de las hadas: Demetrio y Elena. Lo curioso es que la historia de Piramo y Tisbe, en Sueño de una noche de verano parece también responder a este modelo en el que se descubren restos de la tragedia griega de tema trágico-amoroso, y del mismo Ovidio en la representación de la obra de las nupcias.
En la obra hay infinitas relaciones que juegan con el tiempo y el espacio para superponerlos como escenas alternas que ocurren en el mismo tiempo, sin poder ser percibidas fácilmente, pero de las cuales quedan restos, o al menos, un resplandor que da el carácter onírico; porque es aquello que no recuerdan los personajes reales al despertar del sueño.
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Seguidilla de puntos blancos, más los géneros revueltos
Las cenizas de los cigarrillos, cuales tan grande nube hicieron,
Pasan las agujas del tiempo, acompañadas por el sueño muevo,
La nueva noche aplaude para volver a empezar, más el termino no lo encuentro.

La noche me sorprendió con ilusiones incestuosas, perturbando mi sueño.

Ámame y; deja que recorra tu cuerpo hasta enloquecer.
Llévame a la locura de los huesos; sin razón arrepentir.
Ayúdame en este deseo, y a detonar.
Alcánzame en mi punto, sin desistir a correr.


Que esta enajenación me lleve al fin.

Ahora distingo lo negro de lo blanco.
Largamente veo los desiertos.
Ahí se agita mi razón humana; y el tiempo.
Perfecto escucho mi eco; que es tu mismo eco.

Nadie más habla de vos.

¿Prohibición?
¿Incesto?
¿Adicción?
¿Realidad o Ficción?

Yo siento tu provocación al deseo; más allá de la locura.

Nuestras gotas, recorren el cuerpo.
Mis ropas en el suelo buscan huir.
Tus ojos miran el vicio del incesto.
Sus semillas siembran la pasión.

Los luceros de la ventana nos muestran a Véspero, la estrella de la tarde.

Si no escribiría esto, se me borrarían tus ojos viejos.
Si tus ojos no fueran de hielo, abandonaría la vigilia por este sueño.
Si este sueño no fuese parte del tiempo, tendría la eternidad del pensamiento.
Si yo no me alejara de lo más sincero, estaría más cerca de lo verdadero.

Despertaría, pero al abandonarte ya estoy más cerca del suelo.

Dido confunde el fatum de Eneas,
Dante pretende acariciar a Beatriz,
Romeo y Julieta cargan con una culpa que no cometieron,
El ingenioso Hidalgo ruega no abandonar la locura, para seguir amando a su Dulcinea.


La literatura es lo que tiene como arte la ensoñación de las palabras.
Y así, nuestros cuerpos seguirán sin conocerse en el plano de lo real.
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´´Es de lo más simple y tonto. Con que uno sea dueño de sí mismo, evitará quemarse´´


En el origen de El jugador hay una mujer fatal, deudas impagables, y una configuración estética del amor que esta llegando a su máxima cumbre en la literatura europea que atraviesa gran parte del siglo XIX y que viene contrayendo relaciones desde la antigüedad clásica, hasta llegar al Renacimiento total de las artes del lenguaje. Sucede que gran parte de los escritores europeos del siglo XIX narran temáticas adecuadas a su esfera social y a sus determinadas experiencias, algo ociosas, en comparación con las de Dostoievski.
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Cuando nos mató la desgracia nos encontramos con la mano en un puñal y en un pajonal muy seco; los pastos bien altos y bien secos, dentro de un sendero pisoteado.

- Fuimos espuelados a este lugar- Dijo Mauricio.
- ¿Dónde Estamos?- Contestó Gisell.
- Cantémosle a la luna, porque ella sabe de nuestro largo caminar.- Y él hunde su mirada en manto estrellado de esa noche desconocida.- Esta gris, y es temerosa.
- Luna de la soledad. Victoria me pesa, y esta inquieta.- Ella revuelve las mantas que lleva en sus brazos y acaricia al dormido bebe, que pronto podrá despertar y desconocer absolutamente todo.

Los dos comenzaron a caminar por el sendero marcado, investigando la noche, con los puñales del crimen sostenido en sus manos. La luz de la luna los golpea en todo el cuerpo con la culpa del crimen de su padre, pero fue necesario matarlo, hacen falta los sueños siempre para creer en la vida. Gisell es una mujer que merece vivir y amar como cualquier mujer del planeta, pero con su padre apenas vivía y aguantaba. Mientras que Mauricio, si no creyera en la locura y en la balanza de la razón del equilibrio, no hubiera podido creer en la esperanza y en el sonido de poseer a Gisell de ese modo; si, de aquel modo tan extremo que los llevo a concebir la hija que sostienen a ocultas; tan ocultas que hasta fue concebida en un pajonal como por el que están caminando.

- Vamos a llegar hasta el parque que esta hacia el final del camino, ¿Lo ves? Estoy cansada.-
- Sí, lo veo. Ahí podemos parar y pensar que hacer en este sitio y con Victoria a cuestas.
Si ellos no creyeran en el deseo y en la posibilidad de que su amor sea algo puro, no lo hubieran escondido. Creyeron en lo que queda, amasijos de carnes aspirando pudor.

Gisell, con sus patitas chuecas, llega al parquecito que vio a lo lejos del caminito. Llena su visión de pastos y de luna, se sostiene de la pata de un tobogán, recordando el sol y las chicharras de su pueblo inocente y observa a su amante pueblero, a quién tanto ama. Lo ve a Mauricio quemarse los piecitos descalzos en la arena de esa noche calurosa, siente el olor a los callos de sus pies y el dolor de esos por caminar hasta altas horas juntos a ella.

- Mañana es Navidad.- Él sigue mirando los astros del cielo, sin conocerlos más que por el nombre de estrellas y como mucho conoce las tres marías.
- Si. Ni un pedazo de pan y un vaso de vino.
- No podrás festejar juntos con tu padre porque lo matamos, lo reventamos a puñaladas. Mañana el pueblo estará de fiesta y no habrá tristeza cuando encuentre al viejo con las entrañas dadas vueltas.
- Pido perdón a Dios por lo que hicimos, pero nuestro crimen le dio fin a nuestra pobreza, mi padre no podía darme algo mejor. Comíamos pan el día de Navidad, me decía que Jesús era como él y que yo era como María. Mañana no es Navidad para mí.
- Quién dijo que todo esta perdido. Te ofrecí mi corazón, te di la hija que llevas en los brazos. La sangre derramada de hoy se la llevará el río. La luna de los pobre esta siempre abierta. Uniremos las puntas de un mismo lazo y caminaremos tranquilos y despacio, yo te daré todo y vos me darás algo que nos alivie un poco más.
- Las estrellas de esta noche no alcanzan para ofrecerte mi corazón, pero tampoco para tapar la culpa de haber matado a mi padre. Vamos a cargar con esa culpa para siempre.- Gisell toca a la niña y se da cuenta de que no respira, apoya el cuerpecito sobre el pie del tobogán.- Esta muerta, habrá sido el frío.


La soledad sobre ruinas los esperará después de aquél momento en el parquecito. Muchas Navidades siguieron caminando por ese pajonal sin encontrar la salida, ni la vuelta. Caminaron sobre tumbas y culpas sagradas, el rostro no les alcanzo para llorar. Estuvieron vacíos y solos sin haber hecho lo suficiente para encontrar el nombre de ese lugar tan extraño por el cual caminaron; por eso le pusieron un nombre propio: Sikuanda. Sin encontrar sentido, porque lo olvidaron fácilmente; como una experiencia onírica de quién tiene que marchar a vivir una rutina que los culpabiliza.
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Sin motivos y sin razones, de la nada y del vacío aparecen dos personajes sujetándose de una caída. Ellos golpean el suelo con sus cuerpos, se levantan de una oscuridad suprema y se miran.

-ADÁN: ¿Dónde estamos?
-LAURA (con algo de desesperación): No se, algo me empujo desde otro lado y caí en este lugar tan extraño ¿Quién sos?
-ADAN: ¿Tenés Miedo? (Con máxima tranquilidad).
-LAURA: Si, porque no se con quién estoy y dónde me encuentro, quiero salir de acá.

Ella comienza a deambular lentamente por el espacio vació y oscuro, mirando hacia arriba y esperando ver o escuchar un sonido; alguien que le indique la situación. Su expresión de desesperación aún es pasiva. Una luz comienza a iluminar una parte del escenario para dejar a la vista de los dos, y del público, un manzano de estatura mediana, florecido y empapado de unas gotas visibles que parecen humedad. Adán se lo señal, con la mano y con la mirada.

-ADAN: ¿Lo ves? Tenía que haber algo. Siempre hay algo.

Ninguno de los dos se mira aún. Adán contempla el manzano desde una distancia no tan larga, y Laura sigue buscando una referencia, dando vueltas por el escenario con la cabeza hacia arriba.

- LAURA: ¿Dónde estaremos?
-ADAN: Es un pequeño manzano. Las gotas de rocío son como la tristeza; caen sobre las hojas de un árbol como este, y recorren sus brazos, su cuerpo. Así, hasta llegar a la raíz y ser absorbidas para la fotosíntesis de un nuevo lugar y de una nueva forma.
-LAURA: No entiendo.
-ADAN: ¡Que el agua cae! Llega a la raíz, y al florecer en la fotosíntesis se convierte en aire; uno de los cuatro elementos. La tristeza no reconoce espacios, pero adapta las sensaciones y las emociones sin conocerlas. (Lo dice como si fuera un poeta).
-LAURA: Que raro. (La expresión de su rostro ahora parece más relajada, tranquila).

Los dos se acercan al manzano, lo tocan por la diestra y por la siniestra, se miran ambos con posición pudorosa.

-LAURA: Tiene un solo fruto.
-ADAN: Es cierto, acá debe ser más que primavera.
-LAURA: No estoy segura de que los manzanos den frutos más en primavera que en cualquier estación. (Mira el fruto, lo acaricia, lo desprende suavemente de la rama y lo observa con una mirada penetrante y persuasiva).
-ADAN: No deberías tocarlo sin saber a quién pertenece.
-LAURA: ¿Lo comemos?

Y así, ambos muerden y despedazan el fruto del olvido, de la desesperación y de la tristeza; envolviéndose en la máxima oscuridad de la escena.
Y de algún lugar se oye la vos de Adán que dice:

-ADAN: Eva, es el único nombre para todas. Ella es una y todas a la vez. Maravillosa creación que me hunde en el olvido de todas las tristezas.
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El piano de Sebas suena en el living de su casa cerrada. Esa música ornamental vuela por las sombras de una tarde azul, con ese sonido él se salva y le sirve porque no tiene a nadie que lo quiera escuchar. Él no tiene máscaras ni disfraces que lo hagan huir de la cárcel de amor. La luz del sol lo escucha tocar y añade un ambiente sombrío al espejo de su expresión temerosa, pero Cecilia lo perturba. Pensar en lo que pasa entre Cecilia y Federico no le permite salir de la prisión. Él sabe lo que sucede, las flores se lo contaron cuando los oyeron en el jardín. Y ahora, en agradecimiento a ellas, Sebas les regala Primavera, de Vivaldi. A ellas les gusta mucho, y toca con dolor por lo que le contaron, porque ellas los vieron besarse cerca de la ventana, y también prometieron mantener esa pasión en secreto.
Federico quiere encerrar a Sebas en una nebulosa que lo confunde para poder representar el amor que siente por Cecilia a escondidas de él; no lo confiesa, pero a Sebas se lo contaron las flores.
El encierro en ese túnel solar lo confunde, y no puede distinguir los símbolos de la paz y del amor, ya no es divertido. Cuando decidieron ir a vivir juntos, no parecía que iba a ser así, él creyó que esa obsesión: el deseo hacia Cecilia había terminado, de otro modo, no hubiera sostenido consolidada la relación entre él y Federico. No hubiera querido que fuera una cárcel de amor para él, pero la encrucijada que le tendieron termino peor. Todas las tardes salía a conversar con las rosas.Hablar con las flores como una forma de ser feliz y de penetrar en el éxtasis que le provocaba el imperio de la confusión.
El día martes treinta de octubre, Sebastián llego de la capilla de la zona, tumbado porque sus rezos no surtían efecto, pues pareciera que Dios dejó de escucharlo para siempre. En el living se encuentran Cecilia y Federico, juntos como amigos. Sebastián no saludo y pasó hacia el jardín, mientras ellos daban cuenta de la indiferencia. Las rosas terminan de abrir y decide cortarles las hojas secas, recoger los pétalos que
pondrá sobre la base de su piano cuando termine de componer el himno a las flores; una composición que les esta preparando para cuando llegue el verano caluroso. La música las refresca y crecen con una audición fértil para las próximas temporadas.
A ellos, los siente despedirse. A los minutos, Federico sale y le entrega un té tibio a Sebas, como los que a él le gustan: con un pétalo de sus bien cuidadas flores flotando sobre la efusión sabrosa.

- ¿Cómo te fue en la iglesia?
- Bien, recé mucho. Siempre rezo por vos; y por mi.
- Tendrías que rezar menos y hablar más, me gustaría que me contaras que conversas con tus flores cuando están solos.
- Ellas escuchan todo, y me lo cuentan.
- ¿Qué te cuentan?
- Todo lo que ven, y lo que oyen también, pero yo tengo miedo de contarte.
- ¿A qué le temes tanto?
- A la verdad. La verdad de lo que ellas me cuentan me aterroriza, me encierra y no puedo salir porque tengo miedo de lo que pasa entre vos y Cecilia.
- No pasa nada que te vaya a perjudicar.
- Vos no me queres decir la verdad. No me decís que hace ella hace acá, no me decís que conversan tan a ocultas. Yo quiero entender para no tener más miedo.Que no se burle más de mí, porque dijo que estoy loco. Además, la semana pasada, te dijo que cuando me vaya el miércoles al concierto volverá de visita.
- ¿Quién te dijo eso?

Sebas no contestó y entró a la casa para sentarse en el piano a tocar Primavera. La música comenzó a revolotear por el sopor de la angustia y del doloroso miedo más profundo y extremo. Federico lo esquivo ese día todo el tiempo porque prefería dejarlo solo hasta que se cansará y se acostará a descansar, o en el mejor de los casos, a dormir hasta el día siguiente. Ya no se sentaban más los dos juntos a la par; hacía varios años que dejaron de hacerlo. Cuando empezaron a vivir juntos ahí, disfrutaban de jugar con el instrumento, de truncar las sonatas de Amadeus Mozart y Sergei Prokofiev hasta que saliera algo que a los dos les gustará. Se reían, se besaban y después se cerraban a los brazos del amor sobre la alfombra hasta que amaneciera, o hasta que no aguantarán más sus propios cuerpos juntos; pero cuando volvió Cecilia de España sembró la confusión y el miedo que hoy encierra a Sebas en su prisión. Ella empecinada de convencer a Federico de que lo vivido juntos en Madrid, cuando eran pareja, fue inigualable. Ahún así, seguían estando juntos a escondidas en el mismo lecho; en el mismo lugar donde la música de Vivaldi crece para las flores; y para el verano del mañana.
El día miércoles, Sebas fue al concierto de música clásica con sus amigos, iba a quedarse a dormir en casa de uno de ellos pero decidió volver a la suya porque, en verdad, no se le había hecho tan tarde. Siendo ya jueves a la madrugada y caminado sobre las veredas húmedas de su cuadra, esquiva a los gatos que se le cruzan en la oscuridad. Se cortó la luz en el barrio y las penumbras se acuestan en el camino. Sin entender, comenzó a escuchar lentamente el sonido de una sonata de Chopin. Llegó a la entrada de su casa y espió por la rendija del ventanal, no más. Allí estaban, ella sentada en el piano y él a su lado, riendo y tocando para ellos mismos. Desde afuera, desabrocha con éxtasis el sobretodo que lleva puesto y dispara dos veces contra el vidrio empañado del ventanal. Antes de que el cuerpo de ella cayera, un río de sangre cubre instantáneamente su espalda desnuda y blanca; luego del torso brilloso de Federico florece la sangre oscura que la luz de los velones, de alrededor, opacaron.

- Ahora, con el rostro sorprendido se van los dos juntos. Ya no tengo más miedo, ya se la verdad por mi visión.

Atraviesa caminando el living pisando los restos de una noche juntos. Los pétalos de sus rosas aparecen esparcidos por el suelo, de los colores que a él le gustan, los estaba juntando para los tés de esas semanas. En la cocina, descansan los restos de una cena amorosa, un salmón exquisito y muy bien condimentado. No le importa, porque abre la puerta del patio para ir a ver a las flores.

-¿Qué pasó? ¿De qué hablaron y qué estaban haciendo? Ustedes lo oyen todo.

Mientras las acaricia una por una, la noche va bajando el telón pesadamente y la claridad comienza a secar sus ojos.
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Alguien esta mirando las puertas de una ventana largamente en un lugar oscuro. Las puertas de esa ventana parecen abrirse y hacia el fondo hay una visión que desplaza una secuencia de imágenes alejadas. Es un scriptorium medieval, un escriba sentado y encorvado en su atril, y un maestro vigilando la tarea del eclesiástico.

Abso es un monje copista de la Edad Media y Guillermo es su maestro. La escena será la misma. Tendrá lugar en la catedral de Notre Dame durante el siglo XIII, en la bibloteca que funcionara como escola estudium generale de la precária ciudad medieval de París. Ahí, el maestrum Guillermo esta enseñando griego a su alumno Abso, y en ese enseñar pedagógico, intenta ayudarlo a traducir un extraño rollo que él mismo había rescatado de una escola filosophia cuando estuvo en el mundo Helénico, durante su alejada juventud. La lujuria por el conocimiento lo obligo a escapar del incendio pudiendo rescatar alguitas tablillas de cera, que se terminaron derritiendo por el calor del fuego al instante, y unos cuantos rollos escritos en esa lengua extraña. La mayoría de esos rollos estaban incompletos y en muy mal estado, solo aquel podía leerse y tratarse con una claridad tardía y poco consoladora. Aún así, Guillermo intenta enseñarle esa lengua extraña y en un rollo que esta en tan malas condiciones.

El alumno esta cansado. A pesar de la temprana virilidad que tiene su visión, hace muchas semanas que su maestro insiste en dejar una copia del rollo. Sabe que hay que terminar de trabajarlo rápido porque su maestro debe cumplir una diligentia(1)con puntualidad, en una abadía al norte de la península itálica; así es que al terminar con aquel trabajo, enseguida emprenderán el nuevo viaje para cumplir con nuevas laudas(2) . El stylus(3) del rollo reconoce las grafías del alfabeto griego; es bien claro que perteneció a la cultura Helénica; pero es una escritura a la que Abso jamás se había enfrentado, ni escuchado nombrar. Los datos de los que da cuenta los entiende a través de su maestro. Maestrum Guillermo insiste en enseñarle el stylus y la escritura Helénica. Abso piensa que sería mejor y más rápido que su maestro leyera el texto escrito y se lo dictará a él, pero este insistía en que es mejor que él mismo hiciera la traducción del griego a su joven lengua romance:


`` Après le chaos fait ces deux êtres: la Terre et de l'Amour est l'Amour qui a conçu des `` tous les autres dieux. Ainsi, par diverses parties, il est convenu que l'amour de Dieu est le plus ancien. Parce qu'il n'ya pas plus grand bien d'avoir un amant vertueux, ou un amant, ont un être cher qui a réconforté Mais, outre cela, il est pour nous le plus grand bien.(4)

La escasa luz del candelabro se estaba apagando, y Abso empieza a mostrar rasgos fuertes de cansancio acumulado. Hasta empieza a sentir un poco de miedo. Ellos están ocultos en aquél scriptorium porque su maestro no cree que sea virtuoso que algún miembro de la escola estudium genérale se enterará que ellos tenían en su poder un rollo escrito en una lengua desconocida y traído de un mundo desconocido. Salido de los fuegos de un infierno que Guillermo había visitado ¿Un dios llamado Amor? Una visión tal, incitaría a la lujuria de los clérigos de la catedral y es un atentado peligroso. Por eso, mejor es hacer el trabajo a escondidas lo antes posible para poder dejar una copia escindida.

Será un libre leído en una época posterior; porque quedará oculto en ese y en otros lugares apropiados para ser leído en otro tiempo. Siempre que aquellos tiempos favorezcan.

A menudo, Abso se detenía a pensar en lo que copiaba, pero cuando preguntaba demasiado su maestro le respondía con una negativa diciéndole que, todavía era uy joven para comprender algunas cuestiones que tenían que ver con esos escritos.

Después de estar en la abadía de Italia, después de esa experiencia, y cuando su maestro ya estuvo muerto; pudo terminar de conocer a Dios Amor: el más bello, magnífico y poderoso de todas las manifestaciones del Alma; el más libre de todas las libertades del cuerpo y del espíritu; pero también el más lejos en la concepción del tiempo porque será el más divino de todos. Así, pudo seguir trabajando en el oficio que su maestro le había heredado.



Notas:

(1) Diligentia, -ae (f). Significa diligencia.
(2)Lauda, -ae. Significa alabanza; tiene acusativo plural en –as.
(3) Stylus, -i. Es un elemento que se utiliza para escribir, pero también tiene que ver con la modalidad del escrito (de ahí la palabra estilo).
(4) En español: `` Después del caos se produjeron estos dos seres: la Tierra y el Amor. Fue el Amor el primero que concibió a todos los demás dioses``. Así, por diversas partes se conviene que amor es el Dios más antiguo. Pero, además de eso, es para nosotros, el mayor de los bienes. Porque, no existe mayor bien que tener un amante virtuoso, o para un amante, tener un amado que lo consuele.
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Derramo La botella de mis fabulaciones inéditas en un arroyo frío y cristalino.
Sin entender porque no pude saciar el deseo de entregarte afecto.
Las estrellas me han sorprendido endulzando demasiado la botella; para al final… derramarla.


Miro un cerro nevado y monto vuelo sobre el ave fénix del tiempo, y
VIAJO; viajo y pienso en dos poema eróticos que escribí una vez, uno trataba de tus cabellos ondulándose con los míos, y otro sobre tu cabeza inclinada.


El tiempo nunca se queda quieto.
En algún espacio el arroyo, el cerro, el fénix, el líquido de la botella y YO dejaremos de dormir en un placard gastado de amor; y el resplandor de la idea de DOS como UNO mismo tendrá lugar sin promesas empezadas.


Mientras sigan brillando las estrellas de la noche y los ríos sigan desembocando hacia el mar, yo seguiré viajando.
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Rafael Sorrentino es profesor de literatura pero se adapta a las necesidades de su vida cotidiana y de su profesión; de vez en cuando da clases en la facultad de filosofía y letras, pero otras tantas tiene que conformarse con guitarrear en unos barsuchos humildes de la provincia de Buenos Aires para pode vivir; sobre todo para pagar las expensas de su departamento y poder comer algo de vez en cuando. Rafael esta expuesto a una vida a la deriva que lo lleva al más duro y desastroso espejo de si mismo.
Camina por la calle pensando en que tiene que enseñar la figura del autor revolucionario en la facultad y piensa: ¿Qué revolución? ¿Qué es esta Argentina revolucionaria? ¿Me interesa esto? Si bien le interesa, no tiene la cabeza en sus más extremos cabales en este momento. Además piensa en lo aburrido que debe ser escucharlo y en lo chistoso que es su apellido. Piensa que la mayoría de los alumnos deber de burlarse de él en algún que otro pasillo.
Esta llegando temprano y decide tomarse una ginebra doble en el bar que esta en frente de la facultad. Sorrentino se dedica mucho a la bebida blanca y al vino tinto cuando no quiere pensar en nada y en nadie. No hacia ni un año que salía de una relación amorosa de dos años y medios con Claudia. Ella había descubierto que él tenía una extrema desviación en el deseo que lo llevaba a tranzar con jóvenes pueriles; en su mayoría alumnos. A él le gustaban, le gustaban los chiquitos castaños con labios de color rosado, le gustaba besarlos y hacerles el amor hasta sentir realizado el morbo más extremo que puede sentir un hombre que gusta de otro hombre menor a él. Detrás de esto había una cuestión edípica que ya había tratado en terapia mucho tiempo. En el fondo Sorrentino buscaba reconocerse como padre de estas criaturas a través de lo más inviolable: el SEXO. Es un tópico que, si bien lo había tratado mucho en la terapia, lo perturbaba por Claudia porque no hubiera querido que ella se enterase; pero se entero. Fue un gran error brindarle las llaves del departamento después de casi tres años; porque así fue como ella lo encontró amando a Ángel.
Cuando conoció a Ángel estaba seguro que lo atraparía en esa etapa de confusión y desviación de todo joven con las ganas de conocer y experimentar el cuerpo. Lo atrapo en un taller literario que daba en el barrio de Belgrano bajo un invierno sombrío de junio. Estaban todos debatiendo sobre cuál es el género literario por excelencia y Ángel contesto que el género más elocuente es la Novela; porque puede contener en sí a todos los demás géneros. Sorrentino empezó a sentir una gran atracción por Ángel en esas noches de tertulia y hasta se acerco para pedirle una entrevista personal. Se pasaron los mails y acordaron un primer encuentro privado en algún bar del barrio de Flores, dónde seguro, bajo la excusa de corregir textos curiosos, los dos se emborracharon con una gran botella de vino tinto. Los encuentros siguieron pero empezaron a tener lugar en el departamento de Sorrentino. La primera vez ya hubo más confianza, y cuando Ángel estaba por irse, Sorrentino pudo ultrajarle la cara para besarlo; besar eso labios finísimos que tenía en el medio de ese rostro cicatrizado por una afeitada apurada. Así fue el primer contacto, que después paso a mayores con más vinos y otras especies. . .
Claudia se entero de todo cuando entro una noche y los vio desnudos sobre la mesada de la cocina. Ahí se acabo todo; él la quería y estaba muy agradecido por su compañía durante esos dos años, pero Ángel le había dado vuelta los anillos de la orbita de saturno; él estaba seguro de que había elegido el destino de su deseo en ese momento de su vida.
Ángel pasó a ser Angelito y a vivir en el departamento de Sorrentino más que en su propia casa; además había iniciado la carrera de letras. Parecía que todo estaba acomodado. Aunque Sorrentino la extrañaba en silencio. Y bebía, bebía cada vez más a la par de Angelito cuando él no tenía que estudiar. . . pero siempre en silencio, sin hacerle notar que tenía la necesidad de abrazar a Claudia y de besarla masculinamente.
Ese día Sorrentino dio su teórico en la facultad con Angelito sentado en la primer fila, el alumno predilecto de la literatura argentina, el que se preguntaba sí Cortazar o Walsh, sí la buena literatura aburguesada de fantasía europea o una literatura que arrojara la máquina de escribir y agarrara el fusil para hacer tambalear a los verdugos de la historia argentina. Ese era el alumno de Sorrentino; en cambio el amante se preguntaba: ¿Sade o una buena novela romántica.-naturalista del siglo XIX? Mientras sostenía una copa de vino tinto ultrajado de dudas e incorrecciones, y desnudo en la cama revuelta de ambigüedades amorosas. Sorrentino no le contesto, pero ya había decidido. Esperaría a que Angelito rindiera el examen final de la materia para decirle que todo había acabado, que ya había decidido volver con Claudia, a buscarla nuevamente para cotejarla o al menos a ahogar su recuerdo sobre ella en una copa de vino sin compañía, en soledad.
El día del examen final, Ángel saco su bolilla correspondiente y estuvo toda la tarde en capilla preparando su exposición para aprobar; y lo hizo sin la influencia de Sorrentino, quien estaba en la mesa de examen correspondiente. El profesor Rafael Sorrentino no intervino porque sus colegas tenían una leve sospecha sobre la debilidad que él sentía por aquél alumno. Eso era algo que se estaba tornando insostenible; mejor acabar todo ese día antes de que todos descubrieran la relación.
Cuando le extiende la libreta a Ángel con su más alta calificación lo felicita y le dice:

-Ángel, la literatura es una gran mentira. No vuelvas a casa esta noche.

Ángel no volvió más y Rafael Sorrentino busco a Claudia hasta que dio con ella a través de un número telefónico que logro sacarle a un familiar lejano, que alguna vez había conocido, a la fuerza. Ella estaba en el extranjero y fingió no conocerle la voz de él cuando la llamo.
Entonces siguió ahogando el vaso de vino en su departamento de índole humilde o en bares de dónde la ginebra tenía un bajo costo para su bolsillo, también enseñando literatura argentina en la academia de vez en cuando, y otras en los suburbios. Mientras que Angelito seguiría cursando la gran mentira de la vida hasta el final, sin volver a cruzarse para conocerse, ni darse un beso, ni preguntarse sobre extremos literarios.
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Mientras Camilo Puerta caminaba por un puente que cruza el río Sena piensa en que una vez entro a una cerrajería de Buenos Aires, cuando estuvo viviendo allí un tiempito, que devino en un par de meses. Ahora caminaba y caminaba por la ilustre ciudad de la poesía, del Surrealismo que ahora descanza en los claustros más dignos de las academias prestigiosas. Se acuerda de André Bretón y de un sueño diurno medio peligroso que él mismo tuvo la otra noche; también de un tal Samuel Rosenstock, quién uso la máscara fundadora del Dadá y sacó el primer poema recortado del sombrero más célebre de la ciudad Parisina; pero Camilo vuelva a la cerrajería.
Y nosotros volvemos con él, a un Buenos Aires ornamental de finales de los años setenta.
La ciudad siempre fue bella y expléndida pero más comenzó a serlo desde que alguien dijo que era la capital más europea de América latina. Algo conflictiva en esa época; el germen político, económico y social del aborrecido Capitalismo ya había tenido su lugar en la República Argentina y está arrasando con la ciudad portuaria debajo ese adorno color verde falcón que se viene complotando de modo clandestino. Camilo vive en un edificio muy alto a dos cuadras de Calzada circular y la Av. Santa Fe, que luego de la Av. Del Libertador se convierte en Av. Cabildo. Ahí vive Camilo, la parte más europeizada, la parte del ilustre Juan Manuel y del jardín de Manuelita, lleno de animales exótico de todas parte del mundo y de muchas ¨tortuguitas¨. Él camina por la calle una tarde que vuelve del periódico y curiosamente resbala de sus manos la llave de su casa. No puede entrar porque el portero esta desaparecido del edificio hace unos días y nadie sabe nada de ese. Es mejor acudir a la cerrajería de barrio urgentísimo, antes de que cierre.
Al entrar al ¨Imperio de las Llaves cerradas¨ Camilo pide rápidamente una consulta a domicilio para que abran su departamento y aclara que es urgente.
-No hace falta, porque las cerraduras de aquél edificio son copia estándar y siempre hay una disponible.- le dice el señor de las Llaves.
Camilo espera y observa un gran panel de madera colgado en el techo con picaportes antiguos, clásicos con adornos pomposos; algunos de color negro como para puertitas más pobre, otros de color bronce brillante e imponente. Algunos le hacen acordar a otros tiempos, a otras historias que quedaron cerradas en esa ciudad de Buenos Aires tan interesante. Él había venido de París a conocer los secretos más hundidos. Se acuerda de una novela por entregas del siglo XIX, en la que contaban que había una casa que alojaba unitarios y que Camilo imaginaba con esos picaportes tan fuetes, tan bien blindados en bronce; bellos pero protectores al mismo tiempo. Así era lo que pensaba. Una luz sale del herraje para meterse en el bolsillo de su sobretodo europeo. Ahí se queda y Camilo no sabe con exactitud que es, pero entiende que algo fantástico ocurrió. Paga las llaves y sale rápido del negocio, mete la mano del bolsillo y siente un calorcito dorado. Ya era de noche y del bolsillo saco un poema que decía:

Lo hermoso como lo más cercano a la praxis vital de una cotidianeidad obtusa.

El sentido de amar a la pasión me convierte en un sujeto vuelto sobre mí mismo.

Mismidad del amor, por la falta de un ausente.

La noche esta soleada de un calor lujurioso en mi vigilia nostálgica.

Las primeras y mejores experiencias con la poesía surgen;

Y surgen,

Más que surgen cuando creía en la ausencia.

Vuelvo a intentar caminar bajo un trópico repetido de pasado.

Tras su manto de abrazos que no envuelven la calidez más sólida.

Besos soldados con el óxido del tiempo eterno que se repite.

El único reloj que no0s agrieta es el biológico, una diferencia cronológica.

Veo un cuerpo gastado.

Los míos son relojes que solo se derriten en una ficción de colores que se le ocurrió a un pintor famoso de no hace muchos años.

¿Van gogh o Picasso?

Ya no me acuerdo.

Camilo lee. Era un poema total fragmentado en papelitos que va sacando del bolsillo como si fueran serpentinas que quedan en ese abrigo que solo usamos en una fiesta con carnaval carioca. Lee uno, lo tira para sacar el otro y así hasta que no hay más. No era la primera vez que a Camilo le pasaba esto, al contrario en París era muy común que esas situaciones ocurriesen, pero en Buenos Aires ? Es la primera vez que le pasaba en esa ciudad. Llega, abre la puerta del edificio y sube al ascensor. Cuando abra la puerta de su casa, ya no hay nadie; los que estaban se fueron o alguien se los llevo porque la cerradura estaba media forzada.

Camilo entiende rápidamente que tiene que volver a la ciudad del amor y de la poesía porque allí si hay lugar para la mezcla entre la fantasía y la realidad comprometida. Era inútil que se quedara porque si a ellos ya los vinieron a buscar mientras él no estaba, pronto volverán por él y quién sabe . . . Junta unas chucherías y vuela al aeropuerto inmediatamente en un taxi; y mientras cruzan nueve de Julio y Corrientes en taxista le dice:

- Huy, ahora que usted se va Sr., no sabe lo que se pierde. Se viene el proceso; y ese día es digno de ver para un argentino de bien como yo; pero más sería para usted como extranjero. Una buena experiencia para contar.

Camilo no contesta porque esta medio confuso y nervioso.

Ahora en París, sobre ese puente, está entendiendo que alguna vez podrá volver a esa pobre ciudad maltratada por el odio de las fuerzas que no entendieron lo que es la belleza del intelectual comprometido, del artista amante del amor. Camilo está mirando el Sena correr con fuerza desde el puente; otoño y hay mucho viento. Mete la mano en el bolsillo y saca otro poema luminoso.
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LLUVIA, Raùl Gonzalez Tuñon.


Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa. De cualquier manera la lluvia es saludable y triste. De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño. Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban: No habían despertado todavía al amor. No sabían nada de nosotros. De nuestro secreto. Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga. Estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección. Te quiero con toda la ternura de la lluvia. Te quiero con toda la furia de la lluvia. Te quiero con todos los violines de la lluvia. Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía. Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño. Oh, visitante. Ya es seguro que ningún desvío nos separará. Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único. Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada. Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño. Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable. Oh, visitante. Estoy lleno de tu vida y de tu muerte. Estoy tocado de tu destino. Al extremo de que nada te pertenece sino yo. Al extremo de que nada me pertenece sino tú. Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta. La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, recóndita alegría. Estoy tocado de tu destino. Oh, lluvia. Oh, generosa.




-Es un poema de Raùl Gonzalez Tuñon; no recuerdo con claridad a que poemario pertenece pq lo tengo en una antologìa que no especifica el dato pero me gusto y quise compartirlo con uds pq hace mucho que no colobaro con el posteo por un motivo personal y estilistico. Espero que uds sepan comprender y disfrutar lo que tenga para compartir, aunque no sea de mi propiedad.

Muchas gracias. Leandro Rossi.
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¨ Entonces aquí termina mi viaje, aquí donde termina mi país y donde termina mi desierto, aquí en Arica, en este puerto ubicado en la punta más septentorial de Chile¨

Memorias del desierto, Ariel Dorfman, 2004.


Un afán por hacer hablar a una tierra desértica comienza a producir un gran despliegue discursivo lleno de recursos literarios e imágenes poéticas que están llenas de palabras y significantes profundos y sinceros en la pampa chilena. Dónde la simple ilustración de un mapa nos ubica en la posición geogràfica del desierto de Arica, en el extremo norte de Chile; es el Desierto un escenario de los inicios de una identidad no solo chilena, si no también de un alcance mayor, mas universal porque él guarda los orígenes y la vida misma. El silencio del Desierto es su propio síndrome, dice:

¨Es como una mujer-había dicho Miguel-. Seduce, atrae… Cuando lo vez por primera vez, el desierto ofrece muchas tentaciones y luego te las va negando lentamente, repite la misma oferta, cada día te da otra vez más, casi con desesperación, lo que ya te ha dado ayer. Siempre igual en su monotonía. Y uno empieza a darse cuenta de que realmente jamás se te entregará.¨[1]
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NEGOCIO

No creo que sea un buen poeta, pero puedo pedirte que te quedes absorbido por estas palabras.

VOY A PEDIRTE QUE TE QUEDÉS QUIETO HASTA QUE TERMINE.

Tampoco soy un gran artista.

Pero vuelvo a pedirte que te quedes quieto, casi inerte y recostado en aquel diván del cuento anterior; aquel diván que nos sumergió en la mas y extrema violencia de cuerpos y ahora te sumerge a vos solo en la mas profunda de las quietudes.

Te estoy pintando desnudo.

Te pido que te quedes quieto en donde estas; el diván. Solo podes observar como doy vueltas la pintura fresca, como consumo cigarrillos al exceso para poder terminar y que esto te quede listo. Eso es lo único que podes hacer: OBSERVAR EN QUIETUD, y lo podes hacer con la mirada, sin mover la cabeza; porque destruís toda la armonía.

-Si obedeces, prometo declararte príncipe de un castillo, que voy a construir con una masa cósmica que me regalaron el año pasado de algún lugar que no conozco. Y también voy a fabricarte una corona con las colillas de los cigarrillos, porque un príncipe tiene que tener corona.

- Bueno, me quedo quieto.
- Trata de no hablar y de no moverte mucho.


Veo en tu rostro que te pones contento con la propuesta del castillo y la corona, así puedo seguir pintando en esa posición.

* * *

Hay algo que nunca te dije; y es que me gusta mentir e inventar. Nada sincero. No soy buen artista, no soy buen poeta, no tengo tal masa cósmica para construirte el castillo, y también enterate que tire las colillas de los cigarrillos a la basura. No hay corona. Esto solo era para poder contemplar tu quietud durante un par de horas.

Ahora, si me perdonas, me acojo en tu lecho de nuevo.

- ¿Me perdonas?
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Es la noche más extraña que había tenido desde hace mucho tiempo. Me levanté a escribir pensando que puede ser la ultima oportunidad en la que tenga algo en que pensar; algo útil para contarles. Las letras se están deslizando como un torrente sanguíneo que corre y corre, sin pretensión de parar; corren y gritan, como cuando bajamos con fuerza un cuchillo de cocina para fragmentar un sangriento pedazo de carne. Cocinamos la carne, la comemos y el resto deja de correr y gritar.

* * *

Estoy en mi cama, vestido con la ropa del día. Quiero descansar e intentar dormir, sin fabular demasiado. Eso es lo que me perturba; no puedo dejar de pensar en las situaciones que imagino constantemente, en las respuestas que elaboro y situaciones comunicativas con las personas que quiero hablar. Todo es dentro del imaginario de mi conciencia, que no es real. La elaboración de ese proceso es tan, pero tan minucioso que estresa al máximo. Pero, noches como la de hoy me superan. El estrés es tan al extremo que no puedo relajarme cuando lo necesito. Me doy vuelta, me destapo, me vuelvo a tapar.


* * *

La luz de la cocina impregna mi papel para permitir que todo el ambiente que necesite se ilumine sin piedad. Comienzo a lapidar las palabras. A pesar de la clemencia, la luz es bien débil y tengo que acercarme con minuciosidad al papel.
A mi costado se ubica la puerta que da al patio, con un vidrio semitransparente que deja ver la noche ventosa que empieza a acercar una tormenta poderosa. Hay también, una cortina de plástico, de esas muy cotidiana y hogareña pero que golpea contra la puerta haciéndome pensar que hay algo mas afuera. Es un inmundo golpeteo. Es un sonido muy desagradable.
Antes había prendido el televisor. Un canal de cable sin éxito, estaba pasando una película erótica o semipornográfica; de las que uno nunca entiende el argumento porque lo que mas interesa es la imagen sexual delante d la pantalla. Me había sentado, había comenzado a mirar la película y había comenzado a masturbarme sin ningún tipo de pudor. Los dos cuerpos, desnudos y pegados me invitaban al juego del deseo y del placer uníoslo. Mientras los contemple admirado se me cruzo la idea de quienes serìan esas personas; la sinapsis truncada de mi memoria permitió asociar al actor activo del evento sexual con algún sujeto que conozco, con uno de esos que perturban la vigilia de mis fábulas motoras. Cuando se me cruzo esa idea, un espasmo eléctrico recorrió todo mi cuerpo cortando con el placer unipersonal, impidiendo un goce nocturno y propicio. Yo también quiero, pero a mi me toca la basura de la película. Me limpie.
Percibo con mayor intensidad el golpeteo de las tiras de la cortina sobré la puerta de metal. Muchos cuchillos largos cuelgan y empujan sin cesar. Provocan un ruido estridente. Todavía estoy siendo iluminado. Me detengo a pensar en blanco (es posible). Giro la cabeza hacia la ventana que se ubica detrás de mí y vislumbro una imagen amorfa que se desliza por el pasillo de la parte de afuera. En menos que segundos cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Distingo la misma figura, pero de la ventana paso a ubicarse delante de la puerta.
Yo de costado, con la cabeza inclinada hacia esa extraña imagen que se que me busca. Escucho el reloj que marca los últimos posibles segundos. Y los cuchillos. Me muevo y corro el pasador de la puerta con cuidado. La imagen ya no es tan amorfa.
En tu presencia siento una afirmación con la que estamos de acuerdo sin dudas. Te observo un segundo y puedo distinguir tu mirada perversa debajo del velo que cubre tu rostro. Yo se quien sos. Doy un paso hacia atrás y comienzo a desvestirme con tranquilidad. Quede totalmente desnudo, despojado de todo procedimiento de defensa a voluntad mía. Me agacho y me acomodo en posición fetal; tengo frío, estoy sintiendo mucho frío en esta posición. No te imploro piedad, sólo pronuncio tu nombre, y así vos podes entender que ya está terminando. El último espasmo de frío recorre mi cuerpo y ya no estas en la película. Que delante de ti, como yo quería quedar.

Es insufrible.
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Un moreno con piel de chocolate se cae a un pozo color azul y negro. Termina de caer y se encuentra con San la Muerte. El moreno para la lengua por el filo de la guadaña, pero no se corta la lengua; entonces, sin éxito se despide comienza a marchar por un camino empedrado co adoquines de miel sólida.

Hacia el final del camino hay un paisaje sublime, pero el moreno no lo vislumbra porque sus ojos son tan blancos y, por eso, su ceguera es tan fuerte que se le imposibilita la mirada desde tan lejos.

Transitando va el moreno, cantarín, con una galera de etiqueta en la cabeza hasta que una pequeña oruga gorda con corbata de moño en el cuello se lo interpone en el camino.

- Bienvenido, mi negro-moreno.
- Muchas gracias.

Y cordialmente, el moreno baja su galera y sigue su camino.

Pero mas adelante, un conejo le interrumpe el transito pidiéndole referencia.

- Pero Sr. Conejo, yo estoy mas perdido que usted, intento llegar al final del camino.
- De veras que esta teniendo Ud. Un gran sueño. Nunca llegara al final del camino Sr. Moreno.


Horas más tarde; un moreno dominicano se despierta en una humilde pensión de algún sábado por la mañana; con todo el sol de febrero golpeándole el rostro. Él se levanta y abre un paraguas de terciopelo rojo con adornitos dorados y sale a la calle a protegerse de los rayos ulltravioletas que atraviesan la plaza de once.
O alguna otra.
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“La explicación del pecado de Adán, por ende, a la vez la explicación del
pecado original ; querer explicar aquél sin éste o
ése sin aquél carece de todo sentido y valor. La razón más profunda de
este fenómeno reside en la determinación esencial de la existencia
humana: ser el hombre un individuo y como tal, a la vez él mismo
y la especie entera de tal suerte que la especie entera
participa en el individuo y el individuo en la especie entera”.

SOREN KIERKEGAARD


Es un hecho esencial que en las obras de Samuel Beckett tienda a predominar un cierto paralelismo con la corriente del pensamiento existencialista. Su esencia más profunda es ¿Qué es el hombre? Y ¿ Cómo debe enfrentarse con la condición humana? Como un reconocimiento de que las raíces de nuestra existencia se encuentran en la nada, en el vacío. Esto se presenta como absurdo, una paradoja de la existencia humana. La corriente del absurdo surge de los más profundos estados de la mente explorando ese vacío, esa nada que genera la condición humana en una búsqueda de respuestas tan básicas: ¿Quién soy yo? ó ¿ Qué hago en el mundo? Son interrogantes válidos dentro del pensamiento existencialista del siglo XX, que viene acompañado de pensadores como SARTRE, SCHOPENHAUER, HEIDEGGER y KIERKEERGAR, aunque este último pueda pensarse como preexistencialista. Además, las incógnitas sobre la existencia humana y sobre la condición humana de la existencia se reflejan en la obra teatral de Beckett siguiendo la tradición del absurdo, queriendo mostrar la paradoja de la existencia. Pretende representar a un individuo hundido en ese vacío en esa nada que engendra la propia angustia como reflexión de la condición humana. Con esto llega al punto en el que se hace claramente visible la separación de la literatura realista de la literatura de vanguardia en las piezas de teatro de Beckett.