escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

1 comentarios
Nin / La mujer en las dunas

El relato también se sostiene en la falta. En esta pieza de sus Pajaritos, el insomne tiene dos experiencias extraordinarias durante su incorregible excitación. Por un lado, es testigo del goce ajeno (la nariz contra el vidrio); y por el otro, conoce la deliciosa aparición de esta mujer casi surgida de su ferviente imaginario. Es con ella con quien el relato se convierte en la fuerza opositora necesaria para la satisfacción sexual o literaria. Es la otra. Que a su vez narra una nueva historia en la que vida y muerte copulan.

Publicado en La Comunidad Inconfesable Nº 17 (Enlace)

3 comentarios
¿Cómo volverme
en aquellas formas
alejadas
de mi torso?
Revalso en carne,
ni una gota ni una sobra.
Puedo sonar,
chocarme a todo espacio.
Estallar.
No me escucho...
Ahora,
¿a dónde me llevás?
¿O soy yo
la que se lleva
de su propia mano
en un lenguaje y otro?
(Necesito
algo de esta lengua
para mí)
¿Deambulante soy
incluso adentro tuyo
o cuesta más decir
al traspasar un beso
de dientes apretados?
0 comentarios
Había terminado en la boca de una serpiente. Mi cuerpo cabía perfectamente
En su fina lengua, estaba parado justo debajo de su colmillo mas filoso y letal.
No se movía en absoluto, parecía estar esperando algo. ¡Aquel flagelo no era
sólo nuestro!
La boca estaba completamente abierta, bastaba con que de un paso hacia
adelante para que la boca amenacé con cerrarse por completo.
Mis cabellos se habían vuelto blancos. Descubrí espantado que podía ver a
través de mi carne, observaba claramente mis huesos, órganos, la sangre
corriendo como furiosos ríos, los millones de ojos que me anunciaban todo
el tiempo.
0 comentarios
2 comentarios
Está desnuda bajo el vestido azul, los que la acompañan lo saben, yo también, la vimos cruzarse de piernas sobre una mesa ubicada en el centro mismo de la fiesta. Está tan borracha que apenas si recuerda lo desnuda que está bajo el vestido. La tela azul se le mete entre las piernas y de entre los pliegos de piel y tela azul, una silueta carnosa y rojiza asoma jugosa, húmeda, perfecta.
Ella hubiera preferido que esa noche alguien especial la hubiera llamado, pero no llamó. En cambio sus amigos fueron por ella, los mismos chistes, las mismas anécdotas, la rutina de conocerse demasiado las caras, los sueños y las flaquezas.
Pero si él hubiera atinado a pasar por su casa esa noche, la desnudez bajo su vestido hubiera tenido un destino más sublime. Ahora su cuerpo permanece recostado sobre una mesa.
Desde donde estoy sentada puedo verla inclinada, con la mirada perdida. Alguien la agarra del brazo y la endereza un poco, la habitación se le corrigió, las personas también, creo que fue ahí en ese momento cuando notó que la miraba, entonces corrí la mirada rápido. Ella había llamado mi atención, supongo me sorprendieron sus movimientos o como sus caderas dibujaban líneas de tela azul sobre la mesa o ¿será que intuía lo que vendría más tarde?
La mujer comienza a levantarse. Desde el fondo de la cara, una fuerza descomunal le oprime la garganta, un vomito gigante se acerca. Lo sé porque su cara está desperada por sacar lo que tiene para sacar. El cuello se enrojece muchísimo y el vomito llega a la boca, sale.
Un osito violeta cae al piso, inundado de un líquido viscoso y fucsia. Luego vomita un portarretrato con una foto que no alcanzo a ver, también un envoltorio de un chocolate o algo así. La boca se le estira como si fuera de goma para que cada cosa pueda salir sin ensuciarle el vestido, lo último en salir es un libro y alrededor de ella la gente continua en su autismo colectivo, apenas se percatan de lo que ocurre. Notaron lo del piso porque llevan los zapatos manchados de la baba fucsia, pero tampoco les importa.
A mí en cambio me despierta curiosidad, ¿cómo hizo esta mujer para meter todas esas cosas en su cuerpo? ¿Y por qué las estaría devolviendo en este momento? Y las respuestas llegan rápido, al narrar esta historia me olvidé de él y para que ella también lo olvide tendría que expurgar todos sus recuerdos y así lo hizo. Poco a poco ella se acomoda el vestido y se limpia la boca que todavía conserva restos de baba fucsia. Sale del lugar.
Su vestido azul sigue impecable, salgo detrás de ella porque esta fiesta ya no tiene más nada para mí, ambas vinimos a expurgar algunos recuerdos de colores. Colores, cuantos acompañaron esta noche y acá adentro del cuerpo el sentimiento es de un gris opaco. Cuanta desnudez hay bajo la piel, el vestido, los recuerdos, cuanta soledad en una sola noche y la desnudez bajo su vestido inagotablemente sublime, intocable, perfecta.

629

2 comentarios

iteraciones
en la madera seca
iteraciones/eso
lo que todavía hiede y /todavía deambula o /garúas/
garúas sobre la confusión de / manos /trillando manos
esos látidos /confusos pálidos
del ausente/trillando pero /iteraciones iteraciones dedos
[hundense en
el espejo que se volvió después río entre los dedos/ río/arenacarne
entre sus dedos agarrados al espejorrío/ de a
puchito/