escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

3 comentarios
Un breve análisis de las anacrónicas costumbres culinarias del escritor Marcelo Birmajer.

Por Cristian J. Franco


Publicada hace unas semanas, la sintomática columna del escritor argentino Marcelo BirmajerA mí sí me gusta la SOPA” desencadenó una especie de lapidación digital cuya polvareda a esta altura ya se ha disuelto casi por completo. Sin embargo, y condenándome a ser mero furgón de cola del justo repudio generalizado de que fue objeto su cruzada pro-SOPA, me gustaría hacer un breve (e incompleto) desmantelamiento de las opiniones de Birmajer: su anémica línea argumental, su resplandeciente rejunte de lugares comunes, su enfática ignorancia, su perfección en la acrítica naturalización del status quo, pueden sernos didácticamente muy útiles para reflexionar una vez más acerca de los nutrientes de esa SOPA que a él tanto le deleita el paladar.
Comencemos, pues.

Según Birmajer, por culpa de las “descargas ilegales” y la “disminución instantánea de las regalías por derechos de autor” que estas provocan, los artistas “no podrán dedicar su tiempo completo a sus vocaciones” y esto generará, a largo plazo, “el deterioro en la música y el cine”. La primera y más ingenua pregunta que surge de inmediato es ¿cuántos músicos, cuántos directores de cine, cuántos escritores viven de esas supuestas regalías por derechos de autor que garantizarían la dedicación plena a su arte? ¿Alguien lo sabe? Sin necesidad de recurrir a estadísticas, podemos arriesgar que el porcentaje (absoluto o relativo) no debe ser excesivamente elevado. ¿Será esto culpa del “tráfico gratuito e indiscriminado en Internet de películas y canciones” como parece creer Birmajer? ¿Es a partir del surgimiento de la piratería digital que los artistas han empezado a tener serios problemas para parar la olla? ¿O quizás el problema sea un mercado cultural dominado por empresas multinacionales millonarias a las que poco y nada les importa el bolsillo o el estómago de los artistas? ¿Tendrá algo que ver la ausencia de políticas estatales serias que protejan y alienten el trabajo artístico genuino? Un artista tiene el derecho a poder vivir de su arte, quién puede negarlo. Pero habría que preguntarse si la verdadera amenaza para los artistas y para el arte no proviene de los diversos sectores y representantes de una monstruosa industria cultural dedicada a hacer miles de millones de pesos y dólares y euros mediante la explotación de esos mismos artistas a los que dicen querer proteger cuando en realidad lo único que les preocupa son las ganancias astronómicas que desembocan como por un tubo en las cuentas bancarias de unos pocos empresarios globales.
1 comentarios
Andrea Balency Trío te invita a nadar por su océano artístico en Lover, su segundo EP

Descubrir grandes artistas es algo que no pasa todos los días. Uno como periodista tiene que estar poniendo el ojo en la mira para pegar un tiro certero y encontrar algo que valga la pena. Andrea Balency es más que un tiro certero: te sorprende en cada canción, te lleva a su mundo cosmopolita donde las veredas del DF mexicano se cruzan con las calles de París. La torre Eiffel se vuelve por momentos el Obelisco y las melodías parecen abrazarse a Julio Cortázar, otro artista que mostraba que no existían fronteras y todos somos parte del mismo mundo, del mismo cielo.

Mientras sigue grabando su esperado primer LP en New York, Andrea Balency Trió nos regala su última producción: Lover, un EP de ocho canciones. El disco arranca con “El desorden”, track que formó parte de nuestro Compileft Vol. 1; y como escribió mi amigo poeta c J. en el booklet: la melodía, segundo a segundo, se va haciendo humo en tus venas. Apenas un vientito seguido de una sensualidad y una frase “hay algo que no me deja respirar”. ¿Quién no tuvo alguna vez una agonía clavada en el medio del pecho? Los asuntos pendientes vuelven una y otra vez, y Andrea sí que los sabe expresar. En “Lover”,  hay un equilibrio preciso entre el inglés y el español, y la voz de Balency se convierte en un instrumento más en ese mar de arreglos.

Seguimos buceando y nos encontramos con varios remixes de canciones de Mizraim (2010), el primer disco del trío. El primero es “Petepre”, hecho por Datapuntobeat: los sampleos y synthes agregados le dan un vuelo más ambient a la canción. El venezolano Algodón Egipcio, gracias a sus llamas digitales,  vuelve oscura y tenebrosa a “Mizraim”: el acordeón deja de existir y los loops gobiernan la melodía. El último encargado de darle otra cara a Balency es Caballero Elegante que, primero despojándola y después sobrecargándola de sonidos envolventes que parecen de otro mundo, torna más mística a “Laila tibia”. También hay lugar para la lengua materna de Andrea —ese francés que enamora en cada palabra— en otra versión de “Mout”, con mucha más orquestación que la original, donde lo minimalista prevalecía. 

El EP se completa con covers de dos canciones de artistas admirados por Andrea. Una es “Lycra Mistral”, del español El Guincho, que deja de ser “pop negro” para volverse una confesión desgarradora e íntima en la voz de Balency. Y la otra es “Pez”, de nuestro Lisandro Aristimuño, que se transforma en una pequeña suite moderna que no tiene nada que envidiarle a la versión original. Andrea se apropia de las dos canciones y las vuelve parte de ese mar que no para de dejarnos marcas, en la piel y más adentro.




1 comentarios
Ser latinoamericano e independiente es todo un tema. La falta de oportunidades y de recursos en el séptimo arte es una constante de nuestro territorio y por lo mismo este tipo de cine es una bandera que flamean directores como el peruano Eduardo Quispe. A continuación reproducimos su manifiesto. 
Manifiesto: ¿Qué es el cine Independiente?
Por Eduardo Quispe
En simples palabras; ver una película que me produce la sensación de deberse a sí misma; que no está parametrada a ganar un Festival, a gustar a cierto típico crítico que cree que ver crecer la hierba es cine, o que mostrar a dos personas tener sexo explícito es ser arriesgado, que se esfuerza por ser “interesante” entendiéndose esto como mostrar historias bizarras (reales o ficticias), con personajes lunáticos, caricaturizados a lo MTV o Locomotion, que se introducen tubérculos al cuerpo, o marginales que beben su propia orina, que se tatúan con sus propias uñas arrancadas de raíz o que son adictos al insecticida para hormigas.
Las poses pop art cholo, las citas de escritores “malditos”, los embustes de intervenir un registro documental para ficcionalizar, la estética reality show, porque eso está de moda. Esas tonterías de manipular la imagen con filtros cochinos, o de colorcitos sicodélicos que ya son anacrónicos, de buscar ser la versión peruana y autárquica de Bresson, de intentar, y sólo eso, ser Tarantino trasnochado, Gonzales Iñarritu en ayawasca.
Darle giros a la historia, todo ese desmadre saturnino de que los malos sean buenos y los buenos no tan buenos y las fruslerías al estilo Christopher Nolan sin genio.
Osea, no hacer una película furcia que postule a que dentro de cuatro años le caiga financiamiento para el “transfer”, una irrumación de productor o financista que siempre busca “mejorar” algunos aspectos formales y narrativos a fin de “vender mejor” la película.
Hago aquí un paréntesis: si haces una película para venderla, entonces eres más comerciante que cineasta, no sé hasta qué punto pero, no podrás negar que haces la película para que determinado público la consuma, y utilizarás determinados códigos y parámetros de venta, algo que haga tu película “aceptable” para muchos o algunos muchos.

2 comentarios
Con su novela Trampa de luz, Matías Capelli da un prometedor primer paso en el género.

Por Nadia Sol Caramella  

¿Y si un día viene tu ex a devolverte la plata de las últimas vacaciones que pasaron juntos y te dice que espera un hijo de otro? Así  arranca Trampa de luz. La sorpresiva visita hace volar por los aires todo tipo de conjetura acerca de lo que ocurrirá en la novela. Desde el inicio sabemos que será la historia de un perdedor que transita por las calles de una posible Buenos Aires y que entre malabares de subsistencia va ir evidenciando las ruinas de una relación y los escombros de la debacle económica de su familia paterna.

Todo ocurre durante un día caluroso mientras la basura fermenta en calles desconocidas y el Chevette (tan protagonista como su dueño) se pudre encallado en el cordón. Capelli decide narrar esta historia borrando referencias y nombres, produciendo así una intriga deliberada: sin ser llamada por su nombre, una Buenos Aires apocalíptica se nos presenta como un retrato impresionista.

El ruido, el desorden y la mugre del paisaje urbano son el lenguaje del caos y el reflejo del estado de ánimo del protagonista. La ciudad se convierte en un personaje más,   un testigo  del devenir del joven, que a la vez modifica. A través del diario y la radio, los acontecimientos externos se van intercalando en el relato y el discurso periodístico aparece deglutido por los pensamientos del personaje. Mientras, todo lo demás ocurre: el velorio del abuelo paterno, el plan para desfalcar a sus primos ricos, la aparición de Ariadna –su ex novia chilena-, la noche con Nadia -una especie de amante irresuelta-, las changas con Silas, el portero.

0 comentarios




[Sobre el autor]


Darío Fantacci nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. A los cinco años fue a vivir a San Marcos Sierras, un pueblo de Córdoba. Desde los 15 años estudia dibujo. Los últimos 7 años de su vida los dedicó a la historieta. 

Trabaja en el Grupo Niños como editor y junto a sus compañeros Pedro Mancini y Santiago Fredes editan la revista Ultramundo,  dedicada a la historieta. 

Publica Niños de la basura y otros comics en Ultramundo Gorgonzola. Realiza El fou, historieta a color de formato Webcomic. 

Hace un año inauguró, junto a Isabel Loyer, Niños Golondrina, una pequeña casa editorial independiente ambulante, dedicada a la edición de historieta y libros de imagen en general. Actualmente hace base en Francia, con el Nombre de Les enfants Hirondelle

Hoy vive en Montreuil, Francia, con poca plata, dedicado por entero al proceso creativo. Su fantasía es que si se va de Europa la actividad económica del lugar volverá a la normalidad.

[Contacto]