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La escritora y cineasta Milagros Amondaray nos cuenta sobre el proceso de filmación de su última película No estás solo en esto y el libro Que la corriente me arrastre: cine queer para descubrir (2020). En ellos, se dibuja una historia personal que empezó por un blog y terminó generando lazos comunitarios inquebrantables.


Por Rosario Iniesta




¿En qué momento supiste que querías dedicarte a la crítica de cine, viniendo de una formación académica como docente de Letras? ¿El cine siempre formó parte importante de tu vida?


Lo supe desde siempre. Desde la secundaria, mi papá me hacía ver muchísimas películas, era muy cinéfilo. Yo sentía un gran amor por Scorsese y el cine de Hollywood de los setenta. Pero sobre todo me gustaba mucho escribir poesía. Cuando era adolescente participaba en todos los concursos que había en  San Antonio de Areco, que es mi ciudad natal y donde vivo ahora. Sabía que quería combinar la escritura con el cine, entonces era crítica de cine sí o sí. 

El cine siempre formó parte de mi vida. “El mago de Oz” fue una película que me marcó un montón porque me acuerdo que mi mamá me la alquilaba todo el tiempo. Yo era la típica persona que frecuentaba mucho el videoclub porque estaba en la esquina de mi casa en esa época. Cuando les dije a mis viejos me re apoyaron por suerte porque realmente era una chance en un millón. Empecé a estudiar cine en algo que sería como una especie de CBC de la FUC (Universidad del Cine) porque había obtenido una beca ahí. Justo ese año abrió la Escuela de El amante y me anoté, estudié la carrera empezando desde lo micro, y después quise reforzar mi formación con el profesorado de Literatura, así que se terminaron complementando ambas cosas. 


Ves mucho cine, conectas con muchos personajes, pero ¿cuál fue el primero de todos, aquel que sentís que te cambió por completo?


Respecto a los personajes, pienso que fue Dorothy, de “El mago de Oz”, pero por una cuestión de que lo relaciono mucho con mi infancia y preadolescencia. Si tengo que elaborar una respuesta más madura, me parece que hablaría de un personaje como Céline (Julie Delpy) en Antes del amanecer, que la vi en el cable en la casa de mis viejos durante mi adolescencia. Recuerdo identificarme mucho con ella y, después, hubo dos personajes en simultáneo que me marcaron: Enid (Thora Birch), de “Ghost World” y “Juno” (Elliot Page), que supongo que tienen muchas cosas en común: son bastante nihilistas, desencantadas con el mundo, un poco ermitañas, muy en su propio universo.

Había algo de su amor por el arte, sobre todo en Enid porque su personaje pintaba pero tampoco se encontraba ahí, estaba el hecho de intentar descubrirse a uno mismo, pero creo que más que nada era como la fidelidad que tenían ellas para consigo mismas, su frontalidad y lo que querían para sí mismas, yo conectaba con eso. Se podría llegar a decir que había algo de misantropía ahí, pero a su vez decían “voy para adelante con lo que me pasa”, sin pelos en la lengua, bastante honestas, había una gran autenticidad en las caras de Enid. 


El fenómeno Cinescalas, el documental y el libro


Cinescalas fue un espacio en el que se hablaba de cine (actual y no tanto) y que supo convertirse en una auténtica comunidad de lectores y colaboradores que le dieron vida a esta plataforma que inició como un ejercicio terapéutico para Milagros tras un trastorno de ansiedad. El blog comenzó en 2010, cuando Milagros trabajaba en la sección de espectáculos del diario La Nación. Cinescalas arrancó con notas pequeñas para luego adquirir un estilo más desestructurado.

Démosle un buen final a esta historia. Del cine a la vida sin escalas, publicado por Dunken en 2013, compila veinticinco ensayos sobre películas relacionadas con temáticas de la vida cotidiana como la familia, las decisiones, el amor trunco, las promesas y la fe.


Tu primer libro habla del cine que te interpelaba en la época de Cinescalas, incluso el epílogo lo escribieron en conjunto con la comunidad del blog. Cuando pensas en aquellos días, ¿cuál es el recuerdo o sensación que más te viene a la cabeza?


Cuando pienso en la época del blog me da mucha nostalgia, me parece que es lo más lindo que construí a nivel profesional. Está por un lado lo que hago para el diario, que son cosas profesionales que me llenan de satisfacción porque uno quiere superarse en lo que hace, pero en Cinescalas siento que fue donde me formé como escritora y, aparte, conocí a mi esposa a través del blog. Sobre todo, rescato haber concebido algo que significó mucho para un montón de gente.


Es muy fuerte la sensación porque el blog surge en un momento en el que yo tenía un trastorno de ansiedad y mi psicóloga me dijo que hiciese algo que me hiciera bien. En ese momento, venía de Cinemanía y entraba al diario que era un mundo nuevo para mí, porque pasaba de trabajar en una revista en la que éramos cinco personas a trabajar en un diario con un montón de gente. Me vi teniendo que manejar el mundo digital cuando yo venía de papel, era otro mundo y el blog me conectó. No somos peores críticos por escribir de manera apasionada por algo, no nos hace menos objetivos. Me parece que serle fiel a eso da sus frutos porque se nota cuando uno escribe desde la pasión. A mí por lo menos como lectora de otras personas me gusta leer a gente que escribe con pasión. No digo que lo mío a todo mundo le pueda gustar o que esté bien o mal, sino que me parece que ese es el camino.


Pasaron los años y el papel de las redes en nuestras vidas se modificó radicalmente. ¿Creés que hoy si volviese Cinescalas en otro formato quizá podría originarse el mismo entusiasmo en otras generaciones? 


No lo sé, me parece que no, que fue lo que tenía que ser. Fue la explosión de los blogs, era muy particular también y por eso quizás el documental muestra que mucha gente se encontró en momentos difíciles que estaban pasando. No sé si se volvería a dar lo mismo, y  no lo intentaría repetir tampoco. Cinescalas me formó como escritora: la forma de ver el cine y la manera en la que los demás respondían me conectaba con un lugar como más primitivo de amor por las películas. Se creaba una charla entre amigos y después yo intentaba traducir esas reflexiones en un texto.

Me pasó ahora interactuar con las generaciones y no hay mucho análisis, como que te dicen, Qué tenés que ver. Y me acuerdo que en esa época lo que hacíamos era reivindicar muchísimas películas, algo que yo también traía de El amante. Hemos hecho un montón de posteos de películas hollywoodenses, que quizá para otras personas ahora no ameritarían  un debate, como Marley and me o The five year engagement. 


Siento que ahora hay una imposición de lo que podés ver y lo que no, como que se perdió la frescura. Para mí blog era eso también: frescura, libertad de pensamiento. Cabe aclarar que tampoco éramos adolescentes, sino que nos encontrábamos en otra etapa, más de los veintipico tirando ya casi a los treinta y estábamos a favor del desprejuicio de determinadas películas. 


No estás solo en esto


El documental es una demostración de la superación del ser en momentos difíciles de la vida y de cómo la crisis personal de quienes hoy lo conforman terminó siendo “el lugar donde se puede compartir aquello que no se habla con todo el mundo”. 

La película fue financiada íntegramente por los participantes del blog a través de la plataforma IdeaMe. El rodaje duró quince días, recorriendo el país en diferentes localidades como San Antonio de Areco (ciudad natal de la directora), Capital Federal, Santos Lugares, Rosario, Tafí Viejo y Córdoba. La película fue producida tanto por los colaboradores del blog como por Ypnos Films y Jones.tv. 

El documental fue estrenado en el Festival Internacional de Mar del Plata en 2014, luego pasó por el Cine El Cairo, de Rosario, por el Cine Caraffa, de Córdoba, por el Festival Mirada Oeste de Mendoza, por Uruguay en el Festival Cinefem. La proyección en Capital Federal tuvo lugar en la Universidad Nacional de las Artes, en su sede de Crítica de Artes. 

La película comienza con la mítica frase de Lester Bangs (Phillip Seymour Hoffman en Almost Famous, de Cameron Crowe): “The only true currency in this bankrupt world is what you share with someone else when you're uncool”, que sería algo así como: “El único intercambio verdadero en este mundo corrupto es lo que compartís con alguien cuando no sos canchero”.



No estás solo en esto es un homenaje a la comunidad de Cinescalas. ¿Qué recordás del rodaje y del recorrido de presentación del documental? 


El rodaje fue muy agotador porque fue muy poco tiempo. La verdad es que yo tenía mucho miedo y no sabía nada de técnica. O sea, si bien es un documental muy modesto, teníamos al director de fotografía y al asistente de cámara que como no eran parte no entendían lo que estaba pasando, digamos que no era un equipo cercano a la experiencia que teníamos, estaban muy alejados de la situación. Esos días los disfruté muchísimo porque fue cómo ir de un lugar al otro y emocionarme con quien menos esperabas emocionarte. Realmente era llorar en cada una de las entrevistas, había como nada emotividad muy a flor de piel. 


”Que la corriente me arrastre” es un libro de ensayos sobre películas queer que te marcaron de manera muy personal, ¿cómo llegaron a tu vida y qué representan para vos? 


Algunos de los ensayos son tomados del blog de Cinescalas y otros son nuevos. Los de Cinescalas están bastante alterados porque cuando uno crece va reescribiendo las cosas de otra manera. 

La idea era elegir diez películas queer totalmente diferentes entre sí, con diferentes directores, de distintas nacionalidades, relaciones. Tengo intención de sacar otro más adelante con otras películas.

Para mí estos ensayos representan la naturalidad con la que tenemos que experimentar ya ciertas cosas. Me pasa mucho que cuando digo que estoy casada con una mujer y me dicen “bien por vos”, como de “apruebo lo que estás haciendo”. Quizá eso pasa más en la ciudad en la que vivo,  pero es algo como que todavía pasa. Es muy importante poner en la tapa a dos chicos y que eso se naturalice. Es un libro sobre el amor y también del amor hacia uno mismo, ser fiel a uno mismo.


|Sobre Milagros Amondaray|


Milagros Amondaray es periodista de espectáculos, crítica de cine y TV del diario La Nación en su edición digital e impresa desde 2006. Ha trabajado en la redacción de la revista Cinemanía y fue colaboradora de Revista Brando y Rolling Stone. Ha sido jurado en festivales de cine. Estudió crítica de cine en la escuela de El Amante y el profesorado de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín V. González.

El blog Cinescalas, del cual es autora y editora recibió el Premio Excelencia en Contenido Digital en la categoría Mejor Blog en 2011 y 2012, otorgado por el Diario El País. Milagros es autora del libro Démosle un buen final a esta historia (2013, Dunken), guionista y editora del documental “No estás solo en esto” (2014), que fue presentado en el Festival Internacional de Mar del Plata y en varios festivales nacionales e internacionales. Que la corriente me arrastre, cine queer para descubrir (Milena Caserola, 2020) es su segundo libro.

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El fanzine Mi vida de atleta, de Julieta Marra, fue editado de forma independiente en 2021, en plena pandemia. Sus tapas son grises y suaves. Tiene puntas redondeadas, y ¿cómo más expresar tanto amor desde lo material? Sus hojas tienen tamaños distintos, con fotos suspendidas en medio de la encuadernación, imágenes que operan obturando y dejando ver fracciones de texto, intercalando formas de hacer sentido.


 por Mora Vitali





Julieta trabaja la fotografía callejera haciendo lo opuesto a robar imágenes. Ella dialoga, pregunta, se acerca, observa, pide, lleva, trae, y termina por ofrendar parte de su mirada. Su proceso creativo es el de una persona que vive en el mundo como en una red, intercambiando en vez de extraer. De la misma manera aditiva, su trabajo superpone y entrevera las ramas del arte que viene desarrollando a nivel autogestivo, y que estudió en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). 




En el caso de este fanzine, la obra final combina transcripciones y relatos de sus diálogos con imágenes que se generan durante estos vínculos espontáneos tejidos en la calle. El celular como herramienta de lo inmediato, como forma de producir obra, es un elemento que invita al debate. ¿Se puede sacar fotos sin tener una cámara carísima? ¿Es posible crear arte con un objeto que ya está en casi todos los bolsillos? Mientras hacíamos lo posible por estar en casa, ella tejía con este medio de registro una obra relacional, trazada por las sendas de su insistencia poética, en la documentación y reflexión barriales. 




Julieta tiene tatuado en el brazo el dibujo que abre Mi vida de atleta. También ilustra la contratapa de la publicación, un cierre que no es un cierre, para una obra que nunca termina de hacerse. Es un balde de agua, con un ramo de flores frescas. Julieta dice: “El por qué yo perseveré en el estudio de esto que llamamos ‘arte’ tiene que ver con las relaciones. Lo que me afecta es la voluntad de compartir las cosas lindas, un deseo de que vieran lo que yo veo en la vida en general. Ese eje ordena mis proyectos: registrar situaciones, contagiar climas, y amalgamar la luz, el objeto, la forma de sacar la foto. Es el intercambio entre la cosa, la persona y yo que da algo nuevo. Todavía no entiendo cuál es el formato que más me gusta, ya abandoné la idea de un canal limpio de comunicación. La pretensión de objetividad. Me libera abandonarla”.




“María”. “William Henry”. Capítulos con nombres propios, personales y personalizados. Una extensión rizomática de la calle y sus habitantes. Julieta busca generar intimidad en el espacio público, una disrupción contradictoria que permite la sorpresa, y abre la posibilidad de escuchar un secreto en el medio de la calle. A veces es necesario decirle a alguien “hola, te puedo sacar una foto? me resultas una postal”.




Hablar de Mi vida de atleta implica también hablar de Ediciones Afines, el sello que Julieta lleva adelante con Melina Rimola, y define como un sueño editorial hecho realidad.  Julieta cuenta: “Es un proyecto maravilloso. Empezamos haciendo fanzines, convocando gente y compilando, y yendo a ferias. Cuando surgió la posibilidad de editar para otras personas descubrimos que amamos hacerlo. Entonces, abrimos una convocatoria de contenido, atendiendo a la necesidad particular de cada idea, dándole la entidad que cada contenido requiere, por fuera de lo estandarizado. Nuestras obras son objetos más que publicaciones o fanzines. Cada parte hace a la idea del material que tiene adentro. No somos solo editoras, somos personas que se dedican a la imagen”.






| Te invitamos a recorrer Mi vida de Atleta con nosotrxs |



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Web 
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| Sobre el autor |

Eduardo CruzMéxico. Ilustrador independiente. Colabora con revistas, editoriales y festivales culturales y también hace carteles para películas y teatro. En 2021 ilustró el libro Una nube, dos gaviotas y un espejo de la tarde, de Salvador Gallardo Topete, editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes. En 2016 estudió en la Scuola Internazionale d’Illustrazione de Sarmede en Italia y en 2018 fue seleccionado en el 9o Catálogo Iberoamericano de Ilustración, editado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y Editorial SM. Actualmente es becario del programa «Jóvenes Creadores» del Fondo Nacional para Creadores de Arte (FONCA), en donde desarrolla una novela gráfica sobre la vida y obra del cineasta Robert Bresson.  


| Contacto |




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Perenne


Corre sangre por el desagüe gris de la ducha
como el color hundido de una puesta de sol.

Cuando tembló el teléfono de línea
por el aliento caliente que estaba detrás

me quedé descalza en el jardín delantero suavizado
por la lluvia invernal, levantando bolsas de bulbos de tulipanes

sin pensar en ni una sola cosa,
ni en mí ni en mis manos ni en la tierra.

Ahora las flores son paraguas 
abiertos desde la estación llena de gente

que es la tierra. Entre mí misma 
y los brazos de un hombre que odio

hay un lapso de tiempo, verde, fino
como fósforos, quebrantable, que emite

raíces. Trepo, para salir del calendario,
con bocas naranjas y amarillas.


... 

Caminando por el marido


De vuelta a los archivos voy a ir lento con el mismo vestido
verde que usé el agosto pasado alentándote a ver 
las correderas se me acercan como azúcar disuelta en jugo de limón caliente
espeso como lágrimas al lado del puesto de falafel que conozco
va a haber mucha gente en la fiambrería pero necesito a alguien que me toque
el hombro y se mueva por la madeja de las calles 
donde los departamentos son demasiado chicos como para que se vean
nubes marmoladas que abotonan el cielo
se sacude las migajas de sol y caen a los adoquines abajo
un violoncello late por el Marais, palabra que sigo pronunciando mal
como si quisiera decir “marido” así que es ahí por donde camino otra vez
que el deseo me desgaste el par de zapatos buenos
todos mis maridos teoréticos giran para mirarme mal 
desde sus ventanas de un tercer piso hablándome con ese tono dulce
caminando por los puentes que llevan a las catedrales les prometo mi
corazón juraste
que me ibas a llamar si llegabas a encontrar ese aro pero nadie me llamó, nadie
me ve salir corriendo del puesto de frutas con el agua de tormenta
beber este trago y comer encima de las sábanas
de la lluvia diré que no estoy acostumbrada a un aire tan claro
deje al descubierto mis deseos—si pelo esta naranja de una sola vez
voy a ser una buena chica, que sueña
con lo que debe
querer vajilla y aniversarios 
en una misma línea limpia la naranja podría hacerse espiral como una
escalera caracol que me lleva hacia vos y solo 
a mí me enseñaron que cualquier beso necesita tener
una salida, no puede dejarse
desatendida, acá es donde muerdo
hasta la semilla y sigue siendo
dulce. No hay final que no sea este.


... 

Temporada de diospyros


Creció durante todo el verano,
entre los diospyros verdes de adelante
que se amalgaman con sus hojas redondas
la fruta es invisible hasta que se ponen demasiado brillantes como para no
mirarlas. Nuestros días lentos por el sexo, 
las cortinas gruesas amarillas siempre cerradas 
para evitar el calor así cae la luz
atravesando el color tiñendo el dormitorio
con un dorado en el que se puede nadar, se vuelca
miel bajo la puerta como si todas las horas
fuesen ese momento justo antes de la puesta de sol,
cuando cada esquina del departamento contiene
el centelleo húmedo de otro brindis. Las horas en las que ensayaste
el mismo nocturno en el piano, la misma frase estirada
nota por nota, tus dedos cuidadosos
bajaban por los contornos de la canción. Las horas en las que junté
las lilas rosas y blancas de la semana pasada, enjuagué los floreros
y los llené de agua nueva y monedas, corté
los tallos en diagonal para que los capullos duren
unos días más. En septiembre
cuando vuelvo de la estación de tren sin ti,
me encuentro con la calle ardiendo por los diospyros, 
faroles naranjas colgados 
de cada rama iluminando el camino a seguir o hasta casa
y un mordisco de esta, la fruta robada, 
piel que se ajusta ante el primer frío
la carne pesada canela, tu torso
y las sombras largas otra vez.




Traducción y selección de Carla Chinski 



| sobre la autora


Rhiannon McGavin reprobó el examen de manejo tres veces. Ha leído en el Hollywood Bowl y la Library of Congress, entre otras, y en NPR (New York Public Radio). Fue Poeta Joven Laureada de Los Ángeles en el 2016. Sus poemas fueron publicados por Tia Chucha PressCura y Teen Vogue, así como en Button Poetry. Estudió literatura en la Universidad de California, Los Ángeles. Sus libros Grocery List Poems están disponibles en Not a Cult e internacionalmente en Bookdepository. Podés encontrarla online y en la calle, caminando.


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Micaela Kessler nos presenta la obra de Lara Flores Catino, una exploración de lo íntimo a través de la imagen pensada como democratizadora, y el uso de la edición artesanal como espacio de reivindicación del proceso artístico.

por Micaela Kessler



¿Cuál es el lugar del libro como objeto luego de la pandemia, ya que el rubro editorial es uno de los más afectados por la situación? ¿Qué postura tomamos artistas, editores y lectores frente a esta problemática? El cierre de ferias, exposiciones, encuentros de lectura y cultura nos hizo repensar la literatura, tanto en su rol de comunicadora como en su nueva vinculación con los formatos. El arte pasó a habitar masiva e inevitablemente el mundo virtual. Así, comenzó a conocerse y abrirse paso la poesía de Instagram que copó los posteos diarios, con variedad de temáticas y formas en una clara vinculación con la imagen. 

En este contexto, llegó Lara Flores Catino desde Mar del Plata con su proyecto artístico: “¿Cuánto tarda un cuerpo en caerse?”. Explorando de igual manera los medios de la escritura, el arte visual y la edición, la obra de Lara recorre diferentes formatos para encontrar su expresión. En la cuenta de Instagram propia de su obra (@azuleja__) podemos ver el trabajo de intervención de archivos familiares que puso en marcha para crear sus propios fanzines. Yendo y viniendo de la imagen al texto y del texto a la imagen, la obra se ramifica intuitivamente por un inmenso caudal expresivo. Un caudal con la fuerza suficiente como para romper los formatos y, a su vez, las formas que tenemos de pensar el arte.

Vemos también un trabajo marcado con el tema de la identidad. Desde una relación con lo autobiográfico, la autora no solo reescribe su historia, sino que la crea. El pasado es un espacio fecundo donde todo vuelve a nacer. En la obra, la experiencia única e irrepetible: las fotos que se usaron para las portadas de la primera tirada de fanzines son las originales del archivo, intervenidas sin copia o reproducción previa. Podemos pensarlo como una pérdida o como una recuperación. De cualquier manera, es un objeto único que ocupa su propio espacio en el mundo y que, por eso, es también irreproducible. Es, claramente, una valoración de la autenticidad del objeto por sobre la perfección; una valoración de la identidad por sobre la masividad. 

Lara forma, junto con Lali Solari y desde 2020, la editorial independiente @fortunaediciones, donde editó su fanzine y donde próximamente saldrá este primer libro. El trabajo artesanal que ellas llevan a cabo y defienden como premisa fundamental le propone al lector una conciencia del tiempo y del espacio que suele perderse en los procesos industriales y las tiradas a gran escala. Reivindicar el trabajo manual de la edición independiente es tomar postura frente a lo efímero. El compromiso del artista con su forma de hacer arte es, para Lara, igual de importante que la obra misma: "Fortuna tiene una premisa bastante consciente y voluntaria de generar libros objeto, volver a lo artesanal, nosotras editamos todo solas, digamos, mandamos a imprimir las hojas pero después cortamos las tapas, cortamos las hojas, cosemos, pegamos, bordamos, pintamos, hacemos un trabajo súper, súper artesanal y es una cuestión bastante consciente y voluntaria. Creemos en la potencia de un objeto que fue diseñado por otro y que se nota el rastro de esa huella, ¿no? Entonces si hay imperfecciones, que se noten porque ahí hubo una persona real cortando ese libro para vos" dice Lara.

En su proyecto brotan sus propios pensamientos sobre el tratamiento de la cultura. Militar el autodidactismo artístico es también una forma de democratizar el arte; tenemos, todavía, una concepción del poeta o el artista como personas con un don. Pero, para este tipo de proyectos, puede considerarse artista a una persona que trabaja sobre sus ideas. 


Lara es uno de esos casos: desde pequeña se dedicó a experimentar en todas las áreas desde la intuición, desde pintura, bordado, cerámica, fotografía y hasta escritura. La edición independiente y sumamente autogestionada nos ofrece también una mirada del mundo y una forma de relacionarnos con él. El fanzine de Lara “¿Cuánto tarda un cuerpo en caerse?” puede descargarse de forma gratuita desde @fortunaediciones. Próximamente formato libro, desde la misma editorial. 







| Más de la artista |
Instagram de su obra “¿Cuánto tarda un cuerpo en caerse?”@azuleja__

| Más de la editorial |
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collage por @nubelectrica



Las flores surgen como dones y luego se expanden
una vigilancia aguda las silencia
no hay que cansarse nunca de los dones.

El mundo es un diente arrancado
no me pregunten por qué tengo
hoy tantos años
la lluvia es estéril.

Persiguiendo las semillas destruidas
eras la unión marchita que buscaba
robar el corazón de otro para después usarlo.

La esperanza es un daño tal vez definitivo
las monedas resuenan crudas en el mármol
de la mano.

Convencí al monstruo para que se retire
a los cuartos limpios de un albergue imaginario
había en los bosques pequeñas serpientes embalsamadas.

Me maquillé como sacerdote de la poesía
pero estaba muerta para la vida
las vísceras que se pierden
en una pelea
morís barrido por la ciencia.

El mundo es sutil y llano:
pocos elefantes lo recorren, obtusos.

... 

Propongo un encuentro con el cráneo,
desafiar al cráneo
mantengo firme y constante
encerrada en la fe imposible
el amor propio
de las bestias.

Cada día de su inexplicable existencia
palabras mudas en fila.

... 

Hay como un dolor en la habitación, y

en parte se lo supera: pero vence el peso 

de los objetos, su significado 

peso y pérdida.


Hay como un rojo en el árbol, pero es

el naranja en la base de la lámpara

comprada en lugares que no quiero recordar

porque ellos también pesan.


Como nada puedo saber de tu hambre

precisas en el querer son

las estilizadas fuentes

bien puede situarse el revés de un destino

de hombres separados por un oblicuo sonido.




Traducciones de Gabriela Romairone 

(Selección: Malena Rodriguez)


| Sobre la autora |




Amelia Rosselli nació en 1930 en París. Su padre, Carlo Rosselli, era un teórico del Socialismo liberal, y su madre, Marion Cave, activista inglesa del Partido Laborista británico. En 1937, cuando tenía ocho años, el grupo terrorista de ultraderecha La Cagoule, siguiendo órdenes de Mussolini, asesinó a su padre y a su tío en una emboscada en Normandía. Esto produjo el exilio de Francia por parte de la familia, que buscó asilo primero en Suiza y luego en Estados Unidos.


Después de haber vivido largo tiempo en el exterior regresó a Italia tras la segunda Guerra Mundial, estableciéndose en Roma. Estudió literatura y filosofía, y más intensamente música. En paralelo a su profesión de compositora e intérprete trabajó como traductora. Comenzó a publicar sus poemas a principios de los años 60. Fue apadrinada por Pier Paolo Pasolini, quien escribió prólogos a sus libros y presentó 24 poemas de ella en Menabó, una revista literaria famosa de la época. 

Su poesía potente y sugestiva es un fenómeno único en el panorama italiano y se la vincula a otras tradiciones, como la anglosajona y la surrealista francesa. La suya es una escritura hablada, intensamente informal.


Publicó, entre otros, los libros Variazioni belliche y La libellula, ambos con prólogos de Pasolini. En español se encuentra Sin paraíso fuimos, traducido por Carlos Vitale. En 1996, tras largos períodos luchando con enfermedades mentales, se suicidó en su casa de Roma.


| Acerca de la traductora |


Gabriela Romairone es profesora en Letras por la UNLP. Estudió italiano y literatura en las universidades Università per Stranieri di Siena, Università di Genova, y en la Dante Alighieri di Roma. Tomó talleres de escritura con Diana Bellessi. 


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El nuevo libro de pósters Futuridrag es un acercamiento a la temporalidad del futuro drag, y una continuación de la intervención política queer, que ahora va del espacio público a la imagen-collage.




por Tobías Leiro







Si unx googlea, se puede encontrar con dos definiciones tradicionales de “comparsa”. En la primera se lee: “Grupo de personas que desfilan juntas en una fiesta popular disfrazadas, a menudo con trajes del mismo tipo”; y la segunda es: “Conjunto de personas que representan papeles de poca importancia en una obra de teatro o cinematográfica o en otro espectáculo y aparecen en escena sin apenas hablar”. Entonces, según estas definiciones La Comparsa Drag es y no es una comparsa. Esta desidentificación es uno de los ejes de su práctica ya que, por un lado, el grupo performático residente en Buenos Aires está integrado por un grupo de personas que desfilan juntas. Pero sus “trajes del mismo tipo” son el drag y la performance, y no desfilan únicamente en una fiesta popular o, mejor dicho, son ellxs lxs que transforman el espacio público en una fiesta popular y de resistencia. Por el otro, responden a la segunda definición: ellxs son lxs protagonistas de su práctica, una puesta en primer lugar de aquellas identidades queer que la ciudad y las fiestas heteronormativas trataron de invisibilizar.



La Comparsa Drag surgió en 2018 a partir del taller “Devenir drag” coordinado por Silvio Lang y Endi Ruiz en CIA — Centro de Investigaciones Artísticas — de Argentina y, desde ese momento, se gestó una práctica estratégica de lucha en donde a través del baile, el juego, la fiesta y la performance, convierten a la ciudad en un dragspace. Una puesta en acción de identidades disidentes — performers, dragas, maricas, lesbianas y artistas desobedientes—, que no le tienen miedo a la noche ni a la fiesta y buscan una nueva sensibilidad social que discuta con aquella impuesta por el espacio público heterosexual y normalizado. 





Sus acciones performáticas durante el 2019 fueron la ocupación del FIBA —Festival Internacional de Buenos Aires—mediante una marcha carnavalesca y desacatada que llamaron “Derecho a lo cualquiera”; la intervención “La apocalipsis es ahora”, en la Marcha del 24 de Marzo, en conmemoración del golpe de Estado de la última dictadura argentina, con la consigna “Hay terror ahora”; un paseo nocturno por el Microcentro porteño, registrado por la revista alemana Gruppemagazine, con la consigna prestada “Fuera del closet, ocupando las calles”; el copamiento “Mamarrachas subterráneas” en la Línea B del subte de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina; asistieron al estreno de la película “Bixa Travesty”, sobre Linn Da Quebrada & Jup Do Barrio en la sala Leopoldo Lugones del Teatro General San Martín de Buenos Aires; acompañaron en la 1º y 2° Marcha del Orgullo LGTTBI Trans Villera Plurinacional, en la Villa 31 de Buenos Aires; y en 1° Carnaval Travesti de la Provincia de Buenos Aires realizado en Plaza La Moma de la Ciudad de La Plata.



Este año, la Comparsa Drag, en colaboración con la artista visual Flavia Da Rin, presentará su libro de 
pósters Futuridrag. Libro-póster que discute directamente con la linealidad temporal heteronormativa y global al proponer una temporalidad no-lineal y queer. Futuridrag es la materialización de aquello queer que aún no existe y que se encuentra en constante formación, pero que se manifiesta mediante prácticas en el presente. En cada fotografía-collage vemos fantasías de revolución, invocaciones apocalípticas, delirios místicos, naves espaciales, identidades fragmentadas, abrazos inter-especie, caos transformadores y complicidades entre amigxs. Entonces, Futuridrag plantea mundos posibles que se vuelven concretos por la potencia drag y queer de aquellxs que no se conforman con la narrativa y normativa heterosexuales. Un horizonte futuro que nos invita a preguntarnos por el presente a partir de reflexiones del pasado. Una yuxtaposición temporal en donde La Comparsa Drag hace sus fiestas y prácticas.




La preventa del libro-póster ya está disponible:  FUTURIDRAG




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