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"Escupitojo Monstruos", el primer libro del Colectivo Abismal, en el que participan 85 artistas de diferentes partes del mundo, una publicación independiente con un contenido monstruoso y apetitoso. (Hecho en Bogotá, Colombia)

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[Mormones de la canción] 

Cuando un amigo te hace escuchar su canción favorita.

Por Rodríguez

by Marco Puccini

Situación de mierda cuando un amigo cebado (recontra cebado) te muestra una canción y te dice, -te obliga-, a que la escuches, a que la escuches entera, de pe a pa. Te exige a que dejes lo que sea que estabas haciendo y pongas todos tus sentidos a su disposición. Diciendo cosas como: “¡Escuchá, escuchá!... escuchá la letra,... ... mirá, mirá esta parte … ...” acompañado de un gestito con el dedo índice sobre su oreja.
Y después lo que pensabas que no podía pasar, canta a la par, con cara de loco te mira a los ojos y canta la parte de la letra que más lo conmueve, alternando la cara de loco con una “sentida”, entrecerrando los ojos. Y para colmo la canción no termina más, es el tema más largo del mundo. Vos lo único que querés es salir de esa situación, querés escaparte, querés salir corriendo, pero no, por respeto, por la estima que le tenes, te quedas. Te quedas y resignado escuchas la canción entera. Quizá hasta te gusta. O sea, el problema no es ese, es muy probable que el tema esté bueno, lo que resulta insoportable es la situación, que te fuercen a escucharla, y no a escucharla así nomás, no! Tenes que prestarle atención, estando en el barullo de un asado medio “picados”; o en una fiesta entre mucha gente, humo y poca luz; o lo que resulta más incómodo, estando solos, solos en SU casa. Él cantándote a vos. Y vos con la presión de que te guste, con la presión de asimilar la canción de un momento para otro. Teniendo que poner cara de atención, y prestarla de verdad. Teniendo que poner cara de “que buena”, cara de “sentir” la letra.
Demasiado para mi.

Las cosas pasan cuando pasan, hay momentos distintos para cada uno.
La imposición de cualquier cosa en realidad te tira para atrás. Como los mormones o los evangelistas que van casa por casa queriéndote meter la palabra de dios, estos amigos te quieren convencer que ellos escuchan buena música, mientras que vos estás en la boludes, ellos tienen la posta.  

Es un problema que tenemos, en general, no sólo recomendar sino “obligar” al otro a que escuche una canción, a que mire tal o cual película. ¿Por qué cuando hablamos de películas, le decimos al otro “¿¿no viste esa película?? ¡¡Tenes que mirarla chabón!!”
¿Por qué esa cosa de querer imponerle al otro sus “temas”? ¿Por qué? Es pedante, creemos que nos la sabemos todas, recomendando películas raras, de países exóticos, o del año de jopo. Nos gusta saber algo que el otro no, y lo usamos como un arma, como nuestro caballito de batalla. No estamos solamente recomendando, estamos poniéndonos por encima, diciendo “mirá que capo que soy, mirá que películas copadas que veo, y que canciones comprometidas con la causa que conozco papá”.

Somos despreciables.

Pero el peor en su especie es el recientemente mentado amigo que te acorrala  “invitándote” a escuchar su canción favorita.  

Publicado en Bigote Falso 

[Sobre Bigote Falso] 

Bigote Falso es una entrega de todo un mundo interno, cotidiano, neurótico y obsesivo. Nada de lo que digamos tiene que ser tomado muy enserio, sin embargo nunca fuimos tan sinceros como acá. Gritos de guerra, análisis y estudios seudo socioculturales, cuentos, tiras cómicas, algunas verdades y demás miserias disparamos con la noble intención de levantar en peso a quién lo merezca (ponele).    
 
Una combi sin papales y medio abollada que avanza, a velocidad crucero, con gente joven, apuesta y desopilante que la mayoría de las veces mira para otro lado en las fotos. Ah y que escriben, claro. Escriben, juegan al senku y están incursionando en el ala delta.
Ninguno de ellos es rubio.
Al menos una vez en su vida se comieron una Vauquita
Nunca aprendieron a dividir.
A veces piensan en Michael Jackson.
Bigote Falso, una nota mental, un papelito cualquiera pegado así nomás en la pantalla de tu monitor.

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mail: bigotefalso@hotmail.com.ar
twitter: @Bigote_Falso

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¿Por qué “picnic”? Un picnic es una actividad lúdica y colorida, pero requiere de un planeamiento minucioso para que salga bien. Es necesario que en un picnic convivan el afán por divertirse y el buen juicio que sepa identificar qué es necesario y qué prescindible.
Por eso nos pareció propicio el concepto. Estamos buscando darle más sustento
y estructura a la cuestión lúdica que nos sale naturalmente.

Todos los escritos del blog utilizan este procedimiento:
*La inclusión de 3 frases (pensadas a priori)
*Una condición.
*Y una imagen que acompañe al texto.

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Muestras Gratis ] 
Dos mil doce (por Paula Manzano)
Vi que sus piernas no terminaban nunca, que un colmillo le sobresalía cuando se reía, que su piloto beige poco la había protegido de la llovizna molesta y que su hebilla roja hacía juego con sus zapatos brillantes de punta redonda. Vi que tenía cara de invierno. Hermosa. La deseé tanto que me di vergüenza.
Que estuviéramos recibiendo la primera noche del dos mil doce significaba que la suerte estaba de mi lado, de eso estaba seguro. El festejo de año nuevo siempre es excusa perfecta para tomar riesgos y volverse un poco estúpido. Me acerqué a ella justo cuando se largó la tormenta y fue a la cocina para rellenar su copa. Como me sabía la casa de memoria –que el festejo se ubicara en la casa de mi mejor amigo a solo tres cuadras de la mía, también era un buen augurio- le aseguré que no había que desanimarse: además de las toneladas de New Age que colapsaban la heladera, mi amigo Ramón guardaba en la alacena superior lo mejor del alcohol. Atrás de las cacerolas, aseveré. Dejé que ella misma lo comprobara para que no me creyera demasiado vivo. Nos servimos el whisky del secreto, enseguida encauzamos conversación, me dijo que se llamaba Lorna y yo supe que la amaba porque solo ella podía llevar con gracia un nombre tan espantoso. A la media hora estábamos caminando esas tres cuadras hacia mi casa. La besé y fue, sí, criminal.
Yo, que se podría decir era un tipo romántico, me veía superado en todas mis usanzas cuando a las cinco semanas nos mudamos juntos. Tenía cierta tendencia al enamoramiento pero era siempre pasajero, en cuanto encontraba una mujer con mayor o mejor encanto que la anterior, no dudaba en cambiar de vía. Con Lorna, como es de prever, fue diferente. La amé a ella. Y ese fue el quiebre, me había caracterizado hasta ese momento por un signo por demás común: me apasionaba tenazmente por alguna mujer, pero ese fanatismo se reducía al veinte por ciento de la misma, amaba -con mucho ahínco, eso sí- solo determinada cualidad de mis compañeras. Así que todo duraba poco. Lorna en cambio me liquidó hasta en su cocinar tóxico, en lo mucho que desafinaba al cantar cualquier cosa (algo que hacía en todo momento, y qué mal lo hacía), la cantidad de gripes que la tumbaban a mi merced y acto seguido las millones de carilinas por toda la casa, lo mucho que arriesgaba en sus comentarios de fútbol sin el más mínimo entendimiento. Me gustaba el buen humor con el que se levantaba, su buen humor en general ahora que lo pienso. Su inclinación por todo lo que era matemático, su desplazamiento certero entre las multitudes de recitales y otros conglomerados, la seguridad con la que se proyectaba al hablar, y entre todo eso, difícil olvidar los terremotos carnales que eran esas caderas.
Se podría decir entonces que todo iba bien. Encajábamos de una manera que me sorprendía, vimos cómo se fue armando un mundo común y logramos el amor. Ahora lo veo de lejos y casi puedo revivir lo sosegado que me sentía, porque no era otra cosa que una sensación íntima de bienestar, amén de las batallas poco campales que de vez en cuando sorteábamos. Pero obviamente no duró. Intento distinguir en qué momento exactamente la cagué y creo que fue por septiembre. El clima empezaba a templarse y como dije, todo iba regio. Tanto que Lorna dejó de tomar pastillas, los dos sabíamos que queríamos un hijo de eso que formábamos juntos, y sus hombros otra vez al descubierto por la nueva estación me violentaban a la búsqueda. Pero de repente y sin exordio alguno, la flipé. Estaba enloquecido por un ensayo que estaba terminando de escribir, y en medio de todo eso las expectativas de Lorna, que no se habían distanciado de las mías, me iban haciendo de a poco un nudo en la garganta. Admito que me asusté, con terror y como el más idiota de todos.
Aproveché lo del ensayo y le dije a Lor que me volvía por un mes a mi depto –ahora sé que por algo no lo había puesto en alquiler- hasta la fecha de publicación. Que lo hacía por ambos pero sobre todo por ella, el diseño gráfico la tenía para suerte de nuestra economía doméstica muy atareada, y no quería volverla loca con mi exaltación de ánimo. Le incomodó la sorpresa pero no sospechó ni un poco. El problema fue que una vez instalado no pude volver a nuestro techo. La ansiedad por mi obra era una excusa irreprochable para Lorna que era la más respetuosa de mis silencios, pero la verdad es que no tuve ganas de responderle ni uno solo de sus mails, ni una de las tantas salidas que semanalmente me proponía. Lo único que hice fue mandarle un mensaje de texto diciéndole que no se preocupara, que era lógico que estuviese un poco trastocado con lo del “primer libro”. No hubo un momento en que dejara de extrañarla, no. Pero lo cierto es que no podía verla y se me complicaba adivinar la luz al final del túnel.
En la presentación nos vimos y como esa primera noche de año nuevo, me volvió a liquidar. Cuando la vi sentada entre el público por un minuto no me importó el libro ni todos los invitados que por cierto superaron en cantidad mis pronósticos un poco pesimistas. La noche, por cierto, fue memorable; hubo un clima de aceptación general y todos se mostraron festivos, avivados. Yo la miraba a Lor y me la quería llevar a casa, cogerla hasta el mareo. Se me fueron las nauseas, mis manos dejaron el temblequeo y agradecí por primera vez en un gesto cristiano, juntando mis palmas, por tener a una mujer como Lorna queriéndome después de semejante salida de tono. Es que me había olvidado que esos ojos negros estaban a la mira con esa mezcla tan cruel para mí, de intriga y dominio. Qué idiota me había puesto. La solución había sido siempre una y muy sencilla: suspender el tráfico de mi cabeza y verla.
El mes que le siguió fue olímpico. Volver a casa fue volver a la mansión de los bienaventurados. En mi escritorio encontré un conjunto de regalos que me había hecho durante esas cuatro semanas: todos envueltos tenían pegados un papel blanco que decía: “Para Simón de Lorna”. La falta de comas hizo que empezáramos a llamarme así, Simón De Lorna, como un segundo apellido adoptado. Vi colgadas en la ventana de nuestro dormitorio tres enaguas como de encaje, de un estilo naif que en otro momento hubiera odiado. Pero transparentes, de solo pensar en sus tetas metidas ahí adentro se me avivó el cuerpo.
A lo largo de ese mes, cada una de las expresiones que se me iban presentando, se multiplicaban para recordarme ese todo terrestre que era Lorna.
Por esos días le salió un proyecto para una revista en el que tendría que estar seis meses en Madrid, de enero a julio. Tranquilamente podía acompañarla para empezar a escribir un nuevo ensayo que estaba perfilándose. Pero el que la caga una vez, la caga dos veces. Esos días los pasé todo el tiempo que pude afuera. Llegaba muy tarde a casa y casi ni me la cruzaba. Le dejaba notas en la heladera diciéndole que andaba en algo importante, que ya le iba a contar con detalle, intentando de varias formas disimular que estaba otra vez entregado al pánico. Le aseguré que tendría una respuesta para todo y que era menester mi retirada temporaria. Algo de esto era real: a pesar de lo bienvenido que había sido mi libro en la presentación y en las críticas, las ventas no reflejaban ningún tipo de conquista. Según mis editoras, no había mucho que esperar. Yo no sabía cómo explicárselo a Lorna porque no sabía cómo explicármelo a mí mismo. Me sentía bajo la peor de las pestes. Pero mi revelación detallada, la que le prometía día a día en diversos colores pegada en la heladera, nunca llegó. El quince de diciembre volví a casa y Lorna se había ido. Le adelantaron el viaje y se había cansado en exceso de mi ausencia. Yo me la veía venir, por supuesto, pero no lo pude creer.
Me calmé y empecé a buscar pasajes aéreos. Toda esa semana la llamé para decirle que en cualquier momento me iba para allá. Ella no me creyó, claro. Pero algo se interpuso en mi plan, algo que no esperaba ni en la más agitada de las pesadillas.

Fue un martes. Me levanté un poco antes que de costumbre y me fui a hacer un café. Agarré la taza violeta, empecé a batir el Arlistán mientras buscaba los fósforos y todavía en bóxers sentí frío en mis pies: estaba parado sobre un charco. Lo seguí y me condujo a la heladera. Fui a secarme los pies y a ponerme ojotas antes de abrirla deseando que no se hubiera roto porque el viaje a Madrid me iba a costar unos cuantos pesos. Pero al abrirla vi que no tenía nada raro, excepto que no funcionaba. Me fijé el cable, perfectamente enchufado. Qué boludo, no debe haber luz, pensé. Así era, no había luz. Fui a llenar la pava para seguir con el café pero tampoco había agua, sospechoso. Salí al pasillo para ver si los otros PH corrían con mi misma suerte. Lo hacían. Me asomé al balcón para ver si era en toda la manzana. Abrí las ventanas y ahí vi que estaba todo negro, negro absoluto. No había autos, y los pocos transeúntes que pasaban lo hacían corriendo a las picadas, desesperados. Había un olor raro, como si faltase el oxígeno. Me asusté. Fui a llamar a mi familia y nada, el teléfono muerto. Me vestí en milésimas de segundos y corrí hasta lo de Ramón. Se vino todo abajo, me dijo.

Nosotros, que nos habíamos reído con Lor hasta largas horas de la noche acerca de los vaticinios del dos mil doce de “se acaba todo”, nos enmudecimos cuando el veinte de diciembre llegó, finalmente, el apocalipsis.

El mundo se volvió negro. Nunca más salió el sol y los mares se quedaron quietos.

Nadie murió ni aparecieron zombies, pero todos sabíamos sí, que estábamos viviendo el fin. Todo estaba como en ese estado de la atmósfera cuando no hay viento. Como si el apocalipsis fuera el de las fachadas de las salas de cine, que en manada y de un hondazo se volvieron todas viejas. Lorna desde Madrid y yo desde acá, intentábamos un encuentro desesperado. La falta de luz solar trajo muchos infortunios y fue una navidad sin regalos. Con el tiempo se crearían otras formas de energía y la vida seguiría su curso. Los aviones volverían a volar, pero después de cientos de mensajes agónicos en los que condensábamos todo nuestro fervor, fijados para siempre en los trastos de Gmail, a partir de mediados de enero no supe nada más de Lorna.

Seguí con mi vida, tuve la sensación amarga de que no había adonde ir, excepto a todas partes. La mía fue irme a Madrid, por si el universo se dignaba a devolvérmela y porque muchos de mis amigos terminaron ubicándose allá. El apocalipsis nos restituyó a España. Me hice cronista de un diario y me volqué de lleno a la escritura. Con el tiempo me acostumbré a la noche de olor rancio y al aspecto de telemarketers que todos supimos adoptar. Me olvidé que alguna vez hubo perros en las calles. Ahora solo se ven arañas gigantes, peludas e inofensivas.
A veces me despierto llamándola. Voy hasta las tres enaguas y siento su olor.

Todas las noches sueño que me pega el sol en la cara.

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“Carne”, tiene esa perversión algo elegante, en verdad, creo que suena así por la furia contenida, por ese control del contexto, el metacontrol, incluso en las imágenes trastocadas, en el continuo trastorno del narrador, en ese hablante que denota espanto, hastío, miseria humana, dureza emocional, esa que es profunda hasta el colmo, sobre todo en las escenas cotidianas, con remates aún más penetrantes, que dejan flotando la duda, no necesariamente sobre el desarrollo del texto, sino que sobre el cuestionamiento humano, esa especie de salida de una suave golpiza.

La ira que se desplaza hacia la sociedad, el desgano, se posicionan tanto en los títulos, como en el transcurso de la obra. Por otro lado, el humor ácido alcanza cabida en los episodios más coloquiales, como en “Combo Breaker”, sobre todo en la escena de las 8:42:27

El libro, en sí, es un osado, por las temáticas, por el desenvolvimiento violento de los personajes, del hablante lírico, esa desnudez en la que vierte su interioridad, por el ejercicio, la experimentación, como ocurre con Educación Sentimental I a V, donde Rojas Pachas, envía mensajes literarios a Boris Vian, Dostoievsky, Kafka, entre otros.

La presencia de diversas referencias, confeso, hacen indagar un buen rato en google, no sé, tal vez sea demasiada ignorancia al enfrentarse como lector a los textos o Rojas Pachas hace muy suyo el universo de “Carne” y nos desafía a que no sigamos tan estáticos.

En los aspectos más íntimos e intimidantes, que por lo general abarcan aspectos de relaciones más cercanas, hay una simplicidad que supongo es la que genera un recepción más nítida.

Rojas Pachas, es un ladrón de momentos, no sé si cabe en la clasificación de “Grandes tarados sin sentimientos” que Vila Matas menciona en uno de sus artículos, donde despotrica, contra esos que convierten el mundo y lo que a él respecta en un oficio para llevarlo al texto y se deshumanizan torpemente, pero creo claramente que se apodera de las situaciones, del ego, del existencialismo que deja en su libro.

Cuidado, en este momento puede ser que el autor, esté tomando notas mentales, burlándose un poquito de esto, de todos.

Kamila López
Antofagasta 2011

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De la entrada – Relax-O-vision

Baby-face
Tengo dos alumnos, Mauricio y Carlos, cada uno de ingenierías distintas… padecen del síndrome baby face, bordean los veinte pero parecen niños regordetes de cuatro o cinco, tienen una voz chillona y diminuta y para colmo no superan el metro sesenta, no son chatos y tampoco encajan en el perfil de midget… sin duda me hacen pensar en baby de captain comando, de hecho muchas veces los imagino llegar a la sala montados en un exoesqueleto verde seguidos de un ninja que destroza los vidrios del edificio y una calavera púrpura que viene girando mientras lanza cuchillazos al aire… tengo tanto tempo libre y mi cabeza desvaría insufrible cuando trato de explicar los fenómenos lingüísticos a esta sarta de futuros empleados de minera, que me fascina imaginar a estos dos monos freak que quedaron a medio camino evolutivo, peleando con numerosas armas blancas oxidadas, vestidos con un traje de gladiador tipo Espartaco o mejor aún con vestimenta medieval estilo cable guy… el escenario, una arena romana o un ring como el de ultimate fighting championship, y desde el público montados en las rejas del octágono, yo con unos amigos les arrojamos maní o algún tipo de comida chatarra y chelas como quien challa a la pachamama… el fondo musical sería el clásico tara ran tan tan tan tan tara ran de star trek tara ran tan tan tan tan tara ran ohhhh, ohhhhhhhh… mi sueño es reunirnos en torno a la carnicería de estos dos seres subnormales destazándose de modo épico para la entretención de sádicos ansiosos de vísceras… yo pagaría por verlo, incluso podría ser el maestro de ceremonia, mi traje sería como el de Rob Zombie en su video Dragula y la arena a fin de hacer el asunto más interesante podría estar ubicada en un barco estacionado en aguas internacionales, como aquel capítulo en que Homero roba el yate de Burns y lleva una serie de actos ilegales mar adentro – incluidos monos con navaja –seria delirante ser el gestor cultural del tal evento… podría quizá postularlo a la beca de creación del gobierno como manifiesto neofuturista o hiperrealismo patético… se me ocurre que las modelos cargando el número entre cada round podrían ser tuertas o mejor aún mutiladas… tengo un amigo escritor que dice ser de mente abierta y que le encantaría ser masturbado por los muñones de una manca… si fuese tan pluralista podría dejar que fuese un shemale sin manos, de ser así le creería lo radical de su propuesta… volviendo al thunderdome con mis queridos babyface, sería de antología que el escenario fuese como en madmax tres, a mi lado pondría a una negra igual a Tina Turner… pero no la de los ochenta, sino la Acid Queen que sale en Tommy… gritando arengas sin sentido a los cara e´guagua, cada uno con su arnés atado a elásticos de bungee, así podrían elevarse en busca de motosierras, azadones, machetes y otras armas hechizas colgando de la jaula… podríamos incluso meter a un masterblaster con su traje de cuero y con el enano al control sobre los hombros del gigante musculoso y retardado, digo, para hacer el contraste… todo un hit… que la coherencia local y lineal, que la cohesión, y los machetes cercenando brazos y la pronominalización y un baby face al suelo rodando por el barro sin la oreja derecha, chasumadre… todos los años llegan a clases esperpentos y expresionismo abstracto hecho carne y ruido… y eso que no he querido empezar a trastocar mi mente con la muchacha del bocio…

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Argentina copyleft, editado en septiembre del 2010, es el primero de una serie de libros que se escribirán en el futuro. Si la cultura libre y colectiva logra vencer a los corporativismos monopólicos y privatistas, una cultura sin restricciones será posible.

Las problemáticas de la propiedad intelectual y los derechos de autor son una temática tan basta y contemporánea que merecen todas las lecturas y voces posibles, nada ni nadie sobra. Por eso el libro contiene artículos de más de veinte autores entre los que se encuentran Patricio Lorente, presidente de Wikimedia Argentina; Federico Heinz, presidente de Fundación Vía Libre; Sebastián Vázquez de Colectivo La Tribu; y Marilina Winik, socióloga maestrada en Comunicación y Cultura, de la editorial independiente )el asunto(.

El libro “aborda los derechos culturales desde una perspectiva amplia, pone en debate los sistemas legales vigentes que restringen la circulación e ilegalizan prácticas solidarias”. La encargada de realizar el trabajo editorial y organizativo fue Beatriz Busaniche, reconocida activista y promotora de los debates sobre software libre y el libre acceso al conocimiento: “Creemos con firmeza que compartir cultura es una acción social importante y aspiramos a que este libro fluya con fuerza por las redes y se realicen muchas copias y obras derivadas del mismo”.

¡Copia este libro!
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2008 [



2009 [



2010 [



Instrucciones de uso: UD bajará dos archivos por libro: uno con el contenido de la tapa, el otro con el cuerpo del libro. Para imprimirlo, UD debe primero imprimir las páginas impares y luego (dando vuelta las hojas correctamente) las pares. Para la tapa se recomienda papel de color para impresora (120 gramos) o simple cartulina. Por último usted debe armar el libro (use como referencia los números de las páginas).
Toquecito final: una vez armados se los puede coser usando aguja e hilo doméstico. Se dan dos puntaditas sobre el lomo y listo.
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Spleen o
[los del pueblo le colgaron igual, porque era un negro. Su pantalón seguía formando en la entrepierna un bulto irrisorio]


No todos pueden darse el lujo de tomar un baño de multitud
Baudelaire – Las turbas.



hay días que me gustaría
de pie
al comienzo de 21 de mayo (esa mala copia de paseo ahumada o jirón de la unión)
gritar OPTIC BLAST!!!
como Summers en el children of the atom
y reducir
a carne chamuscada,
huesos y polvo
a miles de putos ciudadanos… 
todos masa de cemento, vidrio y piel fundida…
sus cochinos gelatos y risas sabatinas
la ropa veraniega, los nuts 4 nuts, las promotoras de parís
y las estatuas vivas…
Behold!!!


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Open publication - Free publishing - More literatura

 
[ desvío cósmico ] (fanzine quincenal interactivo) es una propuesta de interacción sociocultural que combina la distribución de 1000 ejemplares repartidos gratuitamente en bares, teatros, centros culturales y cines de la ciudad de Mendoza, con el soporte virtual del blog.
Este es un espacio interactivo de literatura, comunicación, sociología, medio ambiente, cultura, humor y todo lo que pueda caber en tan breve territorio de ideas y fantasías.
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¿Cuál de todos he de ser?

¿El que soy para usted, físico al que le fallaron los cálculos, el invierno aquél que sentenció vivir el hoy como un dogma en la inmediatez desnuda de nuestro desearnos más allá de lo que veníamos creyendo del mundo?

¿El que fui asalariadamente denotado en todas esas fichas de asistencia perfecta, tachadas a golpe de fibrones y sangre que no he de recuperar porque Marx ya lo dijo, y lo repitió Dejours, y los de Recursos Humanos a megáfono porfiado, obligando a este cuerpo a devenir en lumpenaje, y a estas manos a desgajar el legajo donde, durante años, guardaron los informes secretos de la SIDE de mi incorrección política?

¿El que construí con un prontuario familiar del abandono y pañales sucios que limpiaba
el mayor de los tres, por mandato. por convencionalismo, o simplemente, porque tenía afinada su motricidad fina?

¿Y si me construyera?

¿Y si ya no quisiera ser ése y tuviera la oportunidad de ensamblarme como un puzzle?
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Queridxs amigxs indies, en el día de hoy, acá y ahora, les queremos recomendar una página web que se las trae, con un contenido variado, de interes para los que gustamos del arte y en especial de las letras, desde el otro lado de la cordillera:


Esperamos sea de su agrado, a continuación una bio del espacio:
"Cinosargo, es una revista de arte y literatura que nace desde el extremo norte de chile (Arica) y tiene como finalidad, generar en este medio virtual, sin fronteras, un movimiento que impulse a otros cronistas, amantes y estudiosos de las letras, música y cine, a indagar y explorar, en torno al ambiente, historia y perspectivas, en el campo creativo de las diversas áreas de expresión.
En tal medida, buscamos privilegiar miradas alternas, ácidas y fuertes críticas, no sólo con respecto al medio y las circunstancias que envuelven al autor, sino en un plano general, a todo los participes, del rol creador: Instituciones culturales, investigadores y el público, de manera que esa pasividad, que termina por convertirse en letargo e inercia, no impida la maduración de nuevas formas estéticas de cuestionamiento y diálogo."
En Cinosargo encontraran, entre otras publicaciones, libros online y la revista de la editorial homónima, una buena oportunidad para conocer a nuestros contemporáneos chilenos.
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