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Autosemblanza:

Juan Xiet, escritor y músico, co-fundador del medio de comunicación artístico e independiente www.poesiaurbana.com, miembro de la F.L.I.A, publicó 4 libros
Vestigios de porcelana (alados)
Metástasis (Milena Caserola)
Ataque de pánico (Nulú bonsai)
Crematorio (Nulú Bonsai)
Actualmente está convocando a un proyecto musical/poético/teatral, el cual viene planeando hace años luz. Nació el 23 de julio de 1981 en Capital Federal. Ama el ajedrez y a las hormigas.

[contacto y asuntos de ese tipo: http://juanxiet2.blogspot.com ]




El mini-proust propiamente dicho:

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“Los demás integrantes de la cadena se denominan consumidores. Aquél que se alimenta del productor, será el consumidor primario, el que se alimenta de este último será el consumidor secundario y así sucesivamente. Son consumidores primarios, los herbívoros. Son consumidores secundarios, terciarios, etc. los carnívoros”. *

La música fluye entre las piernas de los espectadores, el sonido del contrabajo golpea el piso y el techo, rebota en unos zapatos rojos, y de ahí a ella. Pero no a ella toda, sino a su entre pierna, lo siente. “Sabe como sabe un orgasmo”, la mujer lo dice para sí.
El Contrabajista se menea en el vaivén de la pieza de jazz, pone caras y acerca su rostro con tibieza al cuerpo de su instrumento. Las cuerdas le vibran en la mejilla. Siente poder, amor, vibra. Las luces le apuntan directo.
La imagen desde la platea es perfecta o ella la imagina como tal:
el contrabajista apoya la cabeza sobre el vientre de una mujer, desliza sus manos entre los pliegues de las piernas y la vagina. Sube de apoco, entre tanto el corazón late con fuerza. Late, late. El músico cambia las facciones del rostro abre su boca al cielo, invoca a una musa que no llega o que no ve, porque está entre el público.
Desde su asiento, la groupie fantasea con las manos de aquel hombre, el talento siempre le resulto sensual. Muy sensual. Quisiera chuparle los dedos y sacudir su cuerpo de un lado al otro del escenario.
Termina la noche y del concierto sólo le queda un recuerdo inconcluso porque falta el tacto, lo de siempre, llegar al otro, llegar al otro.
Un escritor, uno talentoso, juega a seducirla, ella lo sabe, intenta simular falta de interés pero no puede, los cachetes la delatan. Lleva baba de mujer que admira a un Dios de vereda, que no es otra cosa que un loquito como ella. Pero no le importa. Chupa el talento de los hombres, ve sus debilidades y los deja cuando se cansa de hurgar en sus temores y obsesiones.
Obsesiones, la groupie es una NENA OBSESIVA CORRIENDO UN CONEJO, CORRE CONEJO, ATRAPA CONEJO, BESA CONEJO, CORTA CABEZA A CONEJO. Pero conejo es veloz, conejo atrapa a nena, conejo muerde fuerte,conejo hábil, conejo-libre, ¡conejo de mierda!
“Podes caer en una trampa sin salida” la groupie se habla en tercera persona, todavía no se reconoce.
Músico, pintor, escritor, artistas diversos. Hace el amor con cuadros de colores, con Rimboudes argentos, con pequeños Dylansitos que nacieron a destiempo, cuando ya era tarde para pretender ser un dios del folck, del rock, del arte. (No somos novedad, nene, nos repetimos y nos mordemos el culito sobre el lienzo-papel-word).
A final del pasillo hay una estrella, alguien la agotó en el cielo, alguien la echó. La groupie la toma con sus manos, y al hacerlo, entre las palmas le queda un vacío que hay que llenar. Sale a la calle, en la fuente de una plaza cualquiera, se mira a los ojos en el reflejo y que ve:
una pantera gigante que atrapa conejos- corre conejos y una estrella le sale del pecho, eso es talento. Porque muerde la manzana, que es más dolor que satisfacción, muerde a los pu-ti-txs que saben a caca, pero que ama como se ama a si misma cuando pinta sus cuadros, o cuando toca el piano y ella es un conejo y otrxs la persiguen.

“Existe un último nivel en la cadena alimentaría que corresponde a los descomponedores. Éstos actúan sobre los organismos muertos, degradan la materia orgánica y la transforman nuevamente en materia inorgánica devolviéndola al suelo (nitratos, nitritos, agua) y a la atmósfera (dióxido de carbono).”**

* y **(Cadena trófica, Fuente: http://es.wikipedia.org)
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Leopoldo Anso
"Ruidos"
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I

Me subió la doble gota
de su pastillita psiquiatrica,
del caleidoscopio de la locura.

Galopaba sobre un jinete la locura
y me dijo:
-más lenta que el tiempo
se nos hizo la ignorancia del ser-

y entonces el tiempo tomó cada vez más velocidad.


II

Voy del libro
al sorbo del vaso de vino,
con los ojos en blanco y
el semáforo en tinto...
Soy corazón rosado de alcohol.
Quiero expandirme a los besos.
Ella me quiere sobrio... y no puede.


III

¿Qué te pasó?
¿Qué te pasaba por la cabeza cuando nos ibamos elevando en ese ascensor inerte un piso antes de tu piso, hacia las nubes de los sentimientos como burbujas de champagne?


IV

No habrá domingo más soleado
como aquel en el que abra las nubes
con el mismo pequeño esfuezo
con el que abro mis persianas.


V

Besarse así es extraño...
Besarse así es sentirse ebrio
y al mismo tiempo
sentirse copa.
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Un poema del sol se lleva el ocaso.
Un poema del viento me trajo la brisa.
Un poema de amor, entre la luna y el mar
refulge pálido, en el brillo de tu sonrisa.
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Mientras Camilo Puerta caminaba por un puente que cruza el río Sena piensa en que una vez entro a una cerrajería de Buenos Aires, cuando estuvo viviendo allí un tiempito, que devino en un par de meses. Ahora caminaba y caminaba por la ilustre ciudad de la poesía, del Surrealismo que ahora descanza en los claustros más dignos de las academias prestigiosas. Se acuerda de André Bretón y de un sueño diurno medio peligroso que él mismo tuvo la otra noche; también de un tal Samuel Rosenstock, quién uso la máscara fundadora del Dadá y sacó el primer poema recortado del sombrero más célebre de la ciudad Parisina; pero Camilo vuelva a la cerrajería.
Y nosotros volvemos con él, a un Buenos Aires ornamental de finales de los años setenta.
La ciudad siempre fue bella y expléndida pero más comenzó a serlo desde que alguien dijo que era la capital más europea de América latina. Algo conflictiva en esa época; el germen político, económico y social del aborrecido Capitalismo ya había tenido su lugar en la República Argentina y está arrasando con la ciudad portuaria debajo ese adorno color verde falcón que se viene complotando de modo clandestino. Camilo vive en un edificio muy alto a dos cuadras de Calzada circular y la Av. Santa Fe, que luego de la Av. Del Libertador se convierte en Av. Cabildo. Ahí vive Camilo, la parte más europeizada, la parte del ilustre Juan Manuel y del jardín de Manuelita, lleno de animales exótico de todas parte del mundo y de muchas ¨tortuguitas¨. Él camina por la calle una tarde que vuelve del periódico y curiosamente resbala de sus manos la llave de su casa. No puede entrar porque el portero esta desaparecido del edificio hace unos días y nadie sabe nada de ese. Es mejor acudir a la cerrajería de barrio urgentísimo, antes de que cierre.
Al entrar al ¨Imperio de las Llaves cerradas¨ Camilo pide rápidamente una consulta a domicilio para que abran su departamento y aclara que es urgente.
-No hace falta, porque las cerraduras de aquél edificio son copia estándar y siempre hay una disponible.- le dice el señor de las Llaves.
Camilo espera y observa un gran panel de madera colgado en el techo con picaportes antiguos, clásicos con adornos pomposos; algunos de color negro como para puertitas más pobre, otros de color bronce brillante e imponente. Algunos le hacen acordar a otros tiempos, a otras historias que quedaron cerradas en esa ciudad de Buenos Aires tan interesante. Él había venido de París a conocer los secretos más hundidos. Se acuerda de una novela por entregas del siglo XIX, en la que contaban que había una casa que alojaba unitarios y que Camilo imaginaba con esos picaportes tan fuetes, tan bien blindados en bronce; bellos pero protectores al mismo tiempo. Así era lo que pensaba. Una luz sale del herraje para meterse en el bolsillo de su sobretodo europeo. Ahí se queda y Camilo no sabe con exactitud que es, pero entiende que algo fantástico ocurrió. Paga las llaves y sale rápido del negocio, mete la mano del bolsillo y siente un calorcito dorado. Ya era de noche y del bolsillo saco un poema que decía:

Lo hermoso como lo más cercano a la praxis vital de una cotidianeidad obtusa.

El sentido de amar a la pasión me convierte en un sujeto vuelto sobre mí mismo.

Mismidad del amor, por la falta de un ausente.

La noche esta soleada de un calor lujurioso en mi vigilia nostálgica.

Las primeras y mejores experiencias con la poesía surgen;

Y surgen,

Más que surgen cuando creía en la ausencia.

Vuelvo a intentar caminar bajo un trópico repetido de pasado.

Tras su manto de abrazos que no envuelven la calidez más sólida.

Besos soldados con el óxido del tiempo eterno que se repite.

El único reloj que no0s agrieta es el biológico, una diferencia cronológica.

Veo un cuerpo gastado.

Los míos son relojes que solo se derriten en una ficción de colores que se le ocurrió a un pintor famoso de no hace muchos años.

¿Van gogh o Picasso?

Ya no me acuerdo.

Camilo lee. Era un poema total fragmentado en papelitos que va sacando del bolsillo como si fueran serpentinas que quedan en ese abrigo que solo usamos en una fiesta con carnaval carioca. Lee uno, lo tira para sacar el otro y así hasta que no hay más. No era la primera vez que a Camilo le pasaba esto, al contrario en París era muy común que esas situaciones ocurriesen, pero en Buenos Aires ? Es la primera vez que le pasaba en esa ciudad. Llega, abre la puerta del edificio y sube al ascensor. Cuando abra la puerta de su casa, ya no hay nadie; los que estaban se fueron o alguien se los llevo porque la cerradura estaba media forzada.

Camilo entiende rápidamente que tiene que volver a la ciudad del amor y de la poesía porque allí si hay lugar para la mezcla entre la fantasía y la realidad comprometida. Era inútil que se quedara porque si a ellos ya los vinieron a buscar mientras él no estaba, pronto volverán por él y quién sabe . . . Junta unas chucherías y vuela al aeropuerto inmediatamente en un taxi; y mientras cruzan nueve de Julio y Corrientes en taxista le dice:

- Huy, ahora que usted se va Sr., no sabe lo que se pierde. Se viene el proceso; y ese día es digno de ver para un argentino de bien como yo; pero más sería para usted como extranjero. Una buena experiencia para contar.

Camilo no contesta porque esta medio confuso y nervioso.

Ahora en París, sobre ese puente, está entendiendo que alguna vez podrá volver a esa pobre ciudad maltratada por el odio de las fuerzas que no entendieron lo que es la belleza del intelectual comprometido, del artista amante del amor. Camilo está mirando el Sena correr con fuerza desde el puente; otoño y hay mucho viento. Mete la mano en el bolsillo y saca otro poema luminoso.
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Mi placer puede tomar
muy bien la forma
de una deriva […].
Sin embargo,
si se la alcanzara,
decir la deriva
sería hoy un discurso suicida.

Roland Barthes

I
ni turista
ni naturalizado

reside
donde está

bajo el signo
de cierta
lentitud
y pereza
su status
y forma
de estadía
vuelven
sin cesar
al igual
que la percepción
de su terminar


II

sumergido
en lo heteróclito

esquizoide
desde lejos

viste su aura
de cierta magia
poética

rompe cual ola
con la sociedad
el sentimiento
y la humanidad


III

su ser
paradójico
pesadilla
de la Ciencia
y la Academia
es joven
y anciano
a la vez que
en realidad
es joven

de imposible
naturaleza
su lecho flota
pues está
a la deriva

allí radica
su única
voluptuosidad


IV
se dice
que su palabra
es próxima
a la de la Pulsión
La Agazapada
en Lo Profundo


V

des-heredado
su gusto
contempla
la inutilidad
de la hierva
que crece
entre ladrillos
la inutilidad
del poema
que des-ordenado
ni progresa


VI

dice
la nada
en su camino
a ningún lado



puro significante

se desliza
metonímico