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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.



[Autosemblanza]

Trabajo como periodista y soy escritora, crecí en Lanús y La Plata, tengo marido y gata, alquilo, no tengo auto.

[Micro-excursiones]

1.    ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?
Tener tiempo

2.    ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Heathcliff de Cumbres borrascosas

3.    ¿Qué talento desearías tener?
Escribir canciones.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Un hueso que hurté de las Catacumbas de París

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
El frío y la mugre.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?
La amabilidad

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
La ansiedad

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Vivir sin tener que trabajar

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Cualquier enfermedad dolorosa e incurable.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
En el show de Bruce Springsteen en GEBA 2013

11. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?
Todos los de William Faulkner y todos los de Cormac McCarthy. O Cementerio de animales de Stephen King.

12. ¿Cuál es el peor libro de la última década?
Crepúsculo, de Stephenie Meyer

13. ¿Qué texto (cuento, poema o libro) no volverías a publicar? ¿Por qué?
Por ahora, ninguno. Volvería a publicar todo.

14. ¿Qué disco te hace sonreír?
Cualquiera de T. Rex

15. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Nick Cave

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
A Jared Leto. Lo muerdo y lo como.

17.  En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?

Claro que no. Es imposible que eso suceda. 
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by Flavio Greco Paglia

Poema que fracasa en el intento de emular el estilo de R. B. nº 1

para omar, un poema povera

Bajo los plátanos consumidos por el otoño.
Mercurio y aceites en tu espalda, alguien que
Te habla en una lengua destrozada
Pero todavía comprensible
E inútil. Querés dibujar la palabra-sin-forma
Sobre una hoja apenas tocada por el sol.

El invierno: la esperanza.
Policías, merodeadores, estatuas truncas, escombros. Ojos
Como pantallas partidas. Interferencia.

(llegar a ese lugar donde nadie guarda memoria de la luz)

Plátanos sobrevivientes. Rocío. El vapor
De la orina fermentando en las estaciones. De noche todos se vuelven un
Poco peligrosos. Fantasmas, ansiolíticos, mensajitos de texto, vidriecitos en la retina.
(años atrás la descomposición se transformó en una alternativa viable)
Tus vértebras tan súbitamente invadidas por el óxido. Escribir. Escribir
Como si tuvieras

Algo más que
Tu idiotez y tu lirismo. Soy
En la vana noche
El que cuenta las sílabas.
Bajo los plátanos, dibujando la palabra-sin-forma.

..
 
Poema que fracasa en el intento de emular el estilo de R. B. nº 2

para nadia

Baila la noche y los
árboles aman al pájaro que calma su
sed en los espejos ¿Hablás o es el frío
haciendo crías en tu garganta? Una mano rota
palpa cigarrillos papeles viejos hambre cositas
sin nombre sin belleza busca tu
cara o cualquier cara o piel o tibieza encuentra nomás charcos
heladas ramitas vidrio nomás rejas arañas iridiscentes (Visiones
de un cuerpo recostado en la cama como un
cuchillo)                       Dijiste: “Ese virus impecable” Dijiste: “Esa ceniza”
(Hablábamos
como si nuestras palabras fueran relámpagos) Borrachos
pérdidos en calles demasiado conocidas En las esquinas
los fantasmas encienden pequeñas fogatas Lo que aún no tiene
forma
me protegerá Deambulamos tras las amnesias de la ciudad: una mujer
quemándose en cámara lenta
párpados
flotando en la lluvia amarilla perros
incompletos y mustios
entran en la nieblina                   ¿Hablás?
¿Es
sólo un río que se seca?             La noche
baila su última canción en tu boca
llena de brasas

 ..

Poema que fracasa en el intento de emular el estilo de R. B. nº 3


En el núcleo luminoso e invulnerable de toda estética
Hay apenas inepcia, resignación, resentimiento, dice el filósofo-perro.
Beben con desconfianza
Un vino tibio y agrio. Él
Babea y sonríe y ladra y bebe
Su vino
Con avidez. Hay que trabajar
Con lo insignificante y lo desechado y hacerse

Invisibles, les dice, y el viento golpea las ventanas con los olores calientes de la cacería.
Con los ruidos mugrientos de la carnicería el viento
Rasguña los vidrios. Están sucios y cansados, tienen
Frío, hambre, pero el filósofo-perro
Habla
Y vinieron desde muy lejos a escuchar
Esa palabra. Las velas tiemblan y sus sombras tiemblan
Sobre las maderas podridas de la casilla. En el piso
Encuentran su alimento insectos inexplicables

Y meticulosos. Afuera
La noche encendida se relame. Hay que escribir en las ruinas contra las ruinas, pero callar,
No agregar otra voz al pálido griterío. Habla el filósofo-perro. Ladra. Babea. Apenas el vino
Deje de alimentar su palabra, volverán al viento, a la carnicería. Lento,
Hostil, como una peste tibia, va a llegar el sol. Y desandarán
En silencio —saciados, acaso invisibles— el camino.

[sobre el autor]
Cristian Franco: escritor, editor, experto en maquinitas. A veces hace cosas en escrituras.indie. Vive hace una bocha en Mariano Acosta, provincia de Buenos Aires.
El sábado 17/05 leerá junto a otros poetas en el ciclo Amalgama.
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Entrevistamos a Christine Kim, una joven e interesantísima artista plástica canadiense, que moldea su obra desde el ámbito más singular de la belleza, aquella que se encuentran sólo en las fauces de la muerte.

Por Nadia Sol Caramella


Con un procedimiento singular, donde se mezclan diferentes técnicas como el paper cut, el collage y la ilustración, esta artista logra un efecto multi-experiencial en el espectador. No solo porque la obra se despega del papel, adoptando dimensiones escultóricas, sino porque también adquiere una identidad narrada en dos tiempos, un cruce entre una mirada barroca, la ornamentación del papel y la simpleza de la textura gris del grafito sobre blanco, una fuga hacia el despojo. Mientras, las combinaciones de los colores revitalizan la obra desde un equilibrio desconcertante.

Los temas tratados por Christine Kim están atravesados por la erótica de lo sórdido donde la estética hace pie para saltar a otro abismo, el de la existencia frente a lo que se degrada con el paso terminal del tiempo. Sus series son un aullido clavado en la claridad de un tarde primaveral. Ese gesto gutural emana del papel, desgarra toda intimidad y cercanía hacía la obra. Pero, las formas, la precisión de las líneas, las ondulaciones de los cuerpos, las sombras coloreadas y las producidas por las superposiciones de los papeles y la luz, acarician la mirada, la rozan lascivamente. Un mensaje ambiguo, casi histérico, que instala la incertidumbre como base de toda reflexión y la belleza maldita como saldo de toda vitalidad.

Fuimos en busca de la creadora de esas atmósferas, a continuación, una entrevista y aproximación a su trabajo:

1- ¿Por qué decidiste combinar las técnicas del paper cut, collage e ilustración, la ilustración sola no alcanzaba?

Mis intereses siempre han sido divergentes y me encontré a mí misma dibujando, cortando papel y haciendo acuarelas. Un día, una ilustración en grafito de una figura salió mal y traté de rescatarla cortándola. Esta ilustración comenzó a flotar en el lío de papeles de mi escritorio. La figura comenzó a ocupar diferentes espacios abstractos y de repente, había tal potencial en ese espacio no estructurado; la figura fue liberada de su marco original. Podía lanzar su propia sombra, me gustó la libertad y las grandes posibilidades escultóricas.  

2- ¿Cómo descubriste el paper cut?

Viniendo de un pasado basado en el grabado, siempre he tenido un gran interés por los papeles hermosos. Hay una calidad de papel  táctil y frágil que quería explorar. Creo que uno de los ejercicios más valiosos que hice en la escuela de arte fue un proyecto de color y collage. Después de pintar y dibujar sobre el papel, nos dijeron que lo rompamos en pedazos y lo reorganicemos. Esta práctica nos animó a preocuparnos menos por el proceso y estar abiertos a los accidentes y experimentos, empujando el proceso creativo hacia adelante, a través de la intuición más que la deliberación.


3- En tu obra las distancias y  superposiciones logran otros efectos más viscerales, ¿por qué usar el volumen como estética, qué pasa con las sombras que se proyectan en el papel, entran en el juego de la composición?

En mi estudio, tengo los distintos ingredientes necesarios  para un collage pegados a las paredes y ventanas. Manteniéndolo sin marco, el papel cortado vive conmigo por un tiempo. Sus sombras ocupan un espacio y un lugar - mi relación con las piezas se profundizan cada día. Es una comprensión lenta y muchas veces, gratamente impredecible debido a los juegos de luz. Me gusta la idea de la estratificación, ya que es una densificación que crea misterio,  oscuridad e incertidumbre.

4- ¿Cuáles son tus temáticas recurrentes y cuáles preferirías dejar atrás?

Me encuentro regresando a los temas de la fragilidad, la decadencia y la relación entre figura y fondo. Mis primeras obras giraban en torno a las ideas de casa, nido y caparazones. Todavía resuena en mi trabajo, y todavía me siento atraída por el filtrado de la luz en las ventanas y las copas de los árboles. Se hace más interesante en la atmósfera que en  los temas. Estoy fascinada por el movimiento dentro de la quietud y la plenitud dentro del silencio. Siempre me ha gustado el arte barroco holandés, especialmente las obras de Pieter Saenredam. Hay ecos de la tradición vanitas en sus pinturas de los interiores de las iglesias después de que hayan sido vaciadas y repintadas durante la Reforma protestante. Crecí con interiores de iglesias ornamentadas, pero me siento atraída por estos espacios mínimos donde lo sagrado se conserva aún luego de haber sido borradas sus paredes.

5-  En una de tus series utilizas la frase: AT THE END OF ALL THIS LANGUAGE”, algo muy sugerente porque supone la invención de otros lenguajes.  Tu obra gira entorno a la imposibilidad y busca una y mil formas de decir, no solo en el uso de diferentes técnicas, sino también en las temáticas. 

Esta frase en particular vino de las memorias de Rick Moody tituladas El Velo Negro. Existe un pasaje que me quedó grabado en la que describe cómo, a veces, el lenguaje falla aunque hay mucho más que decir. Creo que este es el papel del arte -  comunicar algo cuando uno no puede encontrar las palabras.

6- ¿Encontraste la forma justa de expresar lo que buscabas en tus últimos trabajos?

Con cada proyecto, siempre me quedo con lo que aún queda por decir. Hay pequeñas imperfecciones que me impulsan hacia adelante; cada proyecto genera más oportunidades para la exploración de la idea, la experimentación de materiales, y el dominio de las habilidades.


| Más de la artista en su web |

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¡Llegó la música! Alberto Ajaka y el Colectivo Escalada nos invitan a los ensayos desesperados de una pequeña orquesta municipal que sueña con salvarse de la barbarie Argentina.

Por Cristian Franco



Sudamérica. Argentina. Un teatrucho municipal en refacciones. Una orquesta de cámara y una pieza de Shostakóvich. Un solista exitoso y un director desquiciado. Vecinos con la cumbia a todo lo que da y un único objetivo, una última esperanza: viajar a Europa: el origen, la cuna, la fama, los euros. Inmune a los reclamos gremiales o las paredes que se caen a pedazos, en su cielo platónico la música es un dios impotente y tirano; en la tierra, los músicos de carne y hueso que la hacen posible tienen que enfrentarse a su realidad de sudacas alejados miles de años luz de los esplendores europeos. Poniendo este microcosmos en funcionamiento, Alberto Ajaka y el Colectivo Escalada construyen un zoológico frenético donde se concentran y crujen y suenan todas las contradicciones, todos los deseos, todas las voces, todas las hermosas melodías de la carne.

      Como si se tratara de una alegoría psicótica (muy lejos de la fábula aleccionadora o el cuadro costumbrista), ¡Llegó la música! es una máquina que proyecta la imagen cruda de esta sociedad nuestra que supimos conseguir. Haciendo un uso muy cuidado de ciertos estereotipos —el cheto, la sindicalista, el nene de mamá, la revolucionaria, la cuarentona, el reaccionario— nos muestra cómo los cuerpos ponen en acto los discursos sociales con todas sus fisuras y asperezas. Cada ensayo al que asistimos es un estofado picante que nos recuerda que detrás de lo más sublime hay, apenas, una mezcolanza de pobres seres humanos: sus pasiones, sus mezquindades. Debajo de esa combinación precisa de ejecutantes subordinados a las necesidades de la pieza musical, tiembla esa cosa amorfa y maloliente y maravillosa que podríamos llamar “triste argentinidad de clase media”. Porque si la música —fuera del tiempo, a salvo del dolor— es la pura forma, atrás de su inmaterialidad perfecta no hay más que sangre, sudor, billetes y lágrimas.

       Oscilando entre sus deseos individuales y la pertenencia al grupo, hundidos en la barbarie argentina y soñando con la civilización europea, cada uno de los personajes tiene en la estructura de la obra una importancia idéntica. En ¡Llegó la música! no hay un centro, no hay un protagonista, hay solamente un objetivo y la necesidad de lograrlo a cualquier costo. Por eso los músicos de esta pequeña orquesta, patéticos y heroicos, se comportan como si fueran los órganos de un animal esquizoide. Un animal que se desarma y rearma como si sólo existiera cuando la música lo convoca y le da sentido. Un animal que necesita de la energía de cada uno de los personajes para existir, pero no suprime sus individualidades sino que las muta, las exacerba, las subleva.

Vulgar, sutil, ácido, irónico, chabacano, disparatado: la obra usa con una efectividad impecable todos los registros posibles del humor. Así, con un humor ensañado, hurga en las hipocresías, las contradicciones, los fracasos y las ilusiones de estos músicos condenados a luchar con las miserias cotidianas de su existencia periférica en un país periférico. Como invitados a las entrañas calientes de una pequeña orquesta municipal, asistimos a unos ensayos donde la única música que existe es la del puro gesto: cuerpos en trance ejecutando con  furia instrumentos invisibles, una melodía hecha sólo de respiraciones agitadas y el ruido del papel de las partituras. Ensayos donde en realidad lo que más importa es otra música, no la que se toca sino la que está hecha por las voces y los cuerpos que se entrecruzan en un menjunje finamente orquestado, una mescolanza donde los actores alimentan con cada movimiento esa sinfonía que los acerca poco a poco a la enajenación. O sea a la demencia. O sea a la libertad. O sea lo último que les queda.

Elite mínima y minimizada asediada por masas cumbieras; artistas exquisitos laburando en condiciones precarizadas; músicos de la alta cultura sentenciados al menosprecio, al hundimiento, a la locura; con las tensiones que resquebrajan esa pequeña y bárbara sucursal latinoamericana de la civilización europea, llevándolas al límite hasta alcanzar esa forma pura de la utopía que es el delirio extremo, ¡Llegó la música! se construye como un símbolo —ambiguo, deforme, virulento— de ese sangriento campo de batalla que es cualquier cultura cuando se la mira de cerca.

[funciones]
Sábados - 22:30hs 

La Carpintería - Jean Jaures 858
Entrada: $ 90 (estudiantes y jubilados $ 70)
Reservas a través de Alternativa Teatral
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Los Fjuiiith desde Valparaiso, Chile, entregan Piel Divina, un EP urgente, salvaje y audaz.

Por Joel Vargas

Ataque voraz. Te devora y saborea muy rápido como si tuviera gula, te lleva al extremo, te despelleja. Cada track te arranca la piel, el punk riot! de Los Fjuiiith, es un trip esquizoide por el plan y los cerros de Valparaiso.

El EP se llama Piel Divina, como aquel poeta real visceralista que Bolaño retrató en  Los Detectives Salvaje.  Te coge duro, le hace honor a su nombre. Una probadita y querés más. Es un placer cutáneo. Las ansias del repeat son zarpadas. María Carlier escupe las palabras, se le escapan de la boca. Son abrazadas por una base frenética. Por momentos suena salvaje y audaz. Por otros es una caja de Pandora, dispuesta a quemarte el bocho.

Una pandilla de parias abandonados en la multitud recorre la ciudad, revuelve los tachos de basura de la razón ilustrada. Son flaites, un dedo en el culo para la Modernidad. “C Dior”, un hit desquiciado parece la descripción de uno de ellos.  Las canciones de Los Fjuiiith son crónicas sórdidas, se alimentan de la mugre, tienen una mirada desencantada y a la vez fascinada. Son una caída libre desde el cerro más alto de Valpo, y encima te arrancan la piel.