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Intuyendo la llegada de la 16° edición del BAFICI, una reflexión intrascendente sobre lo trascendente: el lugar del espectador en un festival titánico.

Por Nadia Sol Caramella



Ante todo la inmensidad, para todo, la inmensidad. Un pescador navega sobre una pequeña y sencilla embarcación, el mar está embravecido por una tormenta, sin embargo el pescador confía en su embarcación. El mar es lo inabarcable, según Nietzsche, el mar es una fuerza dionisiaca, una suerte de inmensidad frenética que excede al hombre. Mientras que la embarcación es lo apolíneo: el arte. El arte sería una de las formas de la aprensión del hombre frente al sinsentido de la vida, lo desmedido. ¿Qué pasaría si el arte se presentará como algo inabarcable, caótico y descomunal? El individuo se retraería, y esto es lo que le pasa a muchos novatos que recién comienzan a transitar los pasillos y las salas del BAFICI. Cómo no sucumbir ante tanta promesa en la pantalla gigante, si son más de  400 películas.

Un cocktail de ansiedad, desorientación y azar rodean a los recienvenidos, ¿será esa la manera correcta –si es que eso cuenta en el arte- de  aprender a ver cine independiente? tal vez de eso se trata ir a un festival, de dejarse llevar por lo desmedido y que el azar ordene la experiencia. Mucha gente deja en manos del destino, lo que supone no es bueno dejar en manos de los críticos de cine. Qué bien qué hacen.

También están los otros, un raza un poco menos original, la del snob que conoce todo, tanto que ya nada le sorprende, sabe cuáles son las películas con mayor lobby, dónde pararse, a quién saludar, cómo referirse a ciertas películas y directores. Para ellos la magia del desencuentro está negada, sesgada por sus lentes de marcos negros y la información altamente calificada que milimetra cada uno de sus movimientos.

Pero, nada es tan extremo después de todo. También están los amantes del cine,  que alguna vez se tomaron en serio el goce que implica descubrir un director nuevo y darle tiempo a films que para la mayoría de los mortales serían una gran pérdida de tiempo, por la densidad de los planos, el dramatismo del montaje, los silencios prolongados. Quién sabe, cada película es todos los mundos en un recorte de una hora, más o menos. La magia del cine, dicen.

El cine independiente, no es sólo eso, es también una poética que se autolibera de la estética de la industria. Hace un tiempo, un gran director escribió: “¿Por qué el futuro es tan brillante? Porque por primera vez en la historia de esta forma de arte (el cine), se pueden hacer películas por muy poco dinero (…) En el pasado, como las películas eran tan caras, la protegíamos contra el cansancio y los compromisos. En el futuro, tendrás que protegerla de otro factor adicional: la tentación de seguir la corriente y permitir que la película derive, y naufrague”. (Martin Scorsese, en una carta abierta a su hija Francesca)

Entonces cómo es que un pequeño individuo se enfrenta a la maquinaria de competencias, sedes y miles de espectadores que cómo él, no saben manejarse frente al caos de esa propuesta. Simplemente se deja naufragar y confía en su embarcación, porque cuando el ego comprende que el mar es sólo una gota en el universo, sus ansias se calman. En definitiva el origen de la tragedia no es lo descomunal sino haber nacido incapaz de comprender el sinsentido y dejarse llevar por la irrealidad, el tipo de ficción que muchas veces se encuentra en el cine.

O atiende al costado más apolíneo de esta reflexión y presta atención a las siguientes 30 películas recomendadas de manera arbitraria, por intuición, por su sinopsis o por la filmografía de sus directores:
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.


[Auto-semblanza]


ph Nadia Guzmán
Escuchador de música. Escritor de canciones. Hacedor de discos propios y ajenos.
Y cuando queda algo de tiempo toco la guitarra y canto. Aprendí que eso era lo mío una vez que el año de mi nacimento dejó de aparecer en las convocatorias para pruebas de divisiones inferiores


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?

No hay reglas, pero en general diría que tengo que estar solo, con una guitarra a mano, sentado en un lugar cómodo, y que el hecho de componer se apodere de mí como un acto al cual no puedo negarme. Por supuesto, también lo hecho viajando en colectivo, o en la cama a punto de dormirme.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

No tengo un favorito. De chico siempre me atrajeron los héroes o villanos que tomaban cualidades de algún animal. Hombres gato, hombres pájaro y esas cosas. Más acá en el tiempo me, Dean Moriarty (On the road).

3. ¿Qué talento desearías tener?

Un montón! Andar (bien) en skate, por ejemplo. Pero me conformo con un upgrade de los talentos que ya tengo (o que creo que tengo).

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

Mi guitarra.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

Supongo que el egoísmo, pero tal vez esté siendo egoísta dejando afuera de la respuesta a otras manifestaciones de la miseria.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?

La voluntad o la fuerza de perseguir algo que parece irrealizable, aún perdiendo montones de cosas en el camino.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Mi mente está siempre muy ocupada, pensando en cómo debería sonar una canción, o qué frase va en qué lado, o en una guitarra que quisiera tener, o en el partido del fin de semana. Así que nunca le pregunto por su estado.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

La felicidad plena no existe como algo sostenido en el tiempo, sí existen los momentos felices, que ocurren todos los días, o casi, y que tampoco son tan trascendentes en sí mismos, sino que son pequeñas cosas cotidianas.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Morir con un disco a medio terminar.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

Arriba de muchos escenarios. En montones de situaciones con mi pareja. En la cancha.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?

Vos siempre te olvidás (Cosmo), La nube eléctrica (Valentín y los Volcanes)

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?

Muchas!!! Tajos de espuma, de Menos que Cero me viene a la cabeza, por algunas frases de la letra que me avergüenzan un poco.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?

Salen tantos discos pésimos por semana que dudo que lo conozca.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?

Fiebre en las gradas y Alta fidelidad, ambos de Nick Hornby.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

A mi hermano. Es válido? Hay millones de músicos que quisiera que no fuesen atrapados por Godzilla, pero priorizaría salvar un afecto a un talento. Y mi hermano es ambos.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?

A quien sea presidente en ese momento, aunque probablemente nuestros caminos no se crucen.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?

No hay una sola cosa que expresar, ni una forma ideal de hacerlo. Hay muchos momentos del disco con los que estoy muy conforme. Igualmente todo puede ser mejor siempre.


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[Sobre el autor]

Inzendies es una persona y varios juegos de palabras (desde incendio hasta indie y zen). Aires de haikus y un guiño a Kerouac convergen en la visión que posee de la fotografía; la inspiración que como resultado plasma en imagen, experimentación y edición, como forma de búsqueda, y encuentro. Y un epicentro: la música. Desde la admiración y la complicidad

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cristian.maeda@gmail.com
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Temporada de Tormentas en su nuevo EP, Del Ruido y el Espacio, despabila al Carl Sagan que todos llevamos dentro y deja en evidencia que hay algo increíble que espera ser descubierto en algún lado, el Cosmos.

Por Joel Vargas

Del ruido y el espacio cover art
Carl Sagan dijo alguna vez: “Si querés hacer un pastel de manzana desde cero, primero tenés que inventar el universo” ¿Cuál sería la música ideal para la creación? Del Ruido y el Espacio de Temporada de Tormentas. Una gran explosión, el bing bang desatándose, la sucesión de acordes, el ritmo, los elementos, la mescolanza, millones de partículas, la expansión, un balet cósmico.

Los oriundos de Haedo, Zona Oeste del Gran Buenos Aires, en su nuevo EP demuestran que somos polvo de estrellas que contemplamos estrellas y buscamos auto descubrirnos, ver más allá de lo evidente. Una historia de creación, avistamiento, contactos del tercer tipo, agujeros negros, bases pérdidas en el conurbano.

A lo largo de los cuatro tracks del disco, Temporada construye poderosas catedrales, la voz de Ignacio Castillo aparece de a ratos, va y viene, emerge de las fauces de la nebulosa instrumental. Se cuela por las grietas que hay en el espacio, le agrega épica y dimensión a las canciones. Es un pequeño satélite, un herramental técnico con mucha data precisa.

Del Ruido y el Espacio es una sonda destinada a vagar por lo inmensurable, el infinito. Sagan tenía razón. Es una gran pérdida de espacio estar solos en este universo. Vivimos en un planeta perdido girando alrededor de una triste estrella. En una galaxia insignificante, ubicada en una esquina olvidada del universo. Un universo donde hay más galaxias que personas.


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by

Karen Hofstetter

Eternizador hombre
olvidada criatura

Hierro y blanco hueso mendiga la palma

Hierba de carne nacida
en tejido oscuro

Trama del espejo
como noche en la luna


..



Apresuro la vereda
Envuelvo el ser

Piernas invertidas
Acaloro invierno del molino

Nuca temblorosa
Estertor interno animal

Hablé del retorno
Me hice giro

Anhelé la lluvia
Como especie de silencio.