Enfrentadas en la arena, Venus Milo y Venus Botichelli (alegres tocayas desnudas) se miran a los ojos. Botichelli acudida por vientos y ninfas y un ejército de soplones voladores esgrimiendo dulces empalagosos y bombas de comidas griegas que chorrean grasa, aceite y miel. Milo, con sus huestes de poetas falderos modernistas que la apantallan y le prestan algunos los brazos mientras que otros le tocan el culo con total impunidad, a salvo de la cachetada imposible de la Venus (Caesar Vallejus primus). Y el olor a sexo de Milo se hace feromona entre los presentes. En cambio, Botichelli, limpia, emergiendo de la almeja de su madre, no huele. Sus pezones vivos son ahora dos petirrojos iridiscentes. Bucles rojos como lenguas de fuego le azucaran los hombros, las clavículas, y ese tramo de la espalda que el pintor guardó para sí. Venus Milo la envidia y la desea, pero ella sí que tiene omóplatos. Perfecta predilecta espalda marmórea.
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Ya perdí mi nombre y caí en el engaño de mi sangre. Antes de aprender a mirar hay que escupirse los ojos. Hace rato que saltamos hacia el silencio y bebimos el vaso vacío de la sed. Vivo de muertes lejanas, del corazón caliente y de lo que late en la sombra. No puedo hablar con palabras de este mundo, no puedo. Estoy emplumando los pájaros para que golpeen al viento. Yo soy mi danza y mi llanto, y me canto y me encanto como un sonámbulo vagando por la casa de la existencia. Siento una mano en mi garganta, por eso cuando tengo demasiada sed invento una lluvia.
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¿Me darán una oportunidad al tocar con los dedos el umbral
como si ya nadie me viera o quisiera verme?
¿Pedir perdón o pedir permiso?
¿O decir adiós?
Pedir amor, encontrar un exilio.
Extender la mano hacia una obsesión.
Suelo existir,
suelo apartarme con ingenuidad,
antes de encontrarnos detrás de la linea que marcamos en un principio.
Me vi en sombras intentando brillar (inextinguible)
con la puñalada de siempre,
la de toda la vida, la de toda la eternidad...
como si ya nadie me viera o quisiera verme?
¿Pedir perdón o pedir permiso?
¿O decir adiós?
Pedir amor, encontrar un exilio.
Extender la mano hacia una obsesión.
Suelo existir,
suelo apartarme con ingenuidad,
antes de encontrarnos detrás de la linea que marcamos en un principio.
Me vi en sombras intentando brillar (inextinguible)
con la puñalada de siempre,
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