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Te contamos sobre el músico norteamericano Teezo: sus videos, su performance. ¿Es la nueva promesa de la música alternativa? Puede ser.

                                                                                                    por Tobías Leiro




Buscando información para este artículo me encontré con dos resultados. Por un lado, están los críticos que creen que es un pretencioso que imposta lo “raro”. Por el otro, los que piensan que es la nueva promesa de la música alternativa. Los primeros le recriminan ser un nuevo cantante híper-fashionizado, pero sin demasiado talento para sostenerlo, mientras que los segundos ven en él un faro de sonidos nuevos. Por mi lado, creo que los dos extremos tienen razón y a la vez no. Teezo Touchdown apuesta a la imagen “excéntrica” (su vestuario y pelo atravesado por clavos) para intentar ser más relevante. Pero sus letras, que podrían ser interpretadas como superficiales, apuntan a lo cotidiano, proponen algo nuevo.


En el video de Technically--nuevamente en la misma locación--, Teezo tiene un almuerzo romántico mientras canta sobre la ansiedad de no saber cómo seguirá una relación que, por motivos que no se aclaran, se transformó y dejó de ser estable. Technically I'm still your crush / Technically can we still fuck? (Técnicamente te sigo gustando, técnicamente ¿podemos coger igual?) se pregunta el cantante, sin esperar una respuesta.  


En Social Cues de sonido más “indie” sigue en el baldío y cambia sus outfits (es rockero, rapero, jugador de fútbol americano vestido de cuero, está en pijama) a medida que canta sobre la ansiedad social. Mientras una guitarra golpea las mismas notas, se escucha: Sometimes my day is goin' great / until I make the mistake / To go and take a swim / in a lake of my own imagination (A veces, mi día viene  genial / hasta que cometo el error / de nadar / en el lago de mi propia imaginación). ¿Por qué no hacer una analogía simple con algo que a todxs nos pasa? Parece que Teezo no encuentra ese por qué. Es lo que me llamó la atención de sus letras: la capacidad que tiene para hablar de lo cotidiano de manera clara y sin necesidad de ocultarlo en capa tras capa de sentido. 


Ahora sí: ¡el video que cambia de locación! I’m Just a Fan. En los tres minutos que dura el video vemos a Teezo rodeado por ventiladores comunes y él mismo “ventilador-morfizado”. Pero ¿por qué ponerse en el punto de vista de un ventilador? Quizás porque sea algo que casi todas las personas conocen, quizás porque le gusta el viento o quizás no hay por qué y fue lo primero que se le ocurrió. La respuesta no importa. Importa más percibir cómo a partir de un giro absurdo de lo cotidiano se puede expresar algo común.


En fin: no soy fan de Teezo Touchdown, a pesar de que me gusta escuchar sus temas. Tampoco me disgusta su imagen enrarecida a propósito. Igual, sería su amigo. Escuchar su música es escuchar letras de un chico que podría ser cualquiera que preste atención suficiente a lo que pasa alrededor y se dé cuenta de que, en la mayoría de los casos, todo es absurdo. Los mapaches nos enseñaron que todo el mundo es basura, pero que la basura puede ser deliciosa.


       

|Links|

https://www.instagram.com/teezotouchdown/

https://soundcloud.com/teezotouchdown


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Eliana Tujschinaider escribe, saca fotos y hace videos, todo destinado a hacernos llorar. El ojo sensible y la mano entrenada que convierten la mirada personal en una serie de obras, donde la vida cotidiana resplandece mientras se transmuta en recuerdos. 

Por Mora Vitali




¿En qué líneas del arte trabajas?  

Suelo decir que no hay una distancia entre mi vida y mis proyectos, me cuesta separarlos y nombrarlos como "arte". Todo lo que hice a lo largo de los años, y que sigo haciendo, es para mí una manera de estar en el presente, de encontrar belleza en la vida cotidiana. Escribo como saco fotos y como filmo. Siempre fue para mí algo natural, instintivo, tal vez, mi forma preferida de habitar el mundo. 


¿Qué relación sentís que hay entre tus proyectos?

Creo que lo que atraviesa todo es la atención que le presto a los detalles, mi obsesión (tal vez demasiado intensa) por la memoria, el deseo de que lo efímero dure un ratito más. Me ha pasado de estar simultáneamente con diferentes proyectos en diferentes talleres y darme cuenta de que uno era una traducción del otro, una forma nueva de transmitir lo que en ese momento ocupaba mi corazón.

 

¿Qué te gusta generar en la gente que ve tu trabajo? ¿Qué te genera a vos misma? 

Hace dos años mostré un video en Creadores de Imágenes (el taller de fotografía donde encontré un hogar) y varias de mis compañeras lagrimearon. Un poco en chiste pero bastante en serio dije que mi misión estaba cumplida: que si había logrado emocionarlas, entonces todo mi trabajo cobraba sentido. En varias situaciones, otras personas me han dicho que después de leer o ver alguna de mis proyectos, querían volver a sus casas para revolver su archivo, grabar a sus familias contando anécdotas, llenar un cuaderno o la memoria del celular de recuerdos que no querían que se escapen. Si alguien le dedica sólo diez segundos a uno de mis videos, pero después pasa tres horas mirando fotos de su infancia, o vuelve a ver una película que amaba en esa época y en la que no pensaba hace años, siento que triunfé.  

En mi caso, me gusta reencontrarme con mis trabajos en momentos muy específicos. Tal vez, un martes a las dos de la mañana me surgen unas ganas repentinas de leer algún poema viejo y se me activa alguna imagen olvidada que me hace llorar o buscar una canción de ese momento. Son como historias que armo para contarme la historia de mi vida y de lxs que me rodean, una manera de dejar constancia.

 

¿Cuál es tu trabajo favorito de los que están en circulación?  

Creo que el trabajo de Alberto es mi favorito hasta ahora por haberle encontrado su forma ideal. Fue un archivo que rescaté cerca de mi casa hace dos años, con cientos de diapositivas sacadas por un hombre (tal vez vecino) al que decidí llamar Alberto. Sentí que había dado con un tesoro por lo hermosas que eran las imágenes y al mismo tiempo, asumí la responsabilidad de cuidar y respetar recuerdos ajenos. Pude traducir mi curiosidad por su vida en preguntas y combinarlas con los lugares a los que iba su mirada, imaginar anécdotas o rasgos de su personalidad. Es un trabajo cerrado, a diferencia de los otros que siguen dando vueltas por mi cabeza. 

¿En qué estás trabajando ahora? 

El proyecto de Miramar existe desde antes de que yo naciera, y a lo largo de los años viene tomando distintas formas. Listas, diarios, poemas, fanzine, una idea de cortometraje. Al acumular palabras e imágenes de vacaciones familiares y personales hace más de veinte años, todavía me resulta difícil encauzarlas en un formato definitivo. Creo que su costado audiovisual me permite una mayor exploración y hacia allá voy.

¿Cuál es tu obra ideal? 

Creo que es mi proyecto de "el segundo del día", que en junio cumplió cinco años. Arrancó como un juego cuando cumplí veintidós, filmando un video cada día para luego en una aplicación seleccionar un solo segundo que lo identificara. Me obligaba a encontrar algo lindo o que valiera la pena ser registrado, a prestar más atención a lo que me rodeaba. Fue una forma de entrenar mi mirada y condensar la vida en un par de minutos. La reacción de mis amigxs fue lo que me convenció a seguir haciéndolo (pensé que duraría un año pero confirmo que lo haré por siempre). Me agradecieron por guardar "los recuerdos de nuestra generación", me preguntaban si podían aparecer o cuando podrían verlo. Hay algo hermoso en este tipo de archivos tan chiquitos, tan solo una imagen que dura un segundo. Capturarlos es tan fácil como respirar, pero después al juntarlos adquiere otra potencia. Me da tranquilidad saber que si un día estoy triste, en solo media hora puedo recordar los últimos cinco años de mi vida: los cumpleaños, recitales, viajes, los cortes de pelo que pasaron de moda, los lugares que frecuentábamos, la luz de cada estación. 




|Sobre la artista |

Eliana Tujschinaider nació en 1994 en Buenos Aires, Argentina. Se define nostálgica de nacimiento y eternamente curiosa. Está obsesionada con los detalles y el registro, captura para no perder, y camina por cualquier calle donde haya sol.


|Links|

https://elituch.myportfolio.com

https://www.instagram.com/elituchis/

https://www.instagram.com/nocontextsabrina/



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  Después de decenas de meses de comunicación virtual, pensar en una nueva revista impresa es casi vintage y un revival necesario. Está a punto de salir “Crisis”, la tercera entrega de Mi Gesto Pank. ¿Qué colores van a formarse en el caleidoscopio textual que desplegará?
  Por Sofía Helena Fontana



Mi Gesto Pank se presenta como “un espacio que difunde y polemiza feminismos y poéticas”. Suenan, en cada nota, distintas voces y melodías, que construyen un unísono; cada ejemplar es una red. La revista está dirigida por Micaela Szyniak, Ayelén Cisneros y Aldana Antoni, que a su vez se encargan de la edición, de la corrección y del diseño y las ilustraciones, respectivamente. 

Cada número de la revista rodea y profundiza, plantea y explota el tema que tiene como leitmotiv. El primer número tuvo como título “El éxito”, y borroneó partes de esa carga capital que nos pesa sobre los hombros (¿por qué tanto?). Vislumbramos en sus textos varias formas de jugar, al tiempo que cada une está esquivando y atajando las demandas de éxito cotidianas –propias y ajenas. El segundo número, “Putas”, pone sobre una mesa de escucha, amor y paciencia, distintos significados de la palabra “puta(s)”; sus usos y reivindicaciones. Mi Gesto Pank compone una “escritura militante” y poética, al tiempo que despliega más mundos posibles y le extiende una mano a quien sostiene la revista. 

En 2018 y 2019 se imprimieron los dos primeros números. Los leímos durante varios viajes: en salas de espera antes de un turno médico, en el bondi, haciendo tiempo en el jardín botánico y, quizás, cuando llegamos a nuestras casas, acostades en el sillón. Pero, con la crisis causada por el virus, “El tiempo se cortó” (como escribe Gabriela Borreli en un adelanto del tercer número de Mi Gesto Pank). Como todo, en tal paréntesis temporal, el colectivo de la revista mutó de formato: del papel impreso a los bits, en casillas de correo y redes sociales. Y ahora, con “Crisis”, al papel otra vez.

El nuevo número sale en diciembre de este año y, con el tiempo que nos da el verano para leer, llegan crónicas, poemas, traducciones, teorías y sentires desde distintos territorios. Los tres números tienen un índice de la hostia, con ilustraciones potentes y discusiones necesarias desde una óptica (trans)feminista. 

        Hasta que puedan tener un ejemplar entre sus manos, les dejamos un adelanto de “Crisis”: 


La poesía es el movimiento [traducción, fragmentos del artículo y poema]
por Natalia Leiderman
¿alguna vez
intentaste
deslizarte hacia el 
paraíso de la sensación y 

encontraste no sé qué 
resistencia que te tiraba 
hacia atrás? ¿alguna vez
te recostaste sobre tu hombro 

de cara a la luna blanca
agotada, gimiendo
por favor, dejame entrar? ¿te animaste
a contar los meses que pasaban y los años 

mientras imaginabas el placer
brillando como miel, guardada bajo llave
en algún árbol secreto? ¿te animaste a sentir 
tu soledad acumulándose 

insoportable, y reconociste
qué clase de estallido podía originar 
toda esta condena? ¿saliste a caminar 
por la mañana 

a donde sea, para mirar
esas vidas refulgentes, sin conciencia 
fluyendo, ligeras, hacia afuera y más allá 
hasta donde sus pulmones 

sus huesos y apetitos
puedan llevarlas? Ay, ¿miraste
con melancolía los sonrojados 
cuerpos de las flores? ¿te detuviste 

a observar los pantanos, los ríos espiralados 
donde pájaros como flechas de fuego 
resplandecen entre los árboles, sus cuerpos 
intercambiando felicidad 

en la elegante, maravillosa
monotonía del diseño universal—
gloria para la sangre, guarida para el espíritu, 
a la que vos no podés pertenecer?

Susurros, de Mary Oliver, en “El trabajo del sueño”, 
(Ed. Caleta Olivia, trad. Patricio Foglia y mío [Natalia Leiderman]). 


Al final siempre se trata de pertenecer o no. A veces estás de lleno en la vida; a veces mirás desde afuera. Tenés un cuerpo. Órganos, telas, tubos, agujeros; un cuerpo es muy fácil de abollar, excepto cuando querés morirte (qué difícil es morirse me dijeron ya dos mujeres de mi familia). El cuerpo me duele, por lo general en lugares extraños y poco importantes; me zumba como un cielo cargado de tormenta. Las fronteras son claras pero son abiertas; entra un maullido, un dedo, el gusto dulce y rosado del postre. No lo elegí, me antecede, y estoy habitada de todo lo que no era pero soy. Me entusiasma y me aterra lo que podamos sentir. El cuerpo es un cielo o un infierno, no hay término medio. Me sumerjo, excavo (no hay fondo); nado, subo a la superficie (toco otro cuerpo) ¿Quién no ansía un centro de placer al que volver para sentirse poderosa? ¿Quién no tiene un dolor itinerante, una herida tornasolada que muta sus colores como una galaxia? ¿Quién no tiene una crisis más o menos estable? 
[...]


Sos una cebolla. Te pelás una capa (dolor rutilante) y te sentís pura. Sentís que esa es tu mejor versión, pero pasa un tiempo y algo te pesa, no te pertenece; tenés que romperte de nuevo. Por cada capa, una crisis. Venís por capas, sos todas ellas pero ninguna. 
¿Hay centro? Creo que el tiempo no alcanza para averiguarlo ni para llegar. Al menos no a mí. Soy lenta y no estoy iluminada; por eso escribo. 
Los poemas son mis flechas más veloces. Los poemas son mis sueños más puros. 


[...]
La crisis es un centro magnético y subsistimos alrededor. Si juntás las cosas que te encienden, durás más. A Patricio se le ocurrió traducir juntxs y nos hicimos adictxs a esa forma de la intimidad. Nos importa menos el poema que amar, por eso el poema nos sale mejor. Si el enamoramiento importa es porque te da un chip para ver el mundo; pienso en el poema de Sandro Penna: el mundo que parece de cadenas/ está todo tejido de armonías profundas. Que el amor te dé algo bueno es que te dé esa visión: un universo con sentido y conspirando a tu favor. 
Escribir es salvarse y escribir de a dos multiplica el placer de salvación. 


Pertenecer a la vida me fascina y después me asquea. Cuando ya empiezo a tomar de los vivos la arrogancia y el olvido, el poema es ácido y me lleva a la orilla. Y entonces cruzo en bote al reino de los muertos. Me entero leyendo a Mirta Rosenberg que translate también significaba, en la época isabelina, morir. No me parece raro, ir y venir de una orilla a otra, de mí a vos, de la voz de Mary Oliver a la nuestra, de cualquier voz a cualquier voz, de los muertos a los vivos, es el oficio. Vamos a pasar nuestra existencia yendo y viniendo, hamacadxs en las aguas, de un reino a otro. La poesía es el movimiento. 


***
Natalia Leiderman nació en 1990 en Buenos Aires. Es escritora y fotógrafa. Publicó los poemarios Animales dorándose al sol (El Ojo del mármol, 2016) y Stařenka (Caleta Olivia, 2019). Forma parte de las antologías Liberoamericanas: 80 poetas contemporáneas (Liberoamérica: plataforma literaria, 2017), Martes Verde (Varias editoriales, 2018) y Otros colores para nosotras: poetas argentinas contemporáneas (Ediciones Continente, 2018). Tradujo, junto a Patricio Foglia, una selección de poemas de Sharon Olds (descargable en: www.malonmalon.com.ar) y los libros El pájaro rojo y El trabajo del sueño de Mary Oliver (Caleta Olivia). 
  

te regalo jazmines 

su perfume recorre la casa 
la impregna
la toma 

el calor en ascenso contribuye 
a narcotizarnos 

ya no sabemos por qué estamos juntos
y si era conveniente 

¿nos duele? ¿adónde?
¿había otros caminos posibles? 

las preguntas, como hábiles enredaderas 
nos reducen 

desplomados en la tarde sin sonido 
entregados a la siesta fulminante 

soñamos. 



| Más sobre la revista Mi Gesto Pank |
Página web, con las notas de los primeros dos números.

| Más sobre las editoras |
Micaela Szyniak: instagram.
Ayelen Cisneros: instagram.
Aldana Antoni: instagram.


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Un recorrido por el movimiento literario mendocino, la literatura como trabajo y una introducción al material que se está produciendo hoy en la provincia.


por Micaela Kessler





El movimiento literario mendocino salió a la calle bajo la consigna “La literatura es trabajo”. Después de un durísimo año pandémico en el que no se dejó de producir material artístico, los escritorxs, editorxs y correctorxs mendocinxs se organizaron en asambleas para reclamar por políticas culturales. La literatura, insisten, no se sostiene con la feria del libro y certámenes anuales como el tan nombrado "Concurso Vendimia” que todos los años reconoce a unx escritorx local. Lxs trabajadorxs de la literatura escriben, editan, ferian y difunden todo el año y su trabajo no es reconocido por el Estado. En su manifiesto creado colectivamente en 2021 leemos:

“Escribir es trabajo, es insomnio, es intemperie / no es un jobi / escribir es trabajar con la materialidad de la palabra /no es un jobi / escribir es resistencia / no es un jobi / la literatura es trabajo no reconocido / no remunerado / comemos, bebemos, dormimos, nos enfermamos / no somos héroxs”.

Desde Escrituras Indie lxs invitamos a conocer algo de lo que se está produciendo en la escena actual mendocina:



| Feria Manija |



Todos los sábados lxs trabajadorxs de la literatura organizan una feria (Valhalla Bar, Mitre 2002)  donde exponen y venden literatura mendocina. También funciona como lugar de encuentro donde se presentan a leer diferentes escritorxs locales y se abre el micrófono para quien quiera compartir sus escritos. Entre los diferentes libros mendocinos que encontramos en la feria están los de Fractura Ediciones, una de las principales editoriales de poesía en Mendoza. Nacida en 2017 y con más de 10 títulos publicados, Fractura se sostiene en un equipo de mujeres con enfoque de género que hoy día sigue promoviendo la literatura de autorxs locales de manera autogestiva, brindando especial atención a voces diferentes a las del canon. 


Entre los diferentes proyectos que encontramos en la feria, también se destacan "animala editorial" y Payana Ediciones. Animala, nacida en 2020 en pandemia propone, desde la edición independiente y artesanal, libros objeto de poesía donde la forma, la textura y la imagen trabajan en conjunto con la poética.  Salieron al mundo con la publicación del título perra.


Payana Ediciones comenzó como una librería independiente y autogestiva que se dedica a difundir y vender libros de autorxs mendocinxs. Hace un año, redoblaron la apuesta y comenzaron a editar y publicar sus propios libros. Su primer título Poemas por el agua es una antología poética de autorxs de Mendoza.



| Movimiento fanzinero |



Hablamos con Nazareno Bravo, uno de los colaboradores de la Fanzi Fiera, una feria de fanzines que tuvo su primera edición en 2016. Sin restricciones en cuanto a las temáticas, encontramos fanzines dedicados a la ilustración, la fotografía, la poesía, panfletos, historietas, y más. Con una clara orientación a la democracia cultural, la feria es gratuita, tanto para lxs visitantes como para lxs feriantes; ellxs no necesitan pagar para poder exponer, vender y tener su espacio en la feria. Así, en la primera edición, del año 2016, contaron con once feriantes. En la última, del 2019, ya eran más de setenta fanzinerxs exponiendo sus trabajos. Cuenta Nazareno que muchxs de lxs que visitan la feria aparecen al siguiente año con material propio. Un espacio donde el público no es solo receptor, sino, también, potencial creador. A causa del COVID-19, la feria programada para el 2020 tuvo que suspenderse. Pasó al formato virtual, y tuvo lugar en la cuenta de Instagram de @fanzifieria. Ahí, podemos acceder a una serie de charlas donde se presenta una gran variedad de proyectos fanzineros, en su mayoría mendocinos.


Nazareno, además de organizador de la Fanzifiera, es miembro de la editorial Fanzinera Impar. Dice sobre la producción artesanal de fanzines: “Nos interesa mucho la historia del fanzine, el perfil subterráneo, disruptivo que tiene o que ha tenido en diferentes momentos de la historia. Además, es un espacio, una práctica que conecta con lo artesanal, con lo colectivo en muchos casos, con la vocación de compartir”. Nacida en 2019 en Mendoza, Impar busca difundir la cultura del fanzine como práctica autogestiva y creativa, como una herramienta accesible para comunicarse, expresarse y poner a circular obras. 




| Contactos |


Ig:

@trabajadorxs.de.la.literatura

@fanzifiera

@fanzineraimpar

@fracturaediciones

@sandrafruminot (Payana ediciones)

@animala.ed

@naza_re_no

@melissacarrasco7

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Literatura y territorio: otras formas de abordar la literatura por fuera de los espacios canónicos, puesta en escena de la poesía del conurbano, miradas colectivas y su registro en un fanzine digital y performance audiovisual.


por Escrituras Indie







Volveremos a vernos, cartografía poética del conurbano es una lectura performática con intervenciones  audiovisuales y sonoras, y un fanzine digital realizados por Escrituras Indie y Difusión A/terna ediciones. Esta segunda edición realizada en el marco de La Feria Municipal de Hurlingham contó con el apoyo del Municipio de Hurlingham. El objetivo de esta performance es componer a través de múltiples miradas y poéticas situadas la configuración de un paisaje conurbano para convocar al público/lector a una versión inédita de nuestros territorios. 


Sin lugar para fríos google maps, el trazo del espacio es íntimo, múltiple y emocional, esta lectura y fanzine es una caminata, un recorrido poético, visual y sonoro por esos pasajes atesorados. Somos los espacios que habitamos y esos espacios nos arrojan siempre a nuevas significaciones que se reconfiguran, una y otra vez. El territorio emerge como el cruce denuestros deseos, miedos, memorias y expectativas. Cambiamos y nuestra mirada de los lugares también cambia. 


Esta vez lxs poetas invitadxs Patricia González Lopez (Libertad), Melisa Papillo (Caseros), Inés Púrpura (Merlo), Gonzalo Montenegro (Los Polvorines) y Poshitsa (Morón) viven al oeste del conurbano, en distintos puntos cardinales con poéticas igual de diferentes y cada une con una apropiación  particular de sus lugares cotidianos que sin embargo se cruzan en muchos puntos y eso hace tremendamente rico a este evento colectivo, que además cuenta con la participación del realizadorx audiovisual Cabri Lynch (Padua) y los músicos Gastón Iachini (Ituzaingó) y Agusto Paladino (San Miguel) quienes crearon el ambiente sonoro de la puesta en escena. La fotografía de tapa del zine es una creación de Marla Zakai (Ituzaingó) y así como también registro audiovisual en vivo. La dirección artística de la performance y la edición del fanzine estuvo a cargo de la poeta y editora Nadia Sol Caramella (Hurlingham). 


El material que presentamos es una mirada, otra vez subjetiva de “la identidad visual, poética y sonora del conurbano”, si es que esa identidad existe en algún plano del universo, lo estamos averiguando. Mientras tanto, este nuevo intento por crear nuestros mapas poéticos de las calles y los cielos del barrio.




| Regristro de la lectura performática |





| Fanzine digital |



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¿Cuál es la poesía del siglo XXI? ¿Qué editorxs están haciendo el trabajo de hallar nuevas voces en la escena literaria? En esta nueva edición de “Bucear en internet y encontrar poesía”, Malena Rodríguez nos da claves para comprender la relación entre literatura, producción, traducción y publicación.


por Malena Rodríguez


Collage digital por Sofía Helena Fontana (ig: @sofihfont)

En esta ocasión conversamos con Daniel Lipara, poeta y editor en Bajolaluna, sobre poesía, traducción, la reciente publicación de su libro en Estados Unidos y amores literarios. ¡Sean bienvenides a deleitarse con las palabras de Daniel!


¿Podrías contarnos un poco acerca del trabajo de traducir poesía? ¿Te ayuda el hecho de también ser poeta?

Me encanta cómo orientás la pregunta hacia el trabajo. Porque el trabajo, me da la sensación, cambia según el poema. Cómo piensa el poema en su gramática y su realidad verbal, además de su terreno asertivo. Qué es aquello que hay que traducir. Tal vez el hecho de escribir poesía me ayude por cuestión de oído, pero no estoy seguro. Sé que traducir poesía me ayuda a escribir. Aunque los límites entre un trabajo y el otro sean un poco ficticios. Pienso en ese espacio liminal que se nutre de todo, sitio poroso y amalgamado entre dos escritorios que al final son el mismo. Hay un movimiento que corre de un lado al otro, que no se puede fijar: no para de empezar de nuevo.¿Qué se mueve en una traducción además de las palabras? 

    Mi primer proyecto más íntegro y desafiante llegó de golpe, como un impulso personal, mientras transitaba el duelo de mi padre. Significó saltar, entiendo ahora, sin saber adónde. Me tiré a traducir para reconectarme con la vida, para acortar la distancia que me aleja cuando siento dolor. Y apareció un milagro en la casilla de correo. Me refiero a Aprender a dormir, el libro de John Burnside. La primera versión literal fue desapareciendo y empezó lo que yo considero es propiamente el trabajo. Como si traducir hubiera sido pasar el pincel del arqueólogo para ir encontrando huesos y excavar, con mucho cuidado, hasta ver una forma. Una forma con sentido propio en castellano y que imantara algo del espíritu concreto de esos poemas. Del aliento que eriza los árboles mientras Burnside camina por el bosque. Trabajar significó interpretar y permitirme libertades, no atascarme en máximas. No me cierran las máximas. Desconfío de la gente sentenciosa que nos viene a explicar qué es y qué no es la poesía. Yo no busqué un ramo de flores impecable: anhelé una planta con sus hojas imperfectas pero vivas. Tal vez haya un esbozo de procedimiento ahí, y me pregunto si también habrá una ética. A mi modo de ver, la poesía tiene el maravilloso don de localizar las palabras. Traducir a Burnside significó salir a cazar atmósferas con el borde del ojo; investigar leyendas y cuentos populares; mirar películas de terror como La mujer pantera y buscar matices en las palabras para algo que está por aparecer pero no todavía. Sus poemas son ecosistemas de transformaciones tenues. Mi trabajo, entonces, fue montar un espacio vecino para que sus espectros pudieran revolotear de un lado al otro sin rasgarse.
Después vino Memorial, de Alice Oswald, su “excavación” de la Ilíada. Y conocí lo hermoso de traducir con amigues, algo que sigo disfrutando y que le recomiendo a quien lea esto. Mi compañera fue Mirta Rosenberg. Algunos fragmentos pueden leerse en la revista Hablar de poesía. Tradujimos literalmente de oído y en voz alta, cuajando cada verso en el aire de su habitación hasta sentir un chasquido y bajarlo a la pantalla. Pasé un mes volviendo cada noche con los pequeños obituarios de la Ilíada y el montaje paralelo de sus símiles. Traducir como huésped, con las voces de Homero, de Oswald y de Rosenberg retumbando en la cabeza. El residuo, el arrastre, como decía ella, de esa experiencia fue, de inmediato, mi primer libro. Otra vida emergió del tono y el lamento de Memorial, de lo que hicimos de él. Traducir fue la pista de aterrizaje personal, plataforma coral para escribir. 


      
Otra Vida fue recientemente traducido al inglés por Robin Myers. ¿Cómo fue la experiencia de leerte en otro idioma? ¿Cómo es el ida y vuelta con quien se encarga de traducir tu obra?

Tuve el extraordinario privilegio de que fuera Robin, una poeta a la que admiro y leo muchísimo, la que me propusiera traducirlo. Y el privilegio no menos extraordinario de que, a la par de la traducción, se volviera mi amiga. Otra vida ya tiene traducción en sus genes. Mis padres, por ejemplo, conversan como Héctor y Andrómaca en el aeropuerto de Ezeiza, pero con los papeles invertidos. Otra vida es claramente un libro personal y autobiográfico, pero su voz no es sólo mía. Por eso considero al trabajo de Robin una continuidad fluida del poema, una ramificación extraordinaria. Robin también fue catalizadora y médium: Another Life es nuestro libro. La pregunta de oficio se mezcló con nuestras vidas, y esa aleación de empatía y trabajo colectivo encendió todo, desbordó el contorno del poema. Su versión es tan fresca y natural que me sigue dejando estupefacto. Desde sus aliteraciones hasta cómo tensa el ritmo acá y allá, con la ternura y lo extático vibrando al mismo tiempo. Hace poco fue la presentación virtual del libro en Estados Unidos. La oí por primera vez leer el poema de mi madre, mixturando su voz con la voz de mi madre. Fue muy difícil mantener la compostura, no largarme a llorar. El talento de Robin es tan apabullante y milagroso como su calidez y su cariño.

¿Puede decirse que Mirta Rosenberg fue tu maestra? ¿Cuáles fueron las cosas más importantes que aprendiste de ella?

En una entrevista, Mirta habla de su vínculo con Hugo Padeletti: “Trabamos de manera casi inmediata una amistad entrañable”, dice. Fue una de las personas que fue, no diría que la que más me enseñó, sino una de las que más yo aprendí, que es diferente. Porque los encuentros nunca estuvieron revestidos de una finalidad didáctica de su parte. Eran conversaciones que versaban sobre múltiples temas, incluyendo la vida personal de cada uno, el estado anímico. Entre los temas que iban apareciendo, estaba la poesía. Lo mismo hizo ella con quienes tuvimos la suerte de conocerla. Mirta y yo fuimos vecines, me parece importante decirlo. Hacía veladas de lectura en su casa. Así conocí a poetas y amigos como Liliana García Carril, Ezequiel Zaidenwerg, Alejandro Crotto, Hernán Bravo Varela, Horacio Zabaljáuregui, Alberto Carpio y Ana Sánchez Acevedo; a su gran compañero de traducción que fue Gastón Navarro; a Miguel Balaguer y Valentina Rebasa, mis compañeres de Bajolaluna. Ella componía así también: un enorme árbol familiar de personas amadas. Vivía la poesía con la curiosidad, el deseo y el don de compartirla con otres. Y a lo que cuenta sobre Padeletti, donde está todo dicho, le agregaría algo. Ella fue quien entendió el momento y la manera de alentarme a escribir. Y que se escribe a fondo. Fue la que mientras yo escribía Otra vida, me enviaba audios preguntándome ¿ya escribiste, Dan? Vení, leeme. Hay que tener mucho ojo para saber cuándo encender el salto. Mirta es aliento que te lleva al lugar donde la poesía confluye con la vida y viceversa. La fuerza que me llevó a tomar el riesgo irreversible de poner en juego algo de mi experiencia en la escritura. Esa manera áspera a veces de escribir, y que al final te expande, que ensancha al yo. De ella aprendí la arrasadora y empoderada vulnerabilidad que destilan sus últimos libros. A no caer bien parado, a buscar más allá de mis preconcepciones y mi zona de confort. Y que la poesía, sobre todo, tiene muchas maneras. Mirta sigue siendo el idioma de una conversación. Y esa conversación es la poesía. 



¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo editorial? Contanos sobre tu experiencia en Bajolaluna.       


También por Mirta, que fue la fundadora de Bajo la luna nueva hace treinta años. Me propuso entrar a la editorial donde hoy trabajo con mis compañeres en una montaña rusa vertiginosa. No es fácil, hay que aprender muy rápido. Bajolaluna se describe como “el fracaso editorial más duradero de la industria editorial argentina”. Cuesta durar, pero el resultado es fantástico. Mi trabajo está más enfocado en las librerías, pero también me permite meterme en proyectos maravillosos como por ejemplo la antología de José Watanabe, Animal de invierno y otras bellezas que saldrán muy pronto. Stay tuned


¿Une autore que te haya influenciado o que admires?

La citada Alice Oswald. Leanla, no se pierdan a la mejor poeta que hoy vive entre nosotres.  


¿Tenés alguna obsesión literaria o tema que te mantenga en vilo?


Ya deben sospecharlo. Digo homero en minúsculas porque se trata más de un espacio abierto, de un milhojas de voces, que de una autoridad canónica en la cultura de nuestra historia patriarcal. Mi homero es herencia de mujeres poderosas como la propia Mirta, Oswald, Simone Weil, Caroline Alexander y Emily Wilson. No como la exaltación guerrera sino como un lamento trágico sobre la destrucción, el brillo arrasador de una vida y la mortalidad. Un espacio donde encuentro una fluidez extraordinaria entre el mundo humano y el de los animales o los árboles; donde la identidad particular se transmuta con la naturaleza. Me permite pensar continuidades y discontinuidades entre presente y pasado. Voy a homero, como dice mi amigo Alberto, no desde lo sustantivo sino lo verbal. No como nombre propio: como la manera que encontré de acercarme al dolor y la belleza de lo que está vivo. 


¿Te acordás de cuál fue el primer libro que leíste? también podés contarnos sobre tu libro favorito de cuando eras chico. 


Envidio a las personas que recuerdan sus primeras lecturas. Yo no fui un gran lector, me gustaba dibujar historietas y tocar la guitarra. Sí recuerdo un libro de mitos griegos que llevaba a la escuela en tercer grado. Y los pequeños tomos blancos de Página|12 con pasajes de la Odisea y otros mitos. Nunca había pensado en eso, ahora tiene sentido. 


 
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Te presentamos un recorrido por distintas experiencias de musicalización de poemas. Las palabras de Héctor Viel Temperley, Diana Bellessi y Susana Thénon se encuentran con las músicas de Luján Ricci, Georgina Hassan y Cecilia Gauna.

Por Sofi Alvarez

    




¿Qué hace que un poema se convierta en canción? Desde EI recopilamos y pusimos a conversar distintas experiencias de composición a partir de poemas preexistentes por parte de tres artistas independientes dedicadas a la canción contemporánea: Luján Ricci, Georgina Hassan, y Cecilia Gauna.

    “Hay poemas que se prestan, se dejan, y otros que no. Una vez quise musicalizar a Olga Orozco y me di cuenta de que no podía: el poema tenía una densidad en sus palabras e imágenes que nunca levantaría vuelo en una canción. Entonces, lo primero que hago es leerlo, escuchar la música que ya tiene, me conecto con la temperatura de ese poema. Así, siento que a veces el poema se abre, me habilita el ingreso”, dice Georgina Hassan. Editó Madreselva en 2017, un disco dedicado exclusivamente a la musicalización de poemas.

    Pero, a veces, el camino del encuentro entre la poesía y la música se hace a la inversa, y es el poema el que irrumpe. Algunas palabras insisten, se aparecen en repeticiones interiores, como si pidieran salir en forma de canción. Cecilia Gauna –quien también cuenta con Non stop (2006), un disco de poesías llevadas al ámbito de la canción– cuenta que “a veces, con que haya dos frases maravillosas, es suficiente para elegir un poema”. Por su parte, Luján Ricci, que acaba de lanzar su disco Camelias (Elefante en la Habitación!, 2021), agrega: “yo creo que tiene más que ver con que el texto me conmueva profundamente; eso hace que finalmente se convierta en una canción. Quizás esto es porque a las canciones unx las canta y se las canta muchas veces, son como una especie de recurrencia, y no cualquier texto se banca eso”.



Tres recomendaciones

Desde los primeros segundos de “Canto nupcial”, de Cecilia Gauna (a partir del poema homónimo de Susana Thénon) se escucha una atmósfera melodramática, casi teatral. Cecilia nos cuenta: “me pareció  que todo el relato de las vicisitudes de la mujer antes de casarse consigo misma pedía a gritos un bolero”. La canción se arriesga a incorporar el poema completo, y es en esa insistencia circular de la armonía “abolerada”, que se revela cada vez más el costado humorístico, delirante. No se pierdan la versión en vivo.

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“Flores violetas”, de Luján Ricci, recupera de una forma más libre un poema de Héctor Viel Temperley. En cada repetición se descubren nuevos sentidos, y el final del poema va apareciendo con cautela, como si la música estuviera degustando ese final. “Es un poema que había leído hace unos años y me encantó. Me hace entrar en algo que me hace bien. Lo tenía siempre dando vueltas, anotado en varias libretas, y casi me lo sabía de memoria. Siento que son las palabras las que se apropian de mí, y no al revés. Es como si me permitiera entrar a un yo al que accedo menos. Creo que es como si ese poema me enseñara a escribir mis otras canciones. Hay un saboreo de la palabra, de su organización”.

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 “Hay un silencio”, de Georgina Hassan –a partir de un poema de Diana Bellessi– construye una sonoridad que parte de lo misterioso y desemboca en una corriente de río, “como el chico canoero que rema fuerte contra el agua”. La canción insiste sobre ciertos versos, y genera en esa repetición un vaivén acuático, litoraleño. En palabras de Hassan, “en la música pasa todo más rápido y a veces es necesario insistir, volver a decir algo de diferentes maneras. En ‘Hay un silencio’, hay agua y hay algo ancestral, un silencio que viene desde muy lejos. Yo quería que la canción, la música y las palabras vinieran de lejos y que el sonido sugiriera algo antiguo; también quería que se sintiera y se vieran el agua y el color del cielo”.

Al final, convertir un poema en canción puede ser un desafío coral: a la voz detrás de toda palabra se le suman otras nuevas, y la música se vuelve territorio de lectura, de conversación. Con todos los riesgos que aparecen en el cruce de lenguajes artísticos, el deseo de cantar el poema siempre estuvo ahí, como si se intuyera la música que habita en las palabras. 



| Más sobre las artistas |


Luján Ricci: compositora, cantante, guitarrista, violinista y docente nacida en Moreno, Buenos Aires y radicada en CABA desde 2009. Compone canciones a guitarra y voz, recientemente editadas en su primer disco “Camelias”, a través del sello Elefante en la Habitación.  


Cecilia Gauna: cantante, compositora, pianista e improvisadora vocal  residente en Ingeniero Maschwitz, Buenos Aires. Actualmente está lanzando el EP LAS CUATRO ESTACIONES, de Música Indie-Pop con bases electrónicas. También está trabajando en  VOX VITAE un proyecto experimental/ vocal.


Georgina Hassan: nació en Buenos Aires, en 1977. Es cantante, instrumentista, compositora y productora. Sus composiciones se nutren de diferentes folklores del mundo, que se mixturan en un lenguaje propio. Ha grabado cuatro discos: Primera Luna (2005), Como respirar (2009), Tornasol (2014) y Madreselva (2017).