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Capítulo 1


–Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.
–No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.
–Aflojá de una vez. Todos te esperan. Si no me escuchan, trago tierra.
Antes tragaba por mí, por la bronca, porque les molestaba y les daba vergüenza. Decían que la tierra es sucia, que se me iba a hinchar la panza como a un sapo.
–Levantate de una vez. Lavate un poco.
Después empecé a comer tierra por otros que querían hablar. Otros, que ya se fueron.
–¿Para qué está el cementerio? Para enterrar a las personas. Vestite.
–No me importan las personas. Mamá es mía. Mamá se queda.
–Parecés un bicho. Ni siquiera te acomodaste el pelo.
Miro la pieza, las paredes de madera que mamá quería ir forrando desde adentro con ladrillos. Las chapas del techo, bien altas, grises. El suelo, mi cama y el lado de la pieza donde ella se tiraba a dormir si el viejo andaba pesado.
«No va a haber nadie de ese lado», pienso, y me tapo la cabeza con la almohada. Mamá me peinaba, mamá me cortaba el pelo. 
–¿Vos querés que te llevemos a la rastra? No seas pendeja.
Tendrías que tener vergüenza de hacer caprichos hoy.
Me paro de una, el pelo me tapa casi toda la musculosa, una cortina que llega a arañar la bombacha. Me agacho. Busco las zapatillas, el pantalón de ayer que andará tirado. Y guardo las lágrimas para y para que quede, sola, una furia que parece acalambrarme.
Para ir al baño tengo que salir de la pieza. Pasar por donde la gente está revoloteando mi casa como moscas. Vecinos chusmas, que fuman y hablan pavadas.
El Walter se habrá amotinado. A él no lo mueve nadie. Nunca más mamá y yo.
Me pongo el pantalón, me acomodo la musculosa aden- tro. Prendo el botón, subo el cierre mientras le clavo los ojos a mi tía. A ver si por un rato me deja de joder.
Si me paro, si salgo de la pieza y camino detrás de esas manos que llevan el cuerpo en la tela, es porque estoy harta. Porque quiero que se vayan de una vez.
El Walter no quiere venir.
Verla en silencio caer en un agujero abierto en el cementerio, al fondo, donde están las tumbas de los pobres. Ni lápidas, ni bronce. Antes del cañaveral, una boca seca que se la traga. La tierra, abierta como un corte. Y yo tratando de frenarla, haciendo fuerza con mis brazos, con este cuerpo que no alcanza siquiera a cubrir el ancho del pozo. Mamá cae igual.
Mi fuerza, poca, no cambia nada.
La tierra la envuelve como los golpes del viejo y yo pe- gada al suelo, cerca como siempre de ese cuerpo que se me llevan como en un robo.
Mientras, las voces rezan.
¿Para qué? Si al final, removida, solo está la tierra.
Nunca más mamá y yo.
Entra. La tapan. Oreja en tierra, miro. Todavía puedo respirar. Pensé que no, que las costillas se me hundían ara- ñándome los pulmones.
Guardo en pesadillas el sonido de ese lugar, un desperdicio de dolor y pestilencia.
Hasta el sol me confunde, me sangra en la piel caliente. Y los ojos, ardidos como si me hubiesen echado ácido, luchando por no llorar.
Un amarillo basura, fiebre, o un gris, gris chapa, gris enfermo el dolor. Solo el dolor parece no morir nunca.
Van a dejarte acá, mamá, todos, aunque no quiera. Aunque mis manos no los dejen, te vas a quedar.
Creo que puedo poco, solo tragar tierra de este lugar y que no sea más enemiga, la tierra desconocida de un cementerio que jamás pisamos, ni mamá ni yo.
Ella se queda acá y yo me llevo algo de esta tierra en mí, para saber, a oscuras, mis sueños.
Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mamá, y se me hace de noche. Cierro los puños, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un árbol. Me gusta, me muestra, me hace ver.
¿Amanece? No. Es el sol que me enciende los ojos y la piel.
La tierra parece envenenarme.
Dicen:
–Levantate, Cometierra, levantate de una vez. Soltala, dejala ir.
Pero sigo con los ojos cerrados. Lucho contra el asco de seguir tragando tierra. No me alcanza, no me voy a ir sin ver, sin saber.
Alguien dice: 
–¿Ni para el jonca hay?
Y me obliga a abrir los ojos.
Mamá, vas al agujero en una tela que es casi un trapo.
¿Quién va a hablarme ahora? Sin vos no soy nada, no quiero ser. ¿La tierra va a hablarme? Si ya me habló:
La sacudieron. Veo los golpes aunque no los sienta. La furia de los puños hundiéndose como pozos en la carne. Veo a papá, manos iguales a mis manos, brazos fuertes para el puño, que se enganchó en tu corazón y en tu carne como un anzuelo. Y algo, como un río, que empieza a irse.
Morirte, mamá, y cortarte fresca de nosotros dos.
–Levantate, Cometierra, levantate de una vez. Soltala, dejala ir.





| sobre la autora

Dolores Reyes nació en Buenos Aires en 1978. Es docente, feminista, activista de izquierda y madre de siete hijos. Estudió letras clásicas en la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad, vive en Caseros, pcia. de Buenos Aires. Cometierra es su primera novela.


sobre la editorial |

Editorial fundada en Buenos Aires en 2014 para todo el mundo.  Editores: Maximiliano Papandrea y Adam Blumenthal. Más de la editorial en https://www.sigilo.com.ar

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"Los ojos en los perros de Alejandro" es un Documental Performático. Trata sobre la vida de Gabriela , directora e interprete de la obra, y sus archivos familiares recopilados de cintas de VHS desde la mirada de Alejandro.
por Inés Púrpura 

En la era de las relaciones humanas descartables, de la tecnología 24/7, el recuerdo es una herramienta valiosa y  más cuando se potencia a través del arte, en esta ocasión encontrándonos desde el teatro. 
Con escasos elementos en escena, pero con un trabajo minucioso en lo documental como en lo audiovisual y performático, íntimo y caótico, surrealista y sentimental, Los perros en los ojos de Alejandro nos llevan de paseo por la infancia en los años 90 en Uruguay de Gabriela De León Speranza, intérprete y directora además de esta pieza. 
Con un trabajo impecable de unos vhs  encontrados por  Gabriela, repasa su historia y la de quienes la  rodean, los amores, fracasos, deseos, anhelos. 
Como un collage in situ deja entrever por medio de performances, poemas y canciones  esos miedos, anhelos y fracasos. 
Pero esta no es una obra que indaga en la familia como una unidad política, es una obra del sentir, de convocar y generar en l*s espectadores a través de la sensualidad, la emoción, lo minimalista, un re encuentro con sensaciones y pensamientos que nos acompañan en algún momento de nuestra vida.
¿Nos quieren?  ¿Quién nos quiere más?  ¿A quién queremos más? ¿Nuestras valoraciones a lo que somos y hacemos se mantienen en el tiempo, sobreviven? ¿Quiénes somos a través del tiempo? Estas y otras cuestiones nos interpelan a quienes habitamos la butaca. 
Una obra además accesible para aquellxs que no son muy afines al mundo de las artes escénicas. 
50 minutos que sin duda pasan y hacen vibrar el corazón. 

| Funciones |

Jueves 13 y 20 febrero en Club Cultural Matienzo, Pringles  1249 CABA, 20HS $300 reservas en http://www.alternativateatral.com/ 

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Insepulto

Mi madre compró un nicho en Italia y me dijo:
aquí descansaremos los dos con tu padre.
Y, de repente, imagino su cráneo apoyado sobre mi cráneo,
refugiados en la madera del árbol que nos vio nacer, y le sonrío.
Su esperanza me roza como una caricia
para que un día deje España y vuelva,
la suya es una promesa de amor eterno.
Pienso en mi madre, en mi padre y en mí,
convertidos en polvo,
una familia sin descendencia, mediterránea,
unida en la muerte como nunca lo estuvo en vida.

Algún día el conserje barrerá las flores podridas,
nos dejará desabrigados frente al mundo,
mirará el nicho e intuirá nuestro amor en la foto familiar con fondo blanco
entre tanto hueso desnudo,
igual de seco, igual de blanco.
Si lo pienso un nicho es la utopía perfecta:
sin hombres o mujeres,
todos extranjeros.
Guardamos un mundo ideal dentro,
en nuestros huesos, pero tan lejano.
La tumba es el modelo de familia definitivo.
Deberíamos meter todos la cabeza en un nicho
hasta que deje de dolernos el mundo.



masc x masc


Cada vez que leo la palabra violencia,
en secreto enseño los dientes.

Cada vez que escucho la palabra miedo,
asoma un hilo de baba desde mi boca.

Cada vez que escribo la palabra dolor,
me crujo los dedos.

Cuando me dices que eres pasivo,
me pongo cachondo.

Jadeo como lo bestia que soy. 



Los mestizos

Al hombre que me dijo en Facebook que podía hacer las maletas
tras la irrupción de la extrema derecha en el gobierno autonómico.


Los peces blancos viven lejos de la orilla.
Prefieren nadar mar adentro
donde, en la oscuridad, se juntan en bancos,
como muros,
y donde luego mueren agolpados en fosas,
el uno sobre el otro.
En ese abismo toda luz es enemiga.

Los peces mestizos, sin embargo, preferimos las orillas:
donde el mar acoge una lengua de tierra que no conoce
y con ternura la baña y la ablanda
para que alguien, tú o yo, pueda dejar caliente su huella.

Hermosas y terribles son las orillas.
Un día te acogen en el dorso de su mano,
otro, te dejan indefenso para que alguien te atraviese feroz el cuerpo,
te sostenga en la mano,
hinque su diente en un pez vivo.

(de Hágase mi voluntad, Pre-Textos, 2020)





| Sobre el autor |

Ángelo Néstore (Lecce, 1986 / Málaga). Es poeta, performer y profesor en el Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga. Actualmente co-dirige el Festival Internacional de Poesía de Málaga Irreconciliables y es director editorial de la editorial de poesía Letraversal. Ha publicado Hágase mi voluntad (XX Premio de Poesía Emilio Prados, Pre-Textos, 2020),  Actos impuros (XXXII Premio de Poesía Hiperión, 2017), traducido al inglés con el título Impure Acts por Lawrence Schimel en la editorial neoyorquina Indolent Books y Adán o nada (Bandaàparte Editores, 2017).

Con dieciocho años se alzó con el Premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Concurso Nacional de Teatro Vittorio Gassman de Roma. Sus últimas obras teatrales son el monólogo en homenaje a Gloria Fuertes Esto no es un monólogo, es una mujer (autor y director) y la pieza en solitario Lo inhabitable, en la que dialogan poesía, teatro y performance. En 2018 se le ha otorgado el Premio Ocaña a su trayectoria poética en el XXI Festival Internacional de Cine LGBT de Extremadura.



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| Sobre la autora |

Me llamo Franca Villarreal, soy fotógrafa y collagista, mi búsqueda siempre tuvo que ver con los sueños y la mejor manera que encontré de plasmar esta relación que desde chica tuve con lo onírico, fueron los collages y la fotografía experimental. Siempre encontré que en los sueños todo se magnifica, los estados, las emociones y los escenarios, hasta las personas cambian de piel. Mi trabajo consta de 2 series y suman en total 30 collages
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Esto es la verdad. Esperaron de pie sobre las piedras bajo una leve nevada y escucharon 
el tintineo argentino de millares de llaves al ser sacudidas, al abrir el aire, en los tiempos de érase una vez que eran.
Úrsula Le Guinn 

Unas llaves levantadas en el aire entrechocan: su sonido mínimo
se amplifica al ir de una mano a la otra, crece en olas, se mueve y casi
lo llena todo. Riego las plantas esta madrugada y tus llaves 
Úrsula querida, irrumpen como relámpago, su canto
de una mano hacia la otra acá, aunque estoy yo sola, vos

también a mi lado: como ayer en la estación Inclán, eterna
la espera del subte en hora pico, puro fastidio y de pronto
en susurro apareció el cantito
de cancha irreverente pasó del tarareo
a presencia compartida en súbita potencia, algo
tan parecido a la unión, querida amiga, tus llaves

en esta fin del mundo también retumban, hacen este resquicio y yo
desde mi lugar elijo y lo llamo
posibilidad. Ahora que tengo la edad
de mi madre cuando enloqueció
riego las plantas de madrugada mientras mi hija duerme calma 

esta noche cerrada que a mí
me mantiene desvelada. Si dijera la verdad diría miedo
en días inclementes. Un estado de cosas, vos consolarías
puede parecer eterno pero no
el derecho divino lo fue y cayó: tanto tiempo, tanta vida

hicieron esa caída y yo
no quiero a mi hija de escalón
para despeñar este horror. No sonrías de costado amiga
alzo llaves cucharones, picas y palas, desde mi 
economía de subsistencia afirmo: si no se baila no será

esta mi revolución. Pero sé muy bien lo digo
con la panza llena y a cobijo, Úrsula, cómo se desmonta
la creencia errada cómo se ganan
fuerzas para la revuelta sin ser cordero
sin ser león. Conciliación obligatoria esta madrugada

no hay dragones naves ni palabra sagrada: sólo una mujer
riega en desvelo sus plantas. Sé que entenderías estos giros
cuando enciendo el cigarrillo y sin darme cuenta
aparece en mí el cantito, esta llave en diapasón
libertaria abre resquicios. Pasará

también esto va a pasar: pido una plaza llena donde haya lugar
para mí, mis desvelos de corto alcance y el horizonte
abierto de mi hija. Fraternidad sea el lema que traiga
de la mano a lo demás, como quien dice yo
libre y hermanada en la otredad. Una plaza en alto con sus llaves

donde cada quien se sepa igual, su mismo 
kit de minucias avala toda existencia todas
estas ansias nos llevan, vos lo sabés 
lo sabías y esperabas, entonces tus llaves suenan
Úrsula querida, están acá.


... 



qué hueco de mis manos
qué dirección de mi pie
para que se reconozca lo único que quise tocar
el único lugar hacia el que quise ir
Juana Bignozzi

Veintiuno de septiembre y tan modesta llega
este año la primavera: entre los jazmines, la azalea blanca 
ilumina mi terraza suburbana, trae en reflejo
la otra puro estallido púrpura

su alegría bajando por Sarmiento hacia tu casa. Juanita
hay que cumplir años 
cada veintiuno de septiembre y esta primavera escueta
te devuelve a mí con obstinación. Esa azalea un obsequio

donde en espejo se hizo evidente el dejo: poco 
te importaban a vos plantas, infancias o pequeñas
compañías domésticas. Juanita, rara nuestra amistad
esa atolondrada que fui yo y en vos 

la niña ogresa. Una princesa proletaria, en cruzada
lúcida y fiera frente a todo
eso que no cumpliera tu norma: alta cultura y el arte
su mascarón de proa. Suena hueco y me dejo ir

dos torcazas anidaron la medianera
un barullo frágil entre azahares, enredaderas
y ellas ahí, su nido de restos, cables plastiquitos
nimiedades hacen cobijo. Te cuento esto y me veo

camino a tu casa la azalea púrpura
explosión de flores en tributo 
esa dama que vos eras y yo
a mi modo punki te adoraba.  Compartimos sangre anarquista

pertenencia a estirpes perdedoras, bien lo sabías
tus relatos de Saavedra, el padre panadero
abrió para vos la ópera y el amor
por todo eso que en belleza fuga y

detiene el tiempo.  De otro veintiuno es el mail
te cuento mi embarazo después de un año sin pistas y al momento 
vos respondés: soñé que me hablabas. Digo esto cuando es septiembre 
querría yo este aire durara siempre
pero se escapa tan firmemente como mi hija

cumple años cada año y vos
no llegaste a conocerla. Pienso si será transitivo tu blasón
si quererte fue casi
amar a mi madre así de loca y voraz. Qué escudo representa

tanta sed de gloria en la primavera incipiente
me detengo en naderías, vos lo sabías y llegás acá 
para recordarme: qué hueco podré tocar, adónde
dirigir los pasos en avance constante

querramos o no. Juanita, no hay cruzadas ni guerras santas
este veintiuno mío ni siquiera veo
más allá de ese nido, tan precario su cobijo tan
poquita cosa cuando te trae

 a mí de regreso. Así esta primavera
su respiración cruza cactus y plantas, me recuerda
qué batallas enfrentar cuáles
hacer un lado y porqué se aman

estas cuestiones cercanas, su celebración
cada veintiuno de septiembre en regreso
aquello que florece y sabe, sí que sabe
también pasará.


| Sobre la autora |

Andi Nachon nació en Buenos Aires, Argentina, en 1970. Es poeta, guionista y docente. Su primer libro de poesía, Siam, se publicó en 1990, y le siguieron otros nueve que conforman junto a un inédito En la música vamos, Poesía Reunida 1990 – 2019, Editorial Bajo la luna. Desde 2013 codirige Hain Cine, una productora cinematográfica, actividad que alterna con la docencia universitaria en el campo de la poesía.
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Hacer existir el poema 
que me sangre de las manos 
que borre todos los poemas anteriores 
y derrita como ácido 
mansas letras en papeles de piedra. 
Hacer existir el poema 
que evapore la sonrisa congelada en los iris 
dirigir con un dedo el huracán 
que desvanezca los recuerdos flotando en el aire 
están ahí lo sé 
los respiro 
veneno. 
Hacer desaparecer 
una ilusión 
con un poema 
una voz 
con un poema 
un dolor 
con un poema 
llorar 
poesía 
que te arranque 
de mí. 
Ese es mi nuevo desafío.

... 

No hubo un sismo
en san juan
Pero igual tiemblo

en este suelo inestable
ya no hablo
nadie sabe
creo haber dicho todas las palabras

¡que tiemble san juan!
¡que se despedacen las montañas
y llegue a quebrarse la cordillera!

quizás así este desconcierto
tenga sentido
de todas formas
seguiré siendo inderribable.

... 

Este poema no pide justicia 
no de la burguesa no de la estatal 
no esa justicia privatizada 
escupo sobre ella como escupieron los gendarmes 
[dos años atrás sobre tu cuerpo. 
En el sur el fuego arde alto todavía 
el que dejaron los que mataron a Rafael 
el que dejaste vos acá como hoguera en el medio de mi pecho 
una luz que me obliga a despertar. 
Ni mártir ni víctima te reivindico anarquista 
no imagino lo que es morir 
en manos de quien no creés que pueda hacerte bien. 
Es como ahogarte en el colmo de ese río 
[donde plantaron tu cuerpo. 
Este poema no pide justicia 
¡Pólvora! 
exige respeto 
reclama memoria 
demanda acción directa 
ofrece apoyo mutuo 
expropia libertad 
y clama un acto de amor 
que llenemos de ratis el paredón. 



| Sobre el autor |


Gaita Nihil nació a fines de los 80 en Buenos Aires. Estudió Filosofía, estudia Edición en la UBA. Es poeta y editor en puntos suspensivos ediciones. Es trans y libertario. Practica kickboxing, le gusta correr y jugar al fútbol.