escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

0 comentarios



voy a romper el poema que escribí
porque dice de la niña
que era una estatua y no una niña

en el poema 
la mano abierta de su madre
cae seca
sobre los cachetes de la estatua 

dice estatua
porque se quedó quieta
pero la palabra era niña
nunca estatua
dice estatua 
porque no supe qué decir
sobre su quietud 
pero era blanda

un ser vivo
capaz de absorber golpes
sin ofrecer resistencia 

y ahora dice 
que era una niña
pero creo 
que no le estaba permitido 
ser niña 
ni romper el poema

que se redujo al punto
de lo que pide ser nombrado
pero no tiene un nombre justo


Cuarenta gotas diluidas en dos dedos de agua

Puede parecer un gesto demasiado obediente
tomar la medicación a pesar de las circunstancias:
cuarenta gotas diluidas en dos dedos de agua
sin importar que llueva, que te hayas visto 
las manos 
congeladas en la luz de un relámpago.  
Y lo es. Pero no desprecies el gesto ni el remedio
es tu forma de profesar alguna fe. 
Contá las gotas que caigan 
en un susurro que suene a rezo. 
Apretá la goma rosada del gotero
como si le acariciaras los pezones 
a una santa ¿cómo la tocarías  
a la Virgencita de Guadalupe
si se abriera el manto 
sobre tu cama, hoy que llueve 
y el cielo te alumbró
así
las manos?


La sanjuanina

Ema descansa en su reposera
deshilachada
sobre la calle Ipiranga.
Tiene las manos enrojecidas
de agua fría y jabón en polvo.
Al rayo del sol su piel
es tierra pálida, rajada
la carne de los pies
desborda las chancletas
con el mismo gesto brutal
que tiene la naturaleza cuando crece
sobre edificios abandonados.

Ahora chumba un perro y la despierta
abre los ojos, dos semillas doradas de chañar
se desentierran


La plaza Socaire

los perros se echan
sobre la sombra flaca
de la iglesia
que no alcanza 
para cubrir las patas

las pocas perras
andan
lentas
con las caderas a cuestas
y el cuerpo
cubierto de una tierra fina
que las hace ver difusas

la tierra se les hizo costra 
en la nariz, los labios

sus ojos lagañosos
que son lo único que brilla

entre el polvo


| sobre la autora |

Olivia Milberg, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1992.  
Algunos de sus poemas fueron publicados en LADO TIERRA (no es como una rubia en el avión, 2018), en la antología de poetas jóvenes Celofán 2 (La carretilla roja, 2019) y en la revista Hablar de Poesía #39 (Audisea, 2019). Fue premiada por La Bienal de arte joven de Buenos Aires por Chile, que formará parte de la Antología de poesía de La Bienal (Gog&Magog, 2019).  En noviembre de este año publicará Lobo de mar (Añosluz, 2019).
Desde el 2017 coordina y realiza el diseño editorial de NO ES COMO UNA RUBIA EN EL AVIÓN, editorial, ciclo de lecturas y videoteca de autores contemporáneos.
Estudia Artes de la Escritura en UNA.


1 comentarios
Nunca antes el silencio tuvo tanta potencia creativa, frente a los silenciamientos que históricamente se les impuso a las mujeres y disidencias, la escritura y la creatividad devienen territorio de visibilización y acción política. 

por Nadia Sol Caramella



La creatividad no es un proceso neutral. Por el contrario, en sus mecanismos se inscriben las opresiones de la masculinidad cis hegemónica. Escribir supone para las mujeres y disidencias entender todos los silenciamientos a los que se enfrentaron nuestrxs antecesorxs. La hoja en blanco es para nosotrxs una instancia de silenciamiento o una posibilidad de insurrección frente al silencio impuesto. Como dijo la poeta Audre Lorde, para nosotrxs “la poesía no es un lujo”. Escribir es un acto performático, es una acción en el mundo. El paso del lenguaje a la acción está dado por el gesto de la irrupción e interrupción en la hoja en blanco, en el silencio. La materialidad del lenguaje es su potencia de transformación y creación. 

Como sostiene Audre, escribir es una técnica de conocimiento y de autorevelación, no esperaban que sobreviviéramos a pesar del silencio. La herencia del lenguaje es la primera cárcel que debemos sortear. Frente al lenguaje binario que restringe nuestras identidades, escribir y crear bajo otras lógicas colectivas, íntimas, eróticas, políticas, es un acto supervivencia para que otras existencias e identidades sean posibles y vivibles. En el lenguaje se manifiesta el poder, y es a través del lenguaje que se lo puede subvertir, generando nuevas prácticas y visibilidades. Escribir requiere de nuestra crítica hacia ese material con el que trabajamos, como sabemos el lenguaje tiene una carga semántica social y cultural, pero aun así lo necesitamos para tejer redes de resistencia y acción.

Para que exista una creatividad disidente tuvimos que sobreponernos a los intentos de colonización de nuestras temáticas, formas, devenires y conceptos. Han intentado ingresar nuestra creatividad a las lógicas históricas masculizantes cis de la literatura hegemónica. Sin embargo, fuimos encontrándonos para generar nuevas prácticas de reconocimiento a través de la lectura de aquellas voces silenciadas por el mercado patriarcal editorial y académico. Necesitamos leernos, reconocernos, encontrarnos, difundirnos y confundirnos con las escrituras de otrxs que como nosotrxs fueron sentenciadas al olvido en las bateas de la literatura con mayúscula, la que fue y es escrita por hombres cis, blancos, heterosexuales, clase media, occidentales. 

Las literaturas “menores” resisten en los bordes de la extranjería impuesta, y esa literatura es la que nos convoca, esa que no ha sido colonizada: nuestro linaje, nuestra historicidad literaria. Es así como la escritura deviene territorio. Cuerpo de resistencia. Y la práctica de escritura supone una nueva cartografía, nuevas alternativas de apropiación de nuestros territorios. Así como también una creatividad que pueda salirse de los géneros, temáticas y formas patriarcales. Apropiarnos del lenguaje requiere de nuestra conciencia y lucidez para reconocer sus trampas y sus ficciones, para deslizarnos en ellas y salir victoriosxs. Las subjetividades disidentes entran en la escritura como sujetos políticos, siempre que estén conscientes del poder de las palabras. Y a esta altura creo que lo estamos, porque muchas veces padecemos la asimetría que el poder y el lenguaje ejercen sobre aquellas personas que no entramos en el androciscentrismo

A pesar de lo escrito hasta este punto es importante reparar en un detalle para nada menor: la literatura disidente es un cuerpo en movimiento, en lucha. Y dado que tiende a devenir es inútil intentar clasificarla, porque continuamente se escapa de las normas que se le imponen. Aun así es posible señalar puntos de encuentros que pueden acercarnos a una conceptualización provisoria de la literatura disidente y su creatividad. Alguna vez Virginia Woolf señaló: “Como mujer ni tengo país. Como mujer no quiero país. Como mujer mi país es el mundo entero”. Pero tiempo después la poeta y teórica lesbiana Adrienne Rich repensó esta cuestión sañalando la necesidad de una “política de la posición” que no dejara de lado las diferencias de identidad de género, raza, origen, clase social o religión. “Preciso entender la manera en que un lugar en el mapa es también un lugar en la historia dentro del cual como mujer, judía, lesbiana, feminista, he sido creada e intento crear”. Estas palabras de Rich nos permiten pensar en la literatura escrita por mujeres y disidencias como literatura situada atravesada por las múltiples opresiones transversales que vivencia cada subjetividad no androcéntrica.

¿A quién le habla la literatura escrita por mujeres y disidencias? A la vez que se escribe para sí, para su propio linaje, escribe para una comunidad que se conforma a través de un lenguaje en común,  porque para que exista una comunidad es necesario una historicidad y una literatura propia. La literatura escrita por mujeres y disidencias surge como espacio de visibilización y de contrucción de una identidad colectiva, pues al mismo tiempo que se nombra a sí misma, nombra a una comunidad. Pero, como diría Monique Wittig en su ensayo “El punto de vista: ¿Particular o universal?”, es necesario que nuestras obras no sean tomadas por particulares, como literaturas de gueto, sino que puedan ser leídas como parte de la literatura universal, dado que mientras la literatura universal con mayúscula sea la literatura masculina cis y no otra, nuestra literatura estará signada por su catalogación: literatura feminista, literatura lgbti, literatura femenina, etc ., como si tratara de subgéneros, mientras que la literatura escrita por varones cis no lleva ninguna marca, porque lo universal es lisa y llanamente el universal masculino cis y lo particular es todo aquello que no entra en su lógica.


Para comprender la creatividad y escritura no patriarcal es de vital importancia repensar nuestro lugar en el lenguaje porque en definitiva es el lenguaje, en tanto sistema discursivo y normativo, el que nos produce como sujetos; pero esto no significa que estemos determinadxs por su normatividad, por el contrario, al nombrarnos podemos desplazar sus categorías, corromperlas y subvertirlas. Este es uno de los grandes aportes del pensamiento de Judith Butler, entender al sujeto como una construcción en el lenguaje y que eso no signifique la ausencia de su potencia transformadora. Estamos constituidxs por el lenguaje pero el lenguaje es también el terreno de desestabilización de los conceptos, categorías y pensamientos hegemónicos. En esta misma linea podríamos traer a Paul Preciado, que en una de sus entrevistas señaló: “ningún texto es sagrado, esta ahí para ser abierto, deconstruido. El cuerpo, la sexualidad y la ciudad son textos. Cuando me refiero a textos, hablo de tecnologías de inscripción”. Por ello, es necesario intervenir en esas tecnologías de inscripciones, produciendo otras formas de subjetividad, y por qué no otras formas de apropiación de la creatividad y la escritura, comprendiendo que estos desplazamientos son necesarios para subvertir la normatividad y el androciscentrismo de todos lo ámbitos del arte y la vida.  
1 comentarios


No es desmalezando el bosque
como vamos a llegar a encontrarnos
es quizás caminando a tientas
lo vi en un sueño
yo iba con mi hocico inquieto
en mitad de la noche
tanteando las hojas secas
vos del otro lado
afilabas el olfato
para alcanzar el perfume
de mi sangre caliente
ninguno de los abría los ojos para ver.
Caminar con los ojos cerrados
dicen que es la forma
en que los equilibristas
se mantienen intactos
en la cuerda floja.
... 

Puedo atravesar kilómetros
cargar toneladas sobre la espalda
mirarte durante horas sin parpadear
con tal de escucharte decir esas palabras.
Nunca entendí de dónde sale
esa fuerza.
Soy la bestia que sacia su hambre
y se echa a dormir
con la panza llena de leche.
Debajo de mi nombre 
no estoy yo
Hay una catarata
que no para de caer.

... 

Los unicornios no existen
me dijiste
y me quedé pensando
en todas las veces
que la realidad 
no me alcanza.
0 comentarios
Bajo cero 

Escupías fuego por la boca cuando te conocí. Debería haber intuido el peligro: un chico de dieciséis años sin remera, tomando sorbos de nafta en el medio del campo helado para escupir llamaradas. El pasto grisáceo estaba cubierto de escarcha, a vos te caía, por el surco que dejan tus pulmones en tu pecho pálido, un hilo de kerosene. Brillabas por partes, un Vermeer caprichoso. La noche y la intemperie te quedan bien, algo de leñador que tenés, una actitud de resolver a la fuerza, a hachazos.

Ese invierno intentaron convencerme de que el frío era un estado en la mente. Es una sensación y una sensación siempre es psicológica, lanzó un pequeño Einstein que desconocía el concepto de hipotermia. No quería tener que discutir con un varón, además, hubiera dado todo por dejar de temblar, así que, sentada en un tronco bajo, hacía fuerza para encontrar telepáticamente el calor, hecha un bollo dentro de mi saco azul. Te encantaba ese saco, decías que era del color exacto. Nunca supe exacto respecto de qué. 

Cuando caminaste recto hacia mi dirección, juraba que había alguien justo detrás de mí. ¿Estás borracha?, lanzaste mientras tomabas forma humana, rígida. Limpiabas tu pecho con una toalla de mano decorada por un bordado en cursiva y el dibujo de una manzana. Con velocidad magistral, te calzaste un suéter grueso de lana sobre la piel desnuda, seguro picaba, pero no emitiste queja alguna. Un fruncimiento de cejas te dejó la cara en penumbras: no lo hagas más, vos no sos como esas chicas, a vos no te queda bien. Te miraba como Sailor Moon a Toxeedo Mask, como un gatito tierno de internet, y vos ya conocías esa mirada. 

Lo que me cautivó fue tu capacidad de ser definitivo. Yo con suerte tenía el límite de la ropa para determinar que era un ser humano, pero vos parecías ya completo, claramente cortado del fondo por un troquel del cual te habías desprendido hacía tiempo ya, parecías saber mucho de todas las cosas. Y qué honor no ser como "esas chicas", aunque no tuviera idea de quiénes eran. Y qué honor ser elegida para un consejo. La alegría me invadió el cuerpo como un látigo eléctrico.


Tacto 

El sentido del tacto siempre me dio curiosidad. Su funcionamiento. Una vez dijiste que no me puedo dar cuenta de que soy suave porque tengo las palmas de las manos ásperas. ¿Sentís? Me hiciste tocar primero tus manos, jabonosas y frías, como peces, para que tuviera punto de comparación. Las tuyas son como un papel, concluiste. Me costó darte la mano desde ese entonces. 

El eje del problema del tacto se da cuando me intento sentir a mí misma, cuando intento evaluar mi propia textura. ¿Cuál es la parte que está percibiendo? ¿Cómo sé cómo me siento de verdad? No es un problema cabal, con el exterior no tengo dudas y este vestido es definitivamente agradable, es una espuma. 

Intento hallarme en las compras. Bajo la luz mortuoria del probador no hay forma, soy gris, una refugiada huérfana de la Segunda Guerra Mundial. La necesidad de gastar aparece en estos momentos, con la sensación de que hay que llenar los minutos, las horas, el tiempo-hasta-que. Como siempre, para no llegar tarde terminé llegando excesivamente temprano. Por eso me metí al local, por eso y por el aire acondicionado. 

Si bien hay algo que me cautiva en mi imagen de huerfanita famélica, es inviable que alguna vez vaya a usar un vestido celeste, un vestido de chica que va al campo de tus padres y hace ensaladas. Mi mamá decía que en el espejo que nos vemos siempre nos vemos mejor, que hay espejos que tenemos domesticados. El resto de los espejos son salvajes, indomables. Espejos que nos devuelven bestialidad. 

La réplica del Guernica en el hall. Espero que me abra Delia para buscar las llaves, ya sé que no va a traerlas con ella y que voy a tener que subir. Con la mente ya estoy arriba e imagino la última remodelación. Tiraron una pared para ampliar el consultorio. Doblar en tamaño, más precisamente. 

Repaso los cortes geométricos de los cuerpos, siempre encuentro un detalle nuevo: un filo que sale con urgencia de lo que pareciera ser la boca de un caballo enojado. El mismo frío de siempre, la frescura del mármol, catacumba de cerámica oscura. Ascensor: no se habla. Me invita a sentarme y de inmediato me trae un vaso de agua. Se acuerda de mis súbitas bajadas de presión, me aconseja hidratarme. 

Ya vengo con intuiciones, tu madre entra como una actriz a su living-escena, agita brazos. Querida esto, querida lo otro, esta situación, no querían asustarme, pediste por mí, prefieren que no vaya, Violeta está contenida. Cierta artificialidad que no sabría a qué atribuir, si al léxico: "contenida", a los movimientos: firmes pero calculados, coreográficos, como si supiera imprimir la dosis esperable de dramatismo. Violeta está con sus papás, no piensa volver, y los gatos tuvieron cría.  

Estoy sentada en el borde del sillón y temo dejar una estela de sudor porque las piernas me tocan directamente con el cuero, cuero de verdad. Te imaginás, advierte, que yo a los gatos no me los puedo traer, yo no estoy nunca y no la puedo comprometer a ella (con el mentón señala a Delia), además cambié recién el sillón, dice. Sus pulseras hacen ruido cuando se acomoda el mechón que le cae al costado de la frente, tengo que seguir atendiendo, pero vos te arreglarás ¿no, chiquita? Lo linda que estás, vos avisame cualquier cosa, ¿querés? Sos un ángel. 

Antes de despedirme me toma por los hombros, un modo de decir gracias, supongo. Me mira a los ojos sin pestañear y hace una mueca, como si quisiera sonreír con la nariz. La piel de su rostro permanece absolutamente estática, lo cual vuelve su mirada inquietante, por no decir terrorífica, una muñeca que despierta para asustar a los niños. Me invade su aliento impecable, no quiero que se me note que deseo profundamente escapar, sostengo la mirada. 


Delia me acompaña nuevamente a la planta baja y larga un qué desgracia susurrado, casi que ni dicho para mí. La veo a través del espejo morderse suavemente el pellejo del dedo gordo, de la mano con la que sostiene las llaves con un llavero del Hard Rock Café Cancún. Un auto convertible rosado.


| sobre la autora |

Malén Denis nació en Buenos Aires en 1989. Publicó los poemarios Con una remera de Sonic Youth (2009), Buscar drogas en Wikipedia (2014), Un gran incendio de vidrios (2017) editados por Nulú Bonsai, Brillante (Ludwig, 2017). Estudió producción de tv, filosofía y es magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Tres de Febrero. Creó el taller Escritura e Intimidad, basado en su investigación sobre las narrativas en primera persona. Actualmente, vive en la ciudad que siempre quiso, da clases a distancia y trabaja como periodista.


| sobre la editorial

Concreto surgió en 2017 como un espacio de trabajo para autoras argentinas contemporáneas, atravesado por la exigencia literaria, el trabajo conjunto y el objetivo de convertirse en una voz curatorial propia de la actualidad. Su catálogo se divide en dos colecciones: una de poesía y otra de narrativa. 
0 comentarios




Llevé a la casa de la vecina un fuentón con agua caliente
que le mandaba mi abuela. 
Llegué, tambaleando y con el vestido mojado,
silbé,
la vieja abrió la reja, se inclinó
y agarró el fuentón con las manos que estaban cubiertas
por unos guantes de goma naranja. 
Tenían perfume a jabón blanco. 
El plástico o los guantes rechinaron. 

Volví a la casa, pero no aguanté la curiosidad
 y me asomé a la tapia a ver qué hacía la viejita.

No entendí si se estaba remojando los pies
o ahogando pichones.
Después lo describí lo mejor que pude, lo mejor que me salió. 

... 


Leo unas fotocopias escolares
y después un poco de poesía, 
vuelvo como buscando salvar 
a quien no me necesita.
En mí confueyen corrientes que insisten en volver
al lugar en donde nadie sabe sus nombres.

... 


Coleccioné botones por mucho tiempo
y al final las cosas se parten por el peso del estancamiento. 
Todos nos despertábamos a las 2 de la mañana
como pajaritos insomnes,
los colores de las paredes parecían
miel quieta adentro de su frasco
y las ventanas de la casa
el vidrio del frasco opacado por
la pegajosidad de la miel 
del tiempo y su contrapeso.


... 


Es terrible no saber cuales van  a ser
mis poemas definitivos
un arrepentimiento continuo
que pareciera anclarse en estaciones. 
Los poemas de octubre ya son cartón mojado
en donde duermen dos perros blancos como cuchilla,
y al frío que se nos viene
sólo la necesidad volátil de ruido lo puede presentir.  


... 


Soy la traidora de la familia, 
la que boicoteaba en silencio los planes de domingo, 
de limpieza y exterminio, 
yo escondía los caracoles de los intrusos
que jugaban a ser dioses en el patio de mi casa.
Yo guardaba el veneno en el cajón de las bombachas.
Ahora guardo en mis bolsillos
los restos de hilos enredados con los que ataban las trampas.



| Sobre la autora |


Antonella Ibañez Vulcano (Buenos Aires, 1993) es estudiante de Letras en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Publicó los libros/fanzines, Sobre Buenos Aires y otros barullos (Editorial independiente Descolonizadx, 2016); Acuarelas (Editorial independiente Descolonizadx, 2017); Tu cara no se parece a las cosas que nacen de día (Editorial independiente Descolonizadx, 2017); “Tu cara no se parece a las cosas que nacen de día”. Ocho poemas seleccionados (Fundación editorial “El perro y la rana”, 2017). También realizó publicaciones literarias en otros medios, como Revista Monolito (México), Revista Literariedad (Colombia), Revista Descolonizadx (Buenos Aires), Revista Utopía (Colombia). En la actualidad co-dirige y es editora en Revista Descolonizadx. Algunos de sus trabajos pueden encontrarse en: http://antonellavulcano.blogspot.com.ar y https://antonellaibanezvulcano.wordpress.com/