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 | sobre la autora, primera persona |

Nací justo en el instante en que la central nuclear de Chernobyl explotaba, pero del otro lado el mundo y en un rincón escondido. 12 de Octubre se llama mi pueblo, pertenece al partido de 9 de Julio (si, todo con fechas), tiene apenas 200 habitantes que se dedican al trabajo agrícola y mide seis cuadras por cuatro donde abundan los ranchos abandonados. Viví ahí hasta los 13 años cuando me mudé a la ciudad cabecera para poder hacer el secundario. A los 17, para seguir estudiando, me vine a Buenos Aires. Una vez acá me metí a estudiar comunicación social en la UBA, sabía que quería contar algo y creí que ese era el camino pero un año después descubrí que prefería contarlo con imágenes antes que con palabras, no tenía idea de fotografía, mis únicas pasiones artísticas hasta ese momento habían sido la música y el dibujo, pero quise probar algo más. Trabajé en un call center de ventas horrible y me compré una Pentax S1000 con 3 lentes. Empecé a estudiar fotografía, saqué muchos rollos malos (malísimos), revelé 3 años en laboratorio blanco y negro… lo técnico lo fui incorporando. En 2007 empecé a usar digital y me enamoré de la edición que me ayudó a contar cosas más surrealistas, pero me costó años y años llegar a saber qué quería decir exactamente en cada momento y cómo. Hoy por hoy me cuesta todavía, y, si bien, nunca me cerraría temática ni estéticamente, algo en mí me hace rondar ciertas cuestiones de forma reiterativa: las raíces, el tiempo que se detiene, la relación pasado-presente individual y social-histórica, el inconsciente y los sueños, lo irreal. Desde lo estético voy explorando cosas todo el tiempo, analógica y digitalmente, soy una enamorada de aprender todos los días, sino esto no tendría ningún sentido para mí.

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HÁBITAT es un ciclo audiovisual ideado para dar a conocer nuevos autores. A través de los distintos episodios buscaremos el hábitat perfecto para la nueva literatura. Un texto, un autor y un espacio, cada capítulo: un recorrido. 


Para el sexto capítulo de HÁBITAT, retratamos a José A. González, que desde un vagón de tren, inmerso en la ciudad y sus infinitos habitantes, nos trae un poema de amor sin pretensiones. Somos personas comunes que nos enamoramos de personas comunes. Somos un ser más en el mundo que se enamora anónimamente, como en el subterráneo, donde no sabemos qué siente quien está a nuestro lado, a dónde se inclina su corazón, si tiene a alguien que lo albergue, y si lo tiene, qué tiene para ofrecer, qué está dispuesto a ofrecer. Este es un poema de amor simple, de amor normal, de alguien que tiene para dar lo que está a su alcance dar. Y en ese dar, busca también una recepción, indagar en los mecanismos del enamoramiento, siempre tan propios y reconocibles en todos nosotros pero a la vez tan ajenos e intrigantes cuando, sin pensarlo, nos arrebatan el aire y nos obligan a escribir poesía.




Sobre el autor |

"José A. González hizo Bellas Artes y Mecánica del Automovil. Le gustan las imágenes, le gustan los escritos. Como no sabe realmente adónde va, y le gusta todo a la vez, su blog se subtitula <Un trayecto literario y visual de José A. González>"

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.



[Mini-Bio o Auto-semblanza]
Juan Román Diosque, músico tucumano, señalado por la revista Los Inrockruptibles como el músico argentino más particular de su generación. Debutó con el disco I Can Cion en el 2007, luego con su banda Diosque grabaron de manera independiente Bote (2011), y finalmente en el 2014 salió a la luz Constante, de la mano del sello discográfico chileno Quemasucabeza.



1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Puede pasar en cualquier momento, no hace faltan ciertas condiciones para la inspiración, lo que sí puede pasar es que estés más sensible a las melodías o a la poesía luego de experiencias emocionales más fuertes que las cotidianas. Lo que es fundamental, en mi caso, es tener un lápiz, un papel y una guitarra en ese momento.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito? 
No tengo.

3. ¿Qué talento desearías tener?
El de aprender idiomas fácilmente.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Mi cuerpo, mi vida y la vida de los que amo. Me di cuenta de que las cosas son cosas.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La codicia.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
La sociabilidad.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Yo estoy en la luna. Porque como ella no hay ninguna.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Que es un invento de las noches de borrachera.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Perder lo que amo.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Hace mucho y allá.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
“Viéndolo” de Los Twist

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Ninguna.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Ni lo escuché.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
"Voces" de Antonio Porchia.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Charly.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero? 
A Charly García.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Sí, justa justa.


[Contacto]
Web: diosque.com/
Facebook: facebook.com/DiosqueMusic
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|Sobre la publicación|

A través de un texto poético, prosa o una obra visual, 79 canciones de Madonna fueron reinventadas por un grupo de poetas y artistas visuales. 

El resultado de esta convocatoria son los libros "Reinvención" (vol 1, 2013 – actualmente disponible de forma gratuita en Issuu.com) y "Veni Vidi Vici" (vol 2, 2015), de edición artesanal y limitada, que recoge el trabajo de lxs participantxs.



|Más sobre la publicación|




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HÁBITAT es un ciclo audiovisual ideado para dar a conocer nuevos autores. A través de los distintos episodios buscaremos el hábitat perfecto para la nueva literatura. Un texto, un autor y un espacio, cada capítulo: un recorrido.

Como quinta entrega de HÁBITAT tenemos a María Rovira leyéndonos poesía en catalán. La identidad de Barcelona, no solo se expresa en la forma del poema, sino que también refleja en los temas que el poema trata: cómo decir Barcelona como lo dicen los catalanes, salir a pasear por la ciudad, el Born y sus destinos insospechados. Los silencios en el poema dejan espacio para entonar con gags de comedia. La poesía es puente y el poema el camino que cruzamos para llegar al otro lado, donde nos encontramos con nuevas formas de decir, un subtitulo y el poema se abre a nuevos receptores, como en un film indie, caminamos por las calles de Barcelona explorando y aprendiendo nuevos lenguajes y sonidos.


Sobre la autora |


Maria Rovira tiene un sentimiento entre la compasión y el menosprecio profundo por los adolescentes y no soporta los "Forn de pa" (Hornos de pan). Su primera obra, co-escrita con su hermano, fue el remake literario "El zoo de las puta".

más de la autora en su web
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El ilustrador Jo Múrua ideó "Todo el día en internet", un fanzine en papel (sin formato digital) donde explora nuestra cotidiana y enfermiza convivencia con la virtualidad. 

Por Valeria Lugosi



Todo el día en internet. Así estamos, así vivimos y convivimos. ¿Nos damos cuenta? ¿Nos importa? El ilustrador Jo Murúa no tuvo mejor idea que reflejar esta ¿problemática? en un fanzine.
Estamos a un click del mundo. Acá y allá, hay gente que todo el tiempo está haciendo.  Indiferentemente de lo que vos estas viendo en alguna de tus pantallas,  lejos de la orquesta que dirigen tus pulgares 2.0, alrededor nuestro pasan cosas todo el tiempo.
En “Todo el dia en Internet”, Jo Murúa logra reflejar la realidad de una sociedad que come, caga y coge atravesada por internet. ¿Acaso se hace para contar? Si no lo contas, ¿no lo hiciste? Si se cae un árbol en el medio del bosque y nadie lo escucha ¿realmente se cayó?


El fanzine es del tamaño de un celular. Es blanco y negro. A través del estilo que construyó el autor, es explícito con lo que plantea. Es realista. Y es probable que nos identifiquemos con más de uno. Por ejemplo, en la doble página central aparece una persona queriendo seguir un corazón. En su pie, encadenada, una notebook. Somos un poco eso. No nos calmamos ni cuando caminamos abajo de la lluvia, porque encontramos algo más interesante que el ciclo hidrológico.
Sin embargo, Jo Murúa logra que estas páginas queden lejos de ser una queja. Él consigue algo mucho mejor: armó un espejo. Y en un fanzine. Fotocopia. Papel. Tijera. Blanco y negro. Para leer en el bondi, para alejarte del celular. Para resistir.

Es curioso como el zine sigue sobreviviendo en una era atravesada por lo digital. La fotocopia resiste ante los likes, los compartidos, los corazones y los favs. Resiste porque justamente nació para eso, para resistir. Contra la política, contra el patriarcado, contra lo que está visto por la sociedad como normal, contra la discriminación, contra lo que sea. Es 2016 y esta es la que nos toca: resistir con fotocopias ante el universo de posibilidades que es internet.




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El desierto es un sentido de lo que somos
despertar en una cama extraña
una mirada en el espejo que recuerda
pequeños insectos que comen de la mano
hasta la piel
araña en medio del estómago
si tan solo pudieramos desaparecer
por tres días, cinco meses, un año y
no acordarse, simplemente unirse a nada
y volver como se vuelve a un río, un árbol, una seña

...

hay todavía llamas en los escombros
todavía llamas a la madrugada
plumas que arranco
de este pájaro
para que no vuele aún
sabía, me lo dijeron
(cuidado, cuidado)
con qué pregunto
pero sabiendo que si dejo
que se corroa y se inunde
de tu mar salvaje
ya no seré
una mirada bestial
crece dientes
al revés de la tarde
donde hablar de la lluvia
es hacerla
lo que te queda del humo
qué es?
Sabremos de esta caída
cuando no haya más agujero
de este imperio cuando no haya
más piedras para levantarlo.

...

Dice que marzo está tarde
que el desierto vive de él
dice que ciego
el caballo de su mentira
se aproxima
pienso en esos pequeños gestos de sus manos
una forma de abrir o cerrar los ojos a la siesta
una forma de tocarme el centro justo
la calma justa
la memoria es un pájaro que me sobrevuela y en un momento
cierra sus alas y baja en picada a mi cabeza
todavía
hoy
estoy debajo de este techo de esta casa
que aún no siento
pero es de día y el sol tal vez empiece
a secar las cajas de libros que no me animo a desarmar
es de día y llevo en el cuerpo
un ojo de tigre que espera

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          La espera había sido un poco larga y bastante tuve que ahorrar para comprarme ese libro, esa corta pero valiosa pieza canónica de la literatura moderna —aun así valió la pena. Por fin lo tenía en mis manos. Ese día me fui al parque de la ciudad y me quedé hasta bien tarde a leer mi nueva reliquia. Cuando el sol empezaba a ponerse, me di cuenta que el regreso a casa se prolongaba y mejor valía regresarme en colectivo, pues quería continuar leyendo, no sólo en el camino, sino también en mi cómodo puff fiaca destinado a ese propósito.
           En esta ciudad el tránsito es intermitente; por minutos puedes estar en un embotellamiento en el que se te pasa la vida, y en cuestión de instantes, corriendo a velocidad supersónica por las principales calles y avenidas de Buenos Aires. Ese viernes no fue la excepción. Tan pronto me subí al colectivo, me fui al fondo a buscar espacio y calma para leer. No quería ser molestado mientras lo hacía, aun estando de pie. Me recosté de la ventana, y justo cuando me disponía a continuar mi lectura, noto como con una de esas intuiciones metafísicas que alguien me está observando. Era una chica de unos veinte años, de grandes ojos, gafas negras, cabello corto y piel lozana. Al dirigir mis ojos hacia su cuerpo, noto que tiene un libro que reposa entreabierto sobre sus piernas descubiertas. La chica no me miraba a mí, sino al libro que entre pecho y ventana yo sujetaba, también entreabierto, y que aún no había retomado.
        No iba a dejar que su inequívoca belleza y supuesta intelectualidad me distrajese de mi incipiente y seductora lectura, pero su mirada era fija e inquisidora, cual detective o periodista de Sucesos. Se me ocurrió inventarme un juego.

          El colectivo iba lentamente atravesando las arterias de esta fantástica ciudad, tratando de salir del centro hacia barrios menos congestionados y, posteriormente, hacia los suburbios de esta metrópolis. Las colas en la vía son, sin duda alguna, oportunidades valiosas para empezar a leer, continuar o terminar un libro. ¿Pero cuántas veces uno se encuentra con una mujer tan linda, a quien le interesa realmente lo que lees, al punto de ni mirarte a la cara con esos ojos flamantes negros?
          La chica había dejado de leer su ejemplar, marcó la página en dónde había quedado y cerró su libro. Por ratos disimulaba viendo hacia la calle y a los otros pasajeros, pero era evidente que su interés en ese momento era único e inequívoco: mi recién adquirido libro de crónicas. ¿Qué vio en él que le gustó tanto? ¿La portada, el grosor, sus páginas colmadas de palabras de principio a fin? Poco a poco se inclinaba y doblaba su humanidad desde su asiento hacia donde yo me encontraba para poder así ver mi libro; no obstante, me seguía siendo imposible saber si buscaba la página que aún tenía entreabierta o el título de la obra. De repente, era yo quien se quedaba mirándola hasta que ella se daba cuenta y de inmediato cambiaba la visual hacia otro lado. Luego volvía a su principal propósito.

          A manera de incitación, le acercaba el libro para que lo viera un poco, y cuando creía que podía hacerlo, se lo alejaba, arrancándole las raíces de sus esperanzas, así como quitándole un caramelo a un niño, uno que aún no se empieza a comer. Y en eso estuvimos por minutos, jugando al gato y al ratón, mientras el colectivo en donde viajábamos nos iba dirigiendo hacia la inevitabilidad, hasta que una señora algo mayor cambió la disposición del tablero de juego. La chica le cedió su puesto a la sexagenaria, provocando de esta forma la oportunidad menos intencional para acercarse más a su objetivo. No se lo iba a dejar tan fácil. Lo cerré y me pegué la portada al pecho, dejando sólo la contraportada un poco al descubierto. Aun así, mi rival intentaba acercarse más y más a mi cuerpo, con la única intención de ver mi libro. Ya empezaba a temer por él.
          Ella no podía ganarme.
        Luego me percaté que la brisa entraba de a ratos y con mayor ímpetu por las ventanas, lo que significaba que íbamos más rápido; ya habíamos dejado el embotellamiento atrás pero todavía seguíamos en barrios de gran circulación automotor. Más minutos pasaron y más intentos fallidos de su parte por querer poseer con su ojos negros mi preciado libro de crónicas. Me sentía como un torero, invitando a la elegante y salvaje bestia a arremeter con el impulso de su mirada a mi erario de hojas blancas y tinta negra. Un frenazo nos descolocó a todos los pasajeros que íbamos en el transporte y nos puso en preaviso para el futuro inmediato. La chica casi se cae de lado por haber estado mal parada, y hasta creo que se lastimó el brazo cuando la violenta inercia, producto de la fuerte sacudida, la llevó a apoyarse inesperadamente en uno de los tubos posa-manos dentro del colectivo.
          Me sentí mal por ella y justo antes de acercarme a ayudarla y preguntar si estaba bien, se incorporó de golpe, presionó el botón de parada y se acercó a la puerta más cercana de salida. Me dio mucha pena que fuera así como terminara nuestro secreto y divertido juego. Una especie de forfait a mitad del sexto inning con el juego a mi favor por una carrera.

         Cuando el colectivo se detuvo en la próxima parada, la chica se volteó hacia mí, o hacia mi libro —aun ahora no lo sé— así como para despedirse, supuse; sin embargo, en su mirada no había rastro de resignación, mucho menos de despedida, por más extraño que pareciera. Se bajó y se fue caminando de manera apresurada en la misma dirección en la que nuestro colectivo se dirigiría.
         Si había ganado el juego, entonces era una de esas amargas victorias. Luego vino el semáforo. Después la perdí de vista.
         Sabía que ya estaba más cerca de casa, así que decidí recostarme por lo que quedaba de camino, aún con el libro entre costado y ventana, y mis pensamientos en ella, tratando de disfrutar el trayecto. Me di cuenta que no había leído nada; tampoco quería seguir leyendo. Y nuevamente, las leyes físicas —y a veces trágicas— de la inercia hicieron su efecto en ambas direcciones, más atropellado y violentamente que pocos minutos antes. Todo pasó demasiado rápido como para recordar detalles. El colectivo había arrancado con su pujanza de corcel de hierro para que segundos después fuera el estruendo del choque lo que nos zarandeara bruscamente para adelante y para atrás. Fue poco después del terrible accidente que supimos que el camión que nos impactó trataba de esquivar a alguien y terminó estrellándose contra nosotros; no obstante, en el momento del siniestro, el aturdimiento, la desorientación y los dolores no me permitían saber con precisión qué acababa de pasar.

          El colectivero, quien sangraba por la sien, nos preguntaba con voz agitada y desespero si todos estábamos bien. La señora que ocupaba el asiento de mi antigua rival se aguantaba la frente y gemía de dolor al igual que muchos otros pasajeros. Un niño, quien antes dormía, ahora lloraba sin consuelo mientras sangraba delicadamente por sus labios; su madre, quien se tapaba un ojo con la mano, verificaba que no tuviera otra lesión mayor. Un hombre de mediana edad al parecer tenía el tabique roto, pues no dejaba de manar sangre oscura de su rostro hasta esparcirse sobre sus manos, tiñéndolas de un rojo escalofriante. A mí no me había pasado nada grave, más allá de simples contusiones al amortiguar los golpes con los brazos y las manos que segundos antes sujetaban el libro… mi libro, ¡MI LIBRO!
          No estaba por ningún lado. Miré debajo del asiento que tenía al frente, por el pasillo, hacía atrás, pero nada que lo veía. Las puertas del colectivo se abrieron y la gente empezó a salir de uno en uno, lo que dificultaba mi desesperada búsqueda si todos estaban de pie. Cuando casi todos habían bajado, me lancé al piso a escudriñar cada rincón hasta encontrarlo, sin prestar mucha atención a los que me preguntaban si estaba bien, qué se me había caído y otras cosas más que ni me molesté en escuchar entre voces y alaridos.
          Tanto que había protegido mi nuevo tesoro como para perderlo y no darme cuenta. Me levanté bruscamente, envuelto por la desesperación, y miré a través del vidrio. ¿Y si salió por la ventana a raíz del impacto? Me asomé pero la gente que rodeaba el transporte no dejaba ver bien hacia la calle; los gritos tampoco ayudaban a concentrase en la tarea, por lo que, apurado, me bajé por la puerta de atrás y di la vuelta al colectivo para continuar mi agitada búsqueda. Era difícil desplazarse entre la gente, pasajeros y curiosos, hasta que pude agacharme y mirar en todas direcciones para rápidamente darme cuenta que mi libro ahí no estaba. Luego, a muy pocos metros de donde me encontraba, la veo, con la misma mirada hacia abajo, sus cortos cabellos negros cubriéndole un poco el rostro, y mi libro sobre sus manos.

            Mientras me iba acercando a ella, vi que tenía una pluma fuente entre sus dedos y anotaba algo en una de las páginas. Luego alzó la vista justo en el momento en que me encontraba frente a ella, a sólo un palmo de distancia, y sin quitarme los ojos de encima (ahora sí me miraba fijamente con esas llamas negras) me entregó el libro en las manos. Y así como si nada, se volteó y me dejó ahí parado, sin siquiera pronunciar palabra alguna. La vi partir fría, triunfante, con el orgullo intacto, desprendida de toda humanidad, desapareciendo entre la multitud que aún rodeaba el epicentro del siniestro. No parecía de este mundo.
       Luego del accidente, y mientras me recuperaba del stress post-traumático, busqué minuciosamente página a página, palabra por palabra, qué había escrito esa criatura de cabellos negros y ojos grandes en mi libro, mas nunca encontré letras ajenas o frase alguna que no perteneciera a la edición. Ni siquiera tenía marcas o cicatrices irreparables, a pesar de haber sufrido una caída y golpe en el pavimento. Quizás su pluma no tenía tinta, quizás no sólo pretendía rayarme el libro y dejar evidencia de su victoria, la cual sí quedo indeleble entre mis pensamientos. Esa semana fue el insomnio el que me ganó el juego, pues entre el desvelo por terminar de leerlo y la carencia de sueño por pensarla se me pasaron los días hasta llegar a la última página. Luego que terminé de leer la crónica con la que cerraba ese repertorio antológico fue que pude dormir más tranquilo.

*   *   *

         Algunos años pasaron y después de haberme convertido en otra víctima de la literatura moderna y haber olvidado los detalles, un día, mientras bautizábamos mi primer libro de
relatos, conocí a varios de esos autores que habían sido escogidos para formar parte de la antología de crónicas que vivió la experiencia de un accidente de tránsito, la cual ahora reposa en un sitial de honor dentro de mi biblioteca personal. Muchos de nosotros quedamos en reunirnos días después en uno de esos tantos eventos literarios, a otros me los encontraba en algún café. Cada vez que podía les llevaba el libro para que me lo firmaran, pues antes que autor siempre fui lector. Algunos de esos cronistas y narradores, en su mayoría periodistas, me aventajaban en edad aunque no por mucho, pues la antología que todavía es uno de mis más caros patrimonios, recogía una amplia gama de escritores de la actualidad. A aquellos que no conocía, poco a poco los fui buscando, nuevamente entre reuniones, librerías, cafés y conversatorios en distintos lugares de la ciudad.

          Luego, un viernes cualquiera, me di cuenta que ya tenía casi todas las firmas y dedicatorias de esos cronistas, menos una. Busqué en el índice quién me faltaba, y el nombre de una mujer que todavía no conocía era el que resaltaba entre los demás. Esa autora que faltó a la fiesta.
          Regresé a la librería en donde había adquirido mi ejemplar años atrás y le pregunté al mismo librero que una vez me lo vendió, ahora amigo mío, por algún título de esta autora desconocida para mí. Su rostro expresó primero lo que sus palabras después. Aquella cronista, quien en su corta carrera dedicó más su tiempo al periodismo que a la literatura, había sido arrebatada trágicamente de este mundo hacía ya algunos años, en un accidente de tránsito, en un barrio de la ciudad de Buenos Aires. La pesadumbre superó a la pavura. Si el libro hubiese tenido una dedicatoria suya, habría dicho algo como:

          “Perdiendo también se gana, el premio que tienes en las manos siempre fue tuyo. Gracias por leerme.”

          Jamás me volví a sentir tan perdedor.


| sobre el autor |

Danny J. Pinto-Guerra (Caracas, 1988). Reside en Buenos Aires, Argentina. Cursa estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires (previamente en la Universidad Central de Venezuela) Profesor de idiomas, traductor y narrador venezolano. Influenciado notablemente por lecturas clásicas, la academia y un lenguaje coloquial que lo ubica en un contexto en el que resuenan voces del exilio, distopías y lo ambiguo, tanto por una sobriedad en su estilo como por los mismos elementos tragicómicos de las sociedades latinoamericanas. Motivado por la necesidad de la comunicación en todo ámbito desde su estadía en Japón, se dedicó a estudiar lenguas modernas desde la literatura universal. Inglés desde un Dickens o un Hemingway, francés desde un Saint-Exupéry o un Victor Hugo, sin dejar de lado a autores coterráneos como Cabrujas o Ramos Sucre,  quienes marcarían una constante disertación en su narrativa fervorosa. Ha publicado artículos de opinión y narrativa breve en Letra Inversa, Revista del domingo del diario Notitarde, en medios digitales como Guayoyo en Letras y el portal literario Digopalabra.txt, y en la revista Esta! de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Recientemente fue le fue otorgada mención a publicación en el Concurso Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana por su libro de narrativa breve Wild Pitch: disertaciones narrativas en cuenta de 3 y 2.
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HÁBITAT es un ciclo audiovisual ideado para dar a conocer nuevos autores. A través de los distintos episodios buscaremos el hábitat perfecto para la nueva literatura. Un texto, un autor y un espacio, cada capítulo: un recorrido. 

El cuarto retrato de HÁBITAT es el de Gerard Moreno Ferrer, que nos lee un poema breve, directo y poderoso. Uno donde al empezar nos muestra alegorías de una desdicha humana que no reconocemos como explícita hasta que de inmediato nos pregunta, sin eufemismos, “¿Aún no os habéis dado cuenta que estamos en guerra?”. Y uno se queda frío. Pues sigue, con delicada crueldad, su exposición de aquella realidad que atravesamos todos y en efecto nos responde la pregunta. Pero no acaba ahí, menciona algunas cosas que todavía podemos conservar, cosas valiosas, cosas que quizá podrían darle sentido a todo. Pero no, incluso con esas cosas no podremos nunca llegar a conocer lo que está detrás de lo más simple y básico, lo que tenemos al lado, a quién realmente tenemos al lado. Es que parece evidente al escucharlo, pero aún nos lo tiene que preguntar el poeta: “¿Aún no os habéis dado cuenta que estamos en guerra?”.



Sobre el autor |

"Gerard Moreno Ferrer dice no saber cómo explicarse y seguramente sea porque no hay nada que explicar: lee, escribe e intenta comer con las sobras que encuentra por la vida; poca cosa más... Publica ejercicios poéticos en sonetsialtres.blogspot.com dice tener terminado, que no finalizado, un poemario que, si le escribes a altazorbruno@gmail.com, os hará llegar con muchoy  gusto."
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

foto: rocio frigerio


[Mini-Bio o Auto-semblanza]
Las Piñas es una banda de La Plata que tiene menos de 1 año. Somos amigas, nos gustan las mismas cosas, el verano, la playa, el mar, el fútbol y a mí la música punk. Mi biografía no importa, renací con la banda.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Usualmente nos juntamos a tocar con las chicas, a pasar el rato y las cosas van saliendo solas. La mayoría de las canciones que tenemos surgieron en los ensayos el verano pasado, mientras pasábamos el tiempo y el calor encerradas en el garaje de Sofia o en mi habitación.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Goku siempre fue mi preferido.

3. ¿Qué talento desearías tener?
Tocar mejor la guitarra.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Soy bastante acumuladora, me cuesta mucho desechar las cosas así que aún conservo varios objetos de mi infancia/adolescencia, como consolas de videojuegos, juguetes, revistas, tazos, cartas de amor. Guardo todo, no podría elegir solo una cosa.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
No tener un objetivo, aunque sea a corto plazo.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
Cuando están alegres y pueden vivir distendidos.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Incierto.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Siempre viajar.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
No saber porque vivir.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Una tarde en Coney Island.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
Crazy for you de Best Coast.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Hawaii, porque habla de algo que ya no existe.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?

No sabría decirlo. A todo le encuentro encanto y valoro lo que cada uno puede hacer.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Dame pelota de Fernanda Laguna me da gracia.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico/a, ¿a quién salvarías?
A las chicas de mi banda, si o si. Agarraría a algunos más porque somos pocas.

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
A Capitan Mandioca de Los Waffles para salir a morder juntos.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Sacamos solo uno que de hecho aun salió y pienso que falta mucho camino por recorrer. No sé que nos depara el mundo pero sé que aun falta.

[Contacto]
Bandcamp: laspinias.bandcamp.com

Facebook:facebook.com/laspinias
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HÁBITAT es un ciclo audiovisual ideado para dar a conocer nuevos autores. A través de los distintos episodios buscaremos el hábitat perfecto para la nueva literatura. Un texto, un autor y un espacio, cada capítulo: un recorrido. 

En esta ocasión el retrato es de Laura Sánchez Abad, recitándonos un micro-cuento sobre las tribulaciones de una sala de estar que siente el peso de una existencia vacía al pie de un edificio en el que parece que tampoco hay vidas para llenarlo. Este texto trabaja sobre el cuestionamiento tácito de qué tanto tienen de objetos y de humanos los espacios que habitamos los humanos, aunque a veces sea solo con objetos. Una idea áspera recorre con suavidad escalofriante todo el poema: la certeza de la dificultad o imposibilidad misma para comunicarnos con nuestros semejantes, conocerlos, conocernos a nosotros mismos... dejándonos desamparados en un mar de supuestos de seres que son o deben ser algo y quizás no lo sean o seamos realmente. ¿Dónde está el límite? ¿En las nomenclaturas? ¿Quién decide sobre ello? Laura Sanchez deja la respuesta a quién escuche, vea e intente responder.


| Sobre la autora |

Laura Sánchez Abad es traductora de día y escritora de noche.  La única economía que defiende es la del lenguaje, por eso escribe relatos breves. Y cuando se pasa con los recortes, le salen microrrelatos.


Más de la autora en su blog
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Nunca volverás a estar sola, compilado de poemas optimistas en audios de whatsapp, es un disco virtual de poesía pero también son catorce técnicas de supervivencia atravesadas por catorce miradas distintas. Este trabajo nació del intercambio de audios entre amigos poetas, intercambio que surge de la necesidad de compartir y de resistir los pequeños avatares del día a día, de la fricción y la convivencia con un mundo que se presenta bastante horrible, a veces. El título lo tomamos de una canción de Justice, por sugerencia de Malén Denis, poeta amiga. El mensaje que queremos transmitir está explicito en este disco y si no queda claro, agregamos la canción de Justice como referencia, en la simpleza de una canción de un sólo estribillo radican obviamente las cosas importantes, esta canción dice algo así como "porque nosotros somos tus amigos, nunca volverás a estar solo". Eso, un tracklist, poemas, celulares y amigos: 



Participan de este volumen: Facundo Soto, Gabriela Clara Pignataro,Tuti Curani, Grau Hertt, Enzo Campos Córdoba, Sofia Calvano, Chica Desario, Inés Púrpura, Sebastián Goyeneche, Frey Chinelli, Martina Cufré, Fradi y Malén Denis.

Del diseño se encargó Grau Hertt. La edición estuvo al cuidado de Malén Denis. La producción general y edición fue realizada por Nadia Sol Caramella. Y contamos la indispensable colaboración Chocolate Remix en sonido.

Estamos muy agradecidos con todos los amigos que colaboraron, Nunca volverás a estar sola es el resultado de un esfuerzo colectivo, los alentamos a compartir y a escuchar.  


Con amor, 
Escrituras Indie
6 años de difusión alternativa.
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Hace apenas unos días atrás Valentin y los Volcanes, banda oriunda de la plata, editó el tercer disco de su discografia, una nueva apuesta y viraje a otros sonidos.
Por Nadia Sol Caramella

Una Comedia Romántica cover artSí, las bandas que nos gustan cambian.  Valentin y los Volcanes tiene acostumbrados a sus fans a las transformaciones de disco a disco. Esta vez quizá el cambio fue más disruptivo. Sin embargo, se les reconoce la fidelidad a esto de reinventar el rumbo año tras año como marca de madurez. ¿Cuántas bandas repiten formulas? Algunas dejan el oído acostumbrado al hit que se repite en infinitas canciones, que no son más que repeticiones bien logradas, en el mejor de los casos. Esta no es una reseña en defensa de la mutación en pos de ganar madurez, en todo caso es una aclaración antes de desglosar Una comedia romántica.

Un disco complejo de digerir, un poco porque la percepción que se venía construyendo sobre esta banda está más asociada al indie, con muchas reminiscencias e imaginarios de esa escena. Esta vez el rock nacional influencia en la producción de las canciones, quizá porque el productor de este LP fue Tweety Gonzalez, reconocido entre otras cosas por ser el productor de El amor después del amor. Este entramado de influencias sonoras, que podría sonar anticuado para los tiempos que corren, encuentran la forma de actualizarse en las letras de Jo Goyeneche, que es uno de los mejores letristas de la escena actual, sino el mejor. Los mundos que construye mantienen un lazo con el presente, hasta incluso se adelanta en el tiempo. Una formula compleja pero efectiva.

De comedia romántica estas diez canciones lo tienen todo, desde el tono shakesperiano, pasando por los gags al estilo Mi bella genio, hasta los climas y tensiones de Happy Togheter.  De comedia romántica, reescribo: todo. Este tracklist es una opereta novelada, entre pequeñas tragedias y una mirada reflexiva que deja lugar a imágenes que se superponen de track a track como en el montaje una película subtitulada con frases como: “Sos invisible, cruzás paredes, la realidad es la mitad, es sólo la mitad”,  “buscar un poco de amor, fuera de este amor no nos va a matar”, “chicos con pasado, chicas con futuro”.

“El salto de Sofia”, banda sonora de días de sol. El hit, tal vez el más logrado, resume bastante a nivel temático y sonoro el espíritu de este disco, acá como en las otras canciones,  la apuesta fuerte son los teclados que van al frente.  La seguidilla: “El salto de Sofia”, “Sonambulos”, “Los nuevos”, “Golpea lo que encuentra” contradice los dos primeros párrafos de esta reseña y retrotrae a Todos los sábados del mundo y a algunas composiciones de Play al viejo walkman blanco, el paisaje sonoro suena familiar, la casa está en orden para los que le temen al cambio de las bandas que les gustan. El resto de los tracks afirman los dos primeros párrafos, pero es circunstancial.

Las bandas que nos gustan cambian. Habrá que reafirmar el amor de fan o esperar al próximo encuentro. Por ahora, esta banda despierta intriga, la misma que genera la espera de un nuevo episodio de la saga de la película que amas. Hasta otro episodio de Valentin y los volcanes, nuevos discos, nuevas sensibilidades, mientras tanto Una comedia romántica y sus gags de amor nihilista.

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HABITAT es un ciclo audiovisual ideado por Escrituras Indie y realizado por Gilles de Rai para dar a conocer nuevos autores. A través de los distintos episodios buscaremos el hábitat perfecto para la nueva literatura. Un texto, un autor y un espacio, cada capítulo: un recorrido.

Esta vez retratamos a Danielo Facelli Fierro leyendo un poema que manifiesta el silencio como primera opción de existencia, antes que las charlas prefabricadas y normalizadoras que hacen de los hombres y las mujeres eso que llamamos humano. En este poema las palabras adoptan un peso real, y se niegan a la vez que se ponen de manifiesto, Danilo dice que para ser hay que tener miedo y dejar las entrañas a la vista de todos, dar espacio a la duda como promesa de cierta anarquía que nos devuelva a la animalidad, todo aquello que nos aleje de esa esencia no debe ser pronunciado porque carece de sentido. Este poema es un silencio crítico, en medio del ruido deforme y estridente de las convenciones del mundo.



| Sobre el autor |

Danilo Facelli Fierro (Pando, Uruguay 1981)

Desde el año 2004 distribuye su obra poética en la calle. Compagina esta actividad con la de actor y dramaturgo. Ha formado parte de las compañías Aqú Teatro y Los Estupendos Estúpidos. En 2007 creó el proyecto artístico Vivir del Bolo, con el que se especializó en la realización de espectáculos en los que se combinan la poesía, el teatro y la música en directo.

Actualmente organiza y presenta dos ciclos mensuales relacionados con la poesía escénica: "Perifèric Poetry Mataró" en Arcàdia Café Cultural (Mataró, Barcelona) y "Mi Colección de Delirios" en el Bar Jaleo (Barcelona). 
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| sobre el zine |

Quince minutos con vos está pensado como esos cassettes vírgenes de otros tiempos, en los que uno grababa sus canciones favoritas para tenerlas a todas juntas y llevarlas a todos lados. En este caso hago las mezclas con lxs poetas que me patean la cabeza (y el corazón) y los comparto. Así de simple y así de copado: compartir lo que me gusta!

(Y como todo tiene que ver con todo, el título es tomado de una canción de Morrisey en versión de Fun People). 

Pablo Espinoza 
(editor de Alma de Goma Ediciones)

más de la editorial |

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ilustración: Lazy Bones (Mirande Lorikeet)




El flujo de la vida
se resuelve en cursos
que no siempre afloran
en las direcciones
que mas la enaltecen.

Porque nuestro cuerpo,
embajador de nuestra persona
en la tercera dimensión
se deshace en corrientes
comunicado con el mundo
a partir 
de sus propias excreciones.

soy
 un amontonamiento de líquidos
que me recorren
y que a veces expulso
tratando de exorcizarme
 de mí mismo

Pero hay que tener cuidado

                            no hay que  perder la vista

de la desembocadura
a la que arriban
nuestros flujos

puesto que

¿En cuàntas
 bocas que me maldijeron
fue a parar
 mi semen?

¿En cuàntos vientres
que me rechazaron?

¿A cuántos patrones
les entregué la humedad
de mi sudor
para que lo convirtiesen
 en el sustento
de su vulgar
 ostentación?

 Laboratorios 
que me decretaron enfermedades
y pusieron bajo tratamiento:
para ellos, 
fue mi sangre.

Y ¿Por cuàntas personas 
que no sabían de mi existencia
derramé lágrimas
cuya salinidad
 nunca fue saboreada?

Tanta saliva
gastada en palabras
dirigidas
a oídos 
sordos
o intentando
hidratar
un amor 
seco.

soy este enchastre.
Un salpicré de necedades,
una mancha.

Yo quisiera ser un río
no para morir en el mar
sino
para nacer
de una montaña.


|sobre el autor

Ramiro Mases (1990). Nació en Neuquén. Se crío en el seno de una familia peronista. Recibió educación pública formal. 
Se bañó en las aguas del río Limay y residió 18 años a pocos metros de sus orillas.
Publicó algunos textos -con pretensiones poéticas- en antologías y plaquetas de editoriales independientes. Picùn Leufù (Editorial Subpoesìa, 2015) y Cierto clima de inversiones (La fuerza Suave-Nulù Bonsai Editora, 2015) constituyen sus primeros conjuntos unitarios de textos publicados.
Estudió Filosofía.
Vive en Buenos Aires.
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