Aún a riesgo de que me sepulten para siempre en el oscuro, maloliente y viscoso conjunto de los poseedores de mentes convencionales alienadas por el sistema y su cultura oficial, creo que el “manifiesto anti-borges” del “escritor web” Pablo Paniagua merece alguna mínima atención, aunque más no sea porque reitera con cierta minucia casi todos los lugares comunes (suponemos que no es en esto todo lo exhaustivo que quisiera) de cierta “crítica lapidaria” de los paladines de la “cultura independiente” a la figura de don Jorge Luis.
Si usted, estimado lector, no ha leído la susodicha diatriba antiborgiana a la que me refiero, le recomiendo remitirse a ella antes de seguir con la lectura de este comentario (le bastará con hacer click ACÁ). Si luego del inevitable deslumbramiento que le habrá producido sumergirse en la lucidez de “Yo, me meo en Borges”, le quedan todavía fuerzas para enfrentarse a este texto, seguramente tanto o más deshilvandado y con una lógica que tal vez lo supere en debilidad e ineficiencia, lo invito a seguir leyendo.


Sin dudas, desde hace mucho son legión aquellos que estaban esperando con ansias que alguien se decida a echarse la meada definitiva sobre la tumba, el panteón, las estatuas, los bustos y (de haberlas) cada una de las estampitas de esa enorme mistificación canonizada llamada Jorge Luis Borges. Felizmente, el “escritor web” Pablo Paniagua, acomete sin ningún tipo de pudor, y cuidando mucho el no privarse de la ineficacia, la ya bastante anacrónica, pero no por eso menos heroica, tarea de derrumbar al ídolo con pies de barro, apoyándose en un argumento -fruto, al parecer, de alguna especie de revelación mística- infalible e incontestable: “Jorge Luis Borges encarna la tradición de una ‘cultura oficial’ semejante a una excrecencia del sistema fracasado que nos gobierna”. Semejante cruzada punky a la vieja usanza, rebosante de efluvios corporales de todo tipo y color, aunque tal vez emitida un poquitín a destiempo, no deja de tener su lado épico-rebelde.

Si bien lo suyo no son las novedades (a esta altura, qué se puede decir de nuevo sobre Borges, ¿no?), Paniagua nos ofrece algunas perspectivas particularmente insólitas, que sorpresivamente -y sin necesidad de muchas torsiones- coinciden casi al dedillo con ese sentido común bastante diseminado del escritor-independiente-enfrentado-con-el-sistema-y-que-por-eso-se-caga-en-la-tradición-y-las-buenas-costumbres (lo que comúnmente se conoce acá en Argentina como “un loco bárbaro”). La más evidente, y que creo estructura toda la cadena argumentativa, es la puesta en pedestal y canonización de una mezcla bastante sui generis entre “escritor maldito” y “escritor comprometido”, de la cual Pablo Paniagua sería quizás uno de los máximos exponentes. Es esa figura del intelectual-escritor-maldito-comprometido-que-se-la-re-banca-contra-el-poder, la que opone a Borges para de una buena y puta vez colocarlo en su justo lugar: “Si la figura del intelectual contemporáneo se significa por su independencia frente al poder, cuestionar la realidad, capacidad de disentir y generar corrientes de opinión, en Borges predomina lo contrario, pues él personifica al escritor sumiso ante el poder, el que acepta los convencionalismos sociales, el cobarde que rechaza el sexo, el escritor de buena factura estilística que se vende al sistema para justificarlo, o sea, el antiintelectual perfecto”.

Si bien la afirmación de que aceptar el sexo es un acto de valentía me deja un tanto desorientado, el resto de las acusaciones podrían, aunque precariamente, sostenerse sin sonrojarse demasiado: forman parte desde hace décadas (por lo menos acá en Argentina) del arsenal habitual que se ha gatillado incesantemente contra la persona y la obra de don Jorge Luis. Ya la vieja y siempre vigente (y vigilante, aunque algo fosilizada) puja “floridistas versus boedistas”, desmalezó, fertilizó y labró para nosotros el terreno en el que se mueve con soltura un poco deshilachada la lógica de Paniagua. La cantata es archiconocida: de un lado, los escritores que se resguardan en su torre de marfil y se dedican a sus juegos verbales exquisitos, abstemios temerosos de comprobar la humedad de vagina alguna; del otro lado, aquellos que se sumergen en la mugrienta realidad para obtener la materia prima de sus creaciones, y que, cuando no están escribiendo, se dedican a constatar vaginas y humedades, o, por lo menos, a drogarse y/o emborracharse. De un lado el virgen y condenable Jorge Luis Borges. Del otro lado el elogiable y promiscuo Roberto Arlt (o Ginsberg, o Kerouak, o Burroughs, o Morrison, para usar los ejemplos beat tan caros al “escritor web”). Como se ve, antagonismo irresoluble. Trazamos la línea y se está de un lado o del otro. Que alguien todavía pueda tener la suficiente ingenuidad como para creer que una perspectiva tan maniquea y simplista posee algún tipo de eficacia crítica, no deja de resultar curioso y sintomático, además de ser una preciosa demostración de evidente e invulnerable candor. Que ese alguien sea un escritor, resulta ligeramente jocoso.

“Detesto al Borges que apoyó con vehemencia a las dictaduras militares de Argentina y Chile; condeno al Borges clasista que miraba con desprecio a los obreros y trabajadores que sacaban adelante a sus familias con sueldos de miseria; censuro al Borges apegado a la élite institucional y cultural de su país; no me gusta el Borges continuador de una tradición literaria sin rupturas; maldigo al Borges incapacitado para escribir una novela”, dispara, impiadoso y preciso, Paniagua. Condenar a un escritor muerto por sus opiniones políticas o sus apegos ideológicos, si bien es un recurso bastante convencional (supongo que todavía en alguna latitud se lo debe usar contra escritores como Ezra Pound), tiene un muy preciso sentido en las agudas reflexiones de Paniagua: facilita que aquellos lectores que tengan en su mente la idea de que Borges era un viejo-gorila-conservador-cuasifascista, sin haber leído necesariamente ni una línea de su obra, simpaticen sin problemas con la prédica anti-borgiana. Descartado el hecho de que Borges mismo desmerecía sus propias opiniones políticas, está más que claro que cualquier persona con medio dedo de frente se da cuenta que utilizar ese argumento contra él es el colmo de lo políticamente correcto. Hoy día, en muchos círculos hablar mal de Borges está casi tan bien visto como hablar mal de Videla o  Massera. Nunca, entonces, una meada tan pulcramente dirigida, tan bien recibida y tan inocua: nadie se asusta, todos contentos bailando bajo la lluvia dorada del “escritor web”.

Debo reconocer que la cuestión de maldecir al vapuleado Jorge Luis por no ser capaz de escribir una novela, me deja abatido y perplejo. Que la novela es el monumento máximo al que debe sacrificarse cualquier escritor para llegar a la grandeza, es tan indudable y tan decimonónico como afirmar que un extenso poema épico-lírico debe ser el objetivo último de todo poeta. Supongo que detrás de ese perspicaz posicionamiento estético podríamos leer una sutil analogía fálica: el que escribe largo la tiene más larga que el que escribe cortito; y como Borges era un asexuado (porque seguramente la tenía cortísima), no le quedaba otra, pobre, que escribir cuentos, condenándose por el resto de la eternidad a la inexistencia literaria, incapaz de ingresar a la grandeza sólo reservada a los valientes que acometen la arriesgada empresa de escribir, mal o bien, una novela. Aunque es tentador descartar sin miramientos semejante desatino, hay que conceder que no deja de tener su atractivo heurístico-interpretativo: podríamos imaginar toda una historia de la literatura que se base en esa teoría para la clasificación y valorización de los escritores y las obras (el mismo míster Paniagua no se priva de utilizarla en algunas de las réplicas a los comentarios que recibió su texto: “y te puedo asegurar que las novelas las escribo mejor que él (eso está más que claro –cualquiera lo hace porque el “gran maestro” estuvo incapacitado para ello: las causas: psicológicas–)”; “De cualquier modo, a Borges no le alcanzó el oficio para escribir novelas y, del mismo modo, no necesitaba el Nobel porque nunca estuvo a la altura para recibirlo”; “Borges es un buen escritor, pero está sobrevalorado por esa incapacidad para escribir novelas y otras deficiencias de estilo”; aunque resulte increíble, juro que estas esclarecedoras citas son declaraciones textuales). Por lo menos, ahora ya sabemos que los “grandes escritores” son los que escriben novelas; esto nos hace relativamente sencilla la tarea de valorizar a Pablo Paniagua como escritor, ya que si ha escrito novelas debemos suponer, con un mínimo margen de error, que tarde o temprano la historia le concederá su merecido lugar en el parnaso de los “grandes escritores”.



Si decidí otorgarle al escrito de Pablo Paniagua un tiempo que quizás no merece, es únicamente porque lo considero un buen ejemplo de lo que muchos creen hoy día tiene que ser el pensamiento correcto de un “escritor independiente”: se ubica cómodo en cierta tradición que considera que basta con asumir la pose de soy-un-escritor-que-se-recontra-caga-en-los-escritores-canonizados para convertirse por arte de magia en un adalid intachable de la “literatura independiente”. Para esa tradición de pseudo-vanguardia, Borges es un blanco muy fácil: escupirlo o mearlo es casi un rito obligado para demostrar que uno está del lado de los “buenos”; es decir, que uno es un escritor-independiente-enfrentado-con-el-sistema-y-que-por-eso-se-caga-en-la-tradición-y-las-buenas-costumbres. Me parece que lo inofensivo y superfluo de esa actitud tendría que estar ya fuera de toda discusión.

Más fructífera es la otra tradición, la que se atreve a crear a partir del complejo campo abierto en la literatura argentina por las plumas de Borges y Arlt, sin necesidad de plantear antagonismos insípidos y estériles, o paupérrimas "demoliciones de ídolos". Y son justamente de uno de los que considero representantes de esa línea, Juan Carlos Onetti, las palabras que elegí para cerrar esto; palabras que quizás sería conveniente que todo escritor que se considere independiente tenga siempre a la vista: “No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo”.


22 comentarios:

Pablo Paniagua dijo...

Me parece correcto el texto de C.J., pues las verdades únicas no existen (cada cual tiene la suya) y creo en la pluralidad de opinión para enriquecer el debate, y sé recibir, de buen agrado, las críticas fundamentadas. Considero normal que si alguien ataca a un gran escritor, salga algún seguidor en su defensa. Borges, literariamente hablando (y lo reconozco) es bastante bueno (aunque con algunas deficiencias en la repetición de sus recursos narrativos), pero también se hace obligado enfrentar al hombre en relación a la obra, además de situarle en su contexto histórico: ¿quién fue en realidad Jorge Luis Borges?, pues a quien entra a formar parte de la historia hay que valorarlo tanto en la dimensión profesional como en la humana.

En cuanto a la impotencia sexual o condición asexuada de Jorge Luis Borges, estimo interesante, desde un punto de vista psicólogico, estudiar cuál fue la influencia de tal condición en su obra, una materia de estudio novedosa, en este caso, para entender el desarrollo conceptual en la obra de dicho escritor. Es, nada más, abrir una nueva vía para valorar el proceso creativo bajo la influencia del subconsciente.

Se que mi texto “Yo, me meo en Borges” no es fácil de digerir para los lectores que admiran al escritor, pero en él ofrezco una serie de argumentos para llevarlo a un plano real y despojado de toda mitificación.

Pablo Paniagua

omar sisterna dijo...

Qué curioso. En la historia de la pintura (o artes visuales, como prefieran) nadie tuvo la magnífica idea, evocando una actitud tan punk de mearse sobre otro artista. Si, existieron rivalidades, pero esto parece ser inherente a las actividades humanas, descartando a las de supervivencia.
Nadie se caga o se mea sobre Picasso, por ejemplo. Se toma o no se toma como influencia, y punto. Pienso en las Vanguardias del incipiente siglo XX, que con sus propias ideologías , incluso manifiestos, buscaron “derrocar” el arte imperante,pero desde el campo de batalla de todo artista: su propia producción.
“Artistas Web” – “Artistas Independientes” – “Artistas Elitistas” claro están las etiquetas que tanto gustan ostentar, pero tienen algo en común: La obra artística (pictórica, literaria, musical, teatral)
Ponerse a hacer pichí sobre otro artista, me parece ingenuo. No hace falta.
Nunca pensé que “Yo, me meo en Borges” iba ser tan revelador. Con un titulo transgresor, que por cierto, me causó la alegría por saber de que alguien había descubierto la pólvora, pero no. Digerirlo me llevó a un plano real y despojado de toda mitificación, al punto de pensar “A mí, no me dan gato por liebre.”
No estoy atancando ni defendiendo a nadie, por favor. Estoy hablando de la actitud inofensiva que toman muchos de nosotros, para llamar un poquito la atención con pitos y matracas.
No hace falta.
Para algunos Borges será su influencia, para otros no. Qué se le va a hacer…
Para algunos Dalí será su influencia, para otros no. Qué se le va a hacer…
Es cierto que prefiero artistas como Caravaggio, Daumier, Edvar Much, Otto Dix, Modigliani sobre otros que también considero “bastante buenos”, pero no me movilizan para realizar una actitud tan maligna. ¿Para qué?
Considero más interesante, ocupar el tiempo en la búsqueda artística y en poner manos a la obra. Quizás sea la forma más heavy que encontré para mear-cagar-escupir-vomitar sobre otro artista: Directamente en la producción.

Una vez escuché decir a un viejo: “calle artista, que su obra habla por sí sola”
Y no hace falta nada más.

Anónimo dijo...

Buen texto.

Y sí, enríquece el tema.

Entre el negro y el blanco, hay una gama de grises.

De eso se trata.

A. A.

Anónimo dijo...

La “Fuente” de Marcel Duchamp, presentada en Nueva York en 1917 con el pseudónimo de R. Mutt, era un urinario expuesto como obra de arte fuera de su normal contexto, que supuso una meada metafórica sobre toda la precedente historia del arte .... Del mismo modo, “Yo, me meo en Borges” es una meada sobre la imagen y memoria de Jorge Luis Borges que luego se constata en mi obra “La novela perdida de Borges”, pues ahí es donde, de manera artística y literaria, traspaso y analizo a Borges mediante la ficción y el ensayo.

Pablo Paniagua

omar sisterna dijo...

Qué curioso evocar al maestro Dadaísta, que como bien supones, el Readymade consistía en la unión de objetos, fuera de su contexto habitual. Otro dato, cuando Duchamp presentó el mingitorio, causó una gran sorpresa en la crítica del momento. "Yo, me meo en Borges" no deja de ser una publicación, convencional, como cualquier otra publicación literaria, si se quiere (Lejos de toda obra Dadaísta). Lo que si me causó gran sorpresa, es el supuesto parentesco entre su meada y la obra de Duchamps que usted describe. Y no es para menos, ya que el mingitorio suponía mucho más que una meadita, al abrir una nueva concepción de “obra de arte”, siendo esta una “antiobra”
Insisto, me sorprende su comparación con el modo de “mear Dadaísta” ya que su publicación, virtual o no, con sus propios argumentos y coherencia, forman parte del resto de publicaciones virtuales o materializadas, con argumentos y coherencia. De esta forma su obra está muy lejos de ser antiartística, antiliteraria, antipoética, como lo son las obras Dadá. Hablando de modos…
En todo caso, trazando un paralelismo con mi comentario anterior, “el modo” que encontraban los artistas del siglo XX para oponerse al arte imperante, era directamente en su producción artística. Usted lo dice al recordar muy bien “la fuente”, creada en 1917. O quizás Duchamp nos tomó por tontos, al poner como título “La fuente” y no “Yo, me meo en Diego Velázquez”.
Igual, me gusta su audacia al escribir y publicar tan osada obra.

Anónimo dijo...

Yo no puedo desprender la obra de los autores , del sustento ideologico desde el cual las construye...eso es todo...

Anónimo dijo...

Gaston ..fui yo Betty, la del comentario anterior...

Anónimo dijo...

Capítulo 38 de LA NOVELA PERDIDA DE BORGES de Pablo Paniagua:


Witold no tiene miedo de enfrentarse a lo desconocido para descubrir su sexualidad, todo lo contrario de Georgie que le tenía verdadero pavor al sexo y siempre prisionero de los convencionalismos sociales. Witold trata de ser libre en cualquier momento, y eso me gusta y divierte, pero Georgie, por el contrario, le tenía tanto miedo a la libertad como al sexo. Georgie adoraba estar en torno a las faldas de su madre y percibía a las mujeres, con la distancia del devoto, como delicadas diosas, mientras que Witold desea una diosa para copular, de entre una generalidad de mujeres vulgares. El uno las mitificaba y el otro las ve de igual a igual. Georgie, en realidad, estaba enamorado de su madre y, equiparando a las mujeres con este ideal, era incapaz de yacer con ninguna para no cometer un acto psicológicamente incestuoso, no siendo, de ninguna manera, su natural timidez ni su físico poco agradable la causa de tal aversión. Y yo, como conciencia creativa, pude trabajar a mis anchas con alguien que rehuía de la libertad para encerrarse en el caparazón de la literatura, lo que a fin de cuentas es otra forma de libertad. Y ahí estaba yo con mis juegos y especulaciones para crear ese universo narrativo, siempre tan particular. Ahora, con Witold, la situación se presenta totalmente distinta, pues a través de sus vivencias podré adentrarme en terrenos imposibles para el otro, como son el sexo y la libertad, y plasmar el mundo desde otra perspectiva. Ya no serán la mente y sus fantasías, serán las sensaciones y el afrontar la existencia, espacios tan ilimitados como el mismo tiempo.
.
Y todo continúa según el capricho del destino, para no perder la oportunidad de estar siempre al acecho, para ser el receptor de la forma a través de la palabra, porque yo otorgo esa condición: la enfermedad de la Literatura.

Holden dijo...

Yo diría que

cada cual se mee dónde
su pis quiera desprendérsele
que a Borges nadie le queta lo escrito
Y a que Poco le interesa quién lo mee
quién lo lee
quién le ha construído un santuario
o quién usa sus libros para el asado.
Mearse pasa por una necesidad fisiológica
por una necesidad Moral
de fijar su aparato meador
donde tiene (o no) qué.

Pero mejor no digo nada.

Holden dijo...

quita*

Anónimo dijo...

A algunos, como C.J., les faltan huevos para firmar sus escritos. Esconderse tras unas iniciales es de cobardes y mediocres.

Anónimo dijo...

Argentino pelotudo "que tira la piedra y esconde la mano", y desprestigio para Escrituras Indie por publicar una carta de réplica, a un texto firmado, con simples iniciales, y ni siquiera tienen la decencia de publicar el texto de origen. ¿De qué tienen miedo? Alguien se mea en Borges y ustedes se hacen pipí encima...

c J. dijo...

c J.= Cristian Javier Franco (haría falta DNI, impresión de huellas digitales, muestra de ADN, prontuario, o así vamos bien?)

Respecto a no publicar el texto de origen... Si a Pablo le parece pertinente, no habría problema de publicarlo... aunque el desprestigiante error ya está cometido y quizás sea irremediable... igual podés leerlo haciendo click donde dice "ACÁ" en el segundo párrafo... pero por si se te complica encontrar el hipervínculo:

http://www.ellibrepensador.com/2011/06/12/ano-borges-yo-me-meo-en-borges/#comments


Por cierto... "Anónimo" siempre me pareció un lindo nombre para no esconderse...

omar sisterna dijo...

Qué lástima che... veníamos muy bien con el intercambio de opiniones con Pablo, Holden ,Betty y Gaston...

Anónimo...

Primero: tu opinión me resulta valiosa, pero antes...me parece...que deberías haberte tomado la molestia para "chusmiar" un poquito mas el blog. Si lo hubieses hecho, hubieses descubierto que uno de los escritores indie que publican en este espacio, es C.J....
Vamos che! sin ayuda de nadie, estoy seguro que hubieses podido llegar a la conclusión (por deducción) de creer, de última, que C.J es un nombre artístico? ya que así, también firma sus propios textos.

Segundo: Anónimo, Evidentemente tu irrupción, no oexpresa otra cosa que tu valentía.

Tercero: Anónimo, empecemos por hacernos cargo no te parece? hablás de "ustedes",otra forma de "lavarse las manos", si te dirigís a alguien, podrías hacerlo claramente, ya que no hace falta generalizar...

Cuarto: Anónimo: "Argentino pelotudo que tira la piedra y esconde la mano"

Una lástima che...

c J. dijo...

respecto a lo que nos convoca:

como dijo Holden... a Borges quién le quita lo bailaó...

Pablo: no me considero un "seguidor" de Jorge Luis... y no creo que a su "genio y figura" le hagan falta la defensa de un pobre e ignoto diablo como yo... creo que para eso alcanza con su obra, que se defiende muy bien solita, y en caso de que uno u otra la necesitase, gente mucho más idónea la debe haber ejercido hace ya mucho... no fue esa mi intención con la "réplica", por otro lado... lo que discuto es "una cuestión de actitud"...

respecto a esa "materia de estudio novedosa" que sería el estudio de las secuelas que la sexualidad de Borges puedo haber dejado en su obra, me permito dudar del carácter "novedoso" de la misma... calculo que, teniendo en cuenta toda el agua teórica-crítica que ha pasado bajo el puente borgiano, no creo que la crítica psicoanálítica se haya pérdido semejante banquete edipiano... sería cuestión de rastrear e informarse acerca del estado de la cuestión... supongo que también algo parecido se habrá hecho en su momento (sino, urgiría ponerse en campaña) con Kafka (que es uno de los escritores que vos contraponés al frígido Borges), quien, que yo sepa, no fue conocido precisamente por una profusa actividad sexual o una incontenible virilidad ("¿Qué he hecho del don del sexo?")...

acerca de lo inadecuado de ponerte a vos mismo en paralelo con Duchamps, creo que ya Omar lo dejó bastante claro... la fuente de Marcel provocó un efecto de desequilibrio y ruptura en el sistema artístico de su época (desequilibrio del que podemos decir que todavía estamos, bien o mal, viviendo) porque puso en cuestión, con ese simple gesto, el marco entero de legitimación y percepción del hecho artístico, cambió radicalmente las coordenadas que nos permiten "decidir" qué es y qué no es arte...

En ese sentido, Duchamps nos ha dejado un problema enorme: ¿Seremos capaces todavía de encontrar un minjitorio para repetir ese gesto?... hasta el momento, ante ese interrogante sólo podemos hacer silencio... lejos está tu meada de poder provocar algo siquiera remotamente parecido a lo que hizo el simpático dadaísta ese...

respecto a lo que dice Betty... creo que es cierto... es bastante díficil "desprender la obra de los autores , del sustento ideologico desde el cual las construye"... pero también creo que hay que tratar de no caer en simplificaciones exageradas: pensar que el gorilismo, el aristocratismo, o el conservadurismo constituyeron per se el "sustento ideológico" en el cual Borges se basó para crear su obra, me parecería por lo menos un poco excesivo... creo que el lugar desde el cual cualquier escritor elabora su producción se constituye siempre (cuando hablamos de escritores de verdad, no de simples escribidores) con un material extremadamente complejo y que incluye pero también excede sus opiniones u opciones político-ideológicas...


y sí... como dijo A. A. "Entre el negro y el blanco, hay una gama de grises"... nos encantaría que la realidad fuera blanca o negra, pero lamentablemente esa cosa que llamamos "realidad", por lo general tiene la mala costumbre de no acomodarse a los esquemas que tejemos para atraparla... y mucho menos si esos esquemas se basan en antagonismos irreductibles...


Saludos a todos!!!



c J. (alias Cristian Franco)

Lilian B. dijo...

Qué bueno haber encontrado el espacio!
Apenas empecé a leer este texto, pensé que era una réplica a uno que leí hace poco y que no me gustó mucho (POR AQUÍ http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=14145). Y por eso me enganché con gusto a leer esto. Pero cuando mi ventana abrió el texto de Paniagua, lo pude leer y considero que está escrito con fundamento. Hay cosas que dice con las que estoy de acuerdo. Y hay que destacar el uso de la primera persona: "Me meo", lo cual le da una entidad respetable, porque habla de SU relación con el escritor(mucho más entendible que el otro texto que acá cito). Por mi parte, estoy en desacuerdo con la contraargumentación que le hace C.J. cuando se habla de la ideología de Borges. No estoy de acuerdo en que "condenar a un escritor muerto por sus opiniones políticas o sus apegos ideológicos" tenga que ver con lo convencional o no, es más bien un punto de vista, un abordaje que me parece super válido; de hecho a mí siempre me chocó eso en Borges y yo también lo detesto en eso y lo remarco cuando puedo. De todas maneras, el tema es bien amplio, porque Borges, sosteniendo esa ideología de mierda que tenía escribió textos que sí te permiten pensar el mundo desde otro lugar, que te abren la cabeza. Es decir, lo "gorila-conservador-cuasifascista" no se lleva a los textos, y eso está bueno, ya que lo pone en otro lugar, por lo menos en lo que a escritura se refiere (y no me extiendo más porque si no vamos a caer en el viejo debate sobre literatura panfletaria y bla bla bla).Otra cosa con la que estoy de acuerdo con Paniagua es en esto: "Cuando te enfrentas a Borges como lector te deslumbra, pero cuando lo haces como escritor descubres sus trucos", a mí me pasó exactamente eso (y eso que me enfrenté como lectora nomás), al leer muchos cuentos seguidos me daba cuenta de una operatoria calcada, caías como por un tobogán. Ojo, no le quita mérito alguno, pero que se repite es cierto. Hay momentos incluso en que para mí como lectora su retórica ya se me volvía parodiable.
Por otra parte, toda la temática de las humedades vaginales me parece muy bien contraatacada por Franco, en eso sí estoy de acuerdo (influida por el aburrimiento que me produce la estética beat). Además, yo no tengo ningún drama con el Edipo de Borges ni con su sexualidad, son aspectos de su personalidad que habrán influido en lo que escribió (y no le salió mal).
En conclusión, yo creo que "ni tanto, ni tan calvo", ambos textos tienen partes con las que concuerdo y con las que no. Y ojalá pudiéramos hablar cara a cara (acá en esta ventanita chiquita me embarullo un poco).
Les agradezco haberse puesto a hablar con altura (incluyo a los demás), ha sido un placer leerlos, chicos.
Abrazo
Lilián (Rosario)

Anónimo dijo...

Capítulo 50 de LA NOVELA PERDIDA DE BORGES de Pablo Paniagua:


Este Borges ya sacó el carácter, algo imposible para el otro y más con respecto a las mujeres. Aquí aparece de nuevo lo creativo y masculino en Witold, y lo receptivo y femenino en Georgie, sin que les vaya a aclarar, por supuesto, algún rasgo homosexual en el segundo. Por lo visto, Witold tendrá esta noche algo imposible para Georgie: SEXO. Así con letras grandes, tan grandes como el pavor y el asco que le provocaba el solo hecho de imaginar llevar a cabo semejante acto. Siempre fue muy modosito: cuando los demás bebían licor o café, él, sin dudarlo, se tomaba un vaso de leche. Algo excepcional tal renuncia, de los conocidos placeres y vicios de la vida, cuyo sustituto fue simplemente la literatura. Georgie nunca quiso ir a la playa aduciendo que era "un terreno baldío donde la gente se pone en paños menores". Así era su moralidad calvinista, actitud que enlaza con sus reticencias y miedos frente a los cuerpos desnudos, como un auténtico reprimido asexuado. Pero dicho sentir, para él, no era ni mucho menos místico, de una renuncia para un logro espiritual, pues el motivo era la aprensión a la enfermedad y el miedo al fracaso. Y aquí, aparte, también se suma el fracaso por lo que no le concedí: poder extender la trama a través del tiempo. A Witold le otorgaré la fusión de los tiempos, para que pueda ser, por ejemplo, como Miguel de Cervantes, aquél con una vida cargada de dificultades y pesares que escribió su palabra por medio de la inspiración y siempre a partir de la experiencia. He ahí la distancia entre Miguel y Georgie, pues el primero se alimentó de la vida, y el segundo, por no vivir, se apoyó exclusivamente en los libros y en mis propias especulaciones, siempre imaginando una realidad no experimentada. Ésa es la razón de por qué no pude concederle la extensión del tiempo narrativo: no había materia vivencial donde basarse.

Alberto Mario Carlos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alberto Mario Carlos dijo...

Lo inaceptable de Paniagua es declarar que es más fácil escribir un poema a una novela. Tamaño absurdo deslegitima toda discusión que pretenda ser razonable con este señor.

Nadia Sol dijo...

Che... al final quien era el ANONIMO, que replicó cierto o preseunto anonimato de Critian Franco (alias de C.J) ? "quien tiro la piedra y escondio la mano al final"? Escrituras indie se construye a si mismo como un colectivo de multiples miradas! Enjoy

Emiliano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Emiliano dijo...

Muy bueno tu texto, pero gastaste demasiada energía en bajarle los pantalones a alguien que ya andaba en bolas. El texto de Paniagua demuestra que o nunca leyó a Borges ni sobre Borges; o bien nunca pudo entenderlo.
Denota (y asume) un exagerado déficit de atención, 'Mirenme todos, soy punk, soy rudo, soy hipster'. Se mea en Borges porque asume que Borges es grande. Y como no encontro fundamentos desde la literatura para desacreditarlo tuvo que recurrir a ideas de la talla de:

- Esta sobrevalorado porque no escribía sobre sexo
- Es malo porque no escribia Novelas. Malo como Poe, Whitman, Almafuerte, Baudelaire
- Es mal escritor porque una vez se saco una foto con Pinochet. (Cabe aclarar que intencionalmente olvida las posteriores cruzadas entre Borges y las dictaduras, cruzadas que mantenían al margen a los 'escritores independientes que luchan contra el poder')
- Es malo por plagiar (?) Por ahi penso que en 'El fin', Borges estaba queriendo suponerse autor del Martin Fierro, vaya uno a saber.

Opino esto con bronca, porque realmente esperaba leer ese texto y llenarme de otras miradas, con fundamentos desde lo literario, no desde odios personales a las mayorías.
Después de leer todo el texto, la bronca no tiene lugar. Como enojarse con el hombre comun que le grita 'burro' desde el alambrado, al crack mundial del equipo rival. Se entiende desde donde viene el insulto...

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