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¿Llueve o estás llorando?
Nunca lloro. Pero siempre llueve.

 •  

La ausencia es algo presente
como una manzana que se va oxidando
al contacto con el aire
oscureciéndose
poniéndose morada mientras nadie
se decide a tirarla
a poner orden
de una vez

 •  


Entre sueños de leche
y dulces de invierno
te mantengo viva
ahí esta tu sangre
en mis sábanas limpias
sin ninguna herida

 •  

Tengo una novia que me odia. No siempre fue así. No siempre fue mi novia. Aquí está, a mi lado, corriendo alrededor del Parque Centenario. El esfuerzo le impide hablar, pero el odio por el mundo que la corroe por dentro le sale por los ojos. Y esos ojos no tienen otro al que mirar que no sea yo. Por eso se que me odia. Porque ella no puede hacer otra cosa que odiar. Y siempre soy el que tiene más cerca.


[Sobre el autor]

Martín Pérez (Buenos Aires, 1967) es sub editor de Radar, el suplemento cultural del diario Página/12, conduce el programa de radio online Música Cretina y coordina el ciclo Martes de Poesía y Música en el CCEBA. Es periodista especializado en cultura popular y masiva desde hace dos décadas y fue uno de los fundadores tanto de la revista La Mano como de FM La Tribu. Sus artículos forman parte de los libros Los Redondos (1992), Las mejores entrevistas de Rolling Stone (2006), y Cine Argentino 98/08 (2008). El blog Vidas Pasadas es su primer intento de recuperar viejos textos inéditos de poesía y prosa

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Hace unas semanas Honeycomb presentó Existencialismo, la muestra del artista Francisco Díaz. Esta serie sugiere una búsqueda profunda y crítica de cómo el hombre habita en el mundo, tomando como motivo de la narrativa a la cabaña de Heidegger. Una mezcla osada que engendra una obra madura, reflexiva y sugerente.  
Por Escrituras Indie  


En la soledad de los campos, el horizonte con su magnetismo, la naturaleza devorando la finitud de los hombres, de eso se trata el Dasein, del “ser ahí”. El ser es un ente arrojado al mundo que se sabe muerto de antemano, por eso su vida es autentica. El existencialismo de Heiddeger y la cabaña en la que el filosofo se refugió después de la caída del partido nacionalsocialista, son el fundamento de la muestra Existencialismo.

La serie renueva la mirada acerca de la filosofía heideggeriana y la reubica en el plano de la expresión pictórica. Cada imagen pareciera remontarnos a un ángulo de aquella casita construida en las montañas de la Selva Negra, al sur de Alemania. Mediante trazos delicados y colores cálidos la cabaña queda suspendida, o asida a pequeñísimas estructuras que asoman por detrás, el paisaje termina por completarse en la mirada. Díaz logra deconstuir la edificación y montarla en una nueva perspectiva, que nos permite acercarnos, de manera más intima y subjetiva, al existencialismo.

Los pensamientos de Heidegger estaban estrechamente relacionados con el habitar el espacio. La cabaña pone de manifiesto la relación del “ser ahí” y la naturaleza como horizonte en el que los pensamientos van tejiendo una historia. En ese contexto el filosofo escribe “Ser y tiempo”, una de sus obras fundamentales. Heidegger vivió en la cabaña a lo largo de cinco décadas, casi siempre solo,  develando una intimidad emocional e intelectual entre el edificio, su obra y el ambiente natural que lo rodeaba.

Existencialismo abre nuevas interrogantes, de cómo nos relacionamos con nuestro espacio y de qué manera lo habitamos. Según esta filosofia el hombre se pierde en el mundo de las cosas, y es su existencia,  la que termina por asir las cosas al mundo, de otra manera no habría nada. La naturaleza sin el ser, no tiene historia. Esta muestra hace foco en esa interdependencia, incluyendo paisajes grises, blanco y negro, la cabaña en distintas versiones y colores. En síntesis: el dibujo y la pintura, puestos al servicio de la creación de una voz para que esos paisajes y edificios cuenten su historia.  

Ante la soledad de la contemplación nace el recogimiento, y como observadores hacemos el camino inverso al del artista, mientras que él se expone a la mirada externa, nosotros miramos hacia adentro de nuestra existencia. La inmensidad de la naturaleza ahí evocada, nos provoca a la intimidad, a la desnudez,  a lo pequeño, a lo ínfimo: al hombre en el mundo. 


[Sobre la muestra]

Galeria Honeycomb 
Bondpland 1463 (timbre rojo) CABA

La muestra puede visitarse hasta el 22 de diciembre
escribiendo a info@inthehoneycomb.com

Entra libre y gratuita


[Más sobre el artista]
Web

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.

[Autosemblanza

Nací en 1977, en Buenos Aires. Desde chicos, a mí y a mis hermanos, nos inculcaron el dibujo y la música. Mamá estudió dibujo y en casa siempre había lápices, marcadores y papel para dibujar. Papá tocaba la guitarra, así que también había un instrumento y música cerca. Estudié dibujo y pintura en un centro municipal que se llama CEAVAO, a veces toco la guitarra y pasé por muchos talleres de escritura. Aunque ya no estoy involucrado con el dibujo me quedó la curiosidad de ese período, me interesa escuchar y pensar en todo lo que esté vinculado al arte, sea plástica, música, cine (tengo épocas de espectador compulsivo de DVD´s clonados) escritura, etc.
Por el momento tengo tres libros editados, Equilibrio en las tablas, por Mansalva, primer premio Indio Rico 2009, El dios de los esquimales, por Ediciones Diatriba, de Santa Fe, y Planos para construir dos ciudades, por Mancha de aceite. También participé de proyectos colectivos de escritura, como la antología Si Hamlet duda le daremos muerte, el cuarto volumen de la antología de Poesía manuscrita, las plaquetas de P.L.U.P, ahí edité Zorzales en Munro, y las plaquetas de Acción Creativa, de Coronel Suárez.
Trabajo como corrector, editor y difusor de una editorial política y doy talleres de escritura con Pablo Moller.


[Micro-excursiones]

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?

Necesito tener una idea, una imagen, una combinación de palabras. A veces escribo a partir de un tema general, me da buenos resultados generar un proyecto de escritura a partir de la exploración, que puede partir de algo específico o amplio, funciono de las dos maneras.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Hace unos meses leí Nuestra pandilla, un libro de Philip Roth sobre Nixon. Por un tiempo tuve una foto de Nixon como foto de perfil en Facebook. Tenía ganas de viralizarlo por las redes sociales, hasta había pensado en mandar a hacer prendedores con su cara, como réplica de los que se repartieron en su campaña presidencial. Vote a Nixon.

3. ¿Qué talento desearías tener?

Me gustaría saber andar en skate. Anduve un par de veces pero no funcioné del todo bien sobre la tabla.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

No sé, soy bastante desapegado con los objetos, de a ratos me encariño con alguna prenda, o un libro, pero no sé si hay algún objeto que atesore particularmente.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

Supongo que hay muchas manifestaciones posibles de la miseria, la que se me ocurre  en este momento sería el desconocimiento del otro, la negación de las necesidades del otro.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en una mujer?

No hay una específica, si estamos hablando de atracción creo que se tiene que dar un combo. Atracción física, inteligencia, sentido del humor, sensibilidad, ética. No sé si la pregunta apunta a lo que me atrae en una mujer o lo que aprecio en una mujer.

7. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en un hombre?

Inteligencia, sentido del humor, ética, lealtad.

8. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

En general intento que sea la calma, pero maquino mucho, pienso mucho, fantaseo mucho con todo, con la escritura, con la vida, con lo que quiero que pase en mi vida.

9. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

El festejo, la alegría, encontrarse con gente, bailar, tomar una cerveza, cocinar, hablar de escritura, hablar de arte en general, compartir, vivir más. Todo eso me hace feliz y todo eso me hace pensar en felicidad.

10. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Desde muy chico le tengo miedo a la muerte. Creo que es mi mayor miedo. Sé que no es muy original, pero bueno, es ese.

11. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

Fui feliz en varios lugares y momentos, pero no sé si puedo marcar uno específico.

12. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?

Las partículas elementales. Tiene una descripción corrosiva del mundo y está escrito con un nivel de perforación que me interesa mucho.

13. ¿Cuál es el peor libro de la última década?

No sabría responder esta pregunta.

14. ¿Qué texto (cuento, libro o nota periodística) no volverías a publicar? ¿Por qué?

No me arrepiento de haber publicado nada de lo que publiqué, quizás en algún texto haría modificaciones mínimas de palabras, pero si edito algo es porque estoy conforme el texto.

15. ¿Qué disco te hace sonreír?

Algo de Weezer suele levantarme el ánimo.

16. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

Admiro a muchos músicos, no sé si podría elegir a uno en particular.

18. Si después de muerto volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?

A María Kodama.

19. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?

Espero haberla encontrado, cuando empiezo a mostrar lo que escribo es porque ya estoy conforme y transmite lo que quería transmitir (o algo similar a lo que tenía en mente).


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por Juan Manuel  Candal

Para decirlo brutalmente, algunos autores son irremplazables. Es decir, la mayoría son somos intercambiables. Casi todas las novelas de mi generación podrían, cada una de por sí, no existir y habría otra ocupando su lugar. Muchas de ellas son muy buenas; simplemente no tienen algo que las haga únicas. Tomemos el caso de Pedro Mairal, para dar un ejemplo. Si Una noche con Sabrina Love no se hubiera escrito, tenemos a muchos otros autores cuyas novelas podrían ocupar ese lugar vacío y en el mundo de la literatura no estaría cambiando nada demasiado relevante. Lo mismo ocurre con el laureado volumen de cuentosLos peligros de fumar en la cama, de Mariana Enríquez. Existen muchos otros autores que saben escribir esa suerte de versión local de Stephen King y que podrían perfectamente ocupar el sitio, de estar vacante. Esto no es un ataque a Mairal o Enríquez, simplemente tomo dos ejemplos que han sido premiados de diferentes maneras y gozan de cierta credibilidad. Pero ellos, como yo, como la mayoría de los escritores de mi generación de habla hispana, somos prescindibles. Alguien puede preferir a uno u otro, pero entra el gusto personal. Muy pocos son verdaderamente únicos.

Es el caso de Pablo Dobrinin, que lleva una larga lista de cuentos publicados en varios idiomas y que en el 2011 recopiló su primer libro, Colores Peligrosos (volumen que ahora está por salir en una edición masiva en Uruguay, luego de agotarse en todos lados con la velocidad del Capitán Rayo).
Dobrinin se hizo cierta fama con su ya conocida “invención” de la sexyfiction. El autor la define así:
«Un cuento o relato de sexyfiction tiene las siguientes características:
»Se inscribe dentro de la literatura fantástica, si bien suele tener elementos de la ciencia ficción, del surrealismo, del terror y de la literatura onírica.
»Además del elemento fantástico, es indispensable la presencia del sexo.
»El tratamiento que se le da al sexo no es el mismo que se puede apreciar en la literatura erótica, sino que tiene características distintivas. En este tipo de cuentos el sexo nunca es un fin en sí mismo, sino que está al servicio de un argumento: parte del principio de que la existencia está en otra parte, y a partir de ahí, la muertela locurael arte, y el sexo son interpretados como vías de conocimiento.
Si bien todos estos elementos pueden encontrarse y utilizarse para identificar a la obra de este autor tan peculiar que es un “raro” en una época donde los raros de antes no han dejado más que hijos bobos y oportunistas, quizás la trascendencia de Dobrinin no pase tanto por esta definición de corte enciclopédico y tenga más que ver con dos elementos indisolubles en su trabajo: la prosa de un lirismo poco corriente y cuidado al extremo, y una imaginación desbordada y desbordante.
Basta citar algunos ejemplos que me gusta mencionar cuando se habla de él.

«Eran hermosas imágenes, a lápiz, de edificios de Montevideo, aunque no acertaba la ubicación exacta. (…) Ahora que lo escuchaba hablar con más detenimiento me daba cuenta de que tenía una voz seductora, como la de un viejo actor. Las construcciones eran de principios del siglo XX. De tres pisos. Un destacado gusto en los adornos de la fachada, largas ventanas con celosías de madera y elaborados balcones de hierro. Tal vez lo más llamativo eran las estilizadas cúpulas, recubiertas de escamas, que finalizaban en agujas francesas. Pero si los edificios eran en sí mismos maravillosos, no menos impactante era el trabajo del artista. Probablemente los había visto desde la calle, sentado en el cordón de la vereda, y la perspectiva le otorgaba un atractivo sobrecogedor. Unas nieblas fantasmagóricas dibujadas con un trazo casual terminaban de darle cierto toque fantástico.»
(de “El regreso de los pájaros”, parte del libro Colores Peligrosos).


«La habitación de la abuela tenía paredes blancuzcas, lamidas por la humedad y un piso de madera apolillado. Una cama de fierro, de dos plazas, tendida con una colcha vieja. Una mesita de luz, una lámpara con pantalla de tela color rosa, artísticamente cagada por las moscas. La insufrible escupidera asomando bajo la cama. Un ropero de madera buena, con olor a ropa de difuntos. Vestidos y visos deteriorados: antiguallas que ni siquiera eran concebibles en su vetusta propietaria. Tan sólo alguna solera insulsa y pobre lograba zafar del anacronismo que había herido de muerte a las prendas. También vi unos vestidos increíblemente estrechos, chillones y extrovertidos, que me hicieron imaginar a mi abuela jovencísima, dibujando filigranas en una pista de baile. Y después estaban las ropas del abuelo, enormes y oscuras, como conviene a la dignidad de los muertos. Había una foto pegada en la cara interna de la puerta del ropero, pero no era de él, sino de Sandro, el cantante, que me miraba con ojos gitanos y lujuriosos.»
(de “Luces del Sur”, parte del libro Colores Peligrosos).


El juego con el lenguaje es sutil y empuja a paladear fraseos como «paredes blancuzcas, lamidas por la humedad» en pleno relato semierótico que narra el encuentro de un hombre y su abuela, también la seguidilla con «Un ropero de madera buena, con olor a ropa de difuntos» nos remite enseguida a la áspera naturaleza de la relación. Rematar con «Y después estaban las ropas del abuelo, enormes y oscuras, como conviene a la dignidad de los muertos» es un detalle de preciso virtuosismo de estilo.

La palabra, en manos de Dobrinin, es arte plástico. Parece el lienzo por el que han reñido pinceles y espátulas en pos de encontrar la imagen perfecta, o lo que es mejor, la imagen imperfecta pero irremplazable. No es casual que la pintura aparezca referida en su obra varias veces. En el bizarro cuento “Colores peligrosos” hay una «Ametralladora Picasso» que dispara un tipo de rayo que tiene más de cubismo que de ciencia ficción. No es casual que ese mismo cuento comience con esta cita: «Toda estética es política». Y es que es fácil confundir a este autor volado con una suerte de hijo de poetas surrealistas, rodeado de un grupo circense que toca música de carnaval rompiendo tonalidades. Pero Pablo Dobrinin es también un intelectual que sabe que todo texto también es leído como un discurso, más allá de las intenciones propias del autor. De ninguna otra manera podría desmarcarse de los discursos de manual tan abundantes al día de hoy sobre la escritura en redes sociales y los retornos a las formas más conservadoras cuando se le pregunta por la literatura del siglo XXI: «Hay una tendencia hacia la disolución o fusión de los géneros, hacia la disolución de la estructura, pero también sobreviven los formatos clásicos. Todo permanece y de alguna forma se puede aprovechar, reciclar, etc. Hay una suma, no un descarte, y eso es lo que para mi gusto define estos tiempos. Desde esa perspectiva estamos viviendo una época excelente». Esa es una postura clara y radical, que elude los lugares comunes y que suma una conciencia del estado de las cosas.

En un reportaje que la revista digital Axxon le hizo para un número-homenaje (#230), explicó su posición respecto a la crítica:

«Los críticos que hacen reseñas rara vez se toman mucho tiempo para analizar un libro. Una semana, diez días, a veces menos. Eso es el tiempo mínimo que uno debería tomarse para analizar, desmenuzar, interpretar adecuadamente un solo cuento, no un libro. Con esto no quiero decir que los críticos actúen de mala fe, ya que estos plazos pueden ser parte de la dinámica de la publicación, pero lo concreto es que no se toman el tiempo suficiente. Segundo: el espacio del que disponen para la crítica no siempre es muy grande. Esto condiciona, una cosa es hacer una reseña de un cuarto de página o de dos páginas o más, o un ensayo de varias páginas. Ahora Internet nos da la posibilidad de extender las críticas, pero rara vez se aprovecha esta opción. Aun con poco espacio, si el crítico ha estudiado adecuadamente la obra, debería ser capaz de ir a lo esencial. A veces se queda en lo anecdótico y ni siquiera llega al tema. Tercero: No todos están capacitados, muy pocos tiene estudios de literatura o el necesario bagaje cultural. Falta estudio, conocimientos. Hay muchos que jamás en su vida vieron un diccionario de términos literarios, que son absolutamente incapaces de hacer un análisis de estilo. Lo máximo que pueden decir es: lenguaje florido, lenguaje poético, etc., y a veces ni siquiera esto. Y tampoco alcanza con saber si estamos frente a una comparación, metonimia, polisíndeton, anáfora. Es necesario saber por qué se está utilizando ese recurso en ese momento, qué es lo que nos está diciendo, a veces más allá de lo inmediato. Las comparaciones o las metáforas, si el autor las utiliza adecuadamente, van a decirnos algo que está más allá de lo meramente visual. Falta análisis de personajes, de estructura, de estilo, de los distintos niveles de lectura, etc. Cuarto: La actitud. La mayoría de los críticos que hacen reseñas parece creer que el escritor es un alumno que está dando un examen, y que ellos son los profesores que los van a evaluar o calificar. Pésima actitud. La labor de la crítica no es evaluar sino explicar. Para realizar una buena crítica es necesario que el crítico se acerque a la obra con humildad para descubrir cómo funciona. No solo no se hace esto, no se explica, no se analiza, sino que además se pasa por encima de la obra, y algunos —no me ha pasado, pero lo he visto muchas veces— se dan el lujo de opinar cómo debería hacerse esto o aquello. Falta humildad. Quinto: El crítico está acostumbrado a hacer devoluciones, pero se irrita si le critican su crítica, lo considera inadmisible (otro rasgo de soberbia). Habría que hacer un blog donde se analizara el trabajo de los críticos, se les explicara punto por punto en qué se equivocaron, y se les recomendara bibliografía. Lamentable el poco tiempo libre de que dispongo me impediría participar de una empresa así, pero sería algo muy útil para que la crítica crezca, se ponga a la altura de las circunstancias, y sobre todo sirva para lo que toda plataforma crítica debe servir: para poner en conocimiento de los lectores los procesos artístico-culturales que se están gestando en las diferentes regiones o países. De esa forma se contribuye también a la historia de la literatura.»

Alguien que maneja conceptos tan claros está lejos de ser un mero escritor alucinado. Pablo Dobrinin tiene una mirada muy lúcida sobre la literatura y el arte en general. ¿Y al final, no es esa mirada, plasmada a través del arte de su pluma, lo que hace único a un escritor? Quizás la razón de que Dobrinin sea un escritor irremplazable no es tanto que nadie podría hilar ficciones similares a las suyas y menos con su estilo, sino que la mirada atenta detrás se convierte en una herramienta viva, en un radar capaz de captar las más finas sutilezas y transformarlas en grandes murales homéricos con tan sólo el poder propio de quien sabe escoger y combinar las palabras como sólo un gran pintor podría.

[Sobre este articulo]

"Sexyfiction" pertenece a Rosas para Stalin, un e-book de descarga gratuita con 32 ensayos y artículos, escritos por Juan Manuel Candal entre los años 2006 y 2012 para diferentes medios: los blogs El fantasma de la libertad y Mil palabras no pueden equivocarse, el portal cultural Leedor.com, el periódico uruguayo La diaria y la revista literaria Otro Cielo, además de un texto inédito. 
Se descarga de forma gratuita en PDF, EPUB y MOBI.


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David Fleck
Escuchar esa música de nadie. Para el lo era todo. Esto no es una historia mas de nadie, esto no es una soga, esto tampoco es literatura. Esto es un capitulo mas, el acontecer de un cuerpo que se divierte, pero que pocas veces se entera. No puedo decir el nombre de esta persona, por que no lo tiene, como tampoco puedo decir cuantos escalones subió, por que aun no ha terminado. Es eterno el sombrero que usa?, imposible saberlo. No es consciente del mundo vacío, tampoco del vacío que recubre todo lo lleno. El es como un insecto de inteligencias variadas, uno de sus pasatiempos es exprimir las humedades de la sombra, el realmente es un experto en aquello. Creo que es su única especialidad . La música es lo único que hace la real diferencia en el, la música de nadie, esas voces de nada son la debilidad por las que se corroe su pasión mas sincera y primitiva, la razón acumulada de todas sus respiraciones, el eco interminable que encastra en el sentido de lo que carece de el. No quiero perderme y este laberinto lentamente se me abre , como si su amenaza tan directa fuera un impedimento: yo , de la manera en que me salga, contare la historia. No me pidan temporalidad, pueden pedirme la arena que le sobra a un cuerpo que espero demasiado, pídanme las cenizas con las que se construyen las nuevas cosas. El sol confunde el movimiento de las presencias, la unificación nos llega a todos de una manera bestial. No quiero perderme, yo quería contar una historia que ahora me excede y confunde. Este capitulo se esta desplumando como la vida de las libertades que no se sueñan a tiempo. Soy ahora un eco, y los ecos nunca terminan ninguna historia, tampoco cuentan nada, un eco no sirve para describir ninguna cosa, ni un amor,ni siquiera al agua, ya este hirviendo o este a punto de congelarse. El aire hace el amor con el árbol, el agua hace lo mismo con el fuego, en cambio el eco no hace el amor, el eco es el silencio que separa los miembros de las inundaciones, las venas petrificadas del tiempo petrificado. Bien, eso es lo que yo soy AHORA,solo ahora, ni antes ni después, antes fui grito, ahora soy eco y después seré silencio. Somos la nada que recorre la música invisible, la música de nadie que tanto enloquece a nuestro personaje , el que hoy me empuja a decir que la nada y los nadie también existen. También existe la existencia y el poder de la miseria, lo miserable es el anteúltimo paso, antes de ser enterrado en lo final, en lo silencioso, en la iluminación del cuerpo, el segundo nacimiento, el ultimo punto del pasaje hacia el estado musical del espíritu que se levanta orgulloso del cuerpo que lo ha sabido reconocer y buscar. Yo se que el que esta leyendo estas líneas conoce la historia que yo amague con contar todos estos instantes, quiero que me la cuenten, ahora que la saben, ahora que la sabemos, ahora que el cero es consciente y la rabia parece adiestrada, por el demonio de las cosas pasajeras.