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Hair Sequel III Art Print
by The White Deer


Últimos pensamientos de los novios 

Él le aprieta la mano
como si fuera
un revólver.

“¿Qué vamos a hacer -dice ella- cuando lleguen?”
Y mira la línea azul del mar que baja.

Él la aprieta nuevamente. La siente cargada.
No importa.
Piensa que al final la tierra se come a todo el mundo.

De la arena salen
volando las gaviotas
en pequeños estallidos de granitos.

Las olas suben y mueren para repetirse infinitamente. 
Como los hombres.

Siente el roce del pantalón. Levanta la cara.
En el horizonte se acuesta para soñar
la otra cara del Mundo.
Se preguntan al mismo tiempo
cuándo van a morir,
qué día a qué hora,
si en los brazos del otro,
o si los van a matar.
Se preguntan si los van a matar.

Mientras, el sol no derrite las nubes.
A lo lejos suena algo como una piedra que se cae.

Hace frío.
“¿Qué vamos a hacer
cuando lleguen?”

Como dos manchas de témpera, se mezclan abrazados.
En sus ojos pálidos
se ve el reflejo de la certeza,
la concesión de los muertos,
saber todo.

Ella se levanta
y camina hacia el mar.

(Las orlas del vestido dibujan curvas en el aire)

...

Quieto


Quieto.

Hay una chapa que desciende oblicuamente
y se clava en la tierra extendiendo
un cuerpo de óxido.

Quieto.

Hay un perro que no ladra,
y en mi mano
un fusil de retaguardia,
una ampolla del cielo,
un espejo ante la muerte.

Quieto.

Entro al bosque con mi espalda partida
sobre un destino que se traza en el aire.

Silencio.
Alguien pisa la hojarasca
y en su ruido trae al mundo
el horror que nos escapa.

Silencio.

Abro una puerta que chilla
y la luz perfora unos cuerpos en el suelo,
unos que repiten otros anteriores
pero a la inversa.

Silencio. Silencio.
Las manos cubren los ojos
para no temblar tanto,
y la tierra
en las manos
es un canto,
y hay un ruido
y un final.

...

Dejarse

Allá
entre el pasto y los árboles
me traicioné como querías
y después en la luz
me vendiste tu sangre.
No me mires,
ahora soy
un ciervo manchado.

...

Carta a la novia muerta

Hay una foto tuya subida a un estante.
Es la última que queda.
Está formada por pedazos de distintas fotos
que pegué entre sí
y que no forman una imagen, sino una idea
que me mira con ojos estáticos.

Los bordes blancos se superponen.


Ayer llovió en toda la ciudad.

La tierra debajo de la lluvia
es igual en un parque
y en tu tumba.
La tierra siempre prospera.

Ayer
estuve debajo de un techo que cuidó tu juventud
y entendí.
El recuerdo es una delicia
y es lo único que existe.

Algunas sábanas que quedaron manchadas con tu olor.
Algún vestido viejo. Cartas inválidas.

A mí me duelen
todos los cuerpos con los que te amé.

| Sobre el autor |

Valentino Cappelloni nació en Mar del Plata, en 1992. No le pasaron demasiadas cosas hasta que descubrió que quería estudiar cine, así que ahora vive en Buenos Aires absorbiendo película tras película. Como muchos otros, no puede dejar de escribir y tiene que convivir con eso. Hace poco empezó a trabajar y no sabe si estar contento o triste.
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 Osvaldo Baigorria escarba en los 80, una década ambivalente de amor new wave y sordidez post dictadura.  Esta compilación de artículos, publicados en las míticas revistas Cerdos y Peces y El porteño, editada por Blatt & Ríos es un bosquejo con mucho nervio outsider y la versión de los ochenta que más nos interesa: la contracultural.

por Alejo Vivacqua

cerdos y porteñosEn la introducción está casi todo lo que uno pueda decir sobre Cerdos & Porteños. En ella Baigorria explica que las notas que forman parte de este libro fueron escritas en el período que abarca de 1984 a 1987, en la Argentina de la pos dictadura y en los años en los que volvía al país luego de su exilio en una comunidad rural de Canadá. Cuenta que el escritor Néstor Perlongher, que estaba radicado en Brasil, fue quien primero le mencionó por carta el nombre del director de un suplemento que estaba dirigido “a los minoritarios (gays, feministas, presos, etc.)”, y quien, decía Perlongher, era un tipo muy interesante, un tipo bárbaro que resistía las denuncias de cierre contra su revista. Cerdos y Peces entraría en la vida de Baigorria en el mismo momento en que se acercaba a la redacción de la calle Cochabamba y preguntaba por Enrique Symns, el hombre en el que quedaría representada gran parte de la contracultura argentina de los últimos tiempos, el outsider sobre el que puede explicarse el contexto de un momento de nuestro país.

Las doce notas que conforman este libro sirven como espejo en el que mirarse como argentinos, un retrato de época segmentado en los temas que más parecían preocupar a mucha gente que estaba en movimiento y que no sólo tenía que ganarse la vida, porque como bien explica el autor en una de las anotaciones, “había también que ganar la calle, la cultura, la transición hacia una libertad que merecía que no se diera un sólo paso atrás”.

Desde un perfil de la movida pospunk o del verano del amor hippie en San Francisco, pasando por una crónica del carnaval de Río de Janeiro hasta un ensayo corto sobre el feminismo y la pornografía, Baigorria no deja asunto sin retratar, para confluir, y siempre con el fantasma del sida rondando, en una entrevista con su amigo Perlongher en la que ambos debaten sobre la homosexualidad, la militancia y la represión.

Decir que la Cerdos & Peces era contestaría sería una obviedad, pero decir que la mayoría de sus artículos e investigaciones provocarían hoy, treinta años después, el mismo escándalo en la opinión pública obliga a plantearse muchas cosas. El rol del periodismo es una constante preocupación en Baigorria, del que se ocupa en el prólogo y sirve a modo de reflexión final y tajante:  “Estas notas que me dieron alimento hace casi treinta años, escritas en una máquina Olivetti a las apuradas para llegar al cierre y pasar la factura antes de que la inflación me devorase el importe a cobrar, tienen todo el descuido de la actualidad, aunque no de cualquier actualidad, sino de una en la cual podía practicarse, dentro de un par de pequeñas pero influyentes publicaciones, un periodismo bastante independiente de los grandes medios y el Estado, y donde incluso un humilde colaborador free-lance podía escribir con alto grado de autonomía ante el patrón, director o editor en jefe”.
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Poesía Entre La Hierba es un ciclo audiovisual quincenal que busca retratar la intimidad de los espacios visitados por cada poeta en la puesta en escena de su obra, a través de la lectura, el aquí y ahora de la poesía, donde es posible percibir el grano más fino de la voz haciéndose lengua.

Esta vez retratamos a Luciana Tagliapietra leyendo “Un pez”, poema inédito que puede leerse a través de un cristal partido o recitarse con las voces del mar, como un dictado que llega desde las profundidades a la orilla para tocarnos y herirnos de muerte. Hay un pez naranja brillando sobre el desierto de palabras angulosas que buscan la forma de desfondar la pequeña pecera donde el pez sin nombre flotaba inerte, algo subyace en la quietud de esa pequeña muerte que es una y todas las muertes: una clínica, enfermeras, dolor y cuerpo de mujer. Las cosas van tomando otro espesor, las aguas se enturbian, tejen encrucijadas de esas que solo pueden nacer los domingos, como la idea del suicidio o la ausencia. La palabra aborto es la respuesta a la pregunta que nadie hizo mientras el pez sin nombre volvía al mar.
     
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de los comiqueros e ilustradores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los comiqueros e ilustradores.

[Mini-Bio]


Tatee es Tatiana Torres Álvarez, nació en Colombia en diciembre del 1985.
Como disco viejo tiene dos lados: por uno es periodista y trabaja en difusión cultural, por el otro es ilustradora. Siempre dibujó, a falta de diarios lleno libretas con personas y recuerdos que no quiso olvidar. En 2007 abrió un blog: tateeanita.blogspot.com y ahora sus dibujos están online. 


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te pongas a dibujar?
No mucho, tal vez solo necesito tiempo.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Dean Moriarty.

3. ¿Qué talento o superpoder desearías tener?
Curar dolores y enfermedades.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Mi biblioteca. Son un montón de libros ilustrados, de arte y cómics que he ido reuniendo o que me han traído de muchas partes.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La soledad que trae el individualismo y la soberbia.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en la humanidad?
La empatía.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Mi trabajo es escribir, todo el día leo y escribo. De regreso a casa, en el bus, también voy leyendo algo por lo general... Entonces leer e irme por ahí entre texto, es lo habitual.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Esos momentos que uno pasa con su familia y sus amigos, que no tienen nada de particular pero que son lindos de verdad. También cuando uno ve, oye, saborea, lee o siente algo que te obliga a parar, a girar la cabeza, que es como un corrientazo que se va por todo el cuerpo.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Tener miedo todo el tiempo.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Ayer cuando leí un e-mail de mi amiga Luz Helena, el martes que fui al concierto de Jorge Drexler, hace una semana que visité la exposición del fotógrafo Emmet Gowin, hace un mes que conocí Berlín, el año pasado cuando me gustaba perdidamente alguien y yo le gustaba perdidamente a él.

11. ¿Qué libro gráfico, historieta o ilustración que hayas adquirido últimamente te hubiera gustado dibujar vos?
Un lugar equivocado de Brecht Evens (Sins Entido), Broderies de Marjene Satrapi (L’Association) y Para onde vamos quando desaparecemos? De Isabel Minhóns Martins y Madalena Matoso (Planeta Tangerina).

12. ¿Qué historieta, ilustración o caricatura no volverías a publicar? ¿Por qué?
Un par muy cursis, del cursi feo.

13. ¿Qué disco te hace sonreír?
Mala de Devendra Banhart,

14. ¿Qué otras ramas del arte estimulan tu trabajo?
¡Un montón! La fotografía, la historia, la literatura para niños, el arte en general -el contemporáneo sobretodo-.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
¿Uno solo? A Pedro Infante.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero? 
Jim Sturgess, sólo porque me dejarían morderlo.


17. En tu última obra ¿encontraste la imagen o la forma justa para expresar lo que querías?
Lo último que he hecho son dibujos “porque sí” en una agenda. No son parte de una historia o algo particular, cada uno es un momentico y ya está.

[Contacto]
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Una pulsión que viene del centro del cuerpo y desata ilusiones obscuras que alimentan demonios. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el instinto? Las hambrientas, de Pablo Iglesias, es como un látigo que no sólo hace ruido sino que también  hiere y castiga.

por Jorge Carballo Madrigal 

En escena hay un gran pedazo de carne cruda.  De cordero, tal vez.  También hay huesos, tierra en el aire en forma de polvo muy fino, además de moscas y calor.  Seis pares de ojos reparten miradas desde el escenario.  Aquí, allá; entre ellos.  Sonrisa, entrecejo.  Un cuchillo; el dolor de una perra empaquetado en un aullido.  La obra hace nacer a un pueblito ficticio del interior argentino en el que todos se conocen las plantas de los pies, el color de los dientes y el olor de sus pesadillas.

En alguna parte de ese pueblo hay una casa vieja y cansada, y dentro de esa casa, una pareja de hermanos, y una prima tan flaca como una espiga que no deja de pedir comida, amor, y engaño.  El hermano, quien es primo, la consuela con su incestuoso y falso o alejado cariño que se alimenta de pastillitas de menta trituradas con la empuñadura del cuchillo con el que se corta la carne.

“Tenés que aguantar un poco más.  Necesito un cuerpo perfecto que me lleve a Buenos Aires y presentar mi obra en un gran teatro.  Aguantá un poco más.”  Y la matan de hambre.  Todos los días, un poco. Es un plan.  Después de la muerte de los padres es difícil arreglárselas.  Sobre todo con tanto calor, con tantas moscas, con tanto hambre, con  tanto amor, con tanta injusticia.  Aquí se representa a un campo argentino que se drena de idilio y se llena de grotesco: de llagas, de huesos sobresalidos, alcohol, gritos, carne vigilada por las moscas y secretos que todos conocen.  Ah, ¡y brujería! Maldiciones, muertes, enfermedades, dolor.  El campo es crudo como la carne. 

En medio de tanta sensación árida, una cena.  Un novio, y su padre: una esperanza que mueve al deseo.  La hermana quiere dejar de ser solterona, y bruja, como su madre.  Pero el destino es más grande y más mañoso.  Un cuchillo brilla en la escena y luego llora sangre.  Un cuerpo cae más por repugnancia e ira, que por la herida regalada.   El plan: dejar de ser bruja.  Todo se mezcla y aplasta al espectador como un gran pie en un segundo.

Surge la frase “¿Y ahora?” en la mente de los testigos del desenlace de aquella cena, de aquella confesión, de aquel giro.  Y gracias a la brujería de Pablo Iglesias, el dramaturgo y director de esta cocina de sensaciones, el plan continúa. Una penetrante actuación de Camila Palacios, Martín Rey y Valeria Actis, que bajo la dirección de Iglesias, grabará en sus cabezas una obra en que la palabra subsistir se tiñe ocre. 

|Funciones|

Sábados a las 20:30 hs.
Abasto Social Club (Yatay 666), Almagro.
Localidades: $100/ $80 est y jub.