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Una tarde de domingo, en plena grabación del nuevo disco de 107 faunos, visitamos a Javier Sisti Ripoll,  taza de té mediante y libros sobre la mesa, hablamos sobre sus ficciones musicales.

Por Nadia Sol Caramella  

ph Nadia Guzmán
Su primera canción fue "Calamar gigante número 8". Es parte de la banda 107 faunos y vive en La Plata. Pero esa no fue su ciudad natal. Nació en Bogotá, Colombia. Un día, allá por el año 2001, una epifanía en una pileta de City Bell le rebeló que sería profesor y músico, aunque esto último lo había descubierto mucho antes. Su banda integra la nueva oleada de músicos independientes que engendró el Glasgow de la provincia de Buenos Aires, el cuadrado platense, zona de rock  y calles numeradas.

Cree que para hacer buenas canciones es necesario escribir poesía, y sabe que bajo ningún punto de vista el relato debe retroceder ante la imagen poética: “Me interesa más lo que tiene sentido poético, que está centrado en la imagen y no en el argumento diegético”. Esto se verá reflejado en sus composiciones, la narración, si es que surge, lo hace de manera azarosa, porque la atmósfera emerge de lo que se centra en el gesto de una imagen: “me concentro en situaciones muy pequeñas, en instantes, más que en secuencias de hechos. Mis canciones no tienen secuencias, no me interesa.”

Es de la generación de los noventa, y sobre el final de aquella década debutó en el escenario de su escuela secundaria. Según él se dejó fascinar por la música: “me interesó la música como sistema. Como un código cultural. Como un laberinto gigante al que me podía meter por cualquier lado. De alguna manera quise participar de eso. Me compré una guitarra eléctrica a los quince años.” Pero lo mejor de la música llegaría con los amigos: “Nos conocimos Chango y yo. El me mostró Los Ramones, yo no había escuchado, no quería. Le mostré el noise y así cruzamos. Cruces de pandillas, fundamental.” De este cruce nace tiempo después, en el 2004,  el Sello Laptra.

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by Juan Paz

No hemos muerto y lo deseamos, retornamos; y no a lo mismo.
Nos quitamos el pronombre la pluralidad y los dineros.
Entramos de incógnito al laberinto.

..

Pendientes,
no ha muerto el surrealismo –Artaud

Aparecen fantasmas,
no se ha esclarecido el misterio del caballo.
Existe una sospecha; las salidas verdaderas puedan ser falsas,
de que el laberinto es una declaración de guerra, silenciosa –Thoreau
pasa el viento
pasa el viento.

..

Olvidamos las derrotas, un débil sonido de mi cuerpo ilumina las paredes, 
las rayamos y seguimos perdidos dibujando una silueta, 
en la pared.

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En un contexto latinoamericano en el que las tasas de femicidios aumentan año tras año, Wake up, woman consigue desnaturalizar hasta las más sutiles formas de agresión entre sexos; ya sean físicas, psicológicas, sexuales o simbólicas.

Por Nicolás Gallardo

Natalia no podía dejar de mirar a Federico. Llegaba en el momento justo: había terminado con su relación anterior hace pocos días. Y el interés era correspondido, él tampoco hacía otra cosa que pensar en ella. Unas vacaciones en la Costa Atlántica resultaron siendo el escenario ideal para dar lugar a que el vínculo se consolide, que algo nuevo comience.

Wake up, woman, escrita y dirigida por Jorge Acebo, nos cuenta la historia de esta joven pareja desde sus orígenes. No sólo descubriremos cómo se conocieron a través de las actuaciones de los personajes o sus testimonios, sino que también tendremos la oportunidad de observar videos y álbumes de fotos de sus momentos más felices. Sin embargo el autor también dará lugar a que veamos cómo se desarrolló este amorío a lo largo de cuatro años, y la forma en que el príncipe azul comenzó a desteñirse.

Federico trabaja como taxista, no pareciera tener otra meta más que conseguir que nada le falte a Natalia, y es en cierta manera lo que permitió que ella se enamorara. De todas formas, al presenciar los episodios más íntimos de su vida conyugal, notaremos en él ciertas actitudes que ayudarán a materializar una agresividad en aumento. Los insultos al pasar y la intranquilidad cuando la esposa deja el hogar evolucionan hasta los maltratos físicos, y abren el debate sobre el componente enfermizo de la pasión intempestiva.

Gracias a los personajes de Natalia y Federico –interpretados con gran destreza por Natalia Pascale y Sebastián García tanto en los soportes audiovisuales como en el escénico- podremos escuchar ambas campanas del conflicto. Llegaremos a comprender que Federico ama a Natalia en forma auténtica, pero la concepción que tiene sobre la masculinidad y su propia inseguridad lo llevan a cometer atrocidades que empeoran la calidad de vida de su amada y obstaculizan su desarrollo personal.

Declarada como obra de interés social y cultural por la Red de Mujeres Parlamentarias de las Américas y la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, la pieza de Acebo invita a la reflexión: ¿llevan ocasionalmente los actos pasionales a no dejar espacio alguno para la razón o nos encontramos ante un problema más bien de corte estructural, en el que una cultura machista con valores y estereotipos bien instaurados impiden identificar las primeras manifestaciones de violencia de género, que pueden alcanzar desenlaces fatales? Resuenan a lo lejos las palabras de Richard Bach, quien supo escribir rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las de tu cuerpo. Estamos llamados en estos tiempos que corren a identificar lo que nos aparece como dado, para poder cuestionar aquello que no hace más que perpetuar las desigualdades de una sociedad patriarcal y sexista, y actuar en consecuencia.


[Funciones]
Wake up, woman se presenta los sábados a las 21 hs. en el teatro Puentes amarillos (Libertad 1230), con localidades generales a $80. Estudiantes y jubilados a $60 (presentando certificación vigente).
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Anatomía de un disco fundamental, de Tus Hermosos, una banda clave de la movida indie de los primeros 90´s.

Por Luciano Alonso


En alguna entrevista, Kurt Vonnegut sostuvo que un escritor es “un sistema de alarma”. Es decir, que posee un tipo particular de sensibilidad capaz de detectar un peligro inminente, antes de que ocurra. Y que la sociedad gana prestándole debida atención.

Cada tanto ocurre un fenómeno fascinante en la historiografía sensible del arte o de las expresiones artísticas: una leve variación en una secuencia, cuya repercusión engendra una secuencia nueva o una degeneración sistemática. A veces esa nueva variación sobrevive y a veces muere. Tal como las modificaciones genéticas en la teoría evolucionista de las especies.

Un aspecto curioso de este fenómeno es que sólo puede ser percibido en retrospectiva. No hay manera de saber si un “cambio” será exitoso en el futuro mientras estamos en el presente. La cuestión es que, incluso cuando ese “cambio” haya sido exitoso, nos olvidamos rápido de quién o qué lo produjo, distraídos como estamos por la velocidad de las cosas.

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El punto se transformó en golpe seco


El punto se transformó en golpe seco,
las líneas no.
Hasta detenernos las líneas blancas del costado de la ruta
fueron suaves cintas deslizándose.
¿Qué iluminaron las luces esa noche?
Las hice titilar
para espantar lo que veía,
te desperté, por si el punto era mi imaginación
y no ese perro mirándonos de frente.
Me agarraste la mano para no esquivarlo.
De dormir pasaste a ese movimiento
a esa invasión sobre el volante.
En la estación de servicio dijiste “era el perro o”.
Yo no pude responder
y mientras el agua caía sobre el parabrisas
al señor le dijiste “sí,
en la ruta había niebla”.