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[Sobre TRANSita rápido]
Tras dos años de poner el cuerpo con más de 60 trabajos artísticos, cada cual con exposición y entrega de toda su energía, en Enero de 2012, Effy decidió tomarse unas vacaciones y volver a sus bases de la infancia: el dibujo. Se propuso hacer un comic por día de manera rápida y compulsiva basándose en vivencias personales que rozan la risa incómoda o la sorpresa absurda de la vida cotideana de ella, una chica trans. El resultado: 31 dibujos que parecen salir disparados con trazo rápido en TRANSita rápido.

[Sobre Effy]
Elizabeth Mía Chorubczyk más conocida como Effy o effýmia. Artista conceptual, performer y transfeminista queer, nacida en Israel y traida por sus padres a Argentina. Actualmente cursando la carrera de Crítica de Artes, tras varios de estudiar Artes Visuales en el IUNA. Escritora y asesora conceptual de artistas de diversas disciplinas.

[Más tiras]


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por Matías Oniria

Al final de la historia mato a mi mejor amigo.


Sacó el celular y, sin detenerse, marcó un número. Tuvo que bajar la cabeza para hacerlo. Casi se mata al tropezar con un pedazo de vereda que asomaba burlona, levantada por culpa de un árbol que la había violentado con sus ramas viriles, invasivas, fuertes, llenas de savia.

Puteó, después se llevó el teléfono (grande, nada de última generación para él) al oído. Un timbrazo… Dos…

Dobló en una esquina, agitado, dejándose llevar por un impulso. Su sombra quedó adelante.

Sus pisadas levantaban ecos en la noche silenciosa. Se tentó: “Los perdí… Es probable que los haya perdido…” (era un pensamiento en frecuencia baja… Su cabeza era instinto puro, supervivencia. La ecuación era: ESCAPAR- LLAMAR A PERCHA… El resto era un decorado vertiginoso).

—¿Sí?

Escuchó la voz al mismo tiempo que escuchaba resurgir a la vieja Chevy. Se aproximaban.

—¡Me descubrieron! —gritó.

—¿Eh?

—¡Me descubrieron… pelotudo!

Volvió a doblar, confiando en su oído, alejándose del motor que avanzaba, implacable. La transpiración le empapaba la frente, la espalda, las pelotas. Las piernas le dolían, el estómago le dolía, la cabeza le dolía…

Recordó que una vez había leído en un foro muy estúpido que una persona había muerto al consumir cocaína y luego presentarse en una maratón. Dos kilómetros y el corazón había reventado. El tipo (lo afirmaba alguien que parecía tener autoridad en el foro) estaba con el pene duro como una roca; una sonrisa enorme; todos los músculos agarrotados.

A las tres y cuarto de la madrugada, con la cien palpitando furiosa, dos líneas de coca encima y un miedo gigante, el foro ya no parecía tan estúpido.

—¿Palo?

—¡Sí!

Otro de baja frecuencia: “¿No tenés identificador de llamadas, forro?”.

—Pero… ¿Qué…? Escuchame, ¿dónde estás? —sonó preocupado. Eso hizo que Palo se tranquilizará. Su madre solía decir: “No es bueno contagiar el caos, pero tampoco es  bueno ser el único alterado”.

—No tengo idea de dónde estoy…

—¿Te están siguiendo? —su alarma crecía.

—¡Sí!

—Sos un boludo… Te dije que tuvieras cuidado…

—Percha, la puta que te parió…

—Te dije… ¡Te dije! —parecía al borde del llanto.

—Percha… —de pronto le estaba costando mucho llegar a la próxima esquina—. Ayudame, por favor…

—Pero…

—No se puede… tomé precauciones… Es imposible… No podemos hacerlo a nuestro modo… Me van a hacer mierda…

La esquina, incluso, daba la impresión de alejarse. La Chevy, no habia lugar a dudas, adivinaba sus pasos: el rugido crecía.

—No, no, no, no… —Percha, ahora sí, lloraba.

Una imagen fugaz: Percha en el primario, llorando en un rincón, porque un grupito de pibes había decidido que no podía formar parte de ninguno de los equipos de fútbol que se habían armado en el patio. Un llanto silencioso, avergonzado… Un llanto con más de odio que de tristeza. Después de eso Percha no había tardado en transformarse en su mejor amigo… Y ya nunca lo había visto llorar. Porque Percha, a pesar de lo que muchos habían pensado esa tarde en ese roñoso patio de colegio, era fuerte.

—Percha…
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por Titán Junior

[Sobre Los Niños]

Una revista/fanzine que muestra ciertas pavadas de un grupo de personas que gustan de las comodidades como la cerveza, la internet y los capítulos de seinfeld.

[Editorial de este número]

"Hace mucho, mucho tiempo pero en esta misma galaxia, se nos ocurrió la idea de hacer una revista para mostrar un montón de cosas que probablemente no tuvieran sentido. la leyenda dice que esa revista existió, aunque no nos acordamos demasiado porque también pasamos mucho, mucho tiempo tomando cerveza. así que dejaremos de pensar en ideas absurdas y volveremos en forma de fichas al futuro, que es brillante y todo nuestro."

[Contacto
face: Los niños

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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.



ph: Carola Borquez

[Mini-Bio o Auto-semblanza]



Soy Julián I. Perla, nací en San Martín Prov. de Bs AS, y mi sueño es jugar un Mundial. Hace muchos años soy liderado y liberado por Mi Pequeña Muerte. También soy un mediocre pero entusiasta jardinero. Vivo en la casa de un gato que se llama Barret y voy por ahí rodeado de buenas compañías. Siempre pienso en comprarme una moto. Me gustan los cambios de estaciones, las fiestas de fin de año y el fernet con soda y limón. Y cuando no sé qué decir, digo adiós.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?

Tiempo, espacio, fe y un poco de amor francés.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Riquelme es de ficción o existe posta?

3. ¿Qué talento desearías tener?

Hablar fluidamente con perros y gatos y entenderlos.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

Estas flores.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

La traición

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?

El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad. (LVB)

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

Despejado con amenaza de tormentas

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

Una montaña.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Irme al descenso.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

El pasado es un espejito de colores.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?

Tarana de Ravi Shankar

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?

Hay varias que quisiera dejar de tocar pero me tocan ellas a mi, las canciones son todas iguales, nadie las entiende.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?

Obviamente el de los nabos de Xhghfgdjhiufhixcftr que además son mala gente.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?

Adan Buenosayres de Leopoldo Marechal, y también me hace llorar, todo al mismo tiempo.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

A mi hermano, y juntos salvaríamos a Godzilla de algunos músicos.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?

Estoy pensando en chicas, perdón.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?

Por suerte, siempre guardo algunas espinas para el próximo.

[Contacto]

mipequenamuerte.bandcamp.com

patadavoladora@gmail.com
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Acerca de Marcadores nuevos, de Luciano Luterau (Editorial: Letra Viva)

 
Por Florencia Defelippe

Tomando como punto de partida la imagen de dos adolescentes sobre una cama que se prestan libros, Marcadores Nuevos bien podría ser la historia de cómo se formó una banda de pop. Con referencias en clave humorística que abarcan tanto a Marcel Proust: “Así, por ejemplo, I touch myself, de Divinyls, no nos parecía más que un cover de En busca del tiempo perdido” [p. 23] como a Sarmiento “Somos el Quiroga Tiger [p 97]”, el conjunto de citas y obras que se re- versionan y encuentran una correlación en el presente conforman la materia narrativa del texto de Lutereau: “Una novela de mil páginas se puede condensar en una canción de tres minutos [p. 24]”. Ésta última pareciera ser la intención de la nouvelle, pero lo que se busca condensar aquí no son novela y canción, sino la historia entera de la literatura, del lenguaje, y, en el medio de ambos  – para darle un registro adecuado a la voz que narra – , el rock.

            Sin embargo, tampoco se trata de eso: sino de tomar a todos esos elementos para re- escribirlos lúdicamente, destruyendo cualquier posibilidad de análisis posible.

            Más allá de lo anecdótico (dos adolescentes que leían juntas en la misma cama y se prestaban los libros), en Marcadores nuevos no hay nada que contar, nada que comprender, nada que enunciar. La escritura va, viene, vuelve sobre sí misma y se destruye.

            No busca ni quiere decir nada, y ahí está lo exasperante; es una obra imposible que habla sobre una trama también imposible:

“-No, ya te dije que no hay qué: pero no estoy diciendo nada.

-¿Cómo nada?

-Sí, la nada, pero no como otra cosa, y no como reverso de algo, sino como un algo muy especial.

-No entiendo

-No hay nada que entender

-¿Nada?

-Sí, la nada que hace que haya algo, sea que lo llamemos el Ser, Dios o la música-” [p 52]



            Así, estos dos personajes van descubriendo, en los libros prestados, en las voces – en “la voz”, aquella que siempre está pero por algún azar desconocido nunca llega a encontrarse del todo – y en sus propios recorridos, que las historias se repiten, que las novelas de iniciación bien podrían ser traducidas como canciones de amor fugaces, veloces como la luz y sin embargo, con una intensidad igual de abrumadora. Por este motivo, la traducción (esa “sutil traición”) también cae en un imposible: “Nuestra tarea en el mundo o, mejor dicho, en nuestra vida, juntas, sería intentar capturar, en canciones ciertas formas de sentir que hubiésemos encontrado en nuestras lecturas, a sabiendas de que, en realidad, no estaríamos transformando una novela en una canción. Mucho menos podría tratarse de una traducción temática.” [p 46.]

            Si bien la elección de la narradora por momentos cae en lugares comunes, se obtienen buenos resultados cuando el personaje se “sale” del registro adolescente y cuenta lo que realmente quiere contar, el meollo de lo que busca – en su fuero más interno – la novela Marcadores nuevos (parafraseando al poeta Santiago Pintabona): “Nadie escribió la novela de mi generación/ tal vez porque mi generación/ ya no tiene novelas/ tendrá nouvelles/ o cuentos/ en antologías que me aburren”.

            No es casual que sea ésta la cita que cierra a la tercera y última parte del libro, a lo largo de la cual se exponen una serie de conocimientos que dan lugar a otras citas y acontecimientos que se desprenden de los primeros y así hasta llegar a la siguiente conclusión: esta generación necesita una novela, no la hay, no la habrá, podríamos postularnos y escribir la novela de nuestra generación pero pasará de largo, o no la leerá nadie, porque no, porque es así, porque pensar demasiado en esto es aburrido y en definitiva, como dicta el poema nº 55 de -nuevamente-, Pintabona, todo se trata de un juego: “jugamos con palabras” (La escritura,  Santiago Pintabona, Pánico el pánico, 2011).

            En el medio de todo esto, una historia de amor entre dos adolescentes-hermanas demasiado parecidas que se separan, que comparten la primera y única experiencia real, definitoria, concreta: la llave hacia el mundo (o al Mundo) de todo el cúmulo de experiencias que vendrán después (porque, ¿qué son las experiencias del mundo adulto sino un despojo de las verdaderas, dolorosas y vivas heridas de esa transición inexacta y bizarra entre la niñez y el mundo de los más grandes?)

            Quizá por ello no haya otra forma de narrar que no sea desde la memoria, como la magdalena que siempre remite al mismo recuerdo, como el inicio de algo nuevo que siempre traerá alguna reminiscencia del pasado, como los 'marcadores' o marcas que regresan, pero nunca desde el mismo lugar.