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El artista santafecino Martín Lapalma hace del color un manifiesto, de sus personajes e inscripciones, un ataque a la pasividad.

Por Escrituras Indie

El 14 de Junio, Matienschön, el espacio de arte del Club Cultural Matienzo, inaugura F.E.A.R, la muestra del pintor autodidacta Martín Lapalma. Al indagar sobre la serie lo primero que surge como dato revelador es el titulo, que en castellano significa “miedo”. Aunque es una sigla popularizada por un videojuego de tiros, sangre, violencia y esas cosas que tanto animan a nuestra generación. Al ver los trabajos de este artista, es imposible, como espectador, permanecer impávido ante la furia del color y la expresividad de los trazos. Hay algo de violencia y misticismo, que el lenguaje visual resignifica en cada inscripción y en cada personaje. Lo externo aparece subjetivado en una lengua propia. Se trata de la primera producción del artista, tras su llegada a Buenos Aires en el año 2009.

Esta serie revela el vértigo de quién  llega a una Buenos Aires nueva, que guarda en sus recovecos toda la mística de los años tangueros. Una mezcla de barrio, jazz y desorden urbano. La melodía del tráfico enfatiza los pensamientos y el desarraigo del recienvenido. El miedo, los miedos, frente a lo nuevo: el nido perfecto para creación artística.

La expresión gestual, lo condensado, la saturación, la lucha por el espacio, los personajes que conviven amenazantes, erguidos y recortados por líneas negras punzantes, en ocasiones trazadas por una docilidad infantil y los fondos que no soportan la presión y se desintegran detrás de sonrisas inquietantes, hacen de esta producción, una invitación a explorar nuestros propios miedos.

Martín Lapalma pinta engendros que parecen atados a una reacción inevitable, a sensaciones y reflexiones urgentes, y a estados de ánimo cambiantes. Son personajes metabolizados por el ánima del artista, que son devueltos y escupidos sobre la realidad del lienzo. Un ataque  contra de la pasividad que el miedo supone. La expresividad en su estado más visceral.


[Sobre la muestra]

Inaugura el jueves 14 de junio a las 21 hs.

Se puede visitar de miércoles a domingo de 21 a 3am y viernes de 22h30 a 3am hasta el 30 de junio.

Matienzo 2424 y Av. Cabildo al 300, Buenos Aires.

Entrada libre y gratuita.

http://clubculturalmatienzo.blogspot.com.ar/
http://matienschon.blogspot.com.ar/
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Budi Satria Kwan




[Arado]

Soplo de viento en la peste
de cabellos que se liberan.
Soplo de álamos en la llanura
de las relaciones diurnas y sexuales.
Movimiento perpetuo en el túnel
que dibujaron sobre mi muñeca.
Temblor intransigente en las luces
que tardan en posicionar las pizcas de liebre.
Soplo de noche en la tranquera
del paso nivel al infierno.
Soplo de arrayanes en la costa
transparente hacia los fuegos.
Alguna quietud no muy evidente
ha dado vida a la abulia.
Si alguien hubiese identificado el arado
cortando las nubes

ninguno de nosotros
dormiría hoy aquí.



[Andar]

Quizás la suerte se adelante maldiciendo
al aventurero.
La vida de los pecados cometidos
no contempla los dolos de esta noche.
Quizás todo este programado para que los fondos de este callejón
desnuden lo que en realidad vinimos a hacer. 
Contraproducente es la mentira
sin ropa.

Mentira es la satisfacción
de haber encontrado el sendero. 
El Sendero es la tumba.  


[Sordo]
Como el destino de aquella mosca
pende de mi voluntad tu araña.
Dos ronchas permanentes son 
entre el pubis y la panza.
Comienza el veneno a deambular 
por los circuitos de la noche impoluta.

Como el destino de aquella mosca
pende una certeza de tus pechos.
Las picaduras jalan estas piernas
desde la puerta enrejada.
Dios mediante los soles siguen la creciente.
Interceden en la aparición de anotaciones, que llevan días extraviadas.
Negra arenilla de barro con la lluvia eterna
los ríos se hacen en la calle, la mugre, el pie, del cerro.
Dos cascos transparentes,
por la ignorancia generalizada,  por sus vacíos de hambre.

Pende de la necesidad, esta deuda:
tu carga con culpa. 


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Se entrenó "Divorciadas, Evangélicas y Vegetarianas", una obra que aborda, con un humor grotesco, la temática de la lucha de género y la búsqueda del amor propio. 

Por Lucía Cholakian

En la tarde del domingo pasado se estrenó la obra “Divorciadas, Evangélicas y Vegetarianas” en el teatro Liberarte. Pablo Goldberg brinda una desopilante puesta del famoso texto de Gustavo Ott, reconocido escritor venezolano, que fue un éxito en el Teatro Comercial de España y ahora se presenta por primera vez en la escena off porteña.
La historia nos presenta a Beatriz, una mujer divorciada y frustrada que se dispone a terminar con su existencia en las vías del tren. En ese preciso momento entra a escena Gloria irrumpiendo en la estación, completamente desquiciada por la traición de su novio, hombre casado que disponía de ella a su gusto. Ambas congenian inmediatamente y crean un lazo de complicidad. Beatriz en su angustia y Gloria en su enojo –que oculta inseguridad-, se unen para enfrentar los fantasmas de un pasado amoroso que las atormenta.
A esta historia se suma el personaje de Meche, una fanática evangelista que trabaja de acomodadora en un cine donde se proyectan películas eróticas. La fusión de los tres personajes deriva en un humor absolutamente grotesco, e incluso a veces ácido, en el cual las tres perspectivas tan marcadas confluyen para crear  situaciones bizarras y por momentos extremas. El encuentro de ellas parecería llegar en el momento justo. Las actuaciones de Florencia Jacoby, Milena Lainez y Mariana Tortora están determinadas por una estabilidad admirable, producto de un arduo trabajo e investigación del texto. 
Acompañadas por canciones de los Beatles, Meche, Gloria y Beatriz gritan, lloran y discuten su vida a través de las tres escenas que la obra propone. Sexualidad, dolor, deseos, sueños frustrados y triunfos se hacen presentes de una manera muy femenina: con los sentimientos a flor de piel, desbordados por emociones alocadas y pasionales. Se abordan con mucha certeza temáticas como  la lucha de género: el hombre, omnipotente, se presenta como un personaje invisible, que está presente en el eco de cada diálogo, de cada acción y cada escena. En respuesta a eso surge la desesperación de estas mujeres que sienten claustrofobia de su propio cuerpo. Ellas se amparan en sus amigas, escapando de  un diálogo tormentoso con quienes no las escuchan.
 Gloria, con moretones en los brazos. Meche, condenada a una religión en la que no cree, a la cual pertenecía su marido fallecido. Un eterno matrimonio con un Jesús que parece no corresponderle. Y Beatriz, divorciada de un hombre del cual tuvo que escapar para responder de una vez por todas a sus pulsiones interiores. Sus cuerpos condenados a voluntades que no son las suyas, deciden sublevarse, liberarse al fin de aquel machismo que las agobiaba.
Una puesta muy prolija, respetuosa del texto, con un humor desenfrenado. Esta comedia nos invita a introducirnos en lugares oscuros para después salir y redescubrirlo todo más iluminado. Un programa acertado para un domingo a la tarde.


[Ficha técnico-artística]
Autor: Gustavo Ott
Dirección: Pablo Goldberg.
Elenco: Milena Lainez, Florencia Jacoby y Mariana Tortora.

[Funciones]
Domingos a las 19:30hs.
Teatro: Liberarte Bodega Cultural.
Av. Corrientes  1555, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Reservas: 4375-2341. Costo de entrada: $50.
 

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Por Pablo Cristín


Brooke Weeber
Y sin embargo, ahí estaba de nuevo, como cada día múltiplo de cinco de cada mes. La sonrisa en la cara como gesto imborrable de la perseverancia absurda que corría por mis entrañas. El cielo esperando el momento justo para dar su mejor golpe y caerse a pedazos sobre mí. La niebla acumulándose para avisar que la madrugada estaba cerca y que el amanecer venía, imposible de detener. Las calles vacías, silenciosas, guardando los secretos de la noche que pasó. Y ahí estaba yo, frente a su casa. Frente a esa puerta de madera horrible que un tiempo atrás me daba la bienvenida. ¿Tocaría el timbre y me enfrentaría de nuevo a ella, o dejaría pasar la oportunidad? La última oportunidad.

Se me venían recuerdos a la cabeza. La primera vez que te vi corriendo furiosa a las palomas de la plaza. Cuando te caíste sobre ese charco de barro y no te importó. Cuando tu pelo largo y arruinado por el sol te tapaba la cara mientras andabas loca en bicicleta. Cuando por fin te decidiste. Y cuando te dije lo que sentía. Cuando escupí lo que sentía. Cuando TE GRITÉ lo que sentía. Cuando todo se desmoronó.

Y ahí estaba yo, de nuevo, como Romeo frente al balcón de Julieta, aprovechando su última oportunidad antes de tomar el veneno. Y las gotas empezaban a bajar. Abrí el paraguas, inmóvil, en el mismo lugar. Mirando la puerta. ¡Qué absurdo! Tenía la mirilla tapada, la madera húmeda, casi podrida, el picaporte oxidado... no quería pensar en lo que vine a hacer.

Mientras escuchaba las primeras gotas resbalar por el paraguas, seguía recordando todas las veces que estuve parado en esta misma vereda, cada cinco días, desde hace ya un año y medio. Gracias a eso perdí mi trabajo. Total, sin ella ya no tenía nada que perder. Y ahí estaba yo, cada día múltiplo de cinco en tu puerta. Tu puerta horrible, descascarada e inmóvil, como queriendo negarme la entrada con prejuicios. Esa maldita puerta, ¡Cómo la odiaba! y pensar que te di toda mi plata, aunque no la querías.

Y ahí estaba yo, atado a mi grillete de recuerdos, tan sufridos que ni el Polaco hubiera podido, con su voz, representar tanta agonía. Esperando que el cielo termine de caer, como cayó aquella vez esa maceta de tu balcón, un día múltiplo de cinco, que dejó mi cabeza casi aplastada. O ese otro día múltiplo de cinco que llamaste a la policía. O ese otro día, también múltiplo de cinco, cuando saliste a los gritos y yo sólo quería hablar.

Y ahí estaba yo. Y esa puerta inconsciente seguía sin moverse. ¡Claro! Yo aún no había hecho nada. La lluvia empezaba a mojarme las medias, yo, estupefacto, miraba la fachada de tu casa sin saber qué hacer. Ya estaba ahí, había caminado tres kilómetros, gastado mis últimos billetes en una cena que me dejó con hambre y ahí estaba yo otra vez. Sin nada que perder.

Sin pensarlo, grité tu nombre. Volví a gritarlo. Otra vez, y otra vez. Cada repetición mucho más fuerte que la que la precedía. Tu ventana estaba alta, pero aún así pude ver que la luz se prendía. Tu silueta, que puedo reconocer aún en las más complicadas circunstancias, se definía muy bien en el contraluz de las cortinas. Caminabas de un lado a otro. De repente, veo que tu silueta se acerca a las cortinas con paso ligero. La tela empezó a tambalear en una forma violenta y vi, casi inmóvil, cómo salía de ella una plancha. Pude notar todo. Como la plancha, totalmente ausente de sentido y de moral, caía sobre mí. Sin poder reaccionar, me vi a merced del artefacto, que impactó sobre mi brazo izquierdo y luego se perdió en la calle y en la lluvia.

Ahí entendí que todo había sido en vano. Al menos esta noche. La plata perdida, el desempleo, las visitas al hospital, las quemaduras, las heridas, las fianzas, el desencuentro, tus manos marcadas en mi cara, tus padres y tu estúpida puerta.

"Algún día me casaré con ella", dije, mientras el cielo por fin se caía a pedazos.

Cerré el paraguas y me fui caminando a casa.


[Sobre el autor]

Pablo Cristín (Alias Pablix Pebablds) es Licenciado en Diseño Gráfico Multimedial y Desarrollador Web, de Ituzaingó, Buenos Aires, Argentina. Nació en Abril de 1987 y actualmente escribe en el blog: Parado en el Abismo, que cuenta con pequeñas publicaciones que son distribuidas en forma gratuita en la vía pública, mezclándose con el paisaje urbano para que la gente las encuentre de forma inesperada.

[Contacto] 
http://www.paradoenelabismo.com.ar


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¡Pungueame que me gusta! Javi Punga vuelve a hacer de las suyas con Rock And Roll Punga, su última producción.

Por Joel Vargas 

Es difícil escribir sobre los artistas de la Plata sin caer en lugares comunes del periodismo de rock: “Los músicos platenses son pibes de barrio, que en sus momentos de ocio libran batallas por el universo. Son los nuevos Eternautas. Sus  guitarras galácticas viajan en el tiempo y se materializan en el bondi, ahí donde estás, colgado de tus auriculares”. Exagero, pero por ahí va la cosa.  Voy a intentar no caer en esa tentación.

Rock and Roll Punga es el nombre del nuevo trabajo de Javier Cereceda, alias Javi Punga. Este prolifero cantautor platense no para de grabar. El año pasado editó El Tiempo del Amor y ahora  vuelve a sorprender.

Alguien nombró el disco pero por alguna razón no captaste lo último, solo escuchaste el nombre del álbum, inmediatamente pensaste “es otro disco de unos pibitos amantes de Pappo y del tren de las 16”. Cuando por fin ves la tapa, quedan pocas dudas, hay algo de los Jóvenes Pordioseros en todo esto. Pero no, las apariencias engañan, mejor  dejar esos prejuicios de lado, esas categorías impuestas por el imaginario social.  Entonces miras mejor y ahí lo ves, en la punta de la lengua: un cartoncito sonriente… Huele a espíritu psicotrópico, ¿no?

La santísima trinidad del rock alternativo se hace carne en las violas y en las melodías del universo Punga. Sonic Youth, Pixies y Pavement dicen presente en todo el disco y especialmente en  “El amor es todo II” y “Campos de Cristal”.  Aunque  no es ninguna novedad, Cereceda  formó parte de la mítica banda Ned Flanders, fieles amantes del trío alternativo. También hay otros guiños, más obvios: “The Cure”, una suerte de “Friday In Love” bien pungueada: “otro viernes más yo me quiero enamorar”.  Ojo, las citas no terminan ahí: “Sandwichs naturales” parece una alusión al Carpo y sus benditos triples de miga.

Si rebobinamos un poco en la carrera de Javi, nos encontramos con “Chica Cheta” y muchas canciones folkies. En esa etapa él jugaba con las palabras. Era un bardero profesional, bien punk, un elegante stone. Sigue así, solo que ahora le sumo una banda a esa identidad, que por momentos reluce algo de Perdedores Pop, sobre todo en “Brilla y sueña”.  Lo más folkie que encontrás en el tracklist es “Vamos a estallar”, una de esas canciones románticas con pandereta incluida.

“Otro día está naciendo, todo puede volver a empezar de nuevo” canta Punga en “Rock para Volver al Futuro”,  como si fuera un Stephen Merritt distorsionado. El saxo del final paga la noche.  Y si querés algo más garagero en clave  “guacho martinfierrista” de Oscar Fariña  escuchá “Rock de la China”. Un poguito con Tadeo Isidoro Cruz no viene nada mal. Mientras el saxo sentencia el final, la china le dice “A vos punga ¿qué te pasa?”. Hermoso.

En “Rock del Tren”, la locomotora platense no deja nada a su paso. Las guitarritas hacen pequeñas explosiones como las del polvo de los chupetines con forma de pie. Te estalla la lengua: “vamos llegando como un tren”.  A esta altura el saxo del final es un leiv-motiv punguero.  Pero, hay una excepción que confirma la regla “Rock de Aladino”, con sus notas  guerreras  llenas de mugre sónica y un “te quiero ya”.

Con “Niños de dios”, Javi Punga, el nuevo Eternauta, va a defendernos de Godzilla (uy lo estoy haciendo). Un viaje galáctico (ahí va de nuevo) con ruido de Zeitgeits y Spiderman 2. Un broche final acorde al rock punga. Y sí, la vanguardia es así.