escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

2 comentarios
a veces
me digo

“tu escribir
no es más
que una serie
de tretas
que fluyen
hacia abajo”

hoy
ya cansado
fastidiado incluso
me respondí

“yo sólo quería
emular
una cascada,
¿acaso
de tus dedos
sí sale agua?”
2 comentarios
Y si no me sale escribir, es porque te tengo en la cabeza. Debería mudarte de ahí y esconderte entre mis costillas... o quizás un poquito más abajo. Te quiero acá y ahora. Pero no me traigas sólo amor. Te quiero a vos. Traeme tu yo que más ganas tengas de regalarme. Traeme todos tus yos y juguemos con los míos. La cama es grande. No te preocupes, entramos todos.
3 comentarios
Qué útil nos sería este fresco.
Este maduro atardecer incoloro.
Esta noche apaciguada de tanto azote.

Cómo aprovecharíamos las maravillas climáticas si…

Qué inútil se nos hace este silencio
muerto pronto en un poema.
4 comentarios

No quiero competir a ver

quién es la perra real,

ni que el premio sea dolor.

Para sentirme sola estar sola

y no en tu casa,

no tu uña en mi garganta,

ni ladridos a los cielos.

Alguna vez agarrarte la mano y andar,

alguna vez comunicación es piel

y va a ser mi tiempo, tu tiempo.

Ahí si, piernas abiertas

y no arañas que nos tejan la carne.

Una noche caen iglesias

mientras nosotras nos abrazamos.

2 comentarios





¨ Entonces aquí termina mi viaje, aquí donde termina mi país y donde termina mi desierto, aquí en Arica, en este puerto ubicado en la punta más septentorial de Chile¨

Memorias del desierto, Ariel Dorfman, 2004.


Un afán por hacer hablar a una tierra desértica comienza a producir un gran despliegue discursivo lleno de recursos literarios e imágenes poéticas que están llenas de palabras y significantes profundos y sinceros en la pampa chilena. Dónde la simple ilustración de un mapa nos ubica en la posición geogràfica del desierto de Arica, en el extremo norte de Chile; es el Desierto un escenario de los inicios de una identidad no solo chilena, si no también de un alcance mayor, mas universal porque él guarda los orígenes y la vida misma. El silencio del Desierto es su propio síndrome, dice:

¨Es como una mujer-había dicho Miguel-. Seduce, atrae… Cuando lo vez por primera vez, el desierto ofrece muchas tentaciones y luego te las va negando lentamente, repite la misma oferta, cada día te da otra vez más, casi con desesperación, lo que ya te ha dado ayer. Siempre igual en su monotonía. Y uno empieza a darse cuenta de que realmente jamás se te entregará.¨[1]