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Al margen de cada una de sus palabras, se sostenían atadas a su garganta,
aún aleteando,
todas las violencias.

Su cuerpo era una de esas migajas de sílabas que se derrumban sobre el piso.
Pero era alivio.
Era donde los segundos comienzan a contar.
Era todo eso que desearías nunca ver.

Su saliva digería otras lenguas.
Invadía espacios destinados a no ser.
Incubaba placebos para no morir.

Él está ahí.
Él y los otros él esperan el sacrificio.

Rocían sobre el margen las sobras de lo que nunca pudieron tener.
Gozan con cada una de las fracciones de tiempo, que comienzan a abandonar sobre sus centros.
Arañan sus pieles gritando sin voz.

Y, ahora, hechos todas las violencias, bañan sus otros cuerpos que mueren,
con sus órganos titilando en la oscuridad.
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Estaba tan borracha...
que me invité a tu cama.
No dijiste que no y, diligente, me diste una remera para que use de piyama.
Te dije que era muy corta, que se me iba a ver todo y te gustó la idea.

Entraste cuando me estaba cambiando y, a pesar de todo lo que estaba por pasar, nos dio vergüenza.

Vos, tan complaciente.
Yo, tan dispuesta.

No pude seguirte.
Estaba viajando.
Era demasiada información para mi cabeza y vos
te encargaste de que también lo sea para mis sentidos.

Yo me escondía dentro de mi cuerpo.
Vos me buscabas en cada rincón.

Yo huía.
Y vos te esmerabas en que me quede ahí.
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Palpitation V2 Art Print

by Orlagh Murphy

Trabajo en mi computadora haciendo la misma mierda de siempre. Ella está recostada en mi cama y lee como si yo no estuviese. Le miro las piernas cada tanto y, mientras intento centrar la vista en la pantalla, me imagino mordiéndoselas.

Vuelvo a mirar y ella se ha tapado con mis sábanas. Sé que si pudiese se arrastraría por ellas con todo su cuerpo, como una serpiente enojada, provocándome, pero sabe que tengo que trabajar y respeta eso (lo cual hace que me pierda en mi imaginación mucho más).
Quiero arrancarle ese acolchado y ver sus piernas enredadas en ese vestido negro que trae puesto desde hace 3 días.

Ya está.- me muestra que ha terminado de leer su libro. Comentó sobre lo rápido que lee. Aunque en realidad, me vale verga. Quiero terminar este puto trabajo para hacer todo eso que estoy pensando y no deja que me concentre.

Cuando se agacha a guardar su libro en el cajón, le miro el escote. ¡Qué increíble! Son las mejores que he visto en mi vida.
Ella me sonríe y me pide un beso que yo le doy.
Nuestros besos nunca quedan en sólo besos. Leo sus intenciones y dejo que lleve mi mano hasta su entrepierna. La toco, se moja. No puedo distraerme, tengo que terminar este trabajo para hoy.
Vuelve a acostarse en mi cama y a taparse con mis sábanas. Saca otro libro de su bolsa, lee dos páginas y comienza a tocarse.
Ya no quiero mirarla. Tengo que trabajar.
Ella, tímida, me pregunta -¿Te molesta que me toque?
Obvio no.- le contesto sin pensar demasiado en esa pregunta que intenta llevarme a la cama.
Ella casi ni se mueve, pero su respiración me cuenta todo.
Comienza a reír y, con esa falsa inocencia, me pide ayuda. ¿Cómo negársela?

Suena mi teléfono. Es Enrique. Pinche Enrique. Tengo que bajar a devolverle unas cosas. Ella ríe.
En las escaleras, sólo pienso en su cuerpo, en sus piernas, en su escote, en todo eso que no me deja en paz.

Decido finalmente posponer el trabajo y hacer todo lo que ella quiera. Por lo menos una vez, por lo menos hasta ver su cara y sentir las contracciones de todos sus músculos.
Le doy las cosas a Enrique y subo casi corriendo.
Abro la puerta y me encuentro con ella desparramada en mi cama. Me mira y sonríe. Sus mejillas están rojas y su respiración acelerada.
Se para, ríe y me dice -Ya está-. Pasa por al lado mío, me besa y entra al baño.
Mejor, vuelvo a trabajar.
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Se toca con Sade.

Cada renglón, se escurre entre sus piernas.
Una a una, las situaciones se hacen reales y ella es la protagonista.
Se encuentra a solas en un cuarto que la deja ser
y, a medida que pasa las hojas,
con sus bordes, roza sus pezones.

Se toca con Sade.
Piensa en cada partícula de esos hedores
flotando en el aire
flotando en el mismo aire que ella respira.

Su piel se traslada en el tiempo
se hace más presente que nunca.
Sus manos
intentan no controlar
y, sutil, se siente revolucionaria.

Se toca con Sade.
Yo sólo la miro y escucho su respiración chocando con la mía.

Voraz, recorre cada oración con todo su cuerpo.
Las saborea con su lengua.
Las llena de fluídos.

No le importa si estoy ahí.
No le importa ser juzgada,

no le importan los títulos de nobleza,
no le importa morir en Charenton.

No tiene discurso.
Sólo el leve movimiento que ondea su figura
que ya se pierde entre las sábanas.
No necesita sofismas.
Sus deseperantes gemidos
la liberan de cualquier prisión.

Ya no puedo pensar.

Se toca con Sade
mientras yo,
me toco con ella.
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Ella dijo: "Domesticá a tu perra".
Él rió.
 
Soy un alimaña y en tu corazón voy escrita con "Y".

No me digas "Cuchi cuchi, baby".
Pongamos reglas claras, para que después romperlas, sea más fácil.

Hoy no quiero que me lastimes.
Sólo haceme daño.
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Lo sé y lo sabés y lo sabemos.
Sólo nos miramos y pretendemos no hacerlo.
Intermitentemente, nuestras miradas se desvían.
Yo para allá y vos para acá.
Casi nunca se cruzan, pero los dos sabemos.

Jugamos a ser victorianos y cuando nos miran, nos rozamos disimuladamente, sonreímos y la gente se incomoda con nuestra contención.
Porque saben que está por explotar, porque saben que nos aguantamos, porque saben que en realidad estamos pensando lo que estamos pensando... porque todos lo piensan.

Hoy te voy a lastimar.
Espero lo mismo de vos.
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Ella se sienta a mirar el mar.
(Así es su relación - Sólo se miran. De vez en cuando se tientan y ella deja que él le roce los pies. Él la busca, la mira, la atrae. Ella se contiene y casi nunca cede).

Él la mira, se acerca, le pregunta.
-¿Qué hacés?
Ella le contesta.
-Nada, pienso en que las olas son como orgasmos.

Él no sabe qué decir.
Eso, a ella, le divierte.


Las olas son como orgasmos.
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Y si no me sale escribir, es porque te tengo en la cabeza. Debería mudarte de ahí y esconderte entre mis costillas... o quizás un poquito más abajo. Te quiero acá y ahora. Pero no me traigas sólo amor. Te quiero a vos. Traeme tu yo que más ganas tengas de regalarme. Traeme todos tus yos y juguemos con los míos. La cama es grande. No te preocupes, entramos todos.