escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

3 comentarios
Visión de san pedro:
ella es una diosa.
Sentada sobre una roca
medita.
No hay después algo puro.
Su pelo toca las nubes que viajan ligeras.
Los colores blancos más luminosos,
nubes
que rozan su cabeza.
Yo abajo con los pies en el agua,
no pienso, sólo escucho el regalo.

Este es mi imperativo:
consumir la porción de infinito
que me toca, aún,
aún cuando me corresponda algo de infierno.

En esa montaña no quedó una pregunta sin respuesta.
2 comentarios
Es la noche más extraña que había tenido desde hace mucho tiempo. Me levanté a escribir pensando que puede ser la ultima oportunidad en la que tenga algo en que pensar; algo útil para contarles. Las letras se están deslizando como un torrente sanguíneo que corre y corre, sin pretensión de parar; corren y gritan, como cuando bajamos con fuerza un cuchillo de cocina para fragmentar un sangriento pedazo de carne. Cocinamos la carne, la comemos y el resto deja de correr y gritar.

* * *

Estoy en mi cama, vestido con la ropa del día. Quiero descansar e intentar dormir, sin fabular demasiado. Eso es lo que me perturba; no puedo dejar de pensar en las situaciones que imagino constantemente, en las respuestas que elaboro y situaciones comunicativas con las personas que quiero hablar. Todo es dentro del imaginario de mi conciencia, que no es real. La elaboración de ese proceso es tan, pero tan minucioso que estresa al máximo. Pero, noches como la de hoy me superan. El estrés es tan al extremo que no puedo relajarme cuando lo necesito. Me doy vuelta, me destapo, me vuelvo a tapar.


* * *

La luz de la cocina impregna mi papel para permitir que todo el ambiente que necesite se ilumine sin piedad. Comienzo a lapidar las palabras. A pesar de la clemencia, la luz es bien débil y tengo que acercarme con minuciosidad al papel.
A mi costado se ubica la puerta que da al patio, con un vidrio semitransparente que deja ver la noche ventosa que empieza a acercar una tormenta poderosa. Hay también, una cortina de plástico, de esas muy cotidiana y hogareña pero que golpea contra la puerta haciéndome pensar que hay algo mas afuera. Es un inmundo golpeteo. Es un sonido muy desagradable.
Antes había prendido el televisor. Un canal de cable sin éxito, estaba pasando una película erótica o semipornográfica; de las que uno nunca entiende el argumento porque lo que mas interesa es la imagen sexual delante d la pantalla. Me había sentado, había comenzado a mirar la película y había comenzado a masturbarme sin ningún tipo de pudor. Los dos cuerpos, desnudos y pegados me invitaban al juego del deseo y del placer uníoslo. Mientras los contemple admirado se me cruzo la idea de quienes serìan esas personas; la sinapsis truncada de mi memoria permitió asociar al actor activo del evento sexual con algún sujeto que conozco, con uno de esos que perturban la vigilia de mis fábulas motoras. Cuando se me cruzo esa idea, un espasmo eléctrico recorrió todo mi cuerpo cortando con el placer unipersonal, impidiendo un goce nocturno y propicio. Yo también quiero, pero a mi me toca la basura de la película. Me limpie.
Percibo con mayor intensidad el golpeteo de las tiras de la cortina sobré la puerta de metal. Muchos cuchillos largos cuelgan y empujan sin cesar. Provocan un ruido estridente. Todavía estoy siendo iluminado. Me detengo a pensar en blanco (es posible). Giro la cabeza hacia la ventana que se ubica detrás de mí y vislumbro una imagen amorfa que se desliza por el pasillo de la parte de afuera. En menos que segundos cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Distingo la misma figura, pero de la ventana paso a ubicarse delante de la puerta.
Yo de costado, con la cabeza inclinada hacia esa extraña imagen que se que me busca. Escucho el reloj que marca los últimos posibles segundos. Y los cuchillos. Me muevo y corro el pasador de la puerta con cuidado. La imagen ya no es tan amorfa.
En tu presencia siento una afirmación con la que estamos de acuerdo sin dudas. Te observo un segundo y puedo distinguir tu mirada perversa debajo del velo que cubre tu rostro. Yo se quien sos. Doy un paso hacia atrás y comienzo a desvestirme con tranquilidad. Quede totalmente desnudo, despojado de todo procedimiento de defensa a voluntad mía. Me agacho y me acomodo en posición fetal; tengo frío, estoy sintiendo mucho frío en esta posición. No te imploro piedad, sólo pronuncio tu nombre, y así vos podes entender que ya está terminando. El último espasmo de frío recorre mi cuerpo y ya no estas en la película. Que delante de ti, como yo quería quedar.

Es insufrible.
3 comentarios
Ensueño, casi sueño.
Acunada por secuencias
de aceleración y freno.
Perezoso zamarreo.
Disimulo que me dejo, me dejo,
me desarmo,
me desojo,
con cada ensamblado tuyo
de cada sílaba tuya.
¿Me llevás a dormir?
Meceme en tu voz,
estoy a punto de caer en tu hombro.
NO SUSURES, QUE TE PIERDO.
Que tengo ganas de ser desnuda
para sentir mejor el verso
que empuja desde mi vientre.
Dejémoslo acá,
intuyo que no he de dormir
buscando ropa en la madrugada,
y todavía es muy temprano
para revelar zonas sensibles.

·

2 comentarios

dejé que el viento me consumiera

mientras aprendía a olvidarme del desconcierto

quise borrarte de mi cuerpo escupirte de mi noche,

en la sombra, en la sombra,

quise vomitarte con fascinación

omitiendo esa ansiedad insatisfecha con la que tanto me juzgaste

te busqué

te seguí buscando

en esos laberintos de barro

en esos bares mugrosos

la imbécil

la infeliz mas evidente del mundo

te expulsaba volviéndote a buscar

te desterraba suplicándote una gota de ternura

que nunca le devolviste

te escupió – te masticó – te odió

te encontró – te gritó – te amó

te envolvió – te enredó – te sofocó

[fin de su persona]
·
0 comentarios
Mi era es la lucha libre del mundo
y en ese planeta, atletas gigantes,
bizarramente vestidos, luchan con sillas plegables
y llaves aéreas sobreactuadas.
En el horizonte puedo ver claramente
el botón para apagar la realidad.
Lo que pasa es que apagar el televisor
en esta era es como haber llegado
al fondo de la soledad.
Y uno a veces llega a sentirse culpable
de no sentir y pensar como la tele…
esa es la tragedia.
Mi era es el abrir y cerrar de ojos
de una vaca mirando quedamente la hierba.
El mundo árido, salpicando sangre el suelo
con más sed de la que puede saciar,
consume la misma sangre
que le arrebató el aire y el agua
a la tierra.
Mi era es un tirar de nuevo los dados
de un dios sin suerte.
Y mi ser era exactamente lo mismo que es mi era.