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Ensueño, casi sueño.
Acunada por secuencias
de aceleración y freno.
Perezoso zamarreo.
Disimulo que me dejo, me dejo,
me desarmo,
me desojo,
con cada ensamblado tuyo
de cada sílaba tuya.
¿Me llevás a dormir?
Meceme en tu voz,
estoy a punto de caer en tu hombro.
NO SUSURES, QUE TE PIERDO.
Que tengo ganas de ser desnuda
para sentir mejor el verso
que empuja desde mi vientre.
Dejémoslo acá,
intuyo que no he de dormir
buscando ropa en la madrugada,
y todavía es muy temprano
para revelar zonas sensibles.

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dejé que el viento me consumiera

mientras aprendía a olvidarme del desconcierto

quise borrarte de mi cuerpo escupirte de mi noche,

en la sombra, en la sombra,

quise vomitarte con fascinación

omitiendo esa ansiedad insatisfecha con la que tanto me juzgaste

te busqué

te seguí buscando

en esos laberintos de barro

en esos bares mugrosos

la imbécil

la infeliz mas evidente del mundo

te expulsaba volviéndote a buscar

te desterraba suplicándote una gota de ternura

que nunca le devolviste

te escupió – te masticó – te odió

te encontró – te gritó – te amó

te envolvió – te enredó – te sofocó

[fin de su persona]
·
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Mi era es la lucha libre del mundo
y en ese planeta, atletas gigantes,
bizarramente vestidos, luchan con sillas plegables
y llaves aéreas sobreactuadas.
En el horizonte puedo ver claramente
el botón para apagar la realidad.
Lo que pasa es que apagar el televisor
en esta era es como haber llegado
al fondo de la soledad.
Y uno a veces llega a sentirse culpable
de no sentir y pensar como la tele…
esa es la tragedia.
Mi era es el abrir y cerrar de ojos
de una vaca mirando quedamente la hierba.
El mundo árido, salpicando sangre el suelo
con más sed de la que puede saciar,
consume la misma sangre
que le arrebató el aire y el agua
a la tierra.
Mi era es un tirar de nuevo los dados
de un dios sin suerte.
Y mi ser era exactamente lo mismo que es mi era.
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I

nervaduras pálidas del rumor que excarba las ruinas


palabra alguna devuelve jamás los talismanes?


abajo: las raíces remotas del turbio río, de la niebla impura

los dedos de tu lengua. los dedos de tus ojos
-talvez-



alguien, con cuidado, derramó entre nosotros el tiempo como una lastimadura

antigua y enemiga




II

acordes negros: fulgor, alimento.
memorias de sequía trajo la única llovizna.
*
sin apuro, con suavidad: una gota dulce y secreta
horada
el lugar de la sed.
*
pierde luz esa herida, se fue borrando
osea: bien por lo bajo se arrastra la palabra peligrosa: respira, quema
entre pétalos y escorias.
*
no es la oscuridad:
fue el bramido de los párpados cerrados

muy antiguas uñas
insomnes trabajando las paredes de la niebla

en el descenso
sucedió el néctar paciente de los amordazados





abrís los ojos:
tanta tanta tanta luz se derrama ahora de tu comisura


~ a Xoa, que sabe con la lengua ~
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Desnudo a la intemperie.
Exijo correr los riesgos
del estilo y de la convicción.
Grito, aullo mis milagros,
lo miserable que me siento
al no encontrar la palabra justa,
presiento la desesperación
y sin embargo nos inunda la suerte.
La pureza de correr a ningún lado
de no mirar, de no observar
es como el criterio de los locos
al seguir diciéndonos
que van por nuestro camino.
Después de todo.
De acariciar, de lamer el metal,
de llenar nuestro paladar de aluminio,
nuestra nariz de impurezas,
nuestro sentido de odio,
los gritos detrás de las puertas,
las sombras detrás de las luces.
Los ambar, los azules,
los iluminados y sus iluminaciones,
los cantos, las voces,
las canciones y la melodía dulce.
Vuelven para dar letras,
guiones de comedia,
lágrimas de tragedia.
Escondido en la intemperie,
en lo que se cree lejos,
en lo que se ha dado por silencio.
Inundo las raíces,
las ahogo como siempre,
me quito los sueños
para poder dormir,
me corto los brazos
para no reclamar al cielo,
me corto los ojos
para verlos sangrar,
para después incendiar mis oídos.
Lo que ha sido ausencia
ahora es anhelo.