escrituras.indie es un medio alternativo para la libre difusión de literatura y arte independiente | todo nuestro contenido se comparte bajo una licencia creative commons 3.0

1 comentarios
La lluvia me esta sorprendiendo.
No espero volverte a ver con mis ojos empañados.
Dejaré que la garúa de esta noche empalme mi rostro,
recorriendo
mi agrietado cuerpo
terminando en el suelo empolvado del tiempo.

Corro hacia la ventana.
Observo como la garúa que salio de mis ojos se va,
se va. Se esta yendo por las calles de mi barrio y,
DESEMBOCARÁ.
Todo en una bocacalle de alguna cuidad que no conozco.

Ahí quedará depositado lo que fuimos.
Y ahí, estaré esperando.
Cuando la garúa no sea más garúa y sí sea lluvia.

Espero encontrarte en esa BOCA-CALLE profunda de desprecios,
Donde seremos líquidos de aguaceros.
LIQUIDOS,
que recorrieron infinitos adoquines de calles anónimas;
que se filtraron por avenidas superconcurridas de viajes;
que esquivaron las esquinas para encontrar una nueva aventura.

Hasta desembocar en el mismo pozo, donde ya no nos conocemos.

Somos sustancias combinadas arrasadas por la lluvia,
no nos podemos reconocer.

Pero sospecho solidamente que estamos fundidos en la misma unidad.

·

4 comentarios

esperé lo que no fue mientras intentaba olvidarme de olvidarte

divisé de lejos una luz encubridora

y tal vez deliré con que fueses vos

aunque supiera que nada podía ser más inverosímil
por que sos tu
única cómplice
detestable y manipuladora como nadie
solo dejás acercarse a tu sombra
como yo
pero en vos

((como vos))

somos dos corrientes de agua repugnante, colmada de impurezas

yo en mí
vos en vos

un poco más de lo mismo

1 comentarios
Damián Liviciche
2 comentarios
Voy a dejar que mis mentiras
me entreguen sus sorpresas
padeciéndolas
negándome a saber
dónde, los días buenos

desde la soledad
insuficiente en la sombra
soy el extra casual en la foto
la que guardo en la memoria

soy nombres
a veces, eutanasia
sangro, extraño
ya no soy el botón de la inocencia

pero queda una revancha
desperezándose en el tintero
de la duda
y de la cobardía.
1 comentarios
Cien velas arrodilladas en el horizonte.

En la orilla del mar
guardo mi corazón en un tubo de ensayo,
con el único placer
de sentir la arena
colándose entre los dedos de mis pies.

El viento tiene los dientes congelados.

De repente siento unas ganas indecibles
de meter las manos por debajo de la remera de la luna.
No llegar tan alto me hace caer.
Voy recto,
como un tronco que abrió los brazos,
y cierra los ojos muy despacio
cayendo lentamente.

Las cien velas se incorporan para ver mejor.

Despierto.
Han hecho libre a mi corazón.
Lo han predido fuego
y quieren levantarlo del mar.