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| Sobre la autora |


Eliana Ramponi nació en Mercedes, Provincia de Buenos Aires,Argentina, el 4 de octubre de 1984. Es escritora y collagista. Cursó estudios en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Sus poemas se han publicado en diversas antologías y revistas literarias nacionales e internacionales (Italia, España y Venezuela). Coordinó el ciclo literario Cronopios desde el 2008 al 2016. En abril de 2017 publicó su primer poemario “Éter” por la editorial Diamantes en Almíbar. En 2019 fue seleccionada para participar de la Antología Federal de Poesía, organizada por el CFI (Consejo Federal de Inversiones) y presentada en la Feria del Libro de Buenos Aires. Realiza obras de collage análogo de forma autodidacta, en donde la literatura, sus poemas son gran parte de su inspiración al igual que el cuestionamiento de la realidad diaria. Su obra forma parte de la galería de arte TREGUA en Perú y del Estudio de arte CUETO en Mercedes. Prepara su primera exposición individual para mediados de 2022. En 2020 su obra collage “Rayuela” fue seleccionada para ser parte de la exposición organizada por “Mujeres que cortan y pegan” durante la Feria del Libro de Madrid. En 2021 su obra de collage “Esperanza” fue parte de la exposición colectiva durante el festival NUDO de poesía desatada en Barcelona. Dicta talleres de poesía y collage online. Actualmente es una de las voces del podcast: La revuelta literaria en Spotify. Su segundo poemario y su primera novela están próximos a publicarse.



| Contacto


elianaramponi@gmail.com 

IG: @esto_no_es_aquí 

FB: Eliana Ramponi

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Comodidades 


‘’Lo que no es selva es ruina’’ 

Jorge Boccanera 


La casa que alquilamos 

aquella vez en Coroico 

era verdaderamente 

muy completa. 

Si yo, creo, tenía veintidós años 

vos, entonces, veintiséis. 

Era de madera y hojas tibias 

daba a la yunga 

de a ratos la cubrían nubes 

que eran mansas y además había 

una cama con colchón. 

En el extremo sur 

de la cuenca amazónica 

fui colmada por el miedo a la selva alta 

por la lluvia, la humedad de un pueblo 

o digamos la furiosa 

desmesura del amor. 



...



Hundertwasser 


Los departamentos magníficos 

de ventanas con contornos desiguales 

que yo vi que hizo Hundertwasser. 

El primer piso del conventillo de Dock Sud 

con pileta para lavar los platos 

puesta afuera, donde pasó mi mamá su infancia. 

La mejor casa que leí: de Diana Bellessi, 

en el pueblo de Zavalla. 

Cuando hice hogar en un sótano 

del barrio de Mombach 

y lidiaba con Frau Müller, la encargada 

que protestaba cada día. 

Las casas de Presidente Perón que visité, 

las que son a medio revocar y se congelan en invierno. 

Y tu cielo de ladrillo que conocí ayer 

cuando me invitaste, pasadas dos cervezas. 


...



Mar del Plata 


Juana pasa el tiempo en la orilla del mar 

junta caracoles, piedras y pedacitos de vidrio pulido 

elige las piezas por su forma, color, textura o casualidad 

este verano consiguió: óvalos, triángulos 

lisos, con puntos, con líneas 

color nácar, gris y rosado. 

Las dos nos encendemos con poquito 

nos espantamos si los pueblos no tienen 

muchos sonidos o muchos caracoles 

atesoramos en verano y reconocemos lo bello 

que cada tanto se ofrece a más no poder. 


...



Rinrraje 


Caminan por un barrio 

con jazmines 

que flotan 

y hacen bien 

en salir sorpresivamente 

de las paredes; 

Villa del Parque, por ejemplo. 

Se estiran en puntas de pie 

para tocar el timbre 

o quebrar dulcemente 

la repetición de los días. 

Van latiendo 

hasta guarecerse, las dos 

al costadito, 

se ríen. 

Qué euforia 

ir a la deriva, interrumpir 

la serenidad 

a la hora de la siesta. 





| Sobre la autora

 

Nadia Rizzo, nació el 2 de octubre de 1978 en Buenos Aires 

Es trabajadora social y doctora en Ciencias Sociales. 

En los últimos años ha participado de diversos talleres de escritura y de lectura de poesía. 

Actualmente asiste al taller de escritura de poesía que coordina Verónica Yattah. 


| Contacto |


IG. 

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collage por @nubelectrica




 hablé de mi corazón como un objeto a interpretar



hablé de mi corazón  

como un objeto a interpretar


supo juntar todavía

con esa envidiable paciencia

de hormiga obrera 

lo que perdió:  

lo colocó dentro 

de un bosque vacío

pero nunca aprendió 

a desertarse

a transitar sin duelo 

su propio cuerpo


hablé de mi corazón 

como un objeto a interpretar

un no-poema

que deja olvidado

en un baño de estación

su propio movimiento


nunca aprendió a colisionar

sobre lo roto del asfalto

nunca aprendió a ser objeto ni a descarriar

lo interpretado

hacia ninguno de los caminos


...



Level 1


el sonido es el futuro 

sobra sol

alguien escribe su imposibilidad de escritura y su resumen 

argumental encima

de su propia imagen


el espejo agita el fondo

se llama

«reimpresión literal»

(el poema no es lo que quedó escrito

sino su búsqueda)


a continuación graba murmullos con la ayuda indispensable

de una aplicación

de celular

el sonido es el futuro


el fondo del espejo

se convierte en una brick game fluorescente

y su falsa promesa de mil juegos en uno

cae 

también 

en bloques


otra flor crece mientras los espejos 

- monstruosos

abominables –

(igual que los ruidos)

multiplican



...


 


Al final de estas líneas

estarás

en esa sensación anónima y dispersa

de volver a ser uno mismo.


Giselle Rodríguez Cid

(Santo Domingo, República Dominicana, 1980)




cada quién en su distopía empalagosa mira la prenda caer

hacia lo interior

cuál es la fuente de luz que ilumina el objeto

a qué ritual mesoamericano se atiene 

este fenómeno


en cualquier cosmovisión se dice que hay

autoproyección

normativas establecidas simbólicamente

en el cerebro humano 

lo anónimo y lo disperso que luego 

convergen en una sola línea de puntos

imitando en un dibujo la foto 

de la izquierda


en qué parte del documento figura redactado que volver a ser 

es un derecho adquirido y no

un delito


alguien que nunca llegué a conocer 

sin mirarme a los ojos ni tomarme bruscamente de los hombros 

me dijo:

nada de lo que alcanzás en esta vida es real

la neuroevolución es el camino 

equivocado


y vos

¿de qué color ves el vestido 

en la pantalla?






| Sobre la autora |



Vanesa Almada Noguerón (Buenos Aires, 1980). Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Participó en diversas publicaciones antológicas, revistas culturales de difusión virtual, ciclos de lectura y festivales nacionales e internacionales, tales como FIPA (Festival Internacional de Poesía del Atlántico, 2014), La Juntada-Festival Internacional de Poesía Joven (2015 a 2018), FIPMAD (Festival Internacional de Poesía de Madrid, 2017), Festival Poético Onírico Internacional (Reino Unido, 2020), Festival Internacional de Poesía de Rionegro (Antioquia, Colombia, 2020), Festival de Poesía Comala (Cuba, 2021) y Festival Internacional de Poesía Caracol Tijuana (México, 2021), entre otros. Actualmente reside en la ciudad de Mar del Plata y colabora en las revistas y plataformas literarias Liberoamérica y LALT (Latin American Literature Today). Edita el blog «Chorrera de palabras» [almadanogueron.blogspot.com]. Publicó Entre los ruidos (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego (Autogestivo, 2017), Los demás (Liberoamérica, 2019), Límbica (El Taller Blanco, 2020) y Cómo no se resuelve un köan© (Qeja Ediciones, 2021). 


| Contacto |


IG: @vane.almada.nogueron 

[+ info en: linktr.ee/vane_80]

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¿Cuál es la poesía del siglo XXI? ¿Qué editoras están haciendo el trabajo de hallar nuevas voces en la escena literaria? En esta nueva edición de “Bucear en internet y encontrar poesía”, Malena Romairone nos da claves para comprender la relación entre literatura, producción, traducción y publicación.


por Malena Romairone



collage por @nubelectrica



En esta ocasión conversamos con Carla Santángelo Lázaro, poeta, editora y docente en la editorial española Proyecto Índigo, sobre poesía, experiencia, edición y espacios seguros dentro del ambiente literario. ¡Sean bienvenides al universo Índigo!


Hablemos sobre Índigo: ¿podrías contarnos cómo fue que surgió el proyecto?¿Qué criterios utiliza Índigo Editoras para la selección de su catálogo? 


Índigo surgió en una plaza de Madrid compartiendo unas cervezas. Marina y yo vivíamos ambas viajando. Escribíamos en nuestros blogs sobre viajes desde una perspectiva intimista; nos gustaba leer diarios o historias de vida. Había algo muy fuerte que nos unía: soñábamos las mismas cosas, queríamos crear un espacio donde compartir inquietudes sobre escritura y literatura, donde sintiéramos que nuestra vocación profesional, nuestra pulsión política y nuestras búsquedas artísticas pudieran confluir. Entonces empezamos a pensar en Índigo primero como una revista y luego como una editorial, un espacio cultural, una pequeña escuela de escritoras… El proyecto fue evolucionando mucho con los años y, al mismo tiempo, mantuvo su esencia del principio.


 En cuanto a los criterios, los libros con los que trabajamos suelen estar especialmente tocados por la experiencia, por la intimidad de sus autoras, pero en general es un catálogo muy diverso. Sobre todo creemos en esos libros en los que la voz que escribe se deja atravesar por la belleza de las pequeñas cosas.


La editorial es española y cuenta con libros de autoras argentinas como Pilar Cimadevilla y María Ragonese. ¿Cómo es ese intercambio? ¿Podrías contarnos sobre Casa Índigo? 


Desde el principio hemos confiado en autoras argentinas que estaban empezando su carrera literaria porque creemos que hay muchísimo talento en ellas. Además, el proyecto Índigo está íntimamente ligado con el país desde siempre, tenemos una red muy linda allá, amigas a las que admiramos. No siempre es fácil, pues hemos tenido problemas para la distribución, por ejemplo, pero seguimos insistiendo en la importancia de nutrirnos mutuamente. 


Casa Índigo es uno de los pilares fundamentales del Proyecto Índigo. Hoy en día funciona como una plataforma virtual en la que investigamos literaturas con perspectiva de género y creamos contenidos sobre temas muy diferentes. También es una escuela de escritoras en la que abrimos espacios de taller y acompañamientos creativos para que aquellas que están explorando su escritura puedan hacerlo en un espacio seguro. 


¿Cómo pensás que se configura un espacio seguro dentro de la literatura?


Para que haya un espacio seguro, quien escribe tendría que poder partir de la premisa de que la escritura en sí misma vale la pena, que como ejercicio improductivo puede, igualmente, transformarnos, y que eso es valioso, no necesita ser legitimado por nadie, por ninguna institución. Además, creemos en la necesidad de decirles, a aquellas que se acercan a Índigo, que sus historias cuentan. Que todas podemos decir algo y que la magia de la literatura reside en cómo decirlo. 


En nuestros espacios nosotras no somos figuras de autoridad que juzgan si lo que escriben las chicas está bien o mal. Nosotras habilitamos un encuentro, una conversación, una forma de leernos con perspectiva crítica. Lo demás lo aportan ellas con su presencia, sus comentarios. Aprendemos tanto de ellas como ellas de nosotras. Tratamos siempre de que los espacios de taller o acompañamiento sean horizontales y respetuosos. Que vengan a potenciar su mirada, su trabajo creativo, a colaborar con las demás, a nutrirse mutuamente y no a demostrarle nada a nadie.


Hemos estado en espacios literarios en los que nos hemos sentido muy incómodas: por la competencia que hay, por el endiosamiento de determinadas subjetividades por las que no nos sentimos representadas, por comentarios como “eso es demasiado personal para ser literatura”. Índigo nace para que eso no nos vuelva a ocurrir a ninguna. 


Tu libro Líquen fue publicado por Agua Viva, editorial con la que charlamos hace poco. ¿Querés contarnos sobre el proceso de escritura? 


Es un libro que empecé a escribir hace unos años como parte de mi proyecto para la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF. Al principio se llamó Si digo mar, era un libro sobre la infancia y la familia, y Líquen llegó después como un libro paralelo que escribí durante un viaje que hice con mi madre. Con Agua Viva había participado en su proyecto Vivero leyendo algunos de los poemas de Si digo mar. Siempre me sentí muy cerca de su línea editorial, de su poética. 


Trabajando en ambos libros a la vez tuve la suerte de que un amigo los leyera y me dijera que en realidad se trataba de un solo libro. Para mí su mirada fue muy importante. Se lo comenté a María, la editora, y enseguida confió en que sí, en que tenían que publicarse ambos como un solo libro. Fue interesante el proceso de recomposición.


¿Une autore que te haya influenciado o a quien admires?


Uf, suena a tópico, pero realmente me cuesta mucho decir un nombre. Lo que puedo decir es que las poetas argentinas del siglo XX (Susana Thénon, Tamara Kamenszain, Alejandra Pizarnik, Amelia Biagioni y tantas otras) me abrieron las puertas para empezar a pensar la poesía de otra manera. También admiro mucho a mis coetáneas latinoamericanas: Natalia Romero, Roxana Landívar, Isabel Zapata, Gabriela Clara Pignataro, Gabriela Luz Agila, María Gómez Lara, Indira Carpio, Melissa Sauma y sigue, sigue, sigue…


¿Te acordás de cuál fue el primer libro que leíste? también podés contarnos sobre tu libro favorito de cuando eras chica.


No me acuerdo, tengo una memoria terrible. Sí recuerdo que mi abuela paterna me trajo un libro de Argentina sobre las aventuras de Manuelita y que me fascinaba leerlo. También que mi madre potenció cualquier pulsión literaria que tuve cuando era niña: las aventuras de Manolito Gafotas o de Los cinco, los libros sobre Egipto cuando me obsesioné con las pirámides y así, siempre. 

También recuerdo el primer poema que me encogió el corazón. Bueno, no recuerdo el poema, sino al poeta, que fue Lorca.


¿Tenés algún nuevo proyecto en mente de escritura o edición? ¿Hay algún tema u obsesión, algún deseo literario que te mantenga en vilo?


Terminé de corregir un poemario que se publica el año que viene y que me tiene muy contenta por quienes confiaron en el libro. También estoy escribiendo sobre la enfermedad crónica, un tema que no me resulta sencillo pero con el que voy tomando fuerzas, aunque no tengo ninguna prisa, es puro proceso. Y bueno, siempre me mantiene en vilo la relación entre la casa y la memoria, sobre todo desde que se vendió la casa de mis abuelos, algo que fue muy doloroso para mí, pero confío en que la poesía siempre es una forma de poner luz sobre las cosas. 



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Ig: Carla Santángelo

Casa Indigo

Indigo editoras


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| Sobre el artista |


Mal Gallina Robert (Mal Flash), artista visual trans, nacido en 1989 en Ituzaingó, zona oeste del conurbano bonearense y viviendo en CABA desde el 2011.

Se formó en la UNA de Artes Visuales, en diversos talleres particulares, experimentando y mirando tutoriales en YouTube.


Se dedica a la fotografía digital y analógica, pintura, dibujo, realización, escenografía, restauración, diseño, recientemente empezó a experimentar con el mundo audiovisual y trabaja organizando y produciendo eventos culturales.


No puede definirse ni quedarse en una sola área. Su obra tiene una parte autoreferencial e intimista, imágenes armadas, montadas o registros de su entorno y la cotideaneidad. El trabajo o la falta de él, la fiesta, la casa, la construcción, las trincheras donde refugiarse, los ciclos y el tiempo


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