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Once melodías de fogón nos acompañarán a repasar la esencia del primer pop británico y a revivir la calidez de nuestro folk-rock. Los chicos hasta el fin, un trabajo discográfico en el que abundan recursos rítmicos y arreglos sutiles, es ideal para recorrerlo en una caminata de esas que no tienen destino alguno.

por Rodrigo Sebastián Peñalba


los chicos hasta el fin cover art
El primer hijo de Los nuevos monstruos, producido por sus propios miembros y grabado en los estudios C.Q. Rancho, El Cielito y Project Studio, repasa un poco el pulso de la canción melódica, siempre tan dispuesta, tan atenta a dejarse cantar.

"Dejarse llevar / no está tan mal" es la primer caricia que recibimos en "Barrilete", y salimos al ruedo, a caballo de dulces arpegiados domados por el juego de coros. Así le hacemos frente a esa sensación de pelearle al viento.

 "La guadaña" nos despabila el andar con la voz de un presentador que avecina la fiesta nocturna, la dulce confusión de andar solos en la carnavalesca oscuridad. Será la melodía del aro del redoblante quién nos tome la mano.

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[Sobre la Revista]
Por y para noveles, Palabras es una revista en línea que tiene como propósito compartir el trabajo de escritores, darlos a conocer y compartir obras que sean de interés para aquellos que gustan de la lectura y la escritura.

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Crónica ilustrada, y en primera persona, de la última edición del festival internacional de cómics: "Crack Bang Boom". Un recorrido distorsionado por la mirada del  Hombre-crustáseo.

por Pedro Mancini 

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Con un encierro ininterrumpido como excusa, Pollerapantalón nos muestra como muchas relaciones se pueden tornar aún más enfermizas que los males que queremos soslayar. 

por Nicolás Gallardo 

Es invierno. Aunque mucho no importa, dentro hace calor. ¿Para qué salir y permitir la posibilidad de contagiarse algo? Por esta lógica se rigen los personajes de Pollerapantalón, la obra escrita y dirigida por Lucas Lagré. Se comenta que fuera hay una gripe de las más letales, pero tiene la particularidad de ser contagiada únicamente por hombres, lo que obliga a los hermanos Leonor y Manuel a quedarse puertas adentro, cuidando tanto a su madre como a ellos mismos. 

Leonor, ante la situación que les toca en suerte, se pone en el papel de centinela: Manuel no debe salir. Él es el único de la casa que puede contraer la gripe y existe el peligro de que pueda hacerla entrar en la casa. La veremos con una responsabilidad un tanto subida a la cabeza. Tal es así que hasta maquillará y disfrazará a su hermano de mujer cada vez que estornude o se quede dormido, esperando así “engañar” a la gripe. 

A medida que la ejecución avance, notaremos que no solamente es Manuel quien cambia de ropa y estilos de peinado: Leonor también se irá vistiendo como un hombre. Al creerse responsable del cuidado de su hermano y verlo tan frágil, el personaje interpretado por Bárbara Massó comenzará a usar las prendas de su difunto padre –antes destinadas para Manuel- y se creerá “el” jefe de la familia. Manuel sufre al verla así, obligándolos a travestirse y actuando como sus cambios de actitudes fueran de lo más normales. Es por eso que Mauricio Vila, quien lo encarna, nos hace saber que ya ni tiene fuerzas para mirarla fijamente a los ojos.

En la sala del teatro La Tertulia veremos poco más que una silla y una puerta móvil que nos marca los límites del cuarto observado. Los personajes construyen la trama propuesta mediante expresiones faciales, corporales y sentidos relatos tan acertadamente que pareciera que no hiciera falta nada más. 

La obra de Lucas Lagré cumple su cometido. Pasaremos una hora en un ambiente agobiante, de esos que agradeceremos que sólo existan como un escenario ficcional. Con recursos prácticamente nulos los actores ayudan a materializar esta tragicómica historia, y consiguen tanto nuestras risas como hacernos pasar momentos de gran incomodidad. Al espectador no le costará gran trabajo ponerse en lugar de Manuel, para preguntarse si salir y correr el riesgo de estar engripado no terminaría siendo más saludable que vivir en esos cuartos cada vez más estrechos. 

[Funciones]
Pollerapantalón se presenta los domingos a las 20:30 hs. en el teatro La Tertulia (Gallo 826). Entradas generales a $70. Jubilados y estudiantes a $50, presentando certificación vigente.
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Hace unos días atrás la galería Honeycomb abrió sus puertas para la inauguración de “Fuerza”, la nueva muestra del artista Christian Riffel, un espacio para la indagación, donde paisajes elementales encuentran en la forma, su costado más vertiginoso. 

Por Nadia Sol Caramella


La línea recta persigue a la curva y se erotiza en el roce de combinaciones exóticas, entre colores caprichosos y sensaciones angulosas. Un juego de geometrías que penetra profundo. La intimidad se ve interpelada. Algo adentro busca lo figurativo, pero no. Eso “otro” aparece funcionando de manera autónoma sobre fondo blanco, sobre fondo azul, cómo flotando en un espacio mudo, sideral.  

Lo lineal adopta formas concéntricas y casi sin querer el color termina por ejercer la presión necesaria sobre la mirada que va forjando y desnudando. En la extensión del plano, el ojo hace de su recorrido una lectura mecánica, pero encuentra lo inesperado. Algo que en un punto lo perturba: fragmentos, disposiciones de líneas y figuras geométricas en fuga. Hay movimiento. No hay realismo donde anclarse. Habrá que apelar al instinto, confiar en lo espiritual.  

El motivo de las obras es enigmático: estructuras laberínticas que podrían ser paisajes resueltos en las instancias de la forma. Entre el murmullo de esas voces de colores y fondos monocromáticos, se evidencian los hilos de una búsqueda suprema. Christian Riffel aclara al respecto: “Creo que el artista no es su obra sino su persona, su ser. Hoy en día, me gustan los artistas que indagan en la filosofía el desarrollo del ser, como el uso de la teosofía. Algunos como Barnett Newman, Kasmir Malevich, Basaldella Afro y Hans Hartung, entre otros.” Una afirmación que sirve para interpretar bajo qué influjos fue concebida la serie.

Este artista reaviva a través de sus obras, una vez más, la vieja promesa de la abstracción, que se alimenta de la deconstrucción y se reinventa en lo primigenio: la línea, la forma, el color. Hay despojo. Por eso es que resulta toda una hazaña para un artista joven inscribirse en una tradición tan vasta y compleja. En tiempos en que el arte hipster conquista y malgasta lo figurativo, la sobreabundancia de tonos “instagram”, el ocaso de lo esencial: la forma mínima.  La adscripción a ciertas formas de las corrientes del arte abstracto, revaloriza el despojo, la única justicia posible ante tanto exceso. 

Un círculo negro sobre blanco o un triangulo rojo sobre fondo azul pueden representar dramáticamente las tensiones de toda una generación. Ahí radica la potencia metafísica de esta muestra.

[Más sobre el artista]

[Sobre la muestra]
La muestra podrá visitarse en Honeycomb hasta el 14 de septiembre, concertando cita escribiendo a: info@inthehoneycomb.com
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.


[Autosemblanza

Jimena Arnolfi (Buenos Aires, 1986).
"Todo hace ruido" es su primer libro de poemas.


[Micro-excursiones]

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?

Estar sola o aislada y saber que durante largo rato no tengo que salir. Si esas cosas no pasan y tengo ganas de escribir igual, me las rebusco de alguna manera.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Creo que no tengo preferidos. Ahora se me viene a la cabeza Margot Tenembaum, me cae bien. Pero en un rato se me va a venir otro personaje y así.

3. ¿Qué talento desearías tener?

Me gustaría ser mujer orquesta. Que sea así: un día me despierto y me doy cuenta que tengo el superpoder adquirido por arte de magia. Agarro un bandoneón y toco una canción, toco el saxo, la batería, la guitarra, el bajo, todo.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

No tengo nada muy atesorado. Pero las preferencias van rotando. Puedo pensar en los libros que están en mi casa. La guitarra vieja. La información que tengo en la compu, la música, los words. El celular: me pongo nerviosa si pierdo el celular aunque no me gusta hablar por teléfono y en general no atiendo números no registrados.   

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

No sé.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?

Muchas. La valentía, la generosidad, el sentido del humor, la honestidad, la sensibilidad.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

Mi cabeza varía entre el pesimismo y el optimismo. En los mejores días, me animo a pensar que soy una ex pesimista.  

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Voy a visualizar cosas que me dan felicidad. El litoral. El río. El asado. La cerveza. El amor. El vino. Escribir un poema. El Mató. El Príncipe. Mi gato Juan Domingo. Los patos. Escribir un cuento. Que gane Boca. Descubrir una banda. La siesta. Sacar una canción en la guitarra. Que suene más o menos bien.   

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Todos mis miedos son mayores.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

No llevo un ranking del día más feliz pero recién me hizo bien pensar en las cosas que me hacen feliz para la pregunta número 8.

11. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?

Si me pongo a pensar en cada libro que me gustó en esos términos me vuelvo loca. 

12. ¿Cuál es el peor libro de la última década?

No sé. En general si no me gusta lo que estoy leyendo, no lo leo más y listo.

13. ¿Qué texto (cuento, libro o nota periodística) no volverías a publicar? ¿Por qué?

Nunca me apuré por publicar, no tengo mucho para arrepentirme. Recién ahora sale mi primer libro de poemas. Pero en cuanto a internet, tengo blog hace muchos años y en algún momento puse poemas que después dejaron de existir o cambiaron mucho. Y algunas de esas primeras versiones (que no me gustan) siguen dando vuelta en internet porque otros las replicaron en sus páginas. 

14. ¿Qué disco te hace sonreír?

Los discos de El Mató. Las canciones de El Príncipe.

15. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

A Santiago Motorizado.

16. Si después de muerto volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?

No sé nada de zombies. Pero si la idea es morder a alguien para que esté conmigo, mordería a mi compañero y tendría un amor zombie.

17. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?

Encontré unos poemas pero voy a seguir buscando. 

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[Sobre El límite de la materia]

Con una ubicación geográfica y temporal se abre esta colección de poemas de Alberto Cisnero, que abarca cinco libros inéditos: "la margen de un río edicto y policíaco". La presentación, si así la llamamos, que el narrador hace de sí mismo es la de su texto: hay una elaboración al mismo tiempo del lenguaje y de la imagen visual, que será el centro de esta poesía. Como si en el decir estuviese asimismo el presentar, Cisnero pasa de largo de las modas. Vuelvo a esas ocho palabras que podemos tomar como apertura y prólogo: "la margen" nos anuncia una suerte de hábil y natural casticismo; el resto califica a un objeto, un río, con dos palabras sacadas de contexto y convertidas en adjetivos ambas, siendo que la primera, en origen, es sustantivo: edicto. Cuando alguien trabaja de esta manera lengua y materia, me da la impresión de que tiene mejores chances de construir su choza en la orilla más calma y más desértica. Cuando aun el naufragio es tratado con elegancia, quiero decir, el efecto del utillaje es más hondo y perdurable: "qué será de nosotros, de nos, / de no, el metro de lo existente, / su disolución obsesa", se pregunta, por ejemplo. Y vale aquí la forma. A lo largo de cinco libros, Cisnero acumula mérito en la lengua sobre el fondo de un paisaje degradado y sin embargo vital. Recorre un "azar aburdelado". Una pampa está detrás y, delante, una ciudad criolla percudida, rugosa: con sus pliegues se arma este tejido. Troya convivirá con remingtons que pueden ser viejas máquinas de escribir o fusiles. El paco con vino barato y arcadias derrumbadas; la espuma sucia de la marea con los trasbordos; infrascritos con haikus sobre rosas y mantas pampas. La forma reina, sin embargo, en el desorden de estos fragmentos. Y la restitución de forma y lenguaje es la tarea del narrador en un paisaje que no se sostiene. En la lengua enciende entonces el lejano sol de las calendas, moribundo pero viviente.
                                                                                     Jorge Aulicino


[Sobre el autor]

Alberto Cisnero (La Matanza,1975). Escribió: La sustancia en infracción (2002), Los dados de la muerte (2004), Mil brillos apagados (2007), Akullico(2009), El precursor químico (2009),Tagsales (2010), Adiós y Hasta pronto (2010), El movimiento obrero granizado (2011), Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (2012), Ajab (2012), Oquei,gracias (2013), Las casas (2013) y las novelas Hablamos cuando se pueda (2011) y Treinta dineros (2012). 
El límite de la materia incluye los cinco primeros títulos.

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Hace algunos días Discos Laptra habilitó la descarga libre del último disco de Mi Pequeña Muerte. Con esa excusa, repasamos uno de los mejores discos del 2012.


Por Claudio Kobelt


El Triunfo De La Paz cover art“Seamos libres, equivoquémonos”  sangra uno de los versos de “Fuera de la anestesia”, la canción que abre El Triunfo de la paz. Una de las canciones del 2012, en uno de los álbumes más celebrados del año pasado. El reciente lanzamiento para descarga desde la página de Laptra nos da una nueva oportunidad, la de volver a acercarnos a ese mar bravío y emocional que habita en Mi Pequeña Muerte.

La voz de Julián Perla, suave y profunda, emociona llevando esas letras de desamor  a su punto más alto de interpretación, dándole  un poder infinito, un vuelo de magia y misterio a esas tonadas desbordantes de melancolía.  La antes mencionada “Fuera de la anestesia”, la balada “Hasta desaparecer”, “Volver siendo un guerrero”,  momentos épicos de un cantante brillante y un letrista infalible, dueño de una crudeza dulce, de una poesía intensa.

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[Roberto]

Viviste en el inframundo mexicano
juntándote con una caterva de poetas andrajosos
hasta que volviste a tu país
pero te recibieron con cárcel y carabinas,
decidiste entonces dejar la noche chilena
y bañarte en las tibias aguas de Blanes
cuidando de tu madre enferma
durante un no muy amable invierno catalán
en el que te congelaste las manos escribiendo
sin parar para darle de comer a tu hijo.

El éxito te era esquivo, los editores
(los que luego te alabarían)
te rechazaban ignorando tu genio
pero siempre creíste que jugarías en primera
a pesar de ese cuervo nazi 
que te comía el hígado.

Y escribías adictivamente
como un yonqui sin dormir y sabías
que tus libros quedarían
pero no te la creíste nunca.
Cuando te preguntaban en que andabas:
“escribiendo una novelita” respondías
y al convertirte en salvaje 
te llegaron los laureles
pero seguiste trabajando duro para dejarle
el sostén asegurado a tus chicos.

Recorriendo el desierto de Sinaloa en un Impala destartalado
buscabas a la mujer que te había tenido por Cesárea
y descubriste que lo importante no era encontrarla
sino más bien que había algo lúdico en el camino recorrido
que se hacía duro a causa de ese hígado marchito que heredaste
tal vez de tu padre boxeador. Ese hígado que no alcanzaría 
a ver tu gloria.

¿Acaso te faltaron 2666 días más de vida?
(acaso no te hacían falta)
porque vos sabías hacia dónde estabas yendo
vos sabías que llegarías
hasta esa estrella distante.
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[Sobre la artista]

"Tengo 24 años y estudié artes visuales con orientación en grabado, pero lo que más amo en realidad, es dibujar. 
Dibujo sobre el amor y el deseo constante. Sobre la tensión y el desencanto. La deformación de esos cuerpos que fueron hechos para amar y acabar. 
Yo creo las ganas infinitas." Flor Infante

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Usted está aquí propone un recorrido atípico, dejando que su público adquiera un rol altamente protagónico, y logra una propuesta que marca la diferencia en la escena teatral actual.

Por Nicolás Gallardo

Ni bien uno llega al Centro Cultural Konex y consigue su entrada, somos invitados a formar una fila para poder apreciar una obra de la que mucho se espera, pero poco se sabe. Escucharemos especulaciones y teorías acerca de lo que va a suceder en instantes por los que serán nuestros compañeros de grupo, aunque la única certeza que se tiene es que nos dieron la consigna de concurrir con ropa cómoda.

Los murmullos se verán interrumpidos por una azafata que anuncia el comienzo del espectáculo y nos recuerda que nada de lo que estamos a punto de ver se encuentra sujeto a un pacto de confidencialidad. Dicho esto nos hace dar la vuelta y caminar media cuadra por la calle Sarmiento, abandonando la clásica entrada al Konex. Esta vez nuestra aventura empezará por un lugar impensado, y anticipamos: no será la única sorpresa.

Con una promesa que impide la divulgación mediando no podremos contar mucho de lo que pasa en este extraño establecimiento, pero sí comentar que Usted está aquí permite a sus espectadores formar parte activa en su desarrollo. Con una cuarta pared inexistente, los más de treinta actores participantes nos harán preguntas, exigirán respuestas y hasta obligarán a bailar a más de uno para abandonar todo tipo de inhibiciones. Esto hace, además, que cada función sea única y que los actores deban improvisar conforme a nuestras intervenciones; tarea que desempeñan con versatilidad y maestría.

Estaremos frente a personajes e instituciones estereotipados en exceso, pero es esta característica la que nos habilita traer a colación gran parte de nuestro imaginario popular. Nos veremos reflejados en algunos de ellos, y otros nos recordarán a conocidos y personalidades varias. El ”estar ahí” también se vuelve posible gracias al increíble trabajo de escenografía a cargo de Valeria Martínez y Jimena Gaillour, con ambientaciones bien resueltas y un muy eficiente aprovechamiento del espacio provisto por el centro cultural.

La propuesta de Natalia Chami y Romina Bulacio Sak es una invitación al entretenimiento; a dejar que toda idea y movimiento fluya por una noche sin prejuicio ni peligro alguno porque, a fin de cuentas, se supone que nadie puede comentar palabra alguna cuando el acontecimiento acabe. Una experiencia ideal para concurrir acompañado por personas que estén dispuestas a encarnar muchísimos personajes en un entorno que invita al delirio. Nos encantaría contar mucho más, pero quien escribe también accedió al contrato.

[Funciones]
Usted está aquí se presenta los martes y miércoles a las 20, 20:30, 21 y 21:30 hs., en el Centro Cultural Konex (Sarmiento 3131). Se recomienda concurrir con calzado cómodo, dado que hay que caminar la mayor parte del tiempo. Por el mismo motivo las personas con movilidad física limitada podrían tener inconvenientes en el seguimiento del espectáculo
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.

[Autosemblanza

Tengo casi 45 años. Desde casi siempre, unos cuarenta años, un lugar a solas con un librito me parece el lugar más seguro del mundo. Vivo, claro, sola y, claro también, tengo una enorme cantidad de libros. Ahora, hace menos de un mes, tengo un cachorro que vive en casa cuatro días por semana, los otros tres los pasa en casa de mi pareja. Nos llevamos bien: me dejan leer en paz. Los dos. Más o menos al mismo tiempo dejé de fumar. Antes, escribí unos libros, “La Virgen Cabeza” (Eterna Cadencia, 2009), “Le viste la cara a Dios” (Sigueleyendo.es, 2011 y La isla de la luna, 2012). Y una novela gráfica con Iñaki Echeverría, “Beya. Le viste la cara a Dios” (Eterna Cadencia, 2013). Acabo de terminar una novelita. Y ayer escribí un cuento. Sin fumar. Veremos cómo sigue la cosa.


[Micro-excursiones]

1.      ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?
Tengo que estar sola, tener una computadora, una silla y una mesa. Necesito bastante tiempo para concentrarme, unas horas, no puedo escribir de a veinte minutos.


2.      ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Harún Al Rachid, el califa más divertido de Las mil y una noches: se disfrazaba de mendigo, por ejemplo, y se iba a dar vueltas por su reino a ver qué  pasaba. Pasaba de todo. Madame Bovary, por lo desesperadamente moderna.


3.      ¿Qué talento desearías tener?
El de vivir sin tener que ir a trabajar a diario.


4.      ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
No se me ocurre. Muchas veces es una lapicera, a veces un par de anteojos, a veces una computadora: pero los pierdo y sigo tan contenta. Tal vez la biblioteca entera; tampoco me desmayo si pierdo algunos libros pero la idea es el colectivo, tener muchos a mi disposición. Desde ese punto de vista, debería sumar al iPad.


5.      ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
No tener casa, andar con una mochila y unas cajitas pidiéndole a los amigos que me alberguen. Trabajar doce horas por día.


6.      ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?
Cualquiera, tener una virtud ya es mucho, soy tolerante, aprecio los matices.


7.      ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Suelo estar un poco ajena, como aislada de lo que me rodea, pensando en otra cosa, algo así. Es un poco parecido a la confusión pero cuando se ordena era que estaba pensando en otra cosa y muchas veces sirve. Otras muchas es confusión nomás.


8.      ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Un lugar lindo, ya sea mi casa o una isla en el Delta o una plaza o una terraza. Tiene que haber sol, hacer un poco de calor. Tengo que tener algo para leer a mano. No viene mal un poco de vino. Y amigos que compartan todas estas pasiones y un par más, como para poder planear algo juntos.


9.      ¿Cuál es tu mayor miedo?
No tener dónde vivir.


10.  ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Acá, ahora: entra el sol por la ventana, el cachorro duerme en algún lado, está por llegar mi novia, estuve escribiendo un poco, a la noche vienen a comer unos amigos de México que comparten algunas de mis pasiones.


11.  ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?
Las mil y una noches.


12.  ¿Cuál es el peor libro de la última década?
Uh… tantos. No sé, son miles. De los que a muchos que conozco les gustan y a mí nada, podríamos poner cualquier novela de Murakami, por ejemplo.


13.  ¿Qué texto (cuento, poema o libro) no volverías a publicar? ¿Por qué?
No publiqué tanto, no me arrepiento de nada.


14.  ¿Qué disco te hace sonreír?
No sé, cualquiera, en estos días podría ser alguno de Spinetta, hace frío, me dan ganas de cantar arriba de un disco.


15.  Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Al que esté más a mano.


16.  Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
Morder a alguien sería convertirlo en algo parecido a mí misma para que me haga compañía? Si así fuera, a otro que sea bastante solitario y me deje leer en paz, tal vez a Stephen King mordería para ver qué cuentos inventa que le den miedo a una zombie.


17.  En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?
No sé si una, un montón más bien, si alcanzara con una más bien supongo que me dedicaría al arte visual: pondría esa palabra a escala gigantesca con los más diversos soportes, uno por letra, suponiendo que la palabra tuviera más de una, y trataría de meterlo en algún museo y cuando viniera alguien, público, periodistas o colegas, y me preguntaran cosas no tendría nada que decir más que, justamente, esa palabra.

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@cabezoncamara
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Una aproximación al nuevo disco de la poderosa banda neuquina. Una punta del interesante ovillo de guitarras y letras sospechosamente light.

Por Sebastián Rodríguez Mora

Encanto cover artBlanco, blanco como esta hoja. Viento shoegaze, arpegios y bases de viola tendiendo a la hipnosis. Un inicio ineludiblemente pop con “Alejandro el cheto”, herencia de esta época de canciones. Encanto es un disco para equivocarse, porque detrás de la potencia hay una cosa como de alejarse del cuerpo, de la carne que sufre el frío del invierno en Buenos Aires, la ciudad que recibió a estos neuquinos en el centro de la escena independiente hace un par de años. Son 30 y pico de minutos para creer que la idea viene por este lado, pero al final no.
Engañan la tapa y su arte cálido, casi como poner esos cuadros de Vermeer a vivir. Otra vez, engaña la energía liberándose en forma de optimismo instrumental de “Un kilo”, porque pareciera que sonaran adentro del ambiente en que se está parado, sin embargo pasado ese momento la voz de Robi y Diego está un poco deshumanizada, colgada: “Piso en el barro/en este pantano/todo es conocido/en este pantano/y vuelvo al principio”. La misma imagen que se puede tener de las cosas está corrida, desfasada en “El pantano”. Reconocer tus huellas en un cenagal implica necesariamente un poco de conocimiento del terreno, de repetir el chapoteo una y otra vez, como un laberinto que se habita. Pero en la música es donde todo se extraña y se complejiza, se vuelve reflexivo; un paso apenas más atrás del día a día humano.
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All my art is on you but you still don't hear me Art Print

by Agnes-cecile


En memoria de Luis Alberto Spinetta.


La sanación definitiva

No sé que hacer y entonces voy a la biblioteca
y agarro un libro cualquiera y lo abro en una página cualquiera
y leo: “el corazón está en su sitio y duele.”


El paseo que me corresponde cada tarde

Al perro lo suelto en la plaza
y corre levantando polvareda, cartones de vino y algo de pasto.
lo veo alejarse y perderse entre los árboles
y después buscarme como loco.
Entonces: Bendito el que no mira el cielo para nada
y sí mira a quién arroja botellas a las vías del tren
y a ese otro pibe haciendo fueguito en la soledad del otoño.


Un hueso nuevo

Poner la casa a oscuras un lunes después de trabajar algunas horas,
con poca guita ganada en la calle
y con un niño perdido desde la noche anterior según informa el noticiero.
Mirá, la melancolía trae un hueso nuevo para roer
y no creo que pueda con esto.


El alivio

Mirando una gota de agua
me dice:” es la única manera de ver a mis hijos”.

/extracto de Amampara

[Sobre el autor]

Gustavo Weisberger nació en marzo del 66. En 2008 publicó, a través del concurso nacional Macedonio Fernández, Sabactani y en 2011 le llegó Casamata a Cucurto y se imprimió en Eloisa Cartonera. En estos meses está terminando Coz en poesía. 
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El documental “Los jóvenes muertos” condensa en sus imágenes la soledad y la melancolía, detonadoras de una ola de suicidios juveniles.

Por  Victoria Caracoche

Pensar el suicidio como un fenómeno colectivo es una triste realidad. El primer largometraje de Leandro Listorti, “Los jóvenes muertos” (2010), procura sencillamente conducirnos por ese camino que nos lleva a conocer el contexto donde los hechos ocurrieron. Este director es cauto a la hora de mostrar y asimismo, como contrapartida de lo que deja ver, abre nuevos  interrogantes sobre lo acontecido.  

El documental es una crónica breve  basada en la ola de suicidios juveniles que ocurrieron desde finales de la década de los noventa, y hasta hace no muchos años atrás, en Las Heras, un pueblo petrolero perdido en el desierto de Santa Cruz. Inexplicablemente, como contagiados de dolor, más de una veintena de jóvenes, en su mayoría hombres, tomaron la decisión de no seguir viviendo. Estos hechos marcaron al lugar y sus habitantes.

Apoyado en la imagen como ventana hacia ese micro mundo, Listorti nos va llevando por el pueblo a través de planos fijos de extensa duración, como una manera de contemplar la nada misma. Todo es aridez, desierto, vacío.

En esa expedición melancólica, conocemos el cementerio, las plazas, el club, la escuela, el basural, las iglesias evangelistas. Y el desierto otra vez.  La estación de tren abandonada. Y las bombas de petróleo como la excusa que mantiene un pueblo fantasma.

Una fotografía imponente regala cielos patagónicos, la composición es atractiva siempre, geométrica, cruda; los tiempos de cada plano oprimen y cuestionan la maldición de la muerte. Y es a partir de esa incomodidad que empezamos a preguntarnos por qué. ¿Fue la desdicha del sin futuro? ¿La quietud aterradora de un pueblo olvidado? ¿O la depresión traicionera de una juventud alejada de todo? Sólo conjeturas. Sólo fantasmas.

Siguiendo esa línea, nadie habita en esas imágenes. No hay rostros, no hay vida, nadie ocupa estos espacios, ni siquiera aquellos que transitan cotidianamente. Puro vacío: las calles, el parque, la cancha. El paisaje es cruel y la realidad nos devuelve como una flecha a la rutina.

Sólo algunas voces que sirven de testimonio cuentan algo, lo mínimo. Relatan lo anecdótico, una ínfima porción de historia, su existencia adversa en el desierto patagónico. Anónimos en off que hablan de contaminación, la incidencia de cáncer, los pozos petroleros y casi nada sobre estas personas que hoy ya no están. Pero un testimonio sobresale, es el de una madre, símbolo único del dolor. Cada secuencia está dividida por placas negras con el nombre y la fecha de nacimiento y muerte, como único dato fehaciente y tangible de cada uno de estos jóvenes.

Escasea la información en este documental atípico; porque la búsqueda minimalista indaga en el desasosiego, en la incógnita del tormento personal, en la soledad como un sentimiento inexorable.

Un film no apto para impacientes, pero que dejará sin duda una huella en aquel espectador que se permita la imagen como instante de reflexión.

[Ficha técnica]

Dirección/ Leandro Listorti.
Producción/Gema Juárez Allen, Lorena Muñoz, Laura Perelló, Daniel Rútolo.
Fotografía/Martín Mohadeb, Juan Manuel Tizón. 
Sonido/Luciano Fusetti.
Montaje/Felipe Guerrero