Por Juan Manuel Daza

Un fin de semana, durante el invierno del 2009, decidí escaparme a Córdoba para pasar un par de días con Vicente Luy y tener la posibilidad de entrevistarlo en su lugar, en su casa. Llegué un viernes a la noche y en su casa Vicente me esperaba con una heladera llena de Coquitas de restaurant (esas de 350 cm3), cervecitas Negra Modelo, un kilo de muzzarella y una prepizza.
Lo único que sobrevivió a aquella primera noche, fueron las coquitas. Porque la cerveza, la prepizza y el kilo de muzzarella, nos lo comimos todo. Y es que Vicente era así, generoso a su manera. Te recibía bien, siempre te recibía bien. Aunque no estuviera en su casa, siempre se advertía en él una caballerosidad y una atención realmente interesada.
Vicente había estado durante unos meses trabajando con Hernán (poeta, compañero de Los Verbonautas y mejor amigo) para compilar su nueva y más ambiciosa antología. Porque eso era lo que hacía Vicente en esos tiempos: tenía ganas de crear el set perfecto, con sus mejores poemas. Descartaba viejos poemas que le parecía que no funcionaban, se ponía cada vez más selectivo e incluía también unos pocos poemas nuevos que representaban algo de todo lo que le estaba pasando en aquel presente.
Con Editorial Casi Incendio La Casa, tuvimos la suerte de ser los editores de esa última antología que Vicente preparó: “Poesía Popular Argentina”. De la que dijo, en algunas entrevistas, que había sido el primer libro por el que no había tenido que poner un solo centavo. Lo cual, lo hacía muy feliz. Porque todo el dinero que tenía y que había usado siempre para tratar de impulsar su obra, se le había acabado.
Este momento, en el que transcurre esta entrevista que a continuación van a leer, lo encontraba un poco así: acabado. ¿Por qué? Porque el espíritu de Vicente siempre estuvo tullido. Su historia, desde su nacimiento, así lo había marcado. A escasos meses de su nacimiento, sus padres mueren en un accidente aéreo. Vicente pasa su infancia vagando a través de diferentes familias adoptivas hasta que comienza definitivamente a vivir con su abuelo Juan Larrea, famoso poeta, ensayista y escritor español, con el que estuvo hasta su muerte (que ocurrió cuando Vicente tenía 20 años). Y de su abuelo era todo el dinero que él había heredado y que le permitió, de alguna manera, dedicarse de lleno a la poesía hasta su propia muerte: ese suicidio que había intentado construir tantas veces, sin éxito, y al que pudo acceder luego de unos cuantos años de sufrimiento e internaciones en psiquiátricos. Vicente buscó hasta el último momento dos cosas: amor y reconocimiento. Pero no tuvo mucha paciencia, no pudo con sus fantasmas. Se suicidó el pasado 23 de Febrero de 2012 saltando desde un piso siete en Salta.

¿Por qué “Poesía Popular Argentina”?
Porque mi poesía, básicamente, es de cabotaje. No usa metáforas, sino ejemplos. Entonces, me meto con la argentinidad para dar ejemplos. Y luego, es una poesía que muere rápido y que afuera de este lugar, no sería entendida. No es una poesía para ser producida o que vaya a perdurar. Trabajo en la construcción del ahora. Por eso, es tan interesante esta propuesta de publicar el libro allá (en Buenos Aires).
¿Por qué escribís poesía?
Escribo porque me es natural, como lo era jugar al futbol… cuando podía. Y… tengo un complejo mesiánico que va y viene porque soy medio bipolar o algo parecido. …Me perdí…
¿Por qué escribís poesía? Decías que porque te era tan fácil como ir a jugar al futbol…
No sé si fácil. Ahora me está costando escribir, no estoy pudiendo escribir. De casualidad, anteayer saqué un poemita que me dio una gran alegría porque estoy llenando cuadernos sin sacar nada. Pero lo mismo, yo me siento un poeta: esté escribiendo o no esté escribiendo. Trato de que mi realidad se vea reflejada en la poesía. Es decir, trato de mostrar un alma verdadera, con sus contradicciones y demás. Mostrar la búsqueda, la luz. ¡Es una enfermedad, como te darás cuenta!
(risas)
Porque no hay ese halo de luz. No sé, yo quisiera dejar de odiarme y estar en paz. La vida es hermosa aunque los ojos no puedan verlo.
(suena el teléfono)

-¿Hola?
-(…)
-¿Sí?
-(…)
-Eugenia, ¿cómo te va?
-(…)
-Sí, pero hace como…
-(…)
-Ah…
-(…)
-Uhummm…
-(…)
-Mmmhummm…
-(…)
-Qué bueno, qué bueno…
-(…)
-Yo estoy viviendo en un geriátrico porque tuve una crisis muy fuerte la última vez, entonces ahí estoy contenido y eso queda en…
-(…)
-Sí…
-(…)
-Sí, no me sale en este momento el nombre… ¡Candonga! Candonga 2212…
-(…)
-Bueno, un gusto.
-(…)
-Estoy en el barrio…. En una casa que tenemos que entregar ahora dentro de poco, la semana que viene. Así que me agarrás de casualidad, acá.
-(…)
-Que me agarrás de casualidad acá.
-(…)
-No estoy muy salidero últimamente.
-(…)
-Sí, estoy un poco afónico.
-(…)
-Hablamos…
-(…)
-¿Ah, sí?
-(…)
-Claro…
-(…)
-Mhummm…
-(…)
Guau…
-(…)


(termina)

¿Te acordás en dónde andábamos?
No, no.
¿Cómo es ser poeta? Vos ayer decías que ese era tu trabajo, que lo considerabas tu trabajo. Por otro lado, me decías que lo considerás también como algo que te es natural e ineludible.
Sí, ¿Por qué todo tiene que ser de una manera nomás?
¿Cómo?
Es que puede ser por varias cosas.
Y sí.
Estoy buscando a una mujer que no conozco. Quizás le falte un brazo. Pero seguramente, es hermosa. También por eso escribo. O, por eso publico.
¿Para que aparezca?
Sí, porque escribir, como te digo, escribo naturalmente. Aun cuando no estoy escribiendo, como ahora, calculo que es cuestión de que haya tema. No hay tema adentro mío. Y doy vueltas y hay como varios que están contradiciéndose permanentemente. Entonces, son todos diálogos que no conducen a ninguna parte y que versan sobre la propia locura.
En tu poesía hay varios Vicentes, varios enunciadores, ¿no? ¿Vos tenés identificados a algunos?
Básicamente hay un “Vicente habla al pueblo”.
¿Y ese, por ejemplo, qué poemas escribe?
Concientizadores, de base, simplones…
Como “lo que está bien, está mal”…
Lo que está mal, está mal…
Claro, “Lo que está mal, está mal. / Pero lo que está bien, también está mal. / Charlalo con tus padres”.
Ese fue un automatismo.
¿Y ese Vicente que le habla al pueblo, es también ese Vicente que se mete en la cosa de cabotaje?
Sí, porque el Vicente que le habla al pueblo, le habla de economía o de justicia o de cosas por el estilo. Entonces, hay un poema que dice: “veo hasta donde bajo”. Porque yo veo que bajo hasta determinados lugares. Y si tengo un poema que sea útil aunque no sea bueno, voy para adelante con él. Y voy, naturalmente, como las cosas que salen o que fluyen de mí: así, solas. A mí el lenguaje me viene como un río y lo voy siguiendo. Y me es difícil salir ya, por el porro. Pero me es difícil también escribir si no fumo.
Claro…
Si me metieran en un psiquiátrico, creo que estaría todo el tiempo escribiendo.
¿Por la falta de porro?
En un psiquiátrico me volvería loco. Ya estoy bastante enfermo y… sería el final.
Le tenés bastante miedo a eso, ¿no?
Y… he recurrido a intentos de suicidio. Y antes que el manicomio, prefiero morirme. No he tenido una vida mala, sino jodida de chico. Eso me perjudicó entre los míos. Me costó adaptarme.
¿Por qué nunca te fuiste para Buenos Aires? A vivir, más de grande.
Estuve hace poco a punto de ir. Hernán y Analía me ofrecieron un departamento, prestármelo. Y al final, iba a estar lejos de ellos también. El departamento está en capital. No iba a estar cerca de nadie conocido, así: muy cerca. Ni de Flopa, ni de Gabo. No estaban cerca. Y no me decidí a ir. Estaba muy roto. También estaba la posibilidad de iniciar una relación con una chiquita que cuando le dije que pensaba irme para allá, me propuso irse conmigo. Y después, se arrepintió a los quince días. Y yo, no llegué a enamorarme ni nada. Simplemente… nada…
Porque, un par de veces, vos me dijiste que acá en Córdoba no hay movida…
Sí, sí… Hay poco para… Salvo unos encuentros que organiza Iván Ferreyra, el resto no tienen mucho… No hay mucha movida… Esa es la realidad. En lo profundo, yo no estoy conectado con nadie. Estoy solo. Ayudado por un par de amigas incondicionales que me están bancando hasta económicamente.
Yo ayer pensaba que, además de tu actividad poética, vos también hiciste otras cosas pero con el mismo objetivo. Te metiste en una cuestión más publicitaria.
No, hice unos afiches de rock para recitales. Y después hice unos afiches navideños, para todos. Empapelé Córdoba con un afiche con ocho personas desnudas enfrente, con los ojos vendados con las cintitas de la censura y la frase del Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Y ahí sí que anduvieron las pinchilas colgando a la vista de todos, durante varios días”. Hice colgar algunas con escaleras hasta arriba para que no las pudieran sacar. Y Córdoba es muy chiquita. Y en un rato… estaban todos desnudos.
Un día me contaste que cuando sacaste La Vida en Córdoba, hiciste unas publicidades en radio con Luis Medina Allende.
Sí, aquella vez también participaron Hernán, Osvaldo y grabaron distintas cosas que al final no salieron. Salió lo de Don Luis, que es un personaje bastante particular acá en Córdoba. Vendió la cárcel de mujeres dos veces y se lo indica como el autor del asesinato de no sé quién. Es un tipo muy leído y ¡muy loco! El único radical que ha estado preso, durante el gobierno radical. 


Claro..

Porque el chabón vendió la cárcel de mujeres. Imaginate el chasco que se llevaron los compradores. Y la vendió dos veces. Y una vez lo denunciaron y una vez, no. Por temor a pasar papelones.
Claro…
Y yo lo puse a recitar: “¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. Y si se puede, venderle también otras cosas. Y venderle a dios, lo que el diablo no compre”. Al tipo ese, que era un político reconocido, que tenía una voz reconocida y que salió haciendo el clip de La vida en Córdoba.
Que bueno. ¿Y le tuviste que pagar algo?
No, no… ¡de onda! Tuve que convencerlo nomás. Me lo presentaron y fui a darle la idea. Y después de ensayarlo una vez, nos pareció que salía. Y le costaba decirlo como era. Pero estuvimos dos horas, hasta que lo logramos. Y quedó una grabación digna.
¿Y el título de La vida en CÓRDOBA? ¿Vos por qué lo pusiste?
Seguramente, ayudado por el complejo mesiánico. LA VIDA en Córdoba.
O sea, yo por ahí lo advierto así como una cuestión biógrafica: MI vida en Córdoba.
Sí, también tiene algo de eso.
La intención es hablar un poco de LA VIDA en general en CÓRDOBA.
Sí, y con esa segunda lectura de que es LA VIDAAAA en Córdoba.
Y después también, hay un VICENTE que habla de relaciones. Y, ese es un Vicente por ahí más pop, en el sentido de que quizás no hay tanta contundencia como en otros poemas. Son más SUAVES. No sé qué te parece a vos.
Sí…
Bah, a mí me da la sensación de que es como una cuestión de permitirse observar el momento y dejar que eso se escuche. Pero, no sé si hay un mensaje tan CLARO como en otros poemas.
Y no CLARO. Hablamos de un ser espiritualmente comprometido. Y, al decir “espiritualmente comprometido”, me refiero a la cotidianeidad y, entonces, a un ser libre en lo individual. Con libertades individuales… amplias. A eso, apuntamos. Y a la construcción de eso, que somos nosotros mismos. Y que, simplemente no estamos usando la conciencia. ¿Por qué llamamos inhumano a lo humano? ¿Por qué INSISTEN en llamar inhumano a lo humano? Porque de eso se trata, de instalar una realidad paralela.
¿Por qué INSISTEN en que esa matanza fue inhumana?
Claro.
Estamos viviendo tras un vidrio. Y esta gente que salió ahora por televisión, que come todos los días en el CEAMSE. Salió una nota el otro día en la televisión. Yo, no estoy viendo televisión. Pero, por casualidad agarré eso buscando un partido. Y… los dejan entrar cuarenta minutos por día y sacan lo que pueden. Alimento, en el estado en que lo encuentren, ¿entendés? Dicen que a veces hay empresas que tiran cosas, que están vencidas pero que están buenas. Y ellos, tienen ahí la posibilidad de entrar. Cada familia, tiene cuarenta minutos. Y están controlados por la policía y después tienen que salir. Y que hay mil doscientas familias que están viviendo de eso, desde hace cinco años, de la basura que todos los días tiran los camiones ahí.
Y eso es humano…
Sí, lo que yo digo es que se nos viene mucho peor. Porque, como no hay conciencia, no se está trabajando para impedirlo. Hemos quedado bajo dos partidos justicialistas que no responden a ninguna ideología. Simplemente, a la de hacer el billete y disfrutar del poder. Y no hay ningún contrato por parte del Estado. Las instituciones no funcionan porque no se vigila una a otra, sino que son cómplices. Luego, el cuarto poder a quien le dedico un poema ahí que habla de Cabezas, que está escrito pensando en el periodismo:
Lo reconozco: a veces juego con la gente: No lo había

hecho antes. Empecé y me gustó; probé variantes. Hay
algunas super dignas de ser experimentadas.
Por ejemplo; si querés olvidarte de Cabezas, lo mejor
es situarse de rodillas frente a la cabeza seca de una
vaca y repetir en voz baja 3 veces:
"Vete.
Vete de mi cuerpo José Luis."
Ahora, si lo que realmente querés es que te coja,
pedímelo de frente.

 Y es una cagada que el cuarto poder sea como esa pintada que hay en Buenos Aires y que dice: “Nos están meando y Clarín dice que llueve”. Y un poco es así. Se está destrozando el salario real del laburante. Está todo mal. Están mintiendo con los índices y dicen que si no mienten, la inflación sería mucho mayor. Pero ellos saben cuál es la real. Bueno, es su teoría, pero ellos intentan mantener el poder. Por eso hacen estas cuestiones como la de adelantar elecciones. Porque ven como viene la mano y están tratando de zafar. Y están haciendo su historia y después, recibiendo a Naomi Campbell. Pero acá habría que parar la educación un año y educar a los maestros. Y empezar de nuevo. Porque es terrible el estado al que se ha llevado a la educación.
-INTERVALO-
Hice afiches con poemas también, en la calle.
¿En Córdoba?
En Córdoba y en Buenos Aires.
¿Y eso para qué libro fue?
No sé si fue para La Sexualidad de Gabriela Sabatini o si fue para No le pidan peras a Cúper.
Bueno, lo que vos me habías dicho por teléfono era que lo vos hiciste siempre fue apuntado a hacer que tu poesía se vuelva conocida.
Sí, para lograr ese intercambio de la construcción del ahora. Y trabajar un grupo.
¿En qué medida te sentís exitoso en eso?
En ninguna medida.
¿Por qué? ¿Esperabas una respuesta terrible o muy rápida cuando apostabas a esas campañas?
Sí, yo estoy viviendo el ahora. Lo que he logrado es no tener jefe durante 35 años y he hecho mi vida por donde pintaba. Pintaba una idea de hacer un afiche y hacíamos un afiche. Tenía un resto, que se fue. Invertí siempre en mi trabajo, porque creo que hay latente una espiritualidad en ese trabajo y lo tenemos como borrado. Es como que el materialismo hace desaparecer lo otro.
Sí…
Y yo noto que se desprende como una cosmogonía. Ya no sé ni que quiere decir cosmogonía.
¿Un orden en el universo?
Claro, yo siento que hay en mi obra un contacto con el universo. Tengo una relación muy extraña con Dios. Y si las cosas mejoran, probablemente no sea por Dios, sino por un golpe de suerte. Porque no creo que Dios se ande ocupando de las personitas, una por una.
¿Creés en Dios?
Creo en la existencia de una imaginación creadora que, ponele, puede haberse suicidado cuando la creación. Como parte del juego.
Los dejó a todos pagando.
Sí. El hombre busca a Dios y coger.
Eso está en un poema.
Sí, “a veces al mismo tiempo”, dice.
¿Y buscar a Dios, para vos, es la poesía?
Noooo, no considero que Dios me quiera tener a su lado. Si no, me tendría y no sería yo un sujeto con tanto conflicto interno. Me ha hecho mucha falta el amor y no me quiero. Hay una parte de mí que no se quiere. Y voy de una punta a otra. Trastorno obsesivo compulsivo.
Claro… ¿Y esto siempre fue así para vos o se fue agravando?
Se fue agravando con la pérdida de la guita. No hay nada más espiritual que el dinero. Te garpa tu tiempo y tu vida para crear lo que vos elijas.
Financiaste diferentes discos, prestaste guita…
El de Flopa Manza Minimal y el primero de Gabo (Canciones que un hombre no debería cantar).
Fueron cosas que anduvieron bien, digamos.
Sí, se puede decir que las vi. Porque Flopa Manza Minimal no existía. Se juntaron una noche para hacer unas canciones en un Poemas y Canciones. En ese momento se llamaba de otra manera, pero no me acuerdo. Y yo los escuché en la prueba de sonido y les propuse grabar un disco. Y yo ponía la plata. Minimal tenía el estudio, porque todavía los Cadillacs le prestaban el estudio.  Y a Minimal le gustaban mucho las canciones de Flopa. Por eso, se acercó a ella. Y buen, se armó ese disco, que lamentablemente no ha tenido un segundo. Porque cada uno siguió su rumbo.
-INTERVALO-
Hay gente buena en todos lados. Y la gente, en el fondo, es lo que importa. La posibilidad de compartir, de pasarla bien. Es la gente, lo que a mí me seduce. Quizás los tengo un poco idealizados porque después de convivir con mi abuelo, que era una persona extremadamente especial, después como que me ha costado aguantar en un bajo nivel. No tener de qué hablar con nadie. No tener de qué hablar de cosas que me interesen.
¿Con tu abuelo sobre qué charlabas?
Hablábamos mucho de César Vallejo, porque él fue muy amigo de Vallejo y escribió sobre él también. Publicó varios libros sobre él. Y me contaba todas sus historias parisinas y su exilio en México, laburando con Buñuel.
¿Laburó con Buñuel?
Sí.
Guau.
Sí, hicieron juntos el guión de Los Olvidados.
Y vos después no encontrabas gente con la que hablar de ese tipo de cosas.
Claro, pero tampoco es cuestión de conocimiento. Es cuestión de onda, de percepción, de qué cosas te juntan.
¿Vos me contaste que tenías veinte años cuando falleció tu abuelo?
Sí, veinte, diecinueve, cuando yo estaba en la colimba.
¿Acá en Córdoba?
Acá en Córdoba, en el campo. Imaginate, para mí fue una sorpresa la muerte de mi abuelo. Porque él decía que no se podía morir hasta dentro de cinco años porque estaba escribiendo su libro más importante y que, seguramente, habría de terminarlo. Él creía ciegamente en la vida, en que su vida tenía un fin.
¿Cómo murió?
De cáncer en el intestino delgado, creo. Y se murió un poco por mí. No se quería hacer hospitalizar, no se quería hacer operar. Y yo estaba haciendo la colimba y sabía que él estaba sufriendo mucho. Y no quería que yo volviera algún franco que me dieran y que lo encontrara en el hospital. Es un hombre que me dañó mucho sin querer, pero que me quiso mucho y me cuidó dentro de todo lo que pudo. Una gran contradicción.
No conociste a tus viejos, pero todos los padres son un poco una gran contradicción.
A mi madre, un poco la conocí por sus diarios. Estaba chapita. Decía que hablaba con Dios. Ella invitaba a Dios todas las tardes a tomar el té. Y un día ella entró, rompió la puerta y lo desalojó.
¿Estaba chapa o era sensible?
Y, mucho contacto conmigo no hacía. Se iba un mes a New York acompañando a su marido y dejándome acá: teniendo yo cinco meses. Y estaban un mes y me dejaban con una nurse alemana. Ella, muy en contacto no estaba. Vivía estudiando el antiguo testamento.
¿Era escritora? Ella era la hija de tu abuelo, ¿no?
Sí, era la hija de mi abuelo. Y no, ella trataba de pintar un poco sus resultados, algo simbólico.
¿Y tu viejo?
Había ganado una guita en la bolsa en Estados Unidos y se vino hasta Córdoba siguiéndola a mi madre para convencerla de que se casara con él.
¿Era argentino?
Era Suizo. Y ya estaba casado antes. Tenía un matrimonio con una hija.
Tenés una hermana suiza, entonces.
Sí, una gordita chocolatera. No la conozco. Pero una vez, creo que me mostraron una foto. Ya casi no me acuerdo de nada. Con los electroshock que me dieron…
¿Fue el año pasado?
Sí, hace un año o hace dos. Yo creo que hace dos años.
¿Y por qué llegaste a ese punto del electroshock?
Porque está de moda en Europa para anestesiar el deseo suicida. Y me lo hicieron así, tristemente: en un geriátrico. Pero me jodió en los dientes. Me dejó los dientes negros. Se me sale la rodilla izquierda.
Te dieron muy fuerte.
Sí, me dieron. Y por unos cuantos meses, me sacaron la pasión suicida. Pero sólo por unos meses.
¡Es terrible!
No, pero ahí te ponen en un coma y te hacen electroshock y no lo sentís. Pero, se te produce todo lo que se te produce. Imaginate cómo debo haber chirriado los dientes como para que se me pongan negros ahí.
¿Pero no te ponen algo para que muerdas?
Creo que no. Porque, como estás en coma, te abandonás. Y después te sacan del coma y te vas. Te tiene que venir a buscar alguien: un amigo, un pariente.
Quedás muy débil…
Un poco, pero no tanto.
-INTERVALO-
¿Escribías ya a los 20 años?
Tenía un solo libro escrito que terminaría en los ochenta, que es Caricatura de un enfermo de amor, que es el peor de los libros: el primero.
¿Tenés uno acá?
No.
-INTERVALO-
¿Cuándo lo conocés a Hernán?
Y, a mediados de los noventa. A Hernán lo conozco de Verbonautas.
Al primero que conociste fue a Palo Pandolfo.
A Palo. Y Palo me llevó a Verbonautas.
¿Y Los Verbonautas, en ese sentido, fueron como una especie de motor para vos? ¿Para cambiar?
Sí, mucho laburo interior para poder salir a leer. Y yo todavía no me enteraba de que había sido salvajemente golpeado de niño. Y en esa época, más o menos, me entero. Entonces, estaba el animal herido ahí adentro.
¿Y ahí cambia tu poesía?
Sí, empiezo a ver que nada es importante, salvo lo importante que haya dentro de ello. Y empiezo a escribir sobre cualquier cosa.
¿Liberación?
Sí, ayudado por la marihuana.
Que tampoco consumías antes.
No, no consumía.
¿Eso también fue por Los Verbonautas?
No, ya de antes la consumía. Pero no cuando lo conocí a Palo.
Así, a lo lejos, cuando hice la nota sobre Verbonautas, todos pusieron buena onda, me contaron, se coparon, pero todos lo veían como algo muy viejo, que había pasado hace mucho, que ya no valá tanto la pena recordar. ¿Hay una sensación así?  ¿A vos qué es lo que más te queda de Verbonautas?
El grupo: poder trabajar en grupo. Poder llegar un día antes, hacer un ensayo, participar de la hechura del orden, hacer el orden de los poemas que iba a leer. Era todo un laburo, yo me dí cuenta ahí que cuando no estaba atacado de pánico, podía hacer contacto. Y cuando podía hacer contacto, mis poemas pegaban. O sea, recibían una respuesta. De pronto, vos escuchabas dos o tres carcajadas en un momento y quería decir que había dos personas a las que les había pegado, que lo habían visto. Hay líneas culturales de las que uno se puede quedar totalmente afuera. Y si estás adentro, te repercuten en lo emotivo.
Entonces, yo mezclaba mis poemas así con un cierto sentido del humor con poemas muy combativos y alguno siempre se sale, tratando de llegarle a la gente. Hay poemas que no leí nunca, porque sé que no hacen contacto., Porque tenés que estar vos, leyéndolos sobre el papel. En cambio, hay otros que ejercen una influencia en un momento en donde te hacen un click.
El del scrabble lo leíste, ¿no?
Jugando al Scrabble

Olga creyó que cerro iba con S.
Se empecinó.
Al final apostamos y le gané
la cola.
Después no la quiso poner
porque “eso se hace con amor,
y vos no me amás”.
Pero esta es casa de jugadores
acá las deudas se pagan.
Sabiéndolo, me ofreció otra mujer,
y la procura.
Se mete en todos lados y gestiona,
habla por teléfono, etc.
Mucho movimiento, pero
¡ya pasaron 2 semanas!
Hoy va a un curso de cosmetología.
Yo, mientras, a jugar al tenis.
“Por si no venís sola
te espero bañado”, le digo.
Sonríe, no se arredra.
Conociéndose, conseguirá
una cara bonita
que es lo único que exijo.
Ya la llamo “mi novia” .-

Lo llegué a leer una o dos veces. Pero mis amigos lo leen cuando leen poemas míos. A veces, no presento yo los libros, sino que invito a lectores para que los lean ellos.
Cuando en un Rocanpoetry, Fernando Bogado leyó ese poema, se cagó todo el mundo de risa. Tiene varios remates.
Y es un poema triste, porque es de alguien que está solo. Porque a una puta la transforma en una mujer y después, se enamora de ella, ¿entendés? Y es una persona que no existe.
-INTERVALO-
Me contaste en la Bibiloteca Nacional que Pipo Lernoud te iba a llevar con un chamán o algo así.
Una chamana peruana. Sí, porque dicen que estoy invadido, que tengo un ser adentro. Un ser que se quiere destruir a sí mismo. ¡Y algo de eso hay!
Y sí…
Ella viene con la ayahuasca. Acá hacen tomas de ayahuasca. Pero dice que la ayahuasca no es para curarme a mí. Para curarme a mí, necesita llevarme a la selva quince días.
Wow.
Y yo no he ido por falta de plata y documentos. Ahora que tengo el documento y, si consigo plata de algún lado, capaz que me animo a adentrarme en la selva quince días. Piquitos.
¿En dónde?
Piquitos: en la selva peruana.
Y vivirías con la tipa…
Y sí, ella tiene un par de cabañas ahí en la selva.
¿Y es mucha guita la que necesitás?
Y, necesito mil quinientos dólares para pagarle a ella y necesito otros mil quinientos para el viaje.
Ah, es un cartucho. ¿Y no pudiste tomar ayahuasca acá?
Participé en una toma, pero no me dejaron tomar. Me pusieron en la cabeza y en las manos. Sobre todo, en la cabeza.
¿No te dejaron porque no estaba bien que vos tomaras?
No estaba preparado.
Y la tipa, ¿qué onda? Te miró y te dijo lo que te pasaba.
Sí, fuimos a visitarla a la casa de Pipo, porque para en lo de Pipo. Y en cuanto me vio dijo: “este tipo está poseído”. Como que me veía doble aura. Hice una quema de tabaco, que es una forma que tienen ellos de saber. Ella quemaba un tabaco y me decía: “¿Ves? Acá se ve” y yo no veía un carajo. Pero yo creo en las fuerzas del mal, pero como estructuradas desde lo socioeconómico, ¿entendés? Imaginémonos a la bruja haciéndome un trabajo. ¿Quién no se la puede imaginar? Lo que no me puedo imaginarme es que le salga bien, ¿entendés? No creo personalmente. Acá, las chicas que me cuidan me trajeron pastores para que vengan a orarme. Ellas son religiosas. Y yo, no quiero ir ni ahí a una iglesia, entonces me traen a los pastores acá. Y bueno, es un día, un acontecimiento, me entretengo un rato.
Y los tipos vienen y hablan con vos…
Sí, te ponen la mano en la cabeza y se sorprenden. A su modo, ellos creen que estoy poseído. O sea, varios lo dicen.
Y los psicólogos, a su manera, también… ¿no?
Y, los últimos psiquiatras a los que fui a ver, todos dijeron que yo debía estar internado. Un bajón. Y a mí me cambiaría la vida un golpe de suerte, una sonrisa.
Pero es loco eso, ¿no? Vos tenés un problema y como varios polos distintos tiran que hay algo que necesita ser curado o ser sacado. Pero… vos me decís que cuando te querés suicidar, sentís todo re lógico y como que está bien lo que estás haciendo. Y, de repente, caés en cuenta y decis “no!”.
A veces, no caí en cuenta y me dejé morir, creyendo que moría. Sobre todo, cuando me tomé las 180 pastillas. Ahí, pensé que me moría. Y cuando me tomé las primeras treinta, también. ¡Estos culeados no sé a qué le llaman sobredosis! ¡Tenés que comprar toda la farmacia para poder matarte! Y después, la cosa se me complicó porque no soporto el dolor. Entonces fui a tratar de tirarme desde un noveno piso y no pude. No me dio el cuero. No tiene sentido. ¿Está todo mal acá? Está todo mal. Y me van las cosas mal. En lo económico, me va pésimo. En mi trabajo, me va mal. No tengo reconocimiento. Yo quiero que, a cada lugar que vaya, que me inviten un trago, loco. ¿Entendés? Aspiro a poco. A un poco de amor humano, un poco de relajarnos, tener una mujercita que me quiera y a la cual yo poder amar. Tengo el corazón bastante cerrado. Y no me fue bien con las mujeres. Yo soy empleado de ellas.
-se corta la cinta-
FIN
Juan Manuel Daza – Invierno de 2009.

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