por Gastón Malgieri


Desearía haber probado con enhebrarme los pliegues de este llanto y hacerle voladitos a la enagua de este insomnio. Hacerme una mantita de moronganda que cubra el lacio trans/currir de los días, la pesadillesca sensatez de algunas contusiones. O aprender, de una vez por todas, el dobladillo y el pespunte, así los hilos ayudan a contener  la verborragia de esta lengua malherida. Pero no llegué a tiempo. Y ahora tengo nudos en mis tres gargantas. Desvelo, furia y pesadillas.

Negada para el bordado, el zurcido y la prudencia, taconeo desbocada por los pasillos de los lugares a los que nadie me ha invitado nunca, pidiendo ungüentos y apósitos para este tajo extremadamente doloroso. Nadie puede darme consuelo. No necesito consuelo. Necesito escurrir la inercia. Así, herida y a los tumbos. 

No estoy dispuesta a contar cadáveres con el ábaco perverso de la costumbre. No estoy dispuesta a que la congoja sea titular mañana en el periódico de las culpógenas redacciones amarillistas. Ni a pedir disculpas por querer armarme hasta los dientes y arremeter contra el estado que asesina, y luego decreta duelo nacional, con bandera a media asta y cara de circunstancia para la foto.

No soy impermeable. No tengo humor para jugar a la dicotomía. Ni este cuerpo tiene fuerzas para enarbolar el cinismo que deviene metástasis en el anonimato de lxs comentaristxs de las páginas de noticias.

No quiero el hábito de la muerte, la vuelta de hoja, el dato duro, o esos cartelitos impunes que chorrean de las bandejas frías de las morgues.

No quiero volverme inconmovible, o conmoverme solo cuando se les ocurre a los noticieros, musicalizando mi angustia (y la de tantxs) a toda orquesta, como si todo, finalmente, se tratara de una mala película épica.  

No quiero explicaciones técnicas. Los tecnicismos no exculpan al Estado de la responsabilidad por las décadas de desdén con las que manipularon nuestra suerte, jugando a la ruleta rusa con los cuerpos.

No quiero la indignación contenida y empaquetada en el clickeo pasivo de las redes sociales. Ni pretendo que vengan a explicarme que esto es parte del mecanismo del Capitalismo Salvaje que nos asesina. Lo tengo claro. Y aún, a costa de tenerlo claro, no puedo racionalizar el desdén. Me niego a racionalizar, a intelectualizar el desdén.

No quiero millones de rostros iluminados catódicamente, mientras lxs responsables desde sus despachos minimalistas ven de qué manera abaratar costos, acrecentar ganancias, con la certeza de que soy (somos) números que suben o bajan. Pura intangibilidad, signos abstractos,  a merced del destino y la contingencia.

No quiero volverme una indignada que dice “qué barbaridad, me podría haber pasado a mí” y sigue sin hacer nada al respecto.

No tengo claro qué hacer, pero confío en que la bronca me levante de una buena vez de esta silla y me saque a la calle, para hacerles saber a quienes programan mi vida como un índice numérico, que acá estoy, que acá está este cuerpo dolido, embroncado, dispuesto a no sumarse en la inercia que nos lleva a estar cada vez más cerca de la apatía.  

4 comentarios:

Anais Nit dijo...

Duelen las palabras como los hechos. Duelen.

Shavi Alli dijo...

Gente con Jenner Maidana nos vamos a juntar el Lunes 27 (feriado) a las 18hs en "La Farola De Saavedra" Av Cabildo 4500. Tenemos la idea de intervenir con fotos como ya lo hicimos pero con el tema especifico de la tragedia de tren. Los que tengan ganas de pensar y decidir la actividad con nosotros, vengan, sino luego se podrán sumar a lo que tengamos armado. Gracias!

c J. dijo...

gastón siempre toca donde hay que tocar...

otra llaga impune más?




(que fácil nos dejamos acostumbrar)

Nadia Sol dijo...

Shavi, si podes mandanos las intervenciones asi las difundimos por acá! No te digo que podemos asistir porque estamos en un panorama bastante complejo, pero le ofrecemos este espacio para difundir las imágenes.

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