El sonido de la batería me ha provocado pensar en ti, y en aquella noche calurosa del mes de abril, y en el aroma de tu pelo. Pero sobre todo en ti, en eso que te hace sobresalir de la multitud: tu lejanía, tu misterio, el saber que estás, sin saber dónde ni por qué. Extraviada. Sola en medio de la muchedumbre.
El concierto había sido organizado para celebrar tu cumpleaños. La chica desconocida más notoria entre la gente; al menos esa noche parecía ser así. Y yo sin conocerte a ti, y tú sin conocerme a mí. Pero eso sí, pásame otra cerveza bien fría.
No, lo peor es que se me acabó el dinero, lo que traía en el bolsillo lo invertí en abastecerme de mota, ya ves que luego la erizés está de a tiro muy fea y, eso no se lo deseas ni a tu peor enemigo.
Bueno, bueno, si se van a poner en ese plan mejor me largo. No, si para pinches fiestecitas jodidas mejor me quedo en casa. Aunque allí a nadie le parezca la idea. Y el cielo siempre se oscurezca sobre el rostro desencajado de papá, furioso por tu irresponsabilidad y ausencia de expectativas, “¿A qué futuro aspiras siendo así? Recapacita, busca un buen empleo, forma un hogar. ¡Carajo! Haz algo con tu pinche vida”. Y si para mañana no eres otro, te buscas una casa donde te aguanten tus jodidos sueños quijotescos, ¿está claro? Sí papá, mañana me largo a primera hora. 
Siempre existirán las noches perfectas que se recorren L-E-N-T-A-M-E-N-T-E para descubrir en ellas, igual que sobre el cuerpo de una mujer desnuda, lugares inhóspitos, durante las horas en que la ciudad es otra, distinta a la de las 10 de la mañana o la de las 3 p.m. La ciudad que sueña ser recorrida por aquellos a los que papá te prohibió terminantemente dirigirles la palabra. Y tú, en cambio, intercambias con ellos 15 pesos por un bonito día soleado. Eso los hace felices a ambos. Ríen. Esconden su secreto envuelto en papel de estraza, en el bolsillo. Continúan su camino.
Cada cierto tiempo alguien toma los instrumentos para improvisar o, ya de plano, aporrear cuerdas y tambores como poseído por el demonio. No faltan las canciones de Nirvana o Radiohead, los más pedidos con su Smell like teen spirit y Creep, respectivamente. La adolescencia iba a la baja en la bolsa de valores. Pero a los jóvenes, ya sabes, de que se les mete una idea ni quién se las quite de encima. Lo bueno es que sólo se trata de fashion, pura moda, al rato se les pasa y cambian su camisa de franela y sus pantalones rotos por el sombrero y un par de botas vaqueras. Lo que les pongas enfrente se lo tragan. Si te digo que están bien pendejos.
Aunque tal vez alguien te la presentó ese día, u otro. A fin de cuentas lo mismo da, si siempre andabas bien dopado, hasta la última célula de la tercera circunvolución lateral de tu diminuto cerebro tamaño nuez. Fue el Chulis quien te la presentó. Debió ser él. Sí, porque él te invitó. Y, a él, muy probablemente nadie lo haya invitado. Pero esas son pequeñeces. Lo importante era saber ¿quién demonios es América? ¿Dónde está? La única información al respecto es que se trata de una mujer ¡Vaya información!
Para entonces, un tipo a la batería repite las primeras notas de Entersandman de Metallica.
Cuándo llegaste, las puertas estaban bien cerradas. Ella había dicho: “ya no entra nadie”. Así que debiste escalar paredes, pero al fin estás dentro. ¿América  es la tipa de cabellos rojos y el tatuaje del Sol en medio de los senos? O, ¿fueron dos? Una con los cabellos rojos y otra con el sol saliendo entre sus pechos. Debiste preguntar el nombre del artista ¡Carajo! Qué tatuaje tan bueno. Si cuando quisiste verlo de cerca, clarito sentiste cómo te quemó en la mejilla. Sí, ¿pero, quién chingados es América?
Fue sorpresivo encontrar tu amplificador en medio de los instrumentos, el que le prestaste hace un mes al Chulis y que, cuando se lo pedías, nada más se hacía güey. Entonces, por eso sí debió ser él quién te presento a América, la del sol bien hecho, porque la de cabellera roja era otra: una punky de Monterrey. Eso fue antes del happy punk. Sí, por eso, cuando el punk era punk y no mamadas. Aunque, no te creas, ya entonces había suficientes posers para poblar medio planeta. Pero en fin, los posers siempre han existido, sí, son como las méndigas cucarachas de aferradas (hijos de toda su cúcara-macara-títere-fue)
La alberca estaba vacía, eso fue bueno, porque, como se pusieron de pedos, no faltó al que le valió madres y, así nada más, se lanzó al vacío; a la alberca sin agua. Jajaja, que se le abre la tatema y le escurre el chorro de sangre. Se quedó dormido y despertó hasta el siguiente día, sobre una cama de la Cruz Roja. Espero que por lo menos haya sido un poser. Aunque, de que se rompió el hocico, fuese poser o macizo, se lo rompió.
Te presento a América, dijo el Chulis. Qué onda, mucho gusto. Así que ésta es tu fiesta ¿y cuántos años cumples? ¿Tú cuántos me calculas? Responde ella evadiendo tu pregunta, como si tuvieras tiempo para adivinanzas pendejas. Y luego, ni modo de decirle que veinti-tantos tirándole al treintas, porque la verdad sí se veía medio cacheteada por la vida. Así que, volteas y observas a tus espaldas cómo algunos destapan la cerveza que sacan entre los cubos de hielo. Diecisiete-quieres-una-cerveza ―respondes sin esperar respuesta, e inmediatamente te lanzas sobre la hielera llena de cervezas Victoria.
¿Alguien trae un cigarro que me obsequie? ¿Nadie? Bola de jodidos.
En serio, yo no sé para qué invitaste a tanto gorrón a tu fiesta, ¿eh? Ni un méndigo cigarro traen. Tú sí debes de tener ¿verdad? Regálame uno, aunque sea de yerbita. Así que tú eres la famosa América, comentas al tiempo que le extiendes una cerveza. Notas casi imperceptible un destello en su mirada. El mismo que se le encendía a tu novia justo antes de decir que tenía ganas de cogerte. Nunca la contradecías, todo lo contrarío, todo lo contrario. Pero, ¿quién era esa mujer de cabellos rojos? Era Lola, corre que corre sin parar.
Esa melodía lenta en la guitarra. Las primeras notas de Fade to black. Sí, pero, lo mejor está en el desenlace. La Cindy Lauper regia me clava las uñas en cuanto escucha la canción. Yo no sé por qué, si a ella lo que le gusta es el punk, sobre todo los Ramones y The Clash, los Sex Pistols no, le enojó la gran estafa londinense de la reina boca floja. Luego se la pasaba escuchando, una y otra vez La chica banda de Café Tacuba. Pero esa es otra historia, como dice el comercial. Entonces era punk de sangre azul. No hay futuro, dice, dice. La generación del amor no es opción, ni el sexo ni la paz; un poco quizá, la mari o el peyote o, cualquier cosa capaz de hacerte olvidar que aún estás aquí, sin una pinche idea acerca del para qué.

América, escucha toda aquella sarta de disparates, aparentemente encantada. Ella ama al drogo, Kurt Cobain, dice que sólo él podrá llegar un día al sol. Él ya lo había intentado y se quemó.
Unos años después, murió el drogo sin haber tocado el sol. Hubo incluso quien se quitó la vida. Una vida muy vacía, sin duda, para hacer eso. Cuando se está hasta la madre de todo, no se necesitan pretextos para darse cuello, I hate myself, so I want to kill me, basta con ser uno mismo por primera vez y mirarse frente al espejo. Entonces si, Goodbye blue sky, es decir, quién soportaría algo así.
América viste de cuero negro. Su lustroso pantalón de piel imita los destellos de sus ojos deseando la desnudez y el sudor. La punky no se llama Lola sino Carmina, ella más bien quiere romperme la madre, o eso leo en su mirada y la boca imitando el gesto de jódanse todos a la Sid Vicious. Al fondo, la música de Tijuana No provoca el pogo que, pronto hace resbalar y caer, dentro de la alberca vacía (con una mancha roja al centro) a unos cuantos ebrios desequilibrados.
Carmina se concentra en patear traseros en medio del slam; lanza patadas y golpes al aire como dirigidos hacia un enemigo invisible, sin embargo, éstos chocan contra la humanidad, de antemano dolida por la vida, de los jóvenes que sólo quieren divertirse golpeándose entre sí. Dicen que los golpes repartidos entre muchos, duelen menos. Tal vez por eso la necesidad de las manadas, lo mismo entre los animales que entre los humanos.

Algún día soñé conocer a América. Hoy es su cumpleaños. Estoy aquí, preguntando ¿Cuántos años cumples, América? Gracias por invitarme a tu fiesta. ¿Tienes un cigarro? I love you so I want to kill you.
La canción termina en ese momento. Un puñado de amigos chocan sus botellas de cerveza, en un brindis fuera de tiempo. La última canción antes de perder la conciencia, me voy hundiendo conforme se apagan las notas de la melodía, América me besa, más por lástima que por otra cosa. El amor tiene distintos atuendos: te amo, por eso te mato, dice Sid a Nancy antes de enterrarle el puñal, amorosamente, en la boca del estómago. Una cosa es cierta: el amor apesta. Y, yo me estoy enamorado de América. De Carmina no, aunque cogería con ella si América no estuviera aquí.
  Con el tiempo, nos damos cuenta que el amor no existe, es cierto. Sin embargo, eso no me inquieta demasiado, aún queda el sexo que, a decir verdad, no es asunto irrelevante. 
La batería marca el ritmo de mi recuerdo sobre ti, en un tiempo, sin duda, vivido con la intensidad del vapor pretendiendo escapar de la olla de presión.

ффффф

Frente a mí están mi mujer y mi hija América. Se llama así, en tu honor, ¿sabes? Tal vez, algún día, ella también acogerá al sol entre sus pechos; y conozca a un tipo que escriba recuerdos de ella al escuchar el sonido de una batería.
Hoy es el cumpleaños número diecisiete de mi hija.
A estas alturas, me resulta imposible confiar en alguien. Vigilo cada movimiento en los alrededores, tratando de adivinar la dirección del golpe. La casa de papá ahora es mía. Aunque aún tiembla de vez en cuando el cielo de concreto, no he podido hacer reparaciones. No sé para qué sigo aquí.
Decidí organizar cada año el cumpleaños de América. Necesito mantenerme cerca, en cualquier momento puede acercarse el tipo al que nadie invitó a pedirle un cigarro; preguntarle cuántos años cumple; enamorarla con sus idioteces y, forjar la línea de cocaína que dibuje el camino de su partida, después de hacer el amor por primera vez. 



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Valentín Corona, nació en San Luis Potosí , México. 1976. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Es integrante del Taller de creación literaria Miguel Donoso Pareja coordinado por el escritor David Ojeda, en el ahora Museo Francisco Cossío.Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (FECA) 2007, con el libro "El ojo desnudo". Por la calidad de su trabajo obtuvo además el premio 20 de Noviembre Manuel José Othón, en Narrativa (2008).
Ha publicado en diversas revistas literarias locales y nacionales. Tiene publicados dos libro de cuentos "Sinfonía para un planeta azul" y el segundo, "La venganza de Jack Kerouac, y otros cuentos marxistas para dormir sonámbulos".
Ha sido coordinador de una serie de talleres de escritura creativa.



4 comentarios:

mL dijo...

muy bueno! me gusto mucho.

circe zac dijo...

me gustó tu historia sobre un fantasma que azota tu vida, creo que siempre alguien te deja así o no?

Anónimo dijo...

eso es un cuento o un diario? apesta, solo me hizo perder el tiempo.

Anónimo dijo...

Horrible, tiene la vacua pretensión de imitar el realismo sucio combinado con un beat mexicanizado, espantoso en pocas palabras, lo bueno es que la falta de imaginación del autor no le dio para hacer la historia mas larga y así hacernos perder mas el tiempo. Fuera de este relato el blog es muy bueno. Gracias

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