TOILETTE

Cuando llegué, todavía no había llegado. Elegí una mesa y proseguí a ubicarme. Comencé a observar el lugar: oscuro, lúgubre y tétricamente desagradable. Hacia mucho calor y por eso elegí una mesa en la parte de afuera, sobre la vereda concurrida y mugrienta, como todo el habitad del espacio.
Como siempre, tuve que esperar, al menos, treinta minutos. Destemporable y desfavorable en lo que me toca. Tenia todas las de perder en ese sitio inmundo; y pensando en seco, en aquel encuentro también perdía mi valioso tiempo. Así fueran dos horas.
Llegó con una sonrisa apetecible. Pero me vinculaba a percibir una subjetividad incógnita. Había un cierto manejo de extrañeza en todo eso. Tal vez era solo por un momento.

YO HABLE.
ÉL HABLO.
NOSOTROS HABLAMOS.


De alguna situación o de alguna anécdota que no recuerdo con claridad en este momento. Lo más curioso (y digno de narrar) vino después. AHORA.
Fue al baño, dejándome solo unos instantes y me permití volver a las ensoñaciones que me eran frecuentes cuando tenia muchas ganas de huir de algún lugar como aquel... Mientras esperaba volví a observar: MESA, SILLAS, TRAPO, VASOS, TAZAS Y RECIPIENTES VARIOS. Ninguno se salvaba de la mugre.
Volvieron a pasar casi treinta minutos. Mi histeria estaba hasta los cielos y los relojes se comenzaron a suicidar antes de que empezaran a mirarlos. Había muchos relojes de todo tipo que marcaban muy claramente el tiempo.
Ya había asumido que me había dejado solo; entre tantos relojes. Era mejor que pagara la inmundicia y me fuera de ese lugar. Intente pasar al baño a husmear. Y lo hice. Paredes sin revoque, entubaciones comidas por el óxido dejaban caer grandes gotas de agua que hacían mucho ruido al caer y resonaban muy fuerte. Seguí entrando.
Estaba sentado en el vaso sanitario respectivo y electo, sin puertas de frente, ni de costado. Es el momento mas indigno de la vida de un hombre. Estoy narrando su defecación.
Por supuesto que no permití que me viera viéndolo, aunque no sé si me vio. No insistí, Salí enseguida corriendo, dejándolo con su inmundicia para siempre.

1 comentarios:

xoana velez dijo...

Me encanta. Porque lo único consistente es la suciedad, el desenlace perfecto el inodoro! me gusta, me gusta.

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