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Cat Woman Art Print

by Sandra Dieckmann

[Hoy

Hoy había pensado en dejar de escribir
en sentarme un rato en la vereda
a mirar los autos, los zapatos, las colillas en el suelo
Había pensado en abandonar el pucho
y comenzar a enrolar tabaco,
en volverme vegana
de una vez por todas
en cortarme el pelo como punky
y editar un libro.
También pensé en volver a mi tierra, ir por mis hijos
dormir con ellos, tocar sus patas,
oler sus orejas
besar sus hocicos
Había pensado en cambiar mi cédula de  identidad,
en abandonar la ciudad e  irme del país,
pensé también en mis recuerdos, en viejos amores
en primaveras olvidadas,
en la higuera de la Menche,
en el cerezo de mi Abuelo.
Pensé en dios, en el chico de las piernas cortadas,
en mirar al cielo y ver nubes de colores,
pensé en volverme adicta a los besos,
en llamarlo y escuchar su voz,
pensé en Salvador de Bahía
en Montevideo,
en la película del domingo,
en todo lo que debo hacer
y no he hecho
pensé en el Arturo, en la Fran y en Valpo
en las fotos que iré a buscar,
en las botellitas de colores, esas que reparten pensamientos,
pensé en las palabras que más me gustan como:
crisálida, desastre, invencible, imperecedero.
y en las que odio, como hemorragia o caca.
Pensé en regalar un abrazo, en donar dinero
en no haber escrito esa frase,
en retroceder el tiempo,
en haberle dicho un día la verdad,
pensé en las frases que debo armar
y en el color de la libreta,
pensé en las apariencias, en las ideas, en la represión.
Pensé en mi bandera, en el escudo con el caballo,
en mi próxima actividad física y en cómo me vestiré este sábado
en las manos atadas
en el árbol de la esquina, en esta vereda, donde Hoy escribo.

[Sobre la autora]

 Poetiza rancagüina, en el año 2007 participa activamente en el colectivo cultural de La Serena, grupo E-LIT.  Comúnmente lee su poesía en diversos lugares donde se realizan encuentros literarios. Actualmente se encuentra participando en el proyecto de Patrimonio Cultural de Rancagua, creando poesías para los lugares más importantes de Rancagua.

[Contacto]

issabelguerrero.blog.com
issabelguerrero@gmail.com
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de comiqueros e ilustradores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los comiqueros e ilustradores.

[Auto-semblanza]

Sin título
Irana Dauer
Irana, ilustradora/dibujante, creadora de Ruby (publicación virtual, libro, galería, etc). Parezco medio mala pero soy buena. Tengo carácter bastante fuerte. Me aburro rápido de todo, me cambio el pelo cada dos por tres. Mi comida preferida es el desayuno. También me muero de ganas de tener un perrito.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te pongas a dibujar?
Tener una imagen o idea lista para ser pasada a papel. Siempre me hago listitas de ideas que se me ocurren para después dibujarlas. Por lo general se me ocurren cosas cuando estoy a punto de dormirme asi que tengo una lista en un pad que se llama “pienso”.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Nunca lo había pensado. Antes era holden, obvio, como la mayoría creo. Ahora no se. Puedo decir tyrion lannister o es muy nabo? Es que lo amo.

3. ¿Qué talento o superpoder desearías tener?
Un superpoder me gustaría ser invisible y un talento, cocinar increíblemente. Iba a decir leer mentes en el super poder pero no se si me animaria a tener ese poder. Seria bastante autodestructivo también.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Me lo están haciendo. Me mande a hacer mi primer anillito y ya lo amo.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La envidia

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en la humanidad?
La amabilidad

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Caótico e inseguro.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Para mi la felicidad es una sensación de completa satisfacción medio fugaz. Digo, si uno fuera posta feliz todo el tiempo seria medio aburrido. Al menos yo no podría dibujar.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
A ser un fracaso y a no aprender nunca a controlar mis ansiedades. La falta de autocontrol.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
No sé, cualquier momento que piense donde me rei mucho probablemente. O donde me sentí muy querida. O en el que se me dio algo muy groso. Como elegir?

11. ¿Qué libro gráfico, historieta o ilustración que hayas adquirido últimamente te hubiera gustado dibujar vos?
Albertus Seba. Cabinet of Natural Curiosities

12. ¿Qué historieta, ilustración  o caricatura no volverías a publicar? ¿Por qué?
Tengo varias, probablemente alguna que hice sin muchas ganas o que no siento que me represente.

13. ¿Qué disco te hace sonreír?
En este momento “rebeldes” de alex anwandter

14. ¿Qué otras ramas del arte estimulan tu trabajo?
Todas! Aparte de ser ilustradora tengo Ruby, que es una publicación y galería de arte.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Bowie. Te imaginas el disco que sacaría después de un ataque de godzilla? Seria tremendo.

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
No entiendo, es algo bueno o malo morder siendo zombie? Digo, seria como los vampiros, que lo vuelvo inmortal o se muere?

17. En tu última obra ¿encontraste la imagen o la forma justa para expresar lo que querías?
Nunca termina de ser exactamente lo que tenia en mente.

[Contacto]
flickr.com/irana
facebook.com/rubymag
teafromchina@gmail.com
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[Sobre el artista]

Damián Fabiani nació en Buenos Aires en 1985. Su interés por las artes tuvo inicio en el cómic, razón por la cual estudió Dibujo e Historieta con Horacio Lalia. También en esa época hizo su aporte en una serie de fanzines. Luego, comenzó la carrera de Licenciatura en Artes Visuales Orientación Dibujo en el IUNA, carrera que aún está cursando. Recientemente Milena Caserola editó “La Belleza” de Inés Purpura, en el que participa como ilustrador. Este año y el año pasado tuvo la oportunidad de exponer sus trabajos en diferentes ocasiones. Su interés por el arte plástico, ha estado asociado principalmente al uso de la tinta china y el collage, al trabajo en blanco y negro. Le entusiasman particularmente el dibujo y la ilustración.  Pero recientemente ha estado incursionando en el grabado y arte impreso.

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por Lianne Kross

Little boy Art Print
by Mimology
Había llegado la hora. Más de un centenar de pasos me seguían por aquellas escalinatas que tantas veces había descendido. Me sujeté bien a la gruesa barandilla, pues mis piernas flaqueaban de nervios y debilidad. Ahora no podía desfallecer.
Estaba asustado, como todos los demás, sin embargo, debía mirar al frente, mantenerme estoico y aceptar mi destino. Tragar el miedo y empujarlo con fuerza hacia lo más profundo del estómago, para no dejarlo salir jamás. Eso era lo que debía hacer. Eso era lo que debíamos hacer. Cada paso que dábamos suponía una lección de valentía para nuestros enemigos, y cada lágrima contenida, una victoria triunfal para nuestro honor. Nuestra actitud era motivo de orgullo para nosotros, como individuos y como grupo.
Y ahí estaba la puerta. No recordaba haberla visto mostrarse tan soberbia jamás, nunca como aquella mañana. Dos de las enfermeras comenzaron a llorar en silencio al ver que ya no había marcha atrás, pero continuaron caminando. El deseo de alargar lo suficiente aquel momento, hacía que sus pies ya no se levantaran apenas del suelo, y se oía el chirriar de los zapatos en las resbaladizas baldosas al ritmo de la congoja que se estaba apoderando de ambas.
Uno de aquellos hombres intentaba abrir la puerta, con sumo esfuerzo debo recalcar. Otro se vio obligado a guardarse aquel artilugio cilíndrico, que no cesaba de mecer de un lado a otro, para ayudar a su compañero. La madera era maciza y siempre había hecho falta dos personas si deseábamos abrirla de par en par. Adoraba aquel crujido característico que emitía al forzarla, pero aquel día dicho crujido resonó en mi cabeza como si fueran las mismísimas puertas del averno.
La espléndida luz del exterior me deslumbró, y tuve que cubrirme los ojos con mi mano. Fácilmente, al tenerlos claros, la luz solar me provocaba un tenue dolor en los mismos, como un leve pinchazo, pero tan sólo se trataba de los primeros segundos a la exposición.
Un cierto olor a gasolina provenía de las ruidosas calles del ghetto de Varsovia. Los gritos de aquellos hombres estaban por todas partes.
Los casi doscientos niños que venían tras de mí, se agolparon formando una gran bola de pavor y desolación, pero ni uno de ellos soltó una sola lágrima. Aún así, no nos atrevíamos a dar el paso necesario para abandonar el orfanato, pues en cuanto pusiéramos un pie en la fría y resquebrajada acera, no volveríamos a sentir el cálido abrazo de aquellas paredes.
Cierta ira recorrió mis venas y ardió dentro de mi ser, como si de lava se tratase, al recordar que ya me habían obligado a trasladar mi orfanato para así limitarlo dentro del ghetto que habían creado los alemanes cuando tomaron Varsovia. Y ahora me veía obligado a abandonarlo de nuevo. Claro que aquel día, mi marcha no conllevaría únicamente dejar atrás un edificio, no. Mi marcha supondría dejar atrás mucho más. Pero sabía que los pasos que había dado para intentar proporcionar un bienestar y una seguridad a aquellos niños, no había sido en vano. Me debía a ellos. Eran mi vida, mi mundo. Sus sonrisas eran el motivo por el cual me levantaba por las mañanas y su afecto la recompensa que me llevaba cada noche al acostarme. Pese a que estaba tan asustado como ellos, no podía demostrarlo ni un minuto.
Allí, de pie en el umbral del gran pórtico por el que asomaba la ciudad de Varsovia, aún albergaba una pequeña esperanza, un acto de inusitada benevolencia por parte de aquellos hombres tan serios que vestían disfraces de honor y patriotismo. Nada.
Calor. Sentí aquel placentero calor de verano al salir finalmente del que había sido los últimos años nuestro hogar. Sentí bailar los rayos de sol sobre mi piel, intentando mitigar mi sufrimiento, mi dolor, una pérdida aún no acaecida aunque de sobras anunciada. Incluso el aire era cálido y reconfortante, pero la visión del ghetto era desoladora.
Avanzábamos en grupos de cuatro. Nuestras zancadas eran cortas pero firmes, y nuestra mente era consciente de hacia dónde nos dirigíamos. Nuestro amargo y desesperanzador destino ya estaba escrito.
De la mano llevaba a uno de mis niños, que iba imitando mis pasos hasta que logró que los suyos siguieran mi mismo ritmo. Le iba dando pequeños apretones, pues su mano se aferraba fuertemente a la mía, demandando consuelo. “No hay consuelo, hijo”, pensé. Y continuamos con nuestra macabra procesión.
El sol de aquel día desenterró sensaciones y pensamientos olvidados de mi infancia. Recordé que yo también fui niño, y que a pesar de que distaba bastante del término “joven o muchacho”, pude volver a sentirme como me sentía a la tierna edad de los seis años. Evoqué el gusto que tenía la comida en mi boca, tan nítido, tan placentero; recordé el placer de sentir el agua sobre mi piel, y que el helor de la misma no era para nada insoportable como lo es ya en la adultez. Sin embargo, yo era el mismo que ahora, con la misma inteligencia y raciocinio, pero con algo menos de experiencia con la vida, y sobre todo con las personas.
Entonces, una inmensa penuria penetró en mi corazón y nubló mi mente. Mis ojos se empañaron de lágrimas sin derramar e hicieron que mi visión enturbiase mis pasos, pues todas y cada una de las maravillosas personas que me acompañaban sabían a lo que se iban a enfrentar. Incluso los más pequeños eran conscientes de todo, y aún así, ninguno de ellos sucumbió a la tristeza, demostrando que la valentía y el honor no están reñidos con la edad, y que la inteligencia, tampoco.
Apreté la mano del chico, y giré levemente la cabeza para observar a los casi doscientos niños que venían tras de mí, junto con la docena de adultos que nos acompañaban. Todos mis alumnos, vestidos con sus mejores galas, se aferraron a su juguete favorito; podía ver muñecas, libros y peonzas por doquier, pero ni una sola lágrima.
Mi gran amiga también nos seguía en aquel difícil camino… A pesar de que la distancia y el tiempo nos había separado en diversas ocasiones, aún permanecía a mi lado, luchando por mis ideales, luchando por nuestros ideales. Ella tampoco quiso dejarnos en aquel momento, de modo que aceptó gratamente su sentencia junto a nosotros.
Decenas de ucranianos y alemanes se agolpaban a nuestro alrededor, contemplándonos. Una pedrada alcanzó a una de las enfermeras, pero ésta, tras comprobar que el mal no había sido gran cosa, reanudó su marcha. La policía judía también estaba merodeando alrededor de nosotros, golpeándonos y disparándonos, como si fuésemos criminales. Ni una queja, ni tan siquiera una súplica emergía de los labios de mis niños, que tanto en habían sufrido en sus cortas vidas.
Un oficial alemán de la SS me reconoció.
-¡Usted! –Exclamó agarrándome del brazo-. ¡Usted es el escritor del libro favorito de mi hijo! –añadió-. Puede ser libre, hombre… Goza de renombre y es un médico muy solicitado. ¡Usted no tiene porqué ir a Treblinka con esos miserables huérfanos!
Apreté con más amor que nunca la mano de uno de mis niños, dirigí una mirada de respeto al oficial y continué caminando dirección a la estación de tren.
-¿Cantamos? –les pregunté acto seguido a mis alumnos bajo la perpleja mirada del oficial.
Llegamos a la estación entonando una preciosa canción, cuya melodía aún resuena en mi recuerdo.
-¿Sabes qué? –Me preguntó uno de los chicos cuando nos dirigimos a Treblinka, subidos ya en aquel tren con hedor a putrefacción y muerte-. Contigo, pase lo que pase, sé que estaremos bien –me dijo.
Supe a lo que se refería. Yo no pretendía abandonarlos nunca. De hecho, aún no lo he hecho.

[Sobre la autora]

Lianne Kross nació en Barcelona (España) el 24 de diciembre de 1987. Su prosa, cargada de atmósferas oscuras, místicas, y con elementos sobrenaturales, ha pasado por diferentes géneros, desde el histórico hasta el suspenso y terror.

[Libros publicados]

-Ocultos en la Sombra (Hidden in the Shadow)
-In Memoriam (In Memoriam)
-Ragnarök: La Rebelión de los Malditos (Ragnarök: Rise of the Damned): Translating in to english.
-Errantes (Wanderers)
-Incubus in Nocte (Incubus in Nocte)

[Contacto]
Blog  

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La novela de Michele Mari, Rojo Floyd, escapa a cualquier estructura vinculada con lo biográfico, así también se corre de la convención de la novela clásica y enfrenta al lector  a un relato armado por innumerables voces.

por Pablo Gabriel Méndez


La primera impresión siempre es visual. Es así cuando el incipiente comprador, si no es un melómano obsesivo o un fan incondicional de la banda, dejará inadvertida la portada del libro en la selva literaria de una librería. Rojo Floyd no funciona para el cazador de datos, tampoco para el efímero lector en busca de información antes vedada, y menos para el impúdico que deglute minucias apegadas a la intimidad. Pink floyd, una de las bandas más grandes de la historia del rock vista/leída desde el prisma de la experimentación. 
Es así como el autor, Michele Mari, catedrático italiano y tardío descubridor de la banda, anticipa en la primera página el siguiente subtítulo: novela en 30 confesiones, 53 testimonios, 27 lamentaciones (de las cuales 11 son ultramundanas), 6 interrogaciones, 3 exhortaciones, 15 informes, una revelación y una contemplación. Una advertencia que implica un lectura fuera del orden; es decir una historia creada bajo la fórmula de las voces múltiples: lo coral cómo una conexión posible con la creación de la línea argumental. 
Si bien los personajes que interfieren son auténticos benefactores de una ficción que huele a contemplación de documentación desclasificada, la real fantasía ocurre cuando entran en juego personajes de exclusiva inventiva del autor: satélites dramáticos que interfieren residualmente en la crónica ficticia. Martí propone una historia centrada en la figura de Syd Barret, con su misterioso siamés, espejo retrovisor de su decadencia y sobre todo con los dos puntales del Floyd post psicodelia: Roger Waters, el obseso, el letrista conceptual, el maniático creador, el hijo que sigo llorando a su padre, y David Gilmour, el guitarrista virtuoso, el alter ego (de Barret y de Waters), el hombre con la mirada de gato. También aparecen en escena: Stanley Kubrick, David Bowie, Alan Parson, Jhonny Rotten, que ante un interlocutor -ese interrogador omnipresente y voraz-, hace que los protagonistas del discurso sirvan de la mano del autor (casi ajeno al libro) un anecdotario que indirectamente hará correr la historia hacia un final transitivo, casi como un ocaso costumbrista sin mayores estridencias que interrumpa la vejez de los Floyds.
Por momentos el desarrollo de los eventos narrados se intensifica, en otras recorre los páramos de lo intrascendente para hacer un juego dilatorio: por eso es una novela y su imperfección realza esa condición. La estructura es casi como un pasaje onírico de LSD; como ante se dijo, la novela sustrae los testimonios que circulan alrededor de Syd Barret para hacerlo converger en la instancia decisiva de los sucesos, y allí es donde el lector puede derrapar en la intención de su lectura, ¿cuándo dejamos de leer la ficción para acometer en la más pura instancia biográfica? 
De esta manera, y bajo los rótulos marcados de los cánones comerciales de la literatura, el avance de La Bestia Equilátera al editar esta rara novela sobre una banda de rock, interroga sobre si la grandeza literaria es aquella escurridiza que se instala en los panteones del Nobel o es la que está al alcance de la mano en una librería, con una portada apenas llamativa, con un argumento demasiado acotado a un público afecto a los acontecimientos inamovibles de la historia.