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Prólogo a su novela El hombre que camina, por Ricardo Rochero.


La novela El hombre que camina puede ser tan auténtica o tan apócrifa como lo pretenda el lector, lo que sí resulta innegable –y una confidencia ocasional me permitió corroborarlo- es la honestidad intelectual desde la que ha sido escrita. El relato está manejado por el clásico narrador en tercera persona, que en la parte final hace su aparición como personaje, cuya palabra se intercala con los textos que escribe Joaquín en su bitácora en donde vuelca todas sus angustias en forma de reflexiones y poemas, lo que conforma no solo un preciso dibujo de su alma sino también una cabal expresión de su ideología. Estos mismos textos, esta vez agrupados en sentido inverso, vuelven a desplegarse ante los ojos del lector y, aunque idénticos en su contenido, ya no poseen las mismas resonancias que antes, cuando se yuxtaponían con los avatares de la historia lo cual demostraría, si tal cosa fuese necesaria, que el sentido de lo que se dice o escribe está íntimamente ligado al tiempo, al espacio y a las circunstancias tanto en la literatura como en la vida, lo que en este caso viene a ser más o menos lo mismo.La tarea no siempre será sencilla y seguramente llevará al lector curioso a efectuar más de una investigación colateral lo que no hará sino acrecentar el placer de la lectura, y esto lo digo como lector curioso que soy.Involucrarnos con una historia, desentrañar su médula, encontrar en ella significados que acaso ni siquiera el autor pretendió, al menos conscientemente, elaborar representa una genuina forma de desafío y me parece que en esta época, pródiga en falsos desafíos, no está nada mal aceptar el que nos propone Javier desde su obra.
[ contacto y asuntos de ese tipo:
El mini-proust propiamente dicho:

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La poesía es la mujer más hermosa

la poesía
es la mujer más hermosa

el poema negro cabrío
que te parte en ocho

la poesía,
la más puta
de todas las putas
Ella es la mujer
con todas las m
con todas las u
con las jotas húmedas de saliva
con la e de alegría
y la r de ronrón

ella
nunca cierra sus piernas
y cuando la llamas
siempre se moja

todos beben de su dulce vino
de su elixir
de sus orgasmos
de sus estrellas

Él
anda borracho
arrugado en un papel
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Cómo hallar algo de brillo en la reiteración
cuando me he negado tanto a la redundancia.
Truncada,
en un constante retorno a vos,
no consigo el decir de lo justo y necesario
pronunciado en un hueco inadvertido
para no volver jamás.
Maldigo dormir en la misma noche,
en las mismas palabras.
Desconfiarme de madrugada
y atarme toda ante tus ojos.
Tan a merced de tu acecho involuntario,
tan presa fácil de tu esencia escrita,
tan erosionada a dispar tuyo,
tan asimilada a saberte mi refugio.
Cómo pesa una devoción traicionada.
Carente de inventiva para escapar
de estos conversadores versos
que se repiten
y te repiten.
Alguien advierte: "la poesía no es un filtro".
Habrá que romper la página
y, el uno frente al otro,
decantarnos el cuerpo.

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intenté no acostumbrarme
pero la
realidad me colmó
superándo·me
y tuve que inventar nuevas máscaras
para
resistir frente a todos
frente a vos
mis disfraces ya no me alcanzan
y cada vez que te veo
soy capaz de
correr todos los velos que me cubren
con tal de que adviertas
mi presencia

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