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Apátrida y fría amargura


Esta noche que aburre es un páramo.
Puedes gritar, pero el mundo es sordo.
Este día que aburre es un cuchillo afilado.

Puedes olfatear el frío como un perro.
Romper la brisa.
Comer el pan mohoso en la tarde que termina.
Llegar tarde a la agonía.
Mendigar la sobra de tu amo.
Puedes anidar como una enfermedad venérea.

Pero siempre la noche acumula la mansedumbre del día.
Es una gárgola: ya no mira al sol.
Nunca ha mirado el parpadeo de una muchacha enamorada.
Solo sabe cortar el hálito de la lengua.
Y vos, solo confort, ocio desnudo.

¿Cómo sobrevivir a la modorra?
¿Qué haces rendido sin comprender lo que te dicen?
Copia, haz un cante lastimero,
una moneda que brille en el bolsillo de tu camisa. 



Cuenca, no more



A Luis Borja Corral,

duendecillo valiente



Decía no fumar y fumamos.

Era la furia.

Dos cadáveres encendidos en una Atenas taciturna.

Yo no era más hombre, sino ridículo.

Pero aprendí que la amistad es «fulgor del instante».

Nos estábamos leyendo,

el rostro,

el cuerpo,

leyendo y golpeando los cerebros,

el uno contra el otro.

Qué hermosa batalla del ego,

de la citación, de la mala traducción de nosotros mismos.

Decía no beber, y bebimos.

Anduvimos ebrios por las húmedas calles de la ciudad

como dos raposas perdidas en el asfalto.

Y comimos el cuy más delicioso del mundo,

chupándonos los dedos,

bajando esa paz salobre con una patucha pecho amarillo,

como tiene que ser.

Decía no drogarse y nos drogamos.

Fuimos felices aspirando,

o más bien inspirando la envidia de los sobrios.

Pero había alguien más:

Lo cito: «Si uno bebe, si bebe

nuevamente, si bebe hasta caer por tierra, debe levantarse

y continuar bebiendo hasta contemplar el Dragón».

El Fakir es mi pastor.

Decía no vomitar y lo hicimos.

En el vado vivo del río Tomebamba, vomitamos.

El vino salía como la sangre.

Manantial de vino sangre de la dark gorge.

Como esa canción, más bien el video: Pass this on.

Decía follar, y no follamos.

Violamos a una mujer imaginaria,

daviliana,

que rompió una botella

en el justo momento del beso. 

Pero no sufrimos.

Lloramos de ardor fervoroso de la dicha.

Como una pastilla incandescente.

Decía tomar el vuelo, y no lo hicimos. Porque la memoria se nubló.

Queda la resaca del goce.

Cuerpo moribundo, depresión postparto. 

Nostalgia de la ola que nos revolcó.

Yo ahora reposo en la arena.


| Sobre el autor |

Santiago Vizcaíno Armijos (Quito, Ecuador, 1982) es Licenciado en Comunicación y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Cursó la Maestría en  Estudios de la Cultura, Mención Literatura Hispanoamericana,  en  la  Universidad  Andina  Simón  Bolívar.  Fue  Becario  de  Fundación  Carolina  en  la Universidad  de  Málaga,  donde  cursó  un  máster  en  Gestión  del  Patrimonio  Literario  y  donde  ahora  es doctorando  en  Investigación  en  Literaturas  Hispánicas.  Es director  del  Centro  de  Publicaciones  de  la PUCE. Textos suyos se han publicado en las revistas Letras del Ecuador, CartónPiedra, Rocinante, Ruido Blanco, Casa de las Américas (Cuba), Bitter Oleander, Chattahoochee Review, Connotation Press, Dirty Goat, Eleven/Eleven, eXchanges,  Ezra,  Lake  Effect,  Moon  City  Review,  Osiris,  Per  Contra,  Rowboat,  Saranac  Review,  Words  Without Borders  (EEUU),  Punto  de  Partida  (México),  entre  otras.  Su  primer  libro  de  poesía,  Devastación  en  la  tarde, recibió el Premio Nacional de Literatura en 2008 por parte del Ministerio de Cultura y ha sido publicado por Dialogos Books (EEUU) en 2015, traducido por Alexis Levitin. Asimismo su libro de ensayo Decir el silencio, en torno a la poesía de Alejandra Pizarnik, obtuvo el segundo lugar en esa categoría. Recibió el segundo Premio Pichincha de Poesía 2010 por su libro En la penumbra. En 2015 apareció su libro de poesía: Hábitat del camaleón (Quito, Ruido Blanco). Ha publicado también un libro de cuentos: Matar a mamá (Buenos Aires, La Caída, 2012, 2015).
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 por Ariel Fernández

La poesía contemporánea que se puede leer hoy en Argentina, abre un campo semántico que se afianza y establece un lenguaje preciso que aloja a lo cotidiano, a lo real, en el  centro de su eje temático. Sin embargo, a partir de lo concreto se expanden una serie de imágenes que aseguran la permanencia de la poesía. Porque lo real es despojado de la naturalización para hacerlo visible, para disfrutarlo para re-descubrirlo.
Así, las páginas de Un alhajero sin terminar de Gabriela Luzzi (Ediciones Santos Locos 2016) construyen un micro-mundo que con fuerza inusitada se expande, desplegando un mundo total que juega con la poesía para abrirse, para cerrarse y volver a abrirse dando cuenta de la inquietudes de la humanidad en sus detalles más íntimos. Un libro, la camaradería en la escritura, la solidaridad, el camino a casa o el encuentro causal en un mundo de desconocidos se convierten en personajes silenciosos que atraviesan cualquier existencia.
Ya, en la culminación del primer poema aparece una declaración de principios que pone en jaque a los determinismos que dominan el mundo contemporáneo donde la autora nos dice “metafóricamente/ inconscientemente/ literalmente/ todxs merecemos amar/ todxs merecemos amar/ todxs merecemos amar”.
Entonces el amor está en lo cotidiano, en las ruinas, en el engaño, en el dolor, pero también en lo que muchas veces dejamos pasar de largo. Pero en la poesía de Luzzi aparece un rescate casi heroico para ponerlo con belleza en la superficie de la poesía: “Un vendedor pone sobre mis piernas/ un paquete de pastillas DRF/ como las que veía en las/ revistas que me regalaba/ mi padre en esa casa no destinada/a que la habitáramos”.
Los versos libres de Gabriela Luzzi (libres en todo sentido) logran liberar al lector de una opresión sutil que desaparece cuando aparece el goce, y eso logra Gabriela con su poesía para cumplir con Oliverio Girondo cuando sentencia que “La poesía siempre es lo otro, aquello que todos ignoran hasta que lo descubre un verdadero poeta”. Y sin Dudas Gabriela Luzzi es una gran poeta.
 
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por Romina Zanellato

Muchos de estos perfiles nacieron anónimos en Perfiles anónimos, un blog que comenzó con un fin de documentación que después, con el tiempo, se transformó en un ejercicio de escritura. Ahora, EscriturasIndie me convocó para retomar la escritura de los perfiles pero esta vez sobre artistas que me interesan y hacer su identidad manifiesta. Estas son.


Las personas nos apoderamos de las palabras y las reconvertimos en otra cosa, las transformamos en una obsesión desconocida hasta de nosotros mismos. Lo incierto, para Marina, tal vez sea su pulsión. Hay algo que la lleva a meterse hasta el fondo, con todo, en eso que la atrae y no sabe bien qué es. No hay prudencia, no hay puntas de pie, hay decisión originada por un presentimiento. ¿Un antes del sentimiento? Algo, tal vez, del orden de la inconsciencia. Otra vez, lo incierto.

Incierto es un adjetivo que en el diccionario se reconoce como algo negativo a lo desconocido. Es raro cómo a veces el vocabulario se vence ante las acciones. Todas las hipótesis que pretenden definir o explicar a Marina vuelven siempre hacia lo mismo: una acción incierta. Es decir, a ella le interesan las personas, que son las que hacen o dejan de hacer, o es ella la que suma cartas y forma un piso de casitas y otro piso en la torre de las acciones personales.

Marina no escatima. Hizo un taller literario y otro y otro hasta llegar a unos tres en simultáneo y unos cuantos en total. Desde que descubrió que eso que escribía en su computadora de tapa roja es, al fin de cuentas, literatura. Porque –y esto es una teoría personal- lo que uno hace con demasiada conciencia de sí no trae el mismo disfrute ni tiene lo genuino del arte. Entonces ella escribió y se entregó a la experiencia hasta que conoció a un grupo de escritoras con quienes después de trabajar/pensar juntas varios años formó Máquina de Lavar.

Antes o después, mientras cursaba psicología conoció a un hombre que se transformaría en su amigo con el que se leían eso que escribían casi a escondidas. Magia, o quién sabe qué, pero varios años después siguen leyéndose y publicando en su editorial Pánico el Pánico.

Pero tal vez lo más hermoso haya sido haberse sumado a un proyecto ajeno, un viaje por el norte de Argentina y de Chile en busca de las estrellas. Una obsesión ajena que la conquistó por otro lado: enfrentarse a la aventura de a dos, entrevistar a esas personas que se dedican a observar las luces que están allá arriba, misteriosas, inadvertidas casi para una porteña que tiene el centro de su mundo en Acoyte y Rivadavia. ¿Qué ven? ¿Qué los motiva a estar con la vista en la noche? ¿Estamos solos? ¿Qué pasa con el universo? De ahí salió una respuesta: Lucero. Ella, que tiene nombre de mar, llamó a su hija como la luz de las estrellas, como la belleza de eso incierto que el cielo nos regala. 

| contacto marina gersberg |


| sobre la autora |
Romina Zanellato ( @romizanellato ) es periodista y trabaja en comunicación digital. Cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF. Hace muchos blogs.
 
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Crónica de la primera ANTI-FIL 2016, llevada a cabo del 13 al 17 de julio, en Lima, Perú

por Fernando Bogado 


A viva voz, y mientras sonaba “No se va a llamar” de Charly García de fondo (en una de esas rocolas que ofrece, por el mismo precio, canción y video), Efraín me dijo: “tendrías que empezar con el ayni tu crónica”. “El ayni es una forma de trabajo sin jefes, recíproca, andina”, agrega rápido, sabiendo de mi ignorancia. “Funciona de una manera bien simple: hoy te ayudamos a ti a construir tu casa, y otro día tú me ayudas con otra cosa, y así”. Trabajo sin jefes. Parece utópico, pero, en las micro-escalas de cualquier comunidad, este tipo de cosas es pan de todos los días. El mundo andino, que subsiste estrictamente por debajo de cualquier tipo de determinación estatal, “macro”, aún continua con este tipo de prácticas sin necesidad de que se vean reemplazadas o avasalladas (nunca mejor usada esta palabra) por los modos de producción del capitalismo. Efraín dijo eso la última noche que pasé en Lima, la inmediata posterior al cierre de la Anti FIL, y yo, que vengo del mundo puanner -en donde parece que la revolución está a apenas minutos de llevarse adelante-, no escuché eso con la distancia cínica que aprendí a desarrollar. Escuché con atención, convencido. Efraín es un ingeniero de profesión pero un gestor cultural de los más interesantes que he conocido: pone gran parte de su sueldo en movidas de todo tipo, siempre con el espíritu de hacer circular las producciones culturales sin necesidad de atender a agendas privadas o incluso estatales, sino pendiente de la única agenda (¿privada?) que importa: la del hacer. Lo conocí entre el jueves y el viernes en alguna de las populosas y frenéticas jornadas de la Anti FIL, la primera Anti Feria Internacional del Libro llevada adelante en la ciudad de Lima, entre el 13 y el 17 de julio de este mismo año, en la Asociación Guadalupana de la Avenida España. Me lo presentó Juan Manuel Corbera, poeta, a esta altura, también gestor cultural, encargado de tender puentes entre la producción literaria argentina y la peruana, esa que también insiste más allá de todas las agendas que se nos puedan ocurrir, esa que pasa, que se da y que en algún sentido nos envuelve de una manera tan radical que no podemos ver el afuera. Como el ayni o la esfera de Pascal que tanto citaba Jorge Luis, es tan parte de nosotros que nos cuesta ver la circunferencia, el límite, aunque su centro puede llegar a ser cualquier obra, o poeta, o recital que nos podamos imaginar.
            Circularidad y flujo. Eso, al menos, fue el punto de partida de la conferencia que di en el auditorio de la Asociación Guadalupana, espacio usado por los organizadores de la Anti FIL para hacer lecturas, charlas y presentaciones de libros. Totalmente teñido de la lectura de algunos libros de Boris Groys, empecé a poner en discusión, en esa breve charla, el problema de la obra en relación a este tipo de contextos de producción: como cara opuesta al así llamado “fin del libro”, la pregunta lícita apuntaba a entender la manera en la que el libro todavía sigue siendo un objeto imprescindible, si se quiere, de “captura de flujo”, en una producción que siempre tiende al movimiento y a su momentánea detención en un particular, desde una lectura hasta una plaqueta. Minutos antes, un colectivo más pegado a la publicación de fanzines -los cuales tenían sus puestos en el tercer piso- reclamaban un posicionamiento de la Anti FIL con respecto a la FIL, la cual comenzaba el 15 de julio. Denunciaba, en algún sentido, que muchos de los participantes del actual evento iban a tener luego su puesto en la Feria oficial. “Anti es Anti”, reclamaba uno de sus voceros por el micrófono. Me permití disentir. En ese momento en particular, la única lectura posible era la del posicionamiento, funcionando casi hasta como un deber ético: o se está con una o se está con la otra. Sin embargo, me parece que ese es un pseudo-problema. La Anti FIL no competía, no compite con el “mercado” de la FIL, no es una disputa de lectores o de propuestas, todo lo contrario: la Anti FIL crea su mercado, crea su lector, está proponiendo algo nuevo, casi en el mismo sentido en el que la FLIA de Argentina comenzó como una manifestación en contra de la Feria del Libro y después se propuso como un espacio diferente, propio. Y si hay una lucha hegemónica posible es la de la persuasión, no la del choque: crear nuevos lectores es también establecer las bases de una literatura por venir.
            ¿Y dónde está lo que se escribe ahora? En el patio de la Asociación se dispusieron los puestos de las editoriales, librerías y proyectos que participaron activamente en la Anti FIL. Desde las librerías “La Libre” de Barranco o “El Virrey”, ubicada a pocos metros de la Plaza de Armas; hasta proyectos tan interesantes como la revista ExtraMuros, dirigida por jóvenes de la Pontificia Universidad Católica de Perú, como Gustavo Lobatón y Sebastián Mora. Durante las tardes, solía pasar un rato charlando con ellos, previamente al café con pan con queso que tomaba en el barcito del patio acompañado de Juli, en donde leemos: " Vallejo"ue bien puede entenderse en poemas como "alguien predispuesto y bien orientado. Franco tiene en están, un amigo del barrio que decidió seguirme en este encantador viaje. Gustavo y Sebastián tenían una lectura de los hechos sorprendente para sus tempranos años: desde la coyuntura política hasta el verdadero objetivo de estas movidas, que era y es discutir la administración de la Cámara Peruana del Libro, todo cabía en el espacio de una sola charla en donde cualquiera con dos o tres ideas más o menos coherentes podía entender las observaciones vertidas. Gustavo y Sebastián también vendían libros de los organizadores, como Exilium de Franco Osorio Paredes, uno de esos tipos que es necesario tener en cualquier evento, alguien predispuesto y bien orientado. Franco tiene en esta publicación un manual de resistencia, que bien puede entenderse en poemas como “Anti-Todo” o “Diálogo post mortem con Vallejo”, en donde leemos: “César en la tumba tuya / millones de latidos anidan”. No puede menos que conmoverme leer algo así sobre el poeta latinoamericano más importante, el cholito que viene de esta misma geografía y que pasó errático por tantas cosas. Cuando los chicos me preguntan por poetas peruanos, o sin que lo hagan, yo cito a Vallejo. Me pasa, qué le vamos a hacer.
            Todas las noches en la Anti FIL estuvieron cargadas de música. En ese mismo tercer piso, al cual se llegaba por una escalera ubicada entre los baños o por la del segundo piso, en donde se hacían muestras de obras pictóricas o fotográficas de corte contestatario, rebelde, que imponían una lectura de la coyuntura o directamente discutían posicionamientos con respecto al modo de producción contemporáneo (un cartel en la puerta rezaba: “El arte es mierda a colores”); en ese piso, bien digo, desfilaron conjuntos en el correspondiente clima festivo que las jornadas imponían, con cerveza y artistas discutiendo, hablando de casi cualquier cosa y conociéndose. Willni Dávalos, con quien compartí una lectura el día sábado, me habló allí de una infinidad de temas, todos ligados a esa lectura monumental que hacía desde su perfil de psicólogo pero, sobre todo, desde su naturaleza de artista y diletante, alguien que sabe porque quiere, porque ese saber representa algo, porque le place. Me comentó por arriba la vez que había intentado participar del ritual de la ayahuasca. El chamán le hizo dos preguntas claves: si fumaba marihuana y si comía cerdo. Frente a la doble afirmativa, rechazó su pedido. Willni detalló que, para poder participar del ritual, era necesario estar limpio de ambas cosas. Y él no pensaba dejar de comer cerdo. Para lo otro no necesitó respuesta despunicos que largan vapor. esanal que lo acompañaba a todos lados, casi de la misma manera en la que algunos llevan ahora, como objés de sacar del pantalón una muy linda pipa artesanal que lo acompañaba a todos lados, casi con el mismo gesto social con el que algunos llevan ahora, como objeto de moda, los cigarrillos electrónicos que largan vapor. La poesía de Willni es violenta, de una honestidad que irrumpe e incomoda, y por eso es ya el gran poeta cuzqueño, el auténtico Marqués de Saphi. En vimeo se puede encontrar uno de sus mejores poemas: “Cola con ron”; con eso dice casi todo.
            Del escenario principal, el que se encontraba frente al patio con las mesas de las editoriales, tengo presente haber escuchado a un joven que rapeaba en quechua. Un alto punto de la Anti FIL fue ese, abrirse a la posibilidad de encontrar formas de producción que combinen el mundo andino y metropolitano, tan dispares en el día a día limeño. Lo mismo se traduce en la obra de sus poetas más consagrados, como Domingo de Ramos, quien discutió con vehemencia al Borges poeta y resaltaba que él, sobre todo él, no leía narrativa. La última noche, en el cumpleaños de otro poeta peruano, en esa misma noche en que habíamos destronado de cervezas a un bar de Barranco escuchando a Charly García y a los Caifanes y a The Strokes, esa noche de Efraín y el ayni, Domingo de Ramos mantuvo una discusión muy fuerte con un poeta ecuatoriano reclamando que en ese mundo literario no había buenos poetas. Domingo estaba en todos los eventos, siempre el primero en armar la conversación, el primero en tomar, el primero en recitar algún que otro poema, atento, joven. Hay algo de su poesía que Domingo viste como si fuera un traje, digo, algo que saca a desfilar. No para nada escribe en “NN”, poema de su libro Pequeña reunión (1987-2012): “Hoy viernes he salido de casa / compré lo necesario /alquilé un traje / para estar / lejos del individuo de los días anteriores”.

            La Anti FIL se presentó con la honestidad de lo que es diferente: a cada momento uno sabía que algo iba a pasar, y cualquiera que estuviese por esos días en Lima sabía que ese era el punto que había que visitar, porque las cosas pasaban, desacartonadas, y no había modo de registrar cada uno de los hechos, como un remolino creativo, ese mismo caos que discutieron Epicuro y Demócrito para hablar del supuesto origen de todas las cosas. A diferencia de otros eventos, lo juvenil en la Anti FIL resaltó por su frescura y no por la desorganización, la cual suele primar en los eventos autogestivos: con mucho esfuerzo, estos poetas y artistas, organizados en asambleas, llevaron adelante una verdadera “gesta” artística, logrando una repercusión increíble y movilizando al ámbito artístico limeño, peruano y me atrevo a decir, ahora sí, sudamericano. Con varios eventos por venir, desde recitales hasta slams, desde visitas a puntos geográficos supuestamente olvidados por la política peruana hasta encuentros puntuales en el corazón metropolitano, los organizadores de la Anti FIL dieron el primer puntapié a un programa artístico que pone en evidencia los derroteros actuales del mundo latinoamericano. O sea, hacer las cosas por nuestra cuenta, bien, siguiendo el único camino que vale la pena: el que nosotros mismos nos imponemos.


  
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Micro-excursiones es un cuestionario que va en busca de músicas y compositoras, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de las músicas.

foto: mili morsella

[Auto-semblanza]

Sasha Sathya es música, productora y compositora nacida en Buenos Aires. Se presentó por primera vez como solista el 28 de Junio de 2014 y desde entonces participó tocando en circuitos de Buenos Aires y La Plata, tanto dentro y fuera de espacios de lucha transfeminista y de visibilidad LGTBIQP. En Mayo de 2015 lanzó su primer single oficial "Wacha" producido por Paz Ferreyra y Guillermo Beresñak. Actualmente y entre otros proyectos, también forma parte de "Chicas de Humo", formato musical de banda que acompaña en vivo a la cantautora y artista visual Marina Fages.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?

En mi caso distinguiría que hago tres procesos: componer, escribir y producir. Cuando pienso en componer pienso en crear musicas. Escribir me refiere a la escritura literalmente hablando, o sea lo que uso eventualmente como letras de musicas ya existentes. Y producir es ordenar toda esa data y elegir como estructurar las ideas. Ahora entonces, hablando exclusivamente de componer creo que lo mas importante en mi caso es contar con silencio y estar lo más abstraída posible de todo. Si estoy sola es mucho mejor, ya que muchas veces se trata simplemente conectarse con una sensación que te haya dejado determinada situación vivida o imaginada y las distracciones detienen esa tarea de conexión. Personalmente la marihuana me ayuda bastante a dejar fluir ciertas sensaciones del orden de lo que me gusta pensar como “vulnerabilidad creativa”. También pienso que de algunas etapas emocionales, sean la alegría, un duelo, la pérdida de un vínculo, disparan mucho la necesidad de hacer cosas, de modo que estar en el pozo o estar super entusiasmada puede ser muy favorable.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito? 
Ay, es medio raro pensar en el término “héroe”, pero inevitablemente me gusta encontrarme re entusiasmada por ciertos personajes de ficción como en el de Helena de “Orphan Black”, Jessica Hyde de “Utopia” y Sun de “Sense 8”. Chabonas heroínas que son capaces de matar hombres poderosos y violadores. O sea todo lo que una no se anima a hacer…

3. ¿Qué talento desearías tener?
Más allá de lo engañoso de ese término (talento), y tomandolo en el orden creativo, creo que me encantaría saber pintar. Admiro mucho la gente que le pone tanto tiempo y cuerpo a la pintura y a dibujar. Corte las muralistas que laburan horas y horas sobre una idea. Es hermoso.


¿Cuál es tu posesión más atesorada? 
Es difícil encontrarla, porque estoy acostumbrándome cada vez más a migrar y no poder trasladar mucho “mis” cosas materialmente hablando. Sin darme cuenta me fui desprendiendo de ciertas “cosas”. Pero si se trata de una posesión, creo que lo único que poseo es una corporalidad, aunque me gustaría darle más amor. Estoy intentándolo con toda mi fuerza cada día.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
El deseo de acumular poder.

 6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
Estoy enamorada en este momento de la cualidad de la empatía. Quiero aprender más de esa característica, aunque suene re jipi.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Depende la época, pero lamentablemente tengo que admitir que la tristeza.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Me gusta más la idea de la alegría

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
...

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Puedo hablar de los utimos años, porque no recuerdo mucho pero si fue en Caballito, en el momento en que sentí una zarpada conexión-complicidad con alguien. Ah, tambien hace poco con la Negrah Liyah encontramos una tuca de flores y después de fumarla me sentí muy feliz, kedamos re chifladas y bailamos sentadas en el escenario de un bar

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
“Work” de Rihanna. Aunque ni en pedo hubiese invitado a un chongo (Drake) a cantar en un tema mio.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Son bocha. Por pudor. Y porque me conectan con cosas que no estoy segura de querer compartir. Una tampoco es de hierro…

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Cualquiera de “Cuarteto de Nos”. De todas formas, no sé si me bancaría escuchar un disco entero de algo que me parezca horrendo.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Qué difícil… Estuve leyendo “Mis modelos de conducta” de John Waters, si bien no lo pude terminar porque hay una parte en la que habla de su apoyo a las tropas norteamericanas en Irak y Afganistan. Pero todo el resto me hizo sonreir en algún viaje de bondi.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o música/o, ¿a quién salvarías?
A Björk obviamente. Pero también haría trampa y armaria una banda con mis amigas así somos varias.

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
Ay perdón, pero tengo menos cultura de zombies… si se supone que es por matar o morfar, al primer chongo que me cruce, ponele.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Aun no tengo el disco publicado. Pero como dice la pregunta, lo que quería no es lo que quiero ahora, de modo que siempre estoy bastante inquieta con los deseos y me suena a zona de confort pensar que una hizo “lo que quería”. Esta buena la disconformidad en el plano de la creatividad!


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