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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.



[Autosemblanza


Nací hace mucho tiempo, en un barrio perdido de la provincia de Buenos Aires. Soy, desde entonces, bastante solitario y muy tímido. A lo mejor por eso me dediqué a la literatura. O a la mejor fueron otras razones, más íntimas, como el amor y el desamor de mi padre, vividos, como un solo relámpago,  en cada uno de los libros que tuve la suerte de escribir. De origen extremadamente humilde, me gusta pensar que si llegué hasta acá, en serio, fue de milagro. No encuentro otra explicación. Autodidacta, miope, homosexual. Escribo para conocerme y para conocer este mundo. De hecho, si no existiera la literatura y la amistad de mis amigos, hace tiempo que estaría perdido o muerto. Fuera de eso, soy un muchacho amable, que imagina  que en todo (o en casi todo) hay un partícula, una semilla de poesía…  O podría haberlo.


[Micro-excursiones]


1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir?

Escribo generalmente de mañana, así que la única condición es esa,el comienzo del día.


2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Batman y el Joven Maravilla. Para siempre. En la baticueva o, secretamente, arropados por Alfred.


3. ¿Qué talento desearías tener?

Me hubiera gustado ser un alegre y tonto cantante pop.


4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

El recuerdo (o la invención) de una infancia de la que no puedo desprenderme.


5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?

Tener y no compartir.


6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?

El don de la alegría.


7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?

De melancolía, en el sentido más luminoso de la palabra.


8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

Inesperada y efímera.


9. ¿Cuál es tu mayor miedo?

A que un día se den cuenta que soy un impostor y a terminar muerto de hambre por ahí.


10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?

Esta mañana, con un amigo.


11. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?

Muchos, pero sobre todo los libritos fulgurantes de Sandro Penna.


12. ¿Cuál es el peor libro de la última década?

No tengo la menor idea, ni del mejor ni del peor.  


13. ¿Qué texto (poema o libro) no volverías a publicar? ¿Por qué?

Volvería a publicar todo. Me llevo bastante bien conmigo mismo. Al menos, en ese sentido.


14. ¿Qué disco te hace sonreír?

Las canciones de María Elena Walsh. Todas, y hasta las lágrimas.


15. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?

Al primero que me guiñe un ojo. Si es un muchacho hermoso, mejor.


16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?

A mi papá. Le debo, entre otras cosas, esa mordedura.


17. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?

No sé si la palabra justa, pero sí las que me hacían falta. A lo mejor hay alguna demás, alguna de menos, no sé… Pero bueno, nadie es perfecto, no?


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osbossi@hotmail.com
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ilustración de Ally Burke

La chica nueva de la división tenía los dientes muy grandes y blancos como una tableta de chicles Adams. La primera vez que entró al aula —porque se incorporó un par de semanas después de que hubieran empezado las clases —, una de mis amigas dijo que si se apagaran las luces, igualmente se le seguiría viendo la sonrisa. Lo dijo bajito pero se escuchó igual. La nueva se llamaba Jénice y aunque se escribiera con jota y se pronunciara con ye, ella lo pronunciaba con una i latina. Toda su manera de hablar era diferente y cuando tenía que hacer una pregunta, en vez de alzar el brazo entero, apenas levantaba el dedo índice.
Sus padres tenían una verdulería cerca de mi casa, donde acostumbrábamos comprar. El negocio en sí no era nuevo pero, hasta hacía un tiempo atrás, lo habían atendido otros “bolitas”, así llamaba mi mamá a los verduleros. Cada tanto se quejaba porque la mujer sacaba los cajones a la vereda y no se podía pasar caminando si no era haciendo equilibrio sobre el cordón. Tampoco entendía cómo harían para pagar la cuota de la escuela, los libros, los útiles, el uniforme. Los curas no te regalan nada.
Peor aún me parecía la palabra que usaba mi papá: “cabeza”, siempre en singular aunque estuviera refiriéndose al matrimonio de verduleros. Me hacía acordar a una cabeza alada de ángel que teníamos en casa y que todos los años colgábamos en el techo del pesebre, un adorno de plástico con brillantina que no tenía cuerpo. Entonces imaginaba ese mismo adorno pero con la cara hinchada de Jénice, su pelo de carpincho y dos hojas de lechuga en reemplazo de las alitas. Quién se imagina un ángel morocho.
En los recreos, Jénice no iba al kiosco como la mayoría y en cambio comía unas tostadas horribles que traía de su casa, sentada en los escalones de cemento donde estaba la canchita del patio. Entre sus dientes enormes y las tostadas que parecían haberse puesto duras de la noche anterior, era como ver a un castor royendo un tronco. Nosotras nos quedábamos mirándola desde lejos y nos reíamos aunque se diera cuenta, porque si bien no lo hacíamos de malas, no podíamos aguantar la tentación. También le decíamos la Tostada, le gritábamos que se limpiara las migas del jumper, y le escribíamos cosas en el pizarrón mientras el aula estaba vacía.
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 FFFFFFFFFFFFASHION!

| Sobre el ilustrador |

Federico Ismael Dech - 1992 Buenos Aires.
Dibujo desde chico como muchos, pero desde que tengo conciencia es lo que mas me gusta hacer en mi vida.
pase primario y secundario de la escuela dibujando las mesas y paredes del lugar intente estudiar dibujo pero fui solo un par de clases que no me sirvieron de nada, por lo tanto me considero completamente autodidacta. influenciado por mi abuela, mi madre y la musica
hace aproximadamente 5 años decidi dedicarme a dibujar seriamente, mute por algunos estilos diferentes, siempre eligiendo el blanco y negro como medio de expresion, soy daltonico y eso no es algo que me preocupe, quizas influyo en el principio de mis obras pero enseguida me di cuenta que el blanco y negro le da una cuota de melancolia y minimalismo que usando colores no encontraria.
me siento influenciado por Edward Gorey, mis primeros dibujos estan mas influenciados por el que los actuales, fui mutando y encontrando cada vez mas un propio trazo. hoy en dia no encuentro algun artista para relacionarlo con mi obra, creo que mi influencia pasa mas por la musica, siento que alguien puede comparar un dibujo mio con una cancion.
hoy en dia me sigo manejando de manera independiente, exponiendo en diferentes centros culturales y feriando ilustraciones, cuadros, fanzines y stickers que hago.

| Contacto |
f.dech@hotmail.com
www.dechtv.tumblr.com
DECH @ FACEBOOK
federico.dech @ IG
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Con el calor, brota lo que yacía oculto, el deseo se vuelve necesidad. La heladera rota, una prima enferma y una noche con  invitados importantes. El hambre muerde en Las hambrientas, la obra de Pablo Iglesias.

Por Malena Saito

Una familia venida a menos, compuesta por un hermano borracho que quiere triunfar en la capital, una hermana con fama de bruja que desea formar otra familia y una prima lejana que ama desesperadamente y tiene mucha hambre, quiere salir adelante.

Hay un primer plan que fracasa, pero pronto la hermana orquesta otro, parece que esa noche van a salvarse. Finalmente se terminará su padecer, el calor, el hambre y las moscas. Pero primero hay que preparar la cena.

En clave de grotesco y conjugando a la perfección el mundo del campo y sus lugares comunes con el del arte contemporáneo y sus discusiones y clichés, Iglesias, se vale de está historia plagada de tensión e intriga para exponer no solo el desborde de las pasiones, las necesidades, ambiciones y la inercia propia del ser humano sino también a las actuales formas de circulación, legitimación y consumo del mercado artístico y la escena actual.

Este procedimiento del distanciamiento sirve para invitarnos a reflexionar sobre el rol del artista, el cuerpo “perfecto”/ “enfermo” como valor social disociado de lo real,  los límites morales del productor y del consumidor de las obra, entre otras cosas.

El autor y director construye además de un texto muy rico, repleto de guiños, un ritmo interesante y un formato de puesta en escena atractivo que suma a la fusión entre estos dos tópicos tan aparentemente lejanos.

La interpretación de la mano de Valeria Actis, Camila Palacios y Martín Rey no deja nada que desear y hasta encandila.

La obra está en cartel hace varios meses y sigue a sala llena, haciendo carne aquello de lo que habla. En suma, recomendada.

| Funciones |
Buenavía Teatro Estudio
Sábados 22hs
Entrada $100
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por Ariel Bermani
 
gabi1Autora de dos libros difíciles de clasificar, Gabi Luzzi es escritora y editora. Su trabajo con textos propios y con textos ajenos, así como su obra inédita y el resto de sus proyectos literarios, ese conjunto amplio y variado de materiales, empieza a constituir su obra. Empieza a constituir, digo, porque la obra de Gabi Luzzi es reciente. Es una autora nueva, que asoma en el panorama literario argentino con una nouvelle editada por Eloísa Cartonera, Garfunkel -2014-, un libro de poemas editado por Vox, Liebre -2015-, y con su propio sello, Paisanita Editora, cuyos primeros títulos son de 2014, los dos primeros, y de 2015, el tercero.

La elección de una editorial para publicar, ya es, de por sí, una apuesta estética, y, por qué no, política. Eloísa Cartonera, Vox, Paisanita: sellos que se mueven al margen y en los márgenes. Ocupan una grieta de esa sólida construcción que es el sistema literario nacional. Un rinconcito. Una zona poco visible. Y, al mismo tiempo, no por poco visible, poco significativa. Al contrario. Lo nuevo crece en esos márgenes y ahí está Gabi Luzzi, junto con otro puñado de autores que van ocupando espacios y empiezan a ser leídos.

Liebre es un libro casi artesanal. No sólo por el formato: se trata de una plaqueta, delicada, de colores suaves, con tapas hechas a mano y con un dibujo original, que se puede extraer; sino, también, por el aspecto y la constitución de los poemas. Está dividido en cuatro zonas: “Bombones que van sobre papelitos”, “Liebre”, “Ciudad”, “Corcovado Sur” y “Sin distinguirlo”. Cada nueva zona incluye una variante, en relación a la zona anterior. Vamos pasando de poemas breves, donde prevalece el relato, a poemas narrativos y, otra vez, poemas breves, pero, más bien, objetivistas, o abstractos.

En casi 40 páginas aparecen padres, hermanos, vecinos y algunos animales y paisajes patagónicos. Poemas artesanales, por esa sensación de materia hecha a mano que dejan: por la sencillez y  la suavidad de sus versos, que siempre están diciendo mucho más de lo que dicen, de un modo amable y lateral.

Copio uno de los poemas:


“Encontramos pajaritos muertos

y los enterramos

hasta los ratones se congelan

pero la grasa que tienen aviva el fuego”.


Una liebre no es solo una liebre, parecen decirnos estos poemas. Nada es lo que parece. O, mejor dicho, todo es lo que parece y algo más, otra cosa, al mismo tiempo. Los pajaritos muertos, el frío, la grasa de los ratones avivando el fuego. Las historias de Gabi Luzzi nos atraviesan con sutileza, es sencillo entrar en este conjunto de poemas, pero lo que cuesta, después, es salir. El desarraigo de sus personajes, los vínculos averiados, la tristeza: sensaciones que recorren Liebre y que permanecen después de la lectura.

Un buen libro, en general, perdura en sus lectores. En el caso de un buen libro de poemas, lo que perdura es la musicalidad, las imágenes, el ritmo, algunos versos. Y el primer libro de poemas de Gabi Luzzi, por supuesto, no es la excepción.
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36 mil fanáticos del cómic se reunieron del 13 al 16 de agosto, en una nueva edición de Crack bang boom, uno de los festivales de comics más interesantes de latinoamerica, con sede en Rosario. Entre charlas, desfiles cosplay y ferias de ediciones, pasaron los cuatro dias de este festival que viene sorprendiendo en cada nueva edición.


Por Andrés Accorsi


fotos: Guillermo Turin Bootello
Y pasó otro Crack Bang Boom. El sexto ya. Parece mentira, sobre todo para los que asistimos a todas las ediciones, desde aquel inolvidable 2010 hasta hoy. Imposible enumerar las anécdotas memorables acumuladas en seis años. De verdad, es para escribir varios libros. Porque desde 2010, Crack Bang Boom es el punto de encuentro obligado para todos los fans de la historieta de nuestro país y alrededores. Entonces, pase lo que pase, vamos todos. No importa mucho qué figuras de la historieta internacional llegan desde otros países. La motivación pasa por otro lado. Tampoco le prestamos mucha atención a la programación: nos da lo mismo si se arman mesas de debate profundas o si las salas se llenan con meros “infomerciales” en los que los editores presentan sus nuevos lanzamientos y los autores escrutan al público en busca de un amigo o familiar que les tire algún comentario elogioso. El atractivo está en otro lado.

¿Es la ciudad de Rosario? Un poco sí. La magia rosarina cautivó desde siempre a los fans de la historieta, quizás porque ahí se originaron el mito de Fontanarrosa y varios mitos posteriores (menores sólo por ahora) como El Tomi, Alejandro O ´Kif, el Niño Rodríguez, Max Cachimba, Marcelo Frusín, Leandro Fernández, Renzo Podestá y tantos otros. Además estamos hablando de la ciudad que sedujo a Eduardo Risso, nacido en Leones (Córdoba) y luego radicado brevemente en Buenos Aires, para que se afincara ahí, para que pusiera en marcha ahí la etapa más notable de su increíble carrera como historietista argentino de relevancia global. Risso adoptó a Rosario como SU ciudad y ahí decidió detonar su obra más importante: un festival de historieta argentino, con nivel internacional. Rosario le respondió con cinco ediciones en las que el clima fue magnífico. Jamás una llovizna, jamás un vendaval, jamás un “abrigate que te vas a cagar de frío”. Recién en esta sexta edición, el invierno impuso su localía frente a un Crack Bang Boom que ya nos había acostumbrado a recibirnos con un veranito en pleno Agosto.

Para los rosarinos, Crack Bang Boom es SU fiesta anual de la historieta y todas esas cosas que la fueron rodeando. ¿Y para los demás? ¿Qué hace que fans de todo el país peregrinen año tras año hasta Rosario a pasar cuatro días, o dos, o a veces unas pocas horas? Mi respuesta es “la mística”. Crack Bang Boom logró generar una mística propia, algo que hace sentirse cómodos a los artistas, los editores, los comerciantes y los fans, algo que los invita a ensayar la dura pero reconfortante tarea de vivir cuatro días en armonía, en comunión, en un clima de distensión y buena onda que a veces logramos arrastrar unas semanitas más. Y después viene Comicópolis, el coloso, uno de los festivales de historieta más grandes, más ambiciosos de Latinoamérica (y sin dudas el más diverso); y ahí el atractivo, la razón de ser, el clima y hasta el impacto mediático son otros. La idea es similar a la de Crack Bang Boom, pero el festival no se parece casi nada. 

Crack Bang Boom es único por miles de motivos. Quizás porque fue el primer intento realmente serio por volver a poner a un evento argentino en el mapa de las convenciones comiqueras bien hechas a nivel mundial, después de muchos años en los que en nuestro país (y más allá de alguna patriada muy puntual) los eventos mostraron una calidad tirando a lamentable. Lo cierto es que cada año, ni bien Eduardo Risso y su equipo nos confirman las fechas de Crack Bang Boom, las onomatopeyas estallan en los corazones de los que respiramos historieta y nada más importa. Se viene otro Agosto, se viene otro Crack y se viene otro “continuará” para seguir hilvanando momentos maravillosos al ritmo de los cuadritos.