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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de escritores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los escritores.


[Autosemblanza

Escritor, piletero, padre de tres hijos, vive en un suburbio con jardines, a escasos dos kilómetros del río Reconquista y de las montañas del relleno sanitario del CEAMSE. “Tenés que ser más buena onda”, le dijo una vez su cliente y vecino José, alias Mr. Planta, y la enseñanza le quedó. (José tiene un jardín lleno de plantas exóticas que cuida como si fueran los hijos que nunca tuvo, y como cuidaba a su mujer (mucho mayor que él) antes de que ella muriera. Su pileta está pintada como una playa de mar cálido. Arranca con blanco en la parte baja y en lo más hondo termina en azul profundo. La pileta también tiene una fuente cuyo chorro de agua emerge de la boca de una moneda marrón con forma de cara. Todo en el jardín de José es vagamente inquietante, menos José. A él y a su hermana suele vérselos, desde la calle, mirar televisión en la cocina.)

[Micro-excursiones]
1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a escribir? 
Casi ninguna.


2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?

Batman. Y si bien prefiero al Batman solitario que lucha contra sus miedos convirtiéndose en ellos, también aprecio a Robin. Nunca lo entendí, pero su alias  “joven maravilla” me remite inexorablemente a la juventud maravillosa de Perón en el exilio. Perón y su juventud maravillosa, en algún momento, fueron Batman y Robin. Después no, todo fue Barman y Ronin.

Dentro de los antihéroes, Jorge Martínez Olmos, el marido de Roxy en Gasoleros.


3. ¿Qué talento desearías tener?


Con lo que tengo me arreglo bien. Aunque me gustaría muchísimo saber cómo es tener buena memoria y gran poder de concentración.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?


Me cuesta tanto desprenderme de las cosas que debería pensar que todas mis posesiones son imprescindibles. Lo paradójico es que no hay ninguna de ellas sin la cual me sentiría incompleto, o cosa semejante. Cuando pierdo cosas (algo que pasa demasiado seguido, la mala memoria nunca ayuda) lo lamento mucho menos de lo esperable. Ejemplo: puedo atesorar un libro muy querido, y no soltarlo por nada, pero al prestarlo, si bien espero que me lo devuelvan, si eso no sucede no hago nada por recuperarlo.


5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?


No convidar alfajor a tus compañeritos de escuela. Ahí comienza el verdadero mal. Es tremendo.


6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias en los seres humanos?


La inteligencia, la buena predisposición y el saber cocinar bien la polenta.


7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?


Algún lugar (más bien en la zona baja, pero llena de promesas) en la curva que sube desde la depresión hasta el chisporroteo.


8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?

Que es pasajera.


9. ¿Cuál es tu mayor miedo?


El miedo a perder cosas importantes.


10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?


Siempre que concreto algo o recibo una buena noticia me siento muy feliz, casi sin distinción. Después se me pasa.


11. ¿Qué libro que hayas leído te hubiera gustado escribirlo vos?


Rapado, de Martín Rejtman.


12. ¿Cuál es el peor libro de la última década?


No lo sé. Hay mucha competencia en ese premio. Pero seguramente alguno de Marcos Aguinis.


13. ¿Qué texto (cuento, poema o libro) no volverías a publicar? ¿Por qué?


Unos cuentos que fotocopiaba, encuadernaba y vendía en el subte a fines de los 90. Vendía muchísimos y seguramente algunos libritos todavía anden dando vueltas por ahí. Sospecho que esto es así porque en mi biblioteca conservo algunos muy semejantes, de colegas que hacían lo mismo que yo en aquella época, y no creo ser el único que guarde esas cosas. Igual estoy muy tranquilo porque los míos estaban publicados con un seudónimo que nunca nunca nunca voy a revelar.


14. ¿Qué disco te hace sonreír?


Es muy difícil contestar eso porque normalmente escucho música para ponerme a llorar.


15. Si sufrimos un ataque de Godzila y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?


A Madonna.


16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?


A Madonna y a Aldo Rico.


17. En tu última obra ¿encontraste la palabra justa para decir lo que querías?


La palabra justa no existe. Las palabras siempre son caprichosas. Escribir es darle forma y poder de convicción a esos caprichos.

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por LordofMasks



A LOS QUE NO

Olviden todo lo que han oído
Vengo a negar el nombre de poeta
Que si escribo en verso o en prosa
O según como el ánimo me embista
Pero no escribo poemas
¿Que si intento?
¡Claro que intento!
Se me agrietan a diario el papel y el piso
Porque escribo de pie y a mano y viceversa
Pero un tratado de límites me contiene:
Mi triángulo es un pozo donde se pierde todo
El poeta y la poesía
Que están en todos lados dicen
Claro... en todos lados donde se le vea
Menos en mí ni en mis textos
Mis monstruos
Mis ochenta millas marítimas
Mis argumentos de diferencia
Mi sangre vendida a los parias
Mi alternative trash performance
Mi v i d e o f o t o p o e s i a c h i c h a f u s i o n
Mi dialéctica suburbana
Que no me atrevo a llamar por su nombre
Porque me falta esa conchudez que abunda
En dos noches de pisco en el Queirolo
En esa oclusión de ideas
Que me deja la lengua con sabor a menta
Y un cordel de clavos en la garganta
Aun así hermanos y hermanas
Hubiera sido lindo darles el gusto
Darles un cuerpo para patear hasta el cansancio
Pero me acorta el horizonte de miradas
La ineptitud de sus patadas

¡Apunten a la ingle o al cuello
Carajo
De una vez!

¡No le digan a nadie que no parí ni un grito!

Solo he venido a leer textos
Solo textos
Solo neurosis contenida
Solo catarsis de viaje en combi
Solo la raíz de todos mis traumas
Solo la lacra de esta nación sexista
Solo quiero que me escuchen mis amigos
Que se tomen un par de tragos y regresen por la puerta
Pero no se vayan sin aplaudirnos
Justifiquen este evento
Que el dueño del bar nos está mirando
Alberguen la posibilidad de que algún día
En un universo alterno
En una reencarnación salvaje
Un día de eclipse solar en el que perezca
La última cucaracha virgen de un planeta parecido al nuestro
Un poeta de izquierda abrazado a uno de derecha
Vengan a mi encuentro gritando
¡Hermano nuestro
Has vuelto!


...

SIN CORRECCIÓN



Déjame opinar estimado pensador


Joven limeño y contemporáneo


Defensor del arte sublimado


Y las verdades superiores


Difusor de la dialéctica eielsoniana


Matizada en el discurso futbolista


Dribleador del psicoanálisis


Y los oídos disecados


Que diferencias la necedad de la necesidad


La libertad del libertinaje


La seducción de la disuasión y de la persuasión


Que en fin


Dominas todos los trucos de la paronimia


De la flor y del folklore





(Perro el cortan le cuándo


Rabo el siente que dolor qué


Rabo el cortan le cuándo


Perro el siente que dolor qué)





No cortes las piernas


En busca de gatos escondidos ni metafísicos


Si la vida te da vinilos


Busca de una vez un tocadiscos


Si te da luchas sociales


Arenga en las calles hasta escupir sangre


Si te da sexo drogas y alcohol


Por favor por favor cuídate


Que el truco a veces


Es usar las cosas como lo que no son


Y así dicen


Es como se escriben libros


Sobre todo de hombres que no son hombres


Sino ciudades


Que comen y duermen


Y mandan a la mierda a la gente que aman


Es así como pasan las cosas:


La poesía está hecha de lo que te dé


La puta gana

| Sobre el autor |
Eduardo Cabezudo, Lima 1981, nació y creció en el distrito de Barranco, a pesar de su inclinación hacia las letras estudió la carrera de Farmacia y Bioquímica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, sus textos figuran en páginas web literarias, así como en fanzines y revistas. En mayo del 2012 fue invitado a formar parte del Grupo Parasomnia, agrupación de difusión poética, con quienes publica la antología Al otro lado del verso (Elefante Editores) en marzo del 2013, se separa de la agrupación en agosto del mismo año. Fue seleccionado para formar parte de la antología Vox Horrísona: Muestra de poesía última peruana (Ediciones Eternos Malabares) que fue presentada en el IV Festival de poesía de Lima. En enero del 2014 participa del festival y la antología Enero en la palabra (Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco) y en julio del mismo año en el Festival Caravana de poesía Lima – Cusco. En julio de este año presentará lo que viene a ser su primer libro de poemas publicado Postuma(mente) (Celacanto) y se encuentra escribiendo su próximo poemario titulado, hasta el momento, La liberación de las ranas.
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por Cristian Franco


Para arrancar hay que elegir. Y elegir es descartar. Esquivemos una primera tentación, un camino que conocemos: lo fantástico. Claro que en los cuentos de Bengalas (Paisanita Editora, 2014) lo fantástico aromatiza y eriza muchas de sus páginas. Pero hay otro rumbo. Podemos arriesgar otro posible hilo conductor en Bengalas, rastrear un componente ínfimo, casi trivial, que le da una coherencia —velada, evasiva, fantasmal coherencia— a este libro: el secreto. Eso: el secreto, los secretos. Porque para crear ficciones que se mueven entre la ternura y la desesperación, Enrique Decarli explota y explora con destreza las sugestivas posibilidades narrativas que ofrecen las formas del secreto.


Un secreto se guarda. Se comparte o se revela. Se descubre, se intuye. En “Los Despojados”, un abogado descubre de casualidad, en una estación de subte, un secreto oculto a la vista de todo el mundo. Más: lo que encuentra es una insospechada sociedad secreta de mujeres y hombres que inventaron una manera extraña de ser dueños de la noche. Amos y servidores al unísono, para conservar su secreto, su privilegio, su reino, pagan, sí, esos hombres y esas mujeres que son más y menos que mujeres y hombres, pagan, tal vez, un precio demasiado alto.


Están ahí, flotando desde siempre entre los dos, presentes pero invisibles, signos equívocos, pequeñas señales, pedacitos de un rompecabezas que le permiten al narrador de “Algo más que instantes o tropiezos” casi rozar el secreto de su amigo Rafa. Persona rara, desajustada, que “no aprendió a vivir”, que “no se amolda”, el Rafa es uno de esos tipos que simplemente no encajan en el mundo: un extranjero varado en un terreno baldío colonizado por cañas y  hormigas. ¿A dónde va el Rafa? ¿De dónde viene? Acaso el suyo es uno de esos secretos que ni siquiera la amistad pueda desenterrar.


Guardar un secreto durante años. Hacer de ese secreto el centro de una vida. Un resplandor inconfesable. En “Vía Láctea” el hijo de un viajante de comercio hace memoria y revive ese viaje en el que estuvo muy cerca de entender quién era realmente su padre. Recordando los hechos que se sucedieron en una parada imprevista —pueblito miserable, habitación en casa de familia— de a poco el narrador va a ir atando todos esos cabos que le fueron quedando sueltos en otros viajes, otros pueblos, otros hotelitos. Como siempre —grata costumbre— Decarli maneja la elipsis y las medias palabras para envolvernos en un relato donde, entre la bruma de la ternura y la inexperiencia, un adolescente empieza a completar el dibujo de esa máscara inaccesible y áspera que solemos llamar Padre.


Contado en primera persona (como la casi totalidad de los cuentos de Bengalas), el secreto de “Reencuentro” es la efectividad de su retorcida sencillez. La trama es bien simple: recién llegado después de un año en España, Rolfi arregla para encontrarse con su amigo Maxi a tomar unas cervezas. Rearma las calles que le había borroneado la ausencia, llega al bar de siempre —Paraguay y Scalabrini Ortiz— y se encuentra con Maxi. Pero con un Maxi distinto. Otro Maxi. Rolfi se divierte buscando coincidencias entre este Maxi extraño (tenue, tosco impostor) y su amigo (el verdadero y querido Maxi), pero por debajo del socarrón relato de Rolfi, entre sus palabras, un murmullo, un tenue extrañamiento va a crecer como un veneno. Y en el desenlace, como una garra, va a aparecer una desesperación aterradora.


La maravilla de los cuentos de Enrique Decarli proviene de su intensa mesura: sabe dosificar la narración y hacerla fluir, envuelve o hipnotiza, seduce o espanta, pero siempre tiene muy claro cuál es el centro en que se concentra la devastación. En dos, tres páginas explora los efectos del secreto, de ese mecanismo invisible, ese engranaje mudo que sostiene —siempre al borde de la disolución o la niebla— una trama hecha de silencio.