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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.


[Mini-Bio o Auto-semblanza

yo dibujo y canto,es lo mismo 

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
En realidad no sé cuáles son las condiciones, no es que me siento y puedo componer algo. Sino que las melodías surgen espontáneamente en la mayoría de los casos realizando otras actividades. Como lavar los platos o estar caminando por la calle. Alguna vez encuentro un loop de guitarra y una melodía empieza a planear sobre él, pero son pocas las veces que sucede eso. Una vez que tengo una idea que es como sólo una línea dibujada; luego sí, con los días la voy trabajando y completándola, sumándole profundidad y color.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito? 
Me gustan los personajes de novelas que sufren transformaciones a lo largo del relato superándome a sí mismos. Me encantan las historias de autosuperación. Me inspiran a veces a realizar mis metas con un poco más de energía. Mi héroe de ficción favorito es Naruto que siendo el paria huérfano de su aldea, al que todos odian, termina siendo el que los salva después de un largo camino, trabajo y superación personal. Y él es muy bueno también. Un antihéroe que se convierte en héroe.

3. ¿Qué talento desearías tener?
En otra vida me gustaría ser una artista de Kung Fu.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
No soy muy apegada a los objetos en general, pero si tuviera que elegir algo que últimamente me gusta mucho, y me hace bien, es un clarinete usado que compré hace poco.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
 el egoísmo.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
La alegría y la sinceridad.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Trato ser muy positiva. Me gusta también tratar de estar calmada.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Estar cerca de las personas que quiero haciendo las cosas que me gustan hacer.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Que se alejen las personas que estimo.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
Por suerte fui feliz un montón de veces y sé que vienen muchas más.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
“El gran Balboa” de Bestia Bebé.
http://bestiabebe.bandcamp.com/track/el-gran-balboa

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
No me sucede.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Luces del Norte, de Philip Pullman

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Nacho Czornogas

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero? 
A Lucy Patané.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Creo que sí.

[Contacto]
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por  Franco Dall Oste

  Aclaración: este es un intento por homenajear al genio Philip Dick. "Lo que vale es la intención", dicen...


¿Qué estás pensando?
Hoy es un día igual que cualquier otro. Hoy es un día…
Space Holiday Art Print
Siento las piernas dormidas, o eso creo. Ya no puedo moverme, desde hace unos años, ya todo mi mundo está inmerso en cables, y máquinas y ya no recuerdo mucho más. Mi vida ahora fluye a través de un mundo inmenso, etéreo, virtual. La tecnología al servicio del hombre, del ser que existe, y que se reinventa en cada persona que lo percibe, que es uno y es miles. Pero yo soy más que eso, soy millones, soy cada palabra que se escribe mediante mis ondas cerebrales en mis redes sociales. Soy ese que comenta una foto, que pone un “me gusta”; ese que no es otro que lo que allí se encuentra. Y no es por ponerle un tinte apocalíptico típico de las predicciones tecnológicas. No, no es eso. Y soy todo lo que veo en mi pantalla, en mi computadora, y no por un aislamiento personal, sino, todo lo contrario, por una nueva apertura que mi mente utiliza en el cotidiano, día a día, para poder seguir siendo ese ser que existe, que es algo en cuanto alguien más lo perciba ser.
Antes todo era distinto, antes todo es difuso. Ya no puedo distinguir realmente entre mi pasado y mi presente, entre los millones de códigos y caracteres que se reproducen en mi vida diaria, que forman mi hogar, mi cotidiana lógica del día a día, mi refugio. No tengo muchas alternativas, a decir verdad. Es esto o nada, o la soledad infinita, el aislamiento interno que nos arroja a la ceguera y la incomprensión. El existir sin existencia, sin percepción de un exterior, sin ser percibidos por un exterior. Sí, hago hincapié en este punto, en la realización del individuo a partir de su relación con los demás, de esa imagen que nos representa por fuera de nuestro consciente; somos ese ser que se construye ahí lejos de nosotros, indefinido, como una imagen borrosa, incomprensible.
Pero la cuestión pasa por el pasado, el pasado y el futuro, o al menos eso creo. ¿Realmente siento dormidos los pies? ¿Aún existen mis pies? Por momentos siento que estos antifaces cibernéticos presionan mis ojos, irritándolos, o quizás sea que también mi rostro está dormido. Por el momento solo sé que existo en el universo virtual, en las palabras que se escriben en la pantalla.
Sin embargo, a veces creo recordar mi pasado: imágenes borrosas, desdibujadas, se desfilan por mi mente, confundiéndose con las líneas y los colores de alguna página de internet. Recuerdo un poco a Guille, aun. No puedo decir si era mi hermano mayor, o un amigo de la vida. Solo recuerdo verlo llegar, por aquella puerta corrediza vieja y oxidada. Diez años habían pasado. Diez años en Marte. “Me voy, no sé cuándo vuelvo”, era lo único que había dicho antes de partir en ese expreso interplanetario.
Recuerdo también cuando volvió, diez años más tarde. Entró en mi cabina con un bolso colgando del hombro, y se sentó simplemente en el sillón, como solía hacerlo antes, sin mostrar ningún tipo de cambio, como si nunca se hubiese ido. Prendió un cigarrillo y se limitó a mirarlo, inspeccionándolo. Yo estaba sentado en una silla, mirando algunas cosas de las nuevas especies biológicas introducidas en la atmósfera de Saturno con la esperanza de repetir la experiencia colonial de Marte. “¿Cómo estuvo eso?”, le pregunté, arrimándome a la mesa ratona y recogiendo un poco de tabaco marciano. “Bien, que se yo”, me contestó. Entonces observé que tampoco había envejecido. “Lo más choto es el viaje, a la vuelta vine sentado al lado de una stripper, era re buena onda. Me tiro unos palos, pero no agarre viaje. Los asientos son muy incómodos, pero te sirven whisky a cada rato”, me dijo, aun mirando el cigarrillo. “Traje algo”, comentó luego y comenzó a revisar su bolso en busca de una pequeña bolsita que arrojó sobre la mesa. “Es Ubick”, me dijo abriendo bien los ojos. Yo me acerqué y comencé a inspeccionarlo, tenía una consistencia pastosa, y un color verdoso extraño, como si estuviese podrido. “Creo que leí algo sobre esto”, le comenté, “es un alucinógeno, dicen que está muy bueno, pero que sale caro”.
Recuerdo, o creo que recuerdo, que Guille tenía una manía por conseguir este tipo de sustancias. Quizás por eso ese viaje, o quizás solo quería respirar el oxidado aire marciano una vez más antes de regresar definitivamente a la Tierra (en cierta ocasión había sugerido que había sido engendrado en aquel planeta oxidado). En todo caso no tardamos mucho en probar el Ubick. El efecto en principio era placentero, como una relajación cálida, reconfortante. Luego las sustancias alucinógenas se combinaban dentro del organismo con la meta-efedrina (producida en masa gracias a los organismos biológicos que se desarrollaron en la atmósfera marciana).
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Ocean Myths Art Print
by Chalermphol Harnchakkham

No sé si puedo
escribir sobre amor

y sin embargo el amor existe

todas nuestras verdades
son relativas
como la maquinaria de la ilusión
las formas de hacer la cama
de extender la palabra
de hacer la guerra
y de pedir perdón

el ojo a veces
es un pez mareado
boqueando sal
en la cresta de la espuma
que parece no dejar
de romper
nunca

una perla
en la arena seca
no es tan distinta
a los granitos que duermen
entre los dedos
de los pies
hasta que la bandera celeste
pone al sol
en el centro del dial
colmando los hoteles
y ese punto blanco
empieza a brillar

la última oleada se llevó todo
menos esto

El fetichismo de categorizar es el temblor muscular del miedo; de estar parado en la orilla con el dedo índice confundido que busca señalar la gota que después de salpicarte es parte del mar.Que de esa masa incontrolable se va a evaporar,nuevamente individual para ser parte de la nubosidad variable o la peor tormenta invernal.
Lo molecular en el entramado total se vuelve indetectable, in-etiquetable: somos excedente simbólico que desborda al signo.Somos significado flotante porque estamos creciendo todo el tiempo inflando las ideas como globos que al estallar regarán nuevos pequeños mundos.
Somos las manos en la masa y no el pre-cocido.El hambre, las ganas de comer y las cenas a futuro.
Lo perfomateado, y no lo formateado.
Una mesa es una placa tachonada en cuatro patas, de esas que aprendimos a dibujar copiando del pequeño Larousse; y una mesa también son dos tablones con caballetes.
Aunque siempre exista quien prefiera un cuadrado individual, el conjunto completo de living-comedor: uno siempre puede elegir en que tablado compartir su plato y con quién.

[Sobre la autora]

Gabriela Clara Pignataro
Buenos Aires, 5-10-1985.

Escritora, actriz. Se encuentra trabajando en sus primeros poemarios "Muta"ilustrado por Andrea landoni, "Aclarar nunca oscurece" y en su primera obra teatral de dramaturgia propia "Archivo emocional desclasificado", biodrama unipersonal a estrenarse en septiembre en el CCMatienzo. 
Estudia teatro desde el año 2000, actualmente enfocándose en teatro y ritualidad.
Es alumna de la carrera de Artes Combinadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Es parte del equipo de trabajo de SNSYC, club cultural independiente en la misma ciudad.
Cree que viajar,compartir e investigar son los placeres de esta hermosa vida.

Publica sus escritos en Bicicletas en la luna
y edita libros digitales de libre descarga 

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por  Florencia  De Felippe


En ocasiones solo hay que dejar
que la luz haga su trabajo.
Gavril Alón

            Los poemas de Virgen aunque violada son violentos. Sin embargo, poseen una violencia dulce, que despierta pero no agrede, sacude pero no sofoca; libera. Este oxímoron está en las imágenes poéticas que, como espejos, develan al lector palabras que jamás quieren ser escuchadas. Sin embargo, cuando lo son, sucede de modo tan apacible que resultan amables. Como el placer, que también es goce, dolor y muerte.
            Su poesía se entrelaza con ilustraciones que son parte de la palabra: no 'grafican', de modo explícito y lineal, a los textos desparramados haciendo juego con el espacio, sino que pueden leerse porque también son poesía, conforman una misma secuencia.
            La ruptura está presente en cada uno de los poemas, y los acontecimientos se traman a partir de lo sensorial; en cada imagen poética se abandonan superficialidades para llegar, finalmente, al núcleo de la cuestión, al “Carozo”: “Mi cuello tiene una/ boca a la altura de donde yo tendría / una nuez de Adán, / chiquitita, adecuada al tamaño de / carozo que tiene ese orificio oral, / que se mueve hacia arriba y hacia abajo / mientras canta con gritos Criminal / de Fiona Apple. Para ser sincera, ha /  musicalizado mi tarde.”
            Las formas, entonces, no son importantes, porque ellas pueden ser destruidas, modificadas, armadas al placer de lo que se quiere decir, por eso: “un buen dj no es el que me puede hacer/ llorar./ Un buen dj es el que me dice qué quiero/escuchar.”
             El libro de poemas de Gavril Alón establece un quiebre entre lo impuesto y lo genuino, entre las expectativas ajenas y lo verdadero, lo que permanece bajo la 'cáscara' y una vez desenmascarado,  revela una sabiduría latente, oculta e intacta:

Si hubiera sabido que para esto
estaba siendo educada
o que con este módico fin
se me alimentaba,
si hubiera sido consciente
de a dónde apuntaban
sus instrucciones y enseñanzas,
si era para esto
que se nutría mi imaginación
y se me cuidaba 
me hubiera resistido a comer y a
escucharlos
me hubiera enseñado a hablar sola
en una lengua autodidacta
me hubiera prostituido pequeña
infértil, anoréxica y evolucionada
porque no voy a existir por comida
ni a llamar amor
a la droga más utilizada.

            En torno al enunciado que titula la obra se abre el juego que Virgen aunque violada propone en cada nueva poesía. La superación de esta dicotomía se encuentra en las 'definiciones' que se van entretejiendo en los versos: “el término maleducado / trasciende a la mala educación / sé dónde reinan los menores / y desde dónde iluminan los mayores.”
            Desde los verbos se acciona una forma de despertar, la cual aparece en la práctica, en  los quehaceres diarios, en el 'nombre real' que se le da a las cosas: “no había más bowie más yo ni más camas.” Nombrar, entonces, es transgredir y a partir de ese acto, lo superfluo logra romperse; no sin dolor, pero ¿cuándo el abandono de viejas estructuras resulta una experiencia poco dolorosa?

            A partir de este material, Alón nos muestra un mundo roto y distorsionado, que no es más que la propia realidad despojada de sus artificios.

[Más info]
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Poeta en Nueva York consigue hacernos entrar en un grado de aguda reflexión, transitando por problemáticas que van desde el miedo hasta las diferencias de clase.

Por Nicolás Gallardo

Antes de contar de qué va esta obra, es preciso contextualizar el particular período histórico y biográfico por el que estaba transitando nuestro protagonista. Escucharemos hablar a un Federico García Lorca al que le ofrecen un puesto de trabajo en la Universidad de Columbia, ubicada en Nueva York, en el año 1929; un García Lorca que no había declarado su homosexualidad, ni había escrito las obras que lo inmortalizarían en el tiempo, como Yerma o Bodas de Sangre. Accederá a la oferta, pero siempre sintiendo algo de desconfianza y tristeza.

En el ingreso a la Sala González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación nos enfrentaremos a una puesta en escena sencilla. Habrá poco más que unos ladrillos de construcción en el suelo, pero lo que más atrae es la enorme luna llena que hay detrás. Como se podrá apreciar, tiene una herida en su extremo inferior.

Luego de haber contado con unos minutos para inspeccionar el escenario, aparecerá Gustavo Pardi que se nos presenta como alguien que sólo quiere recitar unos poemas e imaginarse a unos enunciatarios que entiendan la necesidad del ser humano de soltar unos versos de vez en cuando, un conjunto de “oídos amigos” en los que pueda descargar sus aflicciones. Sentiremos, a partir de entonces, que estamos frente al mismísimo escritor andaluz.

Las temáticas abordadas serán de lo más diversas. Escucharemos un canto a la infancia, a la vida campestre y a los sentimientos auténticos. Pero, como bien se encarga Pardi de manifestar, la poesía es también una forma de lucha. Los poemas de Lorca denunciarán las atrocidades percibidas en el mayor exponente del capitalismo a nivel mundial: Nueva York se nos presenta como una metrópoli en la que muchos bailan, ríen y disfrutan de los “años locos” de la década del ’20, pero son más los que pasan las noches sin hogar, intentando mantenerse en pie frente a tantas drogas que se les han impuesto. Conoceremos a un grupo de norteamericanos que pregonan paz y amor en Broadway o canciones de charleston, aunque en la práctica demuestran desprecio y desdén por los menos favorecidos en un sistema que ya estaba dando sus primeras señales de deterioro.

Por un lapso de aproximadamente una hora, Federico revive y abandona cualquier tipo de represión para desmenuzar la cosificación de lo cotidiano y dejar al descubierto lo que en verdad ofrecía esta cárcel de hierro y acero. Lejos han quedado los campos en los que creció y supo ser feliz, por lo que no le queda más que dar batalla como mejor sabe hacerlo. La pulida interpretación de Pardi ayuda a construir el desgarro sentimental sufrido por el escritor.

Dirigida por Mariano Dossena, Poeta en Nueva York es una invitación al replanteamiento. Lo que se nos presenta como ideal puede tener una contracara, y de lo más oscura. Pardi o Lorca –que para el espectador llegarán tarde o temprano a ser lo mismo- vociferará que “hay que gritar hasta que las ciudades lloren como niñas pequeñas”. Es mediante frases de asombrosa vigencia como ésta que la obra consigue movilizar a todo quien la vea, invitando a levantarse  en contra de las verdades más crueles, y con la esperanza de que la luna que todo lo ve llegue algún día a cicatrizar.


[Funciones]
Poeta en Nueva York se presenta los sábados a las 20:15 en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Avenida Corrientes 1543) con localidades a $60.
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[Prólogo]
Cuando leí el título de este libro sentí inmediatamente cierto rechazo, pero luego un poco de gracia cuando recordé el nombre de una película animada de mi niñez“Todos los perros van al cielo” donde animales hablaban, eran más buenos que el pan y al morir se elevaban al glorioso techo de nubes que espera a los feligreses. Esos feligreses o gente “de bien” que en su pensamiento conservador (en general no en su comportamiento) denigra y rechaza a las trabajadoras del oficio más antiguo del mundo. Araque cuenta en este libro historias desde el lugar de hombres que sufren en el deseo, que codician a esas putas, cuentan desde la soberbia, desde la ira y la compasión, desde el amor de un hombre que fue engañado o al que simplemente le fue indiferente una mujer y se quedan estancados en esa herida que no cierra.
Araque comienza este libro con el cuento que da nombre a la obra y el único en el que habla desde una mujer, donde puede leerse: “Hay que diferenciar entre mujer promiscua y puta. La primera lo hace por placer y con quién escoge. La segunda por dinero y, si atraviesa una situación difícil, no tiene elección. La promiscua es aceptada y, hoy en día, es reverenciada como símbolo de la liberación femenina (…) Las caricias de una mujer – u hombre- son subvaloradas y, en muchos casos, despreciadas (…)Si la salud del hombre gira en torno al sexo, las putas somos la penicilina(…)Para ejercer debes complementar el triángulo amoroso del hombre; golfa, madre, amiga.”
Otro cuento nos habla de las mujeres también llamadas de esa manera por el hecho de explorar la sexualidad en todas sus formas, por hacer uso del cuerpo como medio hacia el logro de sus intereses, mujeres ambiciosas que triunfan dejando en el camino hombres que tal vez no le servían para su fin.
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Cat Woman Art Print

by Sandra Dieckmann

[Hoy

Hoy había pensado en dejar de escribir
en sentarme un rato en la vereda
a mirar los autos, los zapatos, las colillas en el suelo
Había pensado en abandonar el pucho
y comenzar a enrolar tabaco,
en volverme vegana
de una vez por todas
en cortarme el pelo como punky
y editar un libro.
También pensé en volver a mi tierra, ir por mis hijos
dormir con ellos, tocar sus patas,
oler sus orejas
besar sus hocicos
Había pensado en cambiar mi cédula de  identidad,
en abandonar la ciudad e  irme del país,
pensé también en mis recuerdos, en viejos amores
en primaveras olvidadas,
en la higuera de la Menche,
en el cerezo de mi Abuelo.
Pensé en dios, en el chico de las piernas cortadas,
en mirar al cielo y ver nubes de colores,
pensé en volverme adicta a los besos,
en llamarlo y escuchar su voz,
pensé en Salvador de Bahía
en Montevideo,
en la película del domingo,
en todo lo que debo hacer
y no he hecho
pensé en el Arturo, en la Fran y en Valpo
en las fotos que iré a buscar,
en las botellitas de colores, esas que reparten pensamientos,
pensé en las palabras que más me gustan como:
crisálida, desastre, invencible, imperecedero.
y en las que odio, como hemorragia o caca.
Pensé en regalar un abrazo, en donar dinero
en no haber escrito esa frase,
en retroceder el tiempo,
en haberle dicho un día la verdad,
pensé en las frases que debo armar
y en el color de la libreta,
pensé en las apariencias, en las ideas, en la represión.
Pensé en mi bandera, en el escudo con el caballo,
en mi próxima actividad física y en cómo me vestiré este sábado
en las manos atadas
en el árbol de la esquina, en esta vereda, donde Hoy escribo.

[Sobre la autora]

 Poetiza rancagüina, en el año 2007 participa activamente en el colectivo cultural de La Serena, grupo E-LIT.  Comúnmente lee su poesía en diversos lugares donde se realizan encuentros literarios. Actualmente se encuentra participando en el proyecto de Patrimonio Cultural de Rancagua, creando poesías para los lugares más importantes de Rancagua.

[Contacto]

issabelguerrero.blog.com
issabelguerrero@gmail.com
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[Micro-excursiones] es un cuestionario que va en busca de comiqueros e ilustradores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario donde las preguntas no importan. El merito y la inventiva corre por cuenta de los comiqueros e ilustradores.

[Auto-semblanza]

Sin título
Irana Dauer
Irana, ilustradora/dibujante, creadora de Ruby (publicación virtual, libro, galería, etc). Parezco medio mala pero soy buena. Tengo carácter bastante fuerte. Me aburro rápido de todo, me cambio el pelo cada dos por tres. Mi comida preferida es el desayuno. También me muero de ganas de tener un perrito.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que te pongas a dibujar?
Tener una imagen o idea lista para ser pasada a papel. Siempre me hago listitas de ideas que se me ocurren para después dibujarlas. Por lo general se me ocurren cosas cuando estoy a punto de dormirme asi que tengo una lista en un pad que se llama “pienso”.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Nunca lo había pensado. Antes era holden, obvio, como la mayoría creo. Ahora no se. Puedo decir tyrion lannister o es muy nabo? Es que lo amo.

3. ¿Qué talento o superpoder desearías tener?
Un superpoder me gustaría ser invisible y un talento, cocinar increíblemente. Iba a decir leer mentes en el super poder pero no se si me animaria a tener ese poder. Seria bastante autodestructivo también.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
Me lo están haciendo. Me mande a hacer mi primer anillito y ya lo amo.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
La envidia

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en la humanidad?
La amabilidad

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
Caótico e inseguro.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Para mi la felicidad es una sensación de completa satisfacción medio fugaz. Digo, si uno fuera posta feliz todo el tiempo seria medio aburrido. Al menos yo no podría dibujar.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
A ser un fracaso y a no aprender nunca a controlar mis ansiedades. La falta de autocontrol.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
No sé, cualquier momento que piense donde me rei mucho probablemente. O donde me sentí muy querida. O en el que se me dio algo muy groso. Como elegir?

11. ¿Qué libro gráfico, historieta o ilustración que hayas adquirido últimamente te hubiera gustado dibujar vos?
Albertus Seba. Cabinet of Natural Curiosities

12. ¿Qué historieta, ilustración  o caricatura no volverías a publicar? ¿Por qué?
Tengo varias, probablemente alguna que hice sin muchas ganas o que no siento que me represente.

13. ¿Qué disco te hace sonreír?
En este momento “rebeldes” de alex anwandter

14. ¿Qué otras ramas del arte estimulan tu trabajo?
Todas! Aparte de ser ilustradora tengo Ruby, que es una publicación y galería de arte.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
A Bowie. Te imaginas el disco que sacaría después de un ataque de godzilla? Seria tremendo.

16. Si después de muerta volvés convertida en zombie ¿a quién morderías primero?
No entiendo, es algo bueno o malo morder siendo zombie? Digo, seria como los vampiros, que lo vuelvo inmortal o se muere?

17. En tu última obra ¿encontraste la imagen o la forma justa para expresar lo que querías?
Nunca termina de ser exactamente lo que tenia en mente.

[Contacto]
flickr.com/irana
facebook.com/rubymag
teafromchina@gmail.com
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[Sobre el artista]

Damián Fabiani nació en Buenos Aires en 1985. Su interés por las artes tuvo inicio en el cómic, razón por la cual estudió Dibujo e Historieta con Horacio Lalia. También en esa época hizo su aporte en una serie de fanzines. Luego, comenzó la carrera de Licenciatura en Artes Visuales Orientación Dibujo en el IUNA, carrera que aún está cursando. Recientemente Milena Caserola editó “La Belleza” de Inés Purpura, en el que participa como ilustrador. Este año y el año pasado tuvo la oportunidad de exponer sus trabajos en diferentes ocasiones. Su interés por el arte plástico, ha estado asociado principalmente al uso de la tinta china y el collage, al trabajo en blanco y negro. Le entusiasman particularmente el dibujo y la ilustración.  Pero recientemente ha estado incursionando en el grabado y arte impreso.

[Contacto]
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por Lianne Kross

Little boy Art Print
by Mimology
Había llegado la hora. Más de un centenar de pasos me seguían por aquellas escalinatas que tantas veces había descendido. Me sujeté bien a la gruesa barandilla, pues mis piernas flaqueaban de nervios y debilidad. Ahora no podía desfallecer.
Estaba asustado, como todos los demás, sin embargo, debía mirar al frente, mantenerme estoico y aceptar mi destino. Tragar el miedo y empujarlo con fuerza hacia lo más profundo del estómago, para no dejarlo salir jamás. Eso era lo que debía hacer. Eso era lo que debíamos hacer. Cada paso que dábamos suponía una lección de valentía para nuestros enemigos, y cada lágrima contenida, una victoria triunfal para nuestro honor. Nuestra actitud era motivo de orgullo para nosotros, como individuos y como grupo.
Y ahí estaba la puerta. No recordaba haberla visto mostrarse tan soberbia jamás, nunca como aquella mañana. Dos de las enfermeras comenzaron a llorar en silencio al ver que ya no había marcha atrás, pero continuaron caminando. El deseo de alargar lo suficiente aquel momento, hacía que sus pies ya no se levantaran apenas del suelo, y se oía el chirriar de los zapatos en las resbaladizas baldosas al ritmo de la congoja que se estaba apoderando de ambas.
Uno de aquellos hombres intentaba abrir la puerta, con sumo esfuerzo debo recalcar. Otro se vio obligado a guardarse aquel artilugio cilíndrico, que no cesaba de mecer de un lado a otro, para ayudar a su compañero. La madera era maciza y siempre había hecho falta dos personas si deseábamos abrirla de par en par. Adoraba aquel crujido característico que emitía al forzarla, pero aquel día dicho crujido resonó en mi cabeza como si fueran las mismísimas puertas del averno.
La espléndida luz del exterior me deslumbró, y tuve que cubrirme los ojos con mi mano. Fácilmente, al tenerlos claros, la luz solar me provocaba un tenue dolor en los mismos, como un leve pinchazo, pero tan sólo se trataba de los primeros segundos a la exposición.
Un cierto olor a gasolina provenía de las ruidosas calles del ghetto de Varsovia. Los gritos de aquellos hombres estaban por todas partes.
Los casi doscientos niños que venían tras de mí, se agolparon formando una gran bola de pavor y desolación, pero ni uno de ellos soltó una sola lágrima. Aún así, no nos atrevíamos a dar el paso necesario para abandonar el orfanato, pues en cuanto pusiéramos un pie en la fría y resquebrajada acera, no volveríamos a sentir el cálido abrazo de aquellas paredes.
Cierta ira recorrió mis venas y ardió dentro de mi ser, como si de lava se tratase, al recordar que ya me habían obligado a trasladar mi orfanato para así limitarlo dentro del ghetto que habían creado los alemanes cuando tomaron Varsovia. Y ahora me veía obligado a abandonarlo de nuevo. Claro que aquel día, mi marcha no conllevaría únicamente dejar atrás un edificio, no. Mi marcha supondría dejar atrás mucho más. Pero sabía que los pasos que había dado para intentar proporcionar un bienestar y una seguridad a aquellos niños, no había sido en vano. Me debía a ellos. Eran mi vida, mi mundo. Sus sonrisas eran el motivo por el cual me levantaba por las mañanas y su afecto la recompensa que me llevaba cada noche al acostarme. Pese a que estaba tan asustado como ellos, no podía demostrarlo ni un minuto.
Allí, de pie en el umbral del gran pórtico por el que asomaba la ciudad de Varsovia, aún albergaba una pequeña esperanza, un acto de inusitada benevolencia por parte de aquellos hombres tan serios que vestían disfraces de honor y patriotismo. Nada.
Calor. Sentí aquel placentero calor de verano al salir finalmente del que había sido los últimos años nuestro hogar. Sentí bailar los rayos de sol sobre mi piel, intentando mitigar mi sufrimiento, mi dolor, una pérdida aún no acaecida aunque de sobras anunciada. Incluso el aire era cálido y reconfortante, pero la visión del ghetto era desoladora.
Avanzábamos en grupos de cuatro. Nuestras zancadas eran cortas pero firmes, y nuestra mente era consciente de hacia dónde nos dirigíamos. Nuestro amargo y desesperanzador destino ya estaba escrito.
De la mano llevaba a uno de mis niños, que iba imitando mis pasos hasta que logró que los suyos siguieran mi mismo ritmo. Le iba dando pequeños apretones, pues su mano se aferraba fuertemente a la mía, demandando consuelo. “No hay consuelo, hijo”, pensé. Y continuamos con nuestra macabra procesión.
El sol de aquel día desenterró sensaciones y pensamientos olvidados de mi infancia. Recordé que yo también fui niño, y que a pesar de que distaba bastante del término “joven o muchacho”, pude volver a sentirme como me sentía a la tierna edad de los seis años. Evoqué el gusto que tenía la comida en mi boca, tan nítido, tan placentero; recordé el placer de sentir el agua sobre mi piel, y que el helor de la misma no era para nada insoportable como lo es ya en la adultez. Sin embargo, yo era el mismo que ahora, con la misma inteligencia y raciocinio, pero con algo menos de experiencia con la vida, y sobre todo con las personas.
Entonces, una inmensa penuria penetró en mi corazón y nubló mi mente. Mis ojos se empañaron de lágrimas sin derramar e hicieron que mi visión enturbiase mis pasos, pues todas y cada una de las maravillosas personas que me acompañaban sabían a lo que se iban a enfrentar. Incluso los más pequeños eran conscientes de todo, y aún así, ninguno de ellos sucumbió a la tristeza, demostrando que la valentía y el honor no están reñidos con la edad, y que la inteligencia, tampoco.
Apreté la mano del chico, y giré levemente la cabeza para observar a los casi doscientos niños que venían tras de mí, junto con la docena de adultos que nos acompañaban. Todos mis alumnos, vestidos con sus mejores galas, se aferraron a su juguete favorito; podía ver muñecas, libros y peonzas por doquier, pero ni una sola lágrima.
Mi gran amiga también nos seguía en aquel difícil camino… A pesar de que la distancia y el tiempo nos había separado en diversas ocasiones, aún permanecía a mi lado, luchando por mis ideales, luchando por nuestros ideales. Ella tampoco quiso dejarnos en aquel momento, de modo que aceptó gratamente su sentencia junto a nosotros.
Decenas de ucranianos y alemanes se agolpaban a nuestro alrededor, contemplándonos. Una pedrada alcanzó a una de las enfermeras, pero ésta, tras comprobar que el mal no había sido gran cosa, reanudó su marcha. La policía judía también estaba merodeando alrededor de nosotros, golpeándonos y disparándonos, como si fuésemos criminales. Ni una queja, ni tan siquiera una súplica emergía de los labios de mis niños, que tanto en habían sufrido en sus cortas vidas.
Un oficial alemán de la SS me reconoció.
-¡Usted! –Exclamó agarrándome del brazo-. ¡Usted es el escritor del libro favorito de mi hijo! –añadió-. Puede ser libre, hombre… Goza de renombre y es un médico muy solicitado. ¡Usted no tiene porqué ir a Treblinka con esos miserables huérfanos!
Apreté con más amor que nunca la mano de uno de mis niños, dirigí una mirada de respeto al oficial y continué caminando dirección a la estación de tren.
-¿Cantamos? –les pregunté acto seguido a mis alumnos bajo la perpleja mirada del oficial.
Llegamos a la estación entonando una preciosa canción, cuya melodía aún resuena en mi recuerdo.
-¿Sabes qué? –Me preguntó uno de los chicos cuando nos dirigimos a Treblinka, subidos ya en aquel tren con hedor a putrefacción y muerte-. Contigo, pase lo que pase, sé que estaremos bien –me dijo.
Supe a lo que se refería. Yo no pretendía abandonarlos nunca. De hecho, aún no lo he hecho.

[Sobre la autora]

Lianne Kross nació en Barcelona (España) el 24 de diciembre de 1987. Su prosa, cargada de atmósferas oscuras, místicas, y con elementos sobrenaturales, ha pasado por diferentes géneros, desde el histórico hasta el suspenso y terror.

[Libros publicados]

-Ocultos en la Sombra (Hidden in the Shadow)
-In Memoriam (In Memoriam)
-Ragnarök: La Rebelión de los Malditos (Ragnarök: Rise of the Damned): Translating in to english.
-Errantes (Wanderers)
-Incubus in Nocte (Incubus in Nocte)

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La novela de Michele Mari, Rojo Floyd, escapa a cualquier estructura vinculada con lo biográfico, así también se corre de la convención de la novela clásica y enfrenta al lector  a un relato armado por innumerables voces.

por Pablo Gabriel Méndez


La primera impresión siempre es visual. Es así cuando el incipiente comprador, si no es un melómano obsesivo o un fan incondicional de la banda, dejará inadvertida la portada del libro en la selva literaria de una librería. Rojo Floyd no funciona para el cazador de datos, tampoco para el efímero lector en busca de información antes vedada, y menos para el impúdico que deglute minucias apegadas a la intimidad. Pink floyd, una de las bandas más grandes de la historia del rock vista/leída desde el prisma de la experimentación. 
Es así como el autor, Michele Mari, catedrático italiano y tardío descubridor de la banda, anticipa en la primera página el siguiente subtítulo: novela en 30 confesiones, 53 testimonios, 27 lamentaciones (de las cuales 11 son ultramundanas), 6 interrogaciones, 3 exhortaciones, 15 informes, una revelación y una contemplación. Una advertencia que implica un lectura fuera del orden; es decir una historia creada bajo la fórmula de las voces múltiples: lo coral cómo una conexión posible con la creación de la línea argumental. 
Si bien los personajes que interfieren son auténticos benefactores de una ficción que huele a contemplación de documentación desclasificada, la real fantasía ocurre cuando entran en juego personajes de exclusiva inventiva del autor: satélites dramáticos que interfieren residualmente en la crónica ficticia. Martí propone una historia centrada en la figura de Syd Barret, con su misterioso siamés, espejo retrovisor de su decadencia y sobre todo con los dos puntales del Floyd post psicodelia: Roger Waters, el obseso, el letrista conceptual, el maniático creador, el hijo que sigo llorando a su padre, y David Gilmour, el guitarrista virtuoso, el alter ego (de Barret y de Waters), el hombre con la mirada de gato. También aparecen en escena: Stanley Kubrick, David Bowie, Alan Parson, Jhonny Rotten, que ante un interlocutor -ese interrogador omnipresente y voraz-, hace que los protagonistas del discurso sirvan de la mano del autor (casi ajeno al libro) un anecdotario que indirectamente hará correr la historia hacia un final transitivo, casi como un ocaso costumbrista sin mayores estridencias que interrumpa la vejez de los Floyds.
Por momentos el desarrollo de los eventos narrados se intensifica, en otras recorre los páramos de lo intrascendente para hacer un juego dilatorio: por eso es una novela y su imperfección realza esa condición. La estructura es casi como un pasaje onírico de LSD; como ante se dijo, la novela sustrae los testimonios que circulan alrededor de Syd Barret para hacerlo converger en la instancia decisiva de los sucesos, y allí es donde el lector puede derrapar en la intención de su lectura, ¿cuándo dejamos de leer la ficción para acometer en la más pura instancia biográfica? 
De esta manera, y bajo los rótulos marcados de los cánones comerciales de la literatura, el avance de La Bestia Equilátera al editar esta rara novela sobre una banda de rock, interroga sobre si la grandeza literaria es aquella escurridiza que se instala en los panteones del Nobel o es la que está al alcance de la mano en una librería, con una portada apenas llamativa, con un argumento demasiado acotado a un público afecto a los acontecimientos inamovibles de la historia. 
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Las dificultades del mundo laboral, sus gratificaciones y hasta las contradicciones que aparecen a diario quedan al descubierto en El cadáver de un recuerdo enterrado vivo. En clave humorística, la muerte de una querida jefa hará que las cosas se compliquen aún más.

por Nicolás Gallardo

Archivadores, facturas colgadas de las paredes y desorden en el escritorio caracterizan una estrecha oficina. Vemos entrar a un personaje en apariencia compungido, Arismundi, quién ha pasado a ser el dueño de una empresa de aluminio. Siempre se lo nota ensimismado, pero nunca trabajando. Su nuevo puesto se había vuelto posible por la muerte de su esposa, Silvia, quien lo ha dejado ya hace seis meses.

El periplo introspectivo llega a su fin cuando irrumpen al lugar los catorce empleados del nuevo patrón. Creen que ya va siendo tiempo de volver a trabajar, siempre conservando a Silvia como modelo a seguir, y terminar con el luto que comienza a parecer eterno. Escucharemos los argumentos y vociferaciones del personal, de las cuales Arismundi solo escuchará una única voz, la de la secretaria Mabel, que aparece como la oportunidad para olvidar. También habrá posiciones encontradas sobre esta posible relación.

El cadáver de un recuerdo enterrado vivo, bajo la dirección de Sergio Boris, consigue hacernos entrar en su juego. Notamos en el ambiente sensaciones sofocantes y de asfixia, no hay lugar suficiente para mantener siquiera una conversación de a dos, ya que siempre habrá un tercero parando la oreja y aprovechando lo escuchado para un ocasional daño o perjuicio. El cotilleo y los conflictos se agravan ante la actual situación de la oficina: una jefa que es construida por todos como una mujer exitosa pasa a estar más presente muerta que viva. Todos se preguntan qué hizo que una persona tan fuerte tenga un final tan repentino, por lo que algunas empleadas se infiltrarán en la oficina de Silvia –a la que nunca habían entrado hasta entonces, para “conservar su olor”- en búsqueda de respuestas para encauzar el devenir de la empresa cada vez más venida a bajo. Unas encontrarán su legado en un cuaderno de anotaciones, las otras tendrán que sobrevivir sin sus consejos y máximas.

Con una tensión que va in crescendo, los actores nunca se olvidan de ridiculizar muy adecuadamente a sus personajes. Si bien muchos temas son abordados con entera seriedad, otros no pueden evitar producir carcajadas al espectador. Son un grupo reducido de trabajadores, que se conocen mucho y eso, visto desde fuera, siempre resultará entretenido. Esta mezcla de dramatismo y comedia, acentuada por la óptima iluminación de Verónica Alcoba y Fernando Chacota, se nos impregna y logra que veamos el mundo a través del descabellado ideario que el elenco nos propone.

Arismundi tiene la difícil labor de cubrir el puesto de alguien irremplazable. Silvia demostró ser una jefa de fierro, mientras que él es más bien maleable y endeble como el aluminio, y como todas las personas a las que ahora debe dirigir.

[Funciones]
El cadáver de un recuerdo enterrado vivo se presenta los sábados a las 23:00 hs. en Machado Teatro (Antonio Machado 617). Entradas a $50. Jubilados y estudiantes, $35 (presentando certificación vigente).