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La vida de Barrunte era una batalla constante entre la memoria y el olvido. Era un hombre que siempre olvidaba lo pasado, de forma inconsciente y carente explicación lógica alguna. A sus veinte ya había olvidado la infancia, a los treinta la adolescencia y a sus cuarenta años ya no recordaba las amistades, la familia o los golpes del tiempo; ya se olvidaba de sus creencias y de sus hijos e incluso su nombre, yacía junto al olvido. Los únicos recuerdos que cabían en su mente eran los símbolos o interpretaciones de los sucesos cotidianos de la vida; la sabiduría que se obtiene con la experiencia y el sucesivo raciocinio, perduraba inmaculada en su cerebro.
Cada mañana se sorprendía Barrunte con las cosas de todos los días, y cada noche, recostado en su catre, si es que era el suyo y si realmente se trataba de un catre, intentaba imaginar con qué lo sorprendería la siguiente mañana. Ya no recordaba absolutamente nada, no sabía lo que era esa inmensa y fueguina esfera que se alzaba sobre su cabeza todos los días, no recordaba para qué le servía aquel extraño artefacto de cilíndrica forma y que, cuando lo soplaba, expulsaba agudos y desafinados sonidos. En aquellos días ya no sabía, no recordaba si era humano o la proyección de un pasado constante, o el protagonista en el sueño de un loco, la visión de un mago.
Una mañana se creía niño hasta que algo o alguien le demostrara lo contrario, un mediodía se decía a sí mismo el hijo de Dios, hasta que tropezaba con “una de esas cosas informes que siempre me dificultan el camino cuando todo parece limpio, despejado”, como él mismo decía, y se retractaba de aquella opinión. Una noche se creyó un vampiro y, vestido de negro, salió a morder los cuellos del prójimo; al siguiente alba creyó ser un sacerdote y, equivocando lo que aquello significaba, se empeñó en prender fuego al quien le faltara el respeto.
Y entonces, llegado el día en que habría de morir, aplastado bajo las ruedas de un inmenso camión, aquel día Barrunte olvidaría también su muerte, y entonces, olvidando la muerte, regresaría a la vida.
2 de julio del 2006