En tus pómulos
tu sonrisa se diluye
como mancha de alquitrán
en la arena de la sonrisa que lleva la indiferencia que lleva
a los casados al altar.
En tu risa
tu felicidad se lleva
la infelicidad que lleva
tu vientre lleno al saltar.
No quiero más copas ni más robles.
No quiero más caídas.
No quiero esas muertes
románticas muertes de poetas,
en los laberintos de la vida
en pasillos hechos de tetas
silbando canciones hechas al pasar...
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Embrujos
cadenas calientes en el cuello
apretan.
Tatuajes infinitos en el cuello
y mudez
infinita mudez
infinito silencio.
Silencio...
silencio...
silencio...
no hay nada más que decir.
cadenas calientes en el cuello
apretan.
Tatuajes infinitos en el cuello
y mudez
infinita mudez
infinito silencio.
Silencio...
silencio...
silencio...
no hay nada más que decir.
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| un poco más de
martin
Frente al abismo
un árbol de cada lado
del abismo.
Un ejército delante de cada árbol
un paso antes del abismo.
Un paso adelante...
el abismo.
Bajo el abismo
esta noche los cuervos
comen corazones rotos.
Sobre el abismo
el silencio lo domina todo
excepto el canto lúgubre
de las hojas de los árboles.
un árbol de cada lado
del abismo.
Un ejército delante de cada árbol
un paso antes del abismo.
Un paso adelante...
el abismo.
Bajo el abismo
esta noche los cuervos
comen corazones rotos.
Sobre el abismo
el silencio lo domina todo
excepto el canto lúgubre
de las hojas de los árboles.
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| un poco más de
martin,
poesía
¿Se puede mirar una cosa cualquiera
con la misma mirada tierna
de quien observa la seriedad
con la que juegan sus juegos
los niños en la plaza?
me pregunté perdido en el tiempo
por un instante que
vaya a saber quién sabe cuánto duró.
Mientras mi culo se mecía
de quedo sobre la hamaca del medio
de las tres que había,
la plaza parecía estar presa
encerrada entre rejas
que guardan su venganza contra las avenidas
que en un tiempo la emboscaron
con caminos de piedra y humo
que son caminos del dios progreso.
El hambre insaciable del progreso
que no veo ni ir ni venir por esas sendas grises
porque está sentado incómodamente y furioso en su trono
tomando a los hombres por la cabeza
entre sus dedos como pinzas gigantes
dejándolos caer a su boca, uno tras otro.
Veo la fronda de la arbolada que fluye y refluye con el viento,
veo las fuentes por las que fluye y refluye como agua
un tiempo constante y monótono,
y veo los monumentos y las estatuas indiferentes al tiempo y a todo.
Nada mejor para mi indiferencia
que la indiferencia de esta plaza
mirándose el ombligo tiernamente
como yo miro al más honesto parlamento
debatir si piedra libre, o si mancha.
Mientras rechino las cadenas con mi peso de cuerpo maduro
y mi pregunta rechina en mi cabeza inmadura
que va que viene y que juega seria y sin prisa.
con la misma mirada tierna
de quien observa la seriedad
con la que juegan sus juegos
los niños en la plaza?
me pregunté perdido en el tiempo
por un instante que
vaya a saber quién sabe cuánto duró.
Mientras mi culo se mecía
de quedo sobre la hamaca del medio
de las tres que había,
la plaza parecía estar presa
encerrada entre rejas
que guardan su venganza contra las avenidas
que en un tiempo la emboscaron
con caminos de piedra y humo
que son caminos del dios progreso.
El hambre insaciable del progreso
que no veo ni ir ni venir por esas sendas grises
porque está sentado incómodamente y furioso en su trono
tomando a los hombres por la cabeza
entre sus dedos como pinzas gigantes
dejándolos caer a su boca, uno tras otro.
Veo la fronda de la arbolada que fluye y refluye con el viento,
veo las fuentes por las que fluye y refluye como agua
un tiempo constante y monótono,
y veo los monumentos y las estatuas indiferentes al tiempo y a todo.
Nada mejor para mi indiferencia
que la indiferencia de esta plaza
mirándose el ombligo tiernamente
como yo miro al más honesto parlamento
debatir si piedra libre, o si mancha.
Mientras rechino las cadenas con mi peso de cuerpo maduro
y mi pregunta rechina en mi cabeza inmadura
que va que viene y que juega seria y sin prisa.
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| un poco más de
martin,
poesía
Ella dijo:
-Siento soledad-
Él dijo:
-Sé bien lo que sentís-
Y nunca más se vieron a los ojos.
-Siento soledad-
Él dijo:
-Sé bien lo que sentís-
Y nunca más se vieron a los ojos.
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| un poco más de
martin,
poesía
Nos faltan en nuestros brazos que los quieren abrazar, nos faltan sus manos para apretarlas con las nuestras, sus risas para reirnos con ellos, sus lágrimas... nos faltan sus lágrimas y por eso nosotros los tenemos que llorar.
Nos faltan sus gritos para gritar más fuerte, nos faltan las historias que nos querian contar, nos faltan los pedazos de nuestras almas que ellos tenían, nos faltan en el barrio, nos faltan en la casa, nos faltan en el club, nos faltan en la escuela, nos faltan en el trabajo.
Nos faltan en el día y en la noche, nos faltan sus pasos en la calle, nos faltan como falta lo que nos hace falta, nos faltan desde hace tiempo, nos faltan hoy más que nunca, y siempre nos van a faltar.
Son luces apagadas que brillan igual, son el silencio que escuchamos cuando ellos tendrían que hablar, son ausencias que siempre estarán presentes... sus miradas hacia un lado que nunca cerrarán los ojos.
Nos faltan sus gritos para gritar más fuerte, nos faltan las historias que nos querian contar, nos faltan los pedazos de nuestras almas que ellos tenían, nos faltan en el barrio, nos faltan en la casa, nos faltan en el club, nos faltan en la escuela, nos faltan en el trabajo.
Nos faltan en el día y en la noche, nos faltan sus pasos en la calle, nos faltan como falta lo que nos hace falta, nos faltan desde hace tiempo, nos faltan hoy más que nunca, y siempre nos van a faltar.
Son luces apagadas que brillan igual, son el silencio que escuchamos cuando ellos tendrían que hablar, son ausencias que siempre estarán presentes... sus miradas hacia un lado que nunca cerrarán los ojos.
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| un poco más de
martin,
poesía
Ella iba por marte
y dobló la esquina apurada
porque no tenía los tacos puestos
y no le importaba.
Pasó frente a un borracho
viejo
andrajoso
que le preguntó
¿a dónde vas, che?
si esta noche
el sol no va a salir para vos.
Ella rió,
lo tomó de la mano con la que pide limosna
y se lo llevó a su habitación.
Es que hacía mucho tiempo que ella no reía.
Pero no,
nunca pasó nada de esto.
No hay esquinas en marte.
Ella siempre va de tacos
apurada
y nunca lo mira.
Y siempre va de gafas oscuras
cuando sale de noche.
Es verdad que llora seguido
pero se ríe mucho también,
aunque sea por compromiso.
No, nunca paso nada de esto.
El sol nunca sale de noche
nunca.
Y él pide limosna con la otra mano.
y dobló la esquina apurada
porque no tenía los tacos puestos
y no le importaba.
Pasó frente a un borracho
viejo
andrajoso
que le preguntó
¿a dónde vas, che?
si esta noche
el sol no va a salir para vos.
Ella rió,
lo tomó de la mano con la que pide limosna
y se lo llevó a su habitación.
Es que hacía mucho tiempo que ella no reía.
Pero no,
nunca pasó nada de esto.
No hay esquinas en marte.
Ella siempre va de tacos
apurada
y nunca lo mira.
Y siempre va de gafas oscuras
cuando sale de noche.
Es verdad que llora seguido
pero se ríe mucho también,
aunque sea por compromiso.
No, nunca paso nada de esto.
El sol nunca sale de noche
nunca.
Y él pide limosna con la otra mano.
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| un poco más de
martin,
poesía
I
Me subió la doble gota
de su pastillita psiquiatrica,
del caleidoscopio de la locura.
Galopaba sobre un jinete la locura
y me dijo:
-más lenta que el tiempo
se nos hizo la ignorancia del ser-
y entonces el tiempo tomó cada vez más velocidad.
II
Voy del libro
al sorbo del vaso de vino,
con los ojos en blanco y
el semáforo en tinto...
Soy corazón rosado de alcohol.
Quiero expandirme a los besos.
Ella me quiere sobrio... y no puede.
III
¿Qué te pasó?
¿Qué te pasaba por la cabeza cuando nos ibamos elevando en ese ascensor inerte un piso antes de tu piso, hacia las nubes de los sentimientos como burbujas de champagne?
IV
No habrá domingo más soleado
como aquel en el que abra las nubes
con el mismo pequeño esfuezo
con el que abro mis persianas.
V
Besarse así es extraño...
Besarse así es sentirse ebrio
y al mismo tiempo
sentirse copa.
Me subió la doble gota
de su pastillita psiquiatrica,
del caleidoscopio de la locura.
Galopaba sobre un jinete la locura
y me dijo:
-más lenta que el tiempo
se nos hizo la ignorancia del ser-
y entonces el tiempo tomó cada vez más velocidad.
II
Voy del libro
al sorbo del vaso de vino,
con los ojos en blanco y
el semáforo en tinto...
Soy corazón rosado de alcohol.
Quiero expandirme a los besos.
Ella me quiere sobrio... y no puede.
III
¿Qué te pasó?
¿Qué te pasaba por la cabeza cuando nos ibamos elevando en ese ascensor inerte un piso antes de tu piso, hacia las nubes de los sentimientos como burbujas de champagne?
IV
No habrá domingo más soleado
como aquel en el que abra las nubes
con el mismo pequeño esfuezo
con el que abro mis persianas.
V
Besarse así es extraño...
Besarse así es sentirse ebrio
y al mismo tiempo
sentirse copa.
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| un poco más de
martin,
poesía
Un poema del sol se lleva el ocaso.
Un poema del viento me trajo la brisa.
Un poema de amor, entre la luna y el mar
refulge pálido, en el brillo de tu sonrisa.
Un poema del viento me trajo la brisa.
Un poema de amor, entre la luna y el mar
refulge pálido, en el brillo de tu sonrisa.
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| un poco más de
martin,
poesía
¿Acaso si estuviéramos ciegos no estaríamos preguntándonos si en verdad existimos o si solo somos voces caminantes en el laberinto de la vida?
Los dos sabemos que ningún pez muere de vejez. Que todo aquello que vive en el mar, acaba siendo comida. Lo mismo pasa arriba, en la superficie… todavía no hemos aprendido a mirar más allá de las estrellas. No somos la receta especial de los dioses, ni los dioses que recetan mundos… condimento a gusto de una tierra siempre bien sazonada somos. Una rama más, del árbol más frondoso, que dará sus frutos al llegar la primavera del tiempo.
La poesía fue, en algún momento, el experimento que hicimos para hablar con solemnidad. Desde entonces, hablar con encanto a los hombres se volvió una burda gracia. Aquellos poetas fueron siempre los que tocaron melódicamente las fibras más recónditas de lo humano. Y con solemnidad debemos aceptar tal desafío.
La próxima hora de las agujas del tiempo hará un profeta de todo aquello que tenga vida. Recordando que estamos obligados a vivir alimentándonos de la muerte y morir alimentando a la vida.
No hemos entendido que nuestra única grandeza es que desde los átomos hasta la naturaleza existe la misma infinita distancia que hay desde la naturaleza hasta el espacio sideral.
Un vuelo de hamacas en la infinitud es la grandeza que compartimos con todo aquello que vive.
Los dos sabemos que ningún pez muere de vejez. Que todo aquello que vive en el mar, acaba siendo comida. Lo mismo pasa arriba, en la superficie… todavía no hemos aprendido a mirar más allá de las estrellas. No somos la receta especial de los dioses, ni los dioses que recetan mundos… condimento a gusto de una tierra siempre bien sazonada somos. Una rama más, del árbol más frondoso, que dará sus frutos al llegar la primavera del tiempo.
La poesía fue, en algún momento, el experimento que hicimos para hablar con solemnidad. Desde entonces, hablar con encanto a los hombres se volvió una burda gracia. Aquellos poetas fueron siempre los que tocaron melódicamente las fibras más recónditas de lo humano. Y con solemnidad debemos aceptar tal desafío.
La próxima hora de las agujas del tiempo hará un profeta de todo aquello que tenga vida. Recordando que estamos obligados a vivir alimentándonos de la muerte y morir alimentando a la vida.
No hemos entendido que nuestra única grandeza es que desde los átomos hasta la naturaleza existe la misma infinita distancia que hay desde la naturaleza hasta el espacio sideral.
Un vuelo de hamacas en la infinitud es la grandeza que compartimos con todo aquello que vive.
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| un poco más de
martin,
poesía
Mi era es la lucha libre del mundo
y en ese planeta, atletas gigantes,
bizarramente vestidos, luchan con sillas plegables
y llaves aéreas sobreactuadas.
En el horizonte puedo ver claramente
el botón para apagar la realidad.
Lo que pasa es que apagar el televisor
en esta era es como haber llegado
al fondo de la soledad.
Y uno a veces llega a sentirse culpable
de no sentir y pensar como la tele…
esa es la tragedia.
Mi era es el abrir y cerrar de ojos
de una vaca mirando quedamente la hierba.
El mundo árido, salpicando sangre el suelo
con más sed de la que puede saciar,
consume la misma sangre
que le arrebató el aire y el agua
a la tierra.
Mi era es un tirar de nuevo los dados
de un dios sin suerte.
Y mi ser era exactamente lo mismo que es mi era.
y en ese planeta, atletas gigantes,
bizarramente vestidos, luchan con sillas plegables
y llaves aéreas sobreactuadas.
En el horizonte puedo ver claramente
el botón para apagar la realidad.
Lo que pasa es que apagar el televisor
en esta era es como haber llegado
al fondo de la soledad.
Y uno a veces llega a sentirse culpable
de no sentir y pensar como la tele…
esa es la tragedia.
Mi era es el abrir y cerrar de ojos
de una vaca mirando quedamente la hierba.
El mundo árido, salpicando sangre el suelo
con más sed de la que puede saciar,
consume la misma sangre
que le arrebató el aire y el agua
a la tierra.
Mi era es un tirar de nuevo los dados
de un dios sin suerte.
Y mi ser era exactamente lo mismo que es mi era.
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| un poco más de
martin,
poesía
Por aquello que fueron nuestras grandes victorias, hermano,
brindemos una vez más.
Hagamos fiestas por las viejas fiestas,
y volvamos a festejar
por aquellos instantes eternos, hermano…
Venga el tiempo a encontrarnos juntos en las calles,
siendo peligrosos para la gente otra vez.
Escondiéndonos de la policía.
¿Te acordás, hermano?
Y aquella era d(r)o(g)rada de los rocanroles:
todo antes de que la herida se nos abra;
todo antes de dejar ir a los pibes;
todo antes de terminar la secundaria.
Y no me vengas con que “demasiada nostalgia”.
¡Eran de oro esos momentos, hermano!
Y no se si nos mataron o los matamos
pero ahí siempre van a estar esperándonos que los queramos recordar.
Yo digo que volvamos un rato para allá, hermano,
que la vida nos tenga miedo de tanto vivir.
Brindemos una vez más.
Con las mismas copas, con los mismos vinos;
en las mismas noches hasta los mismos soles;
y el mismo dolor de ojos,
¡una vez más hermano!
¡una victoria más hermano!
¡Otro rocanrol!
Quiero morir festejando que mi vida fueron nuestras fiestas,
un instante más para la eternidad,
una noche de olvidos para recordar.
Y VICEVERSA.
brindemos una vez más.
Hagamos fiestas por las viejas fiestas,
y volvamos a festejar
por aquellos instantes eternos, hermano…
Venga el tiempo a encontrarnos juntos en las calles,
siendo peligrosos para la gente otra vez.
Escondiéndonos de la policía.
¿Te acordás, hermano?
Y aquella era d(r)o(g)rada de los rocanroles:
todo antes de que la herida se nos abra;
todo antes de dejar ir a los pibes;
todo antes de terminar la secundaria.
Y no me vengas con que “demasiada nostalgia”.
¡Eran de oro esos momentos, hermano!
Y no se si nos mataron o los matamos
pero ahí siempre van a estar esperándonos que los queramos recordar.
Yo digo que volvamos un rato para allá, hermano,
que la vida nos tenga miedo de tanto vivir.
Brindemos una vez más.
Con las mismas copas, con los mismos vinos;
en las mismas noches hasta los mismos soles;
y el mismo dolor de ojos,
¡una vez más hermano!
¡una victoria más hermano!
¡Otro rocanrol!
Quiero morir festejando que mi vida fueron nuestras fiestas,
un instante más para la eternidad,
una noche de olvidos para recordar.
Y VICEVERSA.
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| un poco más de
martin,
poesía
Escondidos de la noche y de esta lluvia andan los pájaros que todavía a las 5am no rompieron a cantar.
Mientras, yo sigo guarecido, asustado de mis sueños, enjaulado en mi pieza sin saber bien cómo se cuentan esta clase de sentimientos.
Soy libre de todo menos de mí, y eso que me llamaba adorador de mi pasión, amante de la libertad y amigo del conocimiento. Mas mi amor se ha hecho un ejercito de amistades en contra de mi adoración. Incomprensible pulso vital se me hace el dios que soy de mí, como un carcelero que odio y debo adorar.
Como la ciudad, que anda por ahí fuera, sola, bañándose de luna y de faros, empapada de luz. Así yo huyo de ella con la excusa de que tengo que escribir estas palabras.
Me parezco a los pájaros esos que no cantan todavía. –Yo recuerdo cómo es el sol, pero necesito verlo de nuevo todos los días para volverle a cantar.- dicen esos pájaros.
Mientras, yo evoco aquel tiempo sin sueño, ni ganas de dormir. Con los dedos entrelazados tras la cabeza y la mirada fijamente perdida en la ventana me acuerdo de noches que me fueron eternas. Mi enamorada pasión tiraba de las riendas y allí quedaba yo como un corcel leal, fiel, más bien como un esclavo agradecido. Había más vuelo y locura enamorado de mi amo. Era más pájaro cuando amaba tu viento, tu tempestad que fue mi brisa.
Pero ahora ya es diferente. La desvergonzada libertad se levanta contra mí y contra mi espíritu que se avergüenza de la tiranía de su liberación.
Ah, mi pasión. La amé tanto, que tanto se dejó conocer ella, hasta la desnudez y las entrañas. Y frente al dios libertino de mi sabiduría se dio ella entera en su belleza incomprensible. Envidia, ese dios libertino, sus riendas capaces de llevarme donde soy incapaz de llegar.
¿Dónde quedó perdida mi sonrisa ante el desordenado latir de mi corazón desde que abrí la celda de mis amores?
Yo era un orgullo estúpido, pero un orgullo al fin. ¡Reclamo que mi pasión arrebate sus culpas de mí! ¡Ya no me basta recordarla así, aurífera y autoritaria, mi pasión! ¡Mi ímpetu conmigo y con las llaves de mi corazón de vuelta!
Cárcel de culpa y confesión se me antoja mi libertad fuera de la celda de su amor. Que se agazape a mi locura y me arroje de nuevo al catre de aquel cubil de sacros sacrilegios del que quise huir. Que me arroje fuera de esta caja de dormir la vida, de este edificio antinuclear.
Llévame, pasión, hasta el pavimento vaporoso de mi calle, y con mi corazón latiendo en tu lazo nuevamente iré por los pasajes, viendo las puertas y los faros tras la lluvia, como lunas en la ducha. Hagamos un par de tonterías por ahí fuera otra vez hasta que no escuche más pájaros, y la libertad, como jueza impune, me lleve de nuevo a su celda donde ya no pueda ver más tu sol brillar para mí otra vez.
Rompe a cantar de nuevo, que mi sol no se anima a salir sin tu música.
Mientras, yo sigo guarecido, asustado de mis sueños, enjaulado en mi pieza sin saber bien cómo se cuentan esta clase de sentimientos.
Soy libre de todo menos de mí, y eso que me llamaba adorador de mi pasión, amante de la libertad y amigo del conocimiento. Mas mi amor se ha hecho un ejercito de amistades en contra de mi adoración. Incomprensible pulso vital se me hace el dios que soy de mí, como un carcelero que odio y debo adorar.
Como la ciudad, que anda por ahí fuera, sola, bañándose de luna y de faros, empapada de luz. Así yo huyo de ella con la excusa de que tengo que escribir estas palabras.
Me parezco a los pájaros esos que no cantan todavía. –Yo recuerdo cómo es el sol, pero necesito verlo de nuevo todos los días para volverle a cantar.- dicen esos pájaros.
Mientras, yo evoco aquel tiempo sin sueño, ni ganas de dormir. Con los dedos entrelazados tras la cabeza y la mirada fijamente perdida en la ventana me acuerdo de noches que me fueron eternas. Mi enamorada pasión tiraba de las riendas y allí quedaba yo como un corcel leal, fiel, más bien como un esclavo agradecido. Había más vuelo y locura enamorado de mi amo. Era más pájaro cuando amaba tu viento, tu tempestad que fue mi brisa.
Pero ahora ya es diferente. La desvergonzada libertad se levanta contra mí y contra mi espíritu que se avergüenza de la tiranía de su liberación.
Ah, mi pasión. La amé tanto, que tanto se dejó conocer ella, hasta la desnudez y las entrañas. Y frente al dios libertino de mi sabiduría se dio ella entera en su belleza incomprensible. Envidia, ese dios libertino, sus riendas capaces de llevarme donde soy incapaz de llegar.
¿Dónde quedó perdida mi sonrisa ante el desordenado latir de mi corazón desde que abrí la celda de mis amores?
Yo era un orgullo estúpido, pero un orgullo al fin. ¡Reclamo que mi pasión arrebate sus culpas de mí! ¡Ya no me basta recordarla así, aurífera y autoritaria, mi pasión! ¡Mi ímpetu conmigo y con las llaves de mi corazón de vuelta!
Cárcel de culpa y confesión se me antoja mi libertad fuera de la celda de su amor. Que se agazape a mi locura y me arroje de nuevo al catre de aquel cubil de sacros sacrilegios del que quise huir. Que me arroje fuera de esta caja de dormir la vida, de este edificio antinuclear.
Llévame, pasión, hasta el pavimento vaporoso de mi calle, y con mi corazón latiendo en tu lazo nuevamente iré por los pasajes, viendo las puertas y los faros tras la lluvia, como lunas en la ducha. Hagamos un par de tonterías por ahí fuera otra vez hasta que no escuche más pájaros, y la libertad, como jueza impune, me lleve de nuevo a su celda donde ya no pueda ver más tu sol brillar para mí otra vez.
Rompe a cantar de nuevo, que mi sol no se anima a salir sin tu música.
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| un poco más de
martin,
poesía
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Es una Venus de mármol,
sobre el cielo azul, sobre un mar de Grecia.
Lleva el pelo ondulado…
y está cubierta por hierbas, de la cintura para abajo.
Ella se sugiere, se insinúa toda
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Le gusta el blues y el rock 'n roll,
se mueve como serpiente
subida a dos patas muy finas.
Baila como serpiente en el aire
cuando cae de las ramas secas de mis besos.
Se esconde de mí y del hombre
detrás de su sonrisa…
y su mirada musa.
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Hay entre mi mirada y la suya
el mismo brillo de oro
que hay entre el sol y la luna.
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Se parece al amor que nunca llega,
al amor haciéndose desear todavía.
Es el grito de todos los brujos de la tribu
apuntando contra mi cuerpo.
Un sacrificio por amor
es la escultora de mis sueños.
Es una Venus de mármol,
sobre el cielo azul, sobre un mar de Grecia.
Lleva el pelo ondulado…
y está cubierta por hierbas, de la cintura para abajo.
Ella se sugiere, se insinúa toda
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Le gusta el blues y el rock 'n roll,
se mueve como serpiente
subida a dos patas muy finas.
Baila como serpiente en el aire
cuando cae de las ramas secas de mis besos.
Se esconde de mí y del hombre
detrás de su sonrisa…
y su mirada musa.
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Hay entre mi mirada y la suya
el mismo brillo de oro
que hay entre el sol y la luna.
Hoy les voy a contar sobre la escultora de mis sueños.
Se parece al amor que nunca llega,
al amor haciéndose desear todavía.
Es el grito de todos los brujos de la tribu
apuntando contra mi cuerpo.
Un sacrificio por amor
es la escultora de mis sueños.
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| un poco más de
martin,
poesía
hoy que nazco la vida tiene sabor a muerte.
Lloré tanto en el parto como en la partida,
y ese llanto sabía a vida cuando el cielo
llovía conmigo y el trueno gritaba fuerte.
Yo quise ser el tren que terminaba en la estación del verano, andar por el mundo con el corazón en la encrucijada de los ligamentos y perderme en el laberinto de las vanidades de los que saben el sabor del vino viejo y los besos jóvenes.
Hablando de vinos,
no voy a brindar por la salud ajena sino por el propio vicio,
voy a levantar la copa más alto que mi frente
y desearme un cuerpo caliente
para enredar mi brazos
y un abrazo frío para el resto de la gente.
Yo quise ser un abrazo por atrás para mi chica en la cocina, quise que la risa pose su gracia en mi boca y ella riendo pose mi boca en su gracia de mujer.
Yo sabía que de esa uva escurre el mejor vino y sabía que los besos más jóvenes escurren de las bocas más húmedas.
Hablando de bocas húmedas,
no voy a tragarme la locura como una sopa fría.
Aunque los besos sepan a sal y menta
como las lágrimas zafiras
que derramo en esta muerte lenta,
voy a seguir creyendo en mis mentoras mentiras.
Yo quise cantar en la banda sonora del placer, ser quien me place contar en mis letras. Yo quise crecer molesto como crece el orzuelo del subsuelo del cielo y hacerme sentir empujando para afuera en la panza de la partera de los muertos.
Hablando de la muerte,
hoy que muero, la muerte sabe a vid y a vida.
Recibí un beso tanto en el parto como en la partida,
y ese beso sabía a lágrima cuando la muerte
lloraba conmigo y la vida me deseaba suerte.
Lloré tanto en el parto como en la partida,
y ese llanto sabía a vida cuando el cielo
llovía conmigo y el trueno gritaba fuerte.
Yo quise ser el tren que terminaba en la estación del verano, andar por el mundo con el corazón en la encrucijada de los ligamentos y perderme en el laberinto de las vanidades de los que saben el sabor del vino viejo y los besos jóvenes.
Hablando de vinos,
no voy a brindar por la salud ajena sino por el propio vicio,
voy a levantar la copa más alto que mi frente
y desearme un cuerpo caliente
para enredar mi brazos
y un abrazo frío para el resto de la gente.
Yo quise ser un abrazo por atrás para mi chica en la cocina, quise que la risa pose su gracia en mi boca y ella riendo pose mi boca en su gracia de mujer.
Yo sabía que de esa uva escurre el mejor vino y sabía que los besos más jóvenes escurren de las bocas más húmedas.
Hablando de bocas húmedas,
no voy a tragarme la locura como una sopa fría.
Aunque los besos sepan a sal y menta
como las lágrimas zafiras
que derramo en esta muerte lenta,
voy a seguir creyendo en mis mentoras mentiras.
Yo quise cantar en la banda sonora del placer, ser quien me place contar en mis letras. Yo quise crecer molesto como crece el orzuelo del subsuelo del cielo y hacerme sentir empujando para afuera en la panza de la partera de los muertos.
Hablando de la muerte,
hoy que muero, la muerte sabe a vid y a vida.
Recibí un beso tanto en el parto como en la partida,
y ese beso sabía a lágrima cuando la muerte
lloraba conmigo y la vida me deseaba suerte.
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| un poco más de
martin,
poesía
Cien velas arrodilladas en el horizonte.
En la orilla del mar
guardo mi corazón en un tubo de ensayo,
con el único placer
de sentir la arena
colándose entre los dedos de mis pies.
El viento tiene los dientes congelados.
De repente siento unas ganas indecibles
de meter las manos por debajo de la remera de la luna.
No llegar tan alto me hace caer.
Voy recto,
como un tronco que abrió los brazos,
y cierra los ojos muy despacio
cayendo lentamente.
Las cien velas se incorporan para ver mejor.
Despierto.
Han hecho libre a mi corazón.
Lo han predido fuego
y quieren levantarlo del mar.
En la orilla del mar
guardo mi corazón en un tubo de ensayo,
con el único placer
de sentir la arena
colándose entre los dedos de mis pies.
El viento tiene los dientes congelados.
De repente siento unas ganas indecibles
de meter las manos por debajo de la remera de la luna.
No llegar tan alto me hace caer.
Voy recto,
como un tronco que abrió los brazos,
y cierra los ojos muy despacio
cayendo lentamente.
Las cien velas se incorporan para ver mejor.
Despierto.
Han hecho libre a mi corazón.
Lo han predido fuego
y quieren levantarlo del mar.
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| un poco más de
martin,
poesía
/jugando a inventar nuevas métricas/
Lo siento, querida,
mas soy dueño de una herida
que llevaré toda la vida
si es que no estoy al lado tuyo
y me llevás como comida
a tu boca, como murmullo,
como alcohólica bebida.
Se abrirán mis venas
con el filo de las penas
de la soledad, mi condena
de no tenerte y detenerme
el corazón con la cadena
de oración que merme
la pasión que me envenena.
Si es que así tampoco
logro decir poco a poco,
con este acento tan barroco,
las palabras que te den cuenta
de cuanto mucho me sofoco…
diamantes de menta
de amantes dementes, locos…
con mi alma, en venta
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| un poco más de
martin,
poesía
/jugando con la estética poética prevertiana/
Un tren en la vía
un vagón vacío
un asiento sucio
una ventana abierta
un viento templado
un paisaje que se pierde
un árbol que se va
una hoja que cae
una hormiga que trabaja
un pie asesino
una nena corriendo
una plaza con juegos
un nene que tropieza
un grito de dolor
una madre que corre
una mano que acaricia
un beso que calma
un caserón antiguo
una vieja solitaria
una lágrima fría
una sonrisa piadosa
un recuerdo lejano
un tren en la vía.
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| un poco más de
martin,
poesía
En el manto de un camastro plano…
Me levanto del día con la agonía de un vampiro.
Suspendido de sueños en los sueños del despertar.
Con el hambre derrotado por las ganas de comer.
El despeinado de lo que ignore un espejo.
La rabia de correr siempre atrás.
El agujero que no quiere ser tumba, y una pala que tiene miedo de cavar.
El idioma de las miradas.
Escribir para que el olvido pase tu escoba sobre mí.
Soplar para todos los que vean el horizonte.
Llevar la pluma que suelta el ave.
Esconderme en el agujero que se negaba a ser tumba… y no escribir jamás.
Me levanto del día con la agonía de un vampiro.
Suspendido de sueños en los sueños del despertar.
Con el hambre derrotado por las ganas de comer.
El despeinado de lo que ignore un espejo.
La rabia de correr siempre atrás.
El agujero que no quiere ser tumba, y una pala que tiene miedo de cavar.
El idioma de las miradas.
Escribir para que el olvido pase tu escoba sobre mí.
Soplar para todos los que vean el horizonte.
Llevar la pluma que suelta el ave.
Esconderme en el agujero que se negaba a ser tumba… y no escribir jamás.
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| un poco más de
martin,
poesía
¿Han sentido ustedes tal libertad como la de no tener que dar respuesta al propio silencio?
¿Han sentido ustedes la necesidad de contestar a esta pregunta?
Esta es la respuesta.
¿Han sentido ustedes la necesidad de contestar a esta pregunta?
Esta es la respuesta.
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| un poco más de
martin,
poesía
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