El puerto de Nuadibú

Desde la terraza se escuchan los primeros rezos del día 

un canto profundo que hace vibrar los estómagos vacíos 


El pescador viejo está sentado en el muelle

pasa horas bajo el sol, el mismo que late a pocos kilómetros en el desierto


Con la mano derecha sostiene al pez por la boca, con la izquierda 

raspa las escamas que vuelan por el aire hasta dejar al descubierto una piel rosada


corta la cabeza y la cola con un golpe seco 

y el pez pierde su animalidad: ahora es solo carne que se vende barata


Lo que no sirve se tira al mar y se hunde 

como quien vuelve al pasado a pedir perdón 


El pescador tiene en su mirada la fuerza bruta de la tolerancia  

dijo en otro idioma mirá: esta es la cabeza con sus ojos, la cola y las aletas, en el piso están las tripas


este es el mar con toda la vida y toda la muerte

y estos somos nosotros, con todos nuestros desechos a la vista 

  


... 



Nómade 


La muralla todavía se mantiene en pie

con sus diecinueve puertas custodiadas, adentro las calles 


diminutas se despliegan como un laberinto 

una amalgama de alfombras tejidas a mano, mezquitas, joyas y música 


los cuerpos que sostienen el mundo. Es fácil perderse,

ser extranjera, asombrarse con el brillo de las piedras expuestas 


en el mercado, mirar los ojos de quien las vende: 

un hombre saharaui que se dedica a cruzar el desierto


porque ese es su destino,

viajar entre dunas con camellos cargados y confiar en la posición de las estrellas.


Entre té de menta y humo de hachís

nuestras palabras empiezan a enhebrarse. Una, 


luego otra y así

como una madre que trenza el pelo de su hija


suave y casi por instinto hablamos del amor, del miedo  

de la soledad, de todas las formas que existen 


para decir lo mismo. El lenguaje se evapora, me olvido de mi nombre

y de todo demás.





| Sobre la autora |


Celina Skou Jamieson (Tres Arroyos, 1993). Soy Lic. en Psicología. Actualmente trabajo en un colegio secundario, hago psicoterapia individual y talleres de ESI. Vivo en Buenos Aires pero antes de la cuarentena viajé durante un año y medio por Europa y África. Este año empecé a participar en talleres de escritura

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