Seis poemas del poeta platense Horacio Fiebelkorn, autor de más de diez libros de poesía, quien además se desarrolló como periodista y fue coeditor del tabloide de poesía La Novia de Tyson en los años 90.

Escrituras Indie



La rueda


Podría empezar por el final: un colchón

que se pudre en la vereda, los timbrazos

del que afila tijeras o pide ropa usada,

o las bicicletas que madrugan y se dejan ver

desde el balcón. Hay una nube en puntas de pie,

y calles que se pierden. Hay paredes

ropa tendida, y voces que se cruzan.

Hay pasos apurados, cuellos que giran,

cabelleras como melodías que el aire

intenta detener. Hay un nombre que tiene

los ojos abiertos. Así es como escucho

la gran rueda del mundo, en sus palabras

que se demoran en el perfume que

la estación esparce, o el deseo

de terminar donde todo recomienza.


                                            De “El pantano”(Malisia, 2017)

...



Torcaza I


Bajo el atardecer, aquel verano,

en un patio de provincia,

hablábamos de ausentes. Había

pasto y plantas. El sol a desgano

se iba yendo. Una torcaza

se paró en una rama no muy alta

del único árbol en ese patio

de medianeras bajas.

Luego voló, llevándose el eco

de la conversación, los nombres,

la melodía del sol en retirada.


                                                de Ciudad huevo (Volcán de agua, 2024)


...


La cabellera verde toca el agua



La cabellera verde toca el agua,

sus puntas mojadas son tenaces ante el viento

que peina y despeina.

El agitarse del pelo, el cuello frágil que detiene

toda mirada, todo movimiento

en la siesta. La espera

es una cabellera verde

que toca el agua. El viento sigue

y la vigilia es la única que canta

lo que silba el deseo.


(De “Elegías” (Ediciones Al margen, 2008)



...

Fui al chino...  



Fui al chino, y lo sentía cerca de mí, pendiente de mí. 

Las góndolas tenían voces que no llegaban hasta mí.

Un parlante decía cosas que no entendía.

Me angustiaba casi. Quería comprenderlo, sentir qué decía la radio china con sus monosílabos cargados pero no podía.

Regresaba —¿Era yo el que regresaba?— en la angustia vaga de esconder en mi campera dos paquetes de fideos.

De pronto sentí al chino sobre mí, corría tras de mí con una cuchilla afilada y trémula 

que reflejaba los tubos fluorescentes.

Corría el chino tras de mí, y corría en mi espalda un sudor frío y venían los vigilantes

y la radio se apagaba en mí. Me atravesaba un chino, me atravesaba un chino!


De “Poemas contra un ventilador” (Caleta olivia, 2019)


...


18


Con esta oscuridad

quién necesita quedarse ciego?

—No digas esto, es luz apagada y

nada más. Y ahora tocame

donde quieras, del modo

en que prefieras.

Ahora que no tenemos

mediación de pantallas

y que puedo oírte

por fuera de las cañerías.

Ya no hay delfines

en los canales de Venecia.

Han retirado los carteles de la

bondad universal.


...


19


Cuando mi cara cae al piso

y se desparrama en las baldosas

te escucho hablar y todo mi cuerpo

se rehace y levanta con tu aliento.Son palabras comunes,

todo el tiempo se dicen

en todas partes

pero aquí se enhebran

como en un solo de piano

que quisiera no termine nunca.

Obvio que voy a tocarte

ahora que olvidé tu nombre

y el mío se pierde en los charcos

donde aún brilla la luna.

—Quién sos? —No sé.

Nadie todavía



18 y 19, de “Falso testimonio” (Nebliplateada, 2025)




 | Sobre el autor |


HORACIO FIEBELKORN (La Plata, 1958). Fue coeditor del tabloide de poesía La Novia de Tyson en los años 90′. Publicó, entre otros, los libros “Elegías”, “Tolosa”, “El sueño de las antenas”,  “Poemas contra un ventilador” y “Falso testimonio”. También publicó el libro de prosa Cerrá cuando te vayas (Club Hem Editores) y el de ensayos “Tilos secos diagonales rotas” (Pixel, 2021).  

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