Tres poemas de Raymond Carver para pensar la paternidad, la violencia y el lugar incómodo de la escritura.

Traducciones por Federico Tinelli


                A la hija de Carver la golpea su novio, o su esposo, o su amante; le atropellan al perro y, finalmente, igual que su padre y su madre, se entrega a la bebida. Y Raymond sólo puede escribir.

                La hija de Carver sufre, siempre sufre, o al menos ese escenario es el que nos describe el poeta norteamericano. Sufre como él, es una fiel representación suya. Y a Carver no le gusta, menos por el sufrimiento en sí que por la imposibilidad que tiene de tornar ese destino de padecimiento que, al parecer, tiene su linaje. 

En estos poemas, Carver no sabe qué hacer. Está perdido en su incapacidad paternal, perdido en su obsesión literaria. Por ende, sólo puede escribir poemas excepcionales a partir del dolor de su hija. Y también pareciera odiar este talento, esta puntillosidad contemplativa, esta eficacia literaria, pero nunca lo dice. 

Podemos intuir que no lo hace porque la formalidad poética se condice con su falta de recursos como padre de una hija que no le encuentra la vuelta. Las imágenes son escuetas, dolorosas y hasta por momentos enternecedoras, de vuelo corto pero infinitamente sugestivas. 

Entonces, nos preguntamos: ¿es esto realmente así, es esto lo que en verdad sucede? ¿Lo que interpretamos es la realidad cruel y despojada de un padre inhábil? ¿O es artificio puro, oficio de poeta? La realidad indica que no importa demasiado.

Carver, a diferencia de su hija, sí le encuentra la vuelta: arma estructuras sencillas, igual de sencillas que él a la hora de aconsejar o criar a su descendencia, sobre imágenes devastadoras y angustiantes. Carver escribe, nosotros leemos, su hija crece, la violentan, leemos de nuevo, le matan al perro, leemos, sigue el camino alcohólico de sus padres, seguimos leyendo y pensamos: ¿hasta dónde puede llegar este poeta para crear un mundo literario?

En estos tres poemas, Carver explora la complejidad paternal dentro de un halo de crudeza sutil. Son poemas a su hija, sí, pero hablan exclusivamente sobre su escritura.


...

Mi hija y la tarta de manzana


Me sirve una porción, recién salida 

del horno. Un hilo de vapor emana 

de los cortes en la tapa. Azúcar y especias -

canela - quemadas en la costra. 

Pero está usando anteojos negros

en la cocina siendo las diez

de la mañana - todo agradable - 

mientras me mira cortar 

una porción, acercarla a mí boca, 

y soplarla. La cocina de mí hija, 

en invierno. Pincho la tarta

y me digo que no me tengo que meter. 

Ella dice que lo ama. Esto no puede

ser peor.

_________


My Daughter and Apple Pie


She serves me a piece of it a few minutes

out of the oven. A little steam rises

from the slits on top. Sugar and spice -

cinnamon - burned into the crust.

But she's wearing these dark glasses

in the kitchen at ten o'clock

in the morning - everything nice -

as she watches me break off

a piece, bring it to my mouth,

and blow on it. My daughter's kitchen,

in winter. I fork the pie in

and tell myself to stay out of it.

She says she loves him. No way

Could it be worse.


...


Tu perro se muere


Lo atropelló una camioneta. 

Lo encontrás al costado de la ruta

y lo enterrás. 

Te sentís mal. 

Te sentís mal por vos, 

pero en realidad es por tu hija

porque era su mascota, 

y ella lo amaba. 

Le solía cantar 

y lo dejaba dormir en su cama. 

Escribís un poema sobre esto. 

Lo titulás un poema para tu hija, 

y es sobre el perro atropellado por una camioneta

y sobre cómo lo cuidaste,

de cómo lo llevaste hasta los bosques

y lo enterraste bien profundo

y ese poema resulta ser tan bueno 

que hasta te alegra un poco que al perrito

lo hayan pisado, o nunca hubieras

escrito ese poema tan bueno. 

Entonces te sentás a escribir

un poema sobre escribir un poema

sobre la muerte de ese perro, 

pero mientras lo estás escribiendo

escuchás una mujer gritar

tu nombre, tu nombre de pila, 

ambas sílabas, 

y se te para el corazón. 

Después de un rato, retomás la escritura. 

Ella grita de nuevo. 

Te preguntás hasta dónde podría llegar todo esto.

_________


Your Dog Dies


it gets run over by a van.

you find it at the side of the road

and bury it.

you feel bad about it.

you feel bad personally,

but you feel bad for your daughter

because it was her pet,

and she loved it so.

she used to croon to it

and let it sleep in her bed.

you write a poem about it.

you call it a poem for your daughter,

about the dog getting run over by a van

and how you looked after it,

took it out into the woods

and buried it deep, deep,

and that poem turns out so good

you're almost glad the little dog

was run over, or else you'd never

have written that good poem.

then you sit down to write

a poem about writing a poem

about the death of that dog,

but while you're writing you

hear a woman scream

your name, your first name,

both syllables,

and your heart stops.

after a minute, you continue writing.

she screams again.

you wonder how long this can go on.


...

A mi hija


Todo lo que veo me sobrevivirá

Anna Akhmatova


Es demasiado tarde para ponerte un maleficio - desearte

fea, digamos, cómo Yeats a su hija. Y al 

encontrarla en Sligo, vendiendo sus pinturas, había funcionado -

la mujer más horrible y más vieja de Irlanda. 

Por mucho tiempo no entendí

su razonamiento. Qué importa, como dije, ya es muy tarde 

para vos. Ya estás grande y hermosa. 

Una preciosa borracha, hija. 

Pero borracha. No digo que me estés rompiendo

el corazón. No tengo corazón cuando se trata

del escabio. Es triste, sí. Sólo Cristo sabe. 

Tu viejo, ese al que llaman Shiloh, volvió,

y el alcohol empezó a fluir otra vez.  

Estuviste borracha por tres días, vos dirás,

cuando sabés muy bien que tomar es veneno

para nuestra familia. ¿No fuimos suficiente

ejemplo, tu mamá y yo? ¿Dos personas

que se amaban golpeándose, tomándonos

hasta el amor que nos teníamos, vaso a vaso vacío, 

piñas, puteadas y traiciones?

¡Vos estás loca! ¿No fue todo eso demasiado para vos?

¿Querés morirte? Capaz es eso, capaz

creo que te conozco, y no. 

No estoy jodiendo, nena. ¿A quién le vas a mentir?

Hija, no podés tomar. 

De las últimas veces que nos vimos, estabas sacada. 

Un yeso en la clavícula, o sino

la férula en el dedo, anteojos negros para esconder

tus magníficos ojos moretoneados. Un labio

que un hombre debería besar en vez de abrir. 

¡Ah, por Dios! Dios. Dios mío. 

Tenés que serenarte ahora. 

¿Me escuchás? Despertate. Tenés que parar y

dejarte de joder. Enmendá tus errores. Te lo pido. 

Ok, te lo ordeno. Sí, nuestra familia está hecha

para despilfarrar, no para recolectar. Pero dale la vuelta a esto.

¡Simplemente debés, y se acabó!

Hija, no podés tomar. 

Te va a matar. Como lo hizo con tu madre, y conmigo. 

Así nomás. 

_________


To my daughter


Everything I see will outlive me

Anna Skhmatova


It’s too late now to put a curse on you - wish you

plain, say, as Yeats did his daughter. And when

we met her in Sligo, selling her paintings, it’d worked -

she was the plainest, oldest woman in Ireland.

But she was safe. 

For the longest time, his reasoning, 

escaped me. Anyway, it’s too late for you,

as I said. You’re grownup now, and lovely. 

You’re a beautiful drunk, daughter. 

But you’re drunk. I can’t say you’re breaking

my heart. I don’t have a heart when it comes

to this booze thing. Sad, yes. Christ alone knows. 

Yur old man, the one they call Shiloh, is back 

in town, and the drink has started to flow again. 

You’ve been drunk for three days, you tell me, 

when you know goddamn well drinking is like poison

to our family. Didn’t your mother and I set you

example enough? Two people

who loved each other knocking each other around,

knocking back the love we felt, glass by empty glass, 

curses and blows and betrayals? 

You must be crazy! Wasn’t all that enough for you?

You want to die? Maybe that’s it, maybe

I think I know you, and I don’t. 

I’m not kidding, kiddo. Who are you kidding?

Daughter, you can’t drink. 

The last few times I saw you, you were out of it. 

A cast on your collarbone, or else

a splint in your finger, dark glasses to hide

your beautiful bruised eyes. A lip

that a man should kiss instead of split.

Oh, Jesus, Jesus, Jesus Christ!

You’ve got to take hold now. 

Do you hear me? Wake up! You’ve got to knock it off

and get straight. Clean up your act. I’m asking you. 

Okay, telling you. Sure, our family was made

to squander, not collect. But turn this around. 

You simply must - that’s all!

Daughter, you can’t drink. 

It will kill you. Like it did to your mother, and me. 

Lite it did. 



 | Sobre el autor |


Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, 1938 - Port Angeles, Washington, 1988) fue poeta y cuentista. Precursor del realismo sucio junto a escritores como Fante, Bukowski y Ford, escribió seis poemarios y siete libros de cuentos, entre los que se destacan De qué hablamos cuando hablamos de amor y ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, -Premio Nacional del Libro, 1976-.  Alcohólico empedernido, se casó con la poeta Tess Gallagher luego de nueve años en pareja, seis meses antes de su muerte. Es considerado una de las figuras más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX. 


| Sobre el traductor |


Federico Tinelli (Buenos Aires, 1997) es poeta y traductor. Publicó En el Vacío Azul (2021) por la editorial Tren Instantáneo. Traduce y colabora para Escrituras Indie desde el 2021.



 


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