Perenne


Corre sangre por el desagüe gris de la ducha
como el color hundido de una puesta de sol.

Cuando tembló el teléfono de línea
por el aliento caliente que estaba detrás

me quedé descalza en el jardín delantero suavizado
por la lluvia invernal, levantando bolsas de bulbos de tulipanes

sin pensar en ni una sola cosa,
ni en mí ni en mis manos ni en la tierra.

Ahora las flores son paraguas 
abiertos desde la estación llena de gente

que es la tierra. Entre mí misma 
y los brazos de un hombre que odio

hay un lapso de tiempo, verde, fino
como fósforos, quebrantable, que emite

raíces. Trepo, para salir del calendario,
con bocas naranjas y amarillas.


... 

Caminando por el marido


De vuelta a los archivos voy a ir lento con el mismo vestido
verde que usé el agosto pasado alentándote a ver 
las correderas se me acercan como azúcar disuelta en jugo de limón caliente
espeso como lágrimas al lado del puesto de falafel que conozco
va a haber mucha gente en la fiambrería pero necesito a alguien que me toque
el hombro y se mueva por la madeja de las calles 
donde los departamentos son demasiado chicos como para que se vean
nubes marmoladas que abotonan el cielo
se sacude las migajas de sol y caen a los adoquines abajo
un violoncello late por el Marais, palabra que sigo pronunciando mal
como si quisiera decir “marido” así que es ahí por donde camino otra vez
que el deseo me desgaste el par de zapatos buenos
todos mis maridos teoréticos giran para mirarme mal 
desde sus ventanas de un tercer piso hablándome con ese tono dulce
caminando por los puentes que llevan a las catedrales les prometo mi
corazón juraste
que me ibas a llamar si llegabas a encontrar ese aro pero nadie me llamó, nadie
me ve salir corriendo del puesto de frutas con el agua de tormenta
beber este trago y comer encima de las sábanas
de la lluvia diré que no estoy acostumbrada a un aire tan claro
deje al descubierto mis deseos—si pelo esta naranja de una sola vez
voy a ser una buena chica, que sueña
con lo que debe
querer vajilla y aniversarios 
en una misma línea limpia la naranja podría hacerse espiral como una
escalera caracol que me lleva hacia vos y solo 
a mí me enseñaron que cualquier beso necesita tener
una salida, no puede dejarse
desatendida, acá es donde muerdo
hasta la semilla y sigue siendo
dulce. No hay final que no sea este.


... 

Temporada de diospyros


Creció durante todo el verano,
entre los diospyros verdes de adelante
que se amalgaman con sus hojas redondas
la fruta es invisible hasta que se ponen demasiado brillantes como para no
mirarlas. Nuestros días lentos por el sexo, 
las cortinas gruesas amarillas siempre cerradas 
para evitar el calor así cae la luz
atravesando el color tiñendo el dormitorio
con un dorado en el que se puede nadar, se vuelca
miel bajo la puerta como si todas las horas
fuesen ese momento justo antes de la puesta de sol,
cuando cada esquina del departamento contiene
el centelleo húmedo de otro brindis. Las horas en las que ensayaste
el mismo nocturno en el piano, la misma frase estirada
nota por nota, tus dedos cuidadosos
bajaban por los contornos de la canción. Las horas en las que junté
las lilas rosas y blancas de la semana pasada, enjuagué los floreros
y los llené de agua nueva y monedas, corté
los tallos en diagonal para que los capullos duren
unos días más. En septiembre
cuando vuelvo de la estación de tren sin ti,
me encuentro con la calle ardiendo por los diospyros, 
faroles naranjas colgados 
de cada rama iluminando el camino a seguir o hasta casa
y un mordisco de esta, la fruta robada, 
piel que se ajusta ante el primer frío
la carne pesada canela, tu torso
y las sombras largas otra vez.




Traducción y selección de Carla Chinski 



| sobre la autora


Rhiannon McGavin reprobó el examen de manejo tres veces. Ha leído en el Hollywood Bowl y la Library of Congress, entre otras, y en NPR (New York Public Radio). Fue Poeta Joven Laureada de Los Ángeles en el 2016. Sus poemas fueron publicados por Tia Chucha PressCura y Teen Vogue, así como en Button Poetry. Estudió literatura en la Universidad de California, Los Ángeles. Sus libros Grocery List Poems están disponibles en Not a Cult e internacionalmente en Bookdepository. Podés encontrarla online y en la calle, caminando.


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