Enojate hermana


Enojate, hermana, pero como yo te digo.
(me indica)
Una vez, ser morocha era manchar la silla.
Una vez, ser mujer era ser color rojo y negro. 
Un buen día obedecer no fue más opción: 
“Preferiría no hacerlo”, leímos 
(y obedecimos).
Enojate, hermana, pero como yo te digo
(insiste)
Yo soy ese lunar antiestético en el medio de tu mundo, hermana,
voy a hacerlo todo mal por el bien de las dos. Lo juro.
No pariré a sus hijos, tampoco haré selección de personal,
no estaré orgullosa porque a la mucama le pago en blanco: 
voy a limpiar mi propia mugre, hermana. 
Voy a mentir, voy a cojer con la persona equivocada y me voy a salvar (sola), 
voy a exigirme ser única, 
voy a ser una puta vestida con un kimono bordado de cangrejos (cobre o no)
y si me obligas, también voy a enojarme con vos, hermana. 
Caminaré en pose y también me voy a desarmar. Por puro gusto.
Sí, 
estoy haciendo las cosas mal 
y de eso se trata: 
definí
maldad, 
acá, 
mirándome a la cara. 
Recordando. Porque de eso se trata. 
Esto no es enojo, 
esto es reventar 
y convertirme en mi propia mujer. 
Se supone que de eso se trata.

de Este libro no es un rehén, Dolo Trenzadora (Bipa, 2018)




Trenzo mi pelo, cae un rayo

En este pueblo no había espejos
                  ni ventanas
nos mirábamos en las paredes
sucias de los desastres sin origen
con raíces enredadas en látigos
aprendimos:
cada movimiento puede ser el último
respirar, tajearnos la espalda
vimos nuestra cara en las telarañas
nos balanceamos con cuidado
entre los nudos
                apretamos la boca
el aire justo que deja entrar
insectos raquíticos
una mínima luz de proteína,
crecimos como espigas encorvadas
por el verano de los ojos dentados
sanguijuelas succionando
                  nuestra marcha
arrancadas en lo más tierno
               por manos limpias
de sangre hasta las muñecas, así
nos enseñaron el gesto de la margarita
lánguida, blanca, se abre, da
se abre, se desnuca: se queda calva
el cuello disecado en las yemas
              de los predadores.

Fuimos enviadas al desierto
         a amamantar a las hienas
a pescar anguilas con hachas
ahí nos vimos, en el filo
los ojos brillantes
nuestras lenguas rojas
uñas perforando el eco del estanque
                 nos reconocimos,
ya habíamos besado tantas veces
con los labios curtidos
de otras, que éramos nosotras
observándonos a ciegas
         en las fallas del muro
-todas fuimos nuestro espejo-.

Una mujer grita en una fiesta
una mujer cosecha en la montaña
una mujer canta al pie de un abismo
una mujer se cubre la boca y la nariz
con un pañuelo
una mujer acaricia un colibrí
una mujer prende fuego las cruces
que le colgaron
una mujer cabalga de espaldas
saluda a un puma detrás del monte
una mujer hace un círculo de sal
y mira las estrellas
una mujer arroja al agua un manojo de
células
que no tienen el nombre de su deseo
una mujer astilla mil pantallas
una mujer abre una ventana
una mujer cierra una puerta
una mujer baila desnuda
una mujer entra en el río
una mujer conjura las mareas
una mujer abraza el peso de su cuerpo
una mujer trenza su pelo, cae un rayo.

Hermana,
la tormenta que se aproxima
somos nosotras centelleantes,
estamos en camino.

de Tundra, Gabriela Clara Pignataro (Años luz, 2018)



Legítima defensa

every man I knew went to bed with Gilda
and woke up with me 
-Rita Hayworth

tener en el cajón 
de los forros
al lado, un cuchillo
filoso, pequeño, maleable
por si a mi amante se le ocurre
algo que yo no quiera
y aprender a cortar
que es lo que más me cuesta
no fui hecha para amar entre puñales
no deseo encarnar la pesadilla
prefiero la blancura de las lunas en mis sábanas
en mi imaginación, mi cama es el mar
y yo soy una sirena mitológica
siempre soñé cantar melodías más dulces
para que puedas naufragar en mí
quiero olvidar que guardo un arma entre mis cosas
pero mis uñas no me dejan tranquila 
si ellos piensan que sólo están para pintarlas de colores
un cuchillo
si ellos creen que yo no diré nada
un cuchillo
si ellos osan eclipsar los astros de mis noches
un cuchillo
y prepararme en la modestia del alba para el amor
y la guerrilla
si guardo un cuchillo cerca no duermo sola
el color metálico invoca a la legión fantasma
de mis hermanas muertas con todo su brillo
desear como sirena es metáfora
transformarme en femme fatale es un imperativo


de Femme, Florencia Piedrabuena (inédito)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Para justificar tu psicopatía, necesitás acostarte con un psicópata que te permita darle rienda suelta, "si se le ocurre algo que yo no quiera"...
Revelador también cómo lo decís, condenando el deseo y la propuesta.

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